viernes, 17 de junio de 2016

Asalto a la residencia estudiantil del distrito 13

-Bienvenido a La Llave y La Puerta -dijo Summanus mientras abría la puerta.

Cody traspasó el umbral y se quedó mirando el salón principal de la residencia, donde varios estudiantes hablaban acompañados de vasos de papel llenos de humeante café. A Cody le gustaba el ambiente de las residencias estudiantiles, por eso había mandado su currículum para trabajar allí. Siendo habitante de Kingsport conocía de oídas la reputación de la residencia La Llave y La Puerta, y no esperaba ser el elegido para el puesto, pues pedían a alguien con nervios de acero y una buena cantidad de puntos de cordura (sea lo que fuere esto último). Por lo tanto, cuando le llamaron para darle el puesto, la sorpresa fue grande. Este era su primer día, y el sr. Summanus, aquel individuo con un color de piel que daba a entender que tenía alguna enfermedad y aquel bigotillo que parecía falso, era quien le enseñaría las instalaciones.

Summanus acompañó a Cody hasta recepción, donde el encargado de este puesto estaba rellenando varios impresos.

-Tengo entendido que no eres de Arkham ¿no es así? -preguntó Summanus.

-Así es. Vengo de Kingsport.

-Bonita ciudad ¿sigue estando la casa del acantilado? ¿La que se ve por encima de la niebla?

-Sí, intentaron derribarla para poner un centro comercial, pero los vecinos consiguieron las suficientes firmas para pararles los pies.

-Me alegro -respondió Summanus. Apoyó el codo en el mostrador de recepción. -La cuestión es que, como no eres de Arkham, quizás no estés acostumbrado a ciertas cosas habituales aquí.

-¿Cómo qué? -preguntó Cody.

-Aquí, además de estudiantes, suele ser habitual la presencia de cosas... extrañas.

-¿Cosas extrañas? -preguntó Cody torciendo el gesto.

-Sí. Cosas fuera de lo normal -respondió Summanus.

-Mmmmm ¿cosas como esa? -preguntó Cody señalando algo que había detrás de Summanus.

El dinosauroide se giró extrañado, preguntándose qué sería esta vez, y se encontró con algo que no esperaba. Allí de pie, mirándole fijamente, había un individuo ligeramente translúcido, de un color verde brillante, y vestido con las ropas de un general de la guerra civil americana. En su mano derecha portaba un sable. No solían tener clientes fantasmas. Bueno sí, solía haber algún que otro estudiantes fantasmón, pero fantasmas de este tipo, formados por ectoplasma, no era lo normal.

-¿Qué le trae aquí, señor...?

-Jebediah Starkson -respondió el fantasma con una voz profunda. -No es un placer para mí informarle de esto, pero están ustedes a punto de sufrir un ataque de tropas paranormales que forman parte de ejércitos ectoplásmicos. Es mi deber informarles de esto para que esta sea una contienda justa.

Dicho esto, el fantasma hizo un saludo militar y se dirigió hacia la puerta principal, la cual atravesó dejando una mancha color parduzco.

Summanus se volvió hacia Cody.

-Sí... cosas fuera de lo normal como esa.

Antes de que nadie pudiera decir nada más, las paredes que daban al exterior y la puerta principal fueron atravesadas por un grupo de soldados medievales ectoplásmicos, que con una gran furia en el rostro se dirigieron hacia recepción.

-Ay... por todos los dioses -susurró Summanus.

El chico de recepción se agachó rápidamente, justo antes de que una flecha ectoplásmica se clavara en la pared detrás de él. Cody se agachó instintivamente y Summanus saltó por encima del mostrador, cayendo al otro lado, junto al recepcionista. En unos momentos estuvo también allí Cody, que le miraba con expresión de perplejidad.

-Vale, aquí suelen pasar cosas raras, pero que nos ataque un ejército de fantasmas no suele ser habitual -le dijo Summanus.

Después del ataque de los arqueros, los soldados de infantería llegaron hasta recepción, se disponían a lanzar estocadas a través de la madera cuando el chico de recepción se levantó con una uzi en cada mano y apretó el gatillo sobre ellos. El arma descargó llenando todo de salpicaduras y manchas parduzcas, y los soldados medievales se disolvieron.

-¡¿Tenéis uzis en recepción?! -exclamó Cody.

-Sí, bueno, cuando trabajes aquí te acostumbraras -le dijo el recepcionista, que seguía dispando sobre los arqueros.

Por las escaleras que daban a los pisos superiores apareció Anna Pickman, vestida con el pijama todavía.

-¿Se puede saber por qué hay disparos? -preguntó con una expresión que dejaba bien claro que si la respuesta no le satisfacía, se convertiría en supersaiyan.

Summanus tragó saliva sonoramente al ver que la mujer Pickman se acercaba a él.

-Estamos bajo ataque... unos soldados fantasma... -decía el dinosauroide.

-¿Soldados fantasma? 

Nada más decir estas palabras Anna, las paredes de la residencia fueron atravesadas por un destacamento de soldados napoleónicos que se arrodillaron, apuntaron con sus rifles, y dispararon sobre el grupo parapetado detrás de recepción.

-¿Es que no puede haber un día que una chica se quede tranquilamente en la cama viendo su serie  favorita? -dijo Anna volviendo a asomarse. Viendo que los soldados napoleónicos volvían a cargar sus armas, realizó una serie de movimientos arcanos con sus manos. Un brillo pareció salir de sus dedos y apuntó las palmas en dirección a los soldados fantasmales, que estallaron dejando todo perdido de ectoplasma.

-¿Qué ha sido eso? -preguntó Summanus.

-Un hechizo de expulsión que he aprendido recientemente, creo que nos  va a venir bien...

Las paredes volvieron a ser atravesadas. Ahora era una formación de tortuga de soldados romanos, acompañados a los lados por arqueros medievales. Anna se subió encima del mostrador y comenzó a realizar los movimientos arcanos mientras el chico de recepción volvía a disparar sus uzis desde uno de los costados.

-¡Necesito un arma! ¡Necesito un arma! -exclamaba Summanus buscando entre los cajones.

De repente, la puerta de mantenimiento se abrió de golpe y de allí salió Araknek. Llevaba una cinta roja en la frente y caminaba sobre cuatro de sus patas. En las otras llevaba unas fregonas terminadas en afiladas puntas aceradas.

-No sé quienes sois, pero estáis dejando perdido el salón... ¡¡¡y quien tiene que limpiarlo después soy yo!!!

Dicho esto, se lanzó a la carrera hacia la formación de tortuga. Los escudos se preparaban para resistir el ataque, pero de la sección de mantenimiento salía alguien más. Se trataba de Pequeña T'auin, que entre los damanes de su espalda llevaba dos pequeños cañones que se habían dejado allí los morlocks. Los cañones dispararon sobre los escudos romanos, que se quebraron y dejaron paso a Araknek que hizo estragos entre los soldados fantasmales. A los lados de estos, los arqueros eran abatidos por los disparos del chico de recepción, mientras Anna Pickman se hacía cargo de unos samuráis ectoplásmicos que habían salido de algún sitio. De las paredes volvían a salir tropas fantasmales armadas hasta los dientes que lanzaban sus ataques con arcos, ballestas, rifles y espadas largas. Entre ellos podían verse los tajos de Araknek que iban cercenando miembros y partiendo soldados por la mitad, mientras los disparos certeros de Pequeña T'auin acababan con los que intentaban atravesar el parapeto de recepción, tras el cual salían disparos y hechizos de expulsión. 

-Necesitamos algo de ayuda -dijo Summanus. Abrió su teléfono móvil y marcó un número. -Sí, soy Summanus, tenemos un problema grave aquí... sí, ya sé que tu oficina está insonorizada, por eso no te estás enterando de nada... necesitamos tu ayuda a la de ya.

El dinosauroide guardó el teléfono en el bolsillo y lanzó su lengua hacia un ninja que intentaba llegar hasta ellos, lo agarró del cuello y lo golpeó contra pared y suelo varias veces, hasta que el ectoplasma se diluyó dejando la característica mancha parduzca en el suelo.

Un grupo de soldados medievales armados con espadas largas y hachas de combate estaban prácticamente sobre recepción. Araknek no había podido pararlos porque tenía un grupo de soldados napoleónicos y de la guerra civil americana a su alrededor, y no daba abasto con sus cuatro fregonas de combate. Anna vio a los medievales justo a tiempo de lanzar el hechizo de expulsión, que los hizo explotar, llenándola toda de trozos de ectoplasma.

-Estoy empezando a cabrearme... -dijo con una voz que helaría la sangre de un primigenio.

Las paredes volvieron a ser atravesadas por un numeroso grupo de soldados de distintas épocas históricas, relevando a los que ya habían caído. El salón ya estaba totalmente cubierto de ectoplasma y manchas parduzcas por todas partes, y el grupo de defensores ya empezaba a acuciar el cansancio. De repente un rugido surgió del despacho de El Que Legisla Tras El Umbral, y las tropas fantasmales vieron al primigenio legal caer sobre ellos armado con cuatro katanas de acero valyrio que fueron cortando cabezas como si de mantequilla se tratase. Entre el primigenio legal, Araknek y Pequeña T'auin iban acabando con los soldados que atravesaban las paredes, mientras los parapetados tras recepción acababan con los que conseguían evitar la masacre y se dirigían hacia ellos.

-Me he quedado sin munición -dijo el chico de recepción.

-Y yo empiezo a notar que se me acaban las fuerzas para seguir lanzando el hechizo de expulsión -dijo Anna jadeando -, no sé cuanto podremos aguantar.

Un fuerte ruido les llegó desde las escaleras que llevaban a los pisos superiores. Cody, Summanus y el chico de recepción miraron en aquella dirección y vieron bajar a dos individuos vestidos con túnicas naranjas y con cara de pocos amigos.

-¿Qué es todo este jaleo? Nuestra santa adoración de El Gran y Poderoso E está siendo continuamente interrumpida y así no podemos mantener feliz a nuestro señor -dijo uno de ellos.

-¡¿No ves que estamos bajo el ataque de un ejército de fantasmas, mendrugo?! -exclamó Summanus.

-¿Sólo eso? -dijo el tipo de la túnica que había hablado. Una flecha pasó cerca de él, pero ni se inmutó. -Haber empezado por ahí.

Ambos alzaron los brazos en alto y abrieron las palmas de sus manos.

-¡Oh, Gran y Poderoso E! ¡Escúchanos! ¡Echa de aquí a estos atacantes y trae tu paz a esta residencia! -exclamaron al unísono.

-Como si eso fuera a servir para algo -musitó Summanus.

De repente, todos los soldados ectoplásmicos explotaron como si fueran  un grupo de globos de agua alcanzados por un punzón. El salón, recepción, las paredes, y todos los que allí estaba, acabaron cubiertos de ectoplasma y porquería.

-¿Veis? -dijo el tipo de la túnica tan tranquilo -Ya está...

Y dicho esto ambos volvieron a subir a sus habitaciones.

Cody fue el primero en levantarse de detrás de recepción, cubierto de porquería, pero con una sonrisa radiante en el rostro.

-¡¡¡Es lo más emocionante que he vivido!!! -exclamó

-Vaya... -dijo Summanus -, y yo que pensaba que se asustaría, saldría corriendo y tendríamos que volver a poner el anuncio de se busca personal.

Anna Pickman se quitó como pudo los engrudos que le cubrían con las manos y se giró a ver a Araknek, Pequeña T'auin y El Que Legisla, que hacían los propio y miraban a su alrededor.

-Bien... ¿alguien me puede decir que COJONES HA PASADO AQUÍ?!!!!


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En algún lugar de Arkham, varias horas antes, Vinnie West se golpeó en la cabeza con una estantería después de un estornudo particularmente fuerte. Esto hizo que su otra personalidad secreta surgiera de las sombras de su subconsciente. Esta nueva personalidad sabía que su otro yo siempre era derrotado por alguien de esa ciudad, y iba a pararles los pies. Les atacaría en su propia casa. Contactó con unos sabios astrales que invocó allí mismo, y estos le informaron de que los enemigos de Vinnie West residían en la residencia estudiantil La Llave y La Puerta. Aquello era todo lo que necesitaba hacer. El malvado nigromante convocó a los espíritus de varios generales de ejércitos caídos a lo largo de la historia y los ató a su mando. Una vez hecho esto, les hizo lanzar un ataque a la residencia donde se escondían sus enemigos, mientras él se quedaba allí disfrutando de su victoria. Con lo que no contó el otro yo de Vinnie West, es que el golpe que lo había despertado había desplazado un manual de cocina bien pesado de la estantería que tenía sobre él. Este libro fue deslizándose lentamente hacia el borde, y finalmente cayó con todo su peso sobre la cabeza del nigromante dejándole KO.  Al caer inconsciente, la atadura con los espíritus se rompió y estos volvieron a su plano de existencia, dejando al nigromante durmiendo el sueño de los justos. Cuando despertara volvería a ser el mismo Vinnie de siempre, que no llegaría a saber que su victoria había estado más cerca que nunca.