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sábado, 18 de mayo de 2019

End Time (parte 6): La resistencia de la Universidad Miskatonic

Si en la Universidad Miskatonic hay algo peor para los alumnos que la época de exámenes, es la época de exámenes unida a una de las habituales crisis de la ciudad. La casualidad quiso que el plan de Nyarlathotep contra Arkham fuera a mediados de mayo, en la cercanía de los exámenes finales del curso, por lo que el caos habitual se veía sumado a la presencia de robots gigantes reaggetoneros por las calles de la ciudad. Por fortuna para estudiantes y profesores, los combates no habían llegado hasta el campus propiamente dicho. Hasta ahora.

Seabury Q. Pickman escuchó una tremenda explosión y se asomó por la ventana de su despacho. Pudo ver a lo lejos cómo un robot de aspecto excesivamente japonés salía disparado al cielo con una estela de humo tras él. Negó con la cabeza. La crisis de los portales de Nyarlathotep estaba siendo un desastre para la ciudad. Vale que tenían una buena cantidad de defensores, pero eso no quitaba el daño que se estaba haciendo. Él había estado en las reuniones de los defensores en los primeros días de la crisis, pero pronto vio que su presencia no ayudaba mucho, ya que al fin y al cabo él no era más que un antropólogo. Poco después decidió volver a su trabajo en la universidad. No dejaría que todo aquello afectara a sus quehaceres diarios. Eso sí, mantenía una vigilancia constante para evitar que la locura inundara el campus. Por suerte, parecía que los alumnos no estaban llevando tan mal todo aquel caos. La mayoría iban a estudiar a la biblioteca general de la universidad, ya que estudiar en sus casas o en sus cuartos en las fraternidades era imposible con tanta explosión, gritos, y lo que era peor, robots reaggetoneros. Así, una extraña normalidad reinaba en el campus entre los ruidos de los combates en la ciudad. Una llamada a la puerta del despacho de Seabury fue lo que acabó con la aparente normalidad.

Seabury invitó a pasar a quien había llamado y se encontró con que se trataba nada más y nada menos que del becario de la Fundación Wilmarth. Sabía que este lamentable grupo se había unido en la defensa de la ciudad, pero sus ataques consistían en tirarles piedras con forma de estrella a los portales dimensionales, cosa que servía de bien poco. La prohibición del uso de explosivos se la estaban tomando muy en serio. Seabury no tenía relación alguna con miembros de la fundación, así que la presencia del becario sólo podía relacionarse con lo que estaba sucediendo en toda la ciudad.

-Doctor Pickman, los horrores extradimensionales han llegado a la universidad -dijo el becario nada más cruzar la puerta-. Me han dicho que usted era el encargado de la defensa del campus.

-Sí, bueno... cuando se prepararon las defensas de la ciudad, el consejo universitario me eligió como el encargado de esa tarea. Pero está claro que no soy el más indicado para esos menesteres.

-No importa si se es el indicado o no, la llamada del deber le espera. Se ha abierto un portal. Está dentro de la universidad, y lo que sale de su interior está atacando a los alumnos y destruyendo propiedades muy valiosas. Nosotros somos los encargados de la defensa de esta universidad, no podemos quedarnos quietos.
-Que me aspen si me esperaba tal discurso de un miembro de la Fundación Wilmarth. Pero, en contra de lo que cualquiera podría esperar, tus palabras me han inspirado lo suficiente. Llévame a ver ese portal.

Seabury siguió al becario tras salir de la facultad. En las calles de la universidad ya escuchaba sonidos de batalla. Podía ver humo saliendo detrás de la facultad de biología, lo que no era nadad bueno. Cómo no, se cruzaron con la típica multitud de ciudadanos aterrorizados que corrían a voz en grito en la dirección contraria a las explosiones. Siguieron en dirección a la facultad de biología y Seabury no tardó en ver de qué se trataba el ataque.

Un portal en el aire rompía el tejido del espacio-tiempo a pocos metros de la facultad de biología. De aquella puerta a otros mundos salían cosas que sólo podían ser descritas como amebas gigantes. Estas amebas gigantes iban cubiertas por lo que parecían trajes de fiesta caribeños, y con sus pseudópodos movían algo parecido a maracas. Todo esto podría parecer de lo más inofensivo si no fuera porque cada vez que realizaban un baile, de las maracas salían disparados unos rayos de energía que volatilizaban todo lo que tocaban. Algunos miembros de la Fundación Wilmarth estaban enfrentándose a pedradas con las amebas, pero esto no era suficiente. Detrás del monumento a Herbert West, Seabury pudo ver lo que cualquier persona podría pensar que era un individuo delgado y de una altura excesiva, que podría parecer un jugador de baloncesto necesitado de comida si no fuera por su cantidad inusual de brazos y su cabeza sin rostro concreto. Para Seabury estaba claro quien era, se trataba de El que Legisla tras el Umbral, el primigenio legal de La Llave y La Puerta. Esquivando las explosiones y los rayos de las maracas de las amebas, Seabury corrió hasta allí.

-¡¿Qué es esto?! -le preguntó Seabury al primigenio legal, que atacaba con sus fusiles de asalto a las amebas.

-¡La crisis ha llegado a la universidad! ¡Parece que el enemigo se ha dado cuenta de que la destrucción estaba pasando de largo del campus universitario, así que ha decidido abrir un portal a la dimensión de los unicelulares salseros, un lugar donde criaturas unicelulares microscópicas utilizan bailes caribeños para atacar a sus enemigos!

-¡¿Y si son criaturas unicelulares microscópicas por qué miden dos metros y medio?! -exclamó Seabury.

-¡Está claro que al cruzar el umbral crecen un poco... un poco bastante!

-¡Pues hay que detenerlos! -dijo el becario entre aspavientos.

-¡¿Y este pardillo quién es?! -preguntó El que Legisla.

-Un becario de la universidad muy interesado en la defensa del campus...

En ese momento, el becario se dio cuenta de que estaba hablando con un individuo más alto que un ser humano y con más brazos de los que cuenta una persona normal.

-Tú... tú no eres humano -dijo.

-Enhorabuena por ser tan observador -le contestó El que Legisla.

El becario quedó claramente extrañado al ver que una criatura seguramente alienígena estaba ayudando en la defensa de la universidad, pero al menos no le lanzó ninguna piedra estrella.

Las amebas salseras estaban llenando la zona y no parecían sufrir mucho con los disparos de El que Legisla. Las piedras estrella que les lanzaban los de la Fundación Wilmarth, como era de esperar, tampoco les hacían nada. Al contrario de los ataques de los defensores, los rayos que disparaban con las maracas eran muy efectivos y lo estaban destruyendo todo.

-¡¡¡Eh, microbios sobredesarrollados!!! Si queréis destruir la universidad, tendréis que pasar por encima de mi -dijo alguien que salió de dentro de la facultad de biología. Era una mujer joven, de cabello rubio y una cinta guerrera en la frente, su bata de científica ondeaba al viento, que había salido de algún sitio para darle más dramatismo a la escena, y en ambas manos portaba algo que parecían armas futuristas. Era Daisy Springwood. Parece que después de abrir los ojos a la realidad de Arkham, no estaba dispuesta a que criaturas de otra dimensión lo destruyeran todo. La joven salió corriendo disparando con sus armas de rayos, que golpeaban a las amebas y, para sorpresa de todos, sí que les hacían daño. Las amebas se dieron cuenta de que eran vulnerables a estas nuevas armas, así que cambiaron de estrategia y empezaron a cubrirse además de disparar. Aunque habían caído unas cuantas, del portal seguían saliendo más y más. el ataque de Daisy había sido efectivo, pero no era suficiente.

-¡Daisy! ¡Aquí! -le llamó Seabury.

Daisy cruzó la distancia que les separaba esquivando disparos de las amebas. Una vez allí, al ver que los fusiles de El que Legisla no hacían daño a las amebas, le pasó uno de sus rifles futuristas.

-Esto son blásters desarrollados por el departamento de ingeniería pulp. Los he cogido en cuanto he visto que comenzaba este desastre. -explicó.

-Esto hace una diferencia, pero no es suficiente, seguimos siendo muy pocos-dijo El que Legisla.

Seabury sacó el teléfono móvil de su bolsillo y llamó a Harvey, que estaba organizando parte de la defensa de la ciudad desde la residencia La Llave y La Puerta. Se sentía como esos personajes de las películas de guerra  que hablaban por teléfono con sus superiores en las trincheras, entre las explosiones y los disparos del enemigo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que, efectivamente, estaba en una guerra.

-¡Harvey!- exclamó para hacerse oír entre las explosiones-. ¡La universidad está siendo atacada y aquí somos muy pocos. Han abierto un portal del que no paran de salir amebas caribeñas. Todo hay que decirlo, tienen mejor gusto musical que los robots reaggetoneros, pero están destruyéndolo todo! ¡Necesitamos ayuda!

Entre las explosiones y los sonidos de batalla, Seabury escuchó cómo Harvey le decía que se encargaría de mandar ayuda. Utilizaría un hechizo que abriría portales desde la residencia y la universidad, para ahorrar tiempo.

-¡Tranquilos! ¡Viene ayuda! -exclamó Seabury tras guardar el móvil.

Un disparo directo hizo explotar el monumento a Herbert West, haciendo que la cobertura del grupo se redujera bastante. El que Legisla salió entre la nube de polvo y disparó certeramente largas ráfagas que hicieron caer un numeroso grupo de amebas. El resto de seres unicelulares, sabiendo que la defensa venía sobre todo de aquella zona, se estaban dirigiendo allí para acabar con esos molestos incordios. Los miembros de la Fundación Wilmarth, conscientes de que los destrozarían comenzaron a lanzar piedras estrella cargadas con explosivos. Aquella era una situación especial, y la prohibición podía esperar hasta el final de la crisis.

El ataque de los miembros de la fundación hizo su trabajo y llamó la atención de muchas de las amebas, que dejaron de atacar la zona del destrozado monumento y se dirigieron hacia ellos. Aunque siempre habían sido un desastre a la hora de luchar contra lo que ellos llamaban las CCC, sabían bastante de tácticas de combate, por lo que aquello comenzó a ser una verdadera batalla.

Ese fue el momento indicado para que un portal se abriera cerca del que ya existía, pero este no llevaba a una dimensión extraña, sino a un edificio en concreto de la ciudad, y de allí salió un ser arácnido armado con sus inconfundibles fregonas de combate, una criatura amorfa con rasgos lejanamente parecidos a los de un sapo y una tortuga con un pequeño mundo en forma de disco sobre su concha, armada a su vez con dos cañones.

-¡Parecéis muy valientes atacando una universidad llena de estudiantes y científicos que no saben cómo defenderse! -exclamó Araknek.

De la boca de la criatura amorfa surgió algo que parecían palabras en un idioma extraterreno y formó pseudópodos punzantes y afilados.

-¡Araknek! ¡Unglaublich! ¡Pequeña T'Auin! -dijo Seabury con una sonrisa en el rostro.

Los recién llegados se lanzaron al combate. La araña, con una agilidad superlativa, iba destrozando amebas con sus fregonas de combate. Unglaublich se había convertido en una picadora de amebas, a las que hacía pedazos y después se comía para hacerse más grande. Pequeña T'Auin, con la paciencia que sólo una tortuga puede mostrar, comenzó a lanzar cañonazos sobre el portal, para que las amebas que cruzaban fueran debidamente recibidas. La defensa de la universidad Miskatonic ya comenzaba a ser algo serio.

El portal que llevaba hacia la residencia estudiantil seguía abierto, y de él salieron cuatro individuos que portaban un trono enjoyado y glamuroso. Seabury se le quedó mirando y torció el gesto.

-¿En serio! ¿El Gran y Poderoso E? ¡Pero si sólo es un sillón! ¡¿Que va ha hacer en medio de una batalla como esta?! ¡¿Servir de asiento?!

-Ay de los incrédulos, porque ellos verán la luz -dijo uno de los adoradores de El Gran y Poderoso E.

Para sorpresa de Seabury, el trono comenzó a brillar con una luz muy luminosa, tanto que hacía daño a los ojos. Un potente estallido hizo que del trono saliera una bola de luz que flotó sobre el campo de batalla. Dentro de ella se podía adivinar algo, una especie de silueta que no era enteramente humana. La silueta realizó un movimiento y una multitudd de rayos cayeron haciendo volar a decenas de amebas caribeñas.

-Espera... ¡¿Que de verdad hay un Dios en el dichoso sillón?! -exclamó Seabury.

-A mi también me ha pillado por sorpresa -dijo El que Legisla.

El campo de batalla estaba lleno de cuerpos de amebas que habían sido destruidas por los rayos lanzados por El Gran y Poderoso E, pero del portal seguían saliendo multitudes de esas criaturas unicelulares con sus maracas y sus bailes caribeños. Entre todo el montón de seres, Seabury pudo ver uno que era distinto. Este no iba vestido como las demás amebas, sino que llevaba un uniforme militar con galones que le señalaban como algún tipo de oficial del ejército de las amebas. Con su llegada, el combate se detuvo unos instantes, con sus compañeros dejándole avanzar hasta una distancia relativa de sus enemigos, que se encontraban todos enfrente.

-Moradores de este mundo, no tenéis nada que hacer contra nosotros. Somos imparables y nuestro número es infinito. La victoria para nuestro gran señor Nyarlathotep está asegurada, así que rendíos antes de ser aplastados. -Estas palabras surgieron entre borboteos y sonidos líquidos de la ameba vestida de oficial militar dejando bastante sorprendidos a los defensores de la universidad.

El becario de la Fundación Wilmarth se levantó entre los restos del monumento a Herbert West y señaló a la ameba líder.

-Si esperáis que dejamos que destruyáis la Universidad Miskatonic en nombre de un DCC, no sabes contra quién te enfrentas -le espetó el becario.

-No tenéis ninguna oportunidad. Somos miles y vosotros estáis solos.

Tras decir esto, la ameba líder realizó un baile y de sus maracas salió un rayo que alcanzó al becario, tirándole al suelo. Seabury se giró hacia el caído, estupefacto ante aquel acto de maldad por parte de la ameba líder. El becario estaba tirado en el suelo y no paraba de retorcerse.

-¡Aaah! ¡Duele! -decía. El disparo le había rozado el hombro y le había destrozado la ropa, pero no se trataba de nada más que una herida superficial-. Véngueme, doctor Pickman, coja mi piedra de estrella y luche por la Miskatonic.

El becario alargó el brazo ofreciendo su arma al sorprendido Seabury.

Justo en ese momento, una voz sonó tras el pequeño grupo.

-No están solos.

Quien había hablado era una mujer de cabello oscuro y una voz de tenor. Cualquiera que la mirara y conociera a Evangeline Parker, vería un parecido más que relativo, y es que la recién llegada no era otra que Buhonera, la welclon. A su alrededor comenzaron a abrirse portales, en total 20. A través de ellos cruzaron el resto de welclones, armadas con sus características especiales y cañones de plasma.

-Welcome, strangers -dijo Buhonera con una sonrisa.

Seabury miró a las recién llegadas. Miró al otro lado, a la multitud de amebas y a su cruel líder. Miró al becario ofreciéndole la piedra estrellada. Seabury cogió la piedra estrelladad y la apretó en su puño. Miró fijjamente a los enemigos y dijo con una potente voz:

-¡Defensores de la Miskatonic... REUNÍOS!

Con este grito de guerra, Seabury, El que Legisla y Daisy Springwood salieron corriendo en dirección al enemigo. Tras ellos no tardaron en lanzarse Araknek, Pequeña T'auin y Unglaublich, con el cuerpo brillante de El Gran y Poderoso E iluminando sobre ellos. Los miembros de la Fundación Wilmarth se lanzaron con sus piedras explosivas. Y finalmente, con toda su capacidad destructiva, las welclones, poderosas e imparables, corrieron y volaron trayendo la destrucción con ellas.

La batalla final por la Universidad Miskatonic había comenzado.

sábado, 29 de septiembre de 2018

El día de El Gran y Poderoso E

Los cánticos llevaban escuchándose desde primera hora de la mañana. Por toda la residencia estudiantil se escuchaban unas voces parecidas a cantos de algún tipo de monje, pero no de forma molesta, eran cantos suaves, que arrullaban a los estudiantes que iban despertándose para una nueva jornada en la universidad.

Cuando Araknek había comenzado su jornada de trabajo, estos ćanticos no les parecieron lo mismo que a los estudiantes. Se estaba preparando para la limpieza  con su equipo cuando escuchó esas voces y lo primero que pensó fue "problemas". Como no tenía ganas de problemas, fue a hablar de esto con Summanus, que ya estaba allí. Cuando le informó de la molestia, el dinosauroide torció el gesto.

-Sí, yo también he pensado en problemas. Lo malo es que Harvey y Anna Pickman están en Dunwich. Alguien ha decidido montar un campeonato de lucha libre con gugs que se han traído de Las Tierras del Sueño -fue la respuesta de Summanus.

-Cuando pensaba que no habría un lugar donde la gente cometiera más estupideces que en Arkham, a los Pickman se les ocurre abrir unos alojamientos en ese pueblo de degenerados endogámicos -dijo Araknek.

-Sí, bueno... tendremos que estar atentos por cómo continúa esto, y si son problemas pues... no sé, se lo decimos a Welcome, que es la superheroína oficial de la ciudad.

A Araknek pareció satisfacerle esta respuesta, por lo que volvió con su equipo y continuaron con la limpieza de los pisos. Según fue avanzando la mañana, los cánticos se hicieron más festivos, y parecían provenir de una planta de la residencia en concreto. Cuando Araknek se dio cuenta, ató cabos. Quizás no fuera ningún problema, sólo eran aquellos tipos extravagantes que adoraban a un trono vacío. Llevaban ya un buen tiempo alojados en La Llave y La Puerta y no habían dado problemas. Cuando acabó con su trabajo informó a Summanus para que no siguiera preocupado toda la mañana.

-¿Los adoradores de El Gran y Poderoso E? Entonces no pasa nada, estarán en una de sus sesiones de adoración, a veces dan un poco el espectáculo y después siguen a sus cosas, que no sé qué son, ni a qué se dedican, pero bueno...

Pero parecía que ese día era distinto para los adoradores de El Gran y Poderoso E. Alrededor del mediodía todos se congregaron ante la habitación donde estaba el trono de su dios mientras seguían con sus cánticos vocálicos. La puerta de la habitación se abrió y salieron dos adoradores portando sobre sus hombros el trono. Los cánticos subieron de tono.

Araknek estaba con Summanus en el vestíbulo y escuchaban perfectamente los cánticos, sobre todo porque parecían estar bajando por las escaleras en su dirección.

-Mmmm esto es nuevo -susurró Summanus.

Momentos después, todo el grupo de adoradores de El Gran y Poderoso E estaban en la planta baja, con sus cánticos cada vez más festivos. Uno de ellos avanzó y llamó la atención de todos los que estaban por allí.

-¡Regocijaos! ¡Hoy es el día sagrado de El Gran y Poderoso E! ¡Hoy es Aieu!  ¡Para celebrar este maravilloso día, El Gran y Poderoso E saldrá a la ciudad y todos los que quieran acompañarlo, podrán venir con nosotros!

Araknek y Summanus se miraron intrigados. En todo el tiempo que llevaban en la residencia estudiantil, nunca habían celebrado el Aieu ese. Summanus decidió preguntar a uno de los adoradores.

-Ah, es que no se celebra todos los años. Se celebra cada tres años, siempre y cuando la estrella del Gran y Poderoso E se encuentre en la posición correcta en el cielo -fue la respuesta.

Summanus volvió junto a Araknek.

-¿Será bueno que dejemos que esta panda hagan un desfile por la ciudad? -preguntó el dinosauroide.

-Nosotros nos tenemos que encargar de los asuntos de la residencia. Si quieren salir a dar un paseo y se los traga un ser protoplásmico no es cosa nuestra -le respondió Araknek.

Aun así, Summanus se sentiría mal si al grupo le sucedía algo -cosa muy probable en ciudad como Arkham-, así que decidió contactar con  Welcome para que siguiera de cerca el desfile y se asegurara de que no terminara en desastre.

Los adoradores de El Gran y Poderoso E salieron a la calle entre bailes y cánticos vocálicos, portando el trono y llamando la atención de los que caminaban por las calles. Algunos se giraban y miraban el espectáculo, pero la mayoría pasaban de todo. Cerca, Welcome los vigilaba mientras se comía un bocadillo.

El desfile decidió meterse en la carretera,  interfiriendo el tráfico. Los cláxones y gritos de los conductores no tardaron en llegar. Los adoradores de El Gran y Poderoso E pasaban entre los coches con banderitas y cantaban a los conductores. Algunos insultaban a los adoradores, pero alguno les daba dinero pensando que pedían limosna de una forma muy extraña. Alguno incluso se bajó del coche y se unió al desfile. Después de unos minutos de molestia para el tráfico, volvieron a la acera, con los que se habían sumado al desfile.

Sin que lo supiera ellos, cerca de allí, un panadero intentó utilizar una receta que había encontrado en un libro extraño para hacer una masa de pan que aseguraban que sería deliciosa. Debió hacer mal la mezcla, o fallar en el horneado, o en alguna otra cosa, porque la masa cobró vida propia y salió de la panadería extendiendo seudópodos lanzando cosas a la gente. Según avanzaba, la masa iba zampándose todo tipo de objetos inanimados. Parecía ignorar a la gente, y a los seres vivos en general, pero coches, farolas y papeleras eran absorbidas por el ser. Welcome se dio cuenta de la criatura cuando vio que se dirigía directamente hacia el camino que llevaba el desfile. Se preparó para enfrentarse a ella y evitar el caos que provocaría, pero antes de llegar allí, la masa fue aplastada por un inmenso pie escamoso. Se trataba de Dagon, que estaba en la ciudad para la visita acostumbrada a todo aquel que lo veía. La masa monstruosa se quedó como un pegote en el suelo, que fue rápidamente devorado por las palomas de la ciudad. Welcome se encogió de hombros y siguió al desfile.

En torno a la hora del té, Summanus llamó a Welcome para que le informara de cómo estaba yendo la cosa.

-Pues no te lo vas a creer. Estos tíos deben tener una potra gigantesca. Vamos, que soy uno de ellos y apostaba  a la lotería. Primero una masa de pan monstruosa se ha dirigido hacia ellos, pero ha aparecido Dagon y la ha aplastado. Un rato después, un grupo de gules anarquistas estaban peleándose con todo el que se cruzaba con ellos, pero cuando han ido a por los adoradores de El Gran y Poderoso E, se han topado con un primo de Shubbi que, casualmente, estaba de visita en la ciudad, y este se los ha merendado. Más adelante, un autobús había cobrado vida y se dirigía hacia ellos a más de cien kilómetros por hora, pero ha girado por la curva no euclidiana y ésta se lo ha tragado. Por no hablar de varios incidentes menores que han acabado en nada en cuanto se acercaban al desfile. Por todo el recorrido se ha ido uniendo gente y esto es una fiesta.

-Sí, tengo entendido que los adoradores de El Gran y Poderoso E suelen tener una suerte increíble. Ellos se lo atribuyen a su dios, que los cuida y evita que suceda nada.

-¡Pero si el trono está vacío! -exclamó Welcome.

-Ya... ellos insisten en que El Gran y Poderoso E es una entidad abstracta...

Bueno, ahora están yendo a la plaza más ampia de Arkham, donde dicen que harán una fiesta en honor a su dios, voy para allá, no sea que pase algo... aunque visto lo visto, podría irme a comerme unos churros.

Con lo que no contaba Welcome -ni nadie-, era con que el desfile llamaría una atención indeseada. Un miembro de La Fundación Wilmarth se encontró con el grupo de adoradores de El Gran y Poderoso E y, como era de esperar, lo tomó como que una secta de los DCC estaba atacando Arkham. Sin pausa, fue corriendo a la universidad -se había dejado el móvil en su casa- e informó al resto de miembros de la fundación. Después de tratar el tema de que no podían detonar explosivos dentro de Arkham, decidieron armarse con piedras con el símbolo arcano y tirachinas. Acabarían con aquellos adoradores de seres ignotos. Fueron avanzando por las calles de la ciudad como héroes que se dirigieran a la batalla más importante de su vida. La gente se apartaba de su camino y se les quedaba mirando. Eran sus héroes. Los que salvarían la ciudad. Ya podían ver allí, en la plaza más importante de Arkham, a los impíos adoradores de los DCC. No sabían lo que se les venía encima. Ese día sería recordado como el día en que la Fundación Wilmarth expulsó de su ciudad a los adoradores de los despreciables dioses blasfemos. Sería un gran día.

Varias horas después, la puerta principal de la residencia estudiantil La Llave y la Puerta se abrió y entró Welcome. Parecía estar realmente agotada, en sus ropas se veían restos de sudor y manchas de líquidos indefinidos. Summanus y Araknek  la vieron y le preguntaron cómo había ido todo.

-Pues los adoradores de El Gran y Poderoso E han celebrado una gran fiesta en honor a su dios. Esto ha llamado la atención de mucha gente, que se han apuntado al jolgorio... pero también se han enterado los de la Fundación Wilmarth. Los muy idiotas se han armado con piedras estrelladas y han querido enfrentarse a los de El Gran y Poderoso E.

-¿Y has tenido que luchar contra ellos? -preguntó Summanus.

-No, cuando estaban a punto de alcanzarlos se han cruzado con un batallón de estudiantes de Erasmus. Habían oído noticias de la gran fiesta e iban cargados con barriles de cerveza. Los de la Wilmarth están preparados para muchas cosas, pero no contra alemanes borrachos... al final los de la fundación han terminado bailando borrachos danzas tradicionales alemanas y ha habido una fiesta sin precedentes.

-Pero... ¿entonces por qué vienes como si hubieras luchado contra las fuerzas del mal? -preguntó Araknek.

-¿Por qué va a ser? Había una fiesta, así que me he desmelenado yo también. El desfile ya ha terminado y todos están volviendo a casa. Misión cumplida.

Welcome fue caminando hacia las escaleras mientras silbaba una tonadilla.

-Misión cumplida... pero si no hemos hecho nada -dijo Summanus.

-Déjalo -le dijo Araknek-, bien está lo que bien acaba.

viernes, 15 de junio de 2018

El becario y los Dioses Arquetípicos (segundo intento)

Hacía meses que la actividad de la Fundación Wilmarth era escasa. El becario había intentado por todos los medios que se investigaran los túneles que había bajo la ciudad de Arkham, afirmando que estaban llenos de CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) y había una verdadera conspiración de seres blasfemos y monstruosos contra la humanidad. Los miembros de la Fundación no habían encontrado ninguna entrada a esos supuestos túneles, así que, por una vez en sus vidas, fueron cautelosos antes de lanzar una ofensiva. Con el tiempo, debates sobre la naturaleza de los DCC (Dioses del Ciclo de Cthulhu) y asuntos universitarios como exámenes y evaluaciones diversas hicieron que al final se olvidaran del asunto.

Así, meses después de completa inactividad, El Becario ya no sabía qué hacer. Sus compañeros no querían entrar a los túneles a combatir a los monstruos, la falta de pruebas por su parte era demasiado grande. Por lo visto preferían dedicarse a asuntos más importantes, como artículos en revistas científicas o poner exámenes a alumnos ingratos que, además, desconocían el peligro que corrían. Vista la irresponsabilidad del resto de la Fundación, él decidió que debía dar un paso. Y ese paso tenía que  ver con uno de los objetivos que llevaba tiempo queriendo conseguir.

En uno de sus trabajos anteriores había descubierto la existencia de Los Dioses Arquetípicos. Estas entidades parecían ser opuestas a los DCC, y lo que es más, solían atacarles de forma masiva, destruyendo continentes o calcinando mesetas del lejano oriente como quien se hace una barbacoa. Esa era la manera en que les gustaría actuar a los de la Fundación Wilmarth, pero las fuerzas vivas de la ciudad de Arkham les tenían prohibido el uso de explosivos desde un incidente en nochevieja que llevó a una pequeña crisis. Pero nadie les había prohibido la invocación de unos seres que calcinaran a los DCC, eso no tenía nada que ver con explosivos...

Meses antes, El Becario ya había intentado una comunicación con los mencionados Dioses Arquetípicos, pero por lo visto se equivocaron y contactaron con una entidad benevolente, pero no relacionada con lo que ellos buscaban. Además, la entidad, que afirmaba ser una diosa griega, les dijo que estaba harta de que la confundieran con un Dios Arquetípico. Estaba claro que el hechizo que utilizaron era un fraude, seguramente perpetrado por adoradores de las DCC que querían evitar que alguien contactara con sus enemigos acérrimos.

Para que no volviera a pasar algo así, El Becario decidió investigar concienzudamente a las entidades conocidas como Dioses Arquetípicos, así no volvería a cometer el error de hace meses. Se enterró entre libros y manuscritos perpetrados por oscuros magos con letras casi ilegibles y realizó búsquedas a través de internet. Había intentado consultar los libros de la Colección Especial de la biblioteca de la Universidad Miskatonic, pero parece que, desde el citado incidente de fin de año, no tenían permitido acceder a dicha sección de la biblioteca.

El no poder acceder a la sección especial fue un handicap, pero El Becario no se rindió. Finalmente, tras evitar trampas y falsedades como las escritas por un tal Brian Danforth (ese individuo estaba claro que trabajaba para las DCC, pues no hacía más que desinformar para que los verdaderos investigadores cayeran en errores a la hora de documentarse y fueran derrotados por los agentes del mal), dio con una entidad que afirmaban que era un Dios Arquetípico. Se trataba de la diosa Bast, conocida en el antiguo Egipto y adorada como señora de los felinos. Fuentes que parecían ser fiables afirmaban que esta era una entidad real (¿quizás el resto de dioses egipcios serían también reales? Sería una investigación para otro momento), y lo que era más importante, se trataba de una Diosa Arquetípica, junto una entidad que mencionaban tanto Danforth como fuentes más fiables, un tal Nodens. De éste último lo único que se decía era su nombre y poco más, pero de Bast encontró algo mucho más importante: Un modo de invocarla.

El Becario se apuntó todos los requisitos para la invocación y fue recopilando los objetos necesarios para esta. Tenía que encontrar un lugar al aire libre para llamar la atención de la diosa, y eligió el campus de la Universidad Miskatonic. Los exámenes ya habían terminado, y la cantidad de alumnos era menor que en la temporada lectiva. Ahora comenzaban los cursos de verano, y a estos no acudían tantos estudiantes. Así, en un rincón donde no había mucho tránsito, comenzó el ritual. Se había traído todo en una mochila y en una carpeta llevaba apuntado lo que tenía que decir. Sólo le faltaba un ingrediente: un gato.

En el campus de la universidad había gatos, así que El Becario decidió ir en busca de uno. Pensó que el lugar lógico por el que merodearían los pequeños felinos sería en la zona en la que pudieran encontrar comida, así que fue a la zona donde estaban las cafeterías y los restaurantes donde comían estudiantes y alumnos. Allí, junto a las mesas, que ahora estaban casi vacías de clientes, pudo ver un par de gatos vagueando como solían hacer a lo largo del día. El Becario se fue acercando sigilosamente a ellos (o al menos lo que él entendía que era sigilosamente, que significaba acercarse andando de puntillas) y, cuando estuvo a una distancia prudencial, saltó sobre los animales.

Los gatos, cuando vieron que un individuo intentaba capturarlos, salieron corriendo y se metieron entre las mesas, saltaron las sillas y se metieron por el césped. El Becario los siguió hacia una zona donde había un grupo de árboles, que se mecían suavemente en la brisa veraniega. Allí, los animales se habían escondido entre los troncos. Pensaban que no los veía, pero la capacidad de ocultación de los felinos no era infalibe... vamos, que se les veía el rabo asomando.

El Becario volvió a probar la aproximación sigilosa, pero volvió a fallar porque fue interceptado por un alumno de intercambio que le pidió indicaciones en una ininteligible mezcla entre inglés y un idioma de centroeuropa que él no conocía. Esta interrupción hizo que los gatos volvieran a salir corriendo. Estos parecían estar disfrutando ahora de hacer correr a aquél tipo que les seguía, así que, después de librarse del estudiante extranjero, los gatos fueron huyendo de él, pero no lo suficientemente deprisa como para dejarlo atrás.

-Venga bonitos, venga, dejaos coger -iba diciendo el becario.

Los felinos hicieron como que se acercaban y, en el último momento, salieron disparados. El Becario corrió tras ellos y, después de unas cuantas vueltas por todo el campus, tuvo que detenerse a coger aire. Este momento fue un error para uno de los gatos, pues se enganchó en una trampa que alguien había puesto ahí (se trataba de un artilugio que habían puesto los del departamento de biología porque se les había vuelto a escapar un ave de corral con capacidades extraordinarias, en este caso un pato que bailaba breakdance).

El becario aprovechó la inesperada ayuda del departamente de biología y consiguió hacerse con el animal... pero eso no fue un paseíto. El gato se convirtió en una bola de pelo y garras que bufaba y gruñía, que le destrozó la camiseta de la Fundación Wilmarth y le lleno los brazos de arañazos. Con aquella pequeña máquina de destrozar colgando de su mano a una distancia de un metro, El Becario volvió a la zona donde había dejado los bártulos para la invocación. Por fin podía dar comienzo al ritual.

El Becario pintó en el suelo los símbolos ocultistas que había copiado en el folio con pintura en spray... y mientras lo hacía alguien se entrometió. Una mujer rubia con bata de científico le miraba con gesto reprobatorio desde uno de los caminos cercanos. Él la miró aturdido, momento que el gato aprovechó para darle un zarpazo en la cara.

-¿Qué es lo que estoy viendo? ¿Vandalismo en la universidad? -dijo la mujer. Cuando se acercó, El Becario la reconoció. Se trataba de Daisy Springwood, enemiga declarada de La Fundación Wilmarth. Era una entrometida que hacía todo lo posible por boicotear todas las actividades del grupo y no hacía más que mandar cartas con quejas al decano. No era un agente de los DCC, sólo se trataba de una inocente que no sabía el peligro al que se exponía.

-No es vandalismo, señorita Springwood, se trata de un ritual de invocación -dijo el becario.

La mujer lo miro atónito.

-Ya... un ritual de invocación. Con una pintura que estropea el campus de la universidad. Yo a eso lo llamo vandalismo.

-¿Pero es que no lo entiende? Tengo que realizar este ritual para conseguir la ayuda de los dioses...

-Ya, ya, me conozco la historia. Dioses malvados, seres inmencionables que se esconden de las gentes de bien para realizar actos blasfemos y tras tonterías dignas de un relato barato de literatura pulp. Y usted y su grupito, supuestamente gente letrada, se creen esas tonterías.

-Pero que no son tonterías ¡¡¡Yo los he visto!!!

-Y yo he visto a Godzilla en la televisión y en el cine. Eso no significa que exista -insistió ella.

-¡Odio a los escépticos! ¡Se niegan a ver la realidad! -exclamó El Becario.

-Uh, empieza usted a hablar como Robert Pickman ¿qué va a ser lo próximo? ¿Ovnis? ¿Los illuminati?

-Robert Pickman también los ha visto. Tiene pruebas. Una grabación.

-Ya. Yo también tengo pruebas de su acto vandálico, así que voy a llamar a seguridad del campus para que le dé su merecido.

La mujer se dio dando largos pasos. El Becario se le quedó mirando unos instantes -y se comió otro zarpazo en la cara de parte del gato- y se dispuso a seguir con su ritual. Ahora tenía que darse prisa, tenía que llevarlo a cabo antes de que la muy pesada volviera acompañada con alguien de seguridad. Estos no tenían en buena estima a los miembros de la Fundación.

Después de los dibujos en el suelo, El Becario comenzó a entonar el cántico de llamada mientras alzaba al gato en el aire. El felino estaba más cabreado que un trekkie al que le han dicho que Darth Vader es el mejor personaje de Star Trek y no paraba de lanzar zarpazos, pero esto ya no importaba a El Becario ¡¡¡La invocación estaba funcionando!!! Pudo ver auras de colores surgiendo de los dibujos y notó una extraña sensación, como si el aire se estuviera ionizando por momentos... y después vio a alguien acercándose allí montado en una moto. El Becario pensó que se trataría del miembro de seguridad del campus que se proponía detenerle, pero al ver las ropas del conductor llegó a la conclusión de que no era nadie que venía para detenerlo. El conductor vestía ropajes antiguos, similares a los de la civilización del Nilo... bueno, excepto por el casco de moto que le cubría la cabeza. El vehículo aparcó a unos pocos metros de El Becario, y el conductor -ahora claramente conductora- bajó mientras se quitaba el casco. Lo que había ocultado este no era una cabeza humana, sino un rostro felino, con expresión dura y con un aura de poder que surgía de sus ojos de pupila rasgada. Se fue acercando con sinuosos movimientos a El Becario, que la miraba aturdido, y se paró delante de él. Inesperadamente, la diosa le soltó una patada en la entrepierna a El Becario, que lanzó un alarido. El gato aprovechó el momento para salir corriendo.

-No sé de dónde has sacado ese ritual de invocación, pero ver a alguien molestando a mis servidores felinos no me hace ninguna gracia -explicó la diosa.

-Te he... llamado... para comunicarme con los Dioses Arquetípicos -decía El Becario con las manos en la entrepierna.

-¿Los Dioses Arquet...? Oh, no... ¡será posible! ¡¿Otra vez?! A ver cuantas veces tengo que explicarle. Por mucho que ciertos libros digan que soy una diosa arquetípica, no lo soy. Puedo ser una diosa de Egipto, colaborar con Alfa Strike, montar fiestas felinas ¡¡¡pero no soy una puñetera diosa arquetípica!!! Te han estafado, colega. Todo esto sólo te ha servido parar recibir una merecida patada en los cataplines. Y como veo que no se me necesita para nada, vuelvo a mis cosas -. La diosa felina se giró para marcharse, pero antes se detuvo unos momentos -. Y como vuelvas tratar así a un gato te vas a acordar de Bastet...

Y dicho esto, la diosa montó en la moto y se fue.

El Becario estaba arrodillado, todavía dolorido, y odiando a quien fuera que había escrito que Bastet era una diosa arquetípica. No lo era. Por lo visto había dioses viviendo entre los mortales, dioses antiguos como Bastet o Atenea (diosa a la que invocaron en el último intento de contactar con los Dioses Arquetípicos), pero que no tenían nada que ver con la guerra contra los DCC. Fue recogiendo sus cosas del suelo, con bufidos y gruñidos debidos a la patada en la entrepierna y, de repente, vio dos pies delante de él. Alzó la cabeza y se encontró al de seguridad mirándole con cara de pocos amigos.

-Así que pintando tonterías en el suelo ¿eh? Te vas a enterar tú

El Becario no puedo más que admitir su derrota, y esperar un momento más propicio par seguir con sus planes.

jueves, 15 de febrero de 2018

Especial Big Culo Day: La crisis de los palos en el trasero

La luna ya brillaba en el cielo cuando Abel W. Mason salió de su despacho en la facultad de Filosofía y Letras. Había pasado años yendo y viniendo de una carrera a otra, hasta que se acomodó lo suficiente en la de Filología Germánica como para quedarse, graduarse y conseguir una plaza como profesor e investigador mientras terminaba su tesis "Cómo decir una frase en alemán sin acabar escupiendo a tu interlocutor: Una introducción al tono agresivo y las esdrújulas imposibles del idioma germánico". Había estado trabajando en dicho estudio hasta bien tarde, aunque en el proceso contó el argumento entero de una película alemana, y ya iba siendo hora de volver a casa.

En el campus nocturno reinaba una inesperada niebla que cubría todo y llenaba de humedad la ya de por sí fría atmósfera de Nueva Inglaterra. Abel sacó la linterna que siempre llevaba encima y se la puso en el bolsillo delantero de su chaleco. Fue caminando hacia el aparcamiento y, cuando ya casi estaba allí, comenzó a escuchar como unas interferencias de radio. Se detuvo y miró a su alrededor. Sólo niebla y oscuridad... aunque parecía que oía algo que se le acercaba. No sabía discernir desde qué dirección, pero algo venía hacia él mientras el sonido de radio sin sintonizar cada vez se oía más fuerte. No tuvo tiempo para evitar el ataque. Sólo un grito desgarrador rompió el silencio de la noche.

La mañana siguiente, el frío invernal saludó al becario de la Fundación Wilmarth mientras caminaba por el campus de la Universidad Miskatonic. Llevaba meses trabajando en su pequeño proyecto especial (contactar con los Dioses Arquetípicos. Los de verdad, no como les pasó la última vez. Convencerlos de que esa ciudad estaba llena de CCC (criaturas del ciclo de Cthulhu y esperar que hicieran su trabajo), pero no avanzaba mucho. Pensando en cómo podría llevar a cabo esta misión, se cruzó con un compañero becado, Abel W. Mason. No eran becarios de la misma carrera ni de la misma facultad, pero cada año se celebraba un partido de hockey entre todos los becados en la Miskatonic, así que, quisieran o no, todos se conocían un poco. Pero hoy Abel parecía extraño. Caminaba muy firme y hablaba mecánicamente con un vocabulario tedioso y difícil de seguir. Normalmente era una persona más vivaracha, así que la alarma saltó en el cerebro del becario. Abel W. Mason no se comportaba como él. Esto era síntoma de la influencia de alguna CCC, o peor, de una DCC (Deidad del Ciclo de Cthulhu). Era el momento de trabajar.

El becario sacó su Walkie-Talkie especial de la Fundación Wilmarth (llenos de arenilla hecha con piedras con el símbolo arcano, para que nadie pudiera intervenir la llamada) y llamó a sus compañeros, les comunicó lo que había visto y esperó nuevas instrucciones. La respuesta fue que esperara allí con el sujeto afectado.

Siguiendo las órdenes de sus superiores, el becario detuvo a Abel, que ya se marchaba desfilando como un soldado, y empezó una conversación de besugo, a la que el otro respondía como si fuera la persona más sosa jamás concebida. No sabía lo que le habían hecho esas maléficas criaturas, pero recibirían su merecido. Una buena ración de piedras con el Símbolo Arcano. La Fundación había comprado al por mayor a un fabricante chino y tenían de sobra.

Minutos después llegaron dos miembros de la Fundación Wilmarth. Uno de ellos era profesor de la universidad, y el otro era agente de campo. El becario les mostró a la posible víctima de las DCC y sus superiores lo estudiaron. Sí, se comportaba de una manera muy extraña. Quizás como si hubiera sido alterado por esas CCC que hacían intercambios mentales con humanos. Sabían perfectamente que todos los años había al menos uno de esos seres en la universidad disfrazado como humano normal. Decidieron hacer un estudio más profundo y encontraron algo escalofriante. Abel W. Mason no había sido intercambiado por una CCC. Tenía un palo. Un palo metido por el culo.

Mientras la Fundación Wilmarth hacía este inquietante descubrimiento, Seabury Q. Pickman se tomaba un café minutos antes de iniciar su primera clase. Estaba disfrutando de su cafeína concentrada cuando vio entrar en la cafetería a un grupo de estudiantes que caminaban de una forma muy peculiar. Todos iban muy rectos,  como si estuvieran en un desfile militar, y hablaban entre ellos como si fueran la voz en off de un documental soporífero. Esto no habría sorprendido a Seabury si no fuera porque iban con sudaderas de Alpha Beta Kappa, una de las fraternidades más fiesteras de la universidad. Si habían sido aceptados en ella no podían ser tan sosainas. Algo extraño estaba pasando... y no tardó en averiguar qué era.

Las puertas de la cafetería se abrieron de golpe, mostrando a un grupo de estudiantes que intentaban entrar corriendo, pero algo  que les seguía consiguió agarrar a uno de ellos y sacarlo al exterior. Seabury vio esto, ya imaginando que alguna criatura ultraterrena había sido invocada por error, pero cuando fue a mirar lo que sucedía se sorprendió aún más.

No, no era una criatura ultraterrena, sino una especie de fotocopiadora con patas, que iba capturando estudiantes con unas pinzas, los acercaba a su cuadrangular forma y les hacía algo, algo muy rápido que Seabury no conseguía ver bien. Después de lo que fuera que hacía la máquina, el alumno adquiría el comportamiento sosainas que había contemplado antes. Eso quería decir una cosa buena y otra mala. La buena era que no estaban siendo invadidos por vainas del espacio exterior. La mala era que no tenía ni idea de cómo detener a ese trasto. Bueno... al menos sí sabía cómo no detenerlo, pues se percató de la presencia de varios miembros de la Fundación Wilmarth que iban persiguiendo a la máquina y le lanzaban piedras estrelladas. Seabury pensó, por primera vez en su vida, que era una lástima que ya no dejaran a los de la Fundación lanzar explosivos dentro de los límites de Arkham.

-¡Apartaos, compañeros! ¡Esta máquina está siendo controlada por una entidad alienígena y tenemos que detenerla! -iba diciendo uno de los miembros del grupo de perseguidores, alentando a los demás estudiantes a que se apartaran. La máquina se lanzó a por él y no pudo escapar. En cuestión de segundos era un sosaina más.

¿Podía estar en lo cierto y la máquina estaba siendo utilizada por inteligencias alienígenas? Podía ser, aquello era Arkham y no le sorprendería demasiado. Ese chisme podía ser obra de los reptilianos nazis... pero ellos normalmente les ponían insignias a sus máquinas, y esta no llevaba ninguna. ¿Quizás obra de los aliens grises que habían llegado a la ciudad recientemente? Seabury iba pensando en posibilidades hasta que se dio cuenta de que el trasto estaba casi sobre él, y parecía haberle echado el ojo. Se dispuso a huir de la máquina, pero esta le cogió del pie derecho con una de las pinzas ¡Le iba a convertir en un sosaina!

Seabury ya estaba rezando a todos los dioses cuando un trueno sonó en el cielo y se vio libre del ataque de la máquina. Estaba con los ojos cerrados con fuerza esperando que la máquina le hiciera lo que fuese que le hacía a los demás, pero no le había hecho nada. La máquina le había soltado. Seabury abrió los ojos con cautela y vio que delante de él ya no estaba la máquina, sino un gigantón de más de dos metros, lleno de músculos y con una armadura que le sonaba mucho. ¡Brontes al rescate!

-Ey, Seabury ¿cómo te va? -dijo Brontes.

-¿Que cómo me va? Esa cosa iba a... a... lo que sea que haga ¡¡¡¿cómo quieres que esté?!!!

-Pero ya estás a salvo, ahora déjame a mi. Conozco perfectamente a este chisme.

-Que lo conoces... ¡Ya me estás diciendo qué es esta cosa y cómo sabes lo que es.

La máquina estaba intentado capturar a Brontes, pero este estaba realizando una danza bastante lamentable, con la que conseguía evitar ser capturado. mientras lo hacía, respondió a Seabury.

-Verás, siempre se ha dicho que los que se gradúan en la facultad de económicas salen de allí como si les hubieran metido un palo por el culo... pues no es una metáfora. Esta máquina tan inquieta es la que se utiliza para meter un palo por el culo a los alumnos cuando terminan la carrera. La cuestión es que hace días se estropeó y la dejaron a que la arregláramos, y yo... esto... le dejé el trabajo a unos colaboradores perfectamente cualificados.

-Brontes -dijo Seabury muy serio-. Dime inmediatamente a quien les dejaste este trasto.

-A unos ayudantes muy trabajadores...

-Sí, unos ayudantes tan trabajadores que han lanzado a este cacharro a meterle palos por el culo a todos los que se cruza ¡¡¿A quien dejaste la reparación?!!

-Eh... a los becarios...

Por un momento, Seabury sintió deseos de estrangular al cíclope, que seguía con su danza ridícula, con tanto ritmo que un individuo dejó a su lado un radiocasete de los '80 con una música que casaba perfectamente con el baile de Brontes.

-¡¿Y por qué no lo has fulminado ya con un rayo?!

-Porque los de económicas le pusieron un revestimiento de adamantium. No podemos destruir tan fácilmente a esta cosa -. Mientras decía esto, Brontes recibió el impacto de una piedra con forma de estrella-. ¡Ey, cuidado con las piedrecitas!

El aparato pareció cansarse del baile de Brontes y se giró en dirección a los de la Fundación Wilmarth, que le esperaban armados con sus piedras con símbolo arcano. Alcanzó a dos de ellos y, rápidamente, les introdujo un palo por donde la espalda pierde su nombre.

-Brontes ¿cómo vamos a detener a este trasto? -preguntó Seabury -. Normalmente llamaría a Welcome, pero se ha ido con Kate a celebrar San Valentín a Dunwich y llevan allí más de dos días.

-Pues tiene que ser algo que se nos ocurra antes de que convierta a toda la Fundación Wilmarth en sosos con un palo en el culo. Aunque igual eso es mejor, así dejan de buscar tantas DCC y CCC.

Una bombilla pareció encenderse sobre Seabury.

-Creo que ya sé cómo parar esto. Tenemos que ir a Martini Beach y hacer que la máquina nos siga.

-¿Y cómo hacemos eso? -preguntó Brontes.

Minutos después, un ciudadano normal de Arkham se disponía a comprar el periódico, cuando ante él pasó, a toda velocidad, un coche en el que iba conduciendo un individuo con una pipa en la boca y al lado había un gigantón con el culo por fuera de la ventanilla, como si le estuviera haciendo un calvo a toda la ciudad. Detrás de ellos iba una especie de fotocopiadora con patas que intentaba coger al del culo, pero el coche era más rápido. El ciudadano de Arkham se estrechó de hombros y siguió su camino al kiosco.

-¿Puedes ir un poco más despacio? Se me está helando el trasero -le dijo Brontes a Seabury.

-Si vamos más despacio, nos alcanzará, y no creo que quieras un palo metido por el culo.

Brontes pareció replantearse la idea de ir a menor velocidad. El coche de Seabury cruzó la ciudad lo más rápido que pudo y llegó a la costa. Una vez en Martini Beach, dio un frenazo y aparcó casi en la arena. Bajó del coche y fue corriendo a la playa, donde había un grupo de profundos acampados. Se trataba de un grupo de los que estaban en la ciudad haciendo protestas contra la contaminación de las aguas. Brontes salió del coche y la máquina fue detrás de él, dando saltos, como si se hubiera obsesionado con el culo del cíclope.

-Lo que se te haya ocurrido, mas vale que lo hagas pronto. Este chisme me ha cogido  tirria -dijo Brontes esquivando a la máquina.

Seabury estaba hablando con los profundos. Después de explicarles lo que quería de ellos, un profundo que parecía ser parte de los líderes de las protestas se acercó a las aguas y comenzó un cántico en dirección al mar. Momentos después, varios de los otros profundos se unieron al cántico. Minutos después, algo que parecía una ola se fue acercando a la orilla de manera imparable, la ola se convirtió en un géiser del que salió una inmensa criatura. Gigante cual Polifemo, el ser parecía un profundo del tamaño de un edificio de cinco pisos. Se trataba del mismísimo Padre Dagón.

-¡Brontes! ¡Corre hacia Dagón! -exclamó Seabury.

El cíclope no lo dudó ni un instante. Ya estaba harto de la máquina de las narices. Corrió hasta la orilla y se tiró en plancha al agua. La máquina de meter palos en el culo pareció perder de vista a Brontes, pero se encontró con algo que le atraía más. Era un culo gigante, el culo más grande al que se había enfrentado, el culo del padre de los profundos.

La máquina comenzó a trepar por las piernas de Dagón, ante la atónita mirada de éste. Las poderosas zarpas del padre de los profundos intentaban quitarse esa cosa, pero la máquina saltaba de una pierna a otra. Finalmente, el aparato consiguió llegar al culo de Dagón y se dispuso a realizar su operación, pero aquel era un culo demasiado grande, con un palo no le bastaría, ni con dos, ni con tres, ni con... La máquina comenzó a echar humo y se soltó de los glúteos del padre de los profundos, momento que éste aprovechó para darle un zarpazo que la mandó directa al paseo de Martini Beach. Allí, el aparato se quedó echando humo y chispas. Antes de que Dagón pudiera cabrearse por aquello, los profundos aplacaron al ser con cánticos y alabanzas, por lo que éste se quedó contento y volvió al mar.

-¡Eso ha sido fantástico! -exclamó Brontes.

-Se me había ocurrido que nuestro problema era que ni podíamos detener al aparato por su blindaje. Teníamos que conseguir que él mismo parara de intentar meter palos por el culo. Intentar hacer esto con el inmenso culo de Padre Dagón ha debido cortocircuitarlo y dejarlo inútil.

-Sabía estratagema, Seabury.

-Sí... pero tú vas a volver a la universidad inmediatamente, y vas a arreglar ese trasto con un equipo verdaderamente cualificado, y además, pedirás disculpas a mis alumnos por llegar tarde a la clase.

-Como si que faltes a una clase y tengan una hora libre fuera una tragedia -musitó Brontes.

-Pues... ¡da igual! Volvamos inmediatamente a la universidad.

Brontes cogió la máquina, que seguía echando chispas y se metió el coche con Seabury. Allí, en la playa, se quedaron los profundos despidiéndose. No sabían exactamente qué había pasado, pero ver a Padre Dagón darle un sopapo a la fotocopiadora con patas había bastado para que no se hicieran preguntas. Había sido algo digno de ver.

domingo, 8 de octubre de 2017

Soluciones sencillas para conflictos con la Fundación Wilmarth

La lectura de aquel ciclo de leyendas estaba dejando a Seabury Q. Pickman con unas ganas de sueño mayores que las que daría la película más aburrida del mundo. Eran unas leyendas de una pequeña tribu asiática muy aburrida, tanto ella como sus costumbres, ritos y vestimentas. Prefería estar corrigiendo exámenes de alumnos que han estudiado media hora antes del examen y se habían inventado todo. Al menos eso sería entretenido. 

Cuando sonó la puerta de su despacho, es como si los dioses hubieran escuchado sus plegarias. Aunque fuera otra invasión alienígena, cualquier cosa antes que seguir leyendo ese sopor.

-Adelante -dijo.

La puerta se abrió y Seabury se sorprendió al ver lo que entraba en su despacho. El primero era un morlock vestido con sus ropajes postapocalípticos, llevaba gafas de aviador y tenía una expresión entre cansada y cabreada. Tras él entró algo que aún no había visto Seabury. Se trataba de una hembra de la especie de los morlocks, y sus pintas eran estrafalarias incluso para cualquiera de la comunidad divina que pululaba por Arkham. Llevaba una mochila contenedor de un líquido oscuro, del que salían unos tubos que iban directamente a una mascarilla en la boca de la morlock, y sus ropas no eran las típicas indumentarias postapocalípticas de su especie, sino un uniforme de la Federación de Planetas de Star Trek. Con sólo verlo, Seabury sabía que lo que fuera que iban a decirle, le proporcionaría una excusa para dejar ese dichoso ciclo de leyendas.

-Saludos, camarada Pickman -dijo el morlock. -Puede que no me conozcas, pero he colaborado con miembros de tu familia en diversas misiones...

-Oh, debes ser Konstantin. Lamento que la última vez que tuviste contacto con nosotros fuera con Robert.

-No hay de qué disculparse -dijo Konstantin. -El tal Robert era bastante inofensivo.

-¿Y a qué  debo el placer de su visita?

-Esta de aquí es Olga Pum'Ukki, una morlock que ha estado infiltrada entre la comunidad humana de Arkham durante varios meses.

Olga Pum'Ukki realizó un saludo formal.

-Encantada de conocerle, sr. Pickman. Mi misión era infiltrarme entre la población local para realizar un estudio sobre los habitantes de la ciudad y acabé en un club de fans de Star Trek en el que me recibieron agradablemente.

-Y si enganchó a esa seriucha capitalista -interrumpió Konstantin.

-No es una seriucha capitalista. Se trata de una serie que habla de la hermandad entre especies y de la aventura del descubrimiento. La cuestión es que el acceso a los túneles que utilizaba para llevar la información recopilada está justo delante de la universidad. Las entradas a los túneles de la universidad, como sabrán ustedes, fueron selladas después de la crisis de la primavera pasada, así que utilizaba esa, pensando que no llamaría la atención de nadie.

-En esta ciudad nada suele llamar la atención de nadie. Llevamos meses con manifestaciones de los profundos de Innsmouth por la contaminación de la costa y la gente sigue tranquilamente su vida. Y Dagon volvió a visitar a su casa a un señor que lo había visto sin que nadie reparara en ello. Somos una comunidad muy integradora y que no nos sorprendemos por cualquier cosa -explicó Seabury. Una forma eufemística de decir que los habitantes de la ciudad estaban tan acostumbrados a cosas raras que ya les daba igual.

-El problema es que sí que llamé la atención de unos individuos -continuó Olga Pum'Ukki. -Unos tipos de la universidad que van por ahí lanzando piedras con tirachinas me interceptaron una vez y me gritaron nosequé de que era una CCC. Consideré una pérdida de tiempo destriparlos, así que escapé por la entrada a los túneles, pero ahora los muy pesados no hacen más que vigilarla e intentar entrar. Han lanzado ya unas cuantas piedras de esas y tienen a unos tipos que dicen ser psíquicos patrullando la entrada.

-Sé quienes son. La Fundación Wilmarth... un grupo de profesores e investigadores asociados a la universidad que están paranoicos con lo que ellos llaman Criaturas del Ciclo de Cthulhu. Eran muy aficionados a bombardear todo lo que consideraban una CCC como lo llaman ellos pero, por fortuna, tanto la universidad como el ayuntamiento de Arkham les prohibió el uso de explosivos dentro de la ciudad.

-El estulto que acompañó a vuestro familiar Robert debía ser parte de ese grupo. Llevaba un montón de piedras con forma de estrella y no hacía más que hablar de aliens y de criaturas más antiguas que el tiempo, haciendo que vuestro familiar se emocionara y armaran más jaleo del que sería apropiado. Menos mal que al final resultaron ser un poco útiles, porque estuve casi toda la misión deseando meterles las piedras por el cu...

-Konstantin, no seas exagerado -le interrumpió Olga Pum'Ukki. -La cuestión es que ahora queremos sellar también esa entrada y usar una alternativa, pero no hay forma de hacerlo con esos idiotas rondando por allí. Tampoco queremos alimentar su paranoia, y mucho menos que destapen mi identidad entre nuestros grupos enemigos. Nuestros superiores nos han dicho que no los destrocemos como los metomentodos que son, pero siguen siendo una molestia.

-Y habéis pensado que vuestra asociación con la familia Pickman sería útil para deshaceros de esos pesados -concluyó Seabury.

-No queríamos molestarles, pero no queremos hacerlo nosotros, porque seguro que intentarían buscarnos por los túneles y ahí abajo hay cosas que es mejor no molestar -dijo Olga Pum'Ukki.

-No, habéis hecho bien. Los de la Fundación Wilmarth son muy insistentes. Lo que tenemos que hacer es convencerles de que la criatura que ven entrar y salir por aquella entrada no volverá a hacerlo, y tengo a la persona... bueno, a la entidad adecuada para ello.

Cocinas de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta

El teléfono empezó a sonar estridentemente. Alguien había puesto la canción de La Cucaracha como tono, seguramente para que fueran inmediatamente a cogerlo, o podía haber sido una broma de algún estudiante graciosillo. Fuera lo que fuese, una extremidad no del todo con forma de mano agarró el aparato.

-Está usted hablando con la cocina de La Llave y La Puerta -dijo una voz que intentaba simular que era humana.

-Unglaublich, soy Seabury. Te llamo desde la universidad. Espero que no estés muy ocupado, porque voy a necesitar tu ayuda.

-No... ¿otra vez tengo que hacer el tonto delante de los de la Fundación Wilmarth? ¿Es que no tienes a nadie mejor para hacer eso?

-Venga, la última vez se lo pedí a Shubbi y se comió a dos profesores, no sabes lo que nos costó sustituirlos. En cambio tú eres más eficaz y no te comes a nadie.

-Como siga así, voy a pedir un aumento de sueldo por actividades no relacionadas con la cocina.

-No te pongas así, que será un momento sólo... tú espérame en la cafetería que hay junto a mi facultad y allí te contaré todo.

-¿Y nadie me mirará raro?

-Telepórtate allí directamente y así no te verá nadie... además ¿desde cuando te importa que te miren raro?

-Lo digo por vosotros, que en las publicaciones académicas ya hablan de tu universidad como si fuera una fábrica de científicos chiflados.

-¡Bah! Habladurías de envidiosos ¿y tú qué haces leyendo publicaciones académicas?

-Lo que yo haga en mi tiempo libre es cosa mía.

-Vale. No perdamos más tiempo, ven aquí y te informaré de lo que haremos.

Cercanías de la Universidad Miskatonic

 Los tres miembros "psíquicos" de la Fundación Wilmarth estaban sentados y, supuestamente, buscando patrones mentales no humanos. Realmente no eran psíquicos ni tenían ningún poder extrasensorial, ya que todos los psíquicos de la Wilmarth terminaron en centros psiquiátricos o en la Asociación Nacional del Rifle debido a la manía que tenían de intentar contactar mentalmente con entidades totalmente superiores a ellos, o por tirarle bombas a los Chthonians, una raza muy acostumbrada a vengarse mediante ataques psíquicos. Por supuesto, el resto de los miembros de la Fundación no sabían que estos individuos eran unos impostores (alguno no era un impostor, simplemente era idiota y creía que leía mentes), ya que si lo supieran, es posible que les expulsaran del grupo.

Cerca de los "psíquicos" había un reducido grupo armado con tirachinas y bolsas llenas de piedras con el símbolo de los Dioses Arquetípicos, esperando a que la CCC que solía aparecer por allí, apareciera y pudieran interceptarla. Interceptarla y pisotearla, apedrearla y hacerle toda clase de burradas, como buenos defensores de la humanidad que eran.

Para alivio de los altruistas miembros de la Fundación Wilmarth, la entidad, que seguía vistiendo como si tratara de simular que es un ser humano, pero llevando ese aparato respiratorio especial que la delataba como no humana, hizo su aparición por la esquina de la calle que llevaba al callejón no euclidiano (en Arkham ya había varias localizaciones no euclidianas, aparecían en las guías turísticas, con la advertencia de que no se acercara uno demasiado a ellas).

Los valerosos defensores de la especie humana prepararon sus municiones y los "psíquicos", después de haber visto a la CCC, comenzaron a decir que sentían patrones mentales aberrantes.

La criatura se dio cuenta de que le estaban esperando y, ante la horrorizada mirada de los miembros de la Fundación, sufrió una extraña transformación. Su carne comenzó a convulsionarse y a moverse como si fueran olas en el mar, y la forma antropomorfa fue cambiando y expandiéndose hasta convertirse en un ser blasfemo que parecía una montaña de protoplasma cambiante, con diversos miembros que se movían, y una cabeza que parecía remotamente la de un batracio.

-Oooooh, soy un malvado ser del ciclo de Cthulhu -dijo la entidad con una voz que mancillaba el oído humano -. Voy a destruir esta ciudad y a conquistar el mundo y todas esas cosas malas que hacen los bichos como yo. Empezando por vosotros, inmundos mortales.

-¡¡¡Que te lo has creído!!! -exclamó uno de los miembros de la Fundación -¡¡¡Atacadle todos!!!

Una lluvia de piedras con el símbolo de los Dioses Arquetípicos llovió sobre la criatura mientras los "psíquicos" le lanzaban ataques mentales. El ser intentó defenderse, pero el poder de los Dioses Arquetípicos fue más fuerte que el suyo, y comenzó a temblar como un flan en un tren y, repentinamente, implosionó, dejando en el aire un ligero olor a algo obsceno.

Un par de calles cerca del combate contra la Fundación Wilmarth

El sonido de un torrente de materia ocupando el espacio que antes era tan sólo aire hizo que Konstantin y Olga Pum'Ukki dieran un respingo. Seabury ya estaba acostumbrado a las teleportaciones de Unglaublich.

-¿Realmente era necesario todo ese discurso de opereta? -le preguntó nada más solidificarse.

-Déjame, que tú no eres el que se va a pasar todo el día sacándose piedras del cuerpo -le respondió Unglaublich, que ya estaba arrancando de su protoplasma una piedra con forma de estrella.

-Aquellos idiotas están bailando y dando saltos de alegría. Se han creído que han acabado con Unglaublich -dijo Konstantin, que miraba con unos prismáticos en la dirección donde estaban los miembros de la Fundación.

-Pensaba que un plan tan estúpido no resultaría -dijo Olga Pum'Ukki.

-Verá, señorita -le dijo Seabury-, los miembros de la Fundación Wilmarth son bastante estúpidos.

Esperaron unos minutos a que la celebración terminara y los de la Wilmarth se volvieran a su base secreta para poder acercarse a la entrada a los túneles bajo Arkham.

-Bien, sellaremos esta entrada y Olga tendrá usar una más alejada de esa panda de chiflados -dijo Konstantin.

-Usad cualquiera que no esté cerca de la Universidad. Esa panda no suele salir de allí a menos que vayan a luchar contra alguna CCC de esas -les dijo Seabury.

Konstantin abrió la entrada a los túneles y se despidió con la mano. Olga Pum'Ukki se volvió y estrechó la mano de Seabury.

-Ha sido un placer, señor Pickman, espero que volvamos a verlos.

-Lo mismo digo... ah, por cierto... ¿a que se debe ese aparato de respiración artificial? Tengo curiosidad profesional.

-Eh ¿esto? Me alimento y respiro exclusivamente café bien calentito.

Dicho esto, Olga Pum'Ukki dio un salto al interior del agujero y la entrada a los túneles se cerró de un golpe. Un momento después comenzaron a oírse los sonidos del sellado.

Seabury se giró satisfecho, pensando que todo aquello había durado demasiado poco y aún tenía un largo día de trabajo.

-Bufff... ahora me toca volver con las aburridas leyendas esas -espetó.

-Oh, no te preocupes -le dijo Unglaublich envolviéndole con un tentáculo -, si no quieres aburrirte con tu trabajo siempre puedes ayudarme a quitarme todas las piedras que me han tirado esos idiotas.

-Pe... pero... -intentaba decir Seabury mientras Unglaublich avanzaba hacia la residencia estudiantil.

-Sin peros, hombre, tu ayuda será muy agradable.

Seabury sintió que el tentáculo le agarraba más firmemente, por lo que dejó de intentar soltarse. Quizás sacar piedras del protoplasma de un servidor de los Otros Dioses no fuera tan aburrido como lo  que le esperaba en su despacho.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Los platillos volantes contra la Miskatonic

Un regreso por todo lo alto en King-In-Yellow Size

Septiembre llega a Arkham. Con él, se acerca la bajada de temperaturas para llevar a un clima más propio de Nueva Inglaterra. Pero con Septiembre también vienen a Arkham unos insidiosos seres que observaban la ciudad con ojos codiciosos. Unos seres que tienen su objetivo en un lugar concreto de la ciudad. Unos seres que preparan sus planes mientras la ciudad apenas despierta.

-¡¡¡Seabury!!! -exclamó Brontes al ver al profesor, con su sempiterna pipa, entrando en la cafetería que solía ser terreno de profesores y colaboradores de la universidad (los alumnos iban a las otras, donde a veces la comida intentaba comerse a los alumnos) -Llevaba más de un mes sin verte ¿dónde te habías metido?

Seabury miró a Brontes. Iba vestido con la ropa que solía llevar cuando estaba en la universidad ayudando a los de las ingenierías. Se trataba de la ropa de un típico nerd de serie de televisión, pero del tamaño de un coloso. Él pensaba que era una indumentaria ideal para el ambiente universitario. Como todo ser divino que pasaba por Arkham, su sentido de la moda era como poco indescriptible.

-Pues nos habíamos ido toda la familia de vacaciones en agosto. -explicó Seabury tras echar el humo de su pipa.

-¿Y os lo habéis pasado bien? -pregunto Brontes mientras le indicaba  con gestos que se sentara junto a él.

-Sí. Al principio nos aburríamos un poco, pero después nos encontramos con una secta de adoradores del Pisador de Estrellas Pigmeo y tuvimos que desbaratar sus planes para invocarlo en La Tierra.

-¿El Pisador de Estrellas Pigmeo? Mira que suelo tener a todo el mundo localizado en el ElderGodBook, pero no sé quién es ese -dijo Brontes con expresión interrogativa.

-Es un intento de primigenio bastante lamentable, como podrás adivinar por su nombre. No utiliza las redes sociales porque los demás se suelen reír de él, cosa que hace que sus sectarios se cabreen más. Al final han sido unas vacaciones entretenidas gracias a ellos ¿y qué tal por aquí?

-Bueno, -dijo Brontes mientras echaba un trago a su café con zumo de naranja (sí... café con zumo de naranja. Los gustos de los dioses son inescrutables) -Sólo ha habido algunas peleas entre profundos borrachos y gules que seguían con las protestas y manifestaciones. La gente de la ciudad terminó haciendo apuestas para ver cual de los dos bandos ganaba.

-¿Y quién ganó? -preguntó Seabury.

-Ninguno de los dos. Los profundos borrachos iban cargados con barriles de alcohol, que terminaron en manos de los gules, y todos acabaron como cubas.

-Aaaaay, echaba de menos esta ciudad -dijo Seabury soñador.

De pronto comenzó a sonar algo que parecía una potente alarma.

-¿Desde cuando tenemos una alarma en la Miskatonic? -preguntó Seabury mirando a su alrededor extrañado.

-Creo que la compraron de segunda mano los de la Fundación Wilmarth. Después de lo que pasó en los '80 cuando le tiraron una bomba nuclear a un familiar de Cthulhu, parece que están preparados para cualquier evento relacionado con los primigenios en la universidad.

-Sí, aquello sucedió mucho antes de que nosotros llegáramos a la ciudad, menos mal que nos libramos de la que se armó por culpa de esa panda de insensatos ¿y  tú cómo sabes que los de la Wilmarth tienen una alarma?

-Uno de sus... ejem... agentes... trabaja en el laboratorio de Física y yo suelo ayudar en ese laboratorio en experimentos que requieran electricidad.

El resto de profesores que estaban desayunando en la cafetería iban corriendo hacia las puertas y parecían alarmarse ante lo que veían.

-¿No se les prohibió a los de la Wilmarth tirar bombas después de lo que pasó en nochevieja del año pasado? -preguntó Seabury.

-Se les prohibió que las usaran dentro de las fronteras de la ciudad... -dijo de forma ominosa el cíclope.

Seabury lanzó un largo suspiro mientras se preguntaba por qué aún no habían echado a patadas a ese grupo de chalados. Se levantó del lugar en el que tenía pensado tomar su desayuno para acercarse a ver qué era lo que provocaba esa reacción a los profesores. Llegó a la puerta, apartó cuidadosamente a sus compañeros y miró a exterior.

Sobrevolando los terrenos de la universidad se podía ver un batallón de platillos volantes. Eran esferas de apariencia metálica que flotaban girando sobre su propio eje y emitían unos sonidos parecidos a los que sonaban en las antiguas películas de ciencia-ficción.

-Menos mal que hoy que no andan por aquí Robert ni Daisy -musitó Seabury mientras Brontes se acercaba a él.

-Mmmmm creo que estos no han venido por ningún bombazo a un primigenio por parte de la Wilmarth -dijo Brontes.

-¿Alguna idea de quienes son? -preguntó Seabury.

-Pues sean quienes sean, tienen poca imaginación. He visto naves como esas en unas cuantas películas y en recreaciones de avistamientos de OVNIs en programas de asuntos paranormales.

Las naves fueron descendiendo lentamente, sin hacer ni un sólo ruido, aparte del sonido de ciencia-ficción pasado de época, y cuando llegaron al suelo, desplegaron unas ruedas que les permitió aterrizar y moverse a través del terreno del campus.

-¡El primer contacto entre humanos y extraterrestres! -exclamó uno de los profesores, que no pudo evitar abrir la puerta de la cafetería y salir corriendo para recibir a los visitantes de más allá del espacio.

-¡¡¿Pero qué haces?!! -le gritó un compañero -¡¡¿Es que no has visto películas de invasiones alienígenas?!!

-¡Eso son películas! -respondió el profesor, emocionado -¡Esto es real!

Y así de real fue el rayo que salió de la nave más cercana, impactó en el profesor, y lo convirtió en una especie de estatua de algún material desconocido. La estatua aún humeaba cuando el platillo pasó por su lado impulsado por las ruedas. El aparato se paró cerca de la cafetería y de su superficie metalizada surgió un aparato que emitió un mensaje. Era un mensaje en un lenguaje recargado, agresivo, y lleno de consonantes y era producido por una voz que parecía muy cabreada.

-¿Has reconocido el idioma alienígena? Quizás el traductor del ElderGodBook ayude -le dijo Seabury a Brontes.

-No es un idioma alienígena... ¡es alemán! -exclamó un profesor de filología que estaba junto al cíclope.

-¡¡¡¿Alemán?!!! -exclamaron al unísono casi todos los espectadores.

-Sí, estaban clamando venganza por nosequé de un ataque por parte de miembros de la universidad a un destacamento que tenían en unos túneles bajo la ciudad.

Empezaron a surgir murmullos y suposiciones entre toda la comunidad educativa... excepto por Brontes y Seabury.

-Esto debe tener que ver con el asunto ese de los túneles del que no hace más que hablar Robert. Los morlocks comentaron que hubo encuentros con unos OVNIs con estética de película de los años '50 -susurró Seabury.

-¿Y quién se metió en los túneles que pertenezca a la universidad?  -preguntó Brontes... antes de que se respondiera a sí mismo. ¿Quién iba a meterse en los túneles bajo la ciudad de Arkham, pertenecería al profesorado de la universidad y cabrearía a una especie alienígena? Los mismos que le tiraron una bomba nuclear a un primigenio. -Los mismos que han hecho sonar la alarma.

La nave de la que había surgido el mensaje en alemán abrió una compuerta por la que descendió una pasarela, acompañada de una extraña niebla típica de OVNI de película. A través de la niebla fue apareciendo un grupo de individuos bajitos, vestidos con algo parecido a trajes espaciales pasados de moda y con los rasgos de los típicos grises. Uno de los aliens se adelantó a los demás y lanzó otro discurso en alemán.

-Dice que, si no entregamos a los que les atacaron, convertirán a todos los que estamos en el campus en estatuas de algo que no pueden decir por cuestiones de copyright. -tradujo el profesor de filología.

-¿En carboni...? -fue a decir Brontes, pero Seabury le tapó la boca rápidamente.

-Puede ser, pero, por si acaso, tú tampoco lo digas.

El miedo y la desesperación recorrió a todo el profesorado encerrado en la cafetería. Ninguno de ellos sabían quien era el culpable de aquél asunto, así que se temían la venganza de los aliens.

De pronto, de una de las facultades surgió un grupo de gente que corría hacia los alienígenas que habían bajado de la nave. Iban armados con algo que parecían tirachinas y bolsas llenas de piedras y gritaban alabanzas a los Dioses Arquetípicos. Esto pilló por sorpresa a los aliens, que recibieron un bombardeó de rocas que les destrozó los cascos de sus trajes espaciales, pero no tardaron en sacar sus armas lanzarrayos y responder al ataque.

-Son esos chalados de la Fundación Wilmarth -dijo uno de los profesores. -Y están demostrando más valentía y devoción hacia nuestra universidad que todos nosotros ¿vamos a quedarnos escondidos aquí como cobardes mientras unos descerebrados defienden lo que es nuestro o vamos a demostrar nuestro verdadero amor al conocimiento, la ciencia y el avance tecnológico que representa la universidad?

-Y las parrandas a costa de los doctorandos y las estudiantes que para conseguir llegar al aprobado son capaces de lo que sea -sumó otro profesor.

-¡Eso también representa la universidad! -continuó el otro mientras hubo asentimientos entre los demás. -¿Vamos a dejar que destruyan todo eso mientras esos atontaos nos defienden? ¿O salimos y le damos una académica paliza a esos aliens de tres al cuarto?

-¡¡¡Paliza académica!!! -gritaron los demás profesores.

Y, antes de que Seabury y Brontes pudieran reaccionar, abrieron la puerta de la cafetería y surgieron como una turba enfurecida. Los profesores corrieron en dirección a los platillos aterrizados, armados con libros, carpetas y una lanza de caballería. Los platillos comenzaron a disparar y convirtieron a varios profesores en estatuas de ese material que no se puede mencionar por copyright, pero los demás llegaron hasta los vehículos y se pusieron a zarandearlos y golpearlos.

-Eso se está yendo a la mierda -dijo Seabury. -Esos profesores no van a poder con el poder armamentístico de los alienígenas. En cuanto abran las escotillas y bajen con sus armas nos quedaremos sin profesorado este curso.

-De eso nada -dijo Brontes con una mirada de cabreo. -Tengo un plan.

-¿Un plan que no implica destruir material y bienes inmuebles de la universidad -preguntó Seabury.

-Pues claro -le respondió Brontes sacando el móvil del bolsillo, buscó un contacto y esperó que el teléfono diera respuesta. -¿Evangeline? Soy Brontes, necesito que cojas la espada y vengas lo más rápido posible a la universidad... No... no tienes que tajar al tipo aquél que quería vendernos enciclopedias, tú ven y te cuento.

-¿Welcome con la espada? ¿Crees que va a ser suficiente para detener a todos esos extraterrestres? -preguntó Seabury.

-Tú espera y verás.

La batalla entre los miembros de la Miskatonic y los alienígenas se estaba recrudeciendo. Los profesores, sabedores de que si bajaban de la nave les dispararían con rayos que no convertían en ese material que no se puede mencionar por motivos de copyright, sino con rayos que hacen daño de verdad, hacían todo lo posible por evitar que los platillos pudieran desplegar las pasarelas. Por otro lado, los miembros de la Fundación Wilmarth, lanzaban piedras y se cubrían detrás de parapetos improvisados contra los aliens que habían conseguido bajar de las naves.

-¿Por qué no sales y repartes unas cuantas leches? -le preguntó Seabury a Brontes. -Yo no tengo con qué enfrentarme a ellos, pero tú tienes dos martillazos.

-Sí, pero si me convierten en estatua no podré ayudar a Welcome.

-¿Pero ayudarle a qué?

Instantes después de la pregunta de Seabury, algo sobrevoló el campus de la Universidad Miskatonic. se trataba de una sombre negra alada. Cuando Seabury miró con más claridad, vio que se trataba de un byakhee. Un byakhee que llevaba a alguien cogido de los brazos. El byakhee soltó a la persona y se fue volando, mientras su paquete caía al suelo y aterrizaba con postura de superhéroe ¡Era Delta Wave Welcome! Los extraterrestres, al verla, empezaron a dispararles, pero la espada hacía rebotar todos los rayos, haciendo que algunas naves se convirtieran en ese material que no se  puede mencionar por motivos de copyright.

Brontes abrió la puerta de la cafetería y salió al exterior.

-¡¡¡Welcome!!! ¡¡¡Utiliza la espada para abrir un portal al sitio más feo que se te ocurra!!! -le gritó con el volumen suficiente para que pudiera oírle entre todo aquel jaleo.

Welcome saludó al cíclope con una sonrisa, como si se hubieran encontrado en un momento cualquiera, y extendió el brazo que portaba la espada. Tras unos momentos de concentración, cortó el espacio con el filo de la espada y abrió un agujero en la realidad. A través del portal se veía algo feo, muy feo, tan feo que la cordura de un ser humano sería comprometida si lo miraba demasiado tiempo.

-Ahora voy yo -dijo Brontes.

El cíclope alzó los brazos mientras comenzó a flotar y las nubes oscuras de la tormenta empezaron a rodear el campus. Se formaban cada vez más gruesas y se acercaban, uniéndose y provocando truenos. En cuestión de segundos, unos nubarrones de tormenta cubrieron todo el campus de la Universidad Miskatonic. Brontes hizo unos movimientos con los brazos y las nubes de tormenta vinieron acompañados con un fuerte viento. Un fuerte viento que comenzaba a tomar forma, y antes de que los alienígenas pudieran reaccionar, tenían ante ellos un peligroso tornado que les perseguía como un depredador a su presa. La poderosa tormenta fue capturando a todos los alienígenas que habían descendido de las naves y los tragaba al interior del vórtice, mientras los platillos se tambaleaban, pero conseguían mantenerse en el suelo.

-Que os lo habéis creído -dijo Brontes haciendo varios movimientos con las manos.

El tornado se volvió más poderoso y comenzó a tragarse a los platillos volantes como un voraz animal hambriento. Una vez todos los alienígenas y platillos fueron atrapados en la tormenta, esta fue acercándose al portal que había abierto Welcome, y cuando llego ante este, dio un saltito y se metió dentro.

-¡¡¡Cierra!!!

Welcome cerró el portal y, un momento después, las nubes de tormenta y el viento desaparecieron también. Los terrenos de la universidad ahora estaban llenos de estatuas y de profesores magullados. Los de la Fundación Wilmarth estaban dando saltos y celebrando la victoria (según ellos, gracias a la intervención de los Dioses Arquetípicos, pero nadie iba a discutirles nada ahora). Welcome se acercó a la cafetería mientras Seabury salía maravillado.

-Hola, Seabury -dijo ella con una expresión ilusionada en la cara.

-Así que este era tu plan -dijo mirando los restos de la batalla.

-Sí, se me ha ocurrido mientras veía cómo los extraterrestres no hacían más que zurrar a nuestros profesores. -explicó Brontes.

-¿Qué era eso? -preguntó Welcome.

-Nah, unos alienígenas con mal genio, pero con nosotros por aquí no creo que vuelvan con intenciones maliciosas -le respondió Brontes.

-¿Y cómo has hecho para que la tormenta sólo afectase a los alienígenas? Vale que el tornado sólo los perseguía a ellos, pero los efectos de...

-Soy un dios de las tormentas -dijo Brontes interrumpiendo las preguntas de Seabury. -Cuando veas que una tormenta invocada por mí hace cosas así, tú no preguntes.

-Pero se estaba saltando todas las leyes de la...

-No... preguntes...

Durante unos momentos, los tres se quedaron mirando los restos de la batalla. Los profesorres habían sacado champagne de algún sitio y estaba celebrando la victoria, mientras que los de la Fundación Wilmarth habían desaparecido.

-¿Y qué vamos a hacer con los profesores que han quedado convertidos en estatuas? -preguntó Seabury.

-Los llevamos con el resto de dioses de Alpha Strike y entre todos se nos ocurrirá cómo revertirlos antes del comienzo de curso -respondió Welcome.

-Ah... bien... pues me apetece un poco de champagne del que se están tomando.

-A mi no me importaría tomar una copita -comentó Brontes.

-Yo no tengo nada mejor que hacer -añadió Welcome.

-Pues vamos allí y brindemos por nuestra gran universidad.

Y el trío dejó atrás la cafetería y fue a la improvisada fiesta para unirse a la celebración. Mientras tanto, en un lugar oculto, la Fundación Wilmarth analizaba lo que había sucedido y comenzaba a prepararse. Estaban seguros de que aquél no sería el único ataque. La próxima vez no les pillarían por sorpresa.

sábado, 22 de julio de 2017

La cruzada de Robert M. Pickman comienza

Desde el día que subió el vídeo (con el montaje previo, por supuesto), supo que este sería un éxito. Parecía grabado por alguien en pleno ataque epiléptico, muchas de las tomas eran borrosas, en general se veía más bien poco -pues había mucha oscuridad-, y muchos de los que lo visionaron pensaban que estaban ante una película Found Footage. Todo esto sería un desastre... si no fuera porque la mayor parte de los seguidores del blog, el canal de Youtube, y los comentaristas en el foro, de Robert M. Pickman, veían en esa grabación la prueba de todo lo que llevaban años diciendo.

El susodicho vídeo constaba de las grabaciones que Robert había realizado en su incursión en los túneles bajo Arkham. Un vídeo que contenía hombres topo, una especie de gusano gigante, OVNI's (aunque ninguno salía volando, más bien eran platillos volantes... o rodantes, y no tenían nada de "no identificado", pero eso les daba igual, los seguían llamando así), muestras de tecnología alienígena, tomas de grises y reptilianos... y lo mejor ¡¡¡la prueba de una red de túneles bajo la ciudad utilizada por todo tipo de conspiraciones!!! En foromagufo.net habían visto en esos túneles entradas a La Tierra Hueca, el lugar por donde transportan los materiales que llevarán al Nuevo Orden Mundial, los túneles secretos que usan los illuminati para reunirse sin que nadie los vea... o los masones... o los rosacruces...  o el club Bilderberg... o todos ellos a la vez, que al fin y al cabo, son los mismos... o están enfrentados entre ellos... hay tantas teorías en foromagufo.net que se contradicen entre ellas, y aún así se aceptan, que ya nadie lo ve extraño. Bueno... nadie lo vio extraño desde el mismo momento en que se fundó el foro, pero eso da igual.

El éxito del vídeo de Robert, excepto por los cuatro que decían que se veía el píxel, hizo que su orgullo creciera hasta cotas en las que nadie podría escalar sin la necesidad de oxígeno. Esto llevó a Robert a pensar que podría aprovechar el éxito del vídeo. Aquello era una prueba, una de verdad. Su intención era que todos los "despiertos" del país" fueran a Arkham y vieran las maravillas que él había descubierto, y que las expusieran por todo internet. Que todo el mundo lo viera. Que nadie pudiera ocultar la verdad. El mundo debía saber que había una serie de túneles bajo América donde los reptilianos y los grises pululan como si fuera su casa (¡Von Daniken no lo quiera, puede que lo sea!), y que allí habitan otros seres críptidos que pueden ser "himbestigados". Y debía saberse que él era el descubridor. Que su nombre estuviera entre los de otros ilustres, y si eso, que le dieran un programa en History Channel.

Pero antes de todo esto, debía hacer algo. Los científicos ciegos, que se niegan a ver la realidad, debían conocer este secreto. Y no sólo ellos. Los habitantes de Arkham debían despertar de la matrix, dejar de ser borregos y alzarse con la verdadera verdad, no la otra verdad, esa que les dicen que es verdad, pero no es verdad.

Sabía que su plan completo sería a largo plazo. Tendría que pasar por muchos obstáculos. Quizás la parte más fácil de su plan sería conseguir un programa en History Channel. Pero el trabajo en su propia ciudad podía comenzar ahora mismo. Además, ahora contaba con aliados dentro de la universidad. Había descubierto que hay científicos que se niegan a cerrar los ojos ante la verdad. Esto era algo que no podía desaprovechar, aunque tuvieran ideas extrañas más propias de relatos pulp... veían hombres serpiente donde claramente había reptilianos, y no hacían más que insistir que unas piedras con una estrella tallada eran un arma poderosa. Pero daba igual, seguían siendo aliados. Aliados científicos.

Robert había contactado con estos científicos que sabían la verdad e iba a reunirse con ellos en la universidad. Sólo lamentaba que en pleno verano había pocos estudiantes, pues los únicos que estarían por allí serían los de los cursos de verano. En invierno todo habría estado lleno de estudiantes y estos habrían escuchado la verdad.

En esas fechas, el campus era más tranquilo, así que Robert fue paseando por allí soportando el calor, pero agradeciendo la sombra de los árboles que llenaban la zona. Aún había algún que otro alumno aprovechando esta sombra para estudiar o leer tranquilamente, entre los pájaros y los insectos. Su contacto con el grupo de científicos no era el que le había acompañado a los túneles, sino otro de los miembros de esa organización, y le había dicho que le esperaría por los jardines, y lo reconocería porque llevaría una camiseta con el logotipo de la Fundación Wilmarth. El campus era grande, y Robert suponía que no estaría a plena vista, pues tendrían que evitar a los que quisieran sabotear sus planes, así que fue buscando con atención cualquier lugar donde podría esperarle su contacto... pero en su búsqueda se cruzó con algo que le hizo dar un respingo. Su plan estaba en peligro, en serio peligro.

Una figura esbelta, con una minifalda y una blusa veraniega, pero que dejaba claro que se trataba de alguien de ambiente académico, también estaba por allí. una figura de pelo rubio que Robert conocía perfectamente. Era aquella cazadora de despiertos. La que evitaba que realizara cada charla que intentaba dar en la universidad... o peor, cuando conseguía dar alguna, aparecía entre el público a contar las mentiras que el orden establecido esparcía para que nadie pudiera atisbar lo que se esconde en los resquicios donde no quieren que miren. Era ella, Daisy Springwood. Sabía que más de una vez le había estado siguiendo y espiando. No había que ser muy listo para saber que era un agente de los poderes que controlan el mundo, y que su presencia en Arkham sólo se debía a que Robert estaba demasiado cerca de mostrar al mundo todo lo que ellos ocultaban.

La joven doctora parecía pasear despreocupadamente, pero Robert sabía que su presencia allí no era casualidad. En pleno verano, sin clases, precisamente el día que él había quedado con su contacto. Estaba allí para sabotear la reunión.

Robert se escondió detrás de un banco y fue avanzando agachado para que ella no pudiera detectarle. Debía llegar hasta su contacto sin que ella lo percibiera. Lo mejor era ir de puntillas, para que tampoco se le escuchara. Con el mayor sigilo que pudiera. Sigilo que no duró nada, pues Robert se chocó con uno de los experimentos del laboratorio de biología que él no esperaba que estuviera allí.

Una especie de pájaro del tamaño de una gallina estaba tumbado entre la hierba, echando la siesta, pero Robert chocó con él por estar más atento a Daisy que a dónde pisaba. El pájaro dio un brinco y comenzó a bailar flamenco mientras tocaba una guitarra con las alas. Robert trastabilló e intentó esconderse, pero el escándalo era excesivo, y ahora el pájaro también estaba cantando flamenco con la voz de una gallinácea. Semejante elemento ya sería digno de ser grabado por él, pero en este momento lo importante era esconderse. Se fue alejando del pájaro, que seguía con su recital flamenco, de espaldas, mirando al ave todavía preguntándose qué hacía esa cosa allí... y volvió a chocar con algo. Robert alzó la mirada, esperando otra escandalosa molestia. Pero no lo era... o sí, depende del punto de vista.

-Vaya, vaya... pero si es Robert Pickman -dijo Daisy -. Y volvías a merodear por mis alrededores. Si estás tan interesado en mi, deberías pedirme una cita.

-¡¿Por qué iba a querer una cita contigo, debunker?! -exclamó Robert. -Además, eres tú quien me persigue, saboteando mis charlas y contando mentiras a los que asisten a ellas.

-¿Mentiras? Yo no soy quien cuenta que las pirámides de Egipto fueron construidas por unos reptilianos de otra galaxia con una tecnología desconocida, cuando la arqueología, las fuentes históricas, y hasta el más lerdo ha demostrado que los egipcios construyeron las pirámides ellos solitos.

-¿Sí? Pues aquí tengo pruebas de algo mucho más grande que las pirámides de Egipto... y no dije que las construyeran reptilianos, sino anfibios de Proxima Centauri, se ve claramente en los murales de los antiguos egipcios. Anfibios pilotando naves y ayudándoles a construir las pirámides. Sólo que vosotros os negáis a aceptar esas pruebas.

-¿Y qué prueba es esa? -preguntó Daisy con una media sonrisa. -No me lo digas... un grabado que puede ser interpretado de mil formas. O un objeto que, según tú, es un oopart, pero no es más que un adorno de alguna tribu antigua.

-No, querida archienemiga, no se trata de un mural ni de un oopart. Esos los tengo fotografiados en casa. Es algo que no podrás refutar, porque son pruebas captadas por mis propios ojos, y grabadas por mi propia mano.

Robert sacó de su bolsillo la tablet donde tenía el vídeo que había subido a todas sus redes de internet y lo plantó delante de la cara de Daisy.

-¡¡¡Aquí tienes la verdad!!!

Dio el play al video... y comenzó un episodio de  Beverly Hills 90210.

-Vaaaaya... una serie de adolescentes de los años '90 es la prueba definitiva, grabada por tu propia mano, de la presencia de aliens. Vale que los treintañeros y cuarentones haciendo de chaval de instituto es digno de Expediente-X, pero no me parece una prueba irrefutable más que del absurdo de la televisión americana.

Robert se acercó la tablet a la cara extrañado y, en efecto, se encontró con el opening de la serie de adolescentes que había dicho Daisy. No podía ser. El único archivo de vídeo que tenía en aquella tablet era el de su investigación en los túneles bajo Arkham... pero ¿y el resto de archivos? Varios artículos de antropología, cartas de académicos, varios capítulos de El Joven Lovecraft...

-Mierda... esta no es mi tablet. Con las prisas he cogido la de Seabury sin darme cuenta.

Daisy puso los brazos en jarras.

-Así que esa prueba irrefutable te la has dejado en casa. Con las evidencias de oopart y de aliens en los murales de los egipcios.

Robert no sabía qué hacer. Había vuelto a fallar ante los ataques de aquella debunker. Si tan sólo pudiera llevarla a los túneles... pero Konstantin selló la entrada -claramente para evitar ataques de reptilianos, no porque no quisiera que Robert volviera a entrar-.

-Ya lo sé... ya sé lo que haré... encontraré una entrada a esos túneles. Te llevaré allí ¡y lo verás con tus propios ojos! -exclamó Robert exultante.

-Oooooh ¿me estás invitando a un cita?

-¡Que no es una cita! ¡Es una "himbestigación"! Es la verdad expuesta ante los ojos de alguien que no cree. Te sacaré de la matrix. Igual que haré con el resto de los dormidos del mundo. Será el fin de los borregos...

-Sí, el fin de los borregos... anda, será mejor que te lleves al rebaño a casa a ver Beverly Hills 90210. Este es un lugar de ciencia, no de chorradas -le interrumpió Daisy.

-¿Chorradas? -le respondió Robert con una sonrisa siniestra. -Pronto veréis. Pronto... hoy no, porque me he equivocado de tablet... pero pronto.

Y tras decir esto, fue caminando hacia la salida del campus de la universidad. Con la tablet equivocada y la reunión con los científicos despiertos comprometida, ya no tenía nada más que hacer allí.

-¡Saluda a Seabury de mi parte! -exclamó Daisy a lo lejos, con una nota de humor en su voz.

Encima se cachondeaba. Pero esto era una pequeña derrota. ¡¡¡Y no había tomado fotos del gallo mutante que había visto!!! Eso también era una prueba de que en la universidad se hacían experimentos genéticos. Volvería allí, en otro momento en que no estuviera ella espiando y grabaría a ese ave extraña. Y también volvería, con la tablet correcta, a reunirse con su contacto. Ahora que lo pensaba, la interferencia de Daisy Springwood había evitado que Robert hiciera el ridículo delante de aquellos científicos cuya ayuda necesitaba para que la comunidad universitaria se lo tomara en serio. A veces, hasta ellos cometen errores. Eso podía verlo como que también podía vencerla. Algún día lo haría. El fin de los borregos estaba cerca.