domingo, 8 de octubre de 2017

Soluciones sencillas para conflictos con la Fundación Wilmarth

La lectura de aquel ciclo de leyendas estaba dejando a Seabury Q. Pickman con unas ganas de sueño mayores que las que daría la película más aburrida del mundo. Eran unas leyendas de una pequeña tribu asiática muy aburrida, tanto ella como sus costumbres, ritos y vestimentas. Prefería estar corrigiendo exámenes de alumnos que han estudiado media hora antes del examen y se habían inventado todo. Al menos eso sería entretenido. 

Cuando sonó la puerta de su despacho, es como si los dioses hubieran escuchado sus plegarias. Aunque fuera otra invasión alienígena, cualquier cosa antes que seguir leyendo ese sopor.

-Adelante -dijo.

La puerta se abrió y Seabury se sorprendió al ver lo que entraba en su despacho. El primero era un morlock vestido con sus ropajes postapocalípticos, llevaba gafas de aviador y tenía una expresión entre cansada y cabreada. Tras él entró algo que aún no había visto Seabury. Se trataba de una hembra de la especie de los morlocks, y sus pintas eran estrafalarias incluso para cualquiera de la comunidad divina que pululaba por Arkham. Llevaba una mochila contenedor de un líquido oscuro, del que salían unos tubos que iban directamente a una mascarilla en la boca de la morlock, y sus ropas no eran las típicas indumentarias postapocalípticas de su especie, sino un uniforme de la Federación de Planetas de Star Trek. Con sólo verlo, Seabury sabía que lo que fuera que iban a decirle, le proporcionaría una excusa para dejar ese dichoso ciclo de leyendas.

-Saludos, camarada Pickman -dijo el morlock. -Puede que no me conozcas, pero he colaborado con miembros de tu familia en diversas misiones...

-Oh, debes ser Konstantin. Lamento que la última vez que tuviste contacto con nosotros fuera con Robert.

-No hay de qué disculparse -dijo Konstantin. -El tal Robert era bastante inofensivo.

-¿Y a qué  debo el placer de su visita?

-Esta de aquí es Olga Pum'Ukki, una morlock que ha estado infiltrada entre la comunidad humana de Arkham durante varios meses.

Olga Pum'Ukki realizó un saludo formal.

-Encantada de conocerle, sr. Pickman. Mi misión era infiltrarme entre la población local para realizar un estudio sobre los habitantes de la ciudad y acabé en un club de fans de Star Trek en el que me recibieron agradablemente.

-Y si enganchó a esa seriucha capitalista -interrumpió Konstantin.

-No es una seriucha capitalista. Se trata de una serie que habla de la hermandad entre especies y de la aventura del descubrimiento. La cuestión es que el acceso a los túneles que utilizaba para llevar la información recopilada está justo delante de la universidad. Las entradas a los túneles de la universidad, como sabrán ustedes, fueron selladas después de la crisis de la primavera pasada, así que utilizaba esa, pensando que no llamaría la atención de nadie.

-En esta ciudad nada suele llamar la atención de nadie. Llevamos meses con manifestaciones de los profundos de Innsmouth por la contaminación de la costa y la gente sigue tranquilamente su vida. Y Dagon volvió a visitar a su casa a un señor que lo había visto sin que nadie reparara en ello. Somos una comunidad muy integradora y que no nos sorprendemos por cualquier cosa -explicó Seabury. Una forma eufemística de decir que los habitantes de la ciudad estaban tan acostumbrados a cosas raras que ya les daba igual.

-El problema es que sí que llamé la atención de unos individuos -continuó Olga Pum'Ukki. -Unos tipos de la universidad que van por ahí lanzando piedras con tirachinas me interceptaron una vez y me gritaron nosequé de que era una CCC. Consideré una pérdida de tiempo destriparlos, así que escapé por la entrada a los túneles, pero ahora los muy pesados no hacen más que vigilarla e intentar entrar. Han lanzado ya unas cuantas piedras de esas y tienen a unos tipos que dicen ser psíquicos patrullando la entrada.

-Sé quienes son. La Fundación Wilmarth... un grupo de profesores e investigadores asociados a la universidad que están paranoicos con lo que ellos llaman Criaturas del Ciclo de Cthulhu. Eran muy aficionados a bombardear todo lo que consideraban una CCC como lo llaman ellos pero, por fortuna, tanto la universidad como el ayuntamiento de Arkham les prohibió el uso de explosivos dentro de la ciudad.

-El estulto que acompañó a vuestro familiar Robert debía ser parte de ese grupo. Llevaba un montón de piedras con forma de estrella y no hacía más que hablar de aliens y de criaturas más antiguas que el tiempo, haciendo que vuestro familiar se emocionara y armaran más jaleo del que sería apropiado. Menos mal que al final resultaron ser un poco útiles, porque estuve casi toda la misión deseando meterles las piedras por el cu...

-Konstantin, no seas exagerado -le interrumpió Olga Pum'Ukki. -La cuestión es que ahora queremos sellar también esa entrada y usar una alternativa, pero no hay forma de hacerlo con esos idiotas rondando por allí. Tampoco queremos alimentar su paranoia, y mucho menos que destapen mi identidad entre nuestros grupos enemigos. Nuestros superiores nos han dicho que no los destrocemos como los metomentodos que son, pero siguen siendo una molestia.

-Y habéis pensado que vuestra asociación con la familia Pickman sería útil para deshaceros de esos pesados -concluyó Seabury.

-No queríamos molestarles, pero no queremos hacerlo nosotros, porque seguro que intentarían buscarnos por los túneles y ahí abajo hay cosas que es mejor no molestar -dijo Olga Pum'Ukki.

-No, habéis hecho bien. Los de la Fundación Wilmarth son muy insistentes. Lo que tenemos que hacer es convencerles de que la criatura que ven entrar y salir por aquella entrada no volverá a hacerlo, y tengo a la persona... bueno, a la entidad adecuada para ello.

Cocinas de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta

El teléfono empezó a sonar estridentemente. Alguien había puesto la canción de La Cucaracha como tono, seguramente para que fueran inmediatamente a cogerlo, o podía haber sido una broma de algún estudiante graciosillo. Fuera lo que fuese, una extremidad no del todo con forma de mano agarró el aparato.

-Está usted hablando con la cocina de La Llave y La Puerta -dijo una voz que intentaba simular que era humana.

-Unglaublich, soy Seabury. Te llamo desde la universidad. Espero que no estés muy ocupado, porque voy a necesitar tu ayuda.

-No... ¿otra vez tengo que hacer el tonto delante de los de la Fundación Wilmarth? ¿Es que no tienes a nadie mejor para hacer eso?

-Venga, la última vez se lo pedí a Shubbi y se comió a dos profesores, no sabes lo que nos costó sustituirlos. En cambio tú eres más eficaz y no te comes a nadie.

-Como siga así, voy a pedir un aumento de sueldo por actividades no relacionadas con la cocina.

-No te pongas así, que será un momento sólo... tú espérame en la cafetería que hay junto a mi facultad y allí te contaré todo.

-¿Y nadie me mirará raro?

-Telepórtate allí directamente y así no te verá nadie... además ¿desde cuando te importa que te miren raro?

-Lo digo por vosotros, que en las publicaciones académicas ya hablan de tu universidad como si fuera una fábrica de científicos chiflados.

-¡Bah! Habladurías de envidiosos ¿y tú qué haces leyendo publicaciones académicas?

-Lo que yo haga en mi tiempo libre es cosa mía.

-Vale. No perdamos más tiempo, ven aquí y te informaré de lo que haremos.

Cercanías de la Universidad Miskatonic

 Los tres miembros "psíquicos" de la Fundación Wilmarth estaban sentados y, supuestamente, buscando patrones mentales no humanos. Realmente no eran psíquicos ni tenían ningún poder extrasensorial, ya que todos los psíquicos de la Wilmarth terminaron en centros psiquiátricos o en la Asociación Nacional del Rifle debido a la manía que tenían de intentar contactar mentalmente con entidades totalmente superiores a ellos, o por tirarle bombas a los Chthonians, una raza muy acostumbrada a vengarse mediante ataques psíquicos. Por supuesto, el resto de los miembros de la Fundación no sabían que estos individuos eran unos impostores (alguno no era un impostor, simplemente era idiota y creía que leía mentes), ya que si lo supieran, es posible que les expulsaran del grupo.

Cerca de los "psíquicos" había un reducido grupo armado con tirachinas y bolsas llenas de piedras con el símbolo de los Dioses Arquetípicos, esperando a que la CCC que solía aparecer por allí, apareciera y pudieran interceptarla. Interceptarla y pisotearla, apedrearla y hacerle toda clase de burradas, como buenos defensores de la humanidad que eran.

Para alivio de los altruistas miembros de la Fundación Wilmarth, la entidad, que seguía vistiendo como si tratara de simular que es un ser humano, pero llevando ese aparato respiratorio especial que la delataba como no humana, hizo su aparición por la esquina de la calle que llevaba al callejón no euclidiano (en Arkham ya había varias localizaciones no euclidianas, aparecían en las guías turísticas, con la advertencia de que no se acercara uno demasiado a ellas).

Los valerosos defensores de la especie humana prepararon sus municiones y los "psíquicos", después de haber visto a la CCC, comenzaron a decir que sentían patrones mentales aberrantes.

La criatura se dio cuenta de que le estaban esperando y, ante la horrorizada mirada de los miembros de la Fundación, sufrió una extraña transformación. Su carne comenzó a convulsionarse y a moverse como si fueran olas en el mar, y la forma antropomorfa fue cambiando y expandiéndose hasta convertirse en un ser blasfemo que parecía una montaña de protoplasma cambiante, con diversos miembros que se movían, y una cabeza que parecía remotamente la de un batracio.

-Oooooh, soy un malvado ser del ciclo de Cthulhu -dijo la entidad con una voz que mancillaba el oído humano -. Voy a destruir esta ciudad y a conquistar el mundo y todas esas cosas malas que hacen los bichos como yo. Empezando por vosotros, inmundos mortales.

-¡¡¡Que te lo has creído!!! -exclamó uno de los miembros de la Fundación -¡¡¡Atacadle todos!!!

Una lluvia de piedras con el símbolo de los Dioses Arquetípicos llovió sobre la criatura mientras los "psíquicos" le lanzaban ataques mentales. El ser intentó defenderse, pero el poder de los Dioses Arquetípicos fue más fuerte que el suyo, y comenzó a temblar como un flan en un tren y, repentinamente, implosionó, dejando en el aire un ligero olor a algo obsceno.

Un par de calles cerca del combate contra la Fundación Wilmarth

El sonido de un torrente de materia ocupando el espacio que antes era tan sólo aire hizo que Konstantin y Olga Pum'Ukki dieran un respingo. Seabury ya estaba acostumbrado a las teleportaciones de Unglaublich.

-¿Realmente era necesario todo ese discurso de opereta? -le preguntó nada más solidificarse.

-Déjame, que tú no eres el que se va a pasar todo el día sacándose piedras del cuerpo -le respondió Unglaublich, que ya estaba arrancando de su protoplasma una piedra con forma de estrella.

-Aquellos idiotas están bailando y dando saltos de alegría. Se han creído que han acabado con Unglaublich -dijo Konstantin, que miraba con unos prismáticos en la dirección donde estaban los miembros de la Fundación.

-Pensaba que un plan tan estúpido no resultaría -dijo Olga Pum'Ukki.

-Verá, señorita -le dijo Seabury-, los miembros de la Fundación Wilmarth son bastante estúpidos.

Esperaron unos minutos a que la celebración terminara y los de la Wilmarth se volvieran a su base secreta para poder acercarse a la entrada a los túneles bajo Arkham.

-Bien, sellaremos esta entrada y Olga tendrá usar una más alejada de esa panda de chiflados -dijo Konstantin.

-Usad cualquiera que no esté cerca de la Universidad. Esa panda no suele salir de allí a menos que vayan a luchar contra alguna CCC de esas -les dijo Seabury.

Konstantin abrió la entrada a los túneles y se despidió con la mano. Olga Pum'Ukki se volvió y estrechó la mano de Seabury.

-Ha sido un placer, señor Pickman, espero que volvamos a verlos.

-Lo mismo digo... ah, por cierto... ¿a que se debe ese aparato de respiración artificial? Tengo curiosidad profesional.

-Eh ¿esto? Me alimento y respiro exclusivamente café bien calentito.

Dicho esto, Olga Pum'Ukki dio un salto al interior del agujero y la entrada a los túneles se cerró de un golpe. Un momento después comenzaron a oírse los sonidos del sellado.

Seabury se giró satisfecho, pensando que todo aquello había durado demasiado poco y aún tenía un largo día de trabajo.

-Bufff... ahora me toca volver con las aburridas leyendas esas -espetó.

-Oh, no te preocupes -le dijo Unglaublich envolviéndole con un tentáculo -, si no quieres aburrirte con tu trabajo siempre puedes ayudarme a quitarme todas las piedras que me han tirado esos idiotas.

-Pe... pero... -intentaba decir Seabury mientras Unglaublich avanzaba hacia la residencia estudiantil.

-Sin peros, hombre, tu ayuda será muy agradable.

Seabury sintió que el tentáculo le agarraba más firmemente, por lo que dejó de intentar soltarse. Quizás sacar piedras del protoplasma de un servidor de los Otros Dioses no fuera tan aburrido como lo  que le esperaba en su despacho.