sábado, 21 de abril de 2018

Crisis of Infinity Kates (Parte 3): Cinema Inferno

La misión en La Gran Guerra había traído una victoria a las Kates, cosa que celebraron con gran entusiasmo (y erótico resultado), pero no debían olvidar que, en cualquier momento, el peligro asaltaría para destruirlas a todas. Por esta razón, relajarse era un lujo, hasta cuando no estaban en un salto por el espacio/tiempo. 

Así, en ese estado de relajación/alerta, se encontraban Kate la roja y Ka-Neferu en el hall de La Llave y La Puerta. Yekaterina había ido a los túneles por un asunto de los morlocks, y el resto de Kates habían ido en busca de Ashley Johnson por alguna razón ultrasecreta e importantísima. Las dos Kates del pasado estaban aprovechando su tiempo en el presente para hacerse a la idea de los tiempos que corrían y conocer las tecnologías actuales. En el tema de comunicaciones, todavía estaban sorprendidas por los teléfonos móviles, que en la época de ambas sería prácticamente magia, de hecho, habían tenido un incidente con un móvil con el que habían hecho una foto involuntariamente y pensaban que su esencia había sido absorbida por el aparato. Otra cosa que les estaba sorprendiendo, era el culto a las celebridades del mundo de internet, algo que en sus respectivas épocas no era ni el sueño del sueño de una idea. La visión de la gran fama que tenían determinados youtubers les sorprendió a la vez que les horrorizó, al comprobar que los  vídeos más ridículos parecían ser lo que gozaban de más éxito. Otro gran descubrimiento fue el cine, y, sobre todo, el uso de efectos especiales. Brontes tuvo que explicarles que casi todo lo que veían estaba generado por ordenador cuando se les ocurrió ver una película de la última ornada de Star Wars. Y precisamente el mundo del cine iba a necesitar de su ayuda, aunque eso ellas no lo sabían.

-A ver... en mi época el primero es el uno, después va el dos, después el tres y después el cuatro ¿qué demencial idea fue esa de empezar por el cuatro? Seguro que confundió a todos los que lo vieron. -estaba diciendo Ka-Neferu.

-No sé, igual para los habitantes de esta época no es tan confuso, pero yo no sé aún cual es el orden correcto para verlas, porque esos que salen por internet tampoco parecen aclararse -le respondió Kate la roja.

-Pero si está clarísimo -les dijo Brontes-. Primero hay que ver las antiguas y, después, te pones las nuevas en orden de estreno.

-Lo que he dicho. Es demencial -respondió la egipcia.

De pronto, la puerta que daba  la calle se abrió de golpe y entró Yekaterina. Brontes se preguntó por qué no había usado el acceso a los túneles del sótano de la residencia, pero no lo preguntó, pues en la cara se le veía urgencia.

-¡Estamos ante una emergencia! -exclamó la morlock.

-¿Y cuando no lo estamos? Nuestra vida, desde que nos trajiste a esta época, es una emergencia -le dijo Kate la roja-. Ni siquiera puedo disfrutar de un dulce y dorado whisky...

-Porque te queremos sobria en los combates -explicó Brontes.

-Puedo luchar mejor que nadie aun llevando litros de alcohol en el cuerpo, soy irlandesa, nuestro cuerpo usa el alcohol como combustible.

-¡Eh! ¡Escuchadme, que es importante! -les interrumpió Yekaterina-. Hay un incidente espacio/temporal relacionado con nuestros enemigos. Un comando del equipo Exile ha detectado una comunicación entre reptilianos y, parece que alguien ha dado la orden de sabotear el primer festival de cine fantástico de Sitges.

-¿Y eso qué tiene que ver con nosotras? Si no sé ni lo que es -dijo Ka-Neferu.

-Eso ¿por qué nos debería importar el festival ese? Que no somos agentes de El Ministerio del Tiempo.

Yekaterina torció el gesto y después miró a Brontes.

-¿Qué? Les estoy poniendo mis series y películas favoritas. Que ellas las utilicen como referencia no es culpa mía.

-No os tenéis que preguntar qué relación tiene con vosotras el Festival de Sitges. Nuestro enemigo quiere destruir la estirpe de Kate, y eso quiere decir que alterar incidentes indirectos podría provocar un cambio en su línea temporal. Ya sabéis, una mariposa mueve las alas en Japón y...

-Vale, vale, lo hemos entendido. Iremos a salvar el festival ese, pero me llevo una botella de licor.

-Kate, aún seguimos sin creernos esa teoría de los irlandeses y el acohol como combustible, de hecho tengo una gran cantidad de datos científicos que tiran por el suelo esa hipótesis -dijo Yekaterina impacientándose.

-Y aún no nos has explicado qué es ese festival -insistió Ka-Neferu.

-Se trata de un festival de cine fantástico y de terror que se realiza en España. Muchas películas de terror míticas se estrenaron en ese festival, y es un referente internacional en cuanto al género se refiere. Su primera edición fue en 1968, y a esa fecha nos dirigiremos.

-Quizás necesitéis algo de músculo -dijo Brontes.

-Me parece que será mejor que esta vez te quedes. En 1968 España no era un paraíso hippie como lo fue Estados Unidos, sino que se encontraba en los años finales del Franquismo. No queremos destacar demasiado, y un cíclope de tu tamaño llamaría mucho la atención.

-Bueno... pues me quedo viendo alguna peli.

Dicho esto, Brontes se levantó y se fue hacia su habitación. Las Kates se quedaron mirando a Yekaterina.

-Bueno, ¿vamos o no vamos a los años '60?

Sitges, España. Finales de 1968.

A ritmo de una canción de Manolo Escobar, tres mujeres con minifalda e inmensas gafas de sol iban caminando por la turística ciudad catalana de Sitges. No parecían destacar al resto de las chicas que andaban por las calles, quizás llamaban la atención porque una de ellas tenía unos rasgos y un color de piel extraño -así como de morlock- y otra tuviera claros rasgos egipcios. Debían tener cuidado con lo que hacían, pues el factor Arkham no actuaba en un lugar tan lejano, tanto en el espacio como en el tiempo. Su misión era encontrar a los reptilianos que tenían pensado sabotear el festival de cine, así que buscar reptilianos era lo que hacían.

-Pues aún no ha aparecido ningún reptiliano. Lo único que hemos visto es turistas y a un tío bajito y peludo que nos estaba dando la lata con que si éramos suecas -dijo Kate la roja.

-Están aquí, en algún sitio. Sólo tenemos que encontrarlos, y tener cuidado de no alterar la línea temporal.

Las Kates recorrieron las calles, haciéndose pasar por turistas, sobre todo rondando la zona donde se celebraba el festival. No parecía haber pista de los reptilianos, todo lo que veían era la tranquilidad de una población del mediterráneo en otoño. Era un ambiente agradable, pero debían recordar que no habían venido por razones ociosas. Finalmente, cansadas, se sentaron en la terraza de un bar cercano a las salas donde se organizaba el festival.

-¿Tan importante es el festival este? Lo que estoy viendo es muy cutre, y ni siquiera pone que sea un festival, en los carteles dice "I Semana Internacional de Cine Fantástico" -se quejó Kate la roja, que se las había arreglado para pedir una cerveza y que no le miraran raro.

-En los primeros años, el Festival de Sitges fue bastante cutre, la cosa fue cogiendo fuerza años después, en plenos años setenta -explicó Yekaterina.

-Pues entonces tampoco será tan grave que saboteen este. Visto lo visto, nadie se va a enterar ¡Camarero! ¡Traiga otra cerveza, que esta se ha escapado!

-Kate, no llames tanto la atención -masculló Yekaterina.

-¿Qué pasa? -preguntó la irlandesa desconcertada.

-En este país, en esta época, no es tan normal que una mujer le de al bebercio. Si sigues así, vas a llamar demasiado la atención.

-Todo son quejas, oye... ¡Camarero, deje la cerveza, traiga un vino español y tal!

Yekaterina se llevó las manos a la cabeza. El camarero se acercó a ellas con las manos vacías y se les quedó mirando detenidamente.

-Creo que deberían irse, señoritas. Una jovencita decente no está en bares bebiendo como un hombre -dijo el camarero.

-¿Que qué? ¡¿Que qué?! ¡¿Estás insinuando que no puedo beber como un hombre?! ¡Vamos! ¡Vaaaamos! ¡Trae tu mejor whisky y verás de qué soy capaz!

-Kaaaaate -dijo entre dientes Yekaterina. Lo de no llamar la atención ya podían darlo por perdido.

-No voy a contribuir en este, señorita ¿qué estarán pensando sus padres? -insistió el camarero.

-¿Mis padres? ¿Pero qué le pasa a este? -decía Kate la roja gesticulando visiblemente.

El pequeño altercado pareció llamar la atención a una pareja de hombres vestidos con unos uniformes verdes y con algo parecido a un tricornio en la cabeza. Se acercaron lentamente a la terracita del bar y, una vez allí, carraspearon.

-Señoritas, están ustedes dando un espectáculo lamentable, y en España no nos gustan las mujeres indecentes. Sus maridos deberían tenerlas en vereda...

-No sé tú, Yekaterina, pero a mi también se me están hinchando los ovarios -musitó la egipcia.

-¿Cómo ha dicho, señorita? ¿Ha sido eso un insulto? ¿Insulta usted a la autoridad?

-Discuuuulpe, nosoooootrrras no somos de España -dijo Yekaterina con un fuerte acento extranjero.

-Sargento García, esa tiene acento ruso ¡Son rojas que vienen a traer sus inmundas ideas a esta gran nación!

-¡Basta ya! Señoritas, quedan detenidas comos sospechosas de espionaje soviético -dijo el sargento García

Antes de que las Kates pudieran decir o hacer nada, los guardias civiles se las llevaron a un coche patrulla, donde las metieron. Una vez dentro del vehículo, el sargento García se subió en el asiento del conductor.

-¡Y ahora al calabozo! -exclamó el sargento García.

De repente, de los asientos surgieron unos aparatos de alta tecnología que agarraron de brazos y piernas a las Kates.

-¡Eh! ¡Esta tecnología está por encima de la de esta época! -exclamó Yekaterina.

-Por sssssupuessssto -dijo el sargento García con una sonrisa-. A menos que sssssseas un reptiliano.

De la boca de Yekaterina fue a salir un taco muy gordo, pero algo cubrió sus mandíbulas y no pudo decir nada. Habían sido fácil y muy estúpidamente capturadas por los reptilianos. Ahora tendrían que hacer algo para escapar del lugar al que las estuvieran llevando. De momento todo había sido un desastre. Se preguntó cómo le estaría yendo al resto de las Kates con Ashley Johnson. Esperaba que les fuera mejor que a ellas...

viernes, 13 de abril de 2018

Crisis of Infinity Kates (Parte 2): En las trincheras

1916, en algún lugar de Francia

El barro, la humedad, el ruido de los disparos y el lejano estruendo de la artillería se habían convertido en un elemento habitual de la vida en la trinchera. Más allá de la misma, la tierra de nadie era un erial desolado, arrasado por las explosiones, sembrado de restos de alambradas y otros restos de defensas destrozadas y donde los cadáveres de los infortunados a los que no habían podido salvar se pudrían lentamente. Era un infierno en la tierra, y la trinchera era el reservorio de los condenados, que esperaban pacientemente al momento en que les llegara el momento de recibir una bala enemiga, o bien que el gas o alguna enfermedad incubada entre las malas condiciones de aquel agujero se ocupara de ellos. Tras aquella enorme zanja que era la trinchera, a varios centenares de metros, aguardaba un bosque, y, algo más allá, un pequeño pueblo, prácticamente una aldea, arrasada por los efectos de la guerra. Y es que, a lo largo de los centenares de kilómetros a lo ancho de Europa recorridos por las, en apariencia, infinitas trincheras, la desolación se extendía a ambos lados de las mismas.

La Gran Guerra, la guerra que iba a acabar con todas las guerras, era una pesadilla para la población civil afectada y para los soldados. Empantanada en una, en apariencia inacabable, guerra de trincheras, lo que iba a ser un enfrentamiento rápido y definitivo, una forma de aplacar las ansias belicosas de los altos mandos de los ejércitos, se había convertido en un desastre. La guerra tal y como se concebía hasta el momento había cambiado por completo. Ya no se podían utilizar las mismas tácticas, ya que todo había cambiado. Y la falta de previsión había provocado aquel estancamiento. Sólo el bando que pudiera aguantar durante más tiempo el tremendo desgaste sufrido durante el conflicto bélico podría alzarse con la victoria. Mientras tanto, las tragedias a todas las escalas se desarrollaban una tras otra por todos los frentes de la guerra.

En un kilómetro olvidado del frente occidental, en una zona de trincheras que había quedado aislada y brutalmente asediada, una tragedia en concreto se estaba desarrollando. Los hombres que allí luchaban no comprendían el motivo de la repentina escalada bélica que se había producido en aquel punto. Ya no eran los ataques con gas, que habían sido terribles y que, por fortuna, el enemigo los desechó rápidamente. Eran los refuerzos en hombres y equipo que los alemanes habían recibido. Los ingleses y franceses que luchaban atrapados en aquel agujero no entendían como aquel lugar parecía haberse vuelto tan importante para el esfuerzo bélico enemigo. Pero, por alguna razón, se habían desplegado allí una potente fuerza militar con tecnología que superaba todo lo que habían visto hasta el momento. Los soldados enemigos habían sido reforzados con hombres que llevaban uniformes diferentes, y que usaban rifles, ametralladoras y granadas muy superiores a lo que habían visto hasta ahora. Los defensores sólo podían agradecer que, por el momento, no habían desplegado allí cañones o tanques. Pero temían que sólo fuera cuestión de tiempo. Pese a todo, seguían resistiendo.

Con las líneas de comunicación cortadas, el puesto de mando instalado en aquel tramo de trincheras se había vuelto inútil, y los soldados que caían heridos sólo podían recibir la ayuda de una enfermera que hacía lo que podía con los suministros que tenía. Y, sin embargo, resistían. Pero más que achacar esto a la heroicidad, parecía como si el enemigo estuviera jugando con ellos, como si aguardara el momento oportuno para lanzar un ataque definitivo a través de la tierra de nadie. Así, un día más, con las primeras horas de luz, la lucha se reanudaba. Empantanados y aguardando, los defensores sólo podían limitarse a vigilar y tratar de frustrar cualquier tentativa de ataque. Aristides Tanatopoulos, un extraño sujeto que afirmaba ser periodista, silbaba una alegre tonadilla mientras observaba la tierra de nadie con un periscopio de trinchera. El eterno buen humor del griego a veces sacaba de sus casillas a algunos soldados, pero al periodista le traía todo sin cuidado. Nadie sabía quien era exactamente ni cómo había acabado en aquel agujero infernal, pero un día, llegó siguiendo la trinchera y se instaló con ellos. Al poco de su aparición se inició el brutal ataque que los dejó incomunicados y, al parecer, olvidados. Desde entonces, Arístides se había convertido en un elemento más de aquel lugar. Parecía indemne al aburrimiento y la fatiga física y mental, y no se había privado de flirtear con la enfermera, Katherine Jones, que había aceptado con gracia sus requiebros, aunque sin darle esperanzas. Todos coincidieron que debía haberle caído muy bien, pues la enfermera tenía poca paciencia con los seductores y era capaz de jurar como un marinero. También se rumoreaba que, en realidad, lo que le gustaban eran las mujeres, pero nadie se había atrevido a planteárselo a la mujer. Ésta, originaria de Londres, tenía vocación por la medicina, por lo que se había convertido en enfermera y mantenía siempre a mano algún que otro libro de medicina para continuar su formación, aunque sabía que no podía aspirar a más. Sin embargo, era una luchadora, activista en los movimientos en favor de los derechos de la mujer. Además, durante el tiempo que había pasado en las trincheras, había acabado por convertirse en una buena tiradora. No excelente, pero si competente. También, para sorpresa de los soldados si lo hubieran averiguado, era bisexual, aunque prefería a las de su sexo. Pero había algo que ni ella misma sabía. Y es que Katherine Jones era familia de Katherine Ashford, miembro de una rama familiar diferente a la americana, pero que mantenían antepasados comunes.

Disertaciones genealógicas aparte, aquel día la enfermera Kate estaba de buen humor, por lo que recibía con agrado el silbido del griego. Desconocía el motivo de su estado anímico, pero se sentía bien, como si tuviera la impresión de que iba a pasar algo bueno ese día. Así pues, cuando, una hora más tarde, se produjo un extraño estallido procedente del bosque, su premonición se vio cumplida, aunque no de la forma en que esperaba. Lo que emergió de la floresta era un tanque de tamaño muy reducido, lleno de remaches, placas de blindaje, pinchos y otros adornos combinados con una serie de cables blindados y accesorios, con lo que parecía haber sido ensamblado en una chatarrería para haber acabado estrellándose contra un muestrario de alambiques metálicos. En la parte frontal lucía una estrella roja sobre una rueda de engranaje, emblema que desconocía, y,  como pudieron comprobar tanto la enfermera Kate como los demás soldados, era que llevaba un remolque cargado de cajas. Al hacer su aparición, los alemanes, sorprendidos, comenzaron a disparar contra el minitanque, pero el blindaje de este era demasiado duro. Los defensores, viendo que aquel extraño vehículo venía por su lado y estaba siendo atacado por sus rivales, optaron por tratar de darle algo de cobertura y respondieron al fuego con el propio, además de utilizar algunas granadas. Pero el minitanque no tardó en disparar también. Pese a su tamaño, su cañón era bastante potente, y lanzó una serie de obuses que causaron bastantes destrozos en la trinchera enemiga, además de dejar más impracticable la tierra de nadie. Cuando llegó hasta la línea defensiva, arrojó también una serie de granadas de humo que formaron una excelente cobertura. En ese momento, se abrió la escotilla superior y salieron varias figuras ataviadas con uniformes militares de color gris y sin insignias, que se dedicaron rápidamente a descargar el remolque e introducir las cajas en la trinchera. Los soldados, atónitos, contemplaron aquella operación, sorprendidos por la tecnología que suponía aquel minitanque y porque las figuras que habían surgido del mismo y estaban descargando eran todo mujeres. Una vez acabado el proceso, se introdujeron en la trinchera y el tanque retrocedió de vuelta al bosque.

El oficial al mando, el teniente Irvine, que no esperaba ningún tipo de refuerzos o apoyo, se quedó boquiabierto cuando la que parecía ser la líder de aquellas mujeres, una chica albina y bajita, que usaba unas gafas de sol, se plantó ante él.

-Combatiente Yekaterina Ivanova presentándose, señor. Mi equipo y yo le traemos suministros y refuerzos.

-Descanse, combatiente. ¿De dónde salen ustedes y cómo es que sólo son mujeres?

-Teniente, lo que traigo aquí no son “sólo” mujeres. Se trata de una unidad formada por expertas combatientes, estrategas y luchadoras capaces de poner en fuga a quien se les plante como adversario. Además, le traigo unas armas que le van a ayudar a romper el asedio al que están siendo sometidos.

El teniente miró por encima del hombro a las chicas: eran todas jóvenes, de veintipocos años, salvo una que parecía estar rondando los cuarenta. Tres de ellas portaban espadas de las cuales, dos tenían el cabello castaño y podrían pasar por madre e hija y la tercera, rubia, tenía un cierto aire familiar. Una pelirroja y otra morena de piel y de pelo contemplaban todo con sumo interés. Era un equipo bastante curioso. Una a una le fueron presentadas al teniente y a los allí presentes, inclusive Aristides y Katherine Jones: las dos mujeres que parecían madre e hija, compartían el mismo nombre, Katherine Ashford, aunque a la mayor la llamaban “Bogatyr”; la rubia de la espada fue presentada como Katherine Violet, sin mencionar su apellido; la pelirroja era Kate de Connacht, que parecía irlandesa y, finalmente, Ka-neferu, de Egipto. El teniente, que ya no sabía si tomarse aquello en serio, se percató de que la albina de nombre ruso le había lanzado una mirada de interés a la enfermera, como si hubiera ido allí específicamente por ella. Lo único que esperaba es que aquel circo acabara pronto y, a ser posible, sin revolucionar demasiado a los soldados ante la presencia de tanta fémina. Por suerte para él, las cosas mejoraron rápidamente en cuanto empezaron a abrir las cajas que habían llevado hasta allí: estaba llenas de armamento de manufactura morlock, lo que incluía fusiles de asalto, granadas, lanzacohetes y pistolas. Los soldados miraban aquello estupefactos, ya que eran armas que no habían visto nunca, con un diseño y de una tecnología que desconocían, pero, si eran tan mortales como les aseguraban, aquello podía significar darle la vuelta a aquella situación.

Mientras Yekaterina y Bogatyr se encargaban de distribuir las armas y dar algunos consejos básicos para usarlas (las armas morlock están diseñadas y construidas para ser fáciles de fabricar y mantener y fáciles de usar, se pueden utilizar para disparar balas o como arma contundente para seguir disparando de nuevo como si nada), Kate Ashford y las demás chicas se fueron a hablar con la enfermera y el periodista. Se retiraron al puesto de mando, donde Katherine Jones recibió de Katherine Ashford una charla sobre viajes en el tiempo, líneas genéticas amenazadas, paradojas temporales y demás historias. Omitió los detalles más estrambóticos, pero aun así quedó una historia difícil de creer. Fue entonces cuando tuvo que jugar su arma final: una foto de la enfermera fechada en 1950 y una carta de su puño y letra de la misma fecha en el que se contaba todo aquello a sí misma. Había sido consignada en un despacho de abogados durante varias décadas hasta que fue entregada a Katherine Ashford en Arkham, Massachussetts en una fecha determinada. Kate incluso le mostró el documento que recogía las instrucciones de los abogados. Mientras la enfermera Jones meditaba sobre aquello y trataba de asimilarlo, Kate se fue a hablar con Aristides.

-Señor Tanatopoulos, ¿qué hace usted aquí exactamente?

-Bueno, soy periodista, creo que eso está claro. Me dedico a escribir crónicas de guerra.

-Sí, claro, pero, ¿por qué aquí en concreto cuando hay tantos lugares donde se está decidiendo el destino de esta guerra, Ares?

Aristides era bueno, pero Kate conocía bastante bien a los dioses que, en su tiempo, conformaban el equipo Alfa Strike. A N’kari y Bastet las conocía más íntimamente, pues amabas eran amantes suyas y de Welcome, pero eso era otra cuestión. Y sabía que aquel periodista era, en realidad, Ares, el dios griego de la guerra.

-Aristides, mi nombre es Aristides, no Ares. Creo que me confunde con otra persona.

-Y yo soy Sarah Bernhardt… Mira, no se que haces aquí, pero se quien eres. No me conoces, pero nos conoceremos en el futuro. Tan sólo espero que, si puedes o quieres, nos eches una mano. No como dios de la guerra, se que los dioses no queréis llamar la atención innecesariamente, pero si que puedes ayudar como un combatiente más. Y si las cosas se complican demasiado, no creo que llames demasiado la atención si tenemos que recurrir a todos nuestros recursos.

Ares seguía haciéndose el loco, aunque Kate sabía que le había hecho pensar en la situación.

Una hora más tarde, con todo el mundo preparado y las armas repartidas y asignadas, estaba todo listo para la acción. Bogatyr, que había sido una líder militar, había establecido la estrategia de combate que iban a seguir. Todo empezó con un ataque masivo de los soldados que comenzaron a disparar desde la trinchera. Desde el otro lado no tardaron en responder al fuego, aunque las nuevas armas de factura morlock resultaron mucho más efectivas. Por otro lado, Kate la Roja y Ka-neferu comenzaron a preparar sendos rituales de invocación. Si la irlandesa no se equivocaba, iban a poder conseguir una ayuda muy poderosa. Por su parte, Kate Ashford empuñó la espada Ouroboros, cedida por Welcome y se concentró en ella. El arma, aunque estaba hecha para ser blandida con sus plenos poderes por Evangeline Parker, también podía ser utilizada por Kate, pues, al estar enamoradas, sus almas estaban conectadas. Por la misma razón, Bogatyr podía usar su Ouroboros también. Lo que no acababa de entender Kate era como podía manejar Katherine Violet también una Ouroboros. No es que la espada fuera imposible de usar. En manos de cualquier persona era una espada de excelente manufactura y capaz de afectar a criaturas y entidades inmunes al daño físico convencional. Pero sólo en manos de Welcome o de alguien muy ligado a ella, como Kate, se activaban sus poderes. Con Evangeline, la espada podía cortar el tejido del espaciotiempo y crear portales en el espacio, el tiempo y entre los planos. En manos de Kate Ashford (y Bogatyr), emitía un rayo que teleportaba de forma aleatoria a quien alcanzara. Cuando la usaba Kate Violet, era ella misma la que se podía teletransportar libremente. Y Kate se había asegurado de que la espada era una Ouroboros y no otra arma mágica. Era algo que la escamaba. Pero, en cualquier caso, los diferentes poderes de la espada les iban a resultar de mucha ayuda.

Mientras los soldados disparaban, las dos Kates Ashford utilizaron sus Ouroboros para disparar rayos teleportadores hacia el otro lado del frente. Allí donde alcanzaban un objetivo, este desaparecía misteriosamente con destino ignoto. Simultáneamente, Kate Violet usaba su espada para aparecer en medio de la trinchera alemana, repartir una serie de golpes, disparos de pistola y tajos y volver a desaparecer para retornar a su lado del frente. Esto estaba desconcertando a los alemanes. Fue en una de esas acciones cuando Violet vio algo que le llamó la atención y, en su siguiente salto, regresó con una chaqueta que le había arrancado a un soldado muerto. Con la prenda en la mano se acercó a ver a Kate Ashford. Juntas examinaron las insignias y se quedaron boquiabiertas ante lo que vieron: no sólo era una versión de los uniformes alemanes de ese tiempo, sino que, además, tenían insignias de Omicron Scorpions. Pero eran extrañas, diferentes a las que ya conocían. Algo extraño estaba sucediendo. Pero, mientras trataban de resolver el enigma, la lucha proseguía.

Los alemanes, sorprendidos por la furia de la acción, tuvieron que hacer uso del arma secreta que estaban reservando para su ataque final. Estaba escondido en una granja medio en ruinas que había más allá del frente, en el lado alemán, pero cuando apareció, no era difícil que llamara la atención. Aquello era algo completamente fuera de lugar, un anacronismo que, si se extendía, podía cambiar definitivamente el curso de la guerra. Pero sólo se había usado allí, sólo allí parecía haber tropas de Omicron Scorpions con armamento de Omicron Scorpions y de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Y aquello que había surgido era una prueba más de que aquel punto concreto de las trincheras era importante. Aquel lugar en donde se podía encontrar a una mujer emparentada con la rama familiar de Katherine Ashford, la enfermera Katherine Jones. Y fuera quien fuera quien andaba detrás de ese linaje y sus ramas, había enviado un exoesqueleto blindado clase Acorazado de la NWE. Pero aquella enorme armadura de combate era diferente, extraña. Se trataba de una versión pesada del Acorazado que ya conocían Kate y Alfa Strike, más grande, más blindado, más similar a la clase GodHunter aunque parecía diseñado para ser un destructor de tanques más que de dioses. Y aquel monstruo metálico se dirigía hacia allí, armado con una ametralladora pesada y una enorme garra. Si llegaba hasta el frente no iba a haber supervivientes. 
Los alemanes se regocijaron ante la llegada de aquel coloso, pero las Kates no habían jugado aún su última carta. Bogatyr había luchado contra diferentes modelos de la clase Acorazado y de su original, la clase Ritter de los RNLO. Y no iba a dejar que un exoesqueleto nuevo la derrotara. Por ello, se acercó a comprobar los progresos de Kate la Roja y Ka-neferu. El tiempo apremiaba, pero ellas habían avanzado bastante. Mientras, el fuego se concentraba contra el Acorazado modificado, que llevaba un blindaje que parecía equipararlo a la clase GodHunter, o, tal vez, incluso superarla en cuanto a protección, ya que los intentos de teleportarlo por parte de Kate Ashford eran inútiles. Parecía incorporar algún tipo de escudo antimagia que desviaba los rayos teleportadores.

Pero, cuando las dos mujeres acabaron su trabajo, la balanza volvió a inclinarse a su favor, equilibrando la situación. Por un lado, una horda felina compuesta en parte por gatos de las Tierras del Sueño llegados por caminos que sólo ellos conocen y por la población felina de la región se abalanzó sobre la trinchera alemana sembrando el caos y la destrucción a su paso atraídos por Ka-neferu. Por otro lado, desde el próximo bosque, surgieron dos retoños oscuros de Shub-Niggurath, que acudieron a la llamada de Kate la Roja. Junto a estos, el minitanque reptiliano modificado por los morlocks y dirigido con control remoto por Yekaterina, surgió de su escondite para unirse al combate. Finalmente, Ares, al comprender que aquello no era para nada normal y que, a fin de cuentas, si que podía hacer algo y, de paso, divertirse, agarró una de las armas y saltó a la tierra de nadie disparando hacia el otro lado del frente. Los soldados, inspirados por el ejemplo del dios de la guerra, se lanzaron tras él en una insensata carga, acompañados por los retoños oscuros.

La batalla fue épica, anacrónica y digna de salir en los anales de la guerra a lo largo de la historia. Se cometieron actos de heroismo, muertes inútiles y muestras de valor más allá de toda duda. Fue un enfrentamiento que no merecía ser olvidado, en el que los soldados ingleses y franceses lograron superar finalmente a los alemanes, derrotándolos junto a sus aliados de Omicron Scorpions. El Acorazado modificado cayó en parte por los ataques del minitanque, a bordo del cual se subieron todas las Kates, y por la intervención de los retoños oscuros. Pero aquel lugar, aunque se obtuvo una victoria importante en aquel momento, fue uno de esos oscuros secretos de la guerra, uno de esos episodios que acaban por caer en el olvido. Y, sin embargo, Kate Jones recordaría aquella batalla durante el resto de su vida. Y, aunque sabía que no podía relatarla tal cual fue, pues nadie la creería, podía contar con la amistad de un dios, Ares, que se forjó durante aquel tiempo.

Así, con una victoria que no pasaría a los anales de la historia, con una batalla que pasaría desapercibida en aquella infausta e inútil guerra, se logró la primera victoria del equipo de las Kates contra aquello que amenazaba su total y completa existencia.

domingo, 8 de abril de 2018

Crisis of Infinity Kates (Parte 1): una gota de agua en el océano

-Mucha gente cree que el tiempo es como un río, pero no es así. El tiempo es como un inmenso océano en calma, y una sola gota de agua puede no parecer nada, pero al caer crea una serie de ondas que se van extendiendo, es... ¡Welcome, deja de mirarle el culo a las Kates, así no hay forma de concentrarse en un discurso épico!

-Ay, Brontes, lo siento, pero es que no puedo evitarlo, las tengo a todas delante -respondió Welcome con mirada de culpabilidad.

Se encontraban en el salón de actos de la residencia (sí, La Llave y La Puerta tiene un salón de actos, lo que pasa es que no se usa casi nunca). Allí se habían reunido las distintas Kates extraídas del continuo espacio-tiempo. Cada una de ellas era distinta, o de una línea temporal alternativa, y a la vez todas unidas por un linaje. Cada una de ellas una gota en un océano. Pero es que eran gotas muy atractivas, y Welcome las tenía a todas delante, con sus distintas formas y posibilidades. Estaba Yekaterina, la morlock de un distante futuro, descendiente de Kate y miembro del equipo Exile; Ka-Neferu, antecesora de Kate venida del antiguo Egipto faraónico y sacerdotisa de Bastet; Katherine "Bogatyr" Ashford, venida de una línea temporal alternativa que no querrías visitar; Kate la Roja, antepasada de Kate del año 1000 D.C., irlandesa y sacerdotisa de Shub-Niggurath; Delta Wave Violet, superheroína oficial del Arkham del futuro y emparentada de algún modo con Kate. También estaba la propia Kate, que no podía evitar el desconcierto al estar en la misma habitación de las distintas versiones de su linaje, o versiones alternativas de sí misma. Se suponía que ya se había acostumbrado a las cosas raras en Arkham, pero esto era diferente.

Por su lado, Yekaterina, una vez reunido el grupo, les había explicado la amenaza que las sobrevolaba. Se  trataba de una extraña perturbación en el espacio tiempo, una perturbación que afectaba expresamente a la estirpe de Kate, ya fueran del pasado o del futuro. Parecía que alguien estaba muy interesado en exterminar el linaje de Kate y esto la ponía en peligro a ella y mucha otra gente, pues no era lo mismo matar a su antecesora más cercana, que sería familia directa, que matar a una antepasada de antes de Cristo, con lo cual afectarías a cientos de personas a lo largo de la historia. La citada gota en el océano que provocaba ondas en el resto del espacio tiempo que intentaba describir Brontes cuando Welcome había comenzado a recrearse en los traseros de las Kates.

-Bueno, ya me he perdido en el discurso que tenía preparado, con lo bonito que era -se lamentaba Brontes -. Pero no importa, lo importante es la estrategia que seguiremos para evitar que ese enemigo desconocido la líe parda, y esa estrategia implica ¡¡¡visitar el centro comercial!!!

-¿Pero qué dices, unicejo? ¿Qué tiene que ver un centro comercial, antro del capitalismo más consumista con nuestra estrategia para evitar la destrucción de la estirpe de Kate? -Yekaterina había dicho estas palabras acompañados con muchas gesticulaciones, que Brontes siguió como si estuviera viendo algo muy interesante.

-Pues tiene mucho que ver, porque miraos qué pintas tenéis. Una parece una extra de la película de Cleopatra,  otra parece que se ha escapado de un mercado medieval, por no hablar de la postapocalíptica... lo que necesitáis es que no se note que sois agentes de distintas líneas de tiempo. Necesitáis un vestuario que no destaque. No es suficiente con vuestros traductores universales, que hacen que habléis y escuchéis hasta en esperanto, debéis parecer... eh... normales.

-¡¡Pero si en esta ciudad de locos todo es destacable!! Ayer vi un partido de waterpolo entre profundos y gules en Martini Beach, y la gente estaba viéndolo como si nada.

-¿Y quién ganó -le preguntó Brontes.

-¡¿Qué redaños importa quién ganó?! Lo importante es identificar y localizar a nuestro enemigo.

Yekaterina estaba muy segura de que la estrategia a seguir era más proactiva, pero no parecía que el cíclope fuera a claudicar. Y así tuvieron una discusión de media hora, con las Kates mirando cada vez más aburridas las distintas, y cada vez más absurdas, razones que daban para defender su estrategia. Llegó el momento que Welcome se cansó y dio un sonoro golpe en su silla para que todos la miraran.

-¿Y por qué no hacemos las dos cosas? -dijo-. Primero vamos al Centro Comercial para que las Kates se pongan ropa del siglo XXI y después hacemos lo que quiere Yekaterina. Tampoco es tan difícil.
-¿Y por qué tenéis que llamarnos Kates? yo me llamo Ka-Neferu y estoy muy orgullosa de mi nombre.

-¿Podemos empezar a movernos, por favor? -dijo Yekaterina echándose las manos a la cabeza, como si tuviera una migraña.

Centro Comercial del centro de Arkham. Un par de horas después porque ha habido más discusiones por tonterías.

-Esto es como brujería ¿de dónde sale esa música? -preguntó Kate la Roja, que iba maravillándose con la tecnología moderna.

-Eso es el hilo musical -explicó Kate. La normal. Nuestra Kate. La novia de Welcome.

-¿Y por qué has venido tú? -preguntó "Bogatyr"-. Tú ya vistes a la manera de esta época, y no creo que sea inteligente que vayamos todas juntas, nuestros enemigos podrían aprovecharlo para atacárnos.

-Eso díselo al unicejo cabezota -refunfuñó Yekaterina.

-¿Quieres dejar de llamarme unicejo? No puedo tener más cejas, sólo tengo un ojo...

De pronto, Brontes dio un salto y se agarró a un pilar cercano como si fuera una niña pequeña que ha visto un insecto relativamente grande en su cuarto. Delante de él había un gato que se había salido de la tienda de animales del Centro Comercial y se iba acercando a Ka-Neferu.
-Alejad a ese monstruo de mi, que no me toque, fuera, zape... ¡¡¡Zaaaapeeee!!!

-Lo siento, al ser sacerdotisa de Bastet los felinos tienen predilección por acercarse -explicó la egipcia.

-¿Y por qué te comportas como Scooby Doo cuando ve a un fantasma? -preguntó Yekaterina.

-Es alérgico a los gatos -explicó Kate. La normal. Nuestra Kate. La novia de Welcome.
Ka-Neferu cogió al pequeño animal y lo llevó de nuevo a la tienda de la que se había escapado, así pudo Brontes volver al suelo. Una vez eliminada la "amenaza", el grupo siguió caminando por el Centro Comercial, cuando alguien comenzó a llamarles la atención. Se giraron y vieron un puesto de bebidas, donde un señor con bigote, delantal y gorrito las alentaba para que se acercaran.

-Vengan, vengan a probar nuestro nuevo Whiskey irlandés puro y triplemente destilado -decía el hombrecillo.

Kate la Roja escuchó la llamada como si se tratar del canto de una sirena griega y acudió al rico licor como las moscas a la miel, pero cuando estaba a punto de coger un vaso y beber, se interpuso en su camino Yekaterina.

-¡¡¡No!!! Ni se te ocurra beber de ese whiskey, está envenenado -dijo la morlock.

-¿Pero qué dices?

-Sea quien sea, ese tipo no es muy original, porque ha copiado el intento de asesinato de un episodio de Juego de Tronos... o de las novelas, vete a saber.

-¿Pero cómo sueltas semejante SPOILER? ¿Y si alguno de nuestros lectores no ha visto la serie o leído las novelas? -exclamó Brontes.

-¿Eh? ¿De qué lectores hablas? -preguntó la morlock desconcertada.

-Ah, es que estoy tuiteando todo lo que estamos haciendo desde que hemos salido de la residencia -explicó Brontes señalando su móvil.

Yekaterina volvió a llevarse las manos a la cabeza.

-Haz el favor de coger a ese vendedorcillo y traerlo -dijo la morlock.

En un instante tuvo ante ella a un gigante de 2x2 que mantenía alzado en el aire a un hombrecillo de apenas 1'60 de altura. Brontes se lo acercó a la morlock.

-Nos vas a decir por qué has intentado asesinar a nuestra compañera o te dejo en manos de este señor -le dijo Yekaterina.

El hombrecillo tragó saliva de forma ruidosa.

-Unos tipos muy extraños me han dicho que me pusiera aquí y le ofreciera un whiskey a un grupo de mujeres como vosotras, yo no sé nada de veneno.

-¿Unos tipo extraños? ¿Qué tipos? -preguntó Yekaterina.

-Aquellos -respondió el hombrecillo señalando a su derecha. Allí se podían ver a un par de ¿señores? No, claramente eran dos reptilianos nazis muy mal disfrazados de ser humano.

-¡¡¡Reptilianos!!! -exclamó "Bogatyr" desenfundando su arma.

Los reptilianos se vieron descubiertos y se quitaron la gabardina y la cutrepeluca que se habían puesto, mostrando sus uniformes nazis. Desenfundaron sus Luger e intentaron plantar cara. Después se dieron cuenta de que eran sólo dos y ellas iban todas armadas, una era una morlock y el gigante no parecía una presa fácil. Gritaron algo en alemán y salieron corriendo en dirección a la salida del Centro Comercial.

-¡Que no escapen! -dijo "Bogatyr", que ya había salido corriendo. Las demás Kates le siguieron, mientras Brontes ya iba llamando a la tormenta.

Cuando el grupo atravesó las puertas del Centro Comercial, se encontraron con que los dos reptilianos se habían traído a unos cuantos amigos. Todo un escuadrón con exoesqueletos y un par de tanques. Yekaterina se lanzó sobre ellos como si del demonios de Tasmania se tratara, haciendo que cualquier intento de estrategia se fuera por el retrete. Los rayos comenzaron a caer llamados por  Brontes, y golpearon a los dos tanques, haciendo que sus ocupantes salieran como lagartijas electrocutadas. El resto de las Kates se ocuparon de los pocos que no habían caído bajo la furia de la morlock.

-No los matéis, queremos que nos digan quién les ha ordenado que nos ataquen -dijo Yekaterina.

Los dos tanques explotaron justo tras terminar la última palabra la morlock, haciendo que todos los reptilianos se convirtieran en pulpa de lagarto.

-Uy... -musitó Brontes.

-¿Puede que sean los reptilianos los que pretenden acabar con la estirpe de Kate? -preguntó Ka-Neferu.

-Me parece un plan demasiado ambicioso para esa panda de idiotas -le respondió Yekaterina-. Se han aliado con alguien... pero ¿quién?

Nadie supo qué responder al misterio, así que Brontes optó por seguir con su plan inicial, por lo que volvieron al Centro Comercial y pasaron por varias tiendas de ropa emulando a Pretty Woman. Después de haber comprado ropa acorde con la época (menos Brontes, que se había comprado un traje de tirolés), volvieron a su base de operaciones, el salón de actos de La Llave y La Puerta.

 -No termino de estar cómoda con este acto de consumismo capitalista tan innecesario. Podíamos haber cogido la ropa de cualquier sitio -se quejó Yekaterina.

-Lo hecho, hecho está -le dijo Brontes ya con su traje de tirolés puesto.

-Tenemos que investigar, descubrir quién es el aliado de los reptilianos y por qué quiere acabar con la estirpe de Kate. Hemos recibido su primer ataque, pero no será el último.

-Bueno... aquí estaremos esperándolos -dijo Brontes.

De repente, de no se sabe dónde, entraron varios gatos en dirección a Yekaterina, y Brontes dio un salto que lo llevó a la lámpara del salón de actos.

-¡¡¡¡Zaaaaapeeee!!! ¡¡¡Zaaapeeee!!! -exclamaba el cíclope.

Mientras las kates intentaban calmar a Brontes, alguien, en algún lugar, se lamentaba de que el intento de asesinato hubiera fallado, pero, como había dicho Yekaterina, no sería el último.

domingo, 1 de abril de 2018

April Fool's Day o las extrañas bromas en La Llave y la Puerta

Araknek era una empleada sumamente paciente, un directora del departamento de limpieza y mantenimiento comprensiva, una excelente líder para sus subordinados, pero había algo que no la molestaba en grado sumo. Y esto es una forma educada de decir que la convertía en una berserker desenfrenada dispuesta a liberar su furia todopoderosa sobre el infractor y/o causante de su ira. Lo que conllevaba provocar su ira era, sencillamente, interferir en el desarrollo normal de sus actividades laborales. Pobre de aquel que se dedicase a pisar los pasillos fregados sin atender a los carteles de suelo resbaladizo u osara trastear con los productos de limpieza. Cuando, durante una temporada veraniega, unos clientes estivales dejaron el cuarto hecho un caos tras una desmadrada juerga de despedida de soltero, poco después de abandonar la habitación y dejar La Llave y la Puerta fueron encontrados reducidos a un estado de ruinas babeantes y aterrorizadas envueltas en capullos de seda de araña y con señales de haber recibido una buena paliza. Todo hay que decirlo. Tras aquello no volvieron a destrozar una habitación de ningún tipo de establecimiento de alojamientos. Debido a que, además los daños causados también fueron causantes de diversos problemas relacionados con el consumo excesivo de alcohol y la fiesta desenfrenada, nadie quiso intervenir en su favor. Su estancia no había sido precisamente inocua para el personal de la residencia universitaria, que ejercía como hotel de temporada en verano. Hay quien dirá que, a fin de cuentas, deberían estar acostumbrados en La Llave y la Puerta. A fin de cuentas, los estudiantes de la Miskatonic suelen ser bastante caóticos y juerguistas y suelen montar fiestas bastante espectaculares. Pero, con el tiempo, habían aprendido a no pasarse demasiado en la residencia universitaria. Era selección natural: si al día siguiente de una fiesta descontrolada, en plena resaca, tenías que huir de una araña furiosa del tamaño de un utilitario pequeño armada con dos escobas de combate, es probable que acabes un tiempo en el hospital universitario al cuidado de los estudiantes de medicina. Por ello, los alojados en La Llave y la Puerta habían aprendido cuales eran los límites que no podían traspasar en cuanto a caos y destrozos asociados a las fiestas en el recinto de la residencia. Así se evitaban la persecución con resaca y las consecuencias de esta y tenían más tiempo para estudiar y, por supuesto, irse de fiesta.

Pero, había fechas en las que Araknek hacía parcialmente la vista gorda. Una de esas fechas era el 1 de abril, el April Fool’s day. Ese día en concreto, la araña daba margen para que los estudiantes se pudieran dedicar a gastarse todo tipo de bromas pese al caos y suciedad que pudieran generar. Sin embargo, había algo en lo que se mantenía inflexible: que nadie le tocara las cosas de la limpieza. Y alguien lo había hecho. Grave error. Para disgusto de Araknek, alguien se había dedicado a trastear con el fregasuelos, pero, hasta que no fue demasiado tarde, la araña no se percató de ello. Habían mezclado el limpiador con un producto que, al aplicarlo y secarse, dejaba un peculiar tinte azul celeste en el suelo. Pero, cuando se dio cuenta de lo sucedido, la mitad de los pasillos de una de las alas ya tenían ese bonito tono azulado. Claro, montó en cólera. Pero como directora del departamento, lo primero era lo primero: requisar todas las garrafas y botellas de fregasuelos y tratar de averiguar cuales estaban contaminadas y cuales no. Para ello no dudó en reclamar la ayuda de Unglaublich. Éste, que conociendo las andanzas de los estudiantes esa fecha lo había dejado todo preparado desde unos días antes y había dejado a su segundo al mando dirigiendo las cocinas, pretendía disfrutar de un día de relax, hasta que fue reclutado por Araknek y tuvo que ponerse manos a la obra (o tentáculos o pseudópodos o lo que fuera) y averiguar que contenedores estaban adulterados y cuales no. Por su parte, la araña, tras dejar al servidor de los otros dioses con las manos en la masa (o tentáculos o pseudópodos o lo que fuera), se preparó para buscar al responsable de la broma. No iba a ser fácil, pues no tenía pista alguna, pero contaba con la ayuda de su mascota y/o compañera, pues no estaba muy claro si Pequeña T’Auin aceptaba el estatus de mascota o no. En este aspecto era como un gato: tenía un actitud independiente y de “vete a tomar por saco” cuando alguien trataba de darle alguna orden. Sin embargo, aceptaba la compañía de la araña de Leng y actuaba a menudo como su ayudante. Pero como T’Auin era, a fin de cuentas, una tortuga galápago, carecía de una cierta velocidad punta, por lo que Arak’nek la equipó con unos patines que habían diseñado y construido para ella. Así arácnido y quelonio se lanzaron a la búsqueda del bromista. Y es que la araña tenía la sensación de que fuera quien fuera el autor de aquella broma, no iba a quedarse conforme sólo con eso. Por ello, se hizo con una escoba de combate y optó por ir a reclutar algo más de ayuda e ir a buscar a Welcome

A medida que se acercaban a la habitación de la joven, se dieron cuenta de que estaba pasando algo extraño. Unos curiosos sonidos se escucharon dentro. Parecían producidos por alguien al resbalarse y estamparse contra la pared, los muebles y el suelo. Repetidas veces. Al mismo tiempo, se oía a Evangeline gritar:

-¡Joder, joder, joder!

O tenía muchas ganas de sexo y estaba probando algún tipo de prácticas muy exóticas o algo raro estaba pasando. Arak’nek, sospechando algo relacionado con la adulteración del friegasuelos, optó por llamar a la puerta e identificarse. Tras un nuevo sonido de un cuerpo humano estampándose contra algo, oyó que Evangeline la autorizaba a pasar. La araña usó una llave maestra y, al abrir la puerta, se encontró con Welcome desnuda y con las piernas abiertas resbalando hacia ella, lo que le supuso un impresionante plano de acercamiento a la zona púbica de la joven. Cuando finalmente la chica logró detenerse, estampando sus caderas contra la cabeza de la araña, logró, poco a poco, ponerse de pie. Entonces trató de explicar lo sucedido: alguien había cambiado sus geles lubricantes por un aceite ultrarresbaladizo y, cuando iba a dedicarse un rato a la autosatisfacción, se encontró metida en un problema de exceso de engrase que había acabado con ella resbalando de un lado a otro.

Mientras Pequeña T’Auin patinaba rauda en busca de un saco de serrín para absorber el aceite derramado, Arak’nek ayudaba a Welcome a poder moverse por el interior de su habitación: utilizando sus capacidades arácnidas, lanzó hebras de seda a diferentes localizaciones del techo y las paredes para que la joven pudiera entrar dentro sin andar resbalando continuamente. Así, Evangeline pudo acceder sin contratiempos y llegar hasta su ropa, por lo que aprovechó para vestirse. A fin de cuentas, la excitación sexual se le había pasado con tanto trompazo y resbalón. Por un instante se planteó coger su espada Ouroboros, pero decidió que el problema no iba a necesitar la intervención de su alter ego superheróico, Delta Wave Welcome. Además, para darle una somanta de palos a un estudiante que se había pasado de bromista no necesitaba ninguna espada mágica. Por ello, una vez vestida y cuando Arak’nek dispersó sobre el suelo lleno de manchas de aceite el serrín super absorbente receta especial de Leng que había traído la tortuga, las tres se marcharon tras la pista del misterioso bromista. La primera opción fue ir a hablar con los sospechosos habituales. El tipo de acontecimientos detectados descartaba de primeras a Vinnie West y Marty Eye Gore. Tampoco parecía el tipo de cosas que harían los reptilianos. Así pues, los tres candidatos más probables para hablar con ellos eran Tiamat, Loki y Nyarlathotep. Si alguno de los tres andaba por la ciudad era posible que estuvieran tras el origen de las bromas.

Si en Arkham querías buscar a alguien relacionado con la Miskatonic, había tres lugares en donde, tarde o temprano, acabaría por aparecer: la biblioteca, la residencia universitaria La Llave y la Puerta y el EldritchBurguer. El trío formado por Araknek, Welcome y Pequeña T’auin venían del segundo lugar, así que optaron por acercarse primero al EldritchBurguer. Allí, tras ver como Shubbi había sido prácticamente vendado de cuerpo entero con papel higiénico perfumado de doble capa, entraron al restaurante. El bromista actuaba de nuevo y demostraba ser sumamente escurridizo como para lograr cubrir de papel así a un retoño oscuro de Shub-Niggurath sin que este se percatara hasta que era demasiado tarde. El restaurante no tenía mucha afluencia en esos momentos, pero es que Tiamat tampoco era demasiado difícil de localizar. Sólo el habitual flujo de fenómenos extraños y absurdos de la ciudad, combinada con el hecho de que, a menudo, la gente sólo veía lo que quería ver, impedía que nadie se asombrara ante la presencia de la diosa. Y es que, no vestía de forma precisamente discreta. Estaba repantingada en una silla, disfrutando de un plato de pescado empanado con patatas tamaño Dagón y ataviada tan sólo con unos minishorts negros a juego con su piel. Como era una diosa del Caos, al igual que Nyarlathotep podía alterar su morfología, aunque en vez de mostrarse con diferentes avatares, lo que hacía era adoptar diferentes aspectos. En este caso, además de ser una voluptuosa, bella y sexy mujer de generoso pecho, había optado por deshacerse de sus habituales alas cubiertas de plumas con los colores del arcoiris. Pero no se había desprendido de las plumas, ya que estas se habían redistribuido por su torso cubriéndolo por completo. Sin embargo, los pezones, que por alguna razón estaban erectos y duros como una roca, seguían asomando entre el plumón. Cuando los vio llegar, la diosa los saludó alegremente. Estaba de buen humor, y eso era algo que se agradecía. Cuando se enfadaba podía ser terrible, y se comentaba entre los dioses que solía adoptar la forma de dragón o monstruo con la que se la conocía en los mitos sumerios. Poco agradable de ver y difícil de escapar a su furia bajo esa forma. Invitó a Welcome a sentarse a su lado, cosa que la joven hizo. Araknek y T’auin se situaron junto a la mesa y le preguntaron sobre las bromas que habían sufrido o visto.

La diosa, que estaba bastante animada, rió alegremente, le cogió una mano a Welcome y se la puso en uno de sus emplumados pechos mientras le decía:

-¿Nunca has tocado una teta con plumas? Aprovecha, que no es algo que puedas hacer a menudo -le guiñó un ojo mientras Welcome le seguía la corriente y continuó-. Con respecto a las bromas, algo he visto. Son bastante curiosas, pero no tengo nada que ver. Soy una diosa del Caos, pero tengo estilo y, aunque divertidas, no casan con mi forma de actuar.

Viendo que aquello no iba a ninguna parte y a Welcome se le estaba despertando de nuevo la libido, ya que se había quedado insatisfecha por culpa del incidente del aceite, optaron por dejar a la diosa con su comida. Pero, antes de irse, Evangeline la besó apasionadamente y concertaron rápidamente un encuentro para más tarde. La araña, cuya sexualidad era bastante diferente a la de los humanos y algunos dioses, hizo un gesto equivalente a un encogimiento de hombros y se encaminó con la tortuga fuera, seguidos por la joven estudiante que tenía una sonrisa tonta en la cara en previsión del futuro encuentro con Tiamat.

El siguiente paso fue ir a la biblioteca de la Miskatonic. Allí esperaban encontrar a Loki o a Nyarlathotep. Pero lo que encontraron las dejó bastante sorprendidas a las tres: la biblioteca estaba cerrada, y un par de bibliotecarios además del bibliotecario jefe trataban de dar explicaciones a los airados estudiantes. Entre el grupo encontraron a Loki conversando animadamente con Nyarlathotep en su aspecto de Faraón Negro, aunque ataviado de forma más moderna. Era curioso ver a un sujeto de piel morena y los rasgos majestuosos de un rey sacerdote del antiguo Egipto ataviado con un elegante traje oscuro a medida y la doble corona del Alto y el Bajo Egipto. Tan curioso como verlo con un nórdico pelirrojo de más de dos metros vestido como un personaje de El Anillo de los Nibelungos. Cuando las tres se acercaron y tras los saludos de rigor, Welcome hizo la pregunta que estaba en el aire:

-¿De qué vas vestido, Loki?

-Oh, bueno, es que el grupo de teatro de la universidad va a representar El Anillo de los Nibelungos, y me han dado un papel.

-Dejame adivinar: haces de Loge, el espíritu del fuego.

-Exacto. A fin de cuentas el bueno de Wagner supo plasmar muy bien el personaje. Aquellos consejos que le dí los aprovechó muy bien.

Welcome, lamentándose de haber preguntado y prefiriendo no saber nada más sobre como Loki conoció a Richard Wagner, cedió el testigo a Araknek. La araña, bastante molesta, fue bastante directa, pero tanto Loki como Nyarlathotep negaron toda implicación en el asunto. El nórdico estaba con la representación, por lo que no tenía tiempo para bromas, además de que siempre había considerado el April Fool’s Day algo frívolo. El Faraón Negro, por su parte, se mostró muy digno y negó todo conocimiento al respecto. Además, él ya había tenido su oportunidad de sembrar el caos durante la reciente celebración de San Patricio. Sería absurdo reincidir de forma tan burda y en tan poco tiempo. Así pues, Araknek preguntó sobre la otra cuestión que quedaba por responder: ¿Qué estaba pasando en la biblioteca de la universidad? Esto tuvo una rápida y fácil respuesta: Al parecer, había un fantasma que se había introducido en la misma y estaba asustando a los estudiantes. Y, para colmo de males, Anna Pickman estaba fuera de la ciudad, por lo que no había ningún especialista en espíritus y otras manifestaciones disponible. Welcome se planteó ir a buscar su espada, pero Araknek no estaba para tonterías, así que, abriéndose paso a través de los alumnos, y sin dejarse detener por los bibliotecarios, entró en el recinto seguida por Evangeline y Pequeña T’Auin. Y es que sólo de pensar de lo que podrían estar haciendo unos fantasmas y como podían dejarlo todo sucio erizaba los pelos de la araña y eso era algo poco grato de contemplar.

El interior de la biblioteca estaba silencioso. Más silencioso de lo habitual. Por un momento, Welcome se sintió como en el comienzo de la película “Los Cazafantasmas”, cuando se adentran en un recinto similar y se encuentran con el fantasma de una bibliotecaria. Pero lo que allí dentro les aguardaba era algo muy diferente. No tuvieron que adentrarse demasiado antes de contemplar algo que les puso los pelos de punta por la impresión. Y no sólo a Araknek, sino también a Evangeline y a los cuatro damanes sobre el caparazón de Pequeña T’Auin y que sostenían el disco rodeado por un dragón serpiente que se muerde la cola y en cuyo centro hay un árbol del mundo bonsai. Lo que vieron fue una figura femenina de piel pálida y rasgos japoneses con un arcaico tocado funerario budista triangular; el pelo negro, muy largo, que le llegaba hasta las caderas, estaba ralo y desaliñado; la expresión de su rostro estaba marcada por una enorme sonrisa enloquecida y una mirada tan intensa que resultaba imposible sostenérsela; las manos las llevaba laxas, colgantes, señal segura de que se trataba de una difunta; vestía un kimono de un blanco impoluto, pero que estaba doblado de derecha a izquierda, al contrario que como lo llevan los vivos; a su alrededor, como pequeños fuegos fatuos, volaban varias bolas de fuego azuladas, asociadas con los espíritus en Japón; y, finalmente, bajo el kimono no se veían pies, por lo que parecía estar flotando a varios centímetros sobre el suelo. Lo que tenían ante ellas era un auténtico, genuino y original yūrei, un fantasma japonés. No admita imitaciones.

En estos casos, la reacción normal habría sido aterrorizarse y tratar de huir antes de que la aparición espectral les atacara. Pero Araknek no actuó así. ¿Por qué? En primer lugar porque había pasado los límites de la furia convencionales: no sólo le habían manipulado sus productos de limpieza e interferido con su trabajo, sino que, además, mientras aquel fantasma estuviera allí nadie se podría ocupar de hacer la limpieza de la biblioteca en condiciones. En segundo lugar, era un araña de Leng, descendiente del dios Attlach-Nacha, por lo que había cosas que asustaban a los humanos que a ella le daban lo mismo. Por ello, blandiendo su escoba de combate en una postura que había provocado accesos de pánico en todo aquel que había osado pisar los pasillos aún húmedos tras fregarlos o ensuciado más allá de los límites que se esperaba del uso convencional de las instalaciones de la residencia, cargó contra el fantasma japonés lanzando un grito de guerra en el idioma de las arañas de Leng, compuesto por chasquidos y chillidos. En una traducción libre sería algo así como “¡A tomar por culo todos, que hoy se muere alguien sí o sí, releches!”. No recoge toda la furia homicida y el mal genio que puede desarrollar una araña gigante de la meseta de Leng, pero es muy difícil hacer una traducción lo bastante fiel.

Ante aquel espectáculo, incluso la yūrei optó por poner pies en polvorosa y correr a toda velocidad en dirección a la salida de la biblioteca. Ni que decir tiene que la repentina aparición de una fantasma nipona seguida, poco después, de una araña de Leng cabreada blandiendo una escoba de combate fue más efectivo que cualquier gas lacrimógeno para disolver la acumulación de estudiantes. Tan sólo Loki y Nyarlathotep mantuvieron el tipo. Una vez fuera, la persecución continuó por un par de calles hasta que, al girar una esquina, la mujer fantasma se escondió tras la enorme mole de Fujin. El oni de piel azul estaba buscando a la yūrei cuando se encontró de improviso con aquella extraña persecución. Ante la inquisitiva y furiosa Araknek, tuvo que explicar lo que había sucedido: Raijin y él habían organizado, con ayuda de Set, un viaje a Arkham con diversos yōkai y algunos yūrei, que coincidía con esas fechas. Así pues, todo iba bien, hasta que algunos de los componentes del grupo, aprovechando el tiempo libre entre las visitas guiadas, se fueron a dar una vuelta por la ciudad. El autor de las bromas, un kitsune de nueve colas, un zorro mágico japones, ya había sido interceptado por Raijin, y él estaba buscando a Yuriko, la yūrei que, debido a que en vida había sido bibliotecaria, tenía curiosidad por ver la famosa biblioteca de la Miskatonic y, debido a su espectral apariencia, había sembrado el miedo entre los estudiantes.

Tras las pertinentes explicaciones, Araknek por fin pudo calmarse, aunque seguía molesta por las interferencias en su trabajo. Cuando se reunieron con Raijin, éste le indicó al kitsune que más le valía presentar sus excusas, cosa que este, un tanto a regañadientes, hizo. Con el problema solucionado, dejaron que los dos onis siguieran con su grupo mientras Araknek y Pequeña T’Auin regresaban a la residencia. Aún tenían trabajo que hacer y productos de limpieza adulterados que descartar. Por su parte, Welcome, se quedó un rato hablando con Raijin y Fujin y conociendo a los diferentes seres mitológicos y mágicos que componían el grupo. En concreto, le interesó y le cayó particularmente bien la rokurokubi, una bella mujer japonesa capaz de estirar su cuello de forma espectacular. Además de hermosa, era simpática y se mostró receptiva ante los avances de Evangeline. Como le dijeron los onis, más tarde tendrían alguna visita más, pero por la noche, Hiroko, la rokurokubi, tendría todo el tiempo del mundo. Mientras tanto, Welcome tenía una cita con Tiamat. Y esa noche ya se encargaría de algo más exótico… con erótico resultado ambos encuentros.

viernes, 23 de marzo de 2018

Harbinger: Delta Wave Violet

Camino a Crisis of Infinity Kates (parte 4)

Año 20XX, tres décadas después de la inauguración de La Llave y la Puerta

Parecía increíble que, después de tanto tiempo, hubiera gente lo bastante idiota como para adquirir online copias digitales de tercera mano y fragmentarias del Necronomicon y otros libros prohibidos. Pero así era. Y no es que no existieran muchos de esos legendarios volúmenes, que sí que eran reales, aunque también había muchos ficticios que más de uno tomaba por verídicos. El problema residía en que las copias fragmentarias que se podían encontrar por la red, a menudo en webs no indexadas a las que sólo podías llegar a través de un pequeño periplo o introduciéndote en alguna oscura asociación de adoración a algún Primigenio o similar, eran, habitualmente, más falsas que una moneda de chocolate y sólo contenían textos de ocultismo común y corriente mezclados aleatoriamente con mitología sumeria. Es decir, eran unos engañabobos. Pero, a veces se podía encontrar auténticos fragmentos, aunque eran habitualmente textos sin sentido y poco coherentes, bien porque estaban en algún idioma desconocido para el lector o habían sido traducidos con alguna herramienta online de fiabilidad variable. El resultado solía ser divertido por lo desconcertante del texto y la abundante falta de sentido y errores sintácticos y gramaticales. Pero, había un tercer nivel, lo que era más raro todavía, los auténticos fragmentos de texto, bien traducidos y conteniendo hechizos que realmente podían funcionar. Otra cosa es que se supieran interpretar y se usaran correctamente. Un caso destacado fue aquel que sucedió en Arkham cuando unos estudiantes se hicieron con uno de estos fragmentos reales y funcionales. Se trataba de un collage de textos recopilados de diferentes fuentes, por lo que resultaba algo caótico. Pero había algunos hechizos que podían funcionar y funcionaron, aunque se hicieron un lío con ellos. En concreto pusieron en práctica dos hechizos de llamada: uno para algún tipo de entidad tipo súcubo y otro para atraer a un ser capaz de tratar los dolores de cabeza. ¿Motivo del interés por estos en concreto? Uno de los estudiantes quería algo de desahogo sexual inmediato y el otro llevaba un tiempo con dolores de cabeza que le molestaban para estudiar. ¿El resultado? Que se hicieron un lío: el que buscaba alivio sexual acabó invocando un neuralgiador, una especie de ser que viene y te provoca dolor de cabeza; por su parte, el otro invocó a N’kari en pleno arrebato sexual. No fue demasiado bien para ninguno de los dos.

Y, sin embargo, pese a que los que lograban hacerse con textos funcionales dotados de hechizos que podían resultar eran sumamente escasos y que los pocos que lo lograban solían acabar de forma poco gratificante, seguían existiendo los que buscaban una solución rápida y fácil, un remedio milagroso para sus problemas. Y, cuando esto sucedía, más les valdría a los incautos que se hubieran metido las manos en los bolsillos en lugar de trastear con cosas que no comprendían. Y si no era así, era mejor que estuvieran en Arkham, pues allí sabían como tratar con este tipo de situaciones. Uno de los recursos de la ciudad para solventar problemas de carácter tentacular e interdimensional era su heroína local, Delta Wave Violet, heredera del manto de Delta Wave Welcome. Y es que Evangeline “Welcome” Parker decidió retirarse de superheroína con la llegada de los cuarenta y dedicarse a otras cosas. En concreto, a centrarse en su trabajo como psicóloga, a actuar como asesora de Alfa Strike y a mantener una relación con erótico resultado con su mujer, Katherine Ashford, y sus clones en Dunwich, así como con N’kari y Tiamat. Esto había provocado un curioso efecto secundario, ya que, por ruego de la diosa, la pareja Parker-Ashford y las welclones habían acabado por convertirse en estrellas del porno en ElderGodBook al grabar en vídeo algunos de sus escarceos con erótico resultado. Pero era algo secundario, pese a la popularidad que les reportaba entre los dioses y seres sobrenaturales y los ingresos adicionales que les generaba la comercialización de sus “grandes éxitos” por parte de la diosa africana. Eso sí, el acuerdo había sido limitar la distribución dentro del público primigenio, divino, sobrenatural y paranormal.

Por ello, llegado el momento, una nueva heroína había surgido, usando una espada mágica, entrenada por los dioses de la guerra y enfundada en una armadura tecnomágica forjada por Brontes. Se trataba de un traje creado combinando las habilidades metalúrgicas del griego con la tecnología de blindaje corporal desarrollada por los morlocks. El resultado era una ajustado mono cubierto con diversas placas de material protector y un casco que le cubría toda la cabeza, con una visera oscurecida para que no se le viera el rostro. Incorporaba diversos sensores para controlar su estado de salud y un sistema de comunicaciones para contactar con los morlocks, Alfa Strike o con quien fuera necesario. El resultado final era algo parecido a un renovado Power Ranger en negro y morado.

La cuestión era que, una vez más, unos estúpidos alumnos de la Miskatonic habían conseguido hacer funcionar un hechizo y habían invocado un teoremizador abstracto interplanar de la dimensión matemática no euclidiana y parcialmente pitagórica. Y todo porque querían tratar de superar a la primera su siguiente examen de ingeniería. El ser en cuestión era un horror ajeno, un gigantesco cruce entre calamar y sapo diseñado por una mente enferma y hasta arriba de alucinógenos. Parecía el primo feo de Unglaublich después de recibir una paliza. Pero, además de su innominada apariencia, el teoremizador era un adversario terrible, que atacaba a sus víctimas aburriéndolas hasta la muerte mediante sus infinitas demostraciones de teoremas abstractos en 24 dimensiones repetidos por sus múltiples bocas: la central en su masa corporal y una al final de cada uno de los numerosos tentáculos que poseía. Si no hubiera sido mayor problema que el aburrir mortalmente a unos estudiantes que habían hecho el idiota, Delta Wave Violet se habría dado por satisfecha con esperarse hasta que los dos idiotas hubieran recibido suficiente dosis de tedio como para aprender la lección. El problema era que el teoremizador era bastante más persistente y peligroso, pues, al poco de comenzar a soltar demostraciones matemáticas, ecuaciones abstractas interplanares comenzaron a surgir de su cuerpo, exigiendo ser resueltas y expandiéndose por todo el campus y, si no se le detenía, por toda la ciudad. Aquello era mucho peor que el fantasma profesor de matemáticas que aun rondaba por la Miskatonic. A fin de cuentas, este se limitaba a dejar alguna ecuación garabateada en los cuartos de los estudiantes de letras o a susurrar demostraciones matemáticas fantasmales en las vísperas de exámenes. Era ya parte del folclore y el ambiente universitarios.

Por ello, cuando las primeras ecuaciones comenzaron a atormentar a los viandantes, la heroína tuvo que intervenir. Ciertamente aquello no era a lo que estaba acostumbrada. Pero suponía una notable diferencia comparado con las veces que tenía que actuar para pacificar juergas estudiantiles, incluida aquella memorable noche en que tuvo que calmar tres fiestas distintas, una de ellas haciendo un espectacular strip tease en que se lo quitó todo menos el casco, y acabó repartiendo palos desnuda para acabar de rebajar los ánimos. Dicen que aquella noche alguna de las estudiantes descubrió que era lesbiana o bisexual ante el espectáculo de Delta Wave Violet desnudándose eróticamente y repartiendo cuatro diferentes de palizas posteriormente. Aun así, aquello era Arkham y las cosas no habían cambiado demasiado en ese aspecto: fiestas descontroladas de estudiantes y sucesos extraños por doquier. Así, aunque era la primera vez que se enfrentaba a ecuaciones abstractas interplanares, no dudó en hacer frente a aquella amenaza con todos sus recursos. A fin de cuentas, tenía que defender la ciudad y estar a la altura del legado que le había dejado Evangeline.

Espada en mano, la heroína se aproximó al edificio del que parecían provenir aquellas ecuaciones. Afortunadamente no era La Llave y la Puerta, sino otro de los bloques destinados, principalmente, a alojamiento estudiantil y demás alquileres modestos. Varias ecuaciones, con demasiadas letras y símbolos matemáticos, pocos números y más incógnitas de las que se podía esperar resolver sin acabar con un destacado dolor de cabeza se abalanzaron sobre ella. Pero, si algo era Delta Wave Violet, además de atractiva, atlética, fuerte, una espectacular bailarina erótica y una artista marcial y esgrimista de alto nivel, era sumamente inteligente y con una gran capacidad para tratar con números. En ella el talento matemático estaba presente sin duda alguna, por ello, y aunque algunos de los que la habían visto crecer habían augurado que se convertiría en arquitecta, ingeniera o matemática, ella acabó por estudiar ciencias empresariales. No había sido fácil combinar los estudios con el entrenamiento requerido para desarrollar sus habilidades físicas y bélicas, pero las Tierras del Sueño le habían resultado de gran ayuda en esto último, además de que desde joven había mostrado interés por desarrollar estas capacidades. Así pues, y siendo entrenada en matemáticas complejas interplanares por Brontes, profesor de Ingeniería Dimensional, se lanzó a resolver aquellas extrañas ecuaciones. Pero, por muy buena que fuera en matemáticas, se dio cuenta rápidamente que aquello no iba a ser rápido. Algunas de las más sencillas empezaron a ceder a su proceso de cálculo, pero otras, las más duras, aguantaban y se resistían a ser resueltas con facilidad. Por ello, tras desembarazarse de las más fáciles, viendo que no podía perder demasiado tiempo, empuñó su espada y se lanzó al ataque.

Mientras desentrañaba los misterios matemáticos en voz alta, resolviendo poco a poco las ecuaciones, las atacaba con su arma. Así logró descubrir que, golpeándolas en determinados puntos, lograba simplificarlas al eliminar factores. Algunas necesitaban dos o tres cortes para volverse lo suficientemente sencillas para resolverlas de inmediato, pero otras requerían más trabajo. Pero Delta Wave Violet no se rindió. Ciertamente le habría venido bien la ayuda de Brontes. El cíclope, a quien algunos subestimaban por su pinta de gigantón musculoso creyendo que era mucha fachada y poco seso, era un genio matemático de consideración, pues de otra manera no podría manejar los cálculos necesarios para desarrollar su trabajo. Cuando alguien veía el resultado final que salía del taller no podía imaginar las complejas estructuras matemáticas y el intrincado proceso previo que había. Luego resultaba ser un modelo a escala de un órgano musical que iba a instalar en el gran palacio de Celephais o un extraño aparato para producir cubitos de hielo sumamente rápido. Era difícil saberlo hasta que no se pusiera en marcha. Y no había muchos valientes que se quisieran arriesgar a recibir el golpe de un cubito de hielo enfriado superrápido y lanzado a la velocidad del sonido.

Por ello, la heroína atacó con saña las ecuaciones para ir resolviéndolas o destrozándolas, lo primero que sucediera. Finalmente, tras abrirse camino hasta el piso de estudiantes, cargó contra la puerta con un rugido de furia para, de golpe, detenerse y probar a ver si estaba abierta. A fin de cuentas, por muy frustrantes que fueran las ecuaciones no era cuestión de causar más daños de lo necesario. Y, afortunadamente, los dos tontos que habían provocado todo aquel follón no habían cerrado apropiadamente. Allí dentro la concentración de ecuaciones era mayor, pero Violet no estaba precisamente de humor para perder más tiempo. Así, se dedicó a tajar, sajar y rajar, dejando tras de sí un rastro de ecuaciones mutiladas que sangraban incógnitas y valores hasta descomponerse en un pequeño caos matemático. Cuando entró en el cuarto donde los dos estudiantes habían iniciado aquel follón, vio al enorme  teoremizador abstracto interplanar de la dimensión matemática no euclidiana y parcialmente pitagórica divulgando teoremas abstractos interplanares y matando lentamente de sopor y tedio a los dos tontos que lo habían invocado. Al contrario que su predecesora, Delta Wave Welcome, ella no tenía una espada mágica que le permitiera crear rasgaduras interdimensionales en el continuo espaciotiempo. Su espada, aunque era mágica, le permitía hacer otra cosa. En concreto, podía teleportarse a sí misma y algo que estuviera tocando a otra ubicación que conociera o conociese, ya fuera por haberla visitado o por ver algún tipo de imagen y saber donde se encontraba. Por ello, viendo que aquella mole iba a ser problemática de combatir en aquel apartamento y que era mejor librarse de ella cuanto antes, la sujetó y, empuñando la espada, se desvaneció dejando un sonido de ¡BAMF! al desaparecer ambos producido por el aire al llenar el repentino vacío.

El lugar al que se habían teletransportado era oscuro y, por el tacto y los ruidos al moverse, estaba tapizado de huesos de todo tipo de forma y tamaño. Estratos y estratos de huesos se amontaban bajo ellos. Los monstruosos bholes se movían a través de la inmensidad del Valle de Pnath, en el Mundo Subterráneo de las Tierras del Sueño. Allí el  teoremizador abstracto interplanar de la dimensión matemática no euclidiana y parcialmente pitagórica podía divulgar sus teoremas y ecuaciones durante el resto de su existencia que, si los ruidos producidos por una gran masa moviéndose sobre los huesos, no iba a ser demasiado larga. A fin de cuentas, los bholes no parecían tener predisposición al aburrimiento. Pero bueno, nadie ha visto un bhol ni se ha dedicado a estudiar su biología ni comportamiento. O al menos nadie que haya sobrevivido para dar a conocer sus hallazgos. Así pues, con el trabajo cumplido, regresó a Arkham.

Una vez de vuelta en la ciudad, se dirigió a su habitación en La Llave y la Puerta. No es que le hiciera particularmente falta, pues su familia vivía en la ciudad, pero le daba una sensación de libertad e independencia que apreciaba mucho. Utilizó los túneles para entrar en la residencia universitaria, pues aun no se había despojado de su uniforme de combate, pues, en cuanto se lo quitara, lo siguiente que tenía intención de hacer era desvestirse y darse una tonificante ducha. No estaba siendo un gran día, pero esperaba que aun tuviera oportunidad de relajarse un poco y mejorar las cosas.

Un cuarto de hora más tarde, alguien llamaba a la puerta de la habitación de Violet. La joven al abrir, se encontró desconcertada ante dos morlocks. No es que desconociera la presencia de estos posthumanos en la ciudad, y, además, colaboraba con ellos a menudo. Uno de ellos era Arkady, hijo del mecánico morlock Konstantin, y que era lo más parecido a un ayudante que tenía. Pero la otra era quien la había dejado estupefacta. Era la mujer morlock llamada Yekaterina. No le era desconocida, pero, o bien se había hecho un espectacular tratamiento de rejuvenecimiento que le había hecho perder unos 30 años o algo raro pasaba. Por su parte, Yekaterina también se había quedado un tanto sorprendida. Había viajado en el tiempo siguiendo los rastros que indicaban que la siguiente Kate que necesitaba se encontraba en esa época y en ese lugar. El hecho de que fuera Arkham y de que treinta años después todavía existiera una colonia morlock le facilitaba las cosas. Lo que si la había sorprendido era la mujer a la que había ido a buscar. Ciertamente era una Kate, sus rasgos faciales la delataban como familia de Katherine Ashford, aunque el cabello rubio y otros aspectos, como los turgentes y abundantes pechos indicaban otra herencia genética combinada. Pero, a fin de cuentas, ya tenía a una Kate egipcia, una Kate de un futuro distópico alternativo, una Kate irlandesa medieval y ahora iba a contar con una Kate del futuro de su línea temporal, y cada una tenía sus propios rasgos y características. Y si esta era, además, una super heroína, mucho mejor.

Por ello, tras la correspondiente explicación, Katherine Violet aceptó acompañar a Yekaterina en el viaje en el tiempo. Y por fin empezó a comprender porque la Yekaterina de su tiempo además de otros conocidos se habían pasado los últimos días lanzándole miradas furtivas y sonriendo como si aguardaran que pasara algo que ella no supiera.

El equipo está reunido:

  • Yekaterina, soldado de élite morlock.
  • Katherine Ashford, estudiante de Historia del Arte.
  • Ka-Neferu, sacerdotisa de Bastet.
  • Katherine "Bogatyr" Ashford, líder rebelde y refugiada espaciotemporal.
  • Kate la Roja, sacerdotisa irlandesa de Shub-Niggurath.
  • Delta Wave Violet, super heroína futurista.

domingo, 18 de marzo de 2018

San Patricio en Arkham

 Celebrando en un especial en King-in-Yellow Size la entrada nº 200

Centro de contingencia del día de San Patricio. Residencia Estudiantil La Llave y La Puerta. Horas antes del comienzo de los festejos.

-Señores, señoras y seres no humanos...

-¿Tan difícil es decir dioses... o simplemente Brontes? -dijo el cíclope.

-Bueno... eso... Señoras, señores y Brontes. Les he reunido hoy aquí...

-Técnicamente yo no soy un señor... y está claro que no soy un dios -dijo Summanus.

-Pero vamos a ver ¿me vais a dejar terminar sin interrumpirme?

Silencio incómodo.

-Bien... señoras, señores, dinosauroide y Brontes. Están ustedes reunidos aquí para el plan de contingencia del día de San Patricio -dijo Harvey Pickman mientras gesticulaba. La comisión de fiestas ha decidido realizar un desfile por toda la ciudad y, posteriormente, una fiesta. A estos eventos vendrán unos observadores que calificarán la capacidad turística de esta ciudad, por lo que no podemos permitirnos que se arme la de siempre. Aún hay manchas de vómito de la semilla estelar de Cthulhu que emborracharon el año pasado un grupo de universitarios.

-Y tan difícil de limpiar que son las dichosas manchas. Han desarrollado inteligencia y no hacen más que quejarse cuando intentan quitarlas y hay un debate sobre si debería respetarse su opinión o no -agregó Seabury Pickman.

-Pues eso, no queremos que ante estas personas se presente una criatura de diez metros borracha, ni una invasión de leprechauns, ni nada por el estilo. Nuestra misión es evitar que ni los habituales ni algo inesperado estropee los festejos. Algunos de los habituales ya han sido eliminados del tablero de juego.

-En efecto -dijo Summanus-. Hemos conseguido que el Simposio Anual de Villanos se realice precisamente hoy en Latveria, allá en la vieja Europa. Eye Gore no ha podido evitar querer ir a ese evento, por lo que no lo tendremos por aquí intentando una de sus maldades.

-Vinnie West también está fuera de juego -añadió Seabury-. Le he convencido de que, para mejorar en el arte de la resurrección, debe lerse todas las novelas y recopilaciones de relatos de temática zombie que se han escrito. Con el boom de hace un par de años de este subgénero lo tendré ocupado todo el día.

-Los reptilianos nazis no pueden salir de los túneles porque los morlocks han sellado con pegamento todas las salidas -dijo Anna Pickman-. Además se encargarán de mantener vigiladas todas las entradas a los túneles por si el pegamento no es suficiente.

-Bien, con eso tenemos cubiertos a los típicos. Ahora debemos evitar los inesperados y al efecto Arkham. Delta Wave Welcome...

-Presente -dijo esta con una sonrisa.

-Ejem... Delta Wave Welcome se encargará de expulsar a otra dimensión a todo bicho que se nos aparezca hoy. Seabury mantendrá vigilados a los universitarios más desmadrados y se encargará de saber si alguien ha estado trasteando en la biblioteca con libros que no deberían tocarse. Brontes se ocupará de cualquier tipo de intromisión divina. Anna y yo nos encargaremos de escoltar a los observadores y, si sucede algo, haremos lo posible por que no se enteren de nada. Por si acaso, estaremos todos comunicados con pinganillos y micrófonos inalámbricos ¿está clara la misión de cada uno?

Un murmullo generalizado y asentimientos de cabeza.

-Pues ale, vamos a ello -dijo Harvey.

Ayuntamiento de Arkham. Hora del comienzo del desfile.

-Buenos días, señores -dijo el alcalde mientras tendía la mano con una sonrisa-. Nos enorgullecemos de poder mostrarles los festejos del día de hoy

El grupo de observadores estrecharon la mano del alcalde mientras miraban de reojo a los dos individuos que parecían fuera de lugar. En vez de ir vestidos para la ocasión -o lo que es lo mismo, vestidos de manera formal- parecían que se estuvieran preparando para asaltar un fumadero ilegal.

-Estos son Harvey y Anna Pickman. Se encargarán de la seguridad. Señores Pickman, estos son Arthur Merinville, Ambrose Dexter y Natalie Thunderclap.

Se intercambiaron saludos y manos se estrecharon.

-El desfile comenzará en breves momentos, por lo que recomiendo que nos dirijamos al palco de autoridades para que puedan ver el espectáculo.

El alcalde abrió la puerta de su despacho y los tres observadores salieron, seguidos de cerca por Harvey y Anna. En pocos minutos estuvieron en el palco de autoridades, donde les esperaban el decano de la Universidad Miskatonic y otras personas de renombre de la ciudad. Todos tomaron asiento y se prepararon para disfrutar de la fiesta. En breves momentos comenzó el espectáculo. Las carrozas y los bailarines comenzaron a desfilar acompañados por música festiva de estilo irlandés. El público disfrutaba tranquilamente al paso de las carrozas y intentaban conseguir los  botellines de cerveza negra que ofrecían unos individuos disfrazados de leprechaun. Y repentinamente un cúmulo de nubes negras cubrió la ciudad entera y comenzaron a sonar truenos acompañados por relámpagos. La lluvia estaba a punto de caer sobre Arkham.

-Brontes -dijo Harvey-. Hace un minuto hacía un sol de justicia. Localiza a quien sea que ha traído una tormenta a la ciudad.

-Okey dockey -respondió Brontes.

Los sentidos divinos del cíclope detectaron la fuente de la tormenta que estaba a punto de caer en un bar cercano. Se dirigió allí corriendo sabiendo lo que iba a encontrarse. Una vez entró al local no se sorprendió de ver en una mesa a Perun y a Thor, borrachos como una cuba y diciendo algo imposible de entender. Al lado estaba Misha, durmiendo la siesta.

-¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! -exclamó Brontes ante ellos -. Destrabaos la lengua y decidme qué diantres estáis haciendo.

-Broooontes, eres miiiii mejoooor amigoooo, ven aquííííí -dijo Thor moviéndose peligrosamente hacia el suelo.

-¡¿Porrrr qué interrrrumpes nuestrrrra competición?! -exclamó Perun.

-Perun, por todos los panteones, estás manchando de cerveza a tu oso cada vez que gesticulas -le dijo Brontes, que no sabía si avergonzarse o qué.

-Misha puede con todo. Es el oso más Poderrrroso que puedes ver.

-Pero no es máááááás rápido que missssss cabras -añadió Thor, todavía tambaleante -. ¡¡¡Missss cabras sssssson poderosas!!!

El dios nórdico lanzó su jarra ya vacía al suelo, donde se hizo añicos.

-Bueno, no creo que la competición que ha dicho hace un momento Perun sea sobre cual de vuestros animales mola más, porque esto no provocaría una tormenta que está a punto de fastidiar el desfile de San Patricio.

-No, la competición es algo más rrrrrelacionado con nuestrrrrras atrrribuciones como dioses.

-Un seeeeñor nosss ha dicho que quería ver cual de l-l-l... l-l-l-l-l-l... l-l-l-l-l-los dos traía la tormenta mássss poderosa.

-Claro, y seguramente ambos ya estabais tan borrachos que os ha parecido muy lógico. Tengo una idea. Vamos a ver quien es el dios de las tormenta más chachiguay en otro sitio ¿vale?

-¡¿Dónde?! -exclamaron ambos dioses.

-Welcome, necesito extracción -musitó Brontes.

La puerta del local se abrió y la superheroína de Arkham entró como un rayo. Estaba en la otra punta de la ciudad, pero había visto un byakhee de Byakhee Express y le había pedido que le aceercara.

-Llévate a estos a un sitio donde no molesten -le susurró Brontes al oído.

Isla Nublar. Cerca de Costa Rica. En mitad de la selva tropical.

-¿Os gusta este lugar para vuestra competición? -preguntó Welcome.

-¡¡¡A Thor leeee gusssta la sssselva!!! -exclamó Thor alzando una botella de cerveza que Welcome no sabía de dónde había sacado.

-Perrrrrun no se molesta por el cambio de escenarrrrio -añadió Perun.

-Pues disfrutad de la competición.

Y antes de que dijeran algo más, Delta Wave Welcome había abierto una brecha en el espacio y había vuelto a Arkham.

Palco de autoridades del desfile de San Patricio.

-El problema de la tormenta se ha resuelto lo mejor que hemos podido -escuchó Anna a través de su pinganillo.
Harvey suspiró agradecido mientras observaba que los nubarrones se deshacían poco a poco. La tranquilidad no duró mucho. En breves instantes recibió una actualización de las hermandades universitarias. Parece que estaban montando su propia celebración de San Patricio y el whisky irlandés que tomaron había convertido a todos los estudiantes en gorilas del tamaño de una furgoneta pequeña. Estaban destruyendo todo lo que se les ponía por delante, y uno había secuestrado a una rubia y se había subido a lo alto del edificio más cercano.

-¿Cuantos simios gigantes hay en estos momentos, Seabury? -preguntó Harvey.

-Pues suma a los miembros de las 3 hermandades más festeras de la universidad. Esto parece Gorilla City.

-Whisky que convierte a la gente en gorila... esto no es muy normal. Hazte con una botella y que alguien la analice. Yo me aseguraré de que el desfile no pase cerca de donde están todos. Y tú haz lo que sea por que no salgan de la zona de fiesta universitaria.

Harvey informó al alcalde de la situación con los estudiantes gorila, así que se asesguró que el desfile pasara lo más lejos posible de esa dirección. No había terminado de arreglar este problema cuando el pinganillo volvió a informarle de una nueva contingencia.

-¡¡¡¿Una manifestación de Retoños Oscuros de Shub-Niggurath?!!! -exclamó.

-A mi no me preguntes -le respondió Welcome-. Todavía no estoy segura de si mandarlos a otra dimensión. Estoy hablando con Shubbi para ver si puede convencerlos de que otro día sería mejor para hacer las protestas, sean estas cuales sean, porque por mucho que yo les diga que soy adoradora de su madre, están como si hablara en arameo.

-¿Pero qué protestas van a tener unos bichos que cada vez que son invocados se les da comida gratis?

-No lo sé, pero se están comportando como hooligans borrachos. De hecho, algunos retoños están comenzando a vomitar... uuufff qué olor más fuerte a alcohol...

-¿Retoños oscuros borrachos? -Preguntó Anna -. Vale que hoy es San Patricio y esto es Arkham, pero esto ya es demasiado.

-Dile que los teleporte a otro sitio y que haga lo posible por que duerman la mona -le dijo Harvey a Anna -. Esto empieza a olerme a chamusquina.

-¡¡¡Necesitamos ayuda en La Llave y La Puerta!!! -exclamó Summanus a través del pinganillo -. Todos los grifos de todas las habitaciones se han abierto al unísono y están lanzando cerveza inteligente que quiere ser ingerida. La mayor parte de los estudiantes ya están arrastrándose por los suelos y... eh, largo, quita bicho... no... no entrarás en mi boclgglglgluuaagl... Haaaarvey, esshhhhto esssshtá muh borrossssho, le diré a El Que Legisla que ssss... ssss... ssse encargue él...

Se escucharon unos sonidos indeterminados y Summanus cortó la comunicación. Harvey apenas tuvo tiempo de procesar lo que había pasado, porque Anna le hizo volver la cabeza al desfile. Las carrozas habían cobrado vida y estaban lanzando por los aires a sus ocupantes. Algunas se peleaban entre ellas, otras parecían bailar al ritmo de la música que salía de los altavoces, y una en particular estaba lanzando litros de whisky al público.

-¿Cuantas probabilidades hay de que pasen todas estas cosas a la vez? -preguntó Anna mientras el alcalde intentaba quitarse de encima las salpicaduras del whisky que estaba tirando la carroza.

-Tienes razón en lo que has dicho antes. Aunque esto sea Arkham, todo este desastre a la vez no es normal. El caos reina en toda la ciudad.

Anna arrugó el ceño y pareció meditar unos segundos, después lanzó una mirada asesina en dirección a los observadores de turismo.

-¿Señor Dexter?

-¿Ajá? -dijo este.

-¿Puede acercarse un momento?

El hombre se levantó de la silla en la que estaba observando todo y se acercó a Anna.

-¿Qué problema hay?

-Eso digo yo, señor Dexter... ¿Ambrose Dexter? No sé cómo no nos hemos dado cuenta antes. Quizás nuestro nerviosismo por el desfile nos ha mantenido demasiado ocupados, pero ahora tengo la mente muy atenta y muy fresca, señor del caos. Supongo que estará usted disfrutando del espectáculo.

-Lo cierto es que me lo estoy pasando pipa -respondió el sr. Dexter con un brillo inhumano en los ojos.

-¿Y los otros dos observadores están disfrutando? ¿O ni siquiera son personas de verdad? -preguntó Anna.

-Depende de la definición que tengas de persona...

-Bueno, ya vale de cachondeo. Las cosas están ya demasiado descontroladas y no queremos que esto vaya a más.

-¿Y qué vas a hacer para evitarlo, Anna Pickman?

-Podemos decirle a Cthugha que El Morador de la Oscuridad está ahora mismo en Arkham -le dijo Harvey sacando el móvil del bolsillo -. Sólo tengo que ponerlo en el EldergodBook.

-¿Crees que eso me asusta?

-No sé si te asusta, pero te estropearía la diversión. Y yo, como sacerdote de Yog-Sothoth también podría poner una queja formal

El ¿señor Dexter? rompió a reír en fuertes carcajadas ante la mirada atónita de Anna y Harvey.

-Ya está... ya está bien... que lloro de la risa y todo... Tenías que haberte visto la cara... y cuando han aparecido los retoños borrachos... jua jua jua jua jua

-¿PERO SERÁ POSIBLE? -exclamó Harvey.

-Estoy por aparecerme enfrente de los de la Fundación Wilmarth. Tomaré la forma más tentacular que se me ocurra... aunque no sé si me divertiría más que con esto.... ¡¡¡JUA JUA JUA JUA JUA!!!

-Vale ya, Nyarlathotep. Ya vemos que te has cachondeado de lo lindo y que los mortales somos sólo juguetes y blablabla -dijo Anna.

-Sí... creo que ya me he divertido bastante... hacía tiempo que no lloraba de la risa... -decía El Caos Reptante aguantándose las carcajadas -. Nos vemos en otras circunstancias, Pickmans.

Y dicho esto, los otros observadores se convirtieron en una especie de gelatina negra que se unió a la forma palpitante e indescriptiblemente obscena en la que se estaba convirtiendo Ambrose Dexter. El monstruo gigantesco saltó en medio del desfile y se lanzó hacia el cielo como un rayo.

-¡¡¡Eeeeeh!!! ¿Y qué pasa con esto? -preguntó Harvey.

Las carrozas vivientes estaban por los suelos, claramente ebrias, y la que lanzaba whisky había sido abordada por la comunidad irlandesa de Arkham.

-Parece que el propio efecto Arkham está poniendo orden en el caos de Nyarlathotep -dijo Anna.

-¿Alguien me explica qué ha sido eso? -preguntó el alcalde, que se había quedado estupefacto. Cualquier otro alcalde de cualquier otra ciudad habría perdido 1D10/1D100 de cordura, pero el de Arkham ya era inmune.

Harvey se dirigió a contarle lo que había sucedido mientras una botella caía en manos de Anna. Esta se sentó y observó la etiqueta. Cerveza negra de la mejor calidad. A través del pinganillo  fueron llegando los avisos de que todos los altercados se estaban normalizando, así que decidió desfrutar del resto del desfile. Tan sólo eran un San Patricio más en Arkham.