sábado, 13 de enero de 2018

Fantasmas de Dunwich

El invierno no era la mejor estación para visitar Dunwich o vivir allí. Era crudo, era frío, era inhóspito, y la nieve lo cubría todo. Por ello, las welclones tenían poco trabajo en los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Habrían optado por hacer un cierre de temporada, pero lo apartado del lugar y la historia de la región eran importantes atractivos para algunos colectivos. Demiurgos y dioses invernales, semillas de Ithaqua, wendigos variados, incluso algún hongo de Yuggoth se convertían en clientes habituales de la estación más fría del año. Por ello, las mujeres seguían con su trabajo, aunque procuraban salir fuera lo mínimo indispensable. Por supuesto, había una excepción, Ártica, que al estar hibridada con Gnoph-Keh, se movía por el frío exterior en camiseta y pantalones cortos alegremente. Y es que era habitual ver su figura cubierta de espeso pelaje blanco y con un cuerno negro en medio de la cabeza moverse por la zona vestida igual que si estuvieran en pleno verano. 

Pero ese invierno había sucedido algo que había roto con la rutina de deidades, entidades sobrenaturales, alienígenas fúngicos y demás habituales. Y es que Odín había decidido enviar a sus valquirias a pasar unas semanas en Dunwich para que se entrenaran en operaciones de búsqueda y rescate en entornos helados. Tenían experiencia de sobra en montaña, por lo que el dios se había decantado por un terreno diferente aunque igual de complicado por el frío: las colinas del valle superior del Miskatonic. Ni que decir tiene que las valquirias fueron recibidas con gran regocijo por dos razones: la primera, obviamente, era que iban a mejorar la ocupación e ingresos de los Alojamientos Rurales durante ese invierno; la segunda, bueno, también era bastante obvia, ya que se trataba de dos equipos de seis altas y esculturales mujeres nórdicas que se iban a alojar en un lugar gestionado por 20 clones salidas y bisexuales.  Para colmo, durante la primera semana contaron también con la presencia de Evangeline en su aspecto de superheroina, Delta Wave Welcome, lo que satisfacía plenamente a las welclones. La joven sólo podía estar una semana debido a que no podía descuidar demasiado sus estudios universitarios. Pero como enlace de las valquirias con Alfa Strike y líder de las welclones, su presencia era necesaria.  Resultaba muy curioso ver a la heroína junto con las demás mujeres. Con las clones no destacaba, a fin de cuentas, aunque mutantes, eran sus “hijas” genéticas, creadas con su ADN como base. Pero al lado de las valquirias llamaba bastante la atención. Y es que Welcome, que medía 1,60 resultaba bastante baja comparada con ellas.

La primera semana se desarrolló sin demasiados incidentes. Comenzaron a familiarizarse con el terreno y a realizar salidas, guiadas a menudo por Ártica. Se trataba de ejercicios de instrucción básica para aclimatarse y aprender a moverse por ese entorno, así como a identificar hitos para guiarse, utilizar técnica de camuflaje, alguna maniobra de simulación de combate entre ambos equipos, etc. Fue todo bastante bien, e incluso tuvieron que intervenir para tratar de localizar a unos excursionistas invernales que se perdieron y lograron localizarlos con éxito. Pero todo se revolvió con éxito. Tras acabar la primera semana, Welcome volvió a Arkham, aunque realizó algunos viajes adicionales a Dunwich, siempre usando Byakhee Express, ya que era la opción más rápida y que menos problemas tendría con el clima invernal.

Fue a partir de la segunda semana, con las valquirias ya instaladas y familiarizadas con el terreno y el clima, cuando la situación se empezó a complicar. Y es que, los problemas podían venir desde cualquier lugar. Y, en este caso, la situación se iba a complicar de forma bastante inesperada y poco habitual. Sin que estuvieran al tanto, se había instalado en la zona desde hacía poco un nekomata, un gato japonés de dos colas, llamado Hiroshi. Estos animales eran seres mitológicos nipones con poderes nigrománticos. Algo que haría las delicias de Vinnie West, pues tal vez podría aprender magia para reanimar a los muertos sin necesidad de la aparición de su personalidad oscura con poderes auténticos, podía convertirse en una condenada molestia en Dunwich, si no evolucionaba a algo peor.

Este nekomata en concreto era primo de uno que ya trató de usar en su beneficio las acciones sexuales de los dioses, en particular Raijin, Fujin y Zeus, cuando estuvieron en una misión especial en Japón para investigar unas instalaciones de Omicron Scorpions. Como era de esperar, Raijin y Fujin aprovecharon para instalarse en un balneario cercano a donde los siguieron sus fans más incondicionales, lo que incluía que estaban también bastante deseosas de satisfacción sexual por parte de sus ídolos. Por otro lado, Zeus optó por aumentar su ya larga lista de amantes seduciendo al personal femenino de la base. Todo esto, además del erótico resultado, condujo a la aparición de un ejército de muertos vivientes enviados por un nekomata que quería aprovechar el semen de los dioses que quedara en los genitales de las apasionadas compañeras de cama. Obviamente, aquello no acabo bien, al menos para el gato, que se las tuvo que ver con una alianza situacional entre los dioses y el equipo Tiamat de GodHunters de Omicron Scorpions. Así pues, este nuevo felino mitológico de dos colas, que había estado en su momento al tanto de los intereses de su primo, había optado por probar un enfoque diferente. Por ello, dejando atrás sus tierras natales, había viajado a Estados Unidos, siguiendo la pista de los dioses del equipo Alfa Strike. Esto le había conducido hasta Arkham, donde, siguiendo pistas y rumores, había tomado la decisión de investigar más a fondo el valle superior del Miskatonic. Lo que le interesaba en particular eran las welclones y su acceso a la leche mutagénica y mística de Shub-Niggurath. No hay que olvidar que estas surgieron de combinar el material genético de Evangeline “Welcome” Parker con el de diversas Criaturas del Ciclo de Cthulhu, dioses y otras fuentes sin identificar mediante la poco escrupulosa y dudosamente ética aplicación de la leche de esta diosa exterior, obtenida a través de uno de sus avatares: la Cabra Blanca de Tres Cabezas. Esto, que condujo a una guerra de un día entre Alfa Strike y sus aliados del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlock contra las fuerzas de elite de la NWE y sus colaboradores puntuales del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. El resultado final fue la liberación de Welcome y sus welclones, que se convirtieron en un grupo que rendiría culto al avatar de Shub-Niggurath y se encargarían de poner un poco de orden en  aquella región. A fin de cuentas, las eternas peleas vecinales entre sectarios de Yog-Shothoth y cultistas descendientes endogámicos de Tsathoggua no estaba conduciendo a nada.  Así, de esta manera, y con la colaboración de la familia Pickman de Arkham, se crearon los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta, gestionados por el grupo cultista de la Cabra Blanca de Tres Cabezas, es decir, Welcome y las welclones, aunque la primera actuaba más como líder del grupo y enlace con Alfa Strike y los morlocks. 

Tras todo este rollo recordatorio de lo sucedido, es hora de llegar a la conclusión de que demonios hacía allí Hiroshi. Sus planes consistían en conseguir la leche mutagénica de Shub-Niggurath y, si era posible, algunas muestras de las welclones y de la demás población sobrenatural, cósmica y extradimensional que pudiera encontrar. Todo ello para realizar turbios experimentos nigrománticos ocultos y prohibidos. Pero este nekomata no quería cometer los mismos errores que su primo, por ello, decidió optar por un enfoque diferente: para empezar, optó por usar fantasmas en lugar de cadáveres reanimados. Esto tenía su ventaja al pensar que los primeros suelen ser invisibles a menos que se manifiesten, lo que les aporta el factor sorpresa. Sin embargo tenía la desventaja de que su contacto con el mundo físico era más limitado, aunque la intangibilidad era un extra. Pero ya se encargaría de eso, y es que estaba preparado. Antes de partir se había hecho con un amuleto encantado que daría mayor contacto físico a los espíritus que dominara dentro de un radio de acción. No era demasiado, apenas llegaba a una veintena de metros, pero ya era algo. Además, si era discreto y actuaba rápidamente, podría lograr su objetivo sin llamar demasiado la atención. O eso esperaba. Por ello, tras hacerse con un lugar seguro desde donde practicar los ritos y encantamientos necesarios, comenzó a convocar a los espíritus sin descanso que pudieran escuchar su llamada y ser atraídos por la misma.

Un día más tarde, el equipo Alfa de las valquirias se encontraba en medio de un ejercicio de búsqueda. Se trataba de unas maniobras en las que tenían que localizar a su objetivo en terreno hostil y bajo amenaza. Esta última provenía del objetivo al que tenían que encontrar y capturar: Ártica. Y es que, aunque la mujer no había recibido entrenamiento específico, si que conocía muy bien el terreno, era prácticamente inmune al frío y su pelaje blanco la ayudaba a camuflarse en la nieve. Además, se había puesto ropa blanca, y, para desgracia y mala suerte de las valquirias, cuando creyeron dar con ella, sólo dieron con un maniquí hecho de nieve ataviado con la camiseta y pantalón de la welclon. Así pues, se enfrentaban a una joven en muy buenas condiciones físicas, desnuda o en ropa interior blanca que se camuflaba muy bien sobre el terreno, el cual conocía perfectamente y que las podía estar acechando en ese mismo momento. Y para complicar más el asunto, estaba el tema de las apuestas.

Antes de salir esa mañana, las valquirias habían estado fanfarroneando sobre lo bien preparadas y entrenadas que estaban (lo cual era cierto), y que no les iba a resultar demasiado difícil dar con Ártica aunque se quedara completamente desnuda y usara su pelaje blanco para esconderse en la nieve. Claro, la welclone había sonreído ante la bravata y respondido que le gustaría verlo. Una cosa condujo a otra y el alarde acabó en una apuesta según la cual, tras la “cacería”, Ártica se acostaría con todas y cada una de las valquirias a las que diera caza. Para las que sentían atracción sexual por las mujeres, ya fueran lesbianas o bisexuales, esto no suponía demasiado problema, ya que las welclones eran conocidas por ser grandes amantes, pero había otras a las que no les hacía tanta gracia el asunto. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Así pues, Ártica se había decidido a no ponérselo nada fácil y, de momento, lo estaba consiguiendo.

Por ello, mientras las valquirias maldecían por su mala suerte al ver como la welclon las estaba esquivando, ésta las observaba escondida cerca, tras una roca cubierta de nieve. Ya había decidido cual sería su primera víctima: Reginleif, la orgullosa líder del equipo Alfa. Era atractiva, y muy hábil, pero, lo más interesante era que Reginleif era heterosexual y no le hacía la más mínima gracia el tener que meterse en la cama con otra mujer. Por supuesto, Ártica no iba a forzarlas a cumplir las condiciones de la apuesta si ganaba, pero eso era algo que debían averiguar ellas. Mientras tanto, se divertía viéndolas molestas y apuradas. Por ello, aguardaba el momento oportuno para lanzarse sobre su presa para capturarla y estamparle un profundo y apasionado beso en la boca, sólo por darle una lección de humildad y humillarla un poco. A fin de cuentas, había otras valquirias que le gustaban más y que no tendrían reparo en acostarse con ella. Fue entonces cuando algo empezó a salir mal. A Ártica se le pusieron todos los pelos de punta, lo cual era, cuanto menos, llamativo y le daba un aspecto bastante extraño. Y entonces sintió como alguien la agarraba de forma bastante torpe. Si había algo que no toleraban las welclones era el abuso sexual y la privación de libertad. Habían sido creadas como super soldados mutantes, encerradas durante el tiempo que pasaron en los laboratorios y utilizadas a veces como juguetes sexuales por parte de los científicos más depravados. Aquello lo hacían drogándolas, pues todas habían asimilado muy bien las lecciones de entrenamiento militar y sus poderes las hacían muy peligrosas. Por ello, y aunque no tenían complejos ni sexuales ni de otro tipo, les repelía profundamente el robo de la libertad personal. Así pues, Ártica se revolvió contra sus atacantes, pues no tardó en sentir un segundo par de manos palpándola. Trataron de inmovilizarla, pero ella era fuerte y había recibido un intensivo y completo entrenamiento en diversas artes marciales, tanto durante su creación en laboratorio como, posteriormente, de mano de Welcome y de los dioses de la guerra, Ares y Perun. Así, esos seres invisibles que trataban de retenerla y forzarla, iban a aprender por las malas que no era buena idea cabrear a una welclon.

Lo que más extrañaba a la mujer era que sus atacantes eran completamente invisibles, y que, en ocasiones, parecían volverse intangibles. Pero ella disponía de varias armas en su arsenal que aún no había utilizado. Por ello, cuando logró zafarse de los intentos de apresarla, se puso en pie, desnuda y poderosa, orgullosa y feroz, y muy, muy cabreada, inspiró profundamente y lanzó una bocanada de aire frío a su alrededor. Una capacidad que había adquirido de su ADN de Gnoph-Keh era la de poseer una arma de aliento helado. Lo que salía de su boca era aire a una temperatura polar, capaz de enfriar rápidamente todo cuanto quedara en su radio de acción hasta congelarlo. Por otro lado, su origen híbrido procedía de una criatura nativa de las Tierras del Sueño y relacionada con el primigenio Ran-Tegoth y ella había sido creada con una combinación de magia y ciencia. ¿Y a que viene tanto rodeo? Pues, sencillamente, que todas sus armas naturales, es decir, su cuerno, su aliento y las cinco clases de somantas de palos que era capaz de sacudir, podían afectar a criaturas normalmente invulnerables a armas y agresiones convencionales. Así pues, las dos entidades invisibles y parcialmente intangibles quedaron, para empezar, congeladas, para, a continuación, recibir una de las cinco clases de palizas que podía dar Ártica.

Claro, esto había descubierto su posición, pero el ejercicio de las valquirias era lo de menos. Si había surgido alguna nueva amenaza en Dunwich, era su deber identificarla y ponerle fin. Por ello, actuando con presteza, se aproximó a las valquirias y, mientras se vestía, les informó de lo que estaba sucediendo. Ellas la habían visto combatir contra algún tipo de enemigo invisible, por lo que su ampliación de información las dejó bastante sorprendidas. Sin embargo, había que actuar con presteza. Si los que les atacaban eran algún tipo de entidades espirituales parcialmente incorpóreas, era porque algo o alguien los había llamado. Ártica conocía bien el terreno, era su entorno habitual, donde ella y sus compañeras se movían a diario y esa amenaza era algo inesperado. Así pues, recomendó que se replegaran de regreso a los Alojamientos Rurales para allí equiparse y prepararse para entrar en acción.

La retirada no fue fácil. Constantemente estaban siendo acosadas por fantasmas que trataban de atraparlas y herirlas, pero Ártica actuaba con rapidez y se enfrentaba a sus adversarios. Y, aunque aun no sabían cual era el origen de aquel ataque, estaba claro que pretendían impedirles llegar a su destino. Afortunadamente no se encontraban demasiado lejos, pues Ártica no las había conducido a parajes demasiado remotos o que pudieran resultar especialmente peligrosos. Y es que el valle superior del Miskatonic aun acogía a algunas amenazas que las welclones no habían eliminado, bien por estar limitadas a un territorio en concreto, bien por estar controladas o bien porque se escapaba a sus capacidades. Afortunadamente no eran demasiadas, y estaban bastante bien identificadas. Por eso, la aparición de los fantasmas les había resultado tan sorprendente.

Con tenacidad, esfuerzo y un despliegue de habilidades marciales y aliento helado de Ártica, lograron llegar hasta las cabañas que ocupaban las valquirias. Una vez allí, se prepararon para el asedio. Mientras, Ártica fue a avisar a sus compañeras. En esos momentos, la mayor parte de las welclones estaban por la zona, además de acoger a un grupo de sectarios de Ithaqua que sentían una fascinación casi fetichista por Ártica. Por ello, cuando los fantasmas llegaron, se encontraron algo que no aguardaban: un pequeño ejército de clones mutantes, adoradores de Ithaqua y valquirias, preparados con hechizos y armas mágicas. También hay que añadir que Hiroshi no había estado inactivo ni poco productivo antes de comenzar su ataque. Había reunido un buen contingente de fantasmas basado en los que habían muerto por todo el valle superior del Miskatonic, víctimas de las circunstancias, del terreno accidentado, de las familias endogámicas cultistas demasiado entusiastas a la hora de hacer sacrificios, etc. Así pues, lo que había tratado de asaltar a Ártica y las valquirias había sido una pequeña avanzadilla. Hacia los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta se dirigía un gran ejército de fantasmas comandados por el nekomata que, esta vez, había optado por mostrarse. Éste, tras anunciar que había sitiado la zona con sus almas en pena, anunció sus intenciones. Ni que decir tiene que no fueron precisamente aceptadas de buen grado por las welclones. Y, de esta manera, comenzó la Batalla de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Aunque Hiroshi contaba con su magia y con la gran cantidad de fantasmas y espectros que había convocado, las welclones tenían un as en la manga. Así, al comenzar el ataque, las valquirias y las clones se situaron en primera línea, mientras Ártica y los sectarios se quedaron en la retaguardia, protegidos por las demás.

La lucha era encarnizada, con los fantasmas tratando de atrapar y arrastrar a sus presuntas víctimas, pero estas se defendían con uñas y dientes, con espadas y cuchillos mágicos y usando a plena potencia todos los poderes de las welclones: ácido, veneno, electricidad, fuego, fuerza sobrehumana, ataques sónicos, astucia y mucha, pero que mucha mala leche. Las defensoras tenían que ganar tiempo y tratar de contener a sus atacantes que las superaban ampliamente en número, pero lo que les faltaba en ese aspecto lo compensaban con valor y tenacidad. Tenían un objetivo y lo cumplirían: aguantarían. Tenían que ganar tiempo para que Ártica y los sectarios lograran invocar a Ithaqua. El ritual era largo, era complejo, pero se podía hacer. Las bajas temperaturas y el hecho de que participara Ártica podía facilitar las cosas, ya que este ser sólo podía ser llamado en territorios muy norteños y cuanto más fríos mejor. Pero, tras largos momentos de tensión, algo cambió. El cielo se oscureció, como si una nube de inmensas dimensiones lo hubiera cubierto todo. Era una formación oscura, pesada, como si estuviera preñada de nieve preparada para descargar en una ventisca letal. Pero su forma era extraña, pues recordaba a una descomunal figura humana y, allí donde debía estar la cabeza, brillaban dos estrellas, ardientes y relucientes como si fueran unos ojos llameantes. Ithaqua había llegado.

El ser de las nieves, el primigenio de los hielos, reclamó su sacrificio al ser llamado, y, escuchando el ruego de Ártica y sus adoradores, cubrió la zona con el frío y la nieve, llevándose consigo a los fantasmas y al desafortunado Hiroshi. Tras su marcha, todo quedó cubierto por un espeso manto blanco que iba a dar mucho trabajo adicional a las welclones, pues habría que despejar los caminos y quitar los taludes de nieve que sepultaban en parte los edificios. También habría que ayudar a las granjas vecinas que se hubieran visto afectadas, así como la aldea de Dunwich. Eso supondría mucho esfuerzo para las mujeres, y un apropiado entrenamiento de rescate en la nieve para las valquirias, pues tal vez hubiera gente o animales que hubieran quedado atrapados. Así pues, con el apoyo y colaboración de los tres colectivos, valquirias, welclones y sectarios, lograron deshacerse de la amenaza que suponía el gato de dos colas. Por el momento, Dunwich volvía a ser un territorio seguro, o al menos relativamente seguro. Cuando lograran resolver los problemas causados por el temporal de nieve, Ártica se encargaría personalmente de mostrar su agradecimiento a los sectarios. A fin de cuentas, habían colaborado de buen grado, habían sido muy amables con ella durante su estancia y la halagaba que la tuvieran en alta consideración por su naturaleza mutante relacionada con su deidad. Pero eso ya es otra historia… con erótico resultado.

sábado, 6 de enero de 2018

Los Reyes Magos llegan a Arkham

Con las fiestas de navidad terminadas, y el año nuevo entrado, la normalidad había llegado a la residencia estudiantil La Llave y la Puerta. El día a día volvía a ser el ir y venir de alumnos estresados por exámenes o trabajos finales, los vocálicos ritos de los adoradores del Gran y Poderoso E, Robert Pickman espiando a Summanus alguna que otra vez, y la típica batalla contra el ser que habita dentro del inodoro del cuarto de baño del personal de servicio... el muy pesado siempre despertaba a principios de año y se ponía a cantar canciones Death Metal con acento cockney.

Con la vuelta de la rutina, Anna Pickman volvía a su trabajo habitual, que aunque lo pareciera, no era repartir estopa y partir por la mitad a criaturas invasoras, sino psicóloga experta en ocultismo. Ahora mismo estaba leyendo el libro de un individuo de dudosos conocimientos ocultistas que le habían hecho llegar, ya que parecía estar lleno de errores y afirmaciones que no pasarían ni el examen más mínimo. Normalmente, dejaría pasar esas tonterías, ya que el mundo estaba lleno de libros de ocultismo que sólo decían tonterías, pero ese en particular, por lo visto, decía tantas tonterías que terminaba absorbiendo inteligencia del lector y lo convertía en un idiota crédulo. Lo que menos le hacía falta al mundo era más idiotas crédulos. Ella se había lanzado un hechizo de protección para evitar que le afectara la lectura de la sarta de idioteces que había en cada página. Aun así, sentía escalofríos cada vez que leía alguna conclusión absurda del autor.

Mientras se enfrentaba al reto de leer esa cosa sin sufrir ningún daño, notó que una sombra le cubría dramáticamente. Ella había detectado hacía rato que alguien se le acercaba, y no solo eso, por los pasos y la sombra sabía quien era, pero le dejó hacer la aparición espectacular.

-¡¡¡Anna Pickman, tus servicios son necesarios!!! -exclamó el dueño de la sombra.

Anna alzó la cabeza y se encontró con un cíclope vestido con un jersey de punto con cuello alto en el que se veía un paisaje invernal. Brontes y su estrafalario gusto a la hora de vestir.

-¿Y la entrada espectacular a qué se debe? -preguntó ella.

-Eh... no sé... estabas tan enfrascada en ese libro que no podía interrumpirte simplemente.

Momento de silencio incómodo. Se escuchó el ulular del viento en el exterior.

-Bien, Brontes ¿qué está pasando que no pueda solucionar un dios del trueno con un jersey de punto? -preguntó Anna.

-Por lo visto, hay informes de la aparición de unos extraños individuos en el centro de la ciudad. Sí, sí, sé que la aparición de extraños individuos no debería sorprender a nadie, pero estos hablan en español y en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra como esta, nadie les entiende nada ¡necesitamos tu ayuda!

-¿Me necesitas porque nadie sabe hablar español en toda la ciudad? Es lo más lamentable que he oído en mucho tiempo...

-A mi no me mires. Yo sé hablar inglés, griego antiguo, griego actual, aklo, el idioma divino universal que se utiliza entre los distintos panteones y entiendo perfectamente lo que dice el Demonio de Tasmania, ya sería mucho pedir que además aprenda español, ese idioma es un caos de verbos irregulares.

-Pero el propietario del Eldritch Burguer habla perfectamente español, tiene ascendencia mexicana.

-Pero hoy no está disponible. Está participando en un concurso televisivo de cocineros -dijo Brontes.

-Pues Welcome también sabe hablar español... -insistió Anna.

-Imposible, está muy liada en Dunwich con los alojamientos rurales.

-Yo también estoy liada con este puñetero libro.

-Pero estás más cerca...

Anna lanzó un suspiro.

-Venga, iré contigo a ver a esos "extraños individuos". Igual soy capaz de descifrar el enigmático galimatías que sale de sus bocas.

-Oye, menos guasa, que el aklo lo aprendí en un curso a distancia interactivo -le dijo Brontes mientras le acompañaba a la puerta de la residencia.

En el exterior, el frío invernal de aquella región del país  heló la cara de Anna mientras acompañaba al cíclope, que no parecía importarle mucho que las temperaturas fueran tan bajas. Se envolvió con la bufanda y caminó mientras Brontes le explicaba las distintas versiones sobre la llegada de los extraños que había oído, que eran tan contradictorias entre sí, que le servían lo mismo que una sierra mecánica en la estación espacial internacional. Lo único en que todas las versiones se ponían de acuerdo es que los individuos estaban en el centro de la ciudad y parecían bastante despistados. Y allí llegaron el ciclópeo dios del trueno y Anna, que no sabía qué esperarse. Los "individuos extraños" estaban frente al ayuntamiento, y efectivamente parecían bastante perdidos.

Se trataba de tres hombres mayores, vestidos de manera anacrónica, pero no como lo haría un yithiano que ha hecho un intercambio de cuerpo, sino una mezcla de ropas medievales europeas y vestidos orientales de la edad antigua. Los tres tipos estaban montados, cada uno de ellos, en un camello, y portaban bolsas de viaje bien cargadas.

-Por los gatos de Saturno, estos tipos son los reyes magos -dijo sorprendida Anna.

-¿Pero qué reyes magos? Los hay en distintas dimensiones, así como, en diferentes culturas, algún personaje con poderes arcanos ha llegado al cargo de rey. Hasta en la época anterior al hundimiento de la vieja Atlántida hubo magos que llegaron a convertirse en reyes -comenzó a divagar Brontes.

-No, no, no -le interrumpió Anna -, "Los Reyes Magos". Son una representación de los sabios que la tradición cristiana dice que visitaron a Jesús en su nacimiento, pero estos no se especifica ni cuantos eran, ni si eran reyes, ni nada de nada. La tradición ha ido estableciendo una serie de características a estos sabios hasta convertirse en "Los Reyes Magos", los cuales visitan a los niños para hacerles regalos en la fecha en que los cristianos celebraban la epifanía. Lo que pasa es que todo eso son tradiciones que han ido transformándose a lo largo del tiempo... lo que me hace preguntarme ¿quiénes son realmente estos tres?

Brontes los miró fijamente con su único ojo.

-Puede que vistan como esos Reyes Magos, pero detecto en ellos una naturaleza divina. No son ninguna personificación de una creencia, son dioses -dijo.

Anna frunció el ceño. Se crujió los dedos y comenzó a recitar un conjuro. Se trataba de un hechizo que había extraído de un demonio del infierno del rol que convocó un alumno de la universidad en mitad de una partida al leer mal una errata del libro básico de reglas. Se trataba del clásico hechizo de identificación, que se lanzaba sobre un objeto o criatura para reconocer lo que era realmente.

-Tienes toda la razón, Brontes, estos "reyes magos" son en realidad dioses. Antiguos dioses orientales, pero el hechizo de identificación no es capaz de reconocer quienes son.

Anna decidió acercarse al trío de deidades, que seguían en sus camellos mirando de un lado al otro y discutiendo entre ellos. Cuando vieron que la joven se dirigía hacia ellos alzaron la cabeza en su dirección.

-Buenas, sus majestades ¿con quién tengo el placer de hablar -preguntó Anna en español.

-¿No nos conoces? Nadie en todo este territorio inglés nos conoce. Ni siquiera son capaces de respondernos. Yo soy Melchor, rey representante de los pueblos europeos -dijo uno de los "reyes". Se trataba de un típico rey medieval, con larga barba blanca y mirada benevolente.

-Yo soy Gaspar, rey representante de los pueblos orientales -dijo el que había a su lado. Sus ropas eran una mezcolanza medieval y oriental y su barba de color oscuro, así como la piel aceitunada, lo diferenciaban de su compañero.

-Yo soy Baltasar, rey representante de lo racistas que siempre han sido los pueblos occidentales -dijo el tercero. Este era el más excéntrico en sus pintas. Tenía rasgos caucásicos, pero el color de su cara era como si se hubiera cubierto el rostro con betún. Llevaba unos ropajes que uno no sabría decir si era un gobernante oriental de la edad antigua o de algún país musulmán de la edad media.

Brontes llegó hasta donde estaban y saludó con la mano.

-Ya... así que sois los Reyes Magos -les respondió Anna. No podían ser los reyes magos. Tenían naturaleza divina y los tres reyes, con sus respectivos nombres, no eran más que una creencia popular. Pero tampoco parecían peligrosos, sólo parecían el típico turista que anda perdido en un país extranjero.

-Oye ¿puedes preguntarles por qué hablan en español si son reyes de oriente? -le dijo Brontes a Anna.

-Porque la tradición de que los Reyes Magos hacen regalos a los niños en estas fechas sólo tiene lugar en países hispanoparlantes, sobre todo de mayoría católica. Algo me dice que estos tres, antiguamente, fueron dioses orientales, pero al ser abandonada su adoración, decidieron hacer lo que todos los dioses de la antigüedad han hecho: Cambiar de trabajo. Quizás se sintieron atraídos por la creencia en los magos de oriente, pero con el tiempo, parece que han olvidado su verdadero origen y se creen Los Reyes Magos de verdad.

-¿Y cómo han acabado aquí si van en camello? -preguntó el cíclope.

-Esa es una buena pregunta. -Anna se dirigió hacia los tres reyes/dioses y les hizo un saludo lo más respetuoso posible -. ¿Pueden sus majestades decirme cómo han acabado en una pequeña ciudad del estado de Massachusetts?

-Pues hemos tenido un problema con nuestro jet privado -respondió el de la barba oscura.

-¿Jet privado? ¿Pero no vais en camello? -preguntó Anna seriamente extrañada.

-¿Pero tú crees que los camellos vuelan? Nosotros no somos como el tipo ese de los renos voladores. Nuestros camellos son normales y corrientes. Para viajar de un país para otro utilizamos un jet de gran velocidad. Nos dirigíamos a los países de iberoamérica, cuando parece que un agujero espacio-temporal nos tragó y acabamos en las afueras de esta ciudad.

-Sí... no me sorprende que un agujero espacio-temporal en medio de ninguna parte termine conduciendo a Arkham -dijo Anna con resignación.

-Pues aquí estamos. En un país que no conocemos, nadie nos entiende ni nos conoce... y lo que es peor ¡aquí no hay aeropuerto! ¡No podemos despegar nuestro jet! -exclamó el rey/dios de barba blanca.

Anna explicó el asunto a Brontes, que estaba mirando la charla en español como si estuviera viendo a unos desconocidos hablando en un idioma alienígena.

-¿Ese es el único problema? ¿No van a atacar la ciudad ni a intentar destruir nada -preguntó el cíclope.

-No, sólo quieren irse y seguir con lo suyo -respondió Anna.

-Entonces no hay problemas. Diles que me lleven a donde tienen el avión. Yo les sacaré de aquí.

Anna tradujo a los reyes/dioses las palabras de Brontes y, al paso de camello, se fueron dirigiendo a las afueras de la ciudad. El jet de los visitantes se encontraba en la carretera principal de entrada a Arkham. El piloto la había usado para aterrizar, pero estaba claro que no era suficiente para un despegue, ya que la carretera estaba llena de curvas. Anna fue traduciendo las indicaciones de Brontes y los tres reyes/dioses entraron dentro del avión.

-¿Seguro que esto funcionará? -preguntó el de la cara color betún.

Anna miró a Brontes, que estaba jugueteando con el cuello de su jersey de punto.

-Eh... sí... seguro que funcionará -respondió.

-Si es así, recibirás tu regalo bajo el árbol, joven Anna.

-No os he dicho mi nombre -dijo ella torciendo el gesto.

-No hace falta -le dijo el de la barba  blanca -. Nosotros recordamos a todos los niños que nos pedían regalos cuando eran pequeños.

La puerta del avión se cerró ante la estupefacción de Anna Pickman, y antes de que pudiera asimilar todo lo que conllevaba lo  que acababa de decir el rey/dios, Brontes se colocó debajo del jet privado, lo levantó con sus musculosos brazos y dio un poderoso salto que lo llevó a las alturas. Una vez el avión y Brontes estuvieron entre las nubes, Anna vio cómo el aparato se encendía, momento en que Brontes convocó a unos fuertes vientos que agarraron el aparato y se lo llevaron. Poco a poco, el avión se fue estabilizando y pudo volar por sus propios medios, mientras el cíclope volvía al suelo.

-Parecen majos -dijo Brontes -. No entiendo una mierda de lo que me han dicho, pero parecen majos.

Anna aún estaba pensando en lo que le había dicho el de la cara color betún ¿un regalo bajo el árbol? Ya habían retirado la decoración navideña. Además, no tenía sentido. No podían ser LOS Reyes Magos, todo el mundo sabía que los Reyes Magos eran los...

Anna se giró de vuelta a la ciudad y dio un respingo al encontrarse, justo detrás de ella, a un retoño oscuro moviendo sus tentáculos y dejando salir fluidos de sus múltiples bocas. No era un retoño cualquiera. Se trataba del que trabajaba para el Eldritch Burguer.

-¿Anna Pickman? -dijo la entidad -. Alguien ha dicho que soy lo más parecido a un árbol que ha visto y me ha dejado esto para ti.

El ser extendió uno de sus tentáculos y le entregó a Anna un pequeño gatito, que se movía medio dormido mientras caía en sus manos. La joven tenía los ojos como platos, mientras Brontes lanzaba un chillido y comenzaba a dar vueltas como una niña histérica que ha visto una cucaracha

-¡¡¡¡¡Un gato!!!!! ¡Un gaaaaatoooooo!!!!! -gritaba el cíclope.

Anna acarició al cachorror mientras alzaba la mirada al cielo, en la dirección en la que se había ido el avión. Quizás, sólo quizás, fuera verdad que aquella era la noche más mágica del año.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Weird Christmas IV: El advenimiento de Saturno (parte 2)

La Ley de Murphy es un enunciado de corte más bien fatalista y algo pesimista que se puede aplicar a todo tipo de ámbitos y trata de explicar los hechos acaecidos. Básicamente se basa en el siguiente postulado: «Si algo puede salir mal, entonces saldrá mal».

En Arkham hay una particular variante de este principio a la que se denomina «Efecto Arkham» y que se basa en la experiencia sobre la “normalidad” de la ciudad y la aplicación de la entropía en la misma, que, en ocasiones, recibe algún empujoncito por parte de Nyarlathotep o, más recientemente, de la diosa sumeria del Caos Primordial Tiamat. El enunciado es el siguiente: «Algo siempre va a salir mal de forma extraña, desconcertante y/o absurda en el momento más inesperado».

Así pues, teniendo en cuenta el Factor Arkham y la Ley de Murphy, era obvio que la visita de Saturno, el dios antes conocido como Cronos, iba a traer cola y verse aderezada por algún fenómeno poco afortunado y menos bienvenido. Y así fue que, mientras Saturno salía a las calles de Arkham (los vecinos ya estaban acostumbrados a la ocasional visita de Dagón y otras manifestaciones similares, así que tampoco le prestaban demasiada atención), desde los túneles bajo la ciudad, en concreto desde las bases del Ejército Reptiliano Nazi del Lado Oscuro, tanto la próxima a la playa como la del interior, los motores se ponían en marcha y, en breve, se iniciaría la invasión navideña de Arkham.

Dirigida por el Generalleutnant Schneider montado en su Volkswagen Kübelwagen modelo 82 de mando, escoltado por varias unidades de Einsatzgruppen montados en sus minis, la toma de la ciudad comenzó. Tras los minis, aparecieron las panzerdivision con sus minitanques y acompañados de algún Führer hombre serpiente degenerado. Desde la zona próxima a la playa, las tropas anfibias de los RNLO tomaban posiciones, acompañadas por escuadras de sharkjellyfishes con exoesqueletos adaptados para permitirles moverse fuera del agua y equipados con depósitos de agua marina y de oxígeno para poder respirar y mantenerse hidratados. Desde las afueras de la ciudad entraron un robot gigante nazi Mk II y varios escuadrones de armaduras potenciadas, exoesqueletos blindados Ritter Mk IV. Formando filas ordenadas y con un ritmo de avance implacable y perfectamente coordinado y sincronizado, la invasión de la ciudad por parte del ejercito reptiliano habría sido capaz de hacer temblar a cualquiera y de hinchar de fervor los corazones de los partidarios de la ideología de estos seres.

Pero algo extraño estaba sucediendo. Pese al aire marcial de la marcha militar y el impactante avance, la gente no parecía asustada, sino alegre y recibía a los reptilianos nazis con muestras de regocijo y aplausos. Aquello no estaba saliendo como esperaban. ¿Tanto tiempo tratando de conquistar la ciudad y fracasando estrepitosamente para que, de improviso, los recibieran con aplausos y vítores? ¿Acaso habría bastado desde un principio con hacer semejante despliegue de poder militar? ¿Y donde estaban sus archienemigos, los morlocks comunistas del Equipo Exile? Todas estas preguntas tendrían su respuesta, pero, lo primero era averiguar que había sido de los posthumanos venidos del futuro de una línea temporal alternativa en la que formaban una sociedad marxista casi utópica. Y es que, hartos de los villancicos y del consumismos capitalista, habían optado por una retirada estratégica, retirándose a Dunwich, donde habían copado los Alojamientos Turísticos La Llave y la Puerta para gran regocijo de las welclones. Así pues, por ese lado, el camino parecía expedito. Sin embargo, estaba por resolver el tema del aparente regocijo con que eran recibidos. Los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro ya tenían claro que, tarde o temprano, deberían enfrentarse a alguno de los defensores habituales de la ciudad. Pero, por el momento, todo parecía ir bien, ¿o no? Al Generalleutnant Schneider le seguía reconcomiendo el recibimiento que les estaban dando hasta que, finalmente, cayó en la cuenta de lo que estaba pasando: Todos y cada uno de los soldados y vehículos estaban usando el camuflaje especial para operaciones de invierno, pero la modalidad “Solsticio invernal”, preparada para actuar de forma encubierta en las festividades conocidas propias de esas fechas del año. Traducido: Todos y cada uno de los soldados iban vestidos de Santa Claus y sus ayudantes elfos, y los vehículos estaban adecentados como trineos cargados con sacos llenos de regalos o a modo de árboles navideños con ruedas. Así pues, para los habitantes de Arkham lo que sucedía es que estaban viendo un desfile muy colorido con temática navideña. Pese a todo, y debido en parte al orgullo reptiliano y en parte al hecho de que los planes de los RNLO a menudo parecían sacados del guión de una mala película de serie B, Schneider optó por seguir adelante. Por lo menos, el camuflaje les ayudaba a mantener el factor sorpresa. Si ocupaban a tiempo todas las localizaciones importantes de la ciudad, podrían hacerse con el control de la misma de forma rápida, eficiente e incruenta.

La Universidad Miskatonic, junto con el Ayuntamiento, eran dos puntos importantes a controlar. Afortundamente, el Acalde Rice, acostumbrado a los peculiares acontecimientos producto del Efecto Arkham, que solían multiplicarse en fechas señaladas, había hecho instalar un sistema de seguridad de alto nivel, capaz de convertir el edificio en un bunker muy difícil de penetrar. Además, el máximo mandatario de la ciudad había hecho reunir en aquel lugar a su mujer y su amante (que se llevaban sospechosamente bien desde las navidades pasadas cuando Welcome se ocupó de reconciliarlas) y al equipo Tiamat de GodHunters de Omicron Scorpions. Cualquiera que intentara tomar el Ayuntamiento de Arkham por la fuerza lo iba a pasar bastante mal.

Pero antes de que las tropas reptilianas llegaran hasta sus puntos clave, primero debían cruzar la ciudad. Por ello, una de las columnas pasó por las inmediaciones del Arkham City Mall, donde Summanus y Brontes trataban de guiar a Saturno, antes conocido como Cronos, a través de la ciudad sin que se montara algún desastre. Así pues, cuando los primeros Reptilianos Nazis del Lado Oscuro ataviados con sus disfraces navideños giraron una esquina y se encaminaron hacia los dos dioses y el dinosauroide, quedó claro que algo iba a pasar.

Saturno, que seguía siendo un gigante, contempló sorprendido la parada militar navideña, pero Brontes y Summanus no tardaron en darse cuenta de lo que estaba pasando. En esta ocasión, les tocaba a ellos salvar la Navidad. El cíclope se alegró, a fin de cuentas, hacía tiempo que no se metía en una pelea a su altura, ni les daba una buena paliza a los RNLO. Por ello, invocó su armadura y sus armas. Así, ataviado como un hoplita heavy cuyo vestuario ha sido diseñado por H. R. Giger, con un martillo en cada mano, se preparó para entrar en acción. Summanus, por su parte, no disponía de poderes semejantes, y su arsenal personal estaba en La Llave y la Puerta. A fin de cuentas, él era el administrador y director de la residencia, no era habitual que tuviera que entrar en combate. Pero sabía de alguien que, pese a ocuparse habitualmente de tareas burocráticas, administrativas y rutinarias, no tenía reparo en meterse en una buena pelea. Bueno, a pesar de ello o a causa de ello. Así pues, sacó su teléfono móvil y llamó a El que Legisla tras el Umbral. El Primigenio legal estaría encantado de desempolvar sus armas y meterse en una reyerta con los RNLO o con quien hiciera falta. Pero, mientras tanto, tenían que tratar de no montar demasiado follón dentro de las calles de Arkham.

Saturno, sorprendido ante las acciones de sus guías en la ciudad, les interrogó al respecto. No fue fácil explicarlo de forma breve, pero lo lograron. Al dios no le resultó demasiado difícil comprender que esos sujetos escamosos con sus extrañas ropas y sus vehículos lo que querían hacer era conquistar la ciudad y establecer un reinado oscuro que, entre otras cosas, acabarían con todas las tradiciones y celebraciones conocidas, incluidas las referentes al propio Saturno. También entendió que tanto Brontes como Summanus formaban parte de los defensores de Arkham para enfrentarse a este tipo de amenazas. Por ello, ya que se había reencontrado con un viejo conocido y que aquel mundo no parecía estar tan mal, pese a los cambios que había encontrado, decidió apoyarles.

No hay que olvidar que Saturno, o Cronos como fue llamado originalmente, tenía poder sobre el tiempo, ya que este era su dominio divino. Así pues, se preparó para entrar en combate, aunque estaba algo oxidado, pues llevaba bastante sin ejercer. Por ello, y para evaluar las capacidades de sus nuevos amigos, decidió verles en acción. Brontes, que, como ya se ha comentado, llevaba tiempo sin estar en una pelea a su nivel, optó por desatarse su poder pero con precaución para causar los mínimos daños posibles. Hay que recordar que, tanto el cíclope como los demás dioses, ya sean los que forman Alfa Strike como los que van de forma independiente, no suelen liberar todo su potencial. Su tiempo como entidades superpoderosas que regían el destino de los hombres ya quedó atrás, y prefieren dedicarse a otros asuntos más productivos. Eso no quiere decir que, ocasionalmente, les guste estirarse un poco y ponerse en modo dios.

Así, fue un Brontes desatado el que se puso en el camino de la marcha militar reptiliana. Estos, al ver al musculoso coloso ante ellos, optaron por tratar de arrollarlo. Pero el cíclope, que no estaba dispuesto a dejarse atropellar, cargó contra la columna, destrozando a martillazos el primer vehículo, un mini que quedó rápidamente reducido a chatarra. Para los demás, provocó una serie de relámpagos en cadena que frieron los motores, inutilizándolos. Tras esta demostración de poder, los RNLO tuvieron que reagruparse y redirigir las columnas hacia la posición de Brontes, donde se había iniciado la batalla por Arkham. Mientras tanto, el cíclope aprovechó para acabar de reducir a chatarra los vehículos y enzarzarse en feroz contienda contra los soldados reptilianos. Bueno, eso de enzarzarse es un decir. A fin de cuentas, Brontes, incluso sin desplegar todo su poder, era un adversario bastante peligroso. En pleno modo dios, era, sencillamente, imparable contra las unidades de infantería de los reptilianos. Por ello, no necesitó demasiado tiempo para acabar con aquella columna. Sin embargo, se acercaban refuerzos a la zona, por lo que las cosas se iban a complicar bastante en las calles. Pero Saturno, que se había divertido al ver actuar a Brontes, decidió que ya era hora de demostrar para que servían sus poderes.

El dios alzó las manos y, de inmediato, detuvo el tiempo a todas las unidades reptilianas. Todas las tropas de los invasores lacerto-nazis quedaron congeladas. En realidad, lo que sucedía es que el tiempo para ellas transcurría sumamente despacio. El siguiente paso de Saturno fue sacarlas de la corriente temporal, detenerlas por completo y dejar que el tiempo siguiera su avance. No fue durante mucho tiempo. A fin de cuentas, Saturno llevaba mucho sin ejercer sus poderes y lo que quería hacer requería precisión. Pero, a fin de cuentas, la velocidad media de rotación de la tierra es de 29,8 km/s por lo que, si los mantenía estáticos y fuera del tiempo un sólo segundo, se verían desplazados a casi 30 km de distancia. Por ello, 5 segundos más tarde, los sorprendidos y aturdidos reptilianos, con el  Generalleutnant Schneider sumido en el más absoluto desconcierto, se encontraron en perfecta formación de columnas a cerca de 150 km de la ciudad. Ciertamente, tenían por delante una larga marcha para volver a las bases. Y es que el ataque podía considerarse un fracaso. No sólo los defensores habían hecho gala de unas capacidades nunca vistas hasta el momento, sino que, además, estaban ya completamente prevenidos. Por ello, reconociendo la derrota, Schneider decidió ordenar la retirada. Ya llegaría el momento de un nuevo ataque. Mientras tanto, no había más remedio que volver a las bases y evaluar los daños.

Mientras tanto, en Arkham, Brontes y Summanus quedaron tremendamente sorprendidos ante los poderes de Saturno. Ciertamente era una figura a tener en cuenta, uno de los grandes dioses del pasado remoto, al nivel de Tiamat. Por suerte, no se había mostrado agresivo ni contrariado con su regreso, e incluso parecía haberse divertido al hacerse cargo de los reptilianos. Fue precisamente en ese momento cuando llegó El que Legisla tras el Umbral. Cuando le avisó Summanus estaba en su despacho de la residencia universitaria, por lo que no estaba lejos, y por ello, se presentó armado hasta los dientes, aunque con su traje habitual. Resultaba un tanto curioso verlo así, sobretodo porque había llegado tarde. Así pues, con el abogado armado y sin nada que hacer, optaron por, ya que estaban todos juntos, celebrar la saturnalia, la Navidad, el sol invictus, el Yule, o lo que fuera, total, era tiempo de festejos.

Por ello, mientras los RNLO trataban de organizarse para el regreso a las bases, las calles retornaban a la normalidad (o algo así) y dos dioses y un primigenio abogado optaban por montar su propia fiesta. Al mismo tiempo, en la habitación de Welcome en La Llave y la Puerta, la joven levantó la vista y alzó un momento la cabeza.

-¿Es cosa mía o acaba de pasar alguna cosa rara en las calles? -dijo.

La mano de Kate se posó sobre su cabeza y la empujó hacia abajo.

-Tu calla y sigue, que no quiero que me dejes a medias.

Evangeline, que tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de hacer que su novia tuviera un orgasmo espectacular con sexo oral, bajó la cabeza y se deseó para sus adentros una feliz Navidad mientras se dedicaba a dar placer a Kate. Para ella no había nada mejor en ese momento ni mejor manera de disfrutar de las fiestas.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Weird Christmas IV: El advenimiento de Saturno (parte 1)

Un chisporroteo y una explosión hicieron enmudecer al hilo musical del centro comercial. Ya habían sido demasiadas repeticiones de los mismos villancicos, todo el rato igual. Hasta una deidad del trueno como Brontes tenía un límite de paciencia. El no muy discreto rayo acabó con el bucle de villancicos y el cíclope respiró aliviado.

-Ya estaba harto -dijo.

-Podrías haber sido un poquito más sutil -comentó Summanus mientras miraba los altavoces echando humo.

-He sido todo lo discreto que he podido ser después de la decimonovena vez que ha sonado Jingle Bells -respondió Brontes -. Además, suficiente he tenido con el que me ha salido en el sorteo del Amigo Invisible de La Llave y La Puerta ¿El Gran y Poderoso E? ¿En serio participaba? Pero si es un sillón vacío ¡¿qué le regalo a un sillón?!

-No sé, una mantita o un forro... o un cojín -dijo Summanus intentando aguantarse la risa.

Brontes farfulló y siguió caminando entre las diversas tiendas del centro comercial que más se llenaba en esas fechas en Arkham. Efectivamente, estaba atiborrado, pero esta vez no tenía nada que ver con zombificaciones. Se trataba del consumismo habitual de las navidades. Hasta los profundos que habían ido a la ciudad por las protestas estaban haciendo compras navideñas. Aunque ellos fueran fieles seguidores de la Orden Esotérica de Dagón, las navidades se celebraban en todas partes. Los empleados de Byakhee Express se reunían en Kingsport para las fiestas, y en Las Tierras del Sueño también había celebraciones. Puede que cada uno tuviera su particular modo de celebración, pero en el fondo, todo era lo mismo. Aunque este año habría un invitado especial.

El móvil de Brontes comenzó a vibrar una y otra vez. Lo sacó del bolsillo para ver quién estaba dando tanta tabarra y se encontró con que eran notificaciones del ElderGodBook. Concretamente, notificaciones en un grupo llamado Dioses y Otros Seres Mitológicos Griegos. El origen de todo era un hilo que llevaba por nombre HA VUELTO (y no en forma de chapa). Brontes lo fue leyendo por encima mientras esquivaba compradores. Por lo visto, la mayoría de deidades griegas habían sentido una perturbación. Zeus se había escondido, y Hera aseguraba que no era con ningún ligue. Brontes no había sentido ninguna perturbación, pero esto quizá se debía a que los villancicos del hilo musical habían mantenido demasiado ocupado su odio. El hilo continuaba con algunos comentando que se dirigía a Arkham, ya que la publicidad del destino turístico divino había llegado hasta allí donde ÉL se encontraba.

-¿Qué es eso que miras con tanto interés? -preguntó Summanus.

-No sé... creo que se ha armado un jaleo y se dirige aquí -respondió el cíclope.

-Bien, se dirige aquí, menos mal, porque como aquí nunca pasa nada...

De repente, un temblor hizo bailar a todo el mundo en el centro comercial. Era como si algo enorme estuviera pasando por debajo del suelo de la ciudad. Un fuerte crujido y sonidos como rocas desintegrándose hicieron explotar algunos cristales, y el suelo del centro comercial se abrió como si alguien se hubiera llevado una porción de tierra de debajo. Todo el mundo se quedó mirando al oscuro agujero, del que salía polvo y una especie de humo, hasta que de allí surgió una mano, una mano grande, muy grande. La gente comenzó a apartarse, mientras el dueño de la mano iba saliendo del agujero. Se trataba de un humanoide de larga barba blanca del tamaño de un edificio de dos pisos. Si no fuera porque el centro comercial tenía tres, habría atravesado el tejado. Vestía lo que parecía un túnica bastante usada.

-Ho, ho, ho... oooh ough ¡cof! ¡Cof! ¡Cof! Cuanto polvo, pensaba que estaría más limpio el mundo -dijo el ser con una voz atronadora.

-¡Alguien ha agigantado a Santa Claus! -exclamó Summanus.

-¿Qué Santa Claus ni qué leches? -le dijo Brontes -. El que tienes delante es alguien más antiguo. Él estuvo aquí antes que todos nosotros, y reinó en la edad de oro olímpica... hasta que le dio por comerse a sus hijos.

-¿Me estás diciendo que es Cronos? -dijo Summanus retrocediendo lentamente.

-Disculpa, mortal de piel escamada, pero ya no respondo por ese nombre -le dijo la gigantesca figura -. Después de pasar eones encerrado por el mujeriego de mi hijo y su panda de traidores, fui descubierto por una simpática gente que no sé por qué le dio por llamarme Saturno. Eran tan majos que no les saqué del error... al menos me adoraban y me ofrecían fiestas y sacrificios, no como los ingratos de mis hijos.

-Entonces... ¿no vienes cabreado y con ganas de venganza? -preguntó Brontes.

-Oh, no, para nada. Milenios encerrado hicieron que se me pasaran las ganas de vengarme de nadie. Sólo he venido para ver cómo se celebran actualmente las festividades en mi honor, las saturnales.

Brontes y Summanus se miraron el uno al otro. Cronos creía que seguían celebrándose las saturnales. Seguramente se había perdido toda la historia desde la caída del imperio romano. Por lo tanto se había perdido todo el sincretismo de las saturnales y la fiesta del Sol Invictus con las celebraciones cristianas aderezadas con un poco de la iconografía de las festividades nórdicas. Quizás es algo que e Cronos no se tomara muy bien.

 -Poderoso Cronos... -fue a decir Brontes.

-Saturno. Ahora respondo al nombre de Saturno -le interrumpió la deidad.

-Vale... pues eso... me llamo Brontes, soy el único superviviente de mi generación de cíclopes, señor del trueno y las tormentas, y este es Summanus, un buen amigo. Quizás quiera usted que le mostremos las celebraciones actuales.

-¿Tú eres Summanus? -preguntó Cronos... eh... Saturno -En los tiempos que recibía constante adoración, también conocí a un dios con ese nombre. Si no recuerdo mal, era el dios de las tormentas nocturnas.

-Ese es otro Summanus -explicó el dinosauroide -. Si usted quiere, podemos llamarlo para que hablen de los viejos tiempos.

-Eso puede esperar, ahora quiero ver cómo los mortales celebran mi festividad.

La gigantesca deidad miró a su alrededor y se fijó en la gente cargada de bolsas y con paquetes con papel de regalo. En cuanto habían visto que no había peligro, los habitantes de Arkham habían seguido con sus fiestas navideñas.

-¿Qué hacen esos mortales, oh, Brontes de la tormenta? -preguntó Saturno.

-Están comprando regalos. Esos regalos los intercambiarán con amigos y familiares -explicó el cíclope.

-¡Oh, me alegra ver que las viejas costumbres de las saturnales no se han perdido! Intercambio de regalos... ¿también se celebrarán los banquetes?

-Comilonas de navidad... por supuesto, se celebran en familia y en cenas de empresa que acaban con la gente borracha perdida.

-¡Así me gusta! Banquetes como en los viejos tiempos. Con mucha comida, mucha bebida y embriaguez -dijo satisfecho Saturno -. Espero que también se mantenga la divertida costumbre del intercambio de papeles entre esclavos y señores.

-Eeeeeuh... hace mucho tiempo que se erradicó la esclavitud -dijo Brontes con un hilo de voz.

-¿Ya no hay intercambio de papeles? Pero si era de lo más divertido...

-Ya, pero los mortales vieron que la esclavitud era algo malo y decidieron abolirla -dijo Summanus.

-¡Bueno! Mientras lo demás siga igual no importa. Ahora dejadme ver esta famosa ciudad. Tengo entendido que el turismo divino es de lo mejor.

La gigantesca deidad fue caminando hacia las puertas del centro comercial y las atravesó. También atravesó la pared y todo lo que tenía por delante, dejando restos por todas partes.

-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Summanus -Parece que está de muy buen humor, pero las celebraciones han cambiado mucho desde su época.

-Vayamos con él y hagamos lo posible por que no la líe. Con suerte será solo una visita más de un dios a la ciudad.

-¿Y si alguien de los habituales decide liarla?

-Esperemos que eso no pase.

                                                   *************************

En los túneles subterráneos bajo la ciudad de Arkham, unas pérfida inteligencias veían el espectáculo de la gigantesca deidad saliendo a las calles desde una pantalla. Eran un grupo de reptilianos que algunos habitantes de Arkham conocían muy bien. Los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, cuyos planes incluían encontrar el paso a la Tierra Hueca y, de paso, conquistar la superficie hasta que dieran con su objetivo. El que más animado miraba era el Generalleutnant Schneider, que fruncía el ceño y apretaba el ojo que mantenía su monóculo. Detrás de él, varios cargos inferiores y soldados rasos también eran testigos de las recientes novedades de Arkham.


-Essss perfecto -dijo Schneider -. Ahora que essssstán ocupadossss con la llegada de esssse gigante, esss el momento de lanzar nuessssstro ataque contra nuestros enemigosss de la sssuperficie.


-Pero, ssssseñor, la pressssencia de sssssereessss gigantesss es habitual en la ciudad ¿por qué esta es la ocasssión idónea? -preguntó un soldado reptiliano.


-Porque lasss otrassss vecesss Hermann no podía venir.


Varias voces salieron entre los soldados reptilianos.


-Sí, pobre Hermann ssssiempre que íbamosssss a realizar una invassssión le surgía algo.


-O ya había quedado y había que atrassssar el ataque.


-Oh, pero eso ya no importa -dijo Schneider con una sonrisa -. Hoy esss un día gloriossso. Es el día en que el Reich reptiliano conquissstará la ciudad de Arkham.


Los reptilianos comenzaron a movilizarse. Esas navidades, Arkham no sólo tendrían un invitado inesperado.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Pesadilla en la cafetería de La Llave y La Puerta

Un especial en King-In-Yellow Size porque al autor se le ha ido de las manos

Las fechas navideñas hacían que, por la mañana, lo primero que le apetecía a Seabury Q. Pickman era una buena taza de chocolate caliente hecho por Unglaublich. Aquel ser ultraterreno tenía una capacidad especial a la hora de elaborar chocolate, el suyo sabía mejor que cualquier otro que hubiera probado Seabury.

Con la intención de tomar su dulce desayuno, se dirigía Seabury hacia la cafetería, pero por el camino le interceptó Summanus. A esas horas de la mañana no le apetecían líos, y menos aún sabiendo que, cuando llegara a la universidad, le esperaban unos cuantos trabajos sobre antropología realizados por alumnos que pretendían destruir la cordura de sus profesores, aunque no fuera intencionadamente.

-Buenos días, Seabury. La decoración de navidad de la residencia ya ha sido colocada. Hemos tenido que lidiar con varios habitantes de la dimensión de La Meseta del Sonido que querían servir de hilo musical navideño, pero con los últimos incidentes con hilos musicales y seres hechos de sonido, he preferido declinar la oferta.

-Una información muy interesante, Summanus pero ¿por qué me la cuentas a mi? Los asuntos de la residencia son más cosa de Anna y Harvey que mía.

-Ya, pero ellos tienen un problema en Dunwich. Alguien ha creado un muñeco de nieve que ha cobrado vida y está tirando bolas a todo el que se acerca. Cualquiera diría que eso es poca cosa, pero el dichoso las aprieta bien y hacen daño, así que tienen que acabar con él antes de que la cosa se le vaya de las manos a alguien.

-Oh, genial. Pues bien. Buen trabajo, Summanus. Sigue así -le contestó Seabury mientras sacaba su pipa del bolsillo de la chaqueta.

-¿No es muy temprano para fumar, si no es indiscreción? -preguntó el dinosauroide.

-No estoy fumando. Por las mañanas llevo la pipa sólo por costumbre.

-Vamos, que la llevas por postureo -dijo Summanus.

-No, no, querido amigo, no es algo tan trivial.

Summanus prefirió no seguir con el tema.

Cruzaron la puerta a la cafetería. Algunos huéspedes estaban desayunando en las mesas, y alguno tomaba un café bien cargado en la barra. Seabury fue directo a la barra para poder disfrutar de su deseado chocolate. Summanus se sentó a su lado. Uno de los camareros se acercó.

-Quiero una buena taza de chocolate caliente al estilo Unglaublich -dijo el profesor.

El camarero hizo una mueca.

-Lo siento, señor, pero Unglaublich está de vacaciones esta semana -contestó este.

-¡Oh, es verdad! Ha tenido que ir a una reunión de Servidores de los Otros Dioses y le hemos adelantado las vacaciones -aclaró Summanus.

-¿Eso quiere decir que no tendré su delicioso chocolate? ¡Hoy tengo que corregir trabajos que harían saltar los ojos al estudiante de artes arcanas más curtido! -se quejó Seabury.

-Venga, no será para tanto -le dijo Summanus.

-Son los alumnos de primero... no sabes los horrores que pueden surgir de algo escrito por los que se enteran menos del tema o buscan la información en sitios cuestionables. El profesor de Introducción a la Sociología del año pasado acabó peor que si hubiera leído El Rey de Amarillo.

-Quizás por cosas como esas hay gente que cree que tu universidad es una escuela de magia o algo así.

Seabury fue a contestar, pero el camarero que esperaba su pedido empezó a moverse con un baile extraño. Todo su cuerpo empezó a temblar después del bailoteo enfermizo y, después, de su boca surgió un espeso líquido oscuro que cayó sobre la barra.

-Menuda fiesta se pegaría este ayer, no he visto una vomitera peor desde la nochevieja que dio lugar al Mad Arkham -comentó Summanus.

El líquido que resbalaba por la barra comenzó a moverse y a tomar una forma tentaculada, que cogió un platillo y lo lanzó en dirección al dinosauroide.

-¡¿Pero qué leches bebió este tío anoche?! -exclamó Summanus.

De la zona de la cocina comenzaron a salir disparados platos, sartenes y cacerolas. Seabury y Summanus se agacharon ante el inesperado ataque. El dinosauroide asomó un poco la cabeza y vio que todo el equipo de cocina se encontraba en la misma situación que el camarero que tenían delante, y el extraño líquido oscuro se dedicaba a tirar todo lo que encontraba en su camino.

-Genial -dijo -, se van los que se encargan de estos líos a Dunwich y justo entonces se lía parda en la cocina de la residencia.

-¡¿Qué es eso?! -preguntó Seabury cuando fue a mirar por curiosidad y vio que todo el líquido oscuro se iba reagrupando en una espesa e informe masa.

-No creo que sea una resaca...

La masa informe lanzó una especie de alarido y comenzó a borbotear mientras con varios tentáculos destrozaba todo lo que caía cerca de ella. Ahora los camareros y cocineros estaban todos en el suelo, inconscientes.

Summanus volvió a asomar la cabeza y vio a la cosa moviéndose dejando un rastro en el suelo que cabrearía mucho a Araknek. No paraba de borbotear y golpear estanterías. Y, en un rincón, vio a uno de los trabajadores de la cocina, totalmente consciente e intentando esconderse en un armario.

-Allí hay alguien que puede darnos una respuesta a qué está pasando -dijo Summanus.

-¿Y cómo hacemos para alcanzarlo? -preguntó Seabury.

-Tendré que entrar ahí dentro, cogerlo y traerlo con nosotros.

-¿Vas a hacer eso?

-¿Prefieres ir tú, Seabury?

-¿Pero por qué tipo de chalado me tomas?

-Lo que esperaba.

Summanus dio un salto y entró en la cocina, agachado y aprovechando el sigilo de sus manos dinosauroides. Era fácil esquivar a la masa informe, ya que iba borboteando y rompiendo cosas, sólo había que ir por donde no hubiera jaleo. Llegó hasta el armario donde el pobre trabajador intentaba esconderse y, sin ningún reparo, lo sacó y se lo echó al hombro. En ese momento la masa amorfa se dio cuenta de su presencia y lanzó un alarido, tras lo que Summanus recibió una lluvia de materiales de cocina. Esquivó los que pudo y llegó hasta la barra, la cual saltó y volvió a su lugar de origen.

-Muy bien, amigo, vas a decirnos qué puñetas ha pasado aquí -preguntó el dinosauroide. Su disfraz de humano había recibido varios daños y el bigote falso se había quedado pegado a un zarcillo de la criatura amorfa.

-Lo único que sé es que, cuando hemos empezado a preparar los desayunos, hemos usado un tarro que había guardado con llave. Tenía un cartel que decía "cereales", pero dentro había una especie de arenilla oscura. Supusimos que serían cereales triturados y fuimos a cocinarlos.

-Mierda... mierda, mierda y más mierda -dijo Summanus -. El armario cerrado con llave es el de los ingredientes especiales de Unglaublich. Los guarda ahí para cuando quiere echarse un tentempié.

-Genial, y precisamente hoy está de reunión con sus coleguitas -masculló Seabury.

-No importa, llámalo por teléfono y pregunta qué diantres había en el bote de "cereales".

-¿Tú estás tonto, Summanus? ¿Cómo voy a llamarlo por teléfono si está a cientos de años luz de distancia de La Tierra?

-Su móvil es especial, como el de la mayoría de dioses, seres extradimensionales, y alienígenas que conocemos. Mediante una tecnología que haría mearse a un ingeniero humano esos teléfonos son capaces de recibir llamadas hasta desde otras dimensiones.

Seabury se encogió de hombros y sacó el móvil de su bolsillo. El tono de espera de Unglaublich era una polca que estaba empezando a sacarle de quicio, hasta que el servidor de los Otros Dioses respondió.

-¡Hola, Seabury! ¿Qué pasa? -dijo la inhumana voz que se escuchaba a través del dispositivo.

-No queríamos interrumpir tus vacaciones... -Una olla pasó casi rozando a Seabury -. Alguien en la cocina ha estado trasteando en tu armario y ha sacado algo que había en un bote que se supone que eran cereales, cuando han ido a preparar el desayuno, los "cereales" se han convertido en un engrudo negro que está destrozándolo todo.

-Ooooh ¿cómo se les ocurre abrir ese armario? ¿Y cómo lo han abierto, ya que estamos?

-¡No lo sé! ¡Eso es lo de menos! ¡Dinos qué diantres es esa cosa y cómo podemos detenerla!

-Pues se trata de café de las Híades. Está riquísimo, pero si no lo preparas con la elaboración adecuada, cobra conciencia de sí mismo, se mete dentro de criaturas inferiores para madurar, y después sale como una masa con mala leche. Es invulnerable a golpes, fuego, electricidad, denuncias de abogados o de la fiscalía, y la magia tampoco le hace nada.

-¿Me estás diciendo que esa cosa está hecha de café? -preguntó Seabury.

-Sí, café ¿por qué?

                                                             ***************

Los morlocks comunistas recibieron la llamada de los Pickman y estos pasaron el mensaje a Konstantin, que fue en busca de lo que se le había pedido. El morlock encontró lo que necesitaban sentado en un sillón viendo un episodio de Star Trek La Nueva Generación, le explicó el problema y saltó corriendo en dirección al túnel que llevaba a los sótanos de la residencia estudiantil.

                                                             ***************

La masa de café de las Hyades parecía estar cabreándose. Ya no sólo tiraba artilugios de cocina, ahora estaba lanzando camareros y cocineros, que eran atrapados por la lengua de Summanus antes de que se dieran un buen golpe. El ser no paraba de lanzar alaridos y extenderse  por toda la cocina. Ya amenazaba con salir fuera y seguir destrozando todo lo que se encontrase.

Entonces, la puerta de la cafetería se abrió de golpe, dejando ver a una morlock vestida con el uniforme de la Federación de Planetas y un sistema de respiración incorporado. Clavó su mirada en la masa amorfa y se quitó de la boca la mascarilla, con una sonrisa. No había desayunado.

La masa amorfa pasó sobre la barra y comenzó a intentar atacar a todos los que estaban parapetados allí, pero una centella saltó sobre ella. La masa comenzó a convulsionarse, y decidió retroceder, pero fuera lo que fuera lo que le estaba atacando era más rápida que ella. En cuestión de minutos, la masa se había convertido en un pequeño montón de materia negra, que acabó en una taza y, de allí, a una boca.

-Summanus, te presento a Olga Pum'Ukki. Se nutre exclusivamente de café.

El dinosauroide miraba con los ojos como platos a la morlock. Ella sola se había comido/bebido/vete a saber a toda la masa de café extraterrestre. Ahora se la veía satisfecha.

-Gracias por el desayuno, camarada Pickman -dijo la morlock

-Es... es... fascinante -dijo Summanus todavía sorprendido por lo que acababa de ver.

-Gracias a ti por acabar con esa amenaza. Ha dejado la cocina hecha unos zorros -. Dijo Seabury.

-Ahora debo volver a los túneles. Me he dejado algo a medias. Larga vida y prosperidad, camaradas Pickman.

-Que la fuerza te acom... -fue a decir Summanus, pero Seabury le dio una colleja.

-Saga galáctica equivocada -le musitó.

La morlock salió de la cocina, con un alegre silbido y volviendo a ponerse su máscara, lo que hizo que el silbido disminuyera de volumen. Parecía verdaderamente satisfecha después de meterse entre pecho y espalda la masa informe de café espacial.

-Espero que hayáis aprendido algo de todo esto -le dijo Seabury a los trabajadores de la cocina, que empezaban a despertar -. No se toca el armario de Unglaublich.

-Le aseguro, señor, que no volverá a repetirse -le dijo uno, totalmente avergonzado.

-Me alegro, porque...

La puerta de la cocina volvió a abrirse y Seabury se giró como un resorte.

-¡¡¡¿Se puede saber qué ha pasado aquí?!!! -exclamó Araknek cruzando el umbral.

La puerta se cerró tras ella. Lo que sucedió después es algo que es mejor no contar.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Más allá de las estanterías conocidas

Un especial King-in-Yellow size donde se cruzan La Llave y la Puerta y Necrópolis de la Luna Negra

La Biblioteca de la Universidad Miskatonic, la última frontera. Más allá de sus puertas, coronadas por el lema de la institución, "Ex Ignorantia Ad Sapientiam; Ex Luce Ad Tenebras" ("De la Ignorancia a la Sabiduría; de la Luz a la Oscuridad"), se recogen ejemplares únicos, raros y valiosos de tomos arcanos y prohibidos, inclusive el ignoto Necronomicon. Pero no sólo en esto reside el valor de este edificio. En su interior se hallan los tesoros bibliográficos que ayudan a los estudiantes a avanzar en sus carreras y al cuerpo de profesores a documentar sus clases y preparar sus investigaciones. Por ello, en tiempos de exámenes es uno de los lugares más populares de la universidad. También es cierto que por estas fechas hace un frío que pela y no hay ganas de tumbarse en el césped a hacer el vago ni estar por la calle más allá de lo necesario. Para eso están los túneles bajo la ciudad, que también ven incrementado su tráfico habitual. Pero, la principal ventaja de la biblioteca es que se está tranquilo y hay calefacción. Pero el conocimiento es poder, tal y como demostró Terry Prattchett con su conocida fórmula:


De esta manera, la biblioteca podía convertirse en un pasaje a otros mundos, a otras bibliotecas en el espacio y el tiempo, conectadas a través del Espacio-B. ¿Y a que viene todo esto? Por la sencilla razón de que un pequeño grupo de estudiantes había desaparecido. Se habían introducido por otros pasillos del edificio y nadie había vuelto a verlos. Así pues... ¿a quién iban a llamar?

Al día siguiente de la desaparición, tras resolver todos los trámites habituales, comprobar las cámaras de seguridad, y cerciorarse de que no habían actualizado sus estados en redes sociales, entre otros procedimientos, tanto la policía como las autoridades universitarias se declararon perplejos por la misteriosa desaparición. Por ello, tras consultar con Harvey y Anna Pickman, optaron por acudir a la superheroína oficial de Arkham: Delta Wave Welcome.

Tras recibir la llamada telefónica informándola de la situación, Evangeline “Welcome” Parker  empuñó su espada mágica, Ouroboros y la desenvainó, alzándola sobre su cabeza mientras proclamaba: “¡Yo soy Delta Wave Welcome! ¡Yo tengo el poder!”, desencadenando así la transformación. Una vez ataviada con su ropa de combate, una vestimenta y armaduras propias de una doncella guerrera vikinga, la heroína se encaminó hacia el Departamento de Ingeniería donde encontró a Brontes. El dios griego cíclope, profesor de Ingeniería Dimensional, se hallaba metido en uno de sus habituales embrollos planificando las clases para después de las vacaciones invernales. La charla fue breve y se resumía en lo siguiente: Si los estudiantes habían desaparecido en la biblioteca y esta se conocía perfectamente, era porque ya no estaban en este mundo. De alguna forma habían acabado viajando entre las esferas de la realidad y estarían en otro plano de existencia. Por ello, ya que Brontes además de ser un dios del trueno era también un experto ingeniero y se le daban bien los problemas interplanares, seguro que podía dar con alguna solución para averiguar donde demonios se habían metido los estudiantes desaparecidos. Una vez averiguada su localización, Delta Wave Welcome podía usar su espada para crear un portal hasta allí. Brontes no tuvo más que plegarse ante la lógica exhibida por la joven guerrera, y, tras equiparse con su armadura de combate y recoger su peculiar ordenador portátil y algunos aparatos que consideró podrían ser de utilidad, indicó que estaba listo para partir.

Cuando llegaron a la biblioteca, la policía, el bibliotecario jefe, algunos otros profesores y algunos miembros de la Fundación Wilmarth los estaban esperando. Estos últimos en realidad no, y les molestaba ver llegar a Delta Wave Welcome. Consideraban a la heroína como una molesta entrometida cuando se trataba de asuntos relacionados con las DCC (Deidades del Ciclo de Cthulhu) y CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) ya que sospechaban que había sido un vagabundo dimensional el que había secuestrado a los estudiantes. Y por ello, estaban tratando de conseguir el permiso para actuar. Así, utilizando sus piedras estrella y demás artefactos, darían con el culpable y lo derrotarían al estilo de la Fundación: poniéndole una bomba. Pero Welcome, que ya estaba acostumbrada a estos cazadores de monstruos venidos a menos y poco eficaces, optó por ignorarlos y entrar en el edificio seguida por Brontes.

Eran una curiosa pareja la que entró: un enorme coloso de algo más de dos metros, sumamente musculoso y robusto, de espaldas anchas como un armario ropero y cuerpo que seguía las mismas proporciones, todo ello coronado por una cabeza tocada por una abundante melena rojiza. Vestía con una armadura hoplítica que parecía diseñada por H.R. Giger, pantalones vaqueros y gruesas botas de cuero con puntera metálica. De su cintura colgaba un martillo, y llevaba una caja con varios artefactos en la mano izquierda mientras que en la derecha traía su portátil. El bibliotecario jefe les siguió y les indicó donde habían sido vistos los estudiantes por última vez. El leve olor a marihuana que detectó Welcome le indicó que, ciertamente, habían pasado estudiantes por allí, y que no estaban muy por la labor de estudiar. Pero decidió ignorar esto, ya que el bibliotecario, con la nariz congestionada por un monumental resfriado, era incapaz de oler una pluma ardiendo bajo su nariz. Así pues, mientras examinaba las estanterías en busca de alguna pista, dejó a Brontes trabajar.

Éste se dedicó a extraer diversos artefactos y montarlos sobre trípodes, calibrarlos y tomar mediciones con ellos. A fin de cuentas, si alguien era capaz de detectar una apertura interdimensional y rastrearla ese era Brontes. Bueno, también podría haber llamado a Tiamat, pero meter a la diosa del Caos en el campus universitario en plena temporada de exámenes y con las vacaciones invernales casi a la vuelta de la esquina habría sido como entregar un culto recién iniciado a Nyarlathotep: una invitación al desastre creativo. Afortunadamente la sumeria gustaba poco del frío de Nueva Inglaterra y se había retirado a otras latitudes temporalmente.

Así pues, tras una hora de aburrida exploración de las estanterías y manejos diversos de Brontes, éste último aviso a Delta Wave Welcome de que había encontrado algo. El cíclope le explicó que había encontrado indicios de una rasgadura dimensional. Al parecer, los estudiantes desaparecidos se las habían apañado para, seguramente de forma inconsciente, acceder al Espacio-B y, desde este, podrían llegar a cualquier biblioteca en toda la extensión del espacio-tiempo. Eran malas noticias, pues, al no saber cual era su destino exacto, la heroína no podía abrir un portal directamente al lugar al que habían llegado. Por ello, Brontes le explicó que lo único que podían hacer era acceder al Espacio-B (tras explicarle que era esto), y seguir su pìsta. A fin de cuentas no debería ser demasiado difícil rastrear a unos estudiantes fumados. Por ello, y a falta de un plan mejor, optaron por seguir este rumbo de acción.

Brontes, tras realizar unas consultas a través de su portátil, recogió todos sus aparejos, los dejó debidamente empaquetados y a cargo de un bibliotecario y, cogiendo a Welcome de la mano, se dirigió hacia una de las estanterías. En una situación convencional, se habrían estrellado de morros contra la misma, pero aquello tenía poco de convencional. Por ello, cuando la joven esperaba topar contra los libros, se encontró de improviso en medio de un interminable pasillo idéntico al que acababa de abandonar. Tal y como Brontes había previsto, estaban en el Espacio-B, y seguir el rastro no resultó muy difícil. Algunas colillas y libros tirados indicaban el camino seguido por los estudiantes fumados. Siguieron este rastro a través de pasillos eternos, cruces y salas de lectura. En una ocasión les pareció entrever la rojiza figura de un orangután y, poco después, encontraron los restos esqueléticos de unos desventurados que se habían perdido allí y sólo quedaban unas túnicas raídas y viejos huesos.

-Debía ser la expedición que enviaron para buscar la Sala de Lecturas perdida desde la Universidad Invisible -dijo Brontes.

-¿Y por qué solo quedan sus ropas y no hay rastro de sus botas? -preguntó Welcome, optando sabiamente por no indagar sobre el tema de la Universidad Invisible.

-Se las comieron los de la expedición que mandaron al año siguiente.

Tras este encuentro, y logrando evitar el peligro de los depredadores que acechan en el Espacio-B y de los inquietantes chistadores, suponiendo que, por puro azar, los estudiantes habían tomado caminos poco frecuentados, lograron llegar a una zona donde las estanterías eran más extrañas. Y no es que no lo fueran antes. A medida que se alejaban de la Miskatonic, los libros se volvían menos habituales y era más difícil leer sus títulos. Pero lo que habían encontrado ahora era realmente siniestro. Los estantes de madera habían dado paso a losas de piedra y mármol de aspecto lúgubre. Parecía que se habían introducido en el interior de un mausoleo muy culto. Finalmente, cuando llegaron a una intersección, al girar avanzaron unos pocos pasos antes de encontrarse fuera del Espacio-B. Aquel lugar al que emergieron parecía una inquietante combinación entre sala de lectura y tumba. Todo estaba construido en mármol, granito y piedra, con adornos metálicos y tallas realmente macabras. Parecía que Tim Burton y H.R. Giger se hubieran aliado para diseñar una biblioteca dentro de un mausoleo.

La atmósfera que se respiraba emanaba el olor a viejo del papel realmente antiguo, y el silencio era casi absoluto. La tranquilidad dominaba aquel lugar, como si estuviera completamente muerto. Delta Wave Welcome, pese a haberse encontrado en todo tipo de situaciones relacionadas con estudiantes (preferiría poder olvidar algunas, como el episodio de los estudiantes desnudos, la gelatina y el armario de las escobas), que se había enfrentado al Gran Cthulhu en persona, estaba nerviosa. Era normal, no se le podía reprochar. Aquel lugar era capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera. Por ello, desenvainó la espada y se preparó para la lucha. No había realmente nada amenazador, pero no por ello se sentía menos intranquila. Brontes, contagiado del estado de ánimo de su compañera, estaba también con los nervios de punta. Sin embargo, optó por no empuñar su arma, aunque mantuvo su mano cerca de la misma. Juntos, se dirigieron a la puerta que se situaba al otro extremo de la sala de lectura o tumba. Al abrirla, vieron algo que los dejó boquiabiertos: Se encontraban en medio de lo que parecía un inmenso cementerio. A primera vista no pudieron distinguir el tamaño del mismo, ya que se encontraban al nivel del suelo, pero su extensión les habría dejado sorprendidos. Se trataba de una enorme necrópolis construida en mármol y granito, con una arquitectura funeraria alienígena y macabra. Los mausoleos de diversos tamaños lo cubrían todo hasta donde podían ver, organizados por manzanas y calles y la iluminación, pues era de noche, procedía de unas esferas radiantes que colgaban a distancias regulares. Al mirar al cielo, pudieron ver estrellas desconocidas y una luna enorme y oscura, muy alejada de la esfera plateada a la que estaban acostumbrados. Ciertamente ya no estaban en Arkham.

Pero incluso en aquel extraño cementerio lograron encontrar un rastro dejado por los estudiantes desaparecidos. Parecían tener una provisión interminable de tabaco y papel de fumar, aunque la maría parecía haberse acabado durante el trayecto por el Espacio-B. Pero eso no les había impedido seguir fumando como si el mundo se acabara y dejando un rastro de papeles rechazados y colillas. Siguiéndolo se toparon finalmente con algo que les descolocó. Era muy raro que aquella necrópolis estuviera abandonada, pues demostraba un buen nivel de conservación y no parecía desatendida, pues todo estaba limpio. Pero lo que se encontraron no era lo que esperaban.

Al girar una esquina se toparon con un grupo que avanzaba hacia ellos siguiendo el camino inverso. Estaba encabezado por un sujeto ataviado con una túnica morada con capucha y fajín negro. Parecía humanoide tanto por su aspecto general como por la estructura de su cuerpo, incluso las manos que emergían bajo las mangas, envueltas en guantes de cuero negro, parecían muy humanas. Caminaba cabizbajo, como siguiendo un rastro. Tras él avanzaba un breve cortejo formado por un par de gules, un sujeto pálido con aspecto depredador que parecía un vampiro y una peculiar y alienígena figura humanoide más grande que Brontes y que parecía una armadura movida por un intrincado sistema de mecanismos internos. Al verlos, Welcome aferró con más fuerza la espada, pero el cíclope le indicó con un gesto que bajara el arma. Ya sabía donde estaban, aunque lo había sospechado desde poco antes de abandonar el Espacio-B.

El encuentro entre los dos grupos fue tenso, pues se contemplaron con suspicacia durante unos instantes. Entonces, el sujeto vestido de morado se retiró la capucha, revelando un rostro cadavérico, con la piel apergaminada y pegada al cráneo, portando una corona metálica y sencilla, poco más que un aro con un intrincado diseño grabado. Era un ser no-muerto, una pesadilla aberrante surgida de historias de ficción y hecha realidad. Se presentó como Zoltaris, Bibliotecario jefe de la Necrópolis de la Luna Negra y les interrogó sobre su procedencia y motivos para estar allí.

Brontes, confirmando así lo que pensaba, se presentó y explicó la razón que les había llevado hasta ese lugar. Estaba sorprendido y asombrado. Había oído hablar de la Necrópolis de la Luna Negra, un cementerio-biblioteca de grandes dimensiones, uno de los refugios del saber que existían en las esferas de la realidad. Aquel lugar era lo más parecido a la Enciclopedia Galáctica de Carl Sagan, pero aplicado a la totalidad de la realidad. Existían otros lugares como aquel, depositarios de conocimientos de todo tipo, eran casi legendarios, aunque cualquiera que lograra encontrar el camino hasta allí era bienvenido siempre que respetara la santidad del lugar. Eran los sancta santorum del conocimiento. Cada uno tenía su propia identidad y personalidad, su propio carácter. Y la Necrópolis estaba constituida como un inmenso cementerio regido y habitado por muertos vivientes. Y Zoltaris, su bibliotecario jefe, era un liche, un poderoso mago convertido en no-muerto.

Tras el breve intercambio de información y presentación de Brontes y Delta Wave Welcome. Zoltaris les invitó a seguirles. Mientras avanzaban por las calles de la necrópolis, les explicó que habían llegado allí hacía poco unos sujetos problemáticos que ni siquiera sabían como habían acabado en aquel lugar. Debido a que no hacían más que mencionar la Universidad Miskatonic, decidió indagar personalmente para tratar de averiguar por donde habían accedido. Había que comprobar que no hubieran causado daños y si venía alguien más tras ellos. Y es que cuando se recibía una nueva visita había que ir con sumo cuidado ya que los conocimientos que se almacenaban allí podían resultar muy peligrosos en según que manos o ser objetivo de fuerzas deseosas de destruirlos. Por ello, al encontrar a Brontes y Delta Wave Welcome vio una solución a sus problemas. Zoltaris, deseoso de librarse de los estudiantes y centrarse en otros aspectos de la gestión de la Necrópolis, optó por conducirles directamente a donde tenía a los intrusos. Estos, encerrados en una celda mausoleo, se alegraron al reconocer a Delta Wave Welcome y Brontes. La joven les interrogó brevemente y, tras comprobar que no tenían la más absoluta idea de como habían acabado allí, intercedió ante el liche para asegurar su libertad. A fin de cuentas, con Ouroboros podía abrir un portal directamente a Arkham, y los desafortunados estudiantes nunca sabrían como regresar allí. Además, tras la experiencia, seguramente se les habrían quitado las ganas de intentar explorar nuevamente el Espacio-B. Ciertamente eran unos tontos con suerte, pues esa dimensión tenía sus propios peligros y los habían evitado sin darse cuenta. Pero la próxima vez tal vez no fueran tan afortunados.

Por ello, tras examinar Zoltaris la espada de Delta Wave Welcome y comprobar que, ciertamente, estaba atada a su propietaria, decidió liberar a los prisioneros y dejarles marchar. Lo último que necesitaba era estudiantes con ganas de fiesta en aquel lugar. Una vez fuera de la celda, se echaron a los pies de la heroína, agradeciéndole el rescate. La mujer, deseosa de acabar con aquello y regresar a Arkham, le quitó importancia y le pidió a Brontes que los cogiera y se los quitara de encima. Tras realizar esto el griego, Welcome abrió un portal a la biblioteca universitaria. Les hizo cruzar y, a continuación, pasó Brontes, no sin antes despedirse cordialmente de Zoltaris. La heroína, siguiendo las instrucciones que le dio en su momento Pkaurodlos, se despidió formalmente del liche, aunque recordaría aquel lugar pues tal vez pudiera serle de utilidad en el futuro. Tras esto, atravesó el portal, cerrándolo tras su paso. Con el caso cerrado, decidió hablar con Harvey Pickman. Un hechizo de olvido sería muy útil para que los estudiantes reaparecidos no hicieran correr demasiados rumores sobre el Espacio-B y la Necrópolis de la Luna Negra. A fin de cuentas, los universitarios de la Miskatonic ya eran bastante peculiares en Arkham. Lo último que necesitaban era que tuvieran acceso a una dimensión que conectara todas las bibliotecas del espacio-tiempo y a una ciudad biblioteca atendida por no-muertos. Pero, por el momento, aquello se podía dar por finalizado.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Invasión subliminal

Un homenaje a They Live! de John Carpenter

La puerta exterior de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta se abrió de golpe, haciendo que el  frío de primeros de diciembre entrara en el lugar. Un individuo con abrigo, gorro de lana y bufanda entró mientras el recepcionista se quejaba del frío que había entrado. El individuo ignoró al que se quejaba y fue directo a la cafetería de la residencia, allí se  quitó el gorro y la bufanda, dejando a la vista que se trataba de Robert M. Pickman.

En una mesa cercana estaban desayunando Anna y Harvey Pickman mientras hablaban de los actos que se realizarían en la residencia por las fiestas navideñas, así como la preparación ante los eventuales sucesos paranormales que no sería de extrañar que se desataran. Ambos se giraron hacia Robert, pues había entrado claramente alterado, y ambos se temieron lo peor.

-¡Rápido, tenéis que ayudarme! ¡He descubierto una horrible conspiración contra la ciudad de Arkham! -exclamó Robert.

Harvey torció el gesto.

-Ya te lo dije el otro día. Lo que hay en la universidad es una convención de arquitectos, no una reunión de masones -le respondió.

-No es eso. Es algo posiblemente peor. Los masones están controlados por sus enfrentamientos con los Illuminati y el Club Bilderberg, pero estos han conseguido llevar a cabo su siniestro plan. ¡Tenemos que detenerlos! ¡Liberar a la gente! ¡Despertar!

-Vale, vale, calma -le interrumpió Anna -. Ahora haz el favor de empezar desde el principio.

-Bien -dijo Robert mientras daba vueltas delante de la mesa y gesticulaba dramáticamente -. Todo comenzó cuando decidí comprar las gafas con capacidad de ver auras que vendían en TeleMagufoTienda. Cuando me llegaron parecían estar rotas, porque no veía auras ni nada, y fui a devolverlas cuando se me ocurrió que, igual, podría arreglarlas. Así que me puse en modo electricista y abrí el dispositivo que tienen en el puente de la nariz, que es el que detecta las auras, claro, no íbais a creer que me iban a timar diciendo que unas simples lentes podían hacerte ver auras, que no soy tan tonto...

-Robert... al grano -interrumpió Harvey.

-Bien, yo hice unos apaños en los circuitos del aparato y las volví a probar. Seguía sin ver auras, pero descubrí algo... algo peor... algo que os helará la sangre.

-¿Y qué fue eso tan terrible? -preguntó Harvey.

-Venid conmigo a la calle y lo veréis.

-¿A la calle con el frío que hace? Normal que digas que nos helará la sangre -farfulló Harvey.

Anna reprimió una carcajada y carraspeó para disimular mientras se levantaba para seguir a Robert al exterior de la residencia. Cuando estuvieron en la calle, en la gélida atmósfera invernal, Robert sacó las gafas del bolsillo de su abrigo y se las ofreció a Harvey.

-Póntelas y mira aquel cartel -dijo.

Harvey miró al cartel. Era un anuncio de una bebida para deportistas. Se estrechó de hombros, no perdía nada por ponerse aquellas ridículas gafas. Cuando se las puso, el anuncio fue sustituido por un cartel del fondo blanco y letras negras que rezaba TONTO EL QUE LO LEA.

-Bien... muy bonito, Robert... has descubierto la broma de algún gracioso de la ciudad que ha escrito con tinta especial el chiste más viejo del mundo.

-¡¿Pero qué dices?! -exclamó Robert quitándole las gafas de un manotazo. Se las puso y miró al cartel. Se las volvió a quitar y se las pasó de nuevo a Harvey -. Mejor mira a esos otros carteles de allí. Este es la prueba de que están tan seguros de haber ganado, que se pitorrean de nosotros.

Harvey resopló y se puso las gafas de nuevo. Miró a los otros carteles, y esta vez sí que vio algo curioso. Uno decía ¡COMPRA! Otro ¡CONSUME! Un tercero ¡NO PIENSES! Un cuarto rezaba ¡OBEDECE! y el último que vio decía ¡VE A POR PAN!

-Vale... alguien ha intentado hacer una jugada de publicidad subliminal para obligar a la gente a comprar a lo loco, lo cual no me extraña, estando ya en campaña navideña, pero deberías saber algo, Robert. Los mensajes subliminales se ha probado que no funcionan. Se hicieron varios experimentos que demostraron que no afectaban para nada al que los veía.

-¿Ah, sí? Pues explícame eso -dijo Robert señalando a la calle.

De aquí para allá iba gente entrando y saliendo de tiendas con las manos llenas  con bolsas hasta arriba. Mientras Harvey intentaba sacar alguna conclusión, apareció Summanus, que venía con varias bolsas de tiendas de ropa cara, unas cajas de zapatos y un abrigo recién comprado.

-¡Chicos, tenéis que ver todo lo que me he comprado! Ropa de última moda, zapatos de todo tipo... ¡y cómo olvidarme del pan!

-¿Ves? Lo están controlando -dijo Robert señalando con los brazos hacia Summanus -. Han conseguido controlar hasta a un reptiliano. Estos tipos son peligrosos.

-Yo no soy ningún reptiliano -dijo Summanus con un bufido -. Y nadie me controla, soy libre y hago lo que me dicta mi juicio, que ahora mismo me dice que deje todas estas compras  en mi despacho y vuelva a salir a por más.

-¡¿Alguien me va a decir qué está pasando?! -exclamó Anna. Con tanto pase de gafas y con la aparición de Summanus no se estaba enterando de nada.

Harvey le dio las gafas de Robert y le invitó a ponérselas mientras señalaba a los carteles.

-¡Por todos los dioses! -dijo Anna mientras se quitaba las gafas.

-¡Os lo he dicho! ¡Alguien está controlando a los habitantes de la ciudad! ¡Alguien muy poderoso! ¡Tenemos que detenerlos! -exclamó Robert dando saltos y haciendo aspavientos.

-Mira, lo primero es que tú te vas a quedar aquí, con Summanus -le dijo Anna -. Tu misión en esta operación es vigilarlo y evitar que vuelva a salir a hacer compras como un robot. Mientras, Harvey y yo, que ya somo los desface entuertos oficiales de Arkham investigaremos lo que está pasando ¿está bien?

-Sí -respondió Robert.

-Pero vas a vigilar a Summanus, no a publicar todo en tu blog, ni en tu canal de Youtube, ni en ningún foro. No vas a hacer nada hasta que sepamos qué está sucediendo ¿vale?

-Que sí ¡ay, qué desconfiada!

Robert llevó a Summanus dentro de la residencia mientras el dinosauroide le enseñaba todo lo que había comprado. Una vez estuvieron dentro y Harvey y Anna se quedaron solos, pudieron hablar libremente.

-No me lo puedo creer, ya van dos veces que Robert encuentra una verdadera conspiración por pura casualidad -dijo Harvey.

-¿Pero quién estará tan interesado en que la gente compre de forma idiotizada? El incidente con la entidad del Black Friday no era como esto. Aquello era una zombificación producida por un pequeño error, pero esto es distinto, esto está orquestado.

-Alguien quiere que la gente esté comprando y comprando... quizás para evitar que vean algo que no deben.

-Pero si estamos en Arkham, aquí a la gente le da igual lo que ven o no. Ayer mismo unos seres de un plano dimensional de colores psicodélicos se manifestaron delante del ayuntamiento y la gente no les hizo ni el menor caso. Sólo hacen caso cuando las entidades se ponen violentas, si no, siguen a lo suyo.

-Pero eso lo sabemos tú y yo -dijo Harvey -. Quien esté haciendo esto no conoce la ciudad. Alguien nuevo está intentando algo. Debemos descubrir quienes son y detenerlos, que ya tenemos suficiente con los pesados de siempre.

Anna se quedó mirando durante nos instantes los carteles mientras se rascaba la barbilla.

-Yo diría que la mitad de esos carteles ayer no estaban -dijo.

-Pues acerquémonos a ellos y veamos qué empresas los han puesto. Con suerte nos pueden llevar a los conspiradores.

Anna y Harvey fueron mirando por los carteles que estaban a pie de calle, escalaron a los que estaban en postes o subieron a terrazas para ver los que estaban en lo alto de edificios. Todos habían sido puestos por la misma empresa.

-Greydudes Inc. -dijo Harvey -. Todos los carteles son de la misma empresa publicitaria.

-Mmmm igual nos lo quieren poner fácil -dijo con una sonrisa Anna. Sacó su móvil y buscó por internet la ubicación de esa empresa. También podía haber usado medios arcanos para hacerlo, pero esto era más rápido. La dirección era una nave industrial en las afueras de la ciudad. Cuando se lo dijo a Harvey lo encontró con las gafas de Robert puestas.

-Mejor prevenir...

Cruzaron la ciudad esquivando compradores y gente con barras de pan. No eran tumultos como los del incidente del Black Friday, sólo se comportaban como alguien a quien le hubiesen puesto una cuenta atrás para hacer las compras o estas se desvanecerían. Se cruzaron con algunas cosas curiosas como gules con bolsas de las tiendas más exclusivas de la ciudad y con ropas elegantes recién compradas. Estaba claro que esto no era como el incidente anterior. Aquél afectaba sólo a humanos. Pasado un buen rato de agradable paseo matutino en el frío del invierno, Anna y Harvey llegaron hasta la nave industrial de greydudes Inc., una mole de cemento normal y corriente. Anna estaba mordisqueando un trozo de pan.

-¡Oh, no! ¿Has sido afectada? -exclamó Harvey.

-No, sólo me ha entrado hambre y he entrado a la panadería esa de ahí detrás.

-Bien... pues vamos a nuestro trabajo.

De pronto, Anna le dio un puñetazo al brazo a Harvey.

-¿Y eso a qué ha  venido? -preguntó él, dolido.

-Por pensar que soy tan débil como para caer ese hechizo.

Ambos caminaron hacia la puerta del edificio y se encontraron con una puerta con un cartel que anunciaba la empresa dueña del lugar. Había un timbre y la puerta era normal y corriente. Anna llamó al timbre y, después de unos segundos de espera, la puerta se abrió, dejándoles entrar.

En el interior de la nave había un pasillo que les llevaba hasta un despacho de oficina con ventanas, desde las que veían a un señor sentado tras un escritorio. Harvey y Anna entraron y se sentaron en unas sillas que había frente a éste.

-Buenos días ¿qué les trae a nuestra empresa? -preguntó.

-Queremos saber qué demonios tramáis con esos carteles subliminales en la ciudad, maldito alien de pacotilla -dijo Harvey como si diera los buenas días.

-¿Alien? ¿Pero qué...? -fue a decir Anna, pero antes de que terminara la frase, Harvey le pasó las gafas y ella vio a través de sus lentes que lo que había sentado enfrente no era un señor normal. Se trataba de un ser cabezón, con ojos rasgados y boca pequeña, nariz casi inexistente y piel color gris. Eran esos alienígenas grises nazis que se habían aliado a los RNLO.

Harvey volvió a recibir un puñetazo en el brazo.

-Eso por no avisar de que tenemos a un alienígena delante. Que no estamos en una serie de detectives...

-¡Es imposible! ¿Cómo habéis detectado mi verdadera naturaleza? -dijo el extraterrestre.

-Tampoco es que te estés molestando en desmentirlo -le indicó Anna.

El extraterrestre pareció confundido, y después dio un golpe en la mesa con expresión de enfado.

-Bien. Sí. Estás muy enfadado, eso está claro, pero vas a decirnos qué tramáis ¿Para qué habéis llenado la ciudad de carteles con mensajes subliminales ? ¿Qué malvada operacion nazi intentáis ocultar con ello?

-¿Mensajes subliminales? -preguntó el extraterrestre -. Pero si eso está demostrado que no tiene ningún efecto. Nuestros carteles están hechos con tecnología avanzada de nuestro planeta que hace que sólo lo lea la parte instintiva de tu mente, obligándote a obedecerlo. Un plan sublime que no sé cómo habéis descubierto.

-Pura casualidad -musitó Harvey.

-Pero no estamos ocultando ninguna operación malvada nazi. Somos un grupo escindido de los grises nazis. Ellos creen que podrán vencer con armas y con violencia, cuando eso está más anticuado que las naves que usan. Nosotros somos neoliberales ultracapitalistas. Queremos que compréis, que compréis mucho. Que gastéis dinero y que este acabe en nuestras arcas. Una invasión invisible. Os controlaríamos sin que lo supierais, y sin haber disparado ni un arma.

-¿Y puedes decirme cómo eres tan  tonto como para contarnos tu plan como si un villano de James Bond te trataras? -preguntó Harvey.

-Porque me da igual que lo sepáis. Dos simples humanos ¿qué vais a hacer contra nosotros?

-Pues da la casualidad de que estos dos simples humanos son el sacerdote más poderoso de Yog-Sothoth y la mujer más peligrosa de la ciudad -le respondió Harvey.

-¿Pero la más poderosa de la ciudad no es una tal Welcome?- preguntó extrañado el extraterrestre.

-Ella es la más poderosa... sexualmente. Aquí mi compañera es la más poderosa en otros asuntos... además, no he dicho poderosa, he dicho peligrosa.

Dicho esto, los dos se levantaron. Las manos de Harvey chisporroteaban de poder y Anna había sacado su espada desmontable en cuestión de segundos. Como hacía Welcome con su propia espada, la solía llevar encima en cualquier ocasión. Aunque pudiera darles una paliza con sus habilidades arcanas, ella prefería el noble arte de repartir tollinas.

Desde el exterior del edificio se vieron destellos de luz y se escucharon explosiones. Por las ventanas salieron disparados varios extraterrestres, que intentaron huir, pero fueron interceptados por una mujer armada y cabreada.

-¿Os íbais tan pronto? Pero si no hemos acabado...

Una vez el trabajo fue terminado y la nave industrial estaba reducida a escombros, Harvey y Anna salieron de entre los restos caminando tranquilamente.

-Intentar invadir mediante capitalismo consumista una ciudad de los Estados Unidos. Estos tíos eran muy tontos -dijo Harvey.

-¿Y qué le vamos a decir a Robert? Sabes que estará esperándonos y querrá saber todo sobre la conspiración.

-Ya se nos ocurrirá algo por el camino. Lo que más miedo me da es que su porcentaje de aciertos está creciendo.

Anna se detuvo con una expresión de espanto.

-Mira, puedo con alienígenas nazis, alienígenas ultracapitalistas, alienígenas tiránicos... ¿pero Robert sabiendo que tenía razón?

-Sí. Hay cosas que el hombre... especialmente él... no debería saber -le dijo Harvey.

-Dioses... empezamos a sonar como los conspiradores de los que siempre habla. ¿Y si tiene razón más veces lo que creemos? -se preguntó Anna.

-Prefiero no saberlo...

Y fueron caminando en dirección a la residencia estudiantil sin pensar en ello, pues, como había dicho Harvey, había cosas que era mejor no saber.