sábado, 9 de septiembre de 2017

Los platillos volantes contra la Miskatonic

Un regreso por todo lo alto en King-In-Yellow Size

Septiembre llega a Arkham. Con él, se acerca la bajada de temperaturas para llevar a un clima más propio de Nueva Inglaterra. Pero con Septiembre también vienen a Arkham unos insidiosos seres que observaban la ciudad con ojos codiciosos. Unos seres que tienen su objetivo en un lugar concreto de la ciudad. Unos seres que preparan sus planes mientras la ciudad apenas despierta.

-¡¡¡Seabury!!! -exclamó Brontes al ver al profesor, con su sempiterna pipa, entrando en la cafetería que solía ser terreno de profesores y colaboradores de la universidad (los alumnos iban a las otras, donde a veces la comida intentaba comerse a los alumnos) -Llevaba más de un mes sin verte ¿dónde te habías metido?

Seabury miró a Brontes. Iba vestido con la ropa que solía llevar cuando estaba en la universidad ayudando a los de las ingenierías. Se trataba de la ropa de un típico nerd de serie de televisión, pero del tamaño de un coloso. Él pensaba que era una indumentaria ideal para el ambiente universitario. Como todo ser divino que pasaba por Arkham, su sentido de la moda era como poco indescriptible.

-Pues nos habíamos ido toda la familia de vacaciones en agosto. -explicó Seabury tras echar el humo de su pipa.

-¿Y os lo habéis pasado bien? -pregunto Brontes mientras le indicaba  con gestos que se sentara junto a él.

-Sí. Al principio nos aburríamos un poco, pero después nos encontramos con una secta de adoradores del Pisador de Estrellas Pigmeo y tuvimos que desbaratar sus planes para invocarlo en La Tierra.

-¿El Pisador de Estrellas Pigmeo? Mira que suelo tener a todo el mundo localizado en el ElderGodBook, pero no sé quién es ese -dijo Brontes con expresión interrogativa.

-Es un intento de primigenio bastante lamentable, como podrás adivinar por su nombre. No utiliza las redes sociales porque los demás se suelen reír de él, cosa que hace que sus sectarios se cabreen más. Al final han sido unas vacaciones entretenidas gracias a ellos ¿y qué tal por aquí?

-Bueno, -dijo Brontes mientras echaba un trago a su café con zumo de naranja (sí... café con zumo de naranja. Los gustos de los dioses son inescrutables) -Sólo ha habido algunas peleas entre profundos borrachos y gules que seguían con las protestas y manifestaciones. La gente de la ciudad terminó haciendo apuestas para ver cual de los dos bandos ganaba.

-¿Y quién ganó? -preguntó Seabury.

-Ninguno de los dos. Los profundos borrachos iban cargados con barriles de alcohol, que terminaron en manos de los gules, y todos acabaron como cubas.

-Aaaaay, echaba de menos esta ciudad -dijo Seabury soñador.

De pronto comenzó a sonar algo que parecía una potente alarma.

-¿Desde cuando tenemos una alarma en la Miskatonic? -preguntó Seabury mirando a su alrededor extrañado.

-Creo que la compraron de segunda mano los de la Fundación Wilmarth. Después de lo que pasó en los '80 cuando le tiraron una bomba nuclear a un familiar de Cthulhu, parece que están preparados para cualquier evento relacionado con los primigenios en la universidad.

-Sí, aquello sucedió mucho antes de que nosotros llegáramos a la ciudad, menos mal que nos libramos de la que se armó por culpa de esa panda de insensatos ¿y  tú cómo sabes que los de la Wilmarth tienen una alarma?

-Uno de sus... ejem... agentes... trabaja en el laboratorio de Física y yo suelo ayudar en ese laboratorio en experimentos que requieran electricidad.

El resto de profesores que estaban desayunando en la cafetería iban corriendo hacia las puertas y parecían alarmarse ante lo que veían.

-¿No se les prohibió a los de la Wilmarth tirar bombas después de lo que pasó en nochevieja del año pasado? -preguntó Seabury.

-Se les prohibió que las usaran dentro de las fronteras de la ciudad... -dijo de forma ominosa el cíclope.

Seabury lanzó un largo suspiro mientras se preguntaba por qué aún no habían echado a patadas a ese grupo de chalados. Se levantó del lugar en el que tenía pensado tomar su desayuno para acercarse a ver qué era lo que provocaba esa reacción a los profesores. Llegó a la puerta, apartó cuidadosamente a sus compañeros y miró a exterior.

Sobrevolando los terrenos de la universidad se podía ver un batallón de platillos volantes. Eran esferas de apariencia metálica que flotaban girando sobre su propio eje y emitían unos sonidos parecidos a los que sonaban en las antiguas películas de ciencia-ficción.

-Menos mal que hoy que no andan por aquí Robert ni Daisy -musitó Seabury mientras Brontes se acercaba a él.

-Mmmmm creo que estos no han venido por ningún bombazo a un primigenio por parte de la Wilmarth -dijo Brontes.

-¿Alguna idea de quienes son? -preguntó Seabury.

-Pues sean quienes sean, tienen poca imaginación. He visto naves como esas en unas cuantas películas y en recreaciones de avistamientos de OVNIs en programas de asuntos paranormales.

Las naves fueron descendiendo lentamente, sin hacer ni un sólo ruido, aparte del sonido de ciencia-ficción pasado de época, y cuando llegaron al suelo, desplegaron unas ruedas que les permitió aterrizar y moverse a través del terreno del campus.

-¡El primer contacto entre humanos y extraterrestres! -exclamó uno de los profesores, que no pudo evitar abrir la puerta de la cafetería y salir corriendo para recibir a los visitantes de más allá del espacio.

-¡¡¿Pero qué haces?!! -le gritó un compañero -¡¡¿Es que no has visto películas de invasiones alienígenas?!!

-¡Eso son películas! -respondió el profesor, emocionado -¡Esto es real!

Y así de real fue el rayo que salió de la nave más cercana, impactó en el profesor, y lo convirtió en una especie de estatua de algún material desconocido. La estatua aún humeaba cuando el platillo pasó por su lado impulsado por las ruedas. El aparato se paró cerca de la cafetería y de su superficie metalizada surgió un aparato que emitió un mensaje. Era un mensaje en un lenguaje recargado, agresivo, y lleno de consonantes y era producido por una voz que parecía muy cabreada.

-¿Has reconocido el idioma alienígena? Quizás el traductor del ElderGodBook ayude -le dijo Seabury a Brontes.

-No es un idioma alienígena... ¡es alemán! -exclamó un profesor de filología que estaba junto al cíclope.

-¡¡¡¿Alemán?!!! -exclamaron al unísono casi todos los espectadores.

-Sí, estaban clamando venganza por nosequé de un ataque por parte de miembros de la universidad a un destacamento que tenían en unos túneles bajo la ciudad.

Empezaron a surgir murmullos y suposiciones entre toda la comunidad educativa... excepto por Brontes y Seabury.

-Esto debe tener que ver con el asunto ese de los túneles del que no hace más que hablar Robert. Los morlocks comentaron que hubo encuentros con unos OVNIs con estética de película de los años '50 -susurró Seabury.

-¿Y quién se metió en los túneles que pertenezca a la universidad?  -preguntó Brontes... antes de que se respondiera a sí mismo. ¿Quién iba a meterse en los túneles bajo la ciudad de Arkham, pertenecería al profesorado de la universidad y cabrearía a una especie alienígena? Los mismos que le tiraron una bomba nuclear a un primigenio. -Los mismos que han hecho sonar la alarma.

La nave de la que había surgido el mensaje en alemán abrió una compuerta por la que descendió una pasarela, acompañada de una extraña niebla típica de OVNI de película. A través de la niebla fue apareciendo un grupo de individuos bajitos, vestidos con algo parecido a trajes espaciales pasados de moda y con los rasgos de los típicos grises. Uno de los aliens se adelantó a los demás y lanzó otro discurso en alemán.

-Dice que, si no entregamos a los que les atacaron, convertirán a todos los que estamos en el campus en estatuas de algo que no pueden decir por cuestiones de copyright. -tradujo el profesor de filología.

-¿En carboni...? -fue a decir Brontes, pero Seabury le tapó la boca rápidamente.

-Puede ser, pero, por si acaso, tú tampoco lo digas.

El miedo y la desesperación recorrió a todo el profesorado encerrado en la cafetería. Ninguno de ellos sabían quien era el culpable de aquél asunto, así que se temían la venganza de los aliens.

De pronto, de una de las facultades surgió un grupo de gente que corría hacia los alienígenas que habían bajado de la nave. Iban armados con algo que parecían tirachinas y bolsas llenas de piedras y gritaban alabanzas a los Dioses Arquetípicos. Esto pilló por sorpresa a los aliens, que recibieron un bombardeó de rocas que les destrozó los cascos de sus trajes espaciales, pero no tardaron en sacar sus armas lanzarrayos y responder al ataque.

-Son esos chalados de la Fundación Wilmarth -dijo uno de los profesores. -Y están demostrando más valentía y devoción hacia nuestra universidad que todos nosotros ¿vamos a quedarnos escondidos aquí como cobardes mientras unos descerebrados defienden lo que es nuestro o vamos a demostrar nuestro verdadero amor al conocimiento, la ciencia y el avance tecnológico que representa la universidad?

-Y las parrandas a costa de los doctorandos y las estudiantes que para conseguir llegar al aprobado son capaces de lo que sea -sumó otro profesor.

-¡Eso también representa la universidad! -continuó el otro mientras hubo asentimientos entre los demás. -¿Vamos a dejar que destruyan todo eso mientras esos atontaos nos defienden? ¿O salimos y le damos una académica paliza a esos aliens de tres al cuarto?

-¡¡¡Paliza académica!!! -gritaron los demás profesores.

Y, antes de que Seabury y Brontes pudieran reaccionar, abrieron la puerta de la cafetería y surgieron como una turba enfurecida. Los profesores corrieron en dirección a los platillos aterrizados, armados con libros, carpetas y una lanza de caballería. Los platillos comenzaron a disparar y convirtieron a varios profesores en estatuas de ese material que no se puede mencionar por copyright, pero los demás llegaron hasta los vehículos y se pusieron a zarandearlos y golpearlos.

-Eso se está yendo a la mierda -dijo Seabury. -Esos profesores no van a poder con el poder armamentístico de los alienígenas. En cuanto abran las escotillas y bajen con sus armas nos quedaremos sin profesorado este curso.

-De eso nada -dijo Brontes con una mirada de cabreo. -Tengo un plan.

-¿Un plan que no implica destruir material y bienes inmuebles de la universidad -preguntó Seabury.

-Pues claro -le respondió Brontes sacando el móvil del bolsillo, buscó un contacto y esperó que el teléfono diera respuesta. -¿Evangeline? Soy Brontes, necesito que cojas la espada y vengas lo más rápido posible a la universidad... No... no tienes que tajar al tipo aquél que quería vendernos enciclopedias, tú ven y te cuento.

-¿Welcome con la espada? ¿Crees que va a ser suficiente para detener a todos esos extraterrestres? -preguntó Seabury.

-Tú espera y verás.

La batalla entre los miembros de la Miskatonic y los alienígenas se estaba recrudeciendo. Los profesores, sabedores de que si bajaban de la nave les dispararían con rayos que no convertían en ese material que no se puede mencionar por motivos de copyright, sino con rayos que hacen daño de verdad, hacían todo lo posible por evitar que los platillos pudieran desplegar las pasarelas. Por otro lado, los miembros de la Fundación Wilmarth, lanzaban piedras y se cubrían detrás de parapetos improvisados contra los aliens que habían conseguido bajar de las naves.

-¿Por qué no sales y repartes unas cuantas leches? -le preguntó Seabury a Brontes. -Yo no tengo con qué enfrentarme a ellos, pero tú tienes dos martillazos.

-Sí, pero si me convierten en estatua no podré ayudar a Welcome.

-¿Pero ayudarle a qué?

Instantes después de la pregunta de Seabury, algo sobrevoló el campus de la Universidad Miskatonic. se trataba de una sombre negra alada. Cuando Seabury miró con más claridad, vio que se trataba de un byakhee. Un byakhee que llevaba a alguien cogido de los brazos. El byakhee soltó a la persona y se fue volando, mientras su paquete caía al suelo y aterrizaba con postura de superhéroe ¡Era Delta Wave Welcome! Los extraterrestres, al verla, empezaron a dispararles, pero la espada hacía rebotar todos los rayos, haciendo que algunas naves se convirtieran en ese material que no se  puede mencionar por motivos de copyright.

Brontes abrió la puerta de la cafetería y salió al exterior.

-¡¡¡Welcome!!! ¡¡¡Utiliza la espada para abrir un portal al sitio más feo que se te ocurra!!! -le gritó con el volumen suficiente para que pudiera oírle entre todo aquel jaleo.

Welcome saludó al cíclope con una sonrisa, como si se hubieran encontrado en un momento cualquiera, y extendió el brazo que portaba la espada. Tras unos momentos de concentración, cortó el espacio con el filo de la espada y abrió un agujero en la realidad. A través del portal se veía algo feo, muy feo, tan feo que la cordura de un ser humano sería comprometida si lo miraba demasiado tiempo.

-Ahora voy yo -dijo Brontes.

El cíclope alzó los brazos mientras comenzó a flotar y las nubes oscuras de la tormenta empezaron a rodear el campus. Se formaban cada vez más gruesas y se acercaban, uniéndose y provocando truenos. En cuestión de segundos, unos nubarrones de tormenta cubrieron todo el campus de la Universidad Miskatonic. Brontes hizo unos movimientos con los brazos y las nubes de tormenta vinieron acompañados con un fuerte viento. Un fuerte viento que comenzaba a tomar forma, y antes de que los alienígenas pudieran reaccionar, tenían ante ellos un peligroso tornado que les perseguía como un depredador a su presa. La poderosa tormenta fue capturando a todos los alienígenas que habían descendido de las naves y los tragaba al interior del vórtice, mientras los platillos se tambaleaban, pero conseguían mantenerse en el suelo.

-Que os lo habéis creído -dijo Brontes haciendo varios movimientos con las manos.

El tornado se volvió más poderoso y comenzó a tragarse a los platillos volantes como un voraz animal hambriento. Una vez todos los alienígenas y platillos fueron atrapados en la tormenta, esta fue acercándose al portal que había abierto Welcome, y cuando llego ante este, dio un saltito y se metió dentro.

-¡¡¡Cierra!!!

Welcome cerró el portal y, un momento después, las nubes de tormenta y el viento desaparecieron también. Los terrenos de la universidad ahora estaban llenos de estatuas y de profesores magullados. Los de la Fundación Wilmarth estaban dando saltos y celebrando la victoria (según ellos, gracias a la intervención de los Dioses Arquetípicos, pero nadie iba a discutirles nada ahora). Welcome se acercó a la cafetería mientras Seabury salía maravillado.

-Hola, Seabury -dijo ella con una expresión ilusionada en la cara.

-Así que este era tu plan -dijo mirando los restos de la batalla.

-Sí, se me ha ocurrido mientras veía cómo los extraterrestres no hacían más que zurrar a nuestros profesores. -explicó Brontes.

-¿Qué era eso? -preguntó Welcome.

-Nah, unos alienígenas con mal genio, pero con nosotros por aquí no creo que vuelvan con intenciones maliciosas -le respondió Brontes.

-¿Y cómo has hecho para que la tormenta sólo afectase a los alienígenas? Vale que el tornado sólo los perseguía a ellos, pero los efectos de...

-Soy un dios de las tormentas -dijo Brontes interrumpiendo las preguntas de Seabury. -Cuando veas que una tormenta invocada por mí hace cosas así, tú no preguntes.

-Pero se estaba saltando todas las leyes de la...

-No... preguntes...

Durante unos momentos, los tres se quedaron mirando los restos de la batalla. Los profesorres habían sacado champagne de algún sitio y estaba celebrando la victoria, mientras que los de la Fundación Wilmarth habían desaparecido.

-¿Y qué vamos a hacer con los profesores que han quedado convertidos en estatuas? -preguntó Seabury.

-Los llevamos con el resto de dioses de Alpha Strike y entre todos se nos ocurrirá cómo revertirlos antes del comienzo de curso -respondió Welcome.

-Ah... bien... pues me apetece un poco de champagne del que se están tomando.

-A mi no me importaría tomar una copita -comentó Brontes.

-Yo no tengo nada mejor que hacer -añadió Welcome.

-Pues vamos allí y brindemos por nuestra gran universidad.

Y el trío dejó atrás la cafetería y fue a la improvisada fiesta para unirse a la celebración. Mientras tanto, en un lugar oculto, la Fundación Wilmarth analizaba lo que había sucedido y comenzaba a prepararse. Estaban seguros de que aquél no sería el único ataque. La próxima vez no les pillarían por sorpresa.