sábado, 23 de septiembre de 2017

La habitación sellada

Aprovechando que los Pickman estaban en los alojamientos de Dunwich haciendo algunos trámites (bueno, Seabury estaba en la universidad muy ocupado, y Robert estaba enfrascado en su cruzada), Summanus decidió que era un buen momento para una limpieza intensiva de los sótanos. Allí abajo, con el acceso a los túneles tan cerca, había estado un poco dejado de lado a la hora de la limpieza, entre otras cosas, porque pensaban que las telarañas y el ambiente oscuro le daba un toque gótico. Ahora las cosas habían cambiado. Después de los recientes sucesos relacionados con los túneles de Arkham, se había llegado a la conclusión de que había que dejar más vistosa la entrada para cuando hubiera que relacionarse con los morlocks, pues dejar aquello hecho unos zorros daría una mala imagen a la residencia estudiantil, aunque fuera ante unos post-humanos que utilizaban como tecnología toda clase de recambios.

Con este propósito, Araknek había llevado a su equipo de limpieza de la residencia a los sótanos a limpiar y a desalojar a las arañas. De esto último se encargó Araknek, pues su naturaleza arácnida le permitía comunicarse con ellas. Mientras, el equipo de limpieza hacía las actividades habituales, como quitar el polvo, fregar, barrer y tirar cualquier porquería que hubiera por allí (como algunos carteles de Robert que afirmaban que ELLOS están entre nosotros).

En un momento de la limpieza, el equipo que se había internado en la zona de los sótanos donde se almacenaban cajas en estanterías llenas de antiguos artículos arcanos ya usados, se encontró con que, al limpiar las paredes, una de las zonas parecía que la pintura se descascarillaba con demasiada facilidad. La curiosidad hizo que rascaran (si era necesario, se repintaba) y descubrieron algo inesperado.

Detrás de la pintura que los limpiadores habían quitado, se encontraron con lo que parecía una puerta de madera robusta. Una puerta que alguien se había molestado mucho en ocultar.

-Buff, si también hay que limpiar ahí, tendremos que pasar con una de las máquinas barredoras del servicio municipal -dijo uno de los limpiadores. -Da la impresión de que esa puerta está cerrada tanto tiempo, que el polvo habrá formado dunas.

-¿Y quién ha dicho que haya que limpiar esa habitación? Estaba tapada por una capa de pintura, así que estaba escondida.

-La jefa ha dicho que se limpien todos los sótanos. Si quieres, le dices tú que has dejado una habitación porque estaba escondida y llevaba mucho tiempo cerrada.

El otro limpiador se estremeció imaginando la respuesta de Araknek y cogió con fuerza la fregona.

-Bueno, pues abre...

El otro limpiador buscó algunas clase de pomo o tirador de la puerta, pero este había sido arrancado. Se encogió de hombros e hizo lo que cualquiera (no) haría: golpear la puerta hasta que la forzó lo suficiente para abrirla.

Al otro lado de la puerta, una oscuridad penetrante lo cubría todo y algunas nubecillas de polvo salían debido al tiempo que llevaba aquella puerta sin abrir. El limpiador que había forzado la entrada asomó la cabeza y encendió la linterna que llevaba.

-¡Por todos los...!

Antes de que pudiera terminar la frase, algo lo cogió desde el interior y lo arrastró ante la mirada aterrorizada de su compañero.

Araknek estaba despidiéndose de la comunidad de arañas que habían vivido durante tantos años en la residencia estudiantil cuando escuchó los gritos. Por un momento pensó que algún shoggoth habría hecho su madriguera allí abajo y se había armado. No había ninguna zona húmeda, pero algunos ejemplares de esta raza anarcocaótica se habían acostumbrado a vivir en sótanos de algunas de las casas de la antigua Arkham y había que llamar a los exterminadores para echarlos. Antes de hacer nada, llamó por su walkie a Summanus para que bajara, y, una vez estuvo allí el dinosauroide, ambos fueron hacia la zona donde se había producido el alboroto.

Ante ellos había una puerta (que no debería estar allí) abierta de par en par y delante un limpiador tirado en el suelo balbuceando.

-Las ratas... ¡Las ratas en las paredes! -decía el individuo.

-Sí, vale, pero calma, que no eres precisamente el que susurra en la oscuridad -le dijo Summanus.

Varios miembros del equipo de limpieza se habían personado allí ante el jaleo, la mayoría para lo normal, mirar y cotillear en vez de ayudar o hacer algo de provecho.

-Vosotros, llevaos a este pobre (que debe ser nuevo) y dadle una tilita para que se calme -dijo Summanus a los que miraban. -Araknek y yo nos encargamos de lo que haya tras esa puerta.

Los curiosos hicieron lo que les dijo el dinosauroide, y éste se quedó a solas con Araknek.

-¿Tenías conocimiento de una habitación aquí? -preguntó Araknek.

-Que yo sepa, en los planos del edificio no aparece nada en esta sección... y por lo que tiene pinta, se trataba de una habitación sellada. Esto debe llevar cerrado desde hace siglos.

-Entonces queda descartado el shoggoth ocupa. Esa tendencia comenzó en los años '90 -dijo Araknek.

-Esto es algo que incumbe a los Pickman, quizás debamos llamarlos -sugirió Summanus.

-¡¿Qué?! Lo que sea que hay ahí dentro se ha llevado a uno de mis trabajadores, aunque sea un recién empleado, así que nada lo separará de mi ira.

Araknek desenfundó sus fregonas de combate y entró decidida dentro de la habitación sellada. Al otro lado, la oscuridad ocultaba todo a cualquiera que tuviera una visión normal, pero Araknek no tenía una visión normal, por lo que vio cómo un grupo de vehículos de combate de tamaño minúsculos se dirigía hacia ella fuertemente armados. Los vehículos comenzaron a disparar a Araknek con proyectiles que escocían mucho, y de algún sitio comenzaron a salir cuerdas que intentaban agarrar sus patas. Entre unas cosas y otras, combatir se estaba volviendo bastante complicado, y cuando Araknek se confió, apareció un grupo de ratas del tamaño de conejos bien alimentados vestidas con uniforme militar apuntándole con algo que parecían lanzas.

Ante la tardanza de Araknek, Summanus decidió asomarse para ver qué estaba haciendo allí dentro, pero antes de que pudiera reaccionar, varias cuerdas cayeron sobre él y lo arrastraron al interior. El dinosauroide cayó al suelo y se encontró con su compañera atada con cuerdas y soltando toda clase de tacos en el idioma de Leng. Ante ellos, un pequeño ejército de grandes ratas les apuntaban con lanzas y armas de fuego, y en el centro caminaba con decisión, una rata con galones en su uniforme.

-Por la presente comitiva militar, son ustedes detenidos por invadir la República Independiente de Ratonia.

Summanus se quedó estupefacto, pero cuando fue a responder, tuvo las lanzas encima y, antes de que pudiera hacer nada lo ataron con cuerdas como las que tenía Araknek. Después de haberlo atado, llevaron a los dos a través de la habitación sellada. Se trataba de una gran habitación, tamaño salón, llena de edificaciones hechas con cajas de cartón y otros instrumentos que usarían unos roedores para crear sus nidos, había pequeños vehículos que utilizaban ratas para llevar mercancías y otra gran cantidad de infraestructuras típicas de una ciudad. Summanus se sorprendió ante la complejidad de aquella pequeña civilización de ratas.

Cuando vio que les dirigían a algo que parecía una especie de cárcel (lo dedujo porque tenía barrotes y, dentro de una de las celdas, estaba el limpiador de Araknek), una andanada flechas con fuego en las puntas salieron por todas partes.

-¡Los rebeldes! -exclamó uno de los soldados rata.

De los edificios de papel cercanos salieron unos guerrilleros rata armados con pequeños arcos y armas afiladas, que se enfrentaron valientemente contra los soldados. Los guerrilleros eran más numerosos, por lo que derrotaron a los soldados y consiguieron hacerse con Araknek y Summanus, a los cuales llevaron a uno de los edificios de papel. Una vez en el edificio, fueron recibidos por una rata vestida con las típicas parafernalias revolucionarias.

-Bienvenidos a la base de la rebelión contra el Imperio Dientesafilados -dijo la rata revolucionaria.

-¿Alguien quiere explicarme de qué va todo este asunto antes de que me suelte y me líe a decapitar roedores? -preguntó Araknek con mirada furiosa.

-Está usted ante lo que queda de la república independiente de Ratonia. Se trataba de una gran nación que se creó en el siglo XIX después de que el dueño de este edificio hiciera una serie de experimentos con nuestros antepasados. Estos experimentos hicieron que se volvieran más inteligentes y, cuando se dio cuenta, se le había ido de las manos. Él nos quería como esclavos o como payasos de circo, pero nos rebelamos y fundamos la república independiente de Ratonia. Él, desairado, hizo sellar la capital fundacional de la república, pero no nos importó, pues pudimos prosperar en este lugar... hasta que llegó Dientesafilados, que dio un golpe de estado, disolvió las asambleas y se autoproclamó emperador, aunque sigue llamándonos república para que el pueblo no se alce contra él. Llevamos años esperando conseguir derrocar a ese tirano, pero los rebeldes no somos suficientes para luchar contra su ejército... en cambio, ustedes son gigantes, tienen muchas patas y mucho mal genio.

-Eso último ni lo dudes -dijo Araknek.

-Con su ayuda podremos derrocar a Dientesafilados y devolver la democracia a la república de Ratonia, necesitamos su ayuda.

Summanus y Araknek se miraron durante unos segundos.

-Sólo dinos dónde está el tal Dientesafilados -dijo Araknek con una sonrisa siniestra.

El palacio imperial de la república independiente de Ratonia se encontraba rodeado de soldados, guardias y vehículos de combate. Algo que intimidaría a cualquier habitante del país... pero que no era nada contra una Araknek muy cabreada. Como si de un kaiju se tratara, Araknek apareció atravesando el cuartel del ejército que había junto al palacio y comenzó a lanzar patadas y destruir vehículos militares. Estos comenzaron a responder al ataque, pero por el otro lado, apareció otro gigante para las ratas, Summanus. El dinosauroide empezó a pisar vehículos militares y a lanzar por los aires a los soldados que le disparaban con sus armas, que sólo le producían escozor. Después del ataque de los dos monstruos -a ojos de las ratas- los guerrilleros rebeldes aparecieron por la gran avenida en tropel, y las fuerzas del emperador no pudieron hacerles frente, ya diezmadas por Araknek y Summanus. Los rebeldes entraron dentro del palacio y se escucharon chillidos de ratas y carreras durante unos instantes, hasta que la puerta del palacio volvió a abrirse y los rebeldes aparecieron con el emperador capturado.

-¡¡¡Pueblo de Ratonia, la tiranía de Dientesafilados ha terminado. Su imperio ha caído y la democracia puede volver a nuestro pueblo!!! -exclamó el líder rebelde.

De todas partes surgieron gritos de alegría y vítores, mientras los soldados de Dientesafilados y sus afines eran apresados por el pueblo que se alzaba contra su opresor. Rápidamente, el imperio de Dientesafilados había caído y la democracia se había restituido.

Después de la victoria, el pueblo libre de Ratonia celebró un banquete en honor de sus liberadores, a lo que no se negaron Araknek y Summanus, que estuvieron acompañados del limpiador capturado. Mientras comían toda clase de manjares, Summanus miró a su alrededor apasionado.

-Sólo en La Llave y La Puerta una jornada de limpieza de los sótanos puede terminar deponiendo a un dictador -dijo en dinosauroide.

-Esa es una de las razones por las  que me gusta trabajar aquí -le dijo Araknek.

Y la fiesta duró el resto del día. Las nuevas relaciones entre la república de Ratonia y los Pickman se discutirían más adelante, pero ahora era momento de celebrar.