sábado, 22 de julio de 2017

La cruzada de Robert M. Pickman comienza

Desde el día que subió el vídeo (con el montaje previo, por supuesto), supo que este sería un éxito. Parecía grabado por alguien en pleno ataque epiléptico, muchas de las tomas eran borrosas, en general se veía más bien poco -pues había mucha oscuridad-, y muchos de los que lo visionaron pensaban que estaban ante una película Found Footage. Todo esto sería un desastre... si no fuera porque la mayor parte de los seguidores del blog, el canal de Youtube, y los comentaristas en el foro, de Robert M. Pickman, veían en esa grabación la prueba de todo lo que llevaban años diciendo.

El susodicho vídeo constaba de las grabaciones que Robert había realizado en su incursión en los túneles bajo Arkham. Un vídeo que contenía hombres topo, una especie de gusano gigante, OVNI's (aunque ninguno salía volando, más bien eran platillos volantes... o rodantes, y no tenían nada de "no identificado", pero eso les daba igual, los seguían llamando así), muestras de tecnología alienígena, tomas de grises y reptilianos... y lo mejor ¡¡¡la prueba de una red de túneles bajo la ciudad utilizada por todo tipo de conspiraciones!!! En foromagufo.net habían visto en esos túneles entradas a La Tierra Hueca, el lugar por donde transportan los materiales que llevarán al Nuevo Orden Mundial, los túneles secretos que usan los illuminati para reunirse sin que nadie los vea... o los masones... o los rosacruces...  o el club Bilderberg... o todos ellos a la vez, que al fin y al cabo, son los mismos... o están enfrentados entre ellos... hay tantas teorías en foromagufo.net que se contradicen entre ellas, y aún así se aceptan, que ya nadie lo ve extraño. Bueno... nadie lo vio extraño desde el mismo momento en que se fundó el foro, pero eso da igual.

El éxito del vídeo de Robert, excepto por los cuatro que decían que se veía el píxel, hizo que su orgullo creciera hasta cotas en las que nadie podría escalar sin la necesidad de oxígeno. Esto llevó a Robert a pensar que podría aprovechar el éxito del vídeo. Aquello era una prueba, una de verdad. Su intención era que todos los "despiertos" del país" fueran a Arkham y vieran las maravillas que él había descubierto, y que las expusieran por todo internet. Que todo el mundo lo viera. Que nadie pudiera ocultar la verdad. El mundo debía saber que había una serie de túneles bajo América donde los reptilianos y los grises pululan como si fuera su casa (¡Von Daniken no lo quiera, puede que lo sea!), y que allí habitan otros seres críptidos que pueden ser "himbestigados". Y debía saberse que él era el descubridor. Que su nombre estuviera entre los de otros ilustres, y si eso, que le dieran un programa en History Channel.

Pero antes de todo esto, debía hacer algo. Los científicos ciegos, que se niegan a ver la realidad, debían conocer este secreto. Y no sólo ellos. Los habitantes de Arkham debían despertar de la matrix, dejar de ser borregos y alzarse con la verdadera verdad, no la otra verdad, esa que les dicen que es verdad, pero no es verdad.

Sabía que su plan completo sería a largo plazo. Tendría que pasar por muchos obstáculos. Quizás la parte más fácil de su plan sería conseguir un programa en History Channel. Pero el trabajo en su propia ciudad podía comenzar ahora mismo. Además, ahora contaba con aliados dentro de la universidad. Había descubierto que hay científicos que se niegan a cerrar los ojos ante la verdad. Esto era algo que no podía desaprovechar, aunque tuvieran ideas extrañas más propias de relatos pulp... veían hombres serpiente donde claramente había reptilianos, y no hacían más que insistir que unas piedras con una estrella tallada eran un arma poderosa. Pero daba igual, seguían siendo aliados. Aliados científicos.

Robert había contactado con estos científicos que sabían la verdad e iba a reunirse con ellos en la universidad. Sólo lamentaba que en pleno verano había pocos estudiantes, pues los únicos que estarían por allí serían los de los cursos de verano. En invierno todo habría estado lleno de estudiantes y estos habrían escuchado la verdad.

En esas fechas, el campus era más tranquilo, así que Robert fue paseando por allí soportando el calor, pero agradeciendo la sombra de los árboles que llenaban la zona. Aún había algún que otro alumno aprovechando esta sombra para estudiar o leer tranquilamente, entre los pájaros y los insectos. Su contacto con el grupo de científicos no era el que le había acompañado a los túneles, sino otro de los miembros de esa organización, y le había dicho que le esperaría por los jardines, y lo reconocería porque llevaría una camiseta con el logotipo de la Fundación Wilmarth. El campus era grande, y Robert suponía que no estaría a plena vista, pues tendrían que evitar a los que quisieran sabotear sus planes, así que fue buscando con atención cualquier lugar donde podría esperarle su contacto... pero en su búsqueda se cruzó con algo que le hizo dar un respingo. Su plan estaba en peligro, en serio peligro.

Una figura esbelta, con una minifalda y una blusa veraniega, pero que dejaba claro que se trataba de alguien de ambiente académico, también estaba por allí. una figura de pelo rubio que Robert conocía perfectamente. Era aquella cazadora de despiertos. La que evitaba que realizara cada charla que intentaba dar en la universidad... o peor, cuando conseguía dar alguna, aparecía entre el público a contar las mentiras que el orden establecido esparcía para que nadie pudiera atisbar lo que se esconde en los resquicios donde no quieren que miren. Era ella, Daisy Springwood. Sabía que más de una vez le había estado siguiendo y espiando. No había que ser muy listo para saber que era un agente de los poderes que controlan el mundo, y que su presencia en Arkham sólo se debía a que Robert estaba demasiado cerca de mostrar al mundo todo lo que ellos ocultaban.

La joven doctora parecía pasear despreocupadamente, pero Robert sabía que su presencia allí no era casualidad. En pleno verano, sin clases, precisamente el día que él había quedado con su contacto. Estaba allí para sabotear la reunión.

Robert se escondió detrás de un banco y fue avanzando agachado para que ella no pudiera detectarle. Debía llegar hasta su contacto sin que ella lo percibiera. Lo mejor era ir de puntillas, para que tampoco se le escuchara. Con el mayor sigilo que pudiera. Sigilo que no duró nada, pues Robert se chocó con uno de los experimentos del laboratorio de biología que él no esperaba que estuviera allí.

Una especie de pájaro del tamaño de una gallina estaba tumbado entre la hierba, echando la siesta, pero Robert chocó con él por estar más atento a Daisy que a dónde pisaba. El pájaro dio un brinco y comenzó a bailar flamenco mientras tocaba una guitarra con las alas. Robert trastabilló e intentó esconderse, pero el escándalo era excesivo, y ahora el pájaro también estaba cantando flamenco con la voz de una gallinácea. Semejante elemento ya sería digno de ser grabado por él, pero en este momento lo importante era esconderse. Se fue alejando del pájaro, que seguía con su recital flamenco, de espaldas, mirando al ave todavía preguntándose qué hacía esa cosa allí... y volvió a chocar con algo. Robert alzó la mirada, esperando otra escandalosa molestia. Pero no lo era... o sí, depende del punto de vista.

-Vaya, vaya... pero si es Robert Pickman -dijo Daisy -. Y volvías a merodear por mis alrededores. Si estás tan interesado en mi, deberías pedirme una cita.

-¡¿Por qué iba a querer una cita contigo, debunker?! -exclamó Robert. -Además, eres tú quien me persigue, saboteando mis charlas y contando mentiras a los que asisten a ellas.

-¿Mentiras? Yo no soy quien cuenta que las pirámides de Egipto fueron construidas por unos reptilianos de otra galaxia con una tecnología desconocida, cuando la arqueología, las fuentes históricas, y hasta el más lerdo ha demostrado que los egipcios construyeron las pirámides ellos solitos.

-¿Sí? Pues aquí tengo pruebas de algo mucho más grande que las pirámides de Egipto... y no dije que las construyeran reptilianos, sino anfibios de Proxima Centauri, se ve claramente en los murales de los antiguos egipcios. Anfibios pilotando naves y ayudándoles a construir las pirámides. Sólo que vosotros os negáis a aceptar esas pruebas.

-¿Y qué prueba es esa? -preguntó Daisy con una media sonrisa. -No me lo digas... un grabado que puede ser interpretado de mil formas. O un objeto que, según tú, es un oopart, pero no es más que un adorno de alguna tribu antigua.

-No, querida archienemiga, no se trata de un mural ni de un oopart. Esos los tengo fotografiados en casa. Es algo que no podrás refutar, porque son pruebas captadas por mis propios ojos, y grabadas por mi propia mano.

Robert sacó de su bolsillo la tablet donde tenía el vídeo que había subido a todas sus redes de internet y lo plantó delante de la cara de Daisy.

-¡¡¡Aquí tienes la verdad!!!

Dio el play al video... y comenzó un episodio de  Beverly Hills 90210.

-Vaaaaya... una serie de adolescentes de los años '90 es la prueba definitiva, grabada por tu propia mano, de la presencia de aliens. Vale que los treintañeros y cuarentones haciendo de chaval de instituto es digno de Expediente-X, pero no me parece una prueba irrefutable más que del absurdo de la televisión americana.

Robert se acercó la tablet a la cara extrañado y, en efecto, se encontró con el opening de la serie de adolescentes que había dicho Daisy. No podía ser. El único archivo de vídeo que tenía en aquella tablet era el de su investigación en los túneles bajo Arkham... pero ¿y el resto de archivos? Varios artículos de antropología, cartas de académicos, varios capítulos de El Joven Lovecraft...

-Mierda... esta no es mi tablet. Con las prisas he cogido la de Seabury sin darme cuenta.

Daisy puso los brazos en jarras.

-Así que esa prueba irrefutable te la has dejado en casa. Con las evidencias de oopart y de aliens en los murales de los egipcios.

Robert no sabía qué hacer. Había vuelto a fallar ante los ataques de aquella debunker. Si tan sólo pudiera llevarla a los túneles... pero Konstantin selló la entrada -claramente para evitar ataques de reptilianos, no porque no quisiera que Robert volviera a entrar-.

-Ya lo sé... ya sé lo que haré... encontraré una entrada a esos túneles. Te llevaré allí ¡y lo verás con tus propios ojos! -exclamó Robert exultante.

-Oooooh ¿me estás invitando a un cita?

-¡Que no es una cita! ¡Es una "himbestigación"! Es la verdad expuesta ante los ojos de alguien que no cree. Te sacaré de la matrix. Igual que haré con el resto de los dormidos del mundo. Será el fin de los borregos...

-Sí, el fin de los borregos... anda, será mejor que te lleves al rebaño a casa a ver Beverly Hills 90210. Este es un lugar de ciencia, no de chorradas -le interrumpió Daisy.

-¿Chorradas? -le respondió Robert con una sonrisa siniestra. -Pronto veréis. Pronto... hoy no, porque me he equivocado de tablet... pero pronto.

Y tras decir esto, fue caminando hacia la salida del campus de la universidad. Con la tablet equivocada y la reunión con los científicos despiertos comprometida, ya no tenía nada más que hacer allí.

-¡Saluda a Seabury de mi parte! -exclamó Daisy a lo lejos, con una nota de humor en su voz.

Encima se cachondeaba. Pero esto era una pequeña derrota. ¡¡¡Y no había tomado fotos del gallo mutante que había visto!!! Eso también era una prueba de que en la universidad se hacían experimentos genéticos. Volvería allí, en otro momento en que no estuviera ella espiando y grabaría a ese ave extraña. Y también volvería, con la tablet correcta, a reunirse con su contacto. Ahora que lo pensaba, la interferencia de Daisy Springwood había evitado que Robert hiciera el ridículo delante de aquellos científicos cuya ayuda necesitaba para que la comunidad universitaria se lo tomara en serio. A veces, hasta ellos cometen errores. Eso podía verlo como que también podía vencerla. Algún día lo haría. El fin de los borregos estaba cerca.