sábado, 8 de julio de 2017

Make Arkham great AGAIN!!!

-¡¡¡Feliz cuatro de julio!!! -exclamó Summanus mientras disparaba un cañón de confeti.

El confeti voló y llenó la recepción de la residencia La Llave y La Puerta. El recepcionista lo ignoró totalmente. Todo trabajador de aquel lugar estaba acostumbrado a cosas que en otro sitio no serían habituales. Como dinosauroides disparando cañones de confeti (esta vez, Summanus iba sin su disfraz de humano. En su lugar llevaba un traje de barras y estrellas).

-Como me tenga que pasar todo el día quitándome confeti del pelo lo vas a lamentar, Summanus -le dijo Anna Pickman, que estaba con Harvey trabajando en la publicidad de los alojamientos de Dunwich.

-Y como Robert te vea así vas a lamentarlo también -añadió Harvey.

-Robert está muy ocupado desde que volvió de los túneles bajo Arkham. Desde entonces no me ha seguido ni un sólo día. Es una tranquilidad que no sentía desde el primer día que llegué aquí. -respondió Summanus.

-Ya, y el que el resto de la gente vea una criatura reptiliana vestida con los colores de Estados Unidos no te preocupa -insistió Harvey.

-Veeeeenga, pero si esto es Arkham. El otro día vi a unos gules en las afueras haciendo una recreación de la guerra civil y a nadie le pareció raro. Y los habitantes de la dimensión púrpura hicieron una visita guiada al centro histórico de la ciudad acompañados de Pkaurodlos ¿y ha pasado algo? No.

De repente alguien llamó al timbre de la puerta. Esto sí que era sumamente extraño, porque nadie llamaba al timbre, sino que directamente entraba como si aquella fuera su casa, como en cualquier otro alojamiento hostelero.

-¡¡¡Está abierto!!! -exclamó Anna. Los demás se le quedaron mirando. -¿Qué? Si os parece, voy  y les abro yo...

La puerta principal se abrió y entraron dos individuos vestidos con traje. Dos tipos en traje en pleno verano no eran buenas noticias, eso era seguro, por mucho que la época estival en Massachusetts fuera más agradable que en otros lugares del país. Los dos individuos avanzaron hacia recepción con sendas expresiones serias y preguntaron por los Pickman. El recepcionista, sin abrir la boca, señaló hacia la mesa donde Anna y Harvey estaban trabajando.

Los dos individuos trajeados se acercaron a la mesa y se plantaron delante de los Pickman. En su expresión sería podía leerse algo de preocupación.

-Señores Pickman, somo representantes de la alcaldía de Arkham -dijo uno de los individuos.

-No me lo diga -le interrumpió Anna. -Algún idiota ha abierto un portal dimensional para celebrar el día de la independencia.

-O ha invocado a una criatura de otro plano de existencia -añadió Harvey.

-No, no es ninguna de esas cosas -dijo el individuo. -Estamos preparando el discurso que hará el alcalde esta tarde por el cuatro de Julio y... hemos detectado algo extraño.

-Algo extraño en el alcalde -sumó el otro individuo.

-Sabemos, por crisis anteriores, que son ustedes lo que se suelen encargar de estas cosas -continuó el primer individuo.

-Enhorabuena, somos famosos desfaciendo entuertos -musitó Harvey.

-¿Qué es lo que han notado extraño en el alcalde? -preguntó Anna de un modo más profesional.

-Es... algo difícil de explicar... será mejor que vengan al ayuntamiento y lo vean.

Ayuntamiento de Arkham. Un rato después.

El ayuntamiento se encontraba en el centro histórico de la ciudad. La zona donde las casas tenían tejados a la holandesa y algunos edificios se remontaban al siglo XIX era lo que rodeaba el centro neurálgico de Arkham. Y allí estaban Anna, Harvey, y Summanus (todavía vestido con el trajecito de las barras y estrellas). La gente pasaba a su alrededor, preparándose para la fiesta del día de la independencia.

-¿Véis? La gente pasa y le da igual que haya un dinosauroide vestido con un disfraz de barras y estrellas -dijo Summanus.

-Y por eso has venido, en vez de quedarte en la residencia haciendo tu trabajo -le espetó Harvey.

-La verdad es que también tenía curiosidad por lo del alcalde.

El grupo entró en el ayuntamiento, un inmenso edificio estilo victoriano, y los individuos trajeados les llevaron hasta un despacho. Una vez allí, abrieron la puerta y dejaron que entraran. En el despacho, sentado detrás de un a mesa, se encontraba el alcalde de la ciudad. Miró a los Pickman con una expresión de curiosidad. Mientras, Summanus estaba en el pasillo mirando los cuadros que adornaban las paredes.

-Señor alcalde -dijo uno de los individuos trajeados -¿Puede usted repetir el discurso que tiene preparado para esta tarde?

El alcalde carraspeó y se aclaró la garganta, abrió la boca y esto es lo que de ella surgió.

-Tenemos que hacer a Arkham grandiosa de nuevo... hacer a Arkham grandiosa de nuevo. No podemos dejar que las políticas liberales sigan destrozando lo que construimos en esta antigua ciudad, erigida en los tiempos de los primeros americanos. Un lugar como este ha sido inundado de inmundicia y de todo tipo de extranjeros e inmigrantes de todas partes. Los descendientes de las nobles familias de esta gran ciudad tienen que compartir las calles con gente medio pez que muestra sus inmundos cuerpos, seres necrófagos que se pasean como si esto fueran unas catacumbas... y lo que es peor ¡¡¡Seres que se hacen llamar dioses!!! Estos inmigrantes indeseados se han adueñado de nuestra ciudad, quitando la oportunidad a los verdaderos hijos de Arkham. No podemos seguir permitiendo esto. Tenemos que cambiar algo. Devolver el poder al pueblo de Arkham. Hacer a Arkham... grandiosa... ¡¡¡De nuevo!!!

Anna y Harvey se quedaron clavados en el umbral de la puerta. Semejante discurso parecía más propio de un conservador republicano de la América profunda, y no del alcalde de Arkham que conocían, que había dado la bienvenida a todo tipo de gente a la ciudad.

-Está siendo controlado por algún tipo de entidad republicana -dijo Harvey.

-Pero MUY republicana -añadió Anna.

En ese momento entró Summanus, con una sonrisa en la cara.

-Eh, chicos ¿habéis visto los cuadros del pasillo? Son...

De repente, el alcalde de Arkham se levantó de un salto y señaló con un dedo acusador al dinosauroide.

-¡¡¡Miradlo!!! ¡Uno de esos inmigrantes, vestido con los colores de nuestra gran nación! ¡Mancillando los colores de América!

-¡¿Pero qué le pasa a este tío?! -exclamó el dinosauroide.

-¡¡¡Fuera!!! ¡¡¡Fuera de mi despacho, monstruo!!! -exclamó el alcalde, que se subió al a mesa y se lanzó contra Summanus. Este, al ver que el político se le echaba encima con actitud muy poco amistosa no pudo evitar una reacción instintiva, sacando su lengua y dándole y latigazo al atacante, que chocó con la mesa y se quedó con la cabeza colgando... demasiado colgando.

-Summanus... que te has cargado al alcalde... -dijo titubeante Harvey.

La cabeza del alcalde comenzó a chisporrotear y, finalmente, cayó al suelo, dejando ver una serie de cables y circuitos. La cabeza cortada dio varias vueltas mientras decía con voz mecánica "Hacer... Arkham... grandiosa... de nuevo..."

-¡¡¡Es un robot!!! -exclamaron al unísono Harvey y Anna.

-Claro, yo ya lo sabía- dijo Summanus. -Euh... ¿no os habíais dado cuenta? Eh... ejem...

-¿Pero si este no era el alcalde... Dónde está el verdadero? -preguntó uno de los individuos trajeados. -Lo necesitamos para el discurso del cuatro de julio.

-No os preocupéis -dijo Anna. -Con mis habilidades astrales y la capacidad mágica de Harvey podremos encontrar al alcalde antes de que el pueblo note algo raro.

-Hacer... Arkham... grandiosa... de nuevo... -insistió la cabeza del robot.

-¡Que te calles! -exclamó Harvey dándole una patada.

Anna y Harvey se prepararon para el ritual. Necesitarían cualquier objeto que usara mucho el alcalde y Harvey realizaría un encantamiento para atarlo con la esencia del político. una vez hecho esto, Anna debía entrar al plano astral y encontrar al desaparecido. El ritual requería completo silencio, así que Summanus salió al pasillo para seguir mirando los cuadros, y los individuos trajeados se quedaron mirando con interés el trabajo de los Pickman.

-A las afueras de la ciudad -dijo Anna un rato después, al volver del plano astral. -Lo tienen secuestrado unos paletos de la América profunda que buscan una América como la de antes... la de antes de qué no estoy segura, pero la de antes. Están fuertemente armados, como buenos miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Por lo visto, buscan sustituir a todos los alcaldes de todas las ciudades por robots.

-¿Y cómo unos paletos de la América profunda han conseguido construir un robot como este y programarlo para hacer lo que hacía? -preguntó uno de los individuos trajeados.

-Hacen ustedes demasiadas preguntas. Quédense aquí, nosotros iremos en busca del alcalde -le dijo Harvey.

Los Pickman salieron decididos del ayuntamiento, seguidos de Summanus. Al cruzar las puertas se cruzaron con alguien que vestía el mismo ridículo disfraz que Summanus. Sólo que este era un armario empotrado de músculos. Cuando alzaron la cabeza y vieron el rostro, comprendieron todo.

-Brontes... ¿tú también con el dichoso traje de las barras y las estrellas? -preguntó Harvey.

-Es el cuatro de julio, hay que ir vestido apropiadamente -respondió el cíclope.

-¡Pero si tú ni siquiera eres estadounidense, eres un dios de la antigua grecia! -exclamó Harvey.

-Minucias... ¿Qué hacéis aquí? -dijo Brontes.

-Nos dirigimos a una granja en las afueras de la ciudad en la que un grupo de paletos fuertemente armados tienen retenido al alcalde -explicó Anna.

-Parece divertido ¡Me apunto!

Afueras de la ciudad de Arkham.

-¿Esa es la granja donde están los paletos armados? -preguntó Brontes señalando a una finca con cerca, alambra de espino, y una bandera americana grande como un niño de diez años.

-Sí, aquí me ha atraído la esencia del alcalde -respondió Anna.

-Ahora tenemos que hacer un plan para entrar, sacar al alcalde sin que sufra daño y...

Antes de que Harvey terminara la frase, sonó un inmenso trueno y un fogonazo le cegó momentaneamente. Un fuerte rayo había caído del cielo y había hecho estallar la granja, haciendo que llovieran fragmentos de madera por todas partes.

-¡¡¡¿Pero te has vuelto totalmente loco?!!! ¡Tenemos que rescatar al alcalde, no asarlo a la parrilla! -exclamó Harvey.

-Venga, quejica, que estamos hablando del alcalde de Arkham. Ese hombre ha sobrevivido a invasiones extraterrestres, ataques de otras dimensiones, invocaciones de primigenios y criaturas infernales. Ese hombre está hecho de otra pasta.

Y, como respondiendo a las palabras de Brontes, de entre los restos humeantes surgió un hombre vestido con traje, al que el viento zarandeaba el pelo y miraba con dureza al grupo que había venido a rescatarle. El alcalde estaba sano y salvo.

-¿Ves? ¡Qué poca confianza...!

De pronto, de todos los rincones comenzaron a salir tipos vestidos con ropa paramilitar y armados con fusiles.

-¡Nadie evitará que devolvamos a América su grandeza! -exclamó uno de ellos.

-Bueno -musitó Anna. -Si hay que liarse a palos, nos liamos a palos. -Sacó de la espalda dos katanas y se puso en posición de ataque.

-¿De dónde has sacado eso? -preguntó Summanus?

-No preguntes -fue la respuesta de Harvey, del cual comenzaban a chisporrotear corrientes de energía mágica.

Brontes lanzó un grito de combate y el grupo se lanzó como una estampida contra los paletos armados. Estos intentaron defenderse, pero no contaban con que sus fusiles y su paupérrimo entrenamiento militar no sería suficiente contra un dios de las tormentas, un sacerdote de Yog-Sothoth, una guerrera armada con dos afiladas espadas y un dinosauroide que se había visto en demasiados líos como para no saber defenderse. La batalla fue tan ridículamente corta que no merecía la pena que se le llamara batalla. El alcalde se acercó al grupo vencedor y les saludó con una gran sonrisa.

-¡Es una alegría veros, chicos! -exclamó! -Pensaba que no llegaríais a tiempo del discurso de esta tarde.

-¿Pero por qué todo el mundo le da tanta importancia al dichoso discurso de esta tarde? -murmuró Summanus.

-Vete a saber -respondió Brontes. -Cosas de americanos.

-Bueno -continuó diciendo el alcalde. -Volvamos al ayuntamiento. Gente como vosotros, tanto hijos de la antigua Arkham como lo que sea que es el tipo lagarto y el gigantón de un sólo ojo de al lado, sois los que de verdad hacéis Arkham grandiosa.

-¡Pues venga! -exclamó Summanus -Vamos, que hay que celebrar el día.

Fueron caminando en dirección a la ciudad, dejando atrás los restos de la granja y los paletos derrotados.

-¿Sabes, Summanus? -dijo Brontes. -Tienes buen gusto a la hora de vestir.

Summanus miró burlonamente a los Pickman, pero estos no hicieron caso al comentario. Una nueva victoria, eso es lo que importaba.