jueves, 20 de abril de 2017

Pánico en los túneles (Parte 3): Blitzkrieg subterránea

El Volkswagen Kübelwagen modelo 82 era el vehículo habitual de desplazamiento de los Einsatzgruppen del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Era resistente, fácil de conducir y podían montar una escuadra básica de tropas o un oficial con sus ayudantes y escoltas. Además, era un vehículo todoterreno al que se le podía adaptar un arma, en concreto una ametralladora MG 42-R, el modelo reptiliano del arma alemana de la II Guerra Mundial. Esto no era nuevo, los RNLO tenían una obsesión casi patológica con lo nazi. Aunque también compartían ciertos aspectos de la ideología supremacista fascista del reich de Hitler, resultaban más pragmáticos y manejables. O tal vez se debiera a que se habían tenido que adaptar a su situación en Arkham. No había que olvidar, que, pese a todo, cual villanos reincidentes de una historia pulp, seguían tratando de conquistar la ciudad y el país y el mundo con extraños y desconcertantes planes. Pero, en esta ocasión, no habían tenido más remedio que pedir ayuda. Así, mientras el todoterreno avanzaba por los túneles bajo la ciudad de Arkham, conducido por el Unterfeldwebel Bazzu. A su lado, la Hauptmann Ammetu le indicaba la dirección a seguir en los diferentes cruces. Detrás, El que Legisla tras el Umbral y Canina andaban algo amodorrados. Tras ellos, manteniendo la velocidad del vehículo, corría el Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov. Los tres conocían bien los túneles y no estaban viendo nada interesante por las zonas que atravesaban: una discoteca morlock; el cubil de unos seres cerdo que adoraban a William Hope Hodgson como su dios, curiosamente con un altar lleno de referencias marinas; un culto neopagano haciendo un rito fusión de sincretismo extraño budista vikingo con un ídolo de Nyarlathotep en su forma de El que Comenta en la Oscuridad y, finalmente, un templo secreto en donde los masones-illuminati luchaban contra los illuminati-templarios para ver cual de los dos grupos era el que iba a dominar la ciudad en secreto, aunque en realidad eran grupos de amigos con delirios de grandeza y no dominaban ni en su casa.

El problema de los túneles bajo Arkham era que se habían convertido, con el paso del tiempo, en un refugio para todos los grupos, colectivos, conspiraciones de opereta y bandas que eran demasiado ridículos, raros o, simplemente, cutres, como para que se los tomara alguien en serio en la superficie. O tan sólo buscaban un lugar en donde no llamar demasiado la atención. En cualquier caso, había sectores subterráneos en donde no podías avanzar unos metros o girar una esquina sin encontrarte con alguno de esos grupos. Así, pues, no había nada nuevo en todo aquello. Sin embargo, tras pasar aquellas zonas y aproximarse al sector en donde se hallaba la base principal RNLO y las áreas a investigar, sucedió algo raro. De improviso, al girar por una intersección, se encontraron con un grupo de individuos vestidos con túnicas rojas y que huían como locos. Cargaban, además, con un curioso trono que llevaban en una plataforma a hombros. Al verlos llegar, Bazzu detuvo el vehículo y los dejó pasar, por ese lado no hubo problema. El problema venía persiguiendo a los sectarios adoradores de El Gran y Poderoso E, pues tales eran los sujetos vestidos de esa manera, y el trono era en el que se suponía estaba su deidad. Pero el saber que hacían allí abajo era otra cuestión. Por el túnel, siguiéndolos, se acercaba una horda de gusanos muy enfadados de cerca de dos metros de largo. Ciertamente ese si que era un problema a resolver. Sin mucho tiempo para prepararse y desarrollar una estrategia, fueron a lo más rápido y básico: sacaron todas las armas que tenían disponibles y se dedicaron a ametrallar a todo lo que se les ponía por delante. Para ello, montaron una MG 42-R en el afuste delantero del vehículo, que comenzó a disparar la capitana reptiliana; Ammetu cogió un fusil de asalto; El que Legisla tras el Umbral se hizo con sus cuatro fusiles Ak-74; Canina, poco acostumbrada a las armas de fuego, se quedó preparada para luchar si los gusanos llegaban al coche; por su parte, el robot comunista nazi tomó una pesada ametralladora gatling y se unió a la línea de combate.

Los gusanos parecían sumamente enfadados y avanzaron hacia ellos cargando ciegamente. El grupo de defensores abrieron fuego de inmediato. La batalla, aunque resultó breve, fue brutal por su intensidad y violencia. Las balas salían en ráfagas sin cesar, interrumpidas sólo por los tiempos necesarios para cambiar los cargadores. Pero nada parecía detener a los gusanos pese a las enormes bajas que estaban sufriendo. Cuando, finalmente, llegaron hasta el coche, Canina entró en acción. Mientras los demás dejaban sus armas y empuñaban cuchillos de combate, la welclon gul desplegó toda su furia, lanzándose con saña contra los enemigos. Resultaba sorprendente ver a la joven, con el físico de Evangeline "Welcome" Parker, pero con el rostro de rasgos caninos, las garras en sus manos y la piel pálida, moverse con una agilidad sorprendente. Se abalanzaba sobre los gusanos, destrozándolos con sus garras y partiéndolos por la mitad a mordiscos. Ciertamente no era una visión muy gratificante. Pero si que era mortalmente efectiva. Pero ella no era la única que luchaba sin tregua. El Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov también demostraba que había sido creado como tropa de asalto robotica. Su modelo era una soldado mecanizado multipropósito, por lo que sus brazos acababan en garras metálicas capaces de asir diferentes armas o luchar con las manos desnudas. Y esto último era lo que estaba haciendo en ese momento. Tras dejar de lado la ametralladora, se había dedicado a combatir contra los gusanos con todas sus energías. Estos trataban de herirle, pero su coraza era demasiado dura para que las mandíbulas de los vermiformes le hicieran algún daño. Por ello, se estaba entregando al máximo para poder derrotarlos. Por su parte, El que Legisla tras el Umbral se había unido a los dos reptilianos en una matanza despiadada y sin tregua usando cuchillos. El abogado, con sus cuatro brazos, se movía como una picadora de carne arrasando las filas de sus adversarios. Ammetu y Bazzu también demostraron sus méritos en el cuerpo a cuerpo contra aquellos seres tan furiosos.

Finalmente lograron matarlos a todos. Cansados por el intenso esfuerzo, con las ropas desgarradas por los mordiscos de los gusanos y las babas que segregaban, pudieron por fin descansar. De repente, a sus espaldas, escucharon unos sonoros aplausos. Sorprendidos, al darse la vuelta, se encontraron a los sectarios de El Gran y Poderoso E aplaudiendo y elogiando su actuación. El grupo estaba bastante sorprendido y desconcertado. Mientras ellos luchaban, los sujetos esos de túnicas rojas estaban mirando tranquilamente. Para explicar lo que sucedió en ese momento hay que hacer algunas aclaraciones previas. En una buena historia de aventuras de carácter pulp, las mujeres atractivas que participan en peleas y escenas de acción no es raro que acaben con las ropas desgarradas de forma absurdamente sexy, particularmente en las ilustraciones. Así, tenemos que Canina, que había estado muy metida en la lucha, había visto su vestimenta destrozada de manera que se volvía bastante reveladora. Sin embargo, sus rasgos perrunos y el momumental enfado que llevaba la hacían más amenazadora que sensualmente atractiva. Así que no estaba muy de humor para adoptar el rol de heroína sexy ni para recibir halagos ni aclamaciones por su actuación. Ammetu estaba en una situación similar, aunque la reptiliana resultaba atractiva a su subalterno. Así que, tratando de calmarse y de ser diplomático, se aproximó a los sectarios para hablar con ellos:

-¡¿Podéis explicarme que ha pasado aquí?!

No era su mejor tono para estas situaciones, pero estaba bastante cabreado.

-La verdad es que resulta curioso -empezó a decir el portavoz de los sectarios-. Estábamos llevando a cabo una visita turística de los túneles para El Gran y Poderoso E y, por casualidad, nos hemos encontrado con esos gusanos tan enfadados que nos querían devorar. Por eso, emprendimos la huida, pero nuestros dios, en su magnanimidad y poder, nos condujo hasta vosotros sabiendo que nos ayudaríais.

-¿Y no se os ha ocurrido echarnos una mano?

-Bueno, sí, pero teníamos que custodiar el trono de nuestro dios y vigilar que no vinieran nuevas amenazas por la retaguardia. Y El Gran y Poderoso E nos ha indicado que lo dejáramos así, que vosotros podíais encargaros de esto.

El abogado sintió la fuerte tentación de hacer algo desagradable, pero no estaba seguro de como actuar ante esa gente. En general, los adoradores de El Gran y Poderoso E eran bastante inofensivos, raros, peculiares, pero inofensivos. Según su particular credo, en el trono que arrastraban de un lado a otro, estaba sentado su particular dios, que era invisible, inaudible, intangible, inodoro e indetectable prácticamente por cualquier medio. Aunque el trono en sí emitía una ligera perturbación en la plano astral. Por ello, decidió ser sutil y, por el momento, dejarlo pasar. Por ello, aprovechó para interrogarles sobre lo que podían haber encontrado en los túneles. Al parecer, habían visto por ahí patrullar a esos extraños sujetos de la Conspiración, por lo que su base no debería estar demasiado lejos. Aunque cualquiera se podía fiar ahí abajo. En cualquier caso, El que Legisla tras el Umbral les preguntó a fondo sobre las zonas que habían recorrido y les mostró un mapa del sector en el que se encontraban, aunque no fuera exhaustivo. Los sectarios no eran especialmente fiables, ya que no habían prestado mucha atención a los caminos que habían seguido, y, en cualquier caso, los túneles podían esconder muchas sorpresas. Pese a todo, si que pudieron aportar algo de información, lo que les ayudaría a moverse mejor por esa zona. A fin de cuentas, lo que tenían que hacer era explorar en busca de cualquier indicio de la base de la Conspiración.

Tras el intercambio de información, los cultistas se fueron por un ramal mientras entonaban los conocidos mantras de su fe, consistentes en repetir una y otra vez la letra E. Cuando los perdieron de vista y el cántico se convirtió en un mero eco, rápidamente subieron todos al coche, y se alejaron a toda velocidad en la dirección opuesta a la que habían tomado los extraños adoradores de ese dios invisible. Cuando se habían alejado lo suficiente, Bazzu giró en una intersección para dirigirse hacia un puesto avanzado reptiliano. Los RNLO, además de sus dos sedes, la principal y una secundaria cerca de la costa para operaciones anfibias, habían dispuesto pequeños refugios en diversos lugares de la red de túneles para situaciones de aprovisionamiento. Por ello, ya que tenían las ropas bastante maltratadas y tenían aún bastante trabajo por delante, sería mejor que descansaran un poco y se cambiaran. Al llegar al lugar, encontraron un pequeño almacén con amplios suministros y unos pequeños vestuarios. Por turnos pudieron darse una buena ducha y cambiarse. Canina y El que Legisla tras el Umbral, ya que no encontraban muy atractiva la idea de ponerse uniformes reptilianos nazis, optaron por sendos monos usados por los trabajadores de mantenimiento y mecánicos. Tras asearse y vestirse de nuevo, recogieron algunos suministros, principalmente munición y combustible, se pusieron de nuevo en camino. Esta vez iban preparados y con las armas listas para usarlas si fuera necesario.

Así, se lanzaron a los túneles una vez más. dispuestos a dar con su objetivo. Pero las regiones subterráneas de Arkham aun les deparaban otras sorpresas. Por ello, dispuestos a no verse interrumpidos de nuevo, adoptaron la táctica de la blitzkrieg, la guerra relámpago. Sin detenerse, avanzaron por aquellos caminos poco explorados o, directamente, desconocidos. A medida que avanzaban, comenzaron a escuchar graznidos y ruidos producidos por animales. Sin dudarlo, se encaminaron hacia la fuente de esos ruidos, ya que, de todas formas, parecían producirse en una zona no explorada. Finalmente encontraron una amplia cámara llena de pingüinos albinos ciegos gigantes, grotescos ejemplares de una especie desconocida y más grandes que un pingüino emperador. Asombrados ante aquel descubrimiento, quedaron mucho más sorprendidos al descubrir a un sujeto vestido para exploración polar estaba tratando de organizar un coro con esas aves procedentes de la Antártida. Pero, como parecía inofensivo, decidieron seguir su camino. Tras dejar atrás aquel recuerdo de las Montañas de la Locura, tomaron un desvío que les hizo acabar en medio de una... ¿base secreta nazi? Sí, las esvásticas, los uniformes acartonados, las banderas, los saludos con el brazo alzado, todo era claramente nazi. Pero no era de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, pues los sujetos no eran, ciertamente de tipo lacértido. Y es que se trataba de Zetas Reticulanos, los típicos grises de las conspiraciones ufológicas. Resultaba curioso ver a aquellos enanos de entre 120 y 150 cm de altura, de piel grisácea y cabezones, con abultados y grandes ojos almendrados vestidos con uniformes de soldados nazis. Pero es que la cosa no acababa ahí. ¡Tenían también sus propios clones híbridos de Hitler! Lo que parecía la casta dirigente, o la oficialidad, eran Zetas Reticulanos con el bigotillo y el pelo del dictador nazi. Ni que decir tiene que la irrupción del vehículo de los RNLO causó un gran revuelo, ya que los Zetas Reticulanos Nazis (ZRN), creían que su base era secreta.Así que, no quedó más remedio a El que Legisla tras el Umbral y los demás, que aplicar la blitzkrieg a esa situación: acelerar a tope y disparar como locos para abrirse paso entre la soldadesca alienígena.

Los ZRN, aunque pillados por sorpresa, no tardaron en actuar. Su primera reacción había sido agresiva, dando la alarma y atacando a los intrusos, que fue lo que provocó la respuesta ofensiva de los recién llegados. Pero, al ver que el Volkswagen Kübelwagen aceleraba y sus ocupantes abrían fuego indiscrimindamente, logrando abrirse paso a través de sus filas, los ZRN se dirigieron a sus vehículos dispuestos a iniciar persecución. Pero, mientras que los RNLO usaban vehículos utilitarios además del Volkswagen Kübelwagen y mini tanques para sus Panzerdivision, estos alienígenas usaban platillos volantes de color gris metalizado con cúpulas blindadas, equipados con seis ruedas para desplazarse. Al principio, la persecución se mantuvo con las expectativas de lo que se podría ver en una película de acción: derrapes, tiroteos, obstáculos esquivados en el último momento, etc. Bazzu demostró ser un excelente conductor, lo que les permitía mantener la distancia y, tras varios sorprendentes giros, lograr despistar a sus perseguidores. Una vez a salvo, pudieron seguir su misión. Pero los ZRN no se iban a dar por vencidos tan fácilmente. Para los Reptilianos Nazis, la presencia de la base alienígena era una sorpresa. Por lo poco que habían podido ver, parecían estar recién instalados, pues todo parecía muy nuevo y aun quedaban algunos restos de embalajes. ¿Estarían relacionados los grises con la Conspiración? En cualquier caso, el objetivo de los RNLO era localizar a sus esquivos adversarios. Una vez que se los quitaran de encima ya se ocuparían de los ZRN. Mientras tanto, los alienígenas seguían su búsqueda de los intrusos por los túneles, añadiendo un nuevo peligro a quien se adentrara en ellos.