domingo, 19 de octubre de 2014

Presentando a Robert M. Pickman

Ya era el quinto individuo sospechoso que entraba en la habitación 217  de la residencia de estudiantes La Llave y la Puerta. Robert M. Pickman había estado atento a movimientos extraños toda la tarde, después de comprobar con su detector de alteraciones psicosospechosas (comprado tras ver un anuncio en televisión a altas horas de la madrugada presentado por una rubia tetuda y un señor con bigote que parecía que pretendía resquebrajarse la cara con su sonrisa y arrimaba la mano cada vez más al cuerpo de la rubia. Por cierto, de regalo venía con una escobilla eléctrica para el water, toda una ganga por sólo 150 dolares más gastos de envío, oiga), que algo no andaba bien en la residencia en la que acababa de comenzar a trabajar.

En sus estancia en Londres ya tuvo una situación parecida en el edificio donde tenía el piso de alquiler en el que vivía mientras investigaba la presencia de astronautas del espacio exterior en las civilizaciones antiguas. Vio cómo una serie de personas llegaba de forma sospechosa al piso de al lado, el del individuo trajeado que siempre hablaba por el teléfono móvil e iba por ahí con gafas de sol todo el día. Claramente estaba pasando algo y decidió investigar, saliendo por la ventana y manteniendo el equilibrio por la cornisa hasta llegar a la ventana de al lado. Y lo que vio le hizo dar un brinco que casi le hace caer al vacío. Todos estaban vestidos de forma excéntrica  y parecían estar adorando una especie de caja azul con forma de cabina de la policía de los años '60 que habían puesto en algo que parecía un pastel (pero que claramente no lo era, seguramente sería algún tipo de alimento misterioso que no tardaron en devorar). Robert se convenció de que era una secta malvada formada por ricos empresarios (¡¡¡vestían con traje y hablaban por el móvil!!!) que pretendía manipular a la humanidad con siniestros propósitos desconocidos. Informó de todo ello en su blog, pero no sirvió de nada. Nadie le creyó, e incluso se rieron de él, mencionando nosequé serie de la BBC. Claramente, la secta había hecho muy bien su trabajo, desinformando a la población. 

Ahora nadie le detendría a la hora de desvelar el secreto de los sospechosos individuos que habían entrado en la 217. Esta vez venía armado con una cámara de vídeo insertada en sus gafas (esto no lo compró en la teletienda) y se infiltraría entre ellos, pues había escuchado la contraseña para entrar en el cubil secreto de estos conspiradores, SEMPER EBRIUS.

Robert llegó hasta la puerta de la 217, más tenso que LePen en un vagó de metro lleno de miembros de los Panteras Negras y dio varios toquecitos con su mano izquierda mientras pensaba "¿Serán Illuminati? ¿Habrán conseguido infiltrarse aquí también? ¿O serán reptilianos?". Él ya sospechaba de la presencia de un reptiliano en la residencia, pero aún no estaba seguro.

La puerta se abrió y asomó la cabeza de un individuo con los ojos enrojecidos. Tras él podía verse el humo de lo que podía ser un cigarrillo muy cargado. Miró fijamente a Robert como si fuera la primera vez que veía a un ser humano.

-Semper Ebrius -dijo Robert.

El otro abrió una sonrisa en su rostro, e invitándole con su mano, le dijo:

-Pasa.

Por fin había conseguido infiltrarse...

(...)

Al día siguiente, lo encontraron en el contenedor de basura junto a la residencia. Llevaba la corbata de su traje atada a la frente, manchas sin identificar por toda su ropa y tenía un dolor de cabeza tan grande como si tuviese veinte naves nodrizas chocando contra las paredes de su cráneo. Sus gafas habían desaparecido y habían sido reemplazadas por un antifaz color rosa fosforito.

Cuando le preguntaron cómo había acabado allí, relató lo poco que podía recordar de su escalofriante experiencia. Dentro de la 217, todos estaban vestidos a la manera de senadores romanos y se movían en espasmódicos giros al ritmo de una música infernal. En el centro de la habitación había un largo tubo de cristal acabado en un óvalo, que parecía estar lleno de humo. Los miembros de la misteriosa secta, inhalaban del tubo y después reían como si al hacerlo pudieran ver más allá del mundo material. También tenían un extraño cilindro metálico con un grifo, del que bebían como si acabaran de salir de un desierto. Y lo más terrorífico es que tenían ¡¡¡un cerdo!!! Robert apenas pudo asimilar todo esto antes de que le hicieran inhalar el extraño humo y beber del grifo del cilindro. A partir de ahí todo eran flashes. Se veía danzando, corriendo desnudo por las calles de Arkham, montando al cerdo mientras éste salía disparado de la Miskatonic y él gritaba "Hi-yo Silver ¡¡ARRRE!!.

El extraño grupo, que también parecía ser una secta, lo había narcotizado con el veneno que había en ese misterioso humo, pero él había conseguido una victoria. Había entrado en la secta, y conseguiría descubrir sus siniestras intenciones y divulgarlas al mundo. Costase lo que costase.