lunes, 8 de junio de 2015

Noches del Futuro Chalado


El esperado final de Días del Futuro Chalado.

El equidna ciborg, aun algo confuso por el salto cuántico temporal, ignoró las escaleras para salir del sótano y deambulo sin rumbo fijo hasta entrar en uno de los accesos a los túneles bajo la ciudad. Sus sentidos incrementados habían detectado algo que identificó como una posible fuente de ayuda.

Mientras tanto, Robert había dejado su habitación para partir en busca de posibles aliados, ya que Anna y Harvey no parecían demasiado convencidos. Trató de recordar en quien podía confiar sin que le tomaran por loco, pero no era fácil. En su futuro, Brontes había desaparecido, Summanus había caído en la lucha contra los equidnas ciborg, y Welcome.... mmm.... la joven Evangeline tal vez podŕia resultarle de ayuda. Siempre había sido una mujer de acción y en su tiempo había acabado liderando un comando de la resistencia. Tal vez ella pudiera aceptar los hechos y convencer a los demás para impedir el atentado contra Billington. Si tan sólo lograra que uno le creyera, habría dado un importante paso adelante. El tiempo corría en su contra, debía darse prisa.

En los túneles, el asesino cibernético del futuro no tardó en perderse. Tras la creación del ejercito de equidnas, los túneles no tardaron en convertirse en refugio de la resistencia, que realizó sus propios planos de los mismos mientras cegaba pasillos, excavaba nuevos pasos subterráneos y modificaba todo el entramado. Incluso dieron rienda suelta a algunas de las cosas que habían permanecido allí abajo. A causa de ello, no había datos fiables sobre los mismos, tan sólo los caminos marcados en un alegre folleto que repartían los guías turísticos que realizaban las excursiones por los túneles para los visitantes. Por ello, el equinda no tardó en acabar perdido. Necesitaba más información y seguramente en la biblioteca de la universidad o en el ayuntamiento podría encontrarla. Pero para ello, debía salir de los túneles y encontrar un disfraz. Eso era importante. Si se dejaba ver tal cual, todo el plan fracasaría, pues un equidna cibernético sobre dimensionado llamaría mucho la atención. Por ello, buscando en sus bancos de datos y comparando los planos conocidos de los túneles con el mapa de la ciudad en 2015, creyó hallar un camino que le conduciría a un lugar donde poder encontrar el disfraz apropiado. Durante unos instantes dudó, como si hubiera algo que no acabara de encajar, pero lo achacó al crono mareo, el jet lag provocado por el viaje en el tiempo.

Robert recorrió a la carrera los pasillos de la residencia, patinando al borde del desastre cuando pasó por una zona recién fregada mientras Araknek corría tras él recriminandole que le pisara lo fregao. El salvador del futuro, ignorando a la araña, siguió sin detenerse, tropezando con estudiantes, girando esquinas y esquivando por los pelos una lámina de cristal que dos empleados transportaban y que surgieron de repente por una interesección. Finalmente, llegó al sitio que estaba buscando, la habitación de Welcome. Llamó insistentemente a la puerta, hasta que la joven, molesta por el escándalo que estaba armando, abrió. Apenas tuvo tiempo de abrir la boca cuando, Robert, henchido de felicidad por ver a la chica tan joven y sin los estragos causados por la lucha, se abalanzó sobre ella, abrazándola y haciéndola retroceder hasta que tropezó y cayo en la cama con el alocado Pickman sobre ella cubriéndola a besos.

-¿Robert? ¡Robert! ¡Calma hombre! Que si quieres follar no tienes más que decirmelo, no hace falta que me atropelles de esa forma, hombre. No sabía que estuvieras tan salido, tómalo con calma que me vas a desgastar.

Robert, recuperando la compostura, se le levantó y apoyó las manos sobre la joven. Mirándola con seriedad inusitada en él, comenzó a hablar:

-Evangeline, necesito tu ayuda. Y no tiene nada que ver con sexo. No soy el Robert Pickman que conoces, vengo del futuro, de una línea temporal que surgirá mañana, cuando se produzca un atentado contra el candidato Alphonse Billington. Perdona que me haya emocionado, pero la última vez que te ví, te preparabas para repeler una incursión del ejercito de equidnas cibernéticos al mando de tus hombres. Estabas tan mayor y gastada, con tu preciosa cara llena de cicatrices, y con un brazo cibernético. Y ahora eres tan joven y llena de energía, con tanta esperanza para el futuro. ¡Por favor, creeme! Debemos impedir el atentado de mañana.

Welcome le miró sorprendida. Ciertamente no parecía el Robert de siempre, un freak magufo conspiranoico que se pasaba el día rastreando a Summanus con algún ridículo disfraz y al que ella había tenido que distraer en la cama cuando se volvía demasiado molesto. Por un momento pensó que tal vez ya se había vuelto completamente chiflado, pero parecía demasiado coherente. Seguía sorprendida por la impulsiva entrada de Robert y lo miró pensativa durante un minuto.

-Welcome stranger, creeré en tí, aunque sea una completa locura lo que me dices. Vamos a hablar con alguien más que nos ayudará y me confirmará tu versión. Y puedes soltarme las tetas, por favor.

Robert, azorado, se separó de la chica y esperó a que se arreglara las ropas y se reajustara el sujetador. Entonces, Welcome, como un tifón hecho mujer, se llevó al alocado Pickman en su estela de camino al despacho de El que Legisla tras el Umbral.

El equidna salió de la tienda ataviado con un atuendo que esperaba le ayudara a pasar desapercibido. Pero sentía que algo seguía sin ser como debía. Ignorando esos pensamientos y haciendo caso a las instrucciones de su programación, volvió a los túneles en busca de la mejor posición desde donde lanzar su ataque. Mientras, en “Disfraces del Mundo, tienda de disfraces y trajes típicos de todos los países”, el propietario del local todavía se preguntaba para que demonios querría un equidna cibernético gigante el atuendo que se había llevado. No le sentaba nada bien.

El que Legisla tras el Umbral tampocó se libró de la euforia del “nuevo” Robert. En cuanto abrió la puerta del despacho, el espigado abogado de cuatro brazos y carente de rostro encontró a una Welcome que le miraba con cara rara y a un inesperado Robert que parecía inusualmente contento de verle. Y cuando alguien se alegra de ver a un abogado es que pasaba algo raro y, seguramente, caro.

-¡Estás aquí! ¡Y con tu impecable traje de siempre! ¡Cómo echaba de menos esa corbata roja! ¡Que gusto verte de nuevo! ¡Por favor, tienes que creerme, debemos impedirlo, debemos impedir el futuro!

Es difícil sorprender, incluso desconcertar a un primigenio, a un ser cósmico extra-dimensional y alienígena, pero Robert lo había conseguido con el abogado. Una vez que pasaron dentro, el renovado Pickman le explicó todo lo que iba a pasar y la causa de su viaje temporal. El que Legisla miró con atención al ex-magufo y a la joven estudiante, y posó sus cuatro manos sobre la cabeza de Robert. Tras unos instantes, el primigenio legal le soltó y cruzó sus brazos. Parecía meditar durante unos minutos hasta que, finalmente, se expresó en estos terminos:

-Bien, parece que dices la verdad, no hay locura (o al menos más de la habitual en Robert), y lo que cuentas es mucho más disparatado que tus habituales paranoias. Además, he recibido un memorandum de los abogados de Yog-Sothoth menciando no se que viajes temporales ilegales. Supongo que he de confiar en tí. En fin, lo ideal es reunir a los demás y prepararnos para lo que pueda pasar mañana.

En los túneles, el equidna cibernético con su nuevo atuendo comenzó a seguir la pista de unas huellas de oruga y los ecos de exabruptos en un alemán seseado.

El equipo Robert – Welcome – El que Legisla tras el Umbral fue creciendo con las incorporaciones de Araknek y Summanus, a los que costó convencer que aquello no era otra nueva locura de Robert o un estrafalario plan para demostrar que Summanus era un reptiliano. Pero la intervención del primigenio legal era señal de que algo raro estaba pasando. Mientras tanto, Anna y Harvey ultimaban los detalles para el encuentro del día siguiente, desconocedores del caos (no reptante) que se estaba gestando.

Al día siguiente, todo estaba preparado. El encuentro se iba a realizar al aire libre, en los jardines de la residencia. Ya se habían dispuesto las sillas, la megafonía, el atril desde el que hablaría el político, y todo parecía normal. Harvey tenía la impresión de que algo fallaba, de que todo iba demasiado normal, pero no quiso transmitir sus dudas a Anna. Sin embargo, ambos se preguntaban donde pararía Robert y si se había calmado ya. A medida que se acercaba la hora del evento, los estudiantes y demás empleados y habituales de la universidad y la residencia que tenían un rato libre se fueron acercando. Todo iba bien. Incluso Brontes, que había acudido y se había puesto en un lugar algo retirado para no llamar demasiado la atención, parecía más tranquilo de lo habitual. En una esquina, Harvey vio a El que Legisla tras el Umbral discutiendo con los abogados de Yog-Sothoth, pero eso no le pareció particularmente raro, sólo esperaba que el asunto no fuera demasiado caro.

Billington llegó puntual y tuvo una pequeña charla intrascendente con Anna, que repasó con el los detalles del evento. Mientras tanto, Harvey seguía con la mosca en la oreja. No había visto a Welcome en todo el día, y Summanus y Araknek también parecían haber desaparecido. Incluso Pequeña T'auin y Unglaublich estaban inusualmente discretos. La mosca comenzaba a ser un enjambre en la oreja de Harvey. Tratando de mantener la calma, se unió a Anna y Billington, dando el visto bueno a la preparación. Tan sólo esperaba que sus sospechas fueran sólo eso y que no preparan nada muy gordo.

Con apenas unos minutos de retraso, Billington comenzó su discurso para los estudiantes, con sus dotes de populismo y demagogia. Lo típico que pudieras esperar de un alcaldable, aunque entre tanta retórica aun dejaba caer consignas interesantes y hablaba de un programa electoral que pudiera contener detalles de interes. Durante la intervención del político, todo parecía andar como una rosa, y el turno de preguntas que se abrió también se inició con normalidad. Hasta que pasó lo que tenía que pasar. De improviso, desde una esquina apareció un minitanque decorado con insignias de la alemania nazi y esvásticas, pilotado por un reptiliano ataviado con un uniforme alemán de la II Guerra Mundial y acompañado por un equidna cibernético sobredimensionado vestido con lo que parecía... ¿Una bata de cola propia de una bailarina de flamenco española? ¿”adaptada” para un cuerpo que ni siquiera era humanoide? El tanque abrió fuego con una mala puntería antológica, seguido por el marsupial gigante, que desplegó desde el interior de su cuerpo mecánico un arma laser con la que demostró la misma habilidad para disparar que el artillero del vehículo blindado.

Entre consignas tipo ¡Heil RNLO! ¡Larga vida al Reich Reptiliano del Lado Oscuro de los 1000 años! ¡Por la Tierra Hueca! Y similares, el tanque seguía con su peśima puntería de disparos, lo que ayudó a que la gente se dispersara rápidamente con mínimos daños. De improviso, un canal se abrió entre los fugitivos, y por el llegó Welcome, a la carga mientras disparaba una ametralladora contra el tanque y el equidna. Por otro lado apareció un comando liderado por ¡¿Robert!? y formado por ¡¿Summanus?! y ¡¿Araknek!?, armados con rifles de asalto y disparando munición perforante con sorprendente puntería. De improviso, mientras aparecían dos nuevos minitanques, Unglaublich y Pequeña T'auin se asomaron desde el tejado de la residencia. El Servidor de los Otros Dioses portaba un lanzacohetes y la tortuga le hacía de cargador. Con un certero disparo, lograron destruir uno de los vehículos blindados de los RNLO.

Aquello se había convertido en una batalla campal en toda regla a medida que los Einszatsgruppen de los RNLO acudían para apoyar a sus minitanques y las fuerzas de la residencia se atrincheraban. Anna y Harvey, a quienes aquel despliegue bélico les pilló por sorpresa, lograron reaccionar rápidamente llevandose a Alphonse Billington con ellos sano y salvo. Juntos se fueron hasta el despacho de Harvey en la residencia, donde se hicieron fuertes y prepararon todo tipo de defensas y armamento mágico para hacer frente a cualquier amenaza contra la vida del político. Mientras, tuvieron que reconocer que Robert parecía tener razón.

Mientras tanto, el disparato comando dirigido por Robert, seguía en su lucha contra los incansables reptilianos. El lanzacohetes de Unglaublich sirvió para poner fuera de combate a los minitanques, pero el equidna folclórica era más duro de pelar. En lo más encarnizado del combate, cuando, encabezados por el marsupial cibernético, los RNLO lanzaron una nueva ofensiva, un ruido de motores se hizo cada vez más fuerte. Surgiendo de improviso, las fuerzas móviles del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlock hizo su entrada sobre la más tronada y lisérgica variedad de vehículos biplaza y monoplaza personalizados según los criterios de una película de acción post-apocalíptica: motos, ciclomotores, quads, bicicletas, carricoches, vespas, etc. Con la llegada de estos refuerzos, ambos bandos quedaron más igualados en fuerzas, pero su entrada inesperada supuso el tomar por sorpresa a los reptilianos. Estos, ante la aparición de sus archi-enemigos, que les habían sorprendido por la espalda, optaron por contener las bajas y retirarse en la mejor tradición de la blitzkrieg marcha atrás. Los morlocks, mientras coreaban sus consignas comunistas en pro de la utopía socialista y el final del capitalismo, se dividieron en dos grupos: uno que mantuvo la persecución de los RNLO y otro que se quedo a combatir al equidna cibernético folclórica.

De esta forma, el marsupial se vió superado en fuerzas, pero ni eso le hizo rendirse. Los combatientes de la residencia, al ver que se iban quedando sin balas mientras su rival aun aguantaba pese al duro castigo recibido y la llegada de refuerzos, comenzaban a estar desesperados. ¿Es que no había forma de detener a esa imparable máquina cibernética de muerte y destrucción? Pero, en el peor momento, cuando ya vaciaban los últimos cargadores, cual deus ex machina creado por un escritor que no sabe como narices resolver la situación que ha creado, un potente y devastador rayo cayó sobre el marsupial folclórica, sobrecargando sus sistemas, fundiendo sus baterías y quemando las partes biológicas. En resumidas cuentas, el equidna quedó reducido a un montón de chatarra humeante que apestaba a carne quemada. Mientras esto sucedía, un nuevo rayo bajó del cielo, mientras era usado por Brontes como barra por la que deslizarse. El dios del trueno, que había estado ausante un par de días, acababa de regresar y había decidido hacer una entrada espectacular, con la suerte de que lo había hecho en el momento más apropiado.

Cuando el rayo se deshizo, Brontes alzó los brazos, triunfante mientras exclamaba:

-¡Taraaaaaaaa! ¡Ya estoy de vuelta chicos! ¿Me he perdido algo?

Al darse cuenta del caos que reinaba a su alrededor, y de que estaban todos sucios, agotados y armados hasta los dientes, así como del pequeño equipo de morlocks que ya se retiraban se quedó desconcertado, sorprendido y sin palabras. ¿Pero qué había pasado mientras estaba fuera? Mientras, Robert, que ya había cumplido su cometido, cayó inconsciente. Unas horas más tarde, al despertar en la enfermería de la residencia, con Welcome a su lado vestida con un traje de enfermera sexy, se preguntó por qué le dolía tanto la cabeza y porque la chica parecía mirarle de forma tan agradecida. Una vez resueltos los problemas, ya quedó en manos de Harvey y Anna realizar el control de daños: reparar los edificios y jardines dañados por el combate, y crear una historia tapadera para ocultar el desmadre producido. Pero aquello era algo cotidiano para ellos, y se alegraron de que Welcome se ocupara de Robert en la enfermería, así era algo menos de lo que ocuparse, al menos por ese día.