miércoles, 3 de junio de 2015

Días del Futuro Chalado

Un lamentable ¿homenaje? a la famosa obra de Chris Claremont.

El día había comenzado como otro cualquiera en la residencia estudiantil más famosa de Arkham por la cantidad de cosas extrañas que sucedían en, y alrededor de, ella. Nadie podía sospechar, a esas horas tempranas de la mañana, que ese día podía ser decisivo para su futuro.

Como cada mañana, Robert Pickman iba siguiendo sigilosamente a Summanus, mientras tarareaba una banda sonora de película de espías y se escondía en cada esquina. Suponía que vistiendo con ropas oscuras y gafas de sol no podrían reconocerle y podría seguir con su himbestigasion, pero cada vez que se cruzaba con alguien, este se giraba a mirarle. El camuflaje definitivo...

Por su parte, como cada mañana, Summanus estaba hasta el gorro del friki de Robert. No había forma de quitárselo de encima y, lo que es peor, le había pegado la dichosa musiquilla que iba tarareando. Si seguía así, algún día iba a cometer alguna locura, como invocar a una criatura extradimensional para que se lo comiera o mandarlo a una tertulia de 13TV. Además, los últimos días lo estaba relacionando con la presencia de Pequeña T'Auin, y no hacía más que comentar a cualquiera que cometiera el error de hablar con él, que la conspiración reptiliana estaba utilizando una tortuga mutante para sus malvados propósitos.

Ese día en particular no tenía muchas ganas de aguantar al pesado de todas las mañanas, así que decidió quitárselo de encima de la manera más sutil posible... o más bien la primera que se le ocurrió. Cogió prestado un cubo del armario de limpieza de Araknek, lo llenó con pintura rosa fosforescente y, cuando cruzó una puerta que llevaba a los pasillos de mantenimiento, lo dejó colgando sobre ella, de forma que, cuando abriera alguien, el cubo derramaría su contenido. Sólo esperaba que el dichoso friki no tuviera poderes telekinéticos...

El dinosauroide dejó todo preparado y  se giró para seguir con su trabajo, pero no podía aguantar la curiosidad de ver cómo respondería Robert a la caída del cubo ¿creería que era un ataque del Nuevo Orden Mundial? ¿Los alienígenas? ¿Los masones del gobierno? ¿Los vampiros diurnos? Al final no pudo aguantar la curiosidad y decidió quedarse escondido en la esquina del pasillo. 

Apenas un minuto después, Summanus pudo escuchar la musiquilla de la banda sonora de Robert. El dinosauroide se frotó las manos ante el inminente momento hilarante y no pudo evitar una sonrisilla siniestra en su rostro. La puerta del pasillo se abrió y el pobre Robert entró con lo que él suponía que era un movimiento furtivo, pero antes de que pudiera dar un paso más, el cubo cayó sobre su cabeza cubriendo su ropa negra de brillante rosa. El joven comenzó a dar vueltas con el cubo incrustado en la cabeza e intentando decir algo (lo único que conseguía era "mmmmmm" "mmmmm" pero eso no parecía una  frase muuy coherente), salió por la puerta que acababa de cruzar y, como supuso Summanus que pasaría, dejó de seguirle. Lo que siguió fue el recorrido de las escaleras que llevaban al sótano.

Summanus se disponía a partirse de risa cuando, del otro lado de la puerta, pudo escuchar el tremendo escándalo de alguien poniéndose muy cariñoso con unas escaleras y estampándose en el suelo. Durante un breve instante sintió una punzada de culpabilidad, pero ¿qué diantres? Ese loco se lo tenía merecido. Como no tenía muchas ganas de estar ahí cuando se levantara, salió corriendo por el pasillo de mantenimiento.


Mientras todo este lamentable incidente tenía lugar, Harvey y Anna Pickman caminaban por los pasillos de la residencia comentando cómo iban a organizar un evento que podía convertirse en el más importante de lo que llevaba de año, y querían que todo saliera a la perfección. El evento se trataba de un encuentro entre el candidato a la alcaldía de Arkham Alphonse Billington con los estudiantes de la Universidad Miskatonic. Alguien había decidido que el encuentro debía realizarse en un lugar donde hubiera una gran cantidad de estudiantes, pero que no fuera la propia universidad, y ¿qué mejor lugar que la residencia estudiantil más famosa de la ciudad?

-Lo primero que debemos hacer es quitarnos de en medio a Robert para evitar que piense que el candidato es un reptiliano, un miembro de los illuminatti o un periquito disfrazado de ser humano -dijo Harvey-. La cuestión es que no sé qué hacer esta vez, porque Welcome está ya un poco harta de que, cada vez que se organiza algo importante, tengamos que endosárselo a ella y se tenga que perder el espectáculo.

-También debemos evitar que la cosa acabe como la última cena de navidad, así que nada de invitar a nadie que tengo menos del 99'9% de ADN humano -comentó Anna -. Dejando fuera de esto a Summanus y Araknek, evidentemente. Lo último que queremos es que haya otra batalla campal entre especies enfrentadas. Tuve que estar presente en la firma del tratado de paz entre gules y profundos y allí olía peor que en la boca de un fumador compulsivo que ha estado comiendo ajos.

-Tambien debemos llevar cuidado con el buffet libre. El último que contratamos venía de Innsmouth y los invitados tuvieron que combatir con los chipirones de los entrantes, que parece que eran muy frescos. Después, todo el personal de la residencia tuvimos que enfrentarnos a la lubina del plato principal, que era el plato típico de la ciudad, sólo que ésta pretendía comernos a nosotros. La cosa acabó de tal modo que aparecieron unos individuos que venían de una tal H. P. Lovecraft Historical Society trayendo el postre, que...

Harvey no pudo terminar la frase pues, cuando fueron a descender las escaleras que llevaban a los sótanos, encontraron en el fondo a su primo Robert Pickman tumbado en una postura que no parecía muy cómoda. Llevaba un cubo de fregona por sombrero y estaba cubierto de algún tipo de tinte rosa.

Ambos Pickman descendieron corriendo las escaleras y llegaron hasta su accidentado familiar, que ante su atónita mirada, comenzó a moverse. Robert Pickman se quitó el cubo de la cabeza y miró a su alrededor con expresión de desorientación, después clavó su mirada en Anna.

-¿Anna? ¿Eres tú? Estás muy joven...

-Eh... ¿gracias? -dijo ella.

-Harvey, no tienes las cicatrices... eso quiere decir que... ¡¡¡LO HE CONSEGUIDO!!!

Robert se levantó triunfante y sus dos primos lo miraron extrañados, estaba más raro que de costumbre. Después de mirar a su alrededor con una sonrisa en su cara, se volvió hacia ellos y y les cogió a cada uno de un brazo.

-¡Tenéis que escucharme! ¡Estáis ante un grave peligro! Yo lo sé porque... ¡¡¡VENGO DEL FUTURO!!!

Anna y Harvey se le quedaron mirando fijamente. 

-Robert, te has caído por las escaleras y tenías un cubo en la cabeza, creo que no hace falta que te explique que debes tener una...

Harvey no pudo terminar de hablar porque el otro le interrumpió con los ojos inyectados en sangre.

-No, tenéis que creerme, no estoy diciendo esto producto del golpe en la cabeza o por tener más rosa que un dibujo de Hello Kitty, soy el Robert Pickman del futuro, vengo desde el 2013...

-Pero estamos en 2015, 2013 es el pasado -le dijo Anna.

-Bueno, quizás sí esté un poco confundido, pero no es por el golpe, sino debido al viaje temporal que he realizado. Mi cuerpo está ahora mismo inconsciente en el futuro mientras mi mente está aquí delante de vosotros.

Anna le pasó el brazo por el hombro y le fue conduciendo por las escaleras hasta la planta baja.

-Mira, tú lo que vas a hacer es sentarte un ratito y tomarte algo caliente...

-¡Que no, leñe! Lo que tengo que deciros es importantísimo, tenéis que escucharme porque si no consigo evitar mi futuro, vuestro sufrimiento será horrible.

-Que sí, que sí, tú tranquilo que ya tenemos bastante sufrimiento...

-¡¿Pero me vais a escuchar?!

-Que sí, podemos escucharte mientras te llevamos a tu habitación -le respondió Harvey.

-Bien, pues escuchad, es vital que sepáis esto. He venido desde el futuro, porque debemos evitar que maten al candidato a la alcaldía de Arkham, Alphonse Billington. En mi linea temporal, hubo un atentado durante la charla que realizó en esta residencia, lo que, por alguna razón que no llego a entender, llevó a que se  estableciera un poderoso ejército de equidnas cyborg que serían los encargados del control y la seguridad ciudadana, pero estos se saltaron su programación y dieron un golpe de estado. No, no me miréis con esa cara, no habéis visto lo terribles que son esos equidnas, son imparables. Después de conquistar Estados Unidos, expandieron su poder, y consiguieron dominar todo el planeta, que ahora se encuentra subyugado por un estado totalitario liderado por los equidnas cyborg.

Durante un momento, Harvey y Anna se quedaron callados mirando a Robert. Definitivamente, esto era más extraño de lo habitual en él.

-Espera un momento -le dijo Anna, llevándose aparte a Harvey.

-Creo que ha perdido definitivamente la chaveta -le dijo él en cuanto estuvo seguro de que Robert ya no les oía.

-Pero ¿cómo es posible que sepa de la charla que dará Billington? Lo hemos mantenido en secreto para que él no husmeara.

-Vale, eso es raro... pero aún así... Vamos a llevarlo a su habitación y después hablaremos con calma de esto.

Harvey y Anna volvieron con Robert.

-Tranquilo, Robert, nosotros nos encargaremos de que esos malvados equidnas no nos revienten la fiesta -le dijo Harvey.

Los dos le fueron conduciendo hacia su habitación con un sentimiento que no sabían cómo interpretar.


Y mientras los Pickman se dirigían hacia sus aposentos, en los sótanos de la residencia, parecía que alguien hubiera invitado a Electro, el villano de Spiderman. Unos rayos azul eléctrico (valga la redundancia) chisporroteaban por las paredes. De repente hubo una explosión de luz y algo surgió del estallido. El equidna cyborg miró a su alrededor mientras acostumbraba su cuerpo al salto cuántico temporal. La resistencia había enviado a alguien para detener el asesinato de Billington, pero por la madre Australia que nadie impediría que tuviera lugar su futuro.

¡¡¡CONTINUARÁ!!!