miércoles, 1 de julio de 2015

Cómo el becario salvó el mundo, el universo y todo lo demás

De todos es conocido que la ciudad de Arkham no es un lugar muy cálido. Debido a su localización al norte de los Estados Unidos, siempre se había caracterizado por veranos muy suaves, pero este mes de julio estaba empezando, inesperadamente, demasiado cálido. La razón de este calor tan poco habitual no podían sospecharla los habitantes de esta pequeña localidad de Nueva Inglaterra, pues si lo hubieran hecho, habrían huido despavoridos... o quizás no, que a la fuerza, uno se acostumbra a las cosas raras. Y en Arkham siempre pasan cosas raras.

Eye Gore, ayudante de investigación, tipo sospechoso habitual, e individuo siniestro a tiempo parcial, era uno de los causante de este inusual calor. Desde el último fracaso de su compañero Vinnie West en la reanimación de cadáveres, había estado investigando cómo alcanzar su objetivo de una dichosa vez. Se había fijado en que el método científico había fracasado una y otra vez, aunque hubieran seguido procedimientos de todo tipo, no habían conseguido nada... bueno sí, habían conseguido crear a un republicano que se había escapado y ahora campaba libre por todo el país (de hecho, le parecía haber visto su cara en una campaña para las elecciones de 2016). Vinnie era muy reacio a abandonar el método científico, pues se consideraba heredero de su antepasado Herbert West, pero Eye Gore no tenía ese problema. Él ni siquiera conocía a sus antepasados, pues fue abandonado en las puertas de un orfanato junto a una nota que decía "Se recomienda quemar a la criatura". Siempre le había hecho gracia esto último. Vale, él no era un adonis precisamente, pero quizás la recomendación de pegarle fuego era un poco excesiva. La cuestión es que no le debía nada a nadie y podía permitirse la libertad de llevar sus investigaciones más allá de la ciencia conocida.

Durante un tiempo, Eye Gore se preguntó qué podría encontrar más allá de la ciencia que pudiera ayudarle en su misión. Se involucró en círculos de investigación "alternativa", pero salió de allí horrorizado y perseguido por una legión de zombies  que clamaban contra los chemtrails, las vacunas, y el peor y más peligroso componente químico conocido, el óxido de dihidrógeno. Eran zombies muy violentos y sin ningun tipo de raciocinio, pero lo peor de todo es que ¡estaban vivos! no le servían de nada, si al menos hubieran sido cadáveres ambulantes, pero no, sólo eran imbéciles ambulantes.

Después lo intentó con el método de un viejo investigador del siglo XVIII llamado Joseph Curwen, el cual afirmaba poder devolver a la vida a una persona a través de sus sales esenciales. Mediante el mercado negro, Eye Gore logró hacerse con un saquito que contenía lo que le dijeron que serían sales esenciales de un ser humano, pero cuando fue a tratarlas para la resurrección resultó ser sal de frutas. Al menos le sirvió para su ardor de estómago.

Visto lo visto, decidió investigar en libros de magia medieval en busca de algún ritual de necromancia. Todos los libros que consiguió eran de paparruchas que no servían para nada o cuyos conjuros estaban incompletos, por lo que se hartó de ellos.

Finalmente se le ocurrió una cosa. Habia oído que en la deep web uno podía encontrar casi cualquier cosa y comprarla, así que instaló un navegador de internet que le ayudaría a surfear en la zona oscura de la red y se puso todos los firewalls conocidos para evitar problemas. Días después encontró una página en la que aseguraban tener un hechizo que podría invocar a esta dimensión a un ser que podría conceder ciertos deseos al convocante, entre ellos la resurrección. Eye Gore no tardó en pagar por el hechizo y esperar su llegada.

Sorprendentemente, el hechizo no tardó en llegarle (cualquiera hubiera creído que el tipo al otro lado del ordenador se quedaría el dinero y le mandaría un dibujo de Hello Kitty, o directamente no le mandaría nada). Venía en una cajita de madera con una serie de advertencias que Eye Gore ignoró deliberadamente. El hechizo no era muy costoso de elaborar, pero llevaría más de una semana que diera resultado. Había que realizar una serie de dibujos, traer unos ingredientes bastante sencillos, cantar monótonamente unas palabras que parecían idioma cani y concentrarse, concentrarse mucho.

Para realizar la invocación, Eye Gore pidió a la universidad Miskatonic un laboratorio, aduciendo que iba a realizar un experimento... algo que no era una mentira del todo. Y así, llevaba una semana susurrando monótonamente el cántico dentro del círculo en el que estaban los dibujos. En todo el tiempo que había estado realizando el hechizo, la temperatura del laboratorio había ido subiendo de grados, y más allá del laboratorio también, pero él no se había enterado de esto último, pues no había salido del laboratorio salvo para ir al baño.

Y ahora, tras una semana de trabajo, agotado, más sudado que un gordo en La Larga Marcha de Stephen King, por fin, Eye Gore había logrado su objetivo. En el centro del laboratorio, sobre su cabeza, había una enorme bola de fuego que parecía palpitar y crecer poco a poco. Esto último no terminaba de gustarle a Eye Gore, así que cuando comenzó a sonar un zumbido enfermizo y la bola empezó a cambiar de color y a crecer más rápido, decidió salir corriendo del laboratorio. Se imaginaba lo que pasaría a continuación. Una cosa que haría ¡¡¡BUUUUM!!!


El becario de la Fundación Wilmarth iba caminando tranquilamente por los pasillos de la facultad de metafísica. Las clases habían terminado oficialmente hacía un par de semanas, pero los cursos de verano comenzaban justo ahora, así que aquello todavía estaba lleno de alumnos. Por no hablar de los que venían para matricularse para el año siguiente. Su objetivo era hablar con alumnos de cursos avanzados y, hablando claro, captarlos para la fundación.

La Fundación Wilmarth era un grupo formado por los más instruidos expertos, pero estos, cuando llevaban a cabo trabajos de campo, tenían la mala costumbre de morirse, por lo que sus números habían ido disminuyendo progresivamente. Había que atraer a sangre nueva a la lucha contra las fuerzas oscuras... y ese sería su trabajo, ya que el resto de la fundación se había ido de vacaciones al Caribe.

El becario había hecho su trabajo con buen ánimo. Le gustaba ser útil para la fundación, y esperaba que pronto le subieran a las ligas mayores, las que iban tirándole bombas a los primigenios y jugando con símbolos arcanos. Pero para eso tenía que demostrar que era digno de ello. Hasta ahora había repartido panfletos y dado la tabarra a una buena cantidad de estudiantes, y estaba convencido de que algunos se apuntarían a la reunión informativa, por lo que podía darse por satisfecho. Pero lo que no esperaba es que, en una jornada tan tranquila como esa, aunque hiciera un calor digno de un chiringuito en la superficie de Mercurio, pasara lo que estaba a punto de suceder.

Se encontraba en el pasillo que conducía a los laboratorios, cuando sonó una potente explosión que hizo temblar los cimientos de la facultad. Cuando el becario abrió los ojos, vio a un grupo de estudiantes corriendo en su dirección con miradas de terror mientras gritaban, lo que había detrás de ellos era algo que no había visto jamás.

Del boquete que había producido la explosión, había salido una figura refulgente formada por llamas de colores dentro de las cuales podía ver, difuminada, una forma parecida a algún tipo de criatura. Este ser parecía palpitar y crecía poco a poco según iba avanzando por el pasillo. Antes de que el becario pudiera siquiera interpretar lo que veía, pudo escuchar una estridente voz dentro de su cabeza.

(ESTÚPIDOS SIMIOS, HABÉIS INVOCADO A TRACHLOPETHOTH, SEÑOR DEL HORROR, EL SUFRIMIENTO Y EL MARKETING TELEFÓNICO. TRAERÉ A LAS FUERZAS DE LA OSCURIDAD, LEVANTARÉ A LOS MUERTOS Y CONVERTIRÉ A TODOS LOS SERES VIVIENTES DE ESTE PLANETA EN CUCURUCHOS DE HELADO DE FRAMBUESA... Y DESPUÉS LOS DERRETIRÉ)

El edificio se llenó de gritos de terror por doquier y de alumnos corriendo de aquí para allá... todos menos el becario, que seguía allí parado en mitad del pasillo. Miraba al ser que avanzaba lentamente mientras seguía creciendo y creciendo. Claramente era una amenaza para el mundo, había que detenerlo, pero ¿cómo? Los demás miembros de la fundación estaban de vacaciones, él no tenía acceso a las bombas (solución para todo en la fundación), la última piedra estrellada con el símbolo arcano que le dieron la perdió en una borrachera... ¿qué iba a hacer? Siguió barruntando y dando vueltas a la cabeza hasta que cayó en la cuenta de que tenía un as en la manga. Dentro de su mochila tenía un libro de contacto con seres de otros planos, y pensó en el Método Derleth.

El Método Derleth era una solución que se le ocurrió leyendo los escritos de uno de los iniciadores de lo que sería la Fundación Wilmarth. Según el erudito August Derleth, si a una deidad malvada le echabas encima otra deidad, estas se enzarzarían en un combate como si de dos kaijus de la TOHO se trataran. 

El ser maléfico que tenía delante avanzaba inexorablemente, así que tenía que actuar rápido. Abrió la mochila y sacó el libro con premura. Buscó entre sus páginas y encontró una invocación que le serviría. Llamaría a Aquél Cuyo Gato Se Subió Al Teclado.

-¡Iä, Iä, Tusgogloprastthcteteteetpiristeroth, el impronunciable! ¡Yo te invoco de entre las estrellas sin nombre! ¡Responde a la llamada! ¡Iä, Iä!

De repente, el pasillo se cubrió de tinieblas y, dentro de la oscuridad, el becario creyó ver algo, algo que cambiaba de forma constantemente y formaba y absorbía pseudópodos. Esa masa oscura se acercó a la criatura flamígera y se paró delante de ella, y durante unos instantes reinó el silencio.

(realmente no reinó el silencio, pero lo que estaba sucediendo estaba más allá de la capacidad del oído humano, por lo que reproduciremos lo que se dijo para el lector)

-Hombre, Tratchlopethoth ¿qué haces aquí?

-Anda, pero si es el mismísimo Tusgogloprastthcteteteetpiristeroth, cuanto tiempo. Pues mira, que un idiota me ha invocado y he venido a destruir su dimensión, estos simios no aprenden nunca.

-Dímelo a mí. Yo también he venido invocado por otro simio estúpido... ¿Y cómo te va?

-Pues me he comprado un chalet de cinco dimensiones que abarca años luz por una ganga, no te lo vas a creer.

-¿En serio? Me encantaría verlo.

-¿Sí? Pues vente que te lo enseño...

Ante los ojos del becario, las dos criaturas se enlazaron formando un vórtice espaciotemporal y desaparecieron tras sonar un tronido.

¡Lo había conseguido! ¡El Método Derleth funcionaba! Los dos dioses se habían destruido mutuamente, tenía que contárselo al resto de miembros de la fundación cuanto antes. Había salvado el mundo ¡él solo! Con esto en mente, el becario salió corriendo hacia la sala de ordenadores para conectarse a internet cuanto antes.


De entre los escombros del laboratorio destrozado, se alzó una figura cubierta de polvo. Eye Gore se limpió las ropas como pudo y miró a su alrededor. Para la próxima se aseguraría de que sus experimentos no traían consecuencias apocalípticas.