martes, 14 de julio de 2015

El horrorísimo horror de Martini Beach

Es un dato poco conocido que, cerca de la ciudad de Arkham, hay una pequeña playa. Anteriormente, aquello era una cala, pero según fue avanzando el tiempo y la ciudad se fue modernizando, la cala pasó a ser una playa propiamente dicha. Las autoridades de la ciudad, viendo la cantidad de turismo que recibían debido a lo excéntrico de la localidad (weird tourism lo llamaban), decidieron que una ciudad con salidad al mar debía tener una bonita playa, lo suficientemente grande para que cupiera mucha gente.

Esta bonita playa, rodeada por pequeños acantilados, recibió un nombre que ya no recuerda nadie. Antes había un cartel en el que se podía leer el nombre original de la playa, pero un pequeño accidente relacionado con la Fundación Wilmarth y una bomba acabó con él. Ahora todo el mundo llama a este lugar Martini Beach, pues es el sitio donde los estudiantes de la universidad se reúnen para realizar el noble arte del botellón.

Martini Beach siempre ha sido un lugar tranquilo. Pero siendo Arkham la ciudad en la que se encuentra, esto tarde o temprano tenía que cambiar.


-Me alegra que hayas decidido acompañarme a la playa, Anna, no sé por qué, pero nadie quería venir conmigo -dijo Brontes mientras se quitaba la ropa veraniega que llevaba.

Anna Pickman iba a responderle algo, pero cuando vio el bañador que llevaba debajo de su ropa, descubrió cual era la razón por la que nadie quería ir con el cíclope a la playa. El bañador, de un color fucsia chillón, era igualito al que había visto en una película llamaba Borat, algo demasiado horripilante y blasfemo como para ser descrito. Para terminar de convertir su atuendo en algo enloquecedor, Brontes llevaba un monóculo de sol cubriendo su único ojo.

-Bueno... -dijo Anna mirando hacia cualquier sitio menos al cíclope -Harvey y Seabury estaban ocupados, y Robert tiene alergia al sol, y teniendo en cuenta que Summanus tiene que llevar los asuntos de la residencia, soy la única disponible.

-Yo agradezco cualquier compañía, y después del año lectivo que hemos tenido, era necesario un momento de relax en el mar.

-¿Año lectivo? Pero si tú no eres profesor ¿en qué te afecta el año lectivo?

-En que es la época en la que todos los alumnos están en la universidad. Y a mayor cantidad de alumnos, más rápido sube la probabilidad de caos y locura. En el laboratorio tenemos una ecuación para este asunto.

Anna se quedó pensando durante un momento en la cantidad de líos que había habido durante todo el curso debido a alumnos que invocaban cosas que no debían invocar, tocaban cosas que no había que tocar, y despertaban a otras cosas a las que no había que despertar. Los alumnos de aquella enloquecida universidad eran del tipo  que les ponías un botón rojo con un inmenso cartel de NO APRETAR y ellos lo apretaban. Mientras seguía pensando en estas cosas, de repente un revuelo pareció recorrer la primera línea de playa. Cuando dirigió la mirada al lugar donde todos señalaban pudo ver varias aletas dorsales dirigiéndose hacia la orilla.

-Oh no, son tiburones ¡¡los asesinos del mar!! -gritó un señor con bigote que se sentaba en la orilla junto a su esposa.

Las aletas dorsales llegaron hasta la orilla y Anna pudo ver que sus dueños no eran tiburones.

-Aaaaah no, son delfines -dijo el mismo señor -, los payasos del mar.

Antes de que nadie pudiera hacer nada, de repente apareció un furgón de policía que paró delante del individuo de bigote, bajaron dos policías fornidos y lo agarraron cada uno de un brazo.

-Queda usted detenido por vulnerar las leyes de copyright.

Dicho esto, lo subieron al furgón y desaparecieron de allí mientras su mujer se quedaba mirando anonadada. 

Los delfines que habían parado en la orilla de Martini Beach se alzaron sobre sus aletas traseras y dejaron a la vista lo que llevaban agarrado a ellos. Se trataba de unos profundos que miraban con curiosidad a los turistas. Buscando entre la multitud miraron fijamente a Anna y a Brontes y se dirigieron hacia ellos con decisión.

-¿Pero es que no nos podemos pillar ni un día libre? -musitó para sí misma Anna.

Los profundos llegaron hasta donde estaban Anna y Brontes y saludaron con sus manos escamosas mientras cientos de flashes de cámaras de fotos y de móviles inmortalizaban el momento.

-Saludos, habitantes de la superficie. Hasta ahora, la familia Pickman ha sido amable con nosotros, por lo que requerimos de vuestra ayuda.

-Bueno, yo no soy de la familia Pickman, así que puedo irme a pegarme un baño, ehh...

-Quieto ahí, Brontes -le dijo Anna agarrándolo del brazo antes de que saliera corriendo -, tú te quedas aquí conmigo. ¿Qué problema os reconcome?

-Verá, señora...

-Señorita.

-Sí, eso... pues nosotros llevamos muchos años por esta costa sin hacer daño a nadie, sólo alimentándonos de peces, asustando a algún borracho y saliendo en vídeos de magufos que creen haber grabado a una sirena, pero últimamente estamos teniendo problemas. La pesca empezó a desaparecer, y los arrecimos done tenemos nuestra ciudad comenzaron a temblar con extraños terremotos... bueno, maremotos, pero da igual. Cuando decidimos investigar qué estaba pasando, nos encontramos con unos hombres reptil vestidos con unos extraños uniformes que no respondían al nombre de Yig y querían desahuciarnos. 
-¿Deshauciaros? ¿Cómo es eso? -preguntó Anna.
-Pues dicen que reclaman esta costa para la gloriosa armada del ejército RNLO y traen incluso una excavadora subacuática gigante. Nuestra conexión con el resto de poblaciones de profundos ha sido cortada por unos idiotas que van tirando bombas que dicen nosequé de un tal Wilmarth, por lo que nos hemos quedado solos y no sabemos que hacer. Ni siquiera tenemos un shoggoth, el último que tuvimos se unió a una secta de limos y cienos que han descubierton a Jesús...

Anna miró fijamente al inmenso mar, ondulante y susurrante, surcado por gaviotas. Una vez más, allí había horrores aterrorizando a alguien.

-No os preocupéis, amigos subacuáticos, nosotros nos encargaremos de esos pendejos -dijo Anna chocando su puño izquierdo con su mano derecha.

De repente, los delfines de los profundos comenzaron a gritar llamando su atención. Todo el mundo se giró hacia ellos y pudieron ver cómo, de las profundidades del mar, salía un individuo vestido de buzo de los años '30. Este llegó a la orilla y se quitó el casco, dejando a la vista la escamosa cabeza de un siseante reptil.

-Essstupidosss profundosssss, rendíosss ante el glorioso RNLO.

-¡No! -dijo el profundo.

-Que sí.

-Que no.

-Que sí.

-Que no.

-Ya me he hartado de tanta tontería. ¡¡¡Tropas del RNLO, a por ellos!!!

Del agua comenzaron a surgir seres reptilianos vestidos con uniformes del ejército  alemán de la II Guerra Mundial que miraban con siniestras intenciones hacia los bañistas, que comenzaron a correr de aquí para allá gritando (alguno seguía sacándose fotos con el móvil).
-¡De eso nada! -exclamó Anna. Abrió su mochila y de dentro sacó una M16 y una Kalashnikov, las cuales cogió con cada mano.
-¿Te has traído dos ametralladoras a la playa? -preguntó Brontes desconcertado.
-En una ciudad como esta nunca sabes cuando puede liarse.... ¡LET'S ROCK!
 Dicho esto lanzó una andanada interminable dirigida hacia los reptilianos, que caían como monigotes de CGI en la película de 300. Por muchos que caían, seguían saliendo a montones del agua, todos armados con armas del ejérctio nazi, se cubrían detrás de sombrillas y castillos de arena que habían construido los niños. Brontes se parapetó detrás de las mochilas de una familia de turistas canadienses junto con el pequeño grupo de profundos. 

De repente, de las aguas más profundas, surgió un imponente coloso de metal que se irguió como un gigante submarino. Sus brazos eran excavadoras y una cabeza con antenas y dos ojos rojos miraron hacia la orilla.

-Es la excavadora -dijo uno de los profundos -, la han convertido en un robot.

-Así que tienen un robot gigante ¿eh? -dijo Brontes -, tendré que traer algo que lo contrarreste. Dame unos minutos, Anna.

-No me moveré de aquí -dijo ella mientras seguía disparando, de algún sitio había sacado un casco militar y un chaleco de campaña.

Brontes salió disparado en la dirección contraria al mar y Anna se despidió de él con un movimiento de la cabeza, tras lo que siguió disparando hacia el ejército que avanzaba inexorablemente hacia su objetivo. El gigantesco robot caminaba con poderosos pasos hacia la orilla, mientras los delfines de los profundos intentaban distraerlo, pero nada impediría que llegara hasta los profundos y la mujer de las ametralladoras.

Los soldados del ejército reptiliano cada vez salían en menor cantidad, pero ahora iban armados con granadas modelo 24 de la II Guerra Mundial que lanzaban con una nula precisión, para fortuna de Anna y los profundos. El líder seguía plantado en mitad de la arena, con mirada satisfecha mientras el robot avanzaba cada vez más cerca.

Por fin el gigantesco androide metálico surgió plenamente del agua y se paró en la orilla. De los hombros del robot salieron dos ametralladoras Gatlin que apuntaron hacia el lugar donde estaban Anna y los profundos.

-¡¿Necesitas una mano?! -exclamó alguien desde el lado contrario a la playa.

Todas las cabezas se giraron en esa dirección y vieron cómo del aparcamiento cercano a la playa aparecía una gigantesca masa de tentáculos, zarcillos, protoplasma, y bocas repletas de puntiagudos dientes. Encima de este ser informe había una silla de montar y en ella estaba el mismísimo Brontes. Antes de que nadie pudiera hacer nada, la monstruosidad se expandió y, moviéndose de algún modo no euclidiano, llegó hasta donde estaba el robot del RNLO. Del interior de la masa protoplásmica surgieron dos inmensos brazos musculosos que cogieron al robot de la cabeza y de los pies y, de un tremendo tirón, partieron al coloso en dos mitades. Después de esta demostración de poder, el ser lanzó los dos pedazos del robot a lo más profundo del mar y se giró a mirar al líder de los reptilianos.

-¡Unglaublich! -exclamó este.

-Eso es -le dijo Brontes.

El reptiliano miró a su alrededor y vio que quedaban unos pocos soldados, magullados y heridos, y dirigió su mirada a Anna, armada hasta los dientes.

-Esssto no quedará assssí.

Y dicho esto, se puso la escafandra y se lanzó al agua seguido de los supervivientes.

-¡¡¡Lo hemos conseguido!!! -exclamó Brontes.

Un grito de alegría surgió de todos los bañistas, que habían vuelto a aparecer de repente, y de algún sitio comenzó a salir confetti.

Los profundos miraron con admiración a Anna, que se estaba limpiando el sudor de su frente mientras Brontes se acercaba a ellos.

-Gracias, muchas gracias por salvar nuestra colonia, no sé cómo podremos pagaros -dijo uno de los profundos.

-No os preocupéis, el olor del miedo de mis enemigos es suficiente -le respondió Anna mientras se ataba una cinta en la cabeza.

Brontes llegó hasta ellos y le dió un vaso largo de cubata a Anna.

-¿De dónde has sacado eso? -le preguntó al cíclope.

-No lo sé... pero ya que estamos ¡que siga la fiesta!

De Unglaublich surgieron varios tentáculos que dieron copas a los profundos y después comenzaron a moverse al ritmo de la música que surgía de vete a saber dónde.

Y después de mucho tiempo, en Arkham todavía se recordaría el día que los héroes de Martini Beach detuvieron la invasión reptiliana. Ya eran leyendas.