viernes, 5 de febrero de 2016

Araknekfobia

Cuando el becario de La Fundación Wilmarth vio pasar aquella extraña criatura por delante de él en dirección a la residencia estudiantil La Llave y La Puerta, no pudo evitar sentir un escalofrío recorriendo su espalda. Cualquiera con poca vista podría pensar que sólo era un ciudadano friolero que llevaba la gabardina tapando todo su cuerpo, con bufanda, sombrero y guantes incluidos, pero él presentía que no era una persona normal. El ancho de su cuerpo, los bultos anormales en su voluminosa figura, las piernas tan largas y delgadas. Aquello no era una persona normal, era una criatura sobrenatural, y su deber como miembro de La Fundación Wilmarth era combatirlo. 
Le siguió intentando ser lo más discreto posible y le vio traspasar las puertas de la residencia. Una vez allí, el ser se fue desprendiendo de las ropas que lo cubrían, y lo que vio habría enloquecido a una persona más sensible. Aquel ser parecía una araña de desmesurado tamaño, que iba liberando sus enfermizos apéndices de la ropa que la habían ocultado. Cuando posó sus cuatro pares de patas en el suelo, pudo ver cómo le recorrían el cuerpo un par de arañitas de menor tamaño, que de vez en cuando se encontraban y ¿jugaban a palmas palmitas? ¿Qué clase de horror innombrable era aquél?

El becario torció el gesto asqueado ante la visión de aquellos monstruos. Recordaba sus primeros días en la fundación, cuando penetró en aquel edificio en una misión y se encontró con aquella blasfema araña de tres metros que le echó a patadas con una fregona. Estos nuevos monstruos debían ser compañeros de aquel siniestro arácnido. Debían estar planeando algo. Quizás una invasión a la ciudad. Debía avisar a sus compañeros y detenerlos antes de que fuera demasiado tarde.

El becario salió corriendo en dirección a la Universidad Miskatonic como si el fin del mundo le siguiera de cerca.


Summanus saludó dibujando una sonrisa en su cara. Levantó la mano derecha y con ella invitó  al arácnido ser al interior de la residencia.

-Sea bienvenida a La Llave y La Puerta. Deduzco que usted debe ser uno de los familiares de Araknek. Yo soy Summanus, administrador de la residencia y seré quien le lleve hasta la presencia de nuestra jefa del servicio de limpieza y mantenimiento  ¿con quien tengo el placer de hablar?

-Soy A'Tioksa, prima hermana de Araknek. Estos dos pillines que corretean por mi espalda son los pequeños  Tak y Tek -dijo la inmensa araña moviendo las patas delanteras.

La araña fue siguiendo a Summanus, que fue conduciendo a la criatura por los interiores de la residencia.

-Araknek no me ha informado cuantos familiares vendrán hoy a visitarla ¿podría usted solucionar ese problema? Me gustaría saber cuantas habitaciones tengo que preparar.

-Venimos la madre de Araknek, las dos hermanas de esta y yo, su prima. Los machos de nuestra raza suelen servir de primer plato en la cena post-coito, por lo que la mayoría de los miembros varones de la familia ya han sido devorados. Por otro lado, también invitamos al padre de Araknek, el gran e incognoscible Atlach-Nacha, pero parece que está muy ocupado porque otro idiota estaba siguiendo unas geases y le ha destrozado toda la tela. Eso sí, manda saludos.

Summanus asintió con la cabeza.

-Entonces serán cuatro habitaciones, pues supongo que sus dos retoños dormirán con usted.

-Así es. Estos pillines son demasiado traviesos para que les deje una habitación para ellos.

Para demostrar esta última aformación, la pareja de arañas saltaron de la espalda de A'Tioksa y se subieron a una lámpara, que empezó a zarandearse ante el peso de las dos criaturas.

-¡Eh! ¡Bajad de ahí!- dijo A'Tioksa -No quiero que arméis ningún lío en el trabajo de la tía Araknek.

Las arañitas bajaron las patas desanimadas y saltaron a la espalda de su madre.

-¿Ve? No los puedo dejar solos.

Cuando llegaron a los dominios de Araknek, Summanus torció el gesto.

-¿Dónde se ha metido esta? -se preguntó en voz alta -Espere un segundo, que le llamo.

El dinosauroide sacó el teléfono móvil del bolsillo de su americana y mandó un mensaje de whatsapp a la arácnida jefa de mantenimiento. La respuesta no tardó en llegar.

-Lo siento, pero parece que está comprando material de limpieza. Anoche, Robert Pickman, uno de los jefes, tiró todos los productos de limpieza por el desagüe porque pensaba que con ellos estaban alterando las ondas alfa de su cerebro, y también tiró todas las fregonas porque pensaba que con ellas estaban espiando todos sus movimientos unos malvados limpiadores illuminati. No pregunte, cosas de esta familia...

-¿Pero tardará mucho? el resto de la familia está al caer...

-No se preocupe. Cuando lleguen pónganse cómodas, que en breve Araknek estará aquí. No debería tardar mucho, la tienda está muy cerca. Sígame a recepción, allí esperaremos a las demás.

Summanus fue deshaciendo el camino junto a la gigantesca araña mientras en su cabeza no hacía más que rezar a todos los dioses habidos y por haber que no la liara nadie. Después de haber arreglado todos los problemas que habían tenido con las distintas razas de seres inteligentes que habitaban el planeta, sólo les faltaba enemistarse con las arañas de Leng.


En la Universidad Miskatonic, un escuadrón de la Fundación Wilmarth estaba preparando el armamento. Se habían equipado con blindaje hecho de porexpan, pues normalmente no estaban acostumbrados a acercarse demasiado a las criaturas a las que se enfrentaban, ellos normalmente eran más de tirar bombas y salir corriendo cuando estaban muy cerca del verdadero peligro al más puro estilo del miembro fundador.

-Bien, señores -dijo el líder del equipo -, nuestros informadores nos han dicho que hay cuatro de esas criaturas arácnidas en la ciudad. Las cuatro se encuentran en la residencia estudiantil La Llave y La Puerta, y sólo los dioses saben qué malvados planes están planeando.

-¿Planes planeando? ¿Eso no es redundante? -le interrumpió un nervioso miembro del equipo.

-¡No te parecerá redundante cuando tengamos a una de esas criaturas intentando clavarnos sus sucios colmillos! Debemos eliminarlas cuanto antes... el problema es que nuestros superiores nos han prohibido el uso de explosivos dentro de la ciudad debido a lo que sucedió en nochevieja, así que tendremos que llevar a cabo métodos más creativos para librarnos de los monstruos. Uno de ellos lo ha creado nuestro compañero McGilligan.

El tal McGilligan se adelantó al resto. Llevaba algo que parecía una de esas mochilas que utilizan para fumigar.

-Como son seres arácnidos, hemos llegado a la conclusión de que son criaturas del ciclo de Cthulhu de tierra. Y como sabéis gracias al manual de la fundación que vendemos en cómodos fascículos (con el número uno, un fragmento de Símbolo Arcano), las criaturas terrestres son alérgicas al agua, por lo que esto debería ser un arma destructiva para ellos. El tanque que tengo a la espalda está lleno de agua, y este surtidor hará los efectos de un lanzallamas para esos malvados seres.

El resto del grupo aplaudieron enfervorecidos la explicación de McGilligan. El líder del equipo volvió a llamar la atención y continuó con su explicación.

-Bueno, debemos ser lo más discretos posibles, así que, como son cuatro seres, cuatro de nosotros iremos a la residencia y cada uno de nosotros se encargará de una de las criaturas. El becario esperará fuera monitorizando desde un portátil la operación ¿de acuerdo?

-¡De acuerdo! -dijeron todos.

-¡Pues vamos allá! Que se preparen esos siniestros monstruos... no saben a lo que se enfrentan.


De nuevo, en La Llave y La Puerta, A'Tioksa estaba peleándose con la máquina de snacks que había en el pasillo del segundo piso de la residencia. Había metido un billete de dólar, pero la dichosa máquina no quería aceptarlo y no hacía más que devolverlo. Estaba ya a punto de clavar sus patas delanteras y arrancar el cristal protector, pero no quería dejar en mal lugar a su prima Araknek en su lugar de trabajo.

Mientras la pobre A'Tioksa se enfrentaba a uno de los mayores enemigos del hambriento con poco dinero, Tak y Tek, sus pequeñas crías (bueno, pequeñas para los estándares de una araña de Leng, si alguien se encontrara en su cuarto con un bicho del tamaño de Tak y Tek, saldría disparado por la escalera de incendios) deambulaban por el pasillo maquinando alguna trastada. Mientras se preguntaban cómo podrían sacar el extintor de dentro de la caja que lo guardaba, se encontraron con un individuo extraño que se acercaba a ellos lentamente, dando pasitos con la punta de los pies. Llevaba uniforme de campaña y encima de éste se había puesto un montón de corchopán. Las dos arañas rieron ante las pintas del humano, habían visto a gente extravagante para lo normal en los mamíferos pelados aquellos, pero ese tipo era demasiado cómico. Tak y Tek se miraron de reojo y nos les hizo falta hablar para saber lo que estaba pensando el otra. Miraron fijamente al extraño individuo y, con un grácil movimiento, se lanzaron sobre él.

-¡¡¡No!!! ¡Quitaos de encima, criaturas del averno! -se puso a gritar el individuo.

A'Tioksa dio un respingo y se giró a ver qué era ese escándalo y se encontró con sus dos retoños dando saltos sobre un individuo disfrazado con algún cosplay ridículo. El pobre humano no hacía más que revolverse y dar saltos, y se iba acercando peligrosamente a la ventana que daba a la calle.

-¡Tak, Tek! ¡Bajad de encima de ese señor o esta noche no cenáis! -exclamó su madre con evidente enfado.

Las dos arañitas se lanzaron al suelo, pero el impulso hizo que el individuo resbalara y cayera por la ventana. A'Tioksa escuchó el sonido del tremendo golpe que se dio al caer a la calle. Se asomó por la ventana y se encontró al cosplayer despatarrado en la acera.

-¡Lo siento, señor! ¡Es que son muy traviesos!

Al ver que no el tipo no respondía, se dio la vuelta y volvió a la máquina de vending, a ver si esta vez conseguía que le diera la dichosa chocolatina.

En otro lugar de la residencia, Kit-cachs, la madre de Araknek se encontró, al salir de su habitación, cara a cara con un individuo vestido con ropas militares y una armadura de polexpan, llevaba algo parecido a un equipo de fumigación.

-¡Alto ahí, monstruo! Yo, McGilligan, acabaré con tu maligna presencia en este planeta.

El tal McGilligan empezó a rociar a Kit-cachs con agua del equipo de fumigación. Estaba fresquita, pero no sabía por qué diantres estaba haciendo eso. Se le quedó mirando extrañada hasta que se le acabó el agua.

-¡Oh, no! ¡No le hace efecto! Pero si no le hace efecto el agua, quiere decir que no es una criatura de tierra... ¿será una criatura de agua? ¿O quizás de fuego?

Kit-cachs torció el gesto en su rostro alienígena.

-¿Pero qué estás diciendo? ¿Por qué dices en voz alta lo que estás pensando? ¿Y cómo que una criatura de tierra, agua o fuego? Qué te crees que soy? ¿Un pokemon?

McGilligan, con una expresión de profundo terror, empezó a buscar frenéticamente por sus bolsillos y, finalmente, sacó un trozo de piedra en el que alguien había dibujado una estrella con un ojo (o algo parecido) en el centro. Se lo plantó a Kit-cachs delante de la cara y no hacía más que zarandearlo como si quisiera que lo viera mejor.

-Sí... sí... ya lo veo ¿qué quieres? ¿Que te felicite por haber dibujado eso en un trozo de piedra?

-¡¡¡El símbolo arcano tampoco le afecta!!! ¡¡¡Estamos acabados!!! ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!

McGilligan salió corriendo hacia las escaleras, pero tropezó torpemente y cayó cuan largo era hasta la planta baja, donde quedó inconsciente.

-¡Qué gente más rara hay en esta ciudad! No sé por qué a mi hija le gusta vivir aquí...

Subiendo las escaleras que llevaban al sótano, Tikik'Cha, tía de Araknek, se iba preguntando por qué su familiar disfrutaba de su trabajo en ese edificio. Las arañas como ella vivían en lugares abiertos. Quizás lo había sacado de la familia por parte de padre, ya que Atlach-Nacha vivía en las profundidades de un sistema de cuevas debajo de una gran montaña. Siguiendo esta línea de pensamientos, se cruzó con un hombre que parecía ir disfrazado de soldado cutre. Debía ser algún pobre que no tenía dinero para hacerse con un disfraz más sotisficado.

-¡Tú, monstruo innombrable! Puede que el agua no os haga efecto, pero seguro que no puedes alcanzarme... ¡Vamos! ¿O es que tienes miedo?

Tikik'Cha se quedó mirando perpleja al hombre. No conocía mucho las costumbres humanas del mundo de la vigilia, así que no sabía qué pretendía exactamente ¿era algún tipo de juego? Supuso que sí, así que fue siguiendo al hombre disfrazado por las escaleras hasta llegar al pasillo que daba al sótano. Allí, el hombre salió corriendo. Ahora lo entendía, quería jugar al pilla-pilla. Tikik'Cha salió corriendo detrás del hombre, intentando no ir demasiado deprisa, para no acabar el juego demasiado pronto, hasta que se encontró con algo extraño. Parecía una de esas trampas que se usaban para cazar ratones, pero era de tamaño gigante. El humano pasó a través de ella y se quedó mirando a Tikik'Cha.

-¡Vamos! ¡Ven a por mi! ¡¡¡Vamos!!!

Tikik'Cha no entendía nada. Así no se jugaba al pilla-pilla en La Tierra de los Sueños. Debería haber ido a aquel curso de Cultura Humana del Mundo de la Vigilia del que le habló su madre en su momento.

El hombre disfrazado empezó a ponerse morado ¿estaba enfadado o tenía un apretón? Se acercó a la trampa y empezó a dar saltos encima de ella.

-¡Aquí, criatura estúpida! ¡Tienes que ponerte aquí encim...!

No pudo terminar la frase, porque al saltar sobre el artefacto, activó la trampa y esta le cayó encima atrapándolo inexorablemente. Allí se quedó moviendo espasmódicamente los brazos y farfullando algo.

-Mira, no entiendo nada, y estoy esperando a mi sobrina, así que te dejo aquí con tus juegos raros.

Y así, Tikik'Cha fue hacia recepción, con suerte Araknek llegaría en breve.

La madre de A'Tioksa, tía de Araknek, estaba en recepción y había oído todo el escándalo que había organizado su hermana Tikik'Cha. Cuando la vio salir de la zona del sótano, se dirigió hacia ella, pero fue interceptada por un hombre vestido de militar y con una espada en sus manos.

-¡Alto! Con esta espada bendecida por los dioses benevolentes acabaré con tu maldad, ser del mal.

-Oiga ¿pero qué dice? Yo soy una honrada araña de Leng, pago mis impuestos y no hago daño a nadie... bueno, excepto a mis presas, pero de algo tengo que comer. Además, ¿acabaré con tu maldad, ser del mal? Eres un poco redundante ¿no?

-¿Redundante? ¡Te voy a dar redundancia! ¡¡¡Aaaah!!!

El loco, porque claramente era una persona impedida mentalmente,  se lanzó corriendo hacia la tía de Araknek, pero en su carrera se tropezó él solo y cayó dando varias volteretas, se golpeó con una mesilla en la que había un jarrón y este le cayó en la cabeza, dejándolo fuera de juego.

En ese momento, Tikik'Cha se acercó a ella.

-¿Es que hay alguna convención de idiotas en esta ciudad o qué? -le preguntó a la madre de A'Tioksa.


En el exterior del edificio, el becario había visto a través del portátil cómo todo el equipo de agentes de la Fundación Wilmarth había sido despachado por aquel grupo de criaturas que, claramente, eran más inteligentes de lo que habían esperado. Sólo quedaba él, tenía que hacer algo antes de que las criaturas llevaran a cabo su malvado plan y destruyeran (otra vez) la ciudad.

-¡Hombre, hola! -dijo una voz detrás de él.

El becario se giró para mirar a quien le hablaba y el corazón estuvo a punto de salirle disparado de la boca y coger unas vacaciones al lugar más lejano de allí. Lo que le estaba hablando era aquel mefítico ser arácnido que le había derrotado la primera vez que luchó contra un CCC, le tenía desarmado y totalmente solo.

-¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!!

El becario salió corriendo, dejándose el portátil allí tirado, haciendo honor al nombre de la fundación que le había acogido, y  no paró hasta que llegó a la Universidad Miskatonic. Corrió y corrió por toda la ciudad como si fuera perseguido por los más terribles monstruos surgidos del más siniestro de los inframundos.

Y allí se quedó mirando Araknek, extrañada. Se giró y entró por la puerta de la residencia. Allí le esperaban sus familiares. Vio a sus tías, prima y madre en salón recibidor de La Llave y La Puerta, y les saludó con su quitinosa mano.

-Hola ¿os han tratado bien?

Las arañas de Leng se miraron las unas a las otras.

-Hemos tenido un recibimiento la mar de curioso -dijo Tikik'Cha.

-Bueno, típico de Arkham... y ahora, vayamos a cenar.

Las arañas de Leng seguieron a Araknek a la cafetería de la residencia y dejaron atrás los restos de la operación de la Fundación Wilmarth que había fracasado estrepitosamente.