miércoles, 2 de marzo de 2016

Weird Bio-Hazard (parte 3): La carga de Alfa Strike

10:30 h. Dunwich, en las proximidades de BioGen

La tierra se agitaba con un temblor sordo, una vibración continua que marcaba el avance del equipo de incursión Morlock y sus disparatados ejército mecanizado: buggies, camiones y otros vehículos de poco reconocible origen debido al trato de personalización a los que habían sido sometidos por los mecánicos morlocks. Lo que en otro tiempo eran coches, camiones y furgonetas perfectamente normales se habían convertido en una horda motorizada y altamente modificada: los motores rugían, las armas acopladas en sus afustes brillaban dispuestas a abrir fuego, las puas y pinchos que se habían montado sobre la carrocería eran sumamente amenazadores, y las placas de blindaje soldadas con criterío más bien dispar en cuanto a su ubicación convertían cosas como un inofensivo escarabajo en un mini juggernaut acorazado. Tras la caravana morlock avanzaba de forma antinatural un inmenso frente tormentoso, cuyo frente sombrío parecía preñado de electricidad dispuesta a ser liberada en forma de violentos relámpagos. Encabezando la marcha, en el aire, un enorme shantak cubierto con algunas piezas de armadura, sobrevolaba la zona. La bestia, del tamaño de un elefante, era una criatura que bien podría haber inspirado las leyendas de los dragones y los wyverns, un inmenso ser volador de alas membranosas, poderosas garras, gruesa cola y largo cuello acabado en una testa equina. Sobre la criatura, extraída de las Tierras del Sueño, dos jinetes: Loki, vestido como un guerrero vikingo y armado con una lanza, y Harvey, con una indumentaria más paramilitar y armado con una clava cuya cabeza estaba forrada de metal con extraños símbolos grabados sobre la misma.

La descomunal bestia alada se adelantó a la comitiva morlock y sobrevoló el terreno observando el despliegue militar que aguardaba en torno a los edificios de BioGen: una compañía de mercenarios de Omicron Scorpions y una Panzerdivision y un Einsatzgruppen de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, todos en pie de guerra y preparados para la batalla. Ciertamente, el equilibrio de fuerzas parecía bastante dispar en comparación con el medio centenar de morlocks y sus desquiciados vehículos, un shantak, un dios nórdico y un sacerdote de Yog-Sothoth bastante cabreado. Sin embargo, esto no parecía arredrar a Harvey, que tenía un as en la manga. Indicó a Loki que descendiera y confió que todo saliera tal y como habían planeado. Mientras el equipo de incursión hacía su entrada subterránea, Loki, Harvey, y los demás debían crear una distracción y, de paso, dar una buena lección a la New World Enterprises.

Cuando el enorme monstruo se posó frente al control de acceso de BioGen, los soldados apuntaron de inmediato a los recién llegados. Sin embargo, estos descendieron sin mostrar temor alguno. Harvey, escoltado por el nórdico, reclamó hablar con Asenath, pues para eso estaban allí. Unos minutos más tarde, y con la horda morlock aproximándose, la directora de los laboratorios se presentó ante ellos. El detective la observó y se dió cuenta de cuanto había cambiado aquella mujer. Había sido atractiva en su tiempo, pero las múltiples operaciones de estética a las que se había sometido la habían dejado muy cambiada, convertida en una Barbie engreída que había errado en sus acciones al provocarle.

-Hola Asenath, veo que has cambiado mucho físicamente desde que nos vimos por última vez.

-Hola Harvey, sigues siendo tan directo como siempre. Sí, me he hecho algunos retoques -decía Asenath mientras se levantaba los pechos con las manos -. ¿Qué te parecen?

-Exagerados, siempre me ha ido más lo natural. Pero no estamos aquí para hablar de tu obsesión por la cirugía estética. He venido para que liberes a Evangeline y a los clones. Hazlo y aún podrás salvar tu culo operado y tus tetazas de silicona...

Asenath rió sardónica. Se sentía confiada y sabía que las protecciones que tenía el laboratorio impedirían el uso de la magia y de las intrusiones interdimensionales. Además, la diferencia de fuerzas estaba claramente a su favor. No comprendía la agresividad demostrada por Harvey y lo consideraba una mera fanfarronada y se lo dejó claro. Mientras tanto, el detective de los Pickman se mantenía sereno.

-Puede que hayas conseguido levantar una barrera protectora en torno al recinto, pero mientras que tú siempre fuiste mejor que yo en ciencias, nunca lograste superarme en la magia. Soy un sacerdote de Yog-Sothoth y, probablemente, uno de los hechiceros más poderosos de Arkham. Me da igual si te has vendido a la Cabra Negra de los Mil Retoños, todavía tienes una oportunidad de resolver esto pacíficamente.

-Te veo muy confiado, Harvey, pero me parece que te equivocas. Soy yo la que tiene todos los ases en la mano y tu no podrás derrotarme. Puedes entregarte libremente y permitir que tu misera banda se salve o luchar y caer derrotado y humillado ante mí. Supongo que prefiero la segunda opción, así será más dulce la victoria.

Loki puso una mano sobre el hombro de su compañero, y éste reaccionó como esperaba el nórdico. Se despidió de la científica loca, y ambos montaron en el shantak. En cuanto la bestia alzó el vuelo, una alarma comenzó a sonar dentro del complejo. Konstantin y su grupo de incursión habían abierto una brecha. Era hora de que Harvey se ocupara de centrar la atención de las tropas enemigas y golpear al estilo Pickman: Rápido y con fuerza. Hizo una señal a Loki, que le pasó un cuerno curvo y vaciado procedente de alguna bestia de las Tierras del Sueño, se lo llevó a los labios y sopló con todas sus fuerzas mientras blandía en el aire la clava. Al paso del shantak, el arma del detective hendió la realidad dejando paso a una abertura por la que una veintena de cacodemonios con gorras del Ejército Rojo bajaron desde los cielos cantando a pleno pulmón la Internacional mientras escupían bolas de plasma contra los defensores. Una vez iniciado el ataque aéreo, el ejército móvil morlock se puso en marcha. Con los motores atronando, iniciaron su avance desplegándose en una línea para maximizar su capacidad de fuego. A medida que se aproximaban, las armas, guiadas por artilleras (las mujeres morlock son las mejores guerreras de esta raza), abrían fuego sin cesar creando un barrido de fuego y muerte. Al mismo tiempo, surgiendo tras los morlocks al deshacer la ilusión que los hacía invisibles, el resto del equipo de Alfa Strike apareció sobre todo tipo de vehículos y monturas.

Este súbito incremento de los refuerzos cogió por sorpresa a los defensores, que no contaban con luchar contra semejante despliegue ofensivo. Sin embargo, no tardaron en reaccionar, dejando el grueso del combate a los RNLO y sus tanques para enfrentarse a los vehículos morlock. Pero, los atacantes ya habían previsto esto, por lo que, en cuanto la Panzerdivision se puso en marcha y los soldados comenzaron a devolver el fuego, los morlocks respondieron como un sólo individuo. Con una excelente coordinación, el contingente de vehículos se dividió en dos grupos por la mitad, dejando paso a la carga de Alfa Strike y separándose para rodear el complejo y atacar por los flancos.

Con el paso expedito hacia el complejo, Alfa Strike, en formación de triangulo, directo hacia su objetivo: las puertas de acceso de BioGen. Encabezaba la marcha Perun, lanza en ristre y montado en su fiel Misha, acorazado para la ocasión. Tras él, en sendas motos trucadas, roja y azul, montaban respectivamente Raijin y Fujin, enarbolando sendas katanas. A continuación, Thor, montado en su carro tirado por dos enormes cabras, empuñando a Mjolnir, su martillo, y acompañado por El que Legisla tras el Umbral, que iba armado con dos fusiles M16 y dos AK-74 y vestido con una cinta roja en la cabeza, camiseta de tirantes, pantalón de camuflaje de bosque y botas de combate. Flanqueándo al carro de Thor por la derecha, N'kari y Summanus montaban sobre un enorme rinoceronte, ella vestida con su uniforme de combate y su escopeta épica de acero de dioses, él, a las riendas de la bestia, con una lanza. A la izquierda, Ares, montando el destrero negro de Loki, blandía un AK-74 en una mano, y de su cadera pendía la vaina de una espada. Y, finalmente, en los extremos de la tercera línea, montados sobre Geri y Freki, los lobos del Padre de Todos, cabalgaban el propio Odín con su lanza Gungnir y Zeus con algo que parecía una vara de pura energía eléctrica.

Ante el despliegue de fuerzas, los mini tanques reptilianos tuvieron que dividirse para perseguir a los escurridizos morlocks, pues el equipo Exile estaba especializado en tácticas de ataque rápido. Resultaba curioso que fueran precisamente los posthumanos comunistas los expertos en la blitzkrieg, la guerra relámpago, en lugar de los reptilianos nazis, pero así era. Pese a la versatilidad de los acorazados de la Panzerdivision, no podian competir con la velocidad y maniobrabilidad de los vehículos personalizados morlocks. Se movían como un banco de peces que se dispersa y se reunifica como si estuvieran guiados por una sola mente. De esta manera, los RNLO, aunque feroces en la lucha y enfrentados a sus enemigos naturales, se las veían crudas para poder dañar seriamente a los escurridizos vehículos personalizados de sus rivales. Por su parte, las tropas del equipo Exile se divertían atormentando a sus adversarios, y, pese a las bajas materiales sufridas, no cesaban en su empeño de inutilizar los mini tanques. Sabían que, si ganaban, luego podrían tener la oportunidad de saquear el campo de batalla, y los acorazados nazis eran un objetivo muy suculento para los mecánicos comunistas.

Por su parte, la infantería de Omicron Scorpions y los Einsatzgruppen RNLO trataban de responder de forma coordinada ante semejante ataque. Pero ellos lo tenían peor que los esforzados pilotos y artilleros de la Panzerdivision. En su lugar, se las veían contra la despiadada e imparable carga de Alfa Strike. Los dioses, lanzados contra su objetivo, no se detenían ni desviaban el rumbo. Al contrario que en anteriores enfrentamientos contra las tropas de Omicron Scorpions, en esta ocasión no tenían porque contenerse, y podían liberar todo su poder en bruto. Incluso el habitualmente tranquilo Summanus parecía embriagado por la posibilidad del combate. Por ello, cuando el juggernaut divino chocó contra las defensas montadas por los mercenarios y los reptilianos, simplemente las arrasaron como si fueran de papel. Ante el brutal choque, ni siquiera se detuvieron, sino que atravesaron las filas enemigas como un cuchillo caliente la mantequilla. A su paso, como un arado cavando un surco en la tierra, iban dejando un rastro de soldados de ambos grupos que salían volando por los aires. Una vez rotas las líneas, los dioses se dispersaron y se entregaron alegremente a la lucha en cuerpo a cuerpo, donde hacían su mejor papel.

Mientras, sobrevolando la batalla, los cacodemonios, con el combate cerrado desatado entre los dioses y los defensores en marcha, optaron por encaminarse, esquivando cuerpos que salían volando por los aires, en dirección al combate de blindados. Los morlocks, aunque estaban logrando su objetivo, distraer la atención de los mini tanques reptilianos, no lograban hacerse con la superioridad de fuerzas. Por ello, la llegada de los cacodemonios, anunciada por las explosiones de las bolas de plasma y los cánticos de la Internacional, ayudó a subir la moral de los pilotos, soldados y artilleras posthumanos. Con la llegada de los refuerzos, los tanquistas de la Panzerdivision vieron como la situación poco a poco iba cambiando. Los comunistas, con la inyección de animos y la llegada de sus tropas demoníacas de apoyo pesado, se lanzaron con inesperado fervor a la lucha, logrando imponerse a medida que iban destrozando tanques enemigos en una lucha que habría hecho las delicias de Rommel y Patton.

Con la lucha ya decantada hacia el bando atacante, mientras las filas de los defensores de la NWE eran diezmadas, una explosión en algún lugar del complejo indicaba que el equipo de incursión había cumplido el primero de sus objetivos. Un grito de júbilo surgió de las gargantas de los morlocks, iban ganando.

11:30 h. Bunker bajo las instalaciones de BioGen
En el puesto de control las informaciones que llegaban era cada vez más descorazonadoras. Las tropas de Omicron Scorpions y los RNLO estaban siendo arrasadas por la superior potencia de combate de los atacantes. Asenath hervía de rabia al ver como había sido engañada por Harvey y se le escapaba la venganza por momentos. Aulló de furia y se alejó en dirección al otro lado del enorme recinto que conformaba ese bunker subterráneo. Al fondo, en una zona donde las luces estaban apagadas, algo de gran tamaño se removió.

-¡No puede ser! ¡Me está haciendo quedar en ridículo! -exclamaba Asenath

-Es culpa tuya por haberte confiado. -respondió una voz algo rasposa pero femenina.

-Te avisamos que esto podía pasar. Pero tú te empeñaste en secuestrar a la chica y lanzar el desafío... -añadió una segunda voz algo más aguda y también de sexo femenino.

-Aún puedes tratar de darle la vuelta a esto. No has desplegado todos tus recursos. -apuntó una tercera voz de mujer, aunque ronca y profunda.

-Sí, lo se. ¿Puedo contar con tus servidores? Porque con la presencia de los dioses no se si las tropas que quedan podrán imponerse.

Las tres voces parecieron susurrar algo entre ellas, como si discutieran la petición de Asenath. Finalmente, la voz ronca y profunda habló:

-Sea, pero te recuerdo que ellos también pueden llamar a uno de los nuestros. En cualquier caso, será mejor que despliegues cuanto antes a los refuerzos.

Asenath, satisfecha, se giró y volvió al puesto de mando, donde se dedicó a dar las ordenes oportunas. La situación aún no estaba perdida.