viernes, 25 de marzo de 2016

Weird Bio-Hazard (parte 6): El laboratorio de Eye Gore

16:30 h. Subnivel dos de las instalaciones de BioGen

Un destacamento de seguridad de Omicron Scorpions esperaba ante las puertas del ascensor que llevaba a los niveles superiores. Apuntaban con precisión sabiendo que por allí vendrían sus enemigos y no les iban a dejar ni un segundo de respiro.

La puerta del ascensor tembló unos instantes. Eso quería decir que el enemigo ya estaba allí. Los soldados no titubearon cuando volvió a temblar la puerta. De repente, una explosión combó las hojas de la puerta y salieron disparadas derribando a varios miembros del destacamento. Entre el humo y los cascotes, los soldados comenzaron a disparar a discreción, acribillando aquello que estuviera en el interior del ascensor. Cuando el polvo se aclaró allí no vieron nada.

-¿Dónde...? ¿Dónde se han metido? -preguntó uno de ellos.

Del hueco del ascensor cayó un sombra blanca y, antes de que pudieran hacer nada, un torrente de hielo surgió de allí congelando a los soldados más cercanos. El resto comenzó a disparar, pero un muro congelado impedía que las balas alcanzaran su objetivo. Los soldados de Omicron Scorpions fueron variando sus puestos para atajar la protección helada, pero según lo hacían, vieron cómo algo salía el interior del hueco del ascensor e iba destrozando las luces dejándolo todo a oscuras. Activaron la visión nocturna, a tiempo de ver cómo algo rápido como un felino iba cazando a los demás como si fueran simples presas indefensas. Los que tuvieron tiempo de ver esto, no pudieron hacer nada más, pues una sombra negra como la noche fue cayendo sobre ellos y dejándolos KO.

 -¿Estos son esos terribles guardias de Omicron Scorpions a los que deberíamos tener miedo? -preguntó Konstantin saliendo del hueco del ascensor seguido de Kate, Pkaurodlos y la buhonera.

-Yo pensaba que después de la comilona que nos hemos pegado ahí arriba, estaríamos más pesados -dijo la buhonera.

-Habla por ti, yo siempre soy ágil y rápida -le respondió Bastet.

Las luces de emergencia se encendieron dejando ver a todo el destacamento de seguridad en el suelo. Y, para horror de los incursores, una sirena comenzó a sonar.

-¡¿Otra vez la sirena?! -exclamó Kate -¿Es que quieren dejarnos sordos?

-Quizás es algún tipo de estrategia enloquecedora. Sólo hace falta un par de estupefacientes para que esto parezca una rave -le dijo Konstantin.

-Ciertamente, este sonido es muy desconcertante. Concentrarse con este estridente sonido es harto difícil -dijo Pkaurodlos torciendo el gesto.

-Oye, Barman ¿por qué no haces como arriba y te cargas la alarma? -preguntó Ártica.

-Mi Bar-Detector de cables de alarma patentado no consigue dar con el sistema de la sirena, así que no puedo desconectarla.

-Pues avancemos antes de que esto me haga explotar la cabeza -dijo Konstantin alzando la impaciente.

Los incursores salieron al pasillo y buscaron las señalizaciones que les llevaran al laboratorio donde tenían encerradas a las welclones.

-Bien- dijo Konstatin. -El primer pasillo por la derecha va a las oficinas centrales. El segundo lleva al parque de atracciones. El tercero a los laboratorios de ciencia extraña y sumamente loca. El cuarto lleva al spa. Por otro lado el primero a la derecha lleva a la piscina de experimentos subacuáticos. El segundo a las salas de experimentación y confraternización de científicos chiflados. El tercero al ascensor a los niveles inferiores. El cuarto lleva al laboratorio de un tal Eye Gore.

-¿Eye Gore? -preguntó Kate. -Ese es uno de los tarados de Arkham.

-Allí -dijo Ártica. -Nuestras hermanas están allí. El tal Eye Gore es uno de los científicos jefes.

-Pues ya sabemos a dónde ir -respondió Konstantin.

El sonido de algo avanzando por el pasillo que llevaba a la piscina sacó al grupo de su ensimismamiento en el cartel. Algunas cabezas se giraron hacia allí.

-Quizás es un grupo de científicos que vienen después de darse un baño -dijo Bastet.

-No -respondió Konstatin. -Escucha bien, es un sonido líquido, pastoso. Lo que viene de allí no son científicos... a menos que  sean científicos muy húmedos y grumosos.

-Ey, esto es un laboratorio de científicos locos ¿te sorprendería que fuera húmedos y grumosos?

Konstantin torció el gesto intentando borrar de su mente esa imagen. El sonido se escuchaba cada vez más cerca. El morlock apuntó hacia allí la impaciente. Cuando lo que hacía ese ruido surgió del pasillo, algunos miembros del grupo se quedaron desconcertados. Eran varios seres que parecían el resultado de una fiesta loca en la que unos tiburones hubieran terminado teniendo relaciones con medusas. Semejante producto de erotismo entre especies era algo que blasfemaba contra la propia naturaleza. Uno de los seres lanzó un rugido y las criaturas se lanzaron prestas contra los incursores. Las balas comenzaron a llover sobre los monstruos, que con su gelatinosa carne absorbían algunos impactos, pero poco podían hacer contra los zarpazos de Bastet y los rayos congelantes de Ártica. Kate usaba la espada para cortar la sustancia viscosa de algunos de ellos, de forma que quedaban vulnerables a los ataques de los demás. Finalmente, el último de los aborrecibles seres, cayó destrozado al suelo. Detrás de ellos surgió un individuo vestido con bata de laboratorio y pantalón de tirantes, que miraba estupefacto el resultado de la lucha.

-¡No! ¡Mis sharkjellyfishes! ¡Con lo que me costó criarlos! -exclamaba.

-¿Sharkjellyfishes? -preguntó Kate. -¿En qué momento me he dormido y me he despertado en una película de serie B?

Konstantin se quedó mirando a la joven.

-Nos hemos enfrentado a un gigantesco candidato republicano bicéfalo, a ardillas hiperactivas, a cabezas monstruosas con patas, a arañas de tres metros, a mutaciones de seres de blasfemas leyendas ¡¡¡¿Y te sorprendes porque aparezcan unos cruces entre tiburón y medusa?!!!

-¿Qué? Admite que es digno de una peli de serie B... Un momento ¿quién me ha tocado el culo?

Kate se giró y se encontró con Ártica con la cara totalmente ruborizada.

-Lo siento... soy un clon de Welcome, debe estar en los genes.

-¡¡¡Habéis matado a mis pequeñines!!! -grito el científico intentando coger varios pedazos de criatura.

-Ah, pero ¿este seguía todavía aquí? -dijo Konstantin.

El Camarero Oscuro lanzó un Bar-arang que golpeó en la cabeza del pobre sujeto, que cayó inconsciente.

-Vamos -dijo. -¡Al laboratorio de Eye Gore!

De repente, de algún sitio surgió el tema musical de "La Comunidad del Anillo".

-¿Qué es eso? -preguntó Kate mirando a su alrededor desconcertada.

-Lo siento... -dijo Buhonera. -Mi reproductor de MP3, está sonando "The Bridge of Khazad-Dûm".

Konstantin alzó una ceja.

-Me vale.

Los incursores cruzaron corriendo el pasillo que conducía al laboratorio del excéntrico científico esquivando (o lo que es lo mismo, destrozando) a la resistencia que encontraban en su camino. Aunque llevaban poco tiempo colaborando juntos, el grupo parecía una máquina bien engrasada y pocos enemigos conseguían resistir el aplastante avanzar. En pocos minutos llegaron hasta una puerta blindada con un cartel que rezaba LABORATORIO DE EYE GORE.

-¡¡¡Estúpidos!!! -exclamó una voz que surgía de un altavoz junto a la entrada al laboratorio. -¿Creéis que podréis entrar fácilmente aquí? Puede que hayáis derrotado a todos los grupos de Omicron Scorpions con los que os habéis cruzado, pero atravesar estas puertas no será tan sencillo.

De pronto, las paredes subieron con un silbido y dejaron ver a ambos lados del grupo que lo que parecía parte del pasillo que daba a la entrada del laboratorio de Eye Gore, realmente era una sala de más de diez metros de diámetro. Allí había un numeroso grupo de soldados de Omicron Scorpions armados con fusiles de asalto y espadas de acero valyrio. Todos ellos iban equipados con un exoesqueleto tecnológico que los hacía medir más de dos metros y medio y los hacía más resistentes. Los incursores estaban totalmente rodeados y la inferioridad numérica era más que evidente.

-Tenéis dos opciones -dijo la voz que surgía del aparato. -Podéis rendiros... o plantar cara y ser masacrados.

Konstatin miró a sus compañeros.

-¿Hemos venido aquí a rendirnos o a repartir ostias y a rescatar a nuestras amigas?

-Hemos venido a repartir tollinas -respondió Buhonera.

Konstatin alzó la impaciente y el resto de los incursores hicieron lo propio con sus armas.

-¡Soldados... FUEGO! -exclamó el comandanto de Omicron Scorpions.

En pocos segundos aquello se convirtió en un campo de batalla. Los pulsos de energía y las balas iban de aquí para allá. Las explosiones lanzaban metralla por todas partes llenándolo todo de polvo y humo. Los gritos y las órdenes eran ahogados por el estruendo del combate. Kate, en medio de todo aquel caos, intentaba hacer algo útil. No había sido entrenada para esas cosas, había demasiados enemigos, iban armados con armas demasiado poderosas y llevaban todo el día combatiendo. Podía ver cómo sus compañeros golpeaban y se cubrían, evitaban los impactos y esquivaban los ataques de arma blanca. Se veía cómo iban agotándose. Los cargadores se acababan, los músculos se resentían, y seguía habiendo demasiados soldados. Habían luchado contra un ejército de monstruos en el nivel superior, pero eso había sido cuando estaban más descansados. Además estos tipos les estaban esperando. Preparados para ellos, después de comprobar cómo se las gastaban en el nivel superior. Parecía que no tendrían muchas oportunidades de ganar, que todo aquello al final no serviría para nada... cuando comenzó a sentir calor en sus manos. Dirigió su mirada a sus manos y vio cómo la espada Ouroboros parecía brillar levemente. La serpiente de su hoja estaba brillando evidentemente. Algo en su interior, algo que parecía una casi inaudible voz parecía querer decirle algo. Parecía instarle a que hiciera algo. Finalmente, la joven aceptó su destino, alzó la espada con los puños apretados y un destello surgió iluminando todo el lugar.

17:30 h. Laboratorio particular de Eye Gore en las instalaciones de BioGen

Eye Gore sintió el fuerte impacto contra la puerta blindada. Los gritos y las explosiones llevaban rato haciéndole dar respingos, pero no tenía nada que temer. Aquellos ineptos no podían entrar allí. Los soldados eran demasiados y sus armas eran muy poderosas. Además, había avisado a todos los científicos que supieran brujería para que fueran allí y desataran su ira. Estaba preparado. los incursores estaban acabados.

Pero la sonrisa de su rostro se borró cuando la puerta blindada explotó como si fuera un trozo de cartón sobre el que hubieran puesto un petardo. Al otro lado de la puerta había una luz que iluminaba demasiado y apenas le dejaba ver, pero lo que llegaba a sus ojos era suficiente para hacerle tragar saliva. El suelo estaba cubierto de soldados de Omicron Scorpions, rifles echando humo y exoesqueletos retorcidos.

-No... es imposible... no podéis haberlos derrotado. Eran cientos... ¡Cientos!

Quien fuera el que provocaba que surgiera aquella luz hizo un movimiento que pudo intuir y vio cómo los demás incursores entraban dentro de su laboratorio. Estaban a toda vista heridos, uno de ellos, una extraña criatura medio ave y medio reptil, iba aplicando curas mientras todos le miraban con ojos severos.

-No. No me venceréis.

Eye Gore presionó un botón de su silla y ésta pareció fundirse con el suelo del laboratorio, una serie de movimientos mecánicos y la tecnología que había diseñado hizo su trabajo. En unos momentos ya no estaba en una confortable silla de laboratorio, sino montado en una armadura de combate con ametralladoras en los antebrazos, blindaje ultragrueso y superficie que evadía la energía cinética.

-Pobre idiota -dijo la silueta brillante. -¿Es que no sabes que ya estás derrotado?

La del grupo que parecía una mujer gato dio un grácil salto y cayó sobre la consola con la que controlaba el laboratorio y de un zarpazo la destrozó, haciendo que los paneles de las paredes se apartaran dejando ver unas inmensas cubas llenas de alguna clase de líquido en las que flotaban dieciocho mujeres, todas ellas con un evidente parecido, pero cada una diferente en grado sumo.

De la silueta brillante surgió un centelleo que hizo que Eye Gore cerrara los ojos. Aún así, sintió cómo era cegado momentaneamente... cuando volvió a abrir los ojos, las cubas estaban destrozadas, el suelo cubierto del líquido y las mujeres estaban libres.

-Es todo vuestro -dijo la silueta brillante.

                                                      *********

Cuando las welclones terminaron su trabajo, se giraron hacia los incursores. Ártica y Buhonera corrieron a ellas y fueron abrazando a todas mientras los demás miraban satisfechos. El Camarero Oscuro se quedó mirando a una que le recordaba a alguien... como si fueran familia de alguna manera, pues el parecido con los vástagos de Tsathoggua era evidente.

Kate se acercó con ellas sintiendo cómo el brillo de Ouroboros iba apagándose. Habían conseguido rescatar a a las welclones, pero faltaba algo por hacer. Accedió al ordenador de Eye Gore y buscó donde tenían encerrada a Evangeline. Dedujo que la entrada referida a SUJETO ALPHA se refería a ella, y con un corazón acelerado, vio que la tenían en una sala detrás del laboratorio de Eye Gore. Corrió hacia la máquina falsa, que realmente era una puerta, y buscó alguna forma de abrirla. Empezó a presionar botones eufórica, hasta que dio con el correcto, y la puerta se abrió con un chasquido.

Kate entró a la sala secreta y se encontró a Evangeline Parker tumbada en una cama con una máquina que la mantenía inconsciente. Retiró los cables y los electrodos, dio una patada al aparato y lo apartó de un golpe. Evangeline no tardó en abrir los ojos de nuevo al mundo, siendo recibida por un fuerte abrazo.

-¡¡¡Yujúúúú!!! -exclamó Konstantin sacando una cerveza de algún sitio.

La espada Ouroboros pasó de la mano de Kate a la de Evangeline, que la recibió de buen grado. Sentía la rabia y la furia creciendo en su interior. Rabia y furia dirigidas a la persona que la había secuestrado y encerrado en ese lugar. Asenath Osborn. No sabía lo que había hecho. Iba a pagarlo caro. Muy caro.