sábado, 14 de mayo de 2016

El fantasma del departamento de matemáticas

Eran las siete de la tarde cuando el alumno entró en el edificio central de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Miskatonic. Su objetivo era dejar un trabajo que debía ser entregado ese mismo día, con hora límite las ocho de la tarde. Por poco llegaba tarde, pero, afortunadamente para él, lo había conseguido. 

Tras cruzar las puertas fue buscando los buzones de los profesores. Allí tenía intención de dejar el trabajo, pues sabía que el profesor que lo había pedido, abriría su buzón antes de terminar la jornada a las nueve de la noche. Finalmente dio con el pasillo que lo llevaba al departamento de matemáticas, y allí se dirigió presto.

En el silencio de la tarde, un repentino sonido tras él le hizo dar un respingo. El alumno se giró y no vio a nadie allí. Siguió caminando por el pasillo sin dar importancia al sonido. Volvió a escucharse, ahora más fuerte. El alumno se giró. Allí no había nada. Apretó el paso comenzando a sentirse nervioso. El sonido volvió a escucharse. Justo detrás de él. El alumno se giró. El grito se pudo escuchar por todo el edificio.

Cuando las puertas de los despachos se abrieron, con los profesores curiosos asomándose a ver qué había pasado, encontraron al conserje del edificio arrodillado delante de un chaval que lanzaba entrecortados farfullidos.

-La incógnita... la incógnita... debo despejar la incógnita...

Estaba claro. Era otra víctima del fantasma del departamento de matemáticas.



Las nubes cubrían el cielo y podían escucharse truenos lejanos amenazando tormenta cuando Anna Pickman llegó a la Universidad Miskatonic. Eran las nueve de la noche, la hora a la que terminaba la jornada y los estudiantes marchaban a casa, o a la residencia estudiantil donde se alojaran. En las puertas de la universidad, junto a los chavales que ya se marchaban, estaba Seabury Pickman fumando en pipa. Cuando la vio la saludó con la cabeza.

-Estaba entrenando movimientos de artes marciales hawaianas ¿se puede saber para qué me has traído a la universidad a estas horas? -le preguntó a Seabury.

-¿Artes marciales hawaianas? ¿para qué ibas a querer aprender artes marciales hawaianas?

-Para protegerme -respondió ella.

Seabury se la quedó mirando boquiabierto.

-Sabes más de quince estilos de lucha diferentes, así como el manejo de casi todas las armas blancas conocidas, por no hablar del uso de armas de fuego... 

-¿Y qué? El conocimiento no es malo... ¿me vas a decir para qué he venido o vas a seguir interrogándome sobre mi estilo de vida?

Seabury dio una chupada a su pipa y un hilo de humo salió perezoso hacia el aire nocturno.

-Necesitamos los servicios de un medium o algo parecido en el edificio de ciencias. Hace más de una semana que, cada vez que va un alumno allí para cualquier cuestión a cualquier hora de la tarde, es atacado por lo que parece ser un fantasma. Este los deja en el suelo bastante desorientados.

-¿Sólo los deja desorientados? ¿Seguro que esos alumnos no han fumado antes un poco de tabaco de la risa? -preguntó ella con una sonrisa.

-Seguro. Todos ellos acaban en el suelo, con la cara blanca como la nieve, y repitiendo todo el rato que necesitan la respuesta a una incógnita. Tenemos a uno que ha sido atacado hace un par de horas, así que podrás interrogarle.

Los Pickman llegaron hasta el edificio principal de la Facultad de Matemáticas y, cuando abrieron la puerta, un rayo destelló en el cielo. Ambos miraron al cielo encapotado y sintieron la amenaza de lluvia.

-Una historia de fantasmas en una noche tormentosa -musitó Anna -Ni que estuviéramos en una película de terror de los años '50.

Cruzaron el edificio en dirección al pasillo que conducía al departamento de matemáticas y allí, en un banco, vieron al alumno acompañado de un profesor que le daba un vaso de agua.

-Buenas noches, somos Seabury y Anna Pickman -dijo Seabury al chaval, que todavía seguía abrumado por lo que le había pasado.

-Me alegro de que hayan conseguido venir tan pronto -dijo el profesor que acompañaba al estudiante con una sonrisa.

Anna se acercó al muchacho. Este tenía entre manos el vaso de agua y ella pudo ver cómo la superficie de agua temblaba como si un tiranosaurio se estuviera acercando.

-Necesito que me cuentes lo que te ha pasado. Soy una investigadora psíquica y puedo enfrentarme a lo que te ha atacado -le dijo.

El estudiante tragó saliva y dio un sorbo al vaso de agua.

-Ha sido algo espeluznante. Venía a entregar un trabajo al doctor Sheppard cuando he sentido que alguien me seguía cuando he llegado a este pasillo. Al principio no le he hecho caso, pero ese fuera lo que fuera me estaba siguiendo... cuando me he girado... ¡era horrible! 

-¿Horrible cómo? ¿Nivel victoria electoral de Donald Trump? -dijo Seabury.

Momento de silencio. Anna clavó una mirada asesina a Seabury. Este se giró hacia el profesor que les acompañaba y se puso a disimular.

-No puedo recordarlo -continuó el muchacho. -Pero sé que quería que resolviera un problema... un problema matemático.

Anna se quedó unos instantes pensando con la mano apoyada en la barbilla.

-¿Es posible que algún profesor muriera en esta facultad? ¿Sin resolver un problema matemático? -preguntó Anna.

El profesor que estaba con el estudiante se giró hacia ella.

-¿Un profesor que haya fallecido en la facultad? No, eso no ha sucedido. Y eso que esto es la Universidad Miskatonic, y es normal que algún profesor termine metiéndose en... oh... espere... Carl Stanford... era profesor de matemáticas complicadas.

-¿Matemáticas complicadas? -preguntó Anna. -¿Esa asignatura existe?

-Sí, era una asignatura hecha a imagen y semejanza del profesor Stanford. Una asignatura heredera de los estudios de Walter Gilman que buscaba conceptos matemáticos en la brujería y la magia ceremonial. Estos estudios demostraban que la magia era realmente ciencia matemática tan avanzada que no es fácil comprenderla como tal. Aunque el pobre Gilman murió demasiado joven, otras personas siguieron sus estudios y, con el tiempo, el profesor Carl Stanford dedicó su trabajo a esta disciplina. Finalmente apareció esta asignatura, lo que muchos estudiantes llaman un hueso duro de roer, pues los conceptos matemáticos y las ecuaciones son tan complicadas que ha habido varias pérdidas de cordura serias.

-¿Y qué fue de ese tal Carl Stanford? -preguntó Anna.

-Desapareció en un ángulo de cinco dimensiones en mitad de una clase -dijo el profesor.

-¡¿Que qué?! -exclamó Anna -lo dice como si eso fuera de lo más normal...

-Bueno... no es tan descabellado -dijo Seabury. -Recuerda El Callejón No Euclidiano, el que se encuentra junto a la calle Winters, su esquina de ángulos más allá de la razón se ha tragado a varios camiones de reparto y a algún que otro repartidor de pizzas.

-¡Ah! Debe ser por eso por lo que han puesto un cartel de prohibido el paso -dedujo Anna.

-¿Entonces el fantasma del departamento de matemáticas es el profesor Stanford? -preguntó Seabury.

-Y por alguna razón se manifiesta cuando entra alguien que no es del departamento... pero nosotros estamos aquí y no ha pasado nada -dijo Anna.

-Sí, debe ser Stanford, no le gustaba nada que entrara gente que no era de la facultad. Pensaba que sus coeficientes inferiores enrarecerían el ambiente de trabajo -dijo el profesor.

-¡Será elitista el tío! -exclamó Seabury -Por culpa de gente como ese, los profesores de universidad tenemos mala fama.

-Mmmm a lo mejor podemos atraerle -dijo Anna. Se sentó con las piernas cruzadas en el suelo y estiró los brazos cerrando los ojos. Comenzó a respirar en profundidad y, repentinamente, abrió los ojos -¡Te llamamos ante nosotros, Carl Stanford! ¡Si puedes oírnos... MANIFIÉSTATE!

Fue terminar estas palabras cuando una luz resplandeció en el pasillo, era una luz de un color verde siniestro que brillaba con tonos más allá del mundo conocido. Del interior de esta luz sobrenatural comenzaron a surgir unos tenues hilos de materia que tomaron forma de números y letras, estos fueron volviéndose cada vez más  nítidos hasta que los sorprendidos testigos se encontraron ante una fórmula matemática.

-¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAH!!!!!! -exclamó Seabury saliendo corriendo perseguido por la fórmula matemática -¡Quítameloooo! ¡Quítamelooooo!

-Seabury ¡¿se puede saber qué estás haciendo?! -exclamó Anna.

-Soy de letras puras ¿cómo quieres que me comporte ante la aparición de una ecuación de segundo grado ectoplásmica? -respondió Seabury mientras recorría todo el pasillo perseguido por la fórmula matemática.

-Seabury, estás dejando en ridículo el nombre de nuestra familia -musitó Anna tapándose la cara con la mano.

-¿CUAL ES LA SOLUCIÓN? ¡DESPEJA LA INCÓGNITA! ¡DESPEJA LA INCÓGNITA!

-¿De dónde sale esa voz? -dijo el profesor agachándose y buscando un lugar donde esconderse junto al estudiante, que se había desmayado.

Anna se levantó y se interpuso entre la fórmula matemática y Seabury, que huía de ella.

-Es el profesor Stanford, quiere que resolvamos la ecuación para ver si somos dignos de estar en esta facultad -dijo Anna. Cuando la ecuación estaba a punto de chocar con ella, alzó la mano y la plantó delante del constructo ectoplásmico -¡¡¡STOP!!!

La fórmula matemática ectoplásmica estalló en cientos de pedacitos de materia gelatinosa, que al contacto con el suelo y las paredes se evaporó.

-Muy bonito, profesor Stanford -dijo Anna. -Tienes suerte de que tu constructo de gelatina espectral se haya evaporado, no creo que a los de la limpieza les gustara encontrarse esto hecho un asco.

-¿CUAL ES LA SOLUCIÓN? ¡DESPEJA LA INCÓGNITA!

-¡No me da la gana! -exclamó Anna. -Tengo contactos en el más allá y suficiente poder mental para poder acceder al plano astral y darte una somanta de ostias, así que manifiéstate antes de que se me hinchen los ovarios.

La espectral luz verde volvió a brillar en el pasillo y de ella surgió una nueva forma ectoplásmica, esta se convirtió en un profesor típico con su jersey de algodón y sus pantalones de pana.

-¿QUIÉN OSA CONVOCARME? -preguntó el espectro.

-Soy Anna Pickman, del clan Pickman, pateadora de espíritus rebeldes, sometedora de apariciones díscolas y medium principal de esta región, así que cuidadín conmigo. Veo que tu afición en la otra vida es putear a pobres alumnos que se atreven a entrar a esta facultad. Siento que tu energía está demasiado atada a este recinto por vete a saber qué experimentos harías en vida, así que no puedo expulsarte... pero podemos hacer otra cosa. Abandonarás tu ostigamiento a los que entren a este edificio... ¡y te volverán a contratar como profesor de matemáticas complicadas!

-¿Pero cómo van a hacer eso? -preguntó Seabury alzando los brazos. -Pero si es un fantasma...

-Gente más rara ha dado clase en esta universidad. Además, lo único que tiene que hacer para poder ir a las clases es mantener su forma ectoplásmica mientras dure la jornada -respondió Anna. -¿Está de acuerdo con este trato, profesor Stanford?

El espíritu sopesó el ofrecimiento de Anna. Finalmente estiró el brazo y tendió la mano a la joven medium.

-Trato hecho.

-Bien, pues ahora iremos al decano y le hablaremos de nuestro trato, pero que no se vuelva a repetir esto, o no seré tan bondadosa.

-SÍÍÍÍ... PREPARAOS, ALUMNADO, PUES CARL STANFORD HA VUELTO.

El espíritu fue desplazándose  mediante levitación hacia las puertas de la facultad dejando atrás a los Pickman y al profesor (y el estudiante desmayado).

-Anna ¿eres consciente del monstruo que has liberado al mundo? -le dijo Seabury.

-Sí, se le llama profesor de matemáticas.

Y dicho esto se dirigió también hacia la salida de la facultad. El edificio central de la Facultad de Ciencias ya no era un lugar encantado.