jueves, 7 de julio de 2016

El desconcertante día en la playa de Brontes

Brontes había decidido pasar el día en la playa. Hacía calor, los Pickman se habían ido a pasar una semana fuera, todo estaba tranquilo, quizá demasiado, y era un momento excelente para aprovechar y dedicarse al ocio. Incluso los de la Fundación Wilmarth habían montado un crucero para ir en busca de Cthulhu, y Harvey se había ocupado de meter en el pasaje algunos equipos de deportes acuáticos masculinos y femeninos, así como una convención de modelos de ambos sexos. Así estarían tranquilitos y no la liarían demasiado con sus bombas. Hasta los morlocks estaban tranquilos a la sombra en sus refugios de los túneles bajo la ciudad y los reptilianos no habían vuelto a molestar en una temporada.

Por todo esto, el griego se encaminaba hacia Martini Beach, la playa de Arkham, con toda la parefernalia: sombrilla, toalla, bolsa con la comida, bolsa con bronceador, ropa de repuesto por si fuera necesario, el móvil, algo que leer, el monóculo de sol, un sombrero, etc. De paso, iba a aprovechar para estrenar su nuevo bañador. Esto había sido cosa de Anna, que había insistido, sin aceptar un no por respuesta, en que Brontes tenía que comprarse un nuevo traje de baño. Y, para asegurarse de que el mal gusto y el hortera sentido de la moda que parecía asociado a dioses y primigenios se impusiera, tenía que ir acompañado por Welcome, que le ayudaría a elegir. Tras el horror del año anterior, Anna no quería arriesgarse a ver a Brontes con alguna otra atrocidad estética, como un tanga de leopardo, un bañador de los años 20, o cualquier otra rareza estrambótica. Además, Anna había convencido a Loki para que le prestara la espada Cortatormentas a Evangeline. Así, la joven, armada con una espada diseñada para matar dioses del trueno, había acompañado al coloso griego a comprar. Como consecuencia de esto, Brontes había llegado a la playa ataviado con un bañador morado que le hacía parecer un Hulk clásico desteñido, cíclope y heavy con una larga melena roja.

Pero Brontes no estaba preparado para lo que iba a encontrar en la playa. Al llegar a la arena, vio algo que le dejó completamente sorprendido y desconcertado. Sin pensarlo dos veces, elaboró rápidamente un plan de acción y sacó el movil. Buscó el número y pulsó la tecla de llamada. Al tercer toque, respondieron.

-Hola Evangeline, soy Brontes.... sí, se que quizá no es el mejor momento. Pero escucha, estoy en la playa y creo que voy a necesitar la ayuda de tu alter ego. ¿Puedes venir con la espada?... Sí.... Sí, se que es tu día libre... y el de Kate... ¡¿cómo?!.... Espera, no cuelgues... No, mira, no entres en detalles... ¿Cómo que me llamas dentro de dos orgamos? ¿Qué clase de medida de tiempo es esa?... ¿Evangeline? ¡¿Evangeline?! Dioses... me ha colgado...

La situación se complicaba por momentos. No podía contar con Evangeline por el momento, ya que estaba disfrutando de su día libre con Kate, en la cama. No había nadie más de Alfa Strike por las cercanías, pero el pensar en Welcome le hizo acordarse de a quíen podía llamar. Marcó otro teléfono y espero a que respondieran.

-Hola, soy Brontes.... Hola Buhonera, me alegro de oírte... Sí, todo bien, oye, que necesito vuestra ayuda... Sí, claro, imagino que tendréis lío por Dunwich... Mira, si me puedes enviar a  Serpiente Emplumada y Reina Serpiente ya me apaño.... Hazme el favor, que las voy a necesitar en la playa.... Sí, en la playa.... ¡¿QUÉ?! ¡¿Cómo que os venis todas?! Pero, pero, pero.... Vale, lo que quieras. Llama a los de Byakhee Express, tardareis menos en llegar.

Resignado, Brontes no había tenido más remedio que aceptar que las cosas no estaban saliendo como esperaba. Con Evangeline en la cama con Kate, las welclones habían sido su segunda opción. Estaban liadas en Dunwich con la construcción y puesta en marcha de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta, y la idea de pasar un día en la playa les había resultado muy seductora. Así que, en lugar de contar con la original, iba a tener que tratar con 20 clones mutantes y salidas (aunque la original también estaba bastante salida). Mientras tanto, tendría que actuar por su cuenta. Por si acaso, para ahorrar más llamadas telefónicas, entro con su movil en ElderGodBook, la red social de dioses y primigenios, y le dejó un mensaje a Pkaurodlos. Total, si también venía no podían empeorar mucho las cosas.

El gigantón griego instaló su puesto en la playa, desplegando la toalla, clavando la sombrilla y realizando todas las operaciones necesarias y, en vista de que aún tardarían un rato en llegar las welclones y que Welcome aún se estaría recuperando de la abstinencia sexual forzada a causa de los exámenes, tendría que actuar por su cuenta hasta que llegaran los refuerzos. Con paso lento y firme se aproximó al enorme, descomunal lagarto acuático que tomaba tranquilamente el sol sobre la arena. Se trataba de Bokrug, quien hizo caer la maldición sobre Sarnath, un primigenio de las Tierras del Sueño que ya ayudó en una ocasión a Alfa Strike gracias a la intervención de Pkaurodlos. Pero si el tener un reptil gigante en la playa ya era bastante desconcertante, verlo rodeado de un campamento playero de Reptilianos Nazis del Lado Oscuro a medio camino de la fiesta playera y la adoración religiosa al gran lagarto acuático ya comenzaba a ser raro hasta para los estándares de Arkham.

Por alguna razón, los reptilianos habían tomado a Bokrug como algún tipo de deidad de su desquiciado y fascistoide panteón lacerto-nazi y su particular mitología basada en la superioridad de su raza. "Por lo menos no están tratando de conquistar Arkham ni haciendo ninguna otra burrada de las suyas", pensó Brontes. Aún así, estaba intranquilo. Como se le ocurriera aparecer a los morlocks se podía liar una bien gorda, y Evangeline y Alfa Strike mantenían buenas relaciones con estos. Por ello, y no deseando montar un lío donde todo parecía estar tranquilo, se quedó observando estupefacto lo que sucedía. En torno a Bokrug, los RNLO habían plantado sus sombrillas (grises, con insignias de serpientes y sin esvásticas nazis), en torno a las cuales habían colocado sus toallas (grises, con insignias de serpientes y sin esvásticas nazis) y tenían puesta música, marchas militares con temas que parecían compuestos por Erich Zann,que, al menos, eran mejores que los típicos éxitos del verano. Era extraño, pero, por el momento, inofensivo.

Mientras estudiaba el campamento playero, Brontes no tuvo más remedio que llegar a la conclusión de que incluso esos molestos invasores transdimensionales lacerto-fascistas podían tomarse un día de descanso y disfrutar de la playa. Sin embargo, todavía podían salir mal muchas cosas. Por ello, se retiró hasta su toalla y se dedicó a aguardar mientras tomaba el sol. No tardó mucho en llegar una notificación de ElderGodBook a su móvil: Pkaurodlos estaba por la zona y no iba a tardar mucho en llegar. El griego suspiro satisfecho. El dios serpiente emplumada era un especialista en urbanidad, buenos modales y diplomacia, además de una deidad reptil, por lo que podría entenderse con Bokrug y, tal vez averiguar que estaba sucediendo allí. La cosa era que llegara antes de que lo hicieran las welclones. Con respecto a Welcome, sabía que podía tomarselo con calma, la joven no iba a desaprovechar la oportunidad de pasar un buen rato con su amante. Además, sabía que si la situación se volvía especialmente complicada, Brontes sabría estar a la altura de las circunstancias, y había más refuerzos a los que llamar.

Confiado, el griego decidió finalmente relajarse un poco. En cuanto llegara alguien, bien Pkaurodlos, bien las welclones, se enteraría. Y así fue. Un cuarto de hora más tarde, llegó un minibús con la rotulación de Byakhee Express del que bajó un pequeño apocalipsis portatil en forma de 20 valquirias mutantes en bikini con unas arrolladoras ganas de playa y fiesta. Las chicas se abalanzaron hacia la arena, moviéndose con la organización de un ejército de hormigas y Brontes acabó rodeado por una veintena de toallas de playa y esculturales, extrañas y desconcertantes jovenes con ganas de pasarlo bien. Por suerte, en su entusiasmo, igual les daba montar un partido de voley playa que irse a nadar, tumbarse al sol o realizar cualquier otra actividad en la arena, por lo que lo último que se les ocurrió era ir a pelearse con los reptilianos. Eso sí, la población actual de la playa, que con el campamento reptiliano había emigrado poco a poco hacia el otro extremo de la misma, había sufrido un repentino elongamiento formado por el componente masculino joven que se sentía atraído hacia aquel coro de féminas (aunque algunas de ellas fueran particularmente llamativas en su aspecto). Brontes sonrió. Las chicas eran inteligentes y, aunque, como su progenitora, tenían la líbido desatada y eran bisexuales, no eran presa fácil para ligones playeros. Mientras las welclones se organizaban, el dios localizó a las tres jovenes que andaba buscando: Buhonera, una vendedora compulsiva de cabellos negros y voz grave, erigida en lider oficiosa de las clones; Serpiente Emplumada, una híbrido con el cuerpo (espectacular) de Evangeline y la piel escamosa de una serpiente y un penacho de plumas por cabellera, había salido de combinar el ADN de la estudiante con el de Pkaurodlos; y, finalmente, Reina Serpiente, más esbelta, sinuosa y ágil que Welcome, pero con la piel escamosa y la lengua bífida de un hombre serpiente. La idea de Brontes era utilizar a las dos clones ofídicas para que hablaran con Bokrug, y así se lo explicó a las tres.

Al tiempo que Brontes explicaba a las chicas su plan, hacía su llegada Pkaurodlos. La Serpiente emplumada, dios del trueno y la urbanidad, adorado en su momento por toltecas, aztecas, mayas, iberos y unos cuantos clubes de caballeros ingleses, fue recibido con gran regocijo por las welclones. Cuando logró abrirse paso entre el mar de turgente, tersa, voluptuosa y agradable carne femenina, un tanto agobiado por el entusiasmo con el que había sido recibido (y pensando en la envidia que le daría a Zeus como se enterase), llegó finalmente hasta Brontes y las clones con las que estaba hablando. Así fue como también se puso al día.

Mientras tanto, la fiesta en la playa, con la incorporación de las welclones, iba en aumento. Aquello empezaba a animarse más que el desfile del Día del Orgullo LGTB en Arkham cuando coincidía con el final de los exámenes.

Por su parte, la delegación seleccionada por Brontes, formada por Pkaurodlos, Serpiente Emplumada y Reina Serpiente, se encaminaba hacia el gran lagarto acuático, Bokrug. Debido a su naturaleza reptil, particularmente ofídica, los tres no tuvieron problemas en abrirse paso entre el campamento reptiliano. Juntos, lograron alcanzar al gran reptil, que parecía el hermano menor de un kaiju cinematográfico, pero que no por ello era menos impresionante. Bokrug estaba rumiando en su costumbre de tomarse las venganzas a muy largo plazo, lo que tal vez impediría vengarse de Brian Danforth por insinuar que era una máscara de un primigenio que estaba encerrado en la Luna, un tal Mnomquah, ya que al escritorzuelo de pacotilla igual le daba por morirse antes. Había recibido con gracia la adoración de los reptilianos, ya que le recordaban a sus antiguos adoradores de Ib, los thuum'ha. Entonces se percató de la llegada de Pkaurodlos acompañado por dos estupendas muchachas de caracterísitcas ofídicas. El dios serpiente fue el primero en hablar, preguntando con mucha educación (como era habitual entre las deidades y entidades reptilianas) por el motivo de su estancia en Martini Beach. Pkaurodlos y Bokrug no eran desconocidos el uno para el otro, y el primero le debía un favor al segundo de cuando fue a ayudar a Alfa Strike en una de sus misiones. Por ello, no tuvo reparo en hablar con él. Así, le contó que había decidido tomarse unas vacaciones de las Tierras del Sueño y, ya que le habían hablado muy bien de Arkham, optó por dejarse caer por esa magnífica playa. Al llegar allí, a primeras horas de la mañana, como buen lagarto, se dedicó a vegetar sobre la arena y tomar el sol. No tardaron en llegar aquellos curiosos tipos reptilianos que, además de montar su propia fiesta playera, habían comenzado a adorarle. Así que vió que había sido una buena idea tomarse allí un descanso.

Una vez aclarada la cuestión, la delegación ofídica regresó hasta el campamento clon, donde las chicas, además de tomar el sol, jugar al voleyplaya, nadar y demás actividades, habían sacado unas neveras cargadas de bebidas frías y unas bolsas en las que habían llevado aperitivos y algo para picar. Tras recibir Brontes la explicación, se quedó mucho más satisfecho, optando por dejarse de preocupaciones y aceptar las cosas tal y como venían, por lo que abrió un bote de cerveza y se unió a la fiesta.

Mientras el gigantón griego se relajaba y se divertía, hacían su llegada Kate y Welcome, con la expresión satisfecha de las que han dedicado la mañana a la sana y aeróbica práctica del sexo. Evangeline ni se había molestado en llevar la espada Ouroboros con ella, ya que si hubiera pasado algo realmente gordo, se habría enterado de un modo u otro. Por ello, al llegar las dos jovenes y encontrarse con la multitudinaria fiesta playera de welclones, reptilianos, Brontes, Pkaurodlos y el enorme Bokrug en medio bebiendo un refresco tamaño gigante, la primera reacción fue de desconcierto y sorpresa. Cuando el griego les explicó lo sucedido, Evangeline lo aceptó como una de esas cosas que pasan, otra muestra más del llamado "efecto Arkham". Kate, pensando una vez más en que demonios hacia en una ciudad tan rara, acabó por hacer como su pareja y optó por aceptarlo. Además, estaba acompañada de 20 clones de su amante, por lo que era más urgente evitar que alguna le metiera mano o tratara de quitarle el top del bikini. Y, finalmente, dejandolo por imposible, se unió a la fiesta, en top less, llevada a hombros por las clones y divirtiéndose como la que más.