viernes, 15 de julio de 2016

El día que Arkham ardió (de calor)

El delegado de turismo del estado se pasó un pañuelo por la frente y se quitó el sudor que cubría su piel. Podía sentir las gotas de sudor recorriendo todo su cuerpo, lo cual hacía más insufrible si cabe ir vestido con traje completo.

-Señor alcalde ¿este calor es normal aquí? -preguntó.

El alcalde de Arkham alzó las manos como desentendiéndose de aquello. Ya era suficiente que el estado de Massachusetts le hubiese mandado a aquel individuo para hacer un estudio de la actual capacidad turística de la ciudad (sobre todo después de los incidentes de año nuevo). El alcalde había conseguido que todo fuera con normalidad, hasta que comenzaron a hacer un recorrido por la ciudad para que el delegado viera la zona histórica. Sólo la suerte había conseguido que no se cruzaran con nada sobrenatural (aunque si se cruzaban con algo de estas características, se podría aprovechar el turismo paranormal, como hacían en el renovado Hotel Overlook de Colorado). Podrían haber conseguido una buena impresión del delegado si no fuera por aquel repentino y extraño calor.

-No sé... es verano. Suele hacer más calor ¿no?

-Llevo toda mi vida viviendo en este estado y sé perfectamente que los veranos son muy suaves. Es esta una de las características que más suelen atraer de esta zona del país.

-Bueno -dijo el alcalde secándose el sudor de la cara -, además, hay que tener en cuenta el cambio climático y...

El delegado y el alcalde giraron por una esquina y ambos se quedaron petrificados. En mitad de la calle, flotando a varios metros del suelo, había una gigantesca bola de fuego que lanzaba pavorosas llamaradas y despedía un calor infernal. A su alrededor parecían bailar cientos de miles de puntitos de luz que parecían ser pequeñas llamitas danzantes.

-¡¿Qué demonios es eso?! -exclamó el delegado del estado.

El alcalde suspiró.

-Ah, no se preocupe, es un primigenio.

-¡¿Un qué?!- exclamó el delegado, que parecía que iban a salírsele los ojos. 

-Un primigenio. Un dios antiguo de más allá del espacio, reverenciado por multitud de sectas humanas y de seres alienígenas desconocidos. Puede parecer algo peligroso, pero tranquilo, sé lo que hacer.

-¿Que sabe lo que hacer? ¡¿Es que aquí están acostumbrados a los dioses espaciales con forma de incendio viviente?!

-Estamos acostumbrados a los dioses, en general, aunque éste en particular no suele venir por aquí. Deberíamos tener en cuenta la posibilidad del turismo divino. Muchas deidades podrían aprovecharse de paquetes especiales.

-Pero preste atención ¡que esa cosa va a pegar fuego a la ciudad!

-No, no lo va a hacer, créame. Voy a llamar a los profesionales.


Residencia Estudiantil La Llave y La Puerta. Varios minutos después.

La puerta de entrada de la residencia se cerró de golpe, dejando entrar una oleada de aire caliente que subió la temperatura de todo el salón recibidor. Summanus se dio la vuelta y expulsó con un fuerte suspiro el calor de su cuerpo.

 -¿Alguien ha teleportado la ciudad hasta el círculo más caliente del infierno y nadie nos ha avisado? -preguntó mientras se acercaba a recepción. Allí se encontraba Harvey leyendo una revista vestido con un pantalón corto y una camiseta de tirantes. -¿Y tú qué haces aquí en recepción?

-Estoy aquí esperando que vuelva el chico nuevo. El calor le ha dado fuerte y ha ido al baño a darse una ducha fría -respondió.

-¿Pero no se supone que tenemos aire acondicionado? -preguntó Summanus.

-Teníamos aire acondicionado. Robert desmanteló el aparato hace unos días porque aseguraba que desde allí le estaban espiando. Tampoco nos preocupó mucho, nadie esperaba que viniera una ola de calor como esta. Afortunadamente, hemos atajado el asunto diciendo que hoy es el la jornada del bañador, así que todo el mundo va en traje de baño.

-¿Araknek también va en traje de baño?

-Haz el favor de no hacerme imaginar eso -dijo Anna Pickman saliendo de uno de los despachos con un combinado granizado en sus manos. Como era de suponer, iba vestida en traje de baño y con gafas de sol. Llegó hasta recepción y apoyó todo su peso en el mostrador.

De repente, la puerta de entrada se abrió de golpe, volviendo a dejar entrar una infernal oleada de aire ardiente. Entraron varios individuos vestidos con traje negro y, tras ellos, el alcalde de Arkham.

-¡Buenas, señor alcalde! ¡Cuanto tiempo sin vernos, desde el viaje que hicimos a principios de año! -exclamó Harvey -¿No es un poco cruel llevar a esos dos tipos trajeados con el calor que hace?

-La seguridad del alcalde no siente el calor -dijo uno de ellos.

-La seguridad del alcalde no siente nada -dijo el otro.

-No les haga mucho caso, señor Pickman, son  dos Señuelos Dotados de Vida que nos prestó cierta organización de espionaje internacional. Los pobres no funcionaban bien y decidicieron dejárnoslos a nosotros.

-¡Qué moderneces!- exclamó Harvey mirando fijamente a los tipos trajeados.

-¿Y qué le trae a nuestra residencia, señor alcalde? -preguntó Anna tras darle un sorbo a su combinado.

-Parece que tenemos un pequeño problema en la zona histórica de Arkham. Estaba allí paseando con un delegado de turismo del estado cuando hemos tenido un encuentro inesperado con algo con lo que ustedes están más familiarizados, así que agradecería que nos acompañaran para arreglar esto.

El recepcionista apareció desde el pasillo de los baños de la planta baja, vestido con un bañador de flores y con un flotador en la cintura.

-Justo a tiempo -dijo Harvey -A tu puesto.


Zona histórica de la ciudad de Arkham. El rato que tarda en desplazarse alguien desde la residencia hasta allí. Ni mucho, ni poco. Lo que viene siendo un ratillo.

Harvey torció el gesto al ver lo que tenía ante sus ojos. Había esperado cualquier cosa, menos aquello. Aunque claro, el calor infernal que había en la ciudad acababa de ser explicado.

El delegado de turismo del estado estaba en una zona cercana hablando con unos individuos vestidos con batas de laboratorio y pantalones de comando. Estos parecían gesticular mucho y no dejaban de señalar a la enorme bola de fuego sentiente.

-Vale...esto ya no tiene gracia... ¿quién ha sido el listo que ha invocado a Cthugha en pleno verano? ¿Es que la locura de ciertas personas va más allá de todo lo imaginable? ¿Hay cultistas que no tienen ningún remordimiento a la hora de llevar a cabo acciones horribles como esta? -dijo Harvey  mientras varios puntos de fuego se acercaban a él y bailaban a su alrededor.

-Además, parece que ha venido con su séquito más festivo -adujo Anna fijándose en varios de los puntos de fuego que parecían estar jugando al limbo en un rincón.

-¡Oh no! ¡Como no lleven cuidado con eso, van a pegar fuego a la cuerda! -exclamó el alcalde -Aunque ahora que lo pienso... es raro que no hayan pegado fuego a nada todavía.

El delegado del estado se acercó a ellos al percatarse de que habían llegado. Al pasar por debajo de la inmensa bola de fuego, algunos mechones de pelo se le chumascaron.

-Señor alcalde, aquellos individuos dicen ser de una organización dedicada a luchar contra las fuerzas del mal y afirman que esto es una DCC y como tal, la ciudad está en grave peligro. Piden permiso para lanzar un ataque aéreo con bombarderos.

-¡Oh, no! -exclamó Anna. Le dio un sorbo a su combinado y, una vez se le acabó, lo lanzó a la bola de fuego, que lo consumió en segundos. -Son los de la Fundación Wilmarth. Será mejor que nos libremos de ellos antes de que sus ansias destructivas hagan que esto se nos vaya de las manos.

-¿Y cómo vamos a convencerlos de que se vayan? Aquí hay nada más y nada menos que un primigenio. Y a ellos les encanta tirar bombas a los primigenios -dijo Harvey señalando a la bola de fuego.

-¿Lanzar bombas? ¡De eso nada! Intento demostrar a este señor del departamento de turismo del estado que esta ciudad puede ser un buen destino para todo tipo de turistas, y la explosión de bombas no creo que sea lo que más ayude.

-¡¡¡Hay que acabar  con este monstruo!!! -exclamó uno de los individuos vestidos con bata y pantalón de comando.

-¡¡¡Como no lo bombardeemos inmediatamente, va a destruir la ciudad!!! ¡¡¡Y después llamará a otras DCC!!!

-Tenemos que atajar esto cuanto antes -dijo Anna. -Se me ha ocurrido cómo hacer que Cthugha se vaya de aquí antes de que las cosas pasen a mayores. No importa quien lo ha invocado (aunque si me lo cruzo, le voy a dar tal tunda que se va a acordar por los siglos de los siglos). Harvey, tú ve con el alcalde y este señor del estado a distraer a los de la fundación Wilmarth. Yo me encargaré de esta visita indeseada.

Una vez organizados, Harvey y el alcalde fueron con el  delegado del estado hasta donde estaban los individuos de las batas y los pantalones de comando. Anna se acercó poco a poco a la inmensa bola de fuego, notó que los puntos de llama que la acompañaban habían traído un disco de música de baile con ellas y estaban disfrutando de una fiesta a su alrededor.

-¡Gran Cthugha, señor de Fomalhaut! -exclamó Anna. -¡Soy Anna de la estirpe de los Pickman y me dirijo a su grandeza para avisarle de algo que creo que le interesará bastante!

La inmensa bola de fuego pareció moverse en el aire, como si las palabras de Anna le hubieran llamado la atención.

-¡Sé que vuestra gracia está enemistada con el mensajero de los dioses otros! ¡Así que supongo que no le gustará saber que éste se encuentra ahora mismo en el Bosque de N'Gai otra vez haciendo de las suyas bajo la forma de El Morador de la Oscuridad!

La inmensa bola de fuego pareció lanzar un fuerte rugido que hizo que todas las lucecitas de fuego se volvieran hacia ella y dejaran sus diversiones. Subieron hasta donde estaba ella y, con un fogonazo, salieron disparados todos hacia el cielo.

-¡¡¡¡¡Nooooo!!!!! -exclamó uno de los individuos con bata -¡El horror ha escapado!

Los otros se tiraron al suelo y se pusieron a lloriquear a quejarse.

-Bueno... nosotros como que mejor nos vamos -dijo Harvey dejándoles allí llorando por no haber podido lanzar sus queridas bombas.

-Es increíble, usted sola se ha deshecho de esa cosa -dijo el delegado del estado.

-¿Qué le has hecho, Anna, un hechizo de expulsión? -le preguntó Harvey.

-No, sólo le he dicho que Nyarlathotep estaba cerca, y como no lo soporta ha ido corriendo a por él.

-Pero... ¿es verdad que Nyarlathotep está cerca?

Anna se paró de repente.

-No tengo ni idea. No suelo seguir los movimientos del caos reptante.

-¿Y qué vamos a hacer cuando Cthugha se entere de que no está donde le has dicho que está?

-Pues no pasará nada, porque Cthugha tiene la costumbre de llegar a los sitios donde está Nyarlathotep, pegarle fuego a todo, y después irse como si nada. Ahora, como notaréis, empieza a hacer algo más de fresquito, así que preferiría ir a la piscina a tomar otro de esos combinados mágicos de Unglaublich.

Anna se fue hacia la residencia, dejando a Harvey junto al alcalde y al delegado del estado.

-Bueno... hablemos de ese paquete de vacaciones para dioses -le dijo el alcalde al delegado de turismo.

-Mmmm, eso puede ser interesante. Conozco a un grupo que puede gustarle esa idea -le dijo Harvey pasándole el brazo sobre el hombro al alcalde.

Y juntos se dirigieron hacia el ayuntamiento dejando detrás una calle un poco requemada, pero por lo demás, nada fuera de lo normal en una ciudad como Arkham.