viernes, 1 de julio de 2016

Orgullo de Arkham

Un sol inclemente brillaba sobre Arkham, bañando con sus poderosos rayos las calles de la ciudad. El verano había llegado para quedarse, y estaba dejando bien clara su intención. Cualquier día, esto significaría que la gente haría cualquier cosa por quedarse en su casa, lo más alejada posible de ese calor implacable, pero este no era un día normal.

El tráfico estaba cortado por las vías principales de la ciudad para dejar paso a la fiesta y al jolgorio. Eso sí, fiesta y jolgorio reivindicativos. Y es que, aunque Arkham es una ciudad muy tradicional, también disfruta de su Día del Orgullo LGTB.

Welcome entró a la zona del desfile del Orgullo apartando como podía a la multitud que le impedía el paso. Aunque la gente más conservadora de la ciudad no quería saber nada de esta celebración, Arkham se llenaba de gente de todas las ciudades cercanas. La comunidad LGTB de todo el valle del Miskatonic llenaba las calles de la ciudad de los tejados a la holandesa, y los universitarios que aún pululaban por la ciudad también se apuntaban a la fiesta, fueran de la tendencia sexual que fueran, total, una fiesta es una fiesta.

Evangeline se giró y buscó con la mirada a Kate. Un momento antes iba junto a ella, pero se había perdido entre la multitud. Cuando dio con ella, la encontró con una gorra calada en la cabeza y gafas de sol. Welcome estiró el brazo y consiguió cogerla de la mano.

-Pero ¡¿qué haces con eso?! Pareces una actriz de Hollywood intentando ocultarse... -le dijo con una sonrisa.

-No me dijiste que habría cámaras de televisión. Ahí veo a Miskatonic TV grabando las carrozas...

-Bueno ¿y qué? -preguntó Welcome alzando la ceja derecha.

-Pues que me pueden grabar... y saldré por la tele... e igual me ve mi familia.

-¡Aaaah! ¡Que es eso! Bueno... ¿tú crees que ellos ven Miskatonic TV?

Kate pareció dudar unos segundos, y finalmente negó con la cabeza.

-¡Entonces no hay probleeeemaaaa! -exclamó Welcome -Tú disfruta de la fiesta y no pienses en eso.

Y, tras decir esto, la llevó al centro de la calle y comenzó a bailar al son de la música que venía de la carroza que tenían detrás. El grupo de fiesta que había sobre la carroza con forma de concha marina y algas estaba formado por la comunidad de profundas lesbianas de Innsmouth. Iban cantando una versión de la canción "Bajo del mar" de La Sirenita, pero con la letra cambiada, de manera que informaba de los diversos placeres que había junto a ellas en las profundidades. Junto a Welcome y a Kate había un grupo de hombres vestidos como el poli de los Village People que se pusieron a animar a la estudiante más famosa de la universidad, que finalmente consiguió que Kate se dejara llevar.

-¡Welcome! -dijo una voz detrás de ellas.

Evangeline se giró en la dirección de la que venía la voz y se encontró con un coloso de pelo largo vestido a la manera de Tony Manero. Un coloso que, por cierto, sólo tenía un ojo.

-¡Brontes! ¿qué haces tú aquí? -preguntó Welcome.

El cíclope se acercó a la pareja moviéndose al son de la música que venía de la carroza más cercana.

-¿Tú qué crees? ¡¡¡Estoy disfrutando de la fiesta!!!

-Pero si tú no eres gay -musitó Kate.

Brontes se quedó mirando a la joven torciendo el gesto.

-Cierto, no soy gay, pero no hace falta ser gay para venir al Orgullo... además, soy griego.

La siguiente carroza pasó junto a ellos. En ella iba un grupo de mancebos vestidos como los gladiadores americanos. Iban golpeándose con los hisopos gigantes al son de la música.

-Por cierto, me parece muy curioso que el ayuntamiento haya permitido una fiesta multitudinaria en la ciudad después de lo que pasó en nochevieja... -dijo el cíclope después de hacer unos pases de baile.

-Quizás sea porque saben que por aquí no vendrá nadie de la Fundación Wilmarth o de los típicos chalados -respondió Welcome.

De repente comenzó a sonar algo parecido a los pasos de un gigante. Fuera lo que fuese provocaba ligeros temblores. El trío se giró en la dirección de la que venían los golpes y se quedaron petrificados al  ver lo que era.

-Waaaala ¡qué carroza más chula! -exclamó Brontes.

Se trataba de un inmenso humanoide mecánico de unos diez metros de altura. Un humanoide musculado y con unas facciones muy atractivas que caminaba lentamente, resonando un trueno a cada paso. Los labios torneados del humanoide mecánico se abrieron y de allí surgió una potento voz.

-¡¡¡¡HE DE APLASTAR EL HOMOEROTISMO!!!! ¡¡¡¡¡AAAAAARRRRRR!!!!!

-Eeeeh, Brontes, me parece que no es una carroza del desfile -dijo Welcome doblando la cabeza hacia un lado.

El humanoide mecánico fue avanzando en dirección al trío mientras pequeños grupos se apartaban de él como si no se lo estuvieran tomando en serio. De hecho algunos estaban comenzando a bailar alrededor de él.

-¡¡¡VOY A DESTRUIROS!!! -exclamó.

Alzó los brazos y abrió las palmas de las manos. Allí se abrieron sendos agujeros de los que salieron dos rayos dirigidos a la multitud. Antes de que el disparo pudiera alcanzar a la gente, Brontes se interpuso recibiendo los rayos, que le lanzaron hacia el grupo de policías de los Village People, que recibieron con regocijo la mole musculada de Brontes.

-¿Pero es que en esta ciudad no puede celebrarse nada sin que ataque un monstruo gigante? -preguntó Kate.

-Técnicamente es un robot gigante, no un monstruo gigante-le dijo Welcome con el dedo índice en alto.

El público vitoreó a Brontes, que salió del grupo de policías de los Village People con su traje Disco destrozado por el láser del humanoide. El cíclope se quedó mirando a la multitud, como si esperara que salieran huyendo, pero en vez de eso se pusieron a animarle. El gigante mecánico volvió a disparar los láseres de sus manos, pero Brontes volvió a interceptarlos, haciendo que su ya minúscula ropa quedara en apenas unos harapos.

-Será mejor que le ayudemos antes de que lo deje en cueros -dijo Welcome.

-¿Pero por qué nadie huye de los ataques del robot? -preguntó Kate, que no entendía nada.

-A lo mejor creen que es parte del espectáculo. Si te das cuenta, es un robot con forma de tío bueno que está destrozándole la ropa a otro que es el equivalente de un culturista de más allá de los eones.

Brontes recogió una bandera arcoiris y la usó para tapar sus partes pudentas, que ya comenzaban a asomar entre los harapos. El cíclope cogió impulso y dio un poderoso salto, con el que llegó hasta la altura de la cabeza del gigante mecánico. Éste intentó capturarlo, pero antes de conseguir cogerlo, Brontes lanzó un puñetazo dirigido a la cara del gigante. El tremendo sonido del impacto reverberó por toda la calle, y la cabeza del humanoide mecánico salió disparada, dejando a la vista lo que había debajo de ella. Se trataba de un individuo enjuto que buscaba como loco entre los controles de la máquina. Brontes aterrizó sobre el sobresaliente pecho del humanoide y se propulsó hasta donde estaba el piloto. Éste dio un respingo al ver al cíclope e intentó levantarse, pero el musculado brazo de Brontes lo agarró de la camisa y lo alzó hasta la altura de su cara.

-¡¿Se puede saber por qué estás haciendo esto?! -exclamó el cíclope.

-Porque es indecente ¡Indecente! Todos esos hombres, con el torso desnudo, los fuertes brazos, sus músculos turgentes  y brillantes por el sudor... bailando, restregando sus cuerpos los unos con los otros ¡van provocando! No podía soportarlo más... debía aplastar y destruir su indecencia... evitar que siguieran celebrando su desviación contra natura.

-¿Estás diciendo que querías destruir el desfile porque odias a los gays? -preguntó Brontes.

-¡¡¡Sí!!! -respondió el individuo.

-¿Pero tú te has visto y te has oído hablando de la gente de ahí abajo? Tus palabras describían lo más atractivo que has visto, los ojos te brillaban... ¡Si hasta se te caía la baba! y lo que es más ¿tú has visto el robot que has construido? ¡¡¡Pero si está más bueno que todos los tíos que hay allí abajo!!! Tú tienes un serio problema y es que no te aceptas. No aceptas que te los tíos te ponen mogollón y odias a los que están disfrutando de la fiesta porque pueden hacer lo que tú no puedes.

-No es cierto... -susurró el individuo.

-¿Ah no? ¿Entonces por qué no paras de mirarme los abdominales? -preguntó Brontes alzando con su otra mano la cabeza del individuo.

-Porque yo... yo... ¡Es cierto! ¡No es justo que ellos puedan disfrutar mientras yo no...

-¿Y por qué no? Si en vez de venir con un robot a lanzar rayos, hubieses venido con ropa de fiesta y te hubieras unido al baile, no habría pasado nada. Aunque ahora que me fijo, parece que tu robot les encanta... pero bueno, eso da igual. No puedes ir lanzando tu frustración contra los demás con un robot gigante. Está muy feo, sobre todo cuando podrías estar ahí abajo disfrutando de la fiesta en vez de venir con la intención de hacer daño.

-Pero... ¿podré bajar con ellos? ¿Y no pasará nada malo? ¿No iré... al infierno?

-¿Al infier...? ¡Anda ya! ¿Cómo te llamas?

-Ernest -respondió el individuo.

-Pues agárrate, Ernest.

Brontes cogió con fuerza el cuello de la camisa de Ernest y dio un salto que le llevó hasta el suelo, junto a Welcome y Kate.

-¿Quién es este tío? -preguntó Welcome.

-El piloto del robot tío bueno -respondió Brontes. El cíclope se volvió hacia el grupo de policías de los Village People y exclamó. -¡Eh, vosotros! Este es mi amigo Ernest y dice que os regala el robot ese!

Los policías de los Village People alzaron las jarras de cerveza que habían salido de algún sitio y corrieron hacia ellos. Cogieron entre todos a Ernest y lo alzaron sobre sus cabezas, llevándoselo entre vítores y bailes.

Kate y Welcome se quedaron mirando fijamente a Brontes.

-¿Nos explicas qué ha pasado? -preguntó Welcome.

-Nah... el pobre chaval tenía una represión del copón pero yo lo he sacado del armario de manera fulminante.

-Pero...

-Nada de peros, hemos solucionado esta crisis sin heridos ni armar un pitote, así que volvamos a la fiesta.

El cíclope pasó los brazos sobre los hombros de ambas chicas y las fue llevando en la dirección de la siguiente carroza que se acercaba a ellos, con el robot gigante a su lado. La música comenzó a sonar y a Welcome dejó de importarle qué había pasado exactamente. Lo importante es que se había solucionado, y que la fiesta podía seguir su curso.