miércoles, 16 de noviembre de 2016

Con noticias de Yig

Robert Pickman se sentía frustrado. Había desvelado en su blog la conspiración de los Illumanti masones para amañar el resultado electoral, al tiempo que revelaba la oscura alianza con los reptilianos para impedir que él, como buen despertado y descubridor de la verdad, no lograra dar a conocer este oscuro complot. Sin embargo, esperaba que esto no fuera más que una alianza situacional. De lo contrario, con los Illuminati masones y los reptilianos aliados, no habría manera de sacar al mundo de la matrix y abrir los ojos a la gente. Por eso, había reforzado su vigilancia en La Llave y la Puerta. Por alguna oscura razón, ambas facciones de los poderes en la sombra habían establecido allí una avanzada. Por suerte para él, podía moverse libremente por la residencia. Y gracias a eso, seguía implacable su espionaje de las dos conspiraciones. Y, pese a algunas dificultades, como la ocasión en que, al tratar de ocultarse para evitar a Summanus se dió de morros contra Welcome cuando esta salía de su habitación distraída y esto estropeó su huida (aunque acabó tirado en el suelo sobre ella, lo cual tenía su punto agradable). Pero sabía que estaba bajo la pista de algo importante. Summanus, ese reptiliano infiltrado en la residencia, estaba haciendo preparativos para algo que iba a suceder pronto. ¡¿Y si fuera una reunión de la conspiración en la propia Arkham?! ¡Tenía que descubrirlo para escribirlo en su blog!

Por su parte, Summanus había decidido ignorar a Robert, que desde las elecciones estaba más pesado que de costumbre. Sin embargo, el magufo tenía que esperar. Lo más importante era asegurarse de que todos los preparativos estaban en orden. Habia hablado con los morlocks comunistas y estos aseguraban que los reptilianos nazis no estaban muy activos. Al parecer estaban entrenándose y reaprovisionándose porque querían organizar una expedición a la selva amazónica en busca de viejos nazis o algo parecido. Por otro lado, Buhonera, la líder no oficial de las welclones (su líder oficial no dejaba de ser Welcome), le había confirmado que podía contar con Serpiente Emplumada y Reina Serpiente. Los trabajos en Dunwich iban bien y las dos welclones reptiles podían ausentarse sin problema. Pkaurodlos estaba pasando un tiempo con las clones, así que vendría con ellas desde Dunwich.

Acción de Gracias estaba casi a la vuelta de la esquina, aunque era pura casualidad que hubieran escogido precisamente esta semana para la reunión. Sin embargo, Summanus lo aceptaba como tal. A fin de cuentas, hacía mucho que no se reunía en persona con su dios. Todo estaba preparado, y la única molestia era Robert, pero era un mal menor que había que aguantar, ya que no había encontrado nada para quitárselo de encima durante unos días. Tan sólo esperaba que la situación no se complicara demasiado.

Cuando llegó el día acordado, se encontraron todos en uno de las salas de reuniones de la residencia, en el primer piso. Allí se encontraban Pkaurodlos, el dios de las tormentas adorado por varios pueblos precolombinos, los iberos y algunos clubes de caballeros, Summanus, un dinosauroide sacerdote de Yig y las dos welclones reptilianas: Serpiente Emplumada, una híbrido de Welcome y Pkaurodlos y Reina Serpiente, mestiza de Welcome y mujer serpiente. Era curioso ver a las dos mujeres, versiones idénticas de Evangeline "Welcome" Parker pero con piel escamosa y, en el caso de Serpiente Emplumada, un penacho de plumas a modo de pelo. Tan sólo faltaba la llegada del invitado estrella, a quien fue a buscar Summanus a la recepción tras comprobar por última vez que todo estaba en orden. Al llegar al hall, logró ver a Robert agazapado con el móvil tras una maceta. Con su pericia habitual, no sólo no estaba bien escondido, sino que llamaba mucho la atención. Además, si pretendía grabar un vídeo, había puesto el dedo encima del micrófono del teléfono. Summanus decidió ignorarlo. En ese momento, el coche de de Yig llegó. Era un sencillo utilitario que aparcó en la entrada de la Residencia. Del mismo surgió un hombre serpiente de cuerpo corpulento y el rostro de un dios azteca vestido con un sobrio traje negro. Era Yig, Padre de las serpientes, un primigenio relativamente poco conocido y no tan popular entre los sectarios como Cthulhu o Nyarlathotep. Había utilizado un hechizo para camuflar su aspecto reptiliano, por lo que parecía un fornido luchador.

Summanus, con la deferencia debida a su señor, se aproximó a él y le saludó cortesmente, pues Yig, al igual que sucede con los dioses reptil y los dragones, es sumamente cortés y educado. El hecho de que pueda ser un dios vengativo y que se la tenga jurada a Shudde M'ell no quita que pueda ser muy respetuoso con la urbanidad y los buenos modales. Por ello, dinosauroide y primigenio se encaminaron a la sala de reuniones donde aguardaban los demás. Al llegar, Yig saludó a todos los presentes y se deshizo del hechizo que alteraba su aspecto. Su verdadera apariencia, o por lo menos la que mostraba bajo esa forma, era la de un hombre serpiente particularmente fornido. Tras las presentaciones, iniciaron el motivo que les había llevado allí: Yig, que a través de ElderGodBook había estado al tanto de las actividades de Alfa Strike, estaba interesado en saber como iban las cosas por Arkham, y, de paso, quería conocer a las dos welclones reptiles. Así, se inició el encuentro sin problemas, con normalidad y ateniéndose a la urbanidad y los buenos modales propios de un club de caballeros inglés. La única nota era que Yig parecía hablar inglés con acento mexicano, pero era más una anécdota que otra cosa.

Mientras tanto, Robert, que estaba seguro de que el fornido recién llegado era algún tipo de pez gordo de la conspiración reptiliana, seguramente el artífice de la impía alianza entre Illuminati masones y reptilianos para manipular el resultado de las elecciones americanas, estaba dispuesto a desvelar la verdad. Para ello, tras ir corriendo a buscar su tablet, una cámara digital y revisar que la batería de su móvil estaba bien cargada y tenía espacio suficiente para grabar vídeos, se lanzó a la caza de los reptilianos. Tenía que encontrar la manera de colarse en la sala de reuniones y poder grabarlos. Para ello, puso en marcha el primer plan que tenía preparado.

Se hizo con un arnés de seguridad, algunas cuerdas. Lamentablemente, las habitaciones que estaban justo encima del lugar donde se habían reunido estaban ocupadas y no iba a ser fácil colarse. Por ello, subió hasta el tejado y, desde allí, lo preparó todo para descolgarse y bajar por la pared hasta la altura de la ventana apropiada y grabarlo todo. No podía ser difícil. No lo había hecho nunca, pero en las películas parecía muy fácil. Además, había encontrado un manual del despertado activo donde explicaba como hacer estas cosas. ¡Era una suerte que los que se habían liberado de la matrix compartieran entre ellos la información! Aunque claro, era raro que, al mismo tiempo que publicaban en internet todos estos datos, existieran tantas versiones diferentes de las conspiraciones. ¡Pero seguro que era cosa de los anunnaki, que metían infiltrados para que se hicieran pasar por despertados y sembrar la confusión! Para ello, y siguiendo las instrucciones que había descargado en internet, se puso el arnés, ató la cuerda, se aseguró de que la cuerda estuviera asegurada y se dispuso a deslizarse hacia abajo. Sin embargo, su plan maestro tenía un punto flaco: como Robert bien sabía, no tenía conocimientos ni práctica en hacer rappel ni montañismo ni nada que le sirviera para dominar la situación. Por ello, se hizo un lío con los mosquetones, no aseguró la cuerda y, cuando quiso darse cuenta, estaba bajando a toda velocidad para, de improviso, detenerse con un grave dolor inguinal y en las piernas. Pero claro, aquello no podía ser todo. Resulta que, al hacerse con las cuerdas, había confundido las de escalada con las de puenting, cuya elasticidad le hizo ponerse a dar botes de forma bastante ridícula. Mientras trataba de recuperar la estabilidad, logró apoyarse en la pared del edificio, con tan mala pata que, acabó por dar una patada contra la misma que le hizo dar más botes, ahora también alejándose del mismo. Como consecuencia de todo este balanceo y de los denodados intentos de Robert por recuperar el control, este acabó enredado en su propia cuerda dando botes arriba y abajo justo ante la ventana.

Mientras tanto, al tiempo que Robert hacía el ridículo fuera, Summanus servía el té y aguantaba la risa al ver, a través de la ventana, las evoluciones del pesado magufo. Como Yig estaba de espaldas a la misma, no se percató de esto.  Además, el encanto y carisma de las welclones, además de su interesante físico, todo ello características heredadas de su primigenia, Welcome, las hacían muy llamativas a ojos del Padre de las serpientes.

Cuando Robert logró desenredarse, cayó al suelo, aunque la poca distancia de caída sólo le provocó algunas magulladuras. Tras el fracaso de su plan, se decidió por un plan B. De ninguna manera lograrían escapar sin que les grabara en vídeo para demostrar de forma inequívoca la presencia de los reptilianos y su conspiración. Por ello, se fue a dejar el equipo de escalada y a iniciar su segundo intento.

Media hora más tarde, una estrafalaria y desgarbada limpiadora se dirigía con los útiles de limpieza por un pasillo del primer piso del edificio de la residencia. Se encaminaba hacia la puerta de la sala de reuniones donde se encontraban Yig y los demás. No había que ser muy listo ni observador para darse cuenta de que se trataba de Robert, torpemente disfrazado de mujer, con una peluca que le quedaba bastante mal y un relleno hecho a base de trapos y papel higiénico para simular unos pechos poco convincentes. Cuando llegó hasta la puerta, se detuvo y giró la cabeza hacia un lado y otro para asegurarse que no había nadie en las cercanías que pudiera verle. Rápidamente se introdujo en la sala contigua, y sacó, camuflados en los útiles de limpieza, un micrófono con un mango telescópico y una cámara que, con un cable alargador, podía conectar a su tablet. Haciendo un montaje improvisado, logró montarlo todo. Abrió la ventana y extendió el artefacto extensible a través del espacio entre las ventanas. Aunque la postura era un tanto incómoda, ya que no había podido acabar de afinar el invento y tenía que estar con medio cuerpo fuera, la imagen y el sonido no eran malos, al menos comparados con lo habitual de los videos magufos.

Summanus, una vez más, no tardó mucho en percatarse del asunto. Se esperaba cualquier cosa de Robert y sabía que no iba a cesar fácilmente. Por eso, seguía atento a la ventana. Las salas de reuniones tenían cerraduras electrónicas y no eran fáciles de abrir. Así, al ver aparecer por la ventana el extraño montaje de micrófono y cámara con el mango telescópico, todo improvisado de cualquier manera, ató cabos. Sin molestar a Yig, se apartó un momento de la mesa en donde estaban todos sentados y, mientras se servía un té, aprovechó para enviar un mensaje por el teléfono. No tardó mucho en recibir respuesta. Sonrió de forma macabra y se acercó a la ventana. El Padre de las serpientes esta vez si que se dio cuenta de que pasaba algo raro. Interrogó al dinosauroide al respecto y el respondió con sencillez:

-Nada de importancia, un pesado que hay que quitarse de encima de vez en cuando.

Esquivando el área afectada por la cámara, abrió una ventana, cogió con ambas manos el artefacto y tiró con fuerza. Al otro lado, Robert sintió de repente el brusco movimiento y se desequilibró. Entonces, sin poder evitarlo, y aun disfrazado de limpiadora, cayó desde el primer piso para acabar estrellándose contra una masa gelatinosa, protoplásmica y amorfa que resultó ser Unglaublich, el servidor de los Otros Dioses que trabajaba en La Llave y la Puerta como cocinero jefe y realizando diversas tareas menores. El ser ameboide y multiforme se cerró sobre Robert para atraparlo, dejando sólo la cabeza a la vista. A continuación, pese a las protestas del magufo, se teleportó para, poco después, volver a reaparecer dentro de la sala de reuniones.

-Vale, ya me he librado de este pesado. Me debes una después de esto. Que tipo más pesado.

Summanus agradeció la ayuda de Unglaublich, y no pudo resistir la tentación de hacerle una pregunta:

-¿Y a dónde te lo has llevado?

En la masa negra y gelatinosa del ser se formó una boca con una sonrisa malévola antes de responder:

-Pues, ya que estaba obsesionado con reptilianos, le he llevado a donde pueda satisfacer sus ansias y, al mismo tiempo, nos deje en paz unos días.

Summanus, que no pudo evitar alegrarse por la posibilidad de librarse del pesado de Robert, aprovechó para presentar a Unglaublich a sus invitados, o por lo menos a Yig, que no conocía al ser que tan buenos servicios proporcionaba a la residencia y a los Pickman. El Padre de las serpientes, con suma educación, preguntó por la situación que había provocado la intervención de Unglaublich. Por ello, Summanus no tuvo problema en explicarle lo sucedido. Debido a su carácter vengativo, Yig supo apreciar la situación y la actuación del servidor de los Otros Dioses, por lo que, tras el breve intervalo y diálogo, pudo retirarse. Una vez resuelto el asunto de Robert, pudieron continuar la jornada con tranquilidad.

Mientras tanto, en los profundos bosques de la comarca de Dunwich, Robert huía a la carrera mientras trataba de grabar con su móvil y la tablet en una especie de cruce entre found footage y reality de supervivencia. El motivo de su loca carrera era que estaba siendo perseguido por una escuadra de minitanques de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro que ladraban ordenes en alemán seseado. Los alienígenas lacerto-nazis no sabían de donde había salido el pesado ese, al que conocían como el magufo de los Pickman. Pero había llegado en el momento oportuno para entrenarse en la persecución de objetivos a pie con los vehículos en entornos de terreno difícil. A fin de cuentas, Yig, Pkaurodlos, Summanus, Serpiente Emplumada y Reina Serpiente estaban satisfechos porque la jornada había salido bien. Unglaublich estaba contento porque había hecho meritos ante un primigenio y Summanus le debía una. Los RNLO estaban felices por poder continuar con su entrenamiento con el extra que les proporcionaba Robert. Y Robert, aunque a la carrera, estaba contento porque por fin estaba grabando la existencia de reptilianos y sus planes para conquistar el mundo. Lamentablemente, el enfoque era pésimo y la cámara estaba continuamente dando saltos. Pero eso ya lo descubriría más adelante. Por el momento era feliz.