viernes, 13 de enero de 2017

El becario vs El Gran y Poderoso E

La Fundación Wilmarth llevaba un tiempo bastante nerviosa. Intuían la presencia de algún tipo de nueva actividad de criaturas o dioses del ciclo de Cthulhu en la ciudad de Arkham, algo que no se mostraba a lo bestia, como deberían hacer los monstruos gigantes y las criaturas malvadas, por lo que  dentro del grupo comenzó a correr la idea de rastrear las zonas de actividad habituales dentro de la ciudad. La idea finalmente se llevó a discusión y se llegó a la conclusión de que varios grupos realizaran esta misión. Así, Arkham estaría bien protegida ante la aparición de esa o esas entidades que sospechaban que estaban pululando por allí. Los más aguerridos miembros del grupo fueron puestos en posiciones estratégicas de la ciudad. El becario acabó yendo a la residencia estudiantil La Llave y La Puerta.

El becario, cargado con su mochila llena de sus instrumentos de lucha contra criaturas malvadas (una piedra con el símbolo arcano, y un tirachinas con versiones más pequeñas de dicha piedra), se plantó ante la entrada de la residencia estudiantil ante la que más actividad habían detectado. Sabían que allí habían pasado varias cosas extrañas, y él mismo se enfrentó contra una terrible araña monstruosa del tamaño de un ser humano. Era un lugar lógico desde el que entrara una criatura del ciclo de Cthulhu. Si él era el que detenía al ser, quizás pudiera ascender en la fundación y ser un agente de pleno derecho. A partir de ahí, podría ir a misiones más importantes como dedicarse a tirarle explosivos a criaturas que no se tomaban nada bien ese tipo de ataques y esas otras cosas que solían hacer en la Fundación.

El frío invernal hacía que su cuerpo le pidiera entrar inmediatamente, ya que dentro habría calefacción, pero antes prefería echar un vistazo al terreno, en busca de algo que pudiera indicar cualquier tipo de actividad extraña. Con esto en mente, se escondió (bastante mal, se le veía desde cualquier sitio) en una esquina del edificio y comenzó a observar con atención. Cuando llegó el momento que no se sentía los dedos de las manos y los dientes le castañeaban más que la batería de un grupo de black metal, decidió que era hora de entrar dentro del edificio.

El calor recibió al becario con una agradable bienvenida, después de cerrar las puertas que llevaban al interior del edificio. Tardó unos segundos en conseguir que su cuerpo volviera a activarse y, tras asegurarse que ya estaba a tono, comenzó a observar con sospecha a todo lo que tenía a la vista. Fue moviéndose entre los muebles de puntillas, haciéndose el distraído, tropezándose varias veces con algo o alguien. Lo que se dice hacer todo lo posible excepto no pasar desapercibido. Algunos de los estudiantes que estaban en la planta baja observaban extrañados al becario, preguntándose qué hacía ese tipo tan raro, pero dejaban de prestarle atención en cuanto veían que era sólo un chalado más de los habituales por la zona. 

Después de un rato de investigación concienzuda y observación detenida escondido detrás de un sofá, el becario se dio cuenta de algo que destacaba entre los residentes de aquel lugar. Normalmente veía alumnos vestidos de cualquier forma, a la moda, queriendo parecer intelectuales, algún que otro punkarra trasnochado, o simplemente con ropas normales y corrientes... pero había un grupo que destacaba sobre todos los demás. Un grupo de individuos que vestían túnicas. Las túnicas, como buen miembro de la Fundación Wilmarth sabía, eran la indumentaria habitual de los adoradores de las DCC (Deidades del Ciclo de Cthulhu). Las usaban para sus malvados intereses, para invocar a sus terribles dioses y practicar toda clase de maldades contra el resto de la humanidad, todo con el objetivo de conseguir poder propio, por supuesto. Era gente a enfrentar, y no sólo eso, le ayudarían a descubrir a la entidad que se estaba manifestando. 

El becario siguió a uno de los malvados sectarios escondiéndose detrás de cada esquina que encontraba hasta que lo vio reuniéndose con otro de su calaña. Escuchó la conversación que tuvieron y no pudo evitar un escalofrío. Sus sospechas eran correctas, se trataba de un culto maléfico. Estaban hablando de realizar una serie de cánticos y rituales para su innombrable dios, cosa que harían en un rato en uno de los pisos superiores. El becario supuso que esos cánticos y ritos implicarían la aparición del ser que adoraban, así que podía hacer uso de su piedra con el símbolo arcano para expulsarlo de esta dimensión y librar a Arkham de una nueva amenaza. El resto de miembros de la Fundación estarían muy contentos cuando supieran que había detenido a un culto entero intentando invocar a un monstruo de otra dimensión. 

Cuando los malvados sectarios dejaron de tomar el refrigerio del que estaban disfrutando y se dirigieron a los pisos superiores de la residencia, el becario los siguió de puntillas y preparándose por si le detectaban. Los sectarios que adoraban a las DCC eran poderosos hechiceros y podían usar poderes más allá de lo humano gracias a su contacto con seres de otras dimensiones, él debía ser prudente si no quería terminar siendo víctima de un hechizo.

El becario se percató de que, de vez en cuando, se cruzaban con otros miembros de su aborrecible culto y, cuando lo hacían, realizaban un cabalístico saludo acompañado de un sonido musical parecido a una E. Debía ser un saludo secreto, aunque no lograba comprender para qué necesitaban un saludo secreto unos tipos que vestían de sectario a la vista de todo el mundo. Quizás, cuando subiera de nivel dentro de la Fundación Wilmarth, le explicaran por qué los adoradores de los innominados dioses de más allá del universo se comportaban así, aunque suponía que sus mentes trastornadas les llevaban a realizar esos actos tan incomprensibles.

Después de un rato siguiendo a los sectarios que había detectado en la planta baja, consiguió descubrir el lugar en el que realizarían su maléfico rito. Quizás implicaría algún sacrificio, así que debería prepararse para una misión de rescate de algún pobre incauto, o de algún animalillo. Los adoradores de las DCC solían sacrificar humanos o animales a sus horribles señores para que les concedieran poder y atención. No podía entender cómo podía haber gente así, que traicionaba a sus propios compañeros de especie para servir a unos seres cuyo objetivo era arrebatar el mundo a la humanidad y destruir todo lo que esta había construido. Pero eso no importaba, él los detendría, evitaría la invocación, el rito, todo lo que tuvieran en mente, y si podía, incluso desmantelaría el culto... o como mínimo informaría a los demás de que éste existía.

El becario fue avanzando decidido a los sectarios cuando, de repente, alguien le llamó la atención con aspavientos.

-¡Tú! ¡Eres uno de ellos! -exclamó el individuo. Se trataba de alguien de treintaytantos con pinta de quedarse hasta las tantas delante de una pantalla del ordenador.

-¿Disculpe? Estoy ocupado -le respondió el becario.

-Eres de esa fundación... La Fundación Wilmarth... esos que investigan presencias alienígenas en nuestro planeta y tratan de ocultarlo a la vista de la gente -dijo el individuo aceleradamente.

-¿Cómo... cómo lo has sabido? -preguntó el becario. Estando en una misión de infiltración y seguimiento de una secta se había escondido bastante bien.

-Llevas una camiseta con el logo de la fundación -respondió el otro señalándole al torso.

 El becario se miró la camiseta... la llevaba casi todos los días. Pero daba igual, tenía que quitarse de en medio a ese tipo y conseguir su objetivo.

-¿Qué tratas de hacer? ¿eh? ¿Habéis encontrado algún alienígena? ¿Piensas ocultarlo?  Que sepas que aquí hay alguien que sabe la verdad, alguien que conoce vuestras intenciones ¡¡¡Lo contaré en mi blog!!! Pienso hacerte una foto y que todo el mundo sepa que formas parte de una conspiración para ocultar la presencia de seres extraterrestres.

El becario intentaba avanzar, pero el otro tipo no hacía más que ponerse delante insistiendo con sus argumentos extraños. Dedujo, finalmente, que había sido manipulado mentalmente por los hechiceros de la secta para evitar que él desbaratara sus planes. Tenía que evadir a ese individuo cuanto antes.

-¡No te hagas el loco! -decía el individuo sacando el móvil e intentando fotografiar al becario -Si hay algún ser extraterrestre aquí debo saberlo. Todos deben saberlo. El mundo debe despertar y saber la verdad que gente como tú trata de ocultar.

Ahora, cuando ya había conseguido sacarle la foto, se había apartado y le dejaba seguir su camino, pero él iba detrás soltando todo su discurso. De repente el becario se dio cuenta de que, con  la fotografía en su poder, ese tipo podía darle poderes a los sectarios sobre su persona. Se detuvo.

-Borra mi foto. Esos sectarios te están controlando. Nosotros luchamos contra las fuerzas del mal. -decía el becario sin dejar de caminar.

-Sí, claro, como que ya la estoy subiendo a mi blog -respondió el otro tecleando en su móvil.

Era demasiado tarde... y lo que era peor, si perdía el tiempo intentando convencer a ese tipo, llegaría tarde al ritual. Debía arriesgar su vida y dejar que ese tipo tuviera su foto para poder lanzarle hechizos si quería detener a los sectarios. Era algo que el resto de miembros de la Fundación verían loable. Estaba sacrificándose para evitar un ritual maléfico.

El becario salió corriendo mientras el otro individuo seguía tecleando en su móvil, siguiendo la dirección que habían tomado los sectarios, y cuando cruzó una esquina se encontró con un pasillo recién fregado con un cartel que rezaba SUELO MOJADO. NO PISAR. ¿Sería una estrategia de los cultistas? Si lo era, se trataba de una estrategia bastante insulsa, pues a él poco le importaba pisar un suelo mojado si con ello conseguía evitar el ritual.

El becario cruzó corriendo el pasillo mojado y, de repente, una sirena comenzó a sonar por todas partes. Se detuvo tapándose los oídos para evitar el molesto ruido... y escuchó algo que se acercaba. Sonaba como las patas de un insecto gigante, un insecto o algún otro tipo de ser quitinoso. Sonaba detrás de él. Con una gota de sudor cayéndole por la frente, el becario se giró y se encontró con la criatura que estaba haciendo esos sonidos. ¡¡¡Era la araña gigante con la que se enfrentó la otra vez que fue a esta residencia!!!

-¡Me voy a cagar en tó lo que se menea! -exclamó el innominable ser con su boca inhumana. -¿Es que no sabes leer que el suelo está mojado? Ahora me lo has dejado todo lleno de huellas...

El becario dio varios pasos hacia atrás mientras con sus manos abría la mochila.

-No te acerques, ser infecto. Tengo símbolos arcanos y soy peligroso -decía intentando controlar los nervios.

-¡¿Mira?! Y encima me insulta -dijo el monstruoso ser.

El becario sacó el tirachinas y varias piedrecillas con el símbolo arcano y cargó el arma.

-Detente o dispararé.

-A que te meto un fregonazo -fue la respuesta de la araña monstruosa.

-No me has dejado otra alternativa -dijo el becario. Tensó el tirachinas y comenzó a lanzarle piedras al monstruo.

-¡Ay! ¡Ou! ¡¿Pero qué haces tirándome piedras?! ¡¡¡Te vas a enterar!!!

La monstruosa araña sacó de algún lugar dos instrumentos que parecían fregonas, pero tenían filo y comenzó a correr hacia el becario con sus ocho patas. Él lanzó un alarido y salió corriendo en dirección contrario con todas las fuerzas que pudo. El monstruo parecía más rápido y estaba a punto de alcanzarlo, pero él esquivaba como podía los golpes que le lanzaba. Mientras huía, preguntándose por qué el símbolo arcano no afectaba a esa criatura, vio la puerta de la habitación donde los sectarios habían dicho que llevarían a cabo el ritual. Una vez más tuvo que pensar rápido y corrió hacia allí, perseguido por el monstruo. Conseguiría evitar el ritual, no importaba si le alcanzaba la araña monstruosa. Llegó hasta la puerta, sin frenar, y empujó con todas sus fuerzas con el hombro, irrumpiendo en el interior.

Dentro de la habitación había un grupo de sectarios rodeando un extraño trono y realizaban cánticos que consistían en distintos tonos de la vocal E de manera musical. El becario supuso que la DCC aparecería en el trono, así que, antes de que los sectarios pudieran detenerle o que le alcanzara la araña, sacó de la mochila la piedra sagrada con el símbolo arcano y la lanzó con fuerza al trono.

-¡Tomad esto! -exclamó el becario.

La piedra con el símbolo arcano alcanzó el trono, rebotó con demasiada fuerza y fue directa a la cabeza del becario, que cayó inconsciente en cuanto esta le golpeó.

Los miembros del culto de El Gran y Poderoso E se quedaron extrañados al indiviuo aquel. No entendían qué había pasado. Un momento después, Araknek, un miembro del staff de la residencia llegó y se encontró al hombre en el suelo.

-No sabemos quién es, pero ha venido y le ha tirado una piedra a El Gran y Poderoso E -dijo uno de los cultistas. -Nuestro poderoso señor le ha respondido con la misma moneda, pero esperamos que no esté muy herido.

Araknek echó un vistazo al becario inconsciente.

-Nah, sólo tiene un chichón. Con suerte, cuando se despierte no se acordará de nada.

Araknek recogió al becario del suelo y se lo echó encima. Le habría gustado darle una buena paliza, pero ya se había llevado su merecido. Cerró la puerta de la habitación del grupo de cultistas esos  tan raros y se dirigió a recepción para dejar allí al becario. Con suerte no volvería a venir a armar escándalo a la residencia. Y si se le ocurría, allí estaría ella para recibirle.