viernes, 20 de enero de 2017

El perfil de ElderGodBook

El temido momento había llegado. Kate finalmente había decidido sentarse delante de su ordenador y, asesorada por Brontes, estaba preparada para hacerse un perfil en ElderGodBook. Tal y como le había explicado el griego, ElderGodBook era una red social como tantas otras que existen, pero tenía una particularidad que la hacía única: el público al que iba dirigido. Esta red social había sido creada y diseñada por y para dioses, seres primigenios, criaturas sobrenaturales y demás entidades cósmicas e interdimensionales. Por ello, no era habitual que un humano se hiciera una cuenta en la misma. No es que no existieran algunos. De hecho, Harvey y Anna Pickman tenían perfil en ElderGodBook, al igual que Welcome y las Welclones. Otros sacerdotes de los Dioses Exteriores y los primigenios, así como poderosos hechiceros, también se habían registrado. Pero, en conjunto, representaban una minoría. Esto era debido en parte al público objetivo de la red social y en parte a la complejidad para localizarla y registrarse. Esta red estaba montada de manera que sólo aquellos que estuvieran capacitados para localizarla pudieran hacerlo. De lo contrario, si por casualidad daban con su dirección en la red, sólo encontrarían una página de error como si fuera una web fallida. Sin embargo, aquellos que por su naturaleza o por los conocimientos adquiridos estaban capacitados para acceder a la misma, acababan por hacerlo en un momento u otro. La red era muy antigua, sólo que había evolucionado con el paso del tiempo y se había actualizado. Al principio funcionaba sólo como una comunicación entre dioses y primigenios, dirigida por Nyarlathotep. Pero se fue ampliando. Comenzó a funcionar con los humanos y seres sobrenaturales a pequeña escala, con pequeños nódulos de comunicación a través de carta y otros medios de contacto sobrenatural. De hecho, se sospecha que esta fue la forma en que nació finalmente Byakhee Express. Con la aparición de los anuncios en los periódicos y otras publicaciones surgió un nuevo modo de entrar en contacto entre los miembros de la red y esta siguió ampliándose. También se introdujo en el telégrafo, la radio y el teléfono. Y, finalmente, Internet. Grupos de noticias, foros, y, actualmente, una red social completa. Pero, claro, no funcionaba como cualquier otra red. Brontes accedía a ella a través de su ordenador portátil, un trasto medio electrónico medio sobrenatural, de cubiertas rugosas y con unos rasgos faciales distorsionados y espeluznantes. Sin embargo, había formas de acceder a ElderGodBook desde un ordenador convencional. Se podían ejecutar una serie de hechizos y rituales, algunos un tanto desagradables, que incluirían dibujar símbolos extraños, usar velas goteantes, colgar un caimán disecado del techo, que Kate ejecutara una serie de movimientos cabalísticos desnuda, etc. Pero también estaba la forma fácil y menos espectacular: descargarse el ElderNavigator, un navegador web que incluía funciones de navegación segura a través de la red que dejaban el TOR y otros sistemas similares por los suelos. Por supuesto, se podía usar para acceder a webs con el dominio .onion y otras ocultas, pero la función principal era acceder a ElderGodBook y otras páginas de uso habitual por parte de los dioses, primigenios, etc. Por ello, Brontes se ocupó de instalar este programa en el ordenador de Kate.

Resultaba curioso ver al colosal dios griego, con el físico robusto y voluminoso de un armario ropero con las puertas abiertas, manejarse con soltura y velocidad con el ratón y el teclado de uso convencional. Pese a sus proporciones, Brontes no era torpe, sino que se movía con soltura, como había demostrado en múltiples ocasiones. Y la informática no suponía una barrera para él. Por ello, en un momento dejó instalado el programa y se dedicó a explicarle a Kate como usarlo. La joven se mostraba atenta y no parecía tener problemas para asimilar el funcionamiento del navegador. A fin de cuentas, le interesaba aprender para poder manejar su ordenador en condiciones. La verdad era que lo hacía sobretodo por su novia. Evangeline "Welcome" Parker era una mujer sorprendente y que estaba enamorada de Katherine, la cual le correspondía. Por su relación con los elementos sobrenaturales y extraños de Arkham y su pertenencia al equipo de dioses de operaciones especiales Alfa Strike Squad, Welcome había acabado por hacerse una cuenta en ElderGodBook para mantener el contacto con los demás miembros del mismo. Y había animado a Kate a hacer lo mismo. Aunque Kate también tenía que reconocer que le remordía la curiosidad por saber que decía su novia de ella en esa red social. Por lo que sabía, la dejaba muy bien, pero no podía evitar sentir la necesidad de echarle un ojo. A fin de cuentas, ella era curiosa.

De momento, todo iba bien. Brontes había instalado el navegador ElderNavigator y, tras una breve explicación de sus peculiaridades, pasó a introducir la dirección de ElderGodBook. Kate se esperaba cualquier cosa, por lo que al aparecer la pantalla de tonos morados y letras blancas bastante convencional quedó decepcionada por el anticlimax que supuso. Brontes, al ver la reacción de la chica, le explicó que la red social no era como las demás. Esta se adaptaba al medio por el que se accediera a ella y el usuario que pretendiera usarla. Así, abrió su siniestro y grimoso ordenador portatil y le enseñó como la veía él. Kate casi dio un salto de la sorpresa. Donde ella veía una entrada más bien convencional y algo sosa que recordaba a la de otra red social de nombre similar y bastante popular, en el ordenador de Brontes era algo completamente diferente. Los tonos se mantenían, pero la fuente era de caracteres griegos, los textos estaban en una mezcla de griego clásico y aklo, y los relámpagos cruzaban la pantalla iluminando extrañas figuras que parecían surgir de los diseños del día en que H.R. Giger estaba de mal humor y con indigestión. Ciertamente, el cambio era bastante drástico. Pasaron entonces al registro. Como ElderGodBook detectaba que estaba trabajando con un humano, todo parecía bastante normal. Los datos que pedía para crear un perfil eran comunes, aunque había algunas cosas que desconcertaron ligeramente a Kate. Cuestiones como si era sacerdotisa o adoradora de alguna deidad en concreto, si había sido iniciada en algún culto o si el Hombre Negro la había marcado en un aquelarre o había recibido la señal de la Cabra de Tres Cabezas la dejaron con la boca abierta sin saber por donde seguir. Brontes, acostumbrado a estas cuestiones, la fue asesorando. Tras acabar con todo el proceso, sólo quedaba elegir una foto para su perfil y el proceso de registro quedaría completado. Kate tenía varias fotos suyas que podía usar, pero ElderGodBook le daba la opción de hacerse una en ese momento. La joven pensó que no sería mala idea y decidió probarlo. Brontes, que no era un experto en fotos y la que tenía en el perfil no era muy edificante (parecía un hoplita heavy con un severo caso de estreñimiento), la dejó hacer. Conectó la webcam y la red le mostró la perspectiva de la cámara. Tras ajustarla y arreglarse un poco la ropa y el pelo, puso su mejor sonrisa y apretó el botón para tomar la foto. Como era de esperar, aquello no salió de forma convencional. Como si se tratara del flash de fósforo de una de las primeras cámaras de fotos, un estallido de luz llenó la pantalla y dejó durante unos segundos una imagen en negativo en los ojos de Kate, junto con su sombra a su espalda. Al mismo tiempo, resonó un trueno a un nivel de decibelios que normalmente se asocia con explosiones, onda expansiva incluida. El resultado fue que Kate, sorprendida y asustada, acabó a un par de metros de la silla con expresión de terror, mientras ElderGodBook registraba una foto de ella con todo el pelo de punta hacia atrás y una cara poco gratificante de susto y sorpresa.

Cuando Brontes logró que se recuperara de la impresión, la sentó de nuevo frente al ordenador. La joven, dispuesta a no experimentar más con el "jodido programa de fotos", como lo describió, optó por dejar esa foto y cambiarla después. Total, tampoco iba a pasar nada por dejarla ahí un momento. Así, con el proceso de registro finalizado, pudo acceder finalmente a la red social. ElderGodBook se mostraba de manera funcional y sencilla, sin aspavientos ni complicaciones innecesarias. Sin embargo, antes de hacer algo más, Brontes le recomendó que revisara las opciones de configuración. Tal y como le explicó el dios griego, ElderGodBook era una red de dioses y seres sobrenaturales. No tenía las restricciones de otras redes sociales. Una clasificación +18 era una minucia comparado con lo que podía llegar a encontrarse ahí. No había limitaciones para la sangre o el sexo. Y lo que algunos dioses o primigenios podían considerar normal era bastante escalofriante y desconcertante para un humano convencional. Por ello, antes de que a Kate le diera un pasmo viendo algo que realmente la asustara, le sugirió algunos ajustes para filtrar contenidos. Una vez realizados, lo más gordo que podía esperar encontrar era algún video y fotos de las orgías de N'kari y, tal vez, algún desnudo de profundos. O eso esperaba Brontes. ElderGodBook podía sorprenderte, a fin de cuentas, era prácticamente una entidad inteligente y consciente. Había quienes lo consideraban un avatar de Nyarlathotep, o, como mínimo, una especie de Inteligencia Artificial creada por el Mensajero de los Dioses. Así, el siguiente paso era comenzar a buscar contactos conocidos. Los Pickman, Welcome y las Welclones y los dioses de Alfa Strike eran parada obligada. Optó también, aunque sospechaba que probablemente se arrepintiera, por añadir a El que Legisla tras el Umbral. Mientras tanto, Brontes avisaba desde su ordenador y el móvil para que fueran aceptando las invitaciones de Kate. Le sorprendió encontrar un perfil del Gran y Poderoso E, pero, por curiosidad morbosa, envió la invitación. La foto de perfil era del trono, a la altura donde estaría la cara de una persona de estatura media.  Curioseando por ahí empezó a encontrar perfiles más bien raros. Además de algunos dioses y diosas que no conocía, dio con una serie de nombres agrupados como contactos de El que Legisla tras el Umbral: Ahtu, Aquel que se retuerce, La Cosa de la Máscara Amarilla, Demonio Oscuro, El que Aulla en la Oscuridad, El que Comenta en la Oscuridad, Faraón Negro, Hombre Astado, etc. Al preguntar a Brontes, este le explico que eran los avatares de Nyarlathotep. El Caos Reptante se había creado un perfil para cada una de sus máscaras, y, como según se decía, tenía un millar, así estaban.

Kate se iba familiarizando con la red social. A fin de cuentas, resultaba bastante intuitiva. Hay que tener en cuenta que, a lo largo de la historia, habían surgido dioses más tontos que un ladrillo, además de que no todas las entidades sobrenaturales y seres primigenios eran particularmente inteligentes. Por ello, no le costó mucho hacerse con el funcionamiento de esta. Las opciones de configuración parecían ser lo más raro, pero había que tener en cuenta que ahí podías encontrar de todo y, a fin de cuentas, los usuarios de ElderGodBook eran muy variopintos. Una vez repasado lo básico, se puso a cambiar su foto y darle los últimos retoques a su perfil cuando de repente empezó a recibir una oleada de notificaciones. Por suerte, tan sólo se trataba de las aceptaciones de sus solicitudes de contacto. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando pensaba que lo peor ya había pasado, apareció una nueva oleada de notificaciones. Kate, confusa y sospechando algo, se dio cuenta de que eran referidas a su foto de perfil, ya que poco más había hecho. Con inquietud, desplazó el ratón dispuesta a ver que había pasado.

Diez minutos más tarde, Anna Pickman llegaba al piso de estudiantes donde vivía Kate. Por suerte para Brontes, que la había avisado, no andaba muy lejos y tenía posibilidad de acercarse. Al entrar, interrogó al griego sobre la urgencia de su llamada:

-¿Qué pasa? Me has hecho venir corriendo y sin explicarme nada. ¿Le ha pasado algo a Kate?

-Bueno, algo así. Ya sabes que le tenía que enseñar a manejar ElderGodBook, y todo iba bien al principio. La he ayudado a crear su perfil, le he ajustado la configuración y explicado el funcionamiento básico. Hasta ahí todo bien. El problema ha venido después -explicó el dios.

-¿Otra vez Dagón e Hidra han colgado un video porno y lo ha visto ella por casualidad?

Brontes no pudo reprimir un estremecimiento. Ver a dos profundos gigantes comportándose como personajes de una película para adultos era bastante escalofriante.

-No -respondió-, por suerte no ha sido nada de eso. Pero creo que Kate ha quedado algo conmocionada y le vendrá bien algo de compañia femenina que no quiera tirársela.

La cara de Anna era todo un poema, pero de esos que parecen escritos por un poeta romántico decadente tras haberse pasado a los alucinógenos más potentes. Brontes siguió hablando:

-Verás, cuando las welclones y N'kari han aceptado su invitación de contacto, se han dedicado a comentar su foto de perfil. No es que fuera una foto particularmente espléndida, era bastante normal. Y Kate es guapa, aunque sin destacar demasiado. La cosa es que, las clones se han emocionado, y N'kari, que también le tiene aprecio a la chica y estaba con el ánimo exaltado, han empezado a piropearla y tal.

-No veo el problema -dijo Anna-, Kate ya sabe que las welclones están locas por ella y la quieren y, que yo sepa, también ha compartido cama con N'kari y ya sabe como es la diosa... Pero me da que la cosa no se quedó ahí, ¿verdad?

-Eeeehhh.... pues no. Se generó un efecto cascada y la pobre ha quedado conmocionada al tener a las welclones, N'kari, Welcome, y... bueno, unas cuantas diosas más de atribuciones más bien especializadas se han emocionado y se han unido al lío...

-¿Y estamos hablando exactamente de que atribuciones y de que diosas? -preguntó con aire de sospecha Anna.

-Principalmente atribuciones del amor y otros asuntos relacionados. Y hablamos de Isis, Afrodita, Ishtar, Cibeles, incluso la diosa maya Ixchel se ha interesado en ella... Como comprenderás, no es fácil para una joven en edad de crecer que hace relativamente poco que está experimentando y disfrutando de su sexualidad se vea tan deseada por divinidades. No creo que haga falta que te recuerde lo que pasaba en Grecia en mis tiempos...

Anna torció el gesto. A fin de cuentas era un día más en Arkham, y mientras Harvey se encargaba de una invasión de turistas alienígenas octopoides de la Octava Dimensión, ella bien podía tomarse un descanso y darle un poco de apoyo y solidaridad femenina a Kate. La joven lo agradecería. Brontes, viendo solucionado el asunto, recogió su portatil y se fue a ver que oportunidades le ofrecía Arkham ese día. Quien sabe, igual los turistas alienígenas octopoides de la Octava Dimensión eran comestibles y todo.