sábado, 20 de enero de 2018

El ataque de los exámenes vivientes

Todos estaban sentados, con miradas de pavor y tensión. El silencio era sepulcral, excepto por los sonidos de movimientos nerviosos, leves indicadores de la tensa espera. Seabury Q, Pickman disfrutaba de esos momentos. Los pocos minutos antes del comienzo de un examen eran como una dosis de endorfinas para el antropólogo. Mirar a esos alumnos, con caras de estar ante un artefacto explosivo de suma complejidad de desactivar era una de las cosas que más disfrutaba de la universidad. No podía evitarlo. Cogió un montón de folios, en los que estaban las preguntas a responder y las imágenes que tendrían que comentar los estudiantes. En el fondo no era tan difícil, pero es que... esas caritas...

-No le deis la vuelta al examen hasta que yo lo diga -comentó mientras entregaba los últimos.

Seabury volvió a la mesa del profesor con unos  cuantos exámenes en la mano. Como de costumbre, sobraban unos cuantos, ya fuera por alumnos que no se habían presentado, ya fuera porque había hecho más fotocopias de la cuenta. Dejó los folios y se dirigió a los atemorizados alumnos.

-Venga, ya podéis darle la vuelta. Tenéis dos horitas para hacer el examen, el que no haya terminado entonces, será fusilado -dijo, probando una broma para soltar tensión. Su dosis de terror estudiantil ya había sido saciada, no era cuestión de sobrepasarse.

Los alumnos rieron con nerviosismo el comentario y le dieron la vuelta a sus exámenes. Los tapones de algunos bolígrafos cayeron en los pupitres. Ahora, lo único que tenía que hacer Seabury era dar paseos con ojo avizor y relajarse. 

Mientras el antropólogo avanzaba entre una fila de pupitres, mirando de reojo a cualquiera que hiciera un movimiento extraño, se fijó en uno de los alumnos, que parecía tener un problema fuera de lo normal con su examen. Parecía que no podía controlarlo, pero no porque no hubiera estudiado... ¡¡¡El examen se movía como si fuera algún tipo de ser vivo!!! Las hojas se movían como ropa tendida al viento mientras el pobre chaval intentaba mantenerlas quietas, pero todo su trabajo fue imposible, los folios grapados dieron un salto y se le pegaron en la cara. 

El resto de alumnos estaban concentrados en su examen, pero cuando el alumno atacado se levantó y comenzó a dar vueltas e intentaba quitarse de la cara los folios, no pudieron evitar alzar la mirada ante esa molesta distracción... momento que aprovecharon sus respectivos exámenes para lanzarse directos a sus cabezas y cubrirles la cara.

Mientras todo esto sucedía delante de un estupefacto Seabury, los exámenes sobrantes que estaban en la mesa del profesor estaban alzándose y preparándose para atacar. Se giraban en su dirección. Era la única persona en la clase que no tenía papeles pegados en la cara.

Seabury corrió con la cabeza baja mientras de su boca surgía un mantra "mierda, mierda, mierda, mierda" hasta que llegó a uno de los pupitres del final, donde no se había sentado nadie. El antropólogo tiró la mesa a modo de parapeto y los papeles se lanzaron a golpes. Algunos de los exámenes parecieron darse cuenta de que no podían atravesar la madera, así que se arrastraron por la mesa hasta dar con el ser humano que había detrás. Seabury sacó del bolsillo de su pantalón el mechero que usaba para encender su pipa y mostró una larga llama a los folios que pretendían saltar sobre él.

-Venga, atreveos, si tenéis huevos -dijo mientras pensaba en que acababa de lanzar una bravata a unos folios grapados que querían atacarle y sin saber si aquello debería hacerle perder la cabeza o dar por hecho que era un suceso más de la enloquecedora ciudad en la que vivía.

Ahora comenzó a suceder algo nuevo. Oía a los alumnos hablando como podían debajo de los papeles que cubrían su cara y, al momento, parecían recibir una descarga eléctrica. Estas descargas parecieron sucederse por toda el aula mientras los folios sobrantes se lo pensaban antes de enfrentarse al fuego del mechero. Fuera lo que fuese, esto estaba más allá de sus capacidades como antropólogo y profesor universitario, así que  dio un salto y se dirigió corriendo hacia la puerta.

Los folios grapados, al darse cuenta de que el objetivo huía, se lanzaron cual jauría hacia Seabury, pero dos piernas de tamaño humano corrían más que unos folios, y el profesor consiguió abrir la puerta y salir del aula.

-¿Es que no puedo ni disfrutar de un examen sin que suceda ninguna cosa surrealista en esta puñetera universidad?

-No, creo que no puede -le dijo un señor vestido con frac que iba montado sobre un avestruz cruzando el pasillo.

Antes de que Seabury pudiera reaccionar, escuchó sonidos de golpes en las aulas cercanas y vio cómo algunas puertas se abrían, para que profesores o alumnos pudieran escapar de otro grupo de folios vivientes, algunos eran capturados y, casi inmediatamente comenzaban a farfullar bajo el papel y, después, a dar el bailoteo electrizante. Así que no eran sólo sus exámenes lo que habían cobrado vida, este incidente era generalizado.

-Creo que es hora de llamar a los profesionales.

Residencia estudiantil La Llave y La Puerta. En esos momentos.

Harvey Z. Pickman estaba echándole un vistazo a las cuentas de la residencia estudiantil cuando su teléfono móvil comenzó a vibrar en su bolsillo. Lamentando más bien poco la interrupción, sacó el aparato del bolsillo y miró quién llamaba. Era Seabury... pero en esos momentos debería estar trabajando ¿qué querría a esas horas?

-Hola, Seabury ¿qué pasa?... ¿Qué? ¿Exámenes vivientes? ¿Están atacando a todo el mundo y les da descargas? Eso parece un trabajo de alguien como ¡¡¡Delta Wave Welcome!!! ¿Qué? ¿Que este no es un trabajo de un superhéroe? ¿Entonces para ti qué es el trabajo de un superhéroe?... Sí... Sí, ya sé que yo soy el experto en magia de la familia y que eso tiene toda la pinta de ser el resultado de un hechizo... no, no te estoy dando largas... Que sí... Síííí, no te preocuuuupes. En un rato estaré allí... ¿Cómo que por qué en un rato? La universidad no está aquí al lado... Sí, conozco hechizos que pueden plegar el espacio-tiempo y hacerme ir a otro sitio en cuestión de segundos ¡Ay, Seabury, qué tonto te pones a veces!

Harvey colgó y se guardó el móvil en el bolsillo. Suspiró y comenzó a cantar las palabras que ayudarían a su hechizo de transporte mientras dibujaba unos extraños símbolos en el suelo con su tiza de Sacerdote de Yog-Sothoth.

Universidad Miskatonic. Mientras Harvey lleva a cabo el hechizo.

El campus era un caos de gente corriendo perseguida por exámenes que intentaban lanzarse a su cara. Algunos exámenes estaban realizando emboscadas e inteligentes tácticas para atrapar a alumnos y profesores. Y en medio de ese caos, Seabury Q. Pickman seguía en el parapeto que se había hecho con pupitres, sillas y carteles de anuncios.Frente a él, una cantidad de exámenes intentaban alcanzarlo. Algunos eran de tipo test, así que tenían varios folios, lo que les permitían mayor movimiento que a los que eran de folio único o sólo dos hojas grapadas. Los exámenes más atrevidos conseguían cruzar su parapeto, pero allí les esperaba el mechero de Seabury. Era lo único que tenía para defenderse, y le valía porque entraban de uno en uno como en las películas de artes marciales. Sin intentaran un ataque de verdad, sería rápidamente derrotado. Los exámenes de tipo test estaban haciendo fuerza por apartar sillas y carteles para que pudieran entrar en grupo, lo que sería la derrota de Seabury, pero antes de llegar a ese funesto momento, el aire comenzó a crujir y una brecha se abrió en la nada. De ese agujero en el aire salió Harvey Z. Pickman

-¡¡¡Por las huestes de Hoggoth!!! -exclamó mientras realizaba unos complejos movimientos de manos.

Los exámenes que estaban atacando a Seabury se pegaron fuego y quedaron reducidos a cenizas.

Seabury se levantó derribando las sillas y pupitres que formaban su parapeto henchido de alegría.

-¡Por fin estás  aquí! No sabes lo que he tenido que sufrir con estos exámenes. Han tomado el control de prácticamente toda la universidad. Creo que sólo aguanta la facultad de informática, ya que allí hace tiempo que lo hacen todo digital y no entra ni un papel.

-Seabury, os quejáis de que la gente cree que esta es una universidad de magia y vosotros os las arregláis para que un ejército de exámenes mágicos lancen un golpe de estado ¿Tú sabes la imagen que da esto?

-¡¿Me estás echando a mi la culpa de todo esto?!

-A alguien tenía que echársela -respondió Harvey-. Ahora hay que saber quién ha sido el responsable de todo este desastre... exámenes vivientes que se te pegan en la cara... ¿a quién se le habrá ocurrido eso? Es muy absurdo, pero no lo suficiente para ser cosa de los RNLO, además, ellos no utilizan magia, y puedo detectar muuuuuucha magia en el campus, sobre todo en los exámenes. ¿Eye Gore? Es una posibilidad, pero exámenes vivientes que se te pegan a la cara no es su estilo, es muy poco cliché villanesco, por no decir nada.

-Harvey...

-Tampoco creo que sea cosa de algún dios con ganas de juerga, no noto energía divina en todo este asunto. Puede ser cosa de Nyarlathotep, pero no sé para qué querría hacer una tontería como esta...

-¡Harvey!

-Eso descarta a la mayoría de los de siempre. Queda la opción por defecto... algún idiota la ha cagado.

-¡¡¡Harvey!!! -exclamó Seabury

-No grites, hombre, que estoy deliberando.

-¡¿Quieres mirar a tu alrededor?! -lee dijo Seabury señalando haciendo un arco con su brazo. Un nuevo grupo de exámenes había aparecido, y se dirigía hacia ellos.

-No te pongas histérico, hombre, que hasta el mago más tonto sabe realizar un hechizo de bola de fuego.

Harvey realizó una serie de movimientos con sus manos, como si tuviera un control o mango y pulsara algo con la otra mano. Esto hizo que una poderosa bola de fuego surgiera de él y consumiera al grupo de exámenes... tambien provocó un incendio en el pasillo, que hizo saltar los aspersores.

-Venga, no te quejarás ahora. Los aspersores están apagando el fuego -dijo Harvey mientras Seabury le miraba con ojos asesinos y el cuerpo cubierto por una fina lluvia producto de los aspersores -. Tenemos que conocer el origen de esto, y no tengo ganas ni tiempo para hacerlo de forma elaborada, así que utilizaré aquel sencillo hechizo que usó Anna cuando desapareció uno de los yithianos del programa de intercambio.

Harvey llevo a cabo lo necesario para la elaboración del hechizo mientras Seabury se cubría de la lluvia artificial con su cartera de cuero. En unos instantes, vio una especie de hilo inmaterial brillante que les indicaba el camino a seguir.

-Venga, sólo tenemos que seguirlo, y si nos ataca algún examen, nos defendemos... sin bolas de fuego ¿vale?

Seabury accedió y bajaron corriendo las escaleras. Algunos exámenes iban por allí buscando presas, y Harvey, harto de tener que luchar contra ellos, prefirió lanzar un hechizo que cubriría a él y a Seabury con un campo protector. Salieron de la facultad y vieron cómo el hilo iba directo al edificio de la facultad de Geografía e Historia. Ignorando a los alumnos que se retorcían en el suelo con el bailoteo eléctrico y a los exámenes que iban en busca de presas, Harvey y Seabury cruzaron en línea recta hasta llegar a la facultad que era su objetivo. Una vez allí, sólo tuvieron que seguir por los pasillos hasta dar con el origen del problema.

En el suelo, un alumno regordete se retorcía por las descargas  que le estaba lanzando el examen que tenía pegado en la cara.

-¡Oh! ¡Caído en su propio hechizo! ¡Qué irónico, verdad?! -dijo Harvey mientras se acercaba a él.

-¿Y ahora qué hacemos? Está claro que no nos puede decir cómo arreglar este asunto.

Harvey dio un tirón del examen pegado a la cara, pero no quería separarse de su víctima. Entonces, le arrebató a Seabury el mechero y le pegó fuego.

-¡¿Pero te has vuelto loco?! ¡Le has pegado fuego a un alumno!

-No seas histérico, Seabury, mira, está sano y salvo.

En efecto, el estudiante estaba levantándose claramente desorientado.

-Hola, imprudente hechicero -saludó Harvey-, vas a decirme qué hechizo lanzaste sobre los exámenes para que podamos deshacerlo.

-Yo sólo... tenía un examen muy importante con un profesor que corrige los exámenes con plantilla

-¡Por los dioses de Aquilonia! -exclamó Seabury -¿Hay semejantes monstruos en esta universidad?

-Sí, los hay... yo quería aprobar, así que busqué en un libro sobre magia ceremonial un hechizo que me haría responder al examen palabra por palabra como quería el profesor, pero hice algo mal, porque en vez de eso, el examen saltó contra mi cara y me hacía responder a preguntas, y si no respondía las palabras exactas me daba una descarga eléctrica.

-¿Cuantas veces os hemos dicho que nada de hechizos ni invocaciones para los exámenes? Intentamos realizar nuestro trabajo académico sin que algo sobrenatural se nos pegue en la cara... literalmente -dijo Seabury.

-Yo... yo... tengo el hechizo en el bolsillo...

Harvey metió la mano en el bolsillo de chaval sin pedir permiso y echó un vistazo. Era un hechizo muy sencillo. Hasta un mono sería capaz de realizarlo, así que el contrahechizo fue más sencillo que hacerse un sandwich. Una vez deshecho el hechizo, los exámenes que cubrían a todos los alumnos y profesores cayeron al suelo, volviendo a ser sólo folios con preguntas a responder.

-Ya está. Terminó el problema -dijo Harvey -. La próxima vez que hagas algo así, te meteré el libro de hechizos por el culo.

El estudiante tragó saliva y se fue corriendo.

-¿Ves? Le dices eso y no volverá a hacerlo -comentó Harvey con una sonrisa. Y dicho esto, volvió a abrir una puerta en la realidad y volvió a la residencia sin despedirse.

Seabury se quedó allí de pie, mirando los folios tirados por el suelo y a profesores y alumnos desorientados preguntándose qué había pasado. Estaba pensando que nunca volvería a disfrutar de un examen.