sábado, 13 de enero de 2018

Fantasmas de Dunwich

El invierno no era la mejor estación para visitar Dunwich o vivir allí. Era crudo, era frío, era inhóspito, y la nieve lo cubría todo. Por ello, las welclones tenían poco trabajo en los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Habrían optado por hacer un cierre de temporada, pero lo apartado del lugar y la historia de la región eran importantes atractivos para algunos colectivos. Demiurgos y dioses invernales, semillas de Ithaqua, wendigos variados, incluso algún hongo de Yuggoth se convertían en clientes habituales de la estación más fría del año. Por ello, las mujeres seguían con su trabajo, aunque procuraban salir fuera lo mínimo indispensable. Por supuesto, había una excepción, Ártica, que al estar hibridada con Gnoph-Keh, se movía por el frío exterior en camiseta y pantalones cortos alegremente. Y es que era habitual ver su figura cubierta de espeso pelaje blanco y con un cuerno negro en medio de la cabeza moverse por la zona vestida igual que si estuvieran en pleno verano. 

Pero ese invierno había sucedido algo que había roto con la rutina de deidades, entidades sobrenaturales, alienígenas fúngicos y demás habituales. Y es que Odín había decidido enviar a sus valquirias a pasar unas semanas en Dunwich para que se entrenaran en operaciones de búsqueda y rescate en entornos helados. Tenían experiencia de sobra en montaña, por lo que el dios se había decantado por un terreno diferente aunque igual de complicado por el frío: las colinas del valle superior del Miskatonic. Ni que decir tiene que las valquirias fueron recibidas con gran regocijo por dos razones: la primera, obviamente, era que iban a mejorar la ocupación e ingresos de los Alojamientos Rurales durante ese invierno; la segunda, bueno, también era bastante obvia, ya que se trataba de dos equipos de seis altas y esculturales mujeres nórdicas que se iban a alojar en un lugar gestionado por 20 clones salidas y bisexuales.  Para colmo, durante la primera semana contaron también con la presencia de Evangeline en su aspecto de superheroina, Delta Wave Welcome, lo que satisfacía plenamente a las welclones. La joven sólo podía estar una semana debido a que no podía descuidar demasiado sus estudios universitarios. Pero como enlace de las valquirias con Alfa Strike y líder de las welclones, su presencia era necesaria.  Resultaba muy curioso ver a la heroína junto con las demás mujeres. Con las clones no destacaba, a fin de cuentas, aunque mutantes, eran sus “hijas” genéticas, creadas con su ADN como base. Pero al lado de las valquirias llamaba bastante la atención. Y es que Welcome, que medía 1,60 resultaba bastante baja comparada con ellas.

La primera semana se desarrolló sin demasiados incidentes. Comenzaron a familiarizarse con el terreno y a realizar salidas, guiadas a menudo por Ártica. Se trataba de ejercicios de instrucción básica para aclimatarse y aprender a moverse por ese entorno, así como a identificar hitos para guiarse, utilizar técnica de camuflaje, alguna maniobra de simulación de combate entre ambos equipos, etc. Fue todo bastante bien, e incluso tuvieron que intervenir para tratar de localizar a unos excursionistas invernales que se perdieron y lograron localizarlos con éxito. Pero todo se revolvió con éxito. Tras acabar la primera semana, Welcome volvió a Arkham, aunque realizó algunos viajes adicionales a Dunwich, siempre usando Byakhee Express, ya que era la opción más rápida y que menos problemas tendría con el clima invernal.

Fue a partir de la segunda semana, con las valquirias ya instaladas y familiarizadas con el terreno y el clima, cuando la situación se empezó a complicar. Y es que, los problemas podían venir desde cualquier lugar. Y, en este caso, la situación se iba a complicar de forma bastante inesperada y poco habitual. Sin que estuvieran al tanto, se había instalado en la zona desde hacía poco un nekomata, un gato japonés de dos colas, llamado Hiroshi. Estos animales eran seres mitológicos nipones con poderes nigrománticos. Algo que haría las delicias de Vinnie West, pues tal vez podría aprender magia para reanimar a los muertos sin necesidad de la aparición de su personalidad oscura con poderes auténticos, podía convertirse en una condenada molestia en Dunwich, si no evolucionaba a algo peor.

Este nekomata en concreto era primo de uno que ya trató de usar en su beneficio las acciones sexuales de los dioses, en particular Raijin, Fujin y Zeus, cuando estuvieron en una misión especial en Japón para investigar unas instalaciones de Omicron Scorpions. Como era de esperar, Raijin y Fujin aprovecharon para instalarse en un balneario cercano a donde los siguieron sus fans más incondicionales, lo que incluía que estaban también bastante deseosas de satisfacción sexual por parte de sus ídolos. Por otro lado, Zeus optó por aumentar su ya larga lista de amantes seduciendo al personal femenino de la base. Todo esto, además del erótico resultado, condujo a la aparición de un ejército de muertos vivientes enviados por un nekomata que quería aprovechar el semen de los dioses que quedara en los genitales de las apasionadas compañeras de cama. Obviamente, aquello no acabo bien, al menos para el gato, que se las tuvo que ver con una alianza situacional entre los dioses y el equipo Tiamat de GodHunters de Omicron Scorpions. Así pues, este nuevo felino mitológico de dos colas, que había estado en su momento al tanto de los intereses de su primo, había optado por probar un enfoque diferente. Por ello, dejando atrás sus tierras natales, había viajado a Estados Unidos, siguiendo la pista de los dioses del equipo Alfa Strike. Esto le había conducido hasta Arkham, donde, siguiendo pistas y rumores, había tomado la decisión de investigar más a fondo el valle superior del Miskatonic. Lo que le interesaba en particular eran las welclones y su acceso a la leche mutagénica y mística de Shub-Niggurath. No hay que olvidar que estas surgieron de combinar el material genético de Evangeline “Welcome” Parker con el de diversas Criaturas del Ciclo de Cthulhu, dioses y otras fuentes sin identificar mediante la poco escrupulosa y dudosamente ética aplicación de la leche de esta diosa exterior, obtenida a través de uno de sus avatares: la Cabra Blanca de Tres Cabezas. Esto, que condujo a una guerra de un día entre Alfa Strike y sus aliados del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlock contra las fuerzas de elite de la NWE y sus colaboradores puntuales del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. El resultado final fue la liberación de Welcome y sus welclones, que se convirtieron en un grupo que rendiría culto al avatar de Shub-Niggurath y se encargarían de poner un poco de orden en  aquella región. A fin de cuentas, las eternas peleas vecinales entre sectarios de Yog-Shothoth y cultistas descendientes endogámicos de Tsathoggua no estaba conduciendo a nada.  Así, de esta manera, y con la colaboración de la familia Pickman de Arkham, se crearon los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta, gestionados por el grupo cultista de la Cabra Blanca de Tres Cabezas, es decir, Welcome y las welclones, aunque la primera actuaba más como líder del grupo y enlace con Alfa Strike y los morlocks. 

Tras todo este rollo recordatorio de lo sucedido, es hora de llegar a la conclusión de que demonios hacía allí Hiroshi. Sus planes consistían en conseguir la leche mutagénica de Shub-Niggurath y, si era posible, algunas muestras de las welclones y de la demás población sobrenatural, cósmica y extradimensional que pudiera encontrar. Todo ello para realizar turbios experimentos nigrománticos ocultos y prohibidos. Pero este nekomata no quería cometer los mismos errores que su primo, por ello, decidió optar por un enfoque diferente: para empezar, optó por usar fantasmas en lugar de cadáveres reanimados. Esto tenía su ventaja al pensar que los primeros suelen ser invisibles a menos que se manifiesten, lo que les aporta el factor sorpresa. Sin embargo tenía la desventaja de que su contacto con el mundo físico era más limitado, aunque la intangibilidad era un extra. Pero ya se encargaría de eso, y es que estaba preparado. Antes de partir se había hecho con un amuleto encantado que daría mayor contacto físico a los espíritus que dominara dentro de un radio de acción. No era demasiado, apenas llegaba a una veintena de metros, pero ya era algo. Además, si era discreto y actuaba rápidamente, podría lograr su objetivo sin llamar demasiado la atención. O eso esperaba. Por ello, tras hacerse con un lugar seguro desde donde practicar los ritos y encantamientos necesarios, comenzó a convocar a los espíritus sin descanso que pudieran escuchar su llamada y ser atraídos por la misma.

Un día más tarde, el equipo Alfa de las valquirias se encontraba en medio de un ejercicio de búsqueda. Se trataba de unas maniobras en las que tenían que localizar a su objetivo en terreno hostil y bajo amenaza. Esta última provenía del objetivo al que tenían que encontrar y capturar: Ártica. Y es que, aunque la mujer no había recibido entrenamiento específico, si que conocía muy bien el terreno, era prácticamente inmune al frío y su pelaje blanco la ayudaba a camuflarse en la nieve. Además, se había puesto ropa blanca, y, para desgracia y mala suerte de las valquirias, cuando creyeron dar con ella, sólo dieron con un maniquí hecho de nieve ataviado con la camiseta y pantalón de la welclon. Así pues, se enfrentaban a una joven en muy buenas condiciones físicas, desnuda o en ropa interior blanca que se camuflaba muy bien sobre el terreno, el cual conocía perfectamente y que las podía estar acechando en ese mismo momento. Y para complicar más el asunto, estaba el tema de las apuestas.

Antes de salir esa mañana, las valquirias habían estado fanfarroneando sobre lo bien preparadas y entrenadas que estaban (lo cual era cierto), y que no les iba a resultar demasiado difícil dar con Ártica aunque se quedara completamente desnuda y usara su pelaje blanco para esconderse en la nieve. Claro, la welclone había sonreído ante la bravata y respondido que le gustaría verlo. Una cosa condujo a otra y el alarde acabó en una apuesta según la cual, tras la “cacería”, Ártica se acostaría con todas y cada una de las valquirias a las que diera caza. Para las que sentían atracción sexual por las mujeres, ya fueran lesbianas o bisexuales, esto no suponía demasiado problema, ya que las welclones eran conocidas por ser grandes amantes, pero había otras a las que no les hacía tanta gracia el asunto. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Así pues, Ártica se había decidido a no ponérselo nada fácil y, de momento, lo estaba consiguiendo.

Por ello, mientras las valquirias maldecían por su mala suerte al ver como la welclon las estaba esquivando, ésta las observaba escondida cerca, tras una roca cubierta de nieve. Ya había decidido cual sería su primera víctima: Reginleif, la orgullosa líder del equipo Alfa. Era atractiva, y muy hábil, pero, lo más interesante era que Reginleif era heterosexual y no le hacía la más mínima gracia el tener que meterse en la cama con otra mujer. Por supuesto, Ártica no iba a forzarlas a cumplir las condiciones de la apuesta si ganaba, pero eso era algo que debían averiguar ellas. Mientras tanto, se divertía viéndolas molestas y apuradas. Por ello, aguardaba el momento oportuno para lanzarse sobre su presa para capturarla y estamparle un profundo y apasionado beso en la boca, sólo por darle una lección de humildad y humillarla un poco. A fin de cuentas, había otras valquirias que le gustaban más y que no tendrían reparo en acostarse con ella. Fue entonces cuando algo empezó a salir mal. A Ártica se le pusieron todos los pelos de punta, lo cual era, cuanto menos, llamativo y le daba un aspecto bastante extraño. Y entonces sintió como alguien la agarraba de forma bastante torpe. Si había algo que no toleraban las welclones era el abuso sexual y la privación de libertad. Habían sido creadas como super soldados mutantes, encerradas durante el tiempo que pasaron en los laboratorios y utilizadas a veces como juguetes sexuales por parte de los científicos más depravados. Aquello lo hacían drogándolas, pues todas habían asimilado muy bien las lecciones de entrenamiento militar y sus poderes las hacían muy peligrosas. Por ello, y aunque no tenían complejos ni sexuales ni de otro tipo, les repelía profundamente el robo de la libertad personal. Así pues, Ártica se revolvió contra sus atacantes, pues no tardó en sentir un segundo par de manos palpándola. Trataron de inmovilizarla, pero ella era fuerte y había recibido un intensivo y completo entrenamiento en diversas artes marciales, tanto durante su creación en laboratorio como, posteriormente, de mano de Welcome y de los dioses de la guerra, Ares y Perun. Así, esos seres invisibles que trataban de retenerla y forzarla, iban a aprender por las malas que no era buena idea cabrear a una welclon.

Lo que más extrañaba a la mujer era que sus atacantes eran completamente invisibles, y que, en ocasiones, parecían volverse intangibles. Pero ella disponía de varias armas en su arsenal que aún no había utilizado. Por ello, cuando logró zafarse de los intentos de apresarla, se puso en pie, desnuda y poderosa, orgullosa y feroz, y muy, muy cabreada, inspiró profundamente y lanzó una bocanada de aire frío a su alrededor. Una capacidad que había adquirido de su ADN de Gnoph-Keh era la de poseer una arma de aliento helado. Lo que salía de su boca era aire a una temperatura polar, capaz de enfriar rápidamente todo cuanto quedara en su radio de acción hasta congelarlo. Por otro lado, su origen híbrido procedía de una criatura nativa de las Tierras del Sueño y relacionada con el primigenio Ran-Tegoth y ella había sido creada con una combinación de magia y ciencia. ¿Y a que viene tanto rodeo? Pues, sencillamente, que todas sus armas naturales, es decir, su cuerno, su aliento y las cinco clases de somantas de palos que era capaz de sacudir, podían afectar a criaturas normalmente invulnerables a armas y agresiones convencionales. Así pues, las dos entidades invisibles y parcialmente intangibles quedaron, para empezar, congeladas, para, a continuación, recibir una de las cinco clases de palizas que podía dar Ártica.

Claro, esto había descubierto su posición, pero el ejercicio de las valquirias era lo de menos. Si había surgido alguna nueva amenaza en Dunwich, era su deber identificarla y ponerle fin. Por ello, actuando con presteza, se aproximó a las valquirias y, mientras se vestía, les informó de lo que estaba sucediendo. Ellas la habían visto combatir contra algún tipo de enemigo invisible, por lo que su ampliación de información las dejó bastante sorprendidas. Sin embargo, había que actuar con presteza. Si los que les atacaban eran algún tipo de entidades espirituales parcialmente incorpóreas, era porque algo o alguien los había llamado. Ártica conocía bien el terreno, era su entorno habitual, donde ella y sus compañeras se movían a diario y esa amenaza era algo inesperado. Así pues, recomendó que se replegaran de regreso a los Alojamientos Rurales para allí equiparse y prepararse para entrar en acción.

La retirada no fue fácil. Constantemente estaban siendo acosadas por fantasmas que trataban de atraparlas y herirlas, pero Ártica actuaba con rapidez y se enfrentaba a sus adversarios. Y, aunque aun no sabían cual era el origen de aquel ataque, estaba claro que pretendían impedirles llegar a su destino. Afortunadamente no se encontraban demasiado lejos, pues Ártica no las había conducido a parajes demasiado remotos o que pudieran resultar especialmente peligrosos. Y es que el valle superior del Miskatonic aun acogía a algunas amenazas que las welclones no habían eliminado, bien por estar limitadas a un territorio en concreto, bien por estar controladas o bien porque se escapaba a sus capacidades. Afortunadamente no eran demasiadas, y estaban bastante bien identificadas. Por eso, la aparición de los fantasmas les había resultado tan sorprendente.

Con tenacidad, esfuerzo y un despliegue de habilidades marciales y aliento helado de Ártica, lograron llegar hasta las cabañas que ocupaban las valquirias. Una vez allí, se prepararon para el asedio. Mientras, Ártica fue a avisar a sus compañeras. En esos momentos, la mayor parte de las welclones estaban por la zona, además de acoger a un grupo de sectarios de Ithaqua que sentían una fascinación casi fetichista por Ártica. Por ello, cuando los fantasmas llegaron, se encontraron algo que no aguardaban: un pequeño ejército de clones mutantes, adoradores de Ithaqua y valquirias, preparados con hechizos y armas mágicas. También hay que añadir que Hiroshi no había estado inactivo ni poco productivo antes de comenzar su ataque. Había reunido un buen contingente de fantasmas basado en los que habían muerto por todo el valle superior del Miskatonic, víctimas de las circunstancias, del terreno accidentado, de las familias endogámicas cultistas demasiado entusiastas a la hora de hacer sacrificios, etc. Así pues, lo que había tratado de asaltar a Ártica y las valquirias había sido una pequeña avanzadilla. Hacia los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta se dirigía un gran ejército de fantasmas comandados por el nekomata que, esta vez, había optado por mostrarse. Éste, tras anunciar que había sitiado la zona con sus almas en pena, anunció sus intenciones. Ni que decir tiene que no fueron precisamente aceptadas de buen grado por las welclones. Y, de esta manera, comenzó la Batalla de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Aunque Hiroshi contaba con su magia y con la gran cantidad de fantasmas y espectros que había convocado, las welclones tenían un as en la manga. Así, al comenzar el ataque, las valquirias y las clones se situaron en primera línea, mientras Ártica y los sectarios se quedaron en la retaguardia, protegidos por las demás.

La lucha era encarnizada, con los fantasmas tratando de atrapar y arrastrar a sus presuntas víctimas, pero estas se defendían con uñas y dientes, con espadas y cuchillos mágicos y usando a plena potencia todos los poderes de las welclones: ácido, veneno, electricidad, fuego, fuerza sobrehumana, ataques sónicos, astucia y mucha, pero que mucha mala leche. Las defensoras tenían que ganar tiempo y tratar de contener a sus atacantes que las superaban ampliamente en número, pero lo que les faltaba en ese aspecto lo compensaban con valor y tenacidad. Tenían un objetivo y lo cumplirían: aguantarían. Tenían que ganar tiempo para que Ártica y los sectarios lograran invocar a Ithaqua. El ritual era largo, era complejo, pero se podía hacer. Las bajas temperaturas y el hecho de que participara Ártica podía facilitar las cosas, ya que este ser sólo podía ser llamado en territorios muy norteños y cuanto más fríos mejor. Pero, tras largos momentos de tensión, algo cambió. El cielo se oscureció, como si una nube de inmensas dimensiones lo hubiera cubierto todo. Era una formación oscura, pesada, como si estuviera preñada de nieve preparada para descargar en una ventisca letal. Pero su forma era extraña, pues recordaba a una descomunal figura humana y, allí donde debía estar la cabeza, brillaban dos estrellas, ardientes y relucientes como si fueran unos ojos llameantes. Ithaqua había llegado.

El ser de las nieves, el primigenio de los hielos, reclamó su sacrificio al ser llamado, y, escuchando el ruego de Ártica y sus adoradores, cubrió la zona con el frío y la nieve, llevándose consigo a los fantasmas y al desafortunado Hiroshi. Tras su marcha, todo quedó cubierto por un espeso manto blanco que iba a dar mucho trabajo adicional a las welclones, pues habría que despejar los caminos y quitar los taludes de nieve que sepultaban en parte los edificios. También habría que ayudar a las granjas vecinas que se hubieran visto afectadas, así como la aldea de Dunwich. Eso supondría mucho esfuerzo para las mujeres, y un apropiado entrenamiento de rescate en la nieve para las valquirias, pues tal vez hubiera gente o animales que hubieran quedado atrapados. Así pues, con el apoyo y colaboración de los tres colectivos, valquirias, welclones y sectarios, lograron deshacerse de la amenaza que suponía el gato de dos colas. Por el momento, Dunwich volvía a ser un territorio seguro, o al menos relativamente seguro. Cuando lograran resolver los problemas causados por el temporal de nieve, Ártica se encargaría personalmente de mostrar su agradecimiento a los sectarios. A fin de cuentas, habían colaborado de buen grado, habían sido muy amables con ella durante su estancia y la halagaba que la tuvieran en alta consideración por su naturaleza mutante relacionada con su deidad. Pero eso ya es otra historia… con erótico resultado.