sábado, 6 de enero de 2018

Los Reyes Magos llegan a Arkham

Con las fiestas de navidad terminadas, y el año nuevo entrado, la normalidad había llegado a la residencia estudiantil La Llave y la Puerta. El día a día volvía a ser el ir y venir de alumnos estresados por exámenes o trabajos finales, los vocálicos ritos de los adoradores del Gran y Poderoso E, Robert Pickman espiando a Summanus alguna que otra vez, y la típica batalla contra el ser que habita dentro del inodoro del cuarto de baño del personal de servicio... el muy pesado siempre despertaba a principios de año y se ponía a cantar canciones Death Metal con acento cockney.

Con la vuelta de la rutina, Anna Pickman volvía a su trabajo habitual, que aunque lo pareciera, no era repartir estopa y partir por la mitad a criaturas invasoras, sino psicóloga experta en ocultismo. Ahora mismo estaba leyendo el libro de un individuo de dudosos conocimientos ocultistas que le habían hecho llegar, ya que parecía estar lleno de errores y afirmaciones que no pasarían ni el examen más mínimo. Normalmente, dejaría pasar esas tonterías, ya que el mundo estaba lleno de libros de ocultismo que sólo decían tonterías, pero ese en particular, por lo visto, decía tantas tonterías que terminaba absorbiendo inteligencia del lector y lo convertía en un idiota crédulo. Lo que menos le hacía falta al mundo era más idiotas crédulos. Ella se había lanzado un hechizo de protección para evitar que le afectara la lectura de la sarta de idioteces que había en cada página. Aun así, sentía escalofríos cada vez que leía alguna conclusión absurda del autor.

Mientras se enfrentaba al reto de leer esa cosa sin sufrir ningún daño, notó que una sombra le cubría dramáticamente. Ella había detectado hacía rato que alguien se le acercaba, y no solo eso, por los pasos y la sombra sabía quien era, pero le dejó hacer la aparición espectacular.

-¡¡¡Anna Pickman, tus servicios son necesarios!!! -exclamó el dueño de la sombra.

Anna alzó la cabeza y se encontró con un cíclope vestido con un jersey de punto con cuello alto en el que se veía un paisaje invernal. Brontes y su estrafalario gusto a la hora de vestir.

-¿Y la entrada espectacular a qué se debe? -preguntó ella.

-Eh... no sé... estabas tan enfrascada en ese libro que no podía interrumpirte simplemente.

Momento de silencio incómodo. Se escuchó el ulular del viento en el exterior.

-Bien, Brontes ¿qué está pasando que no pueda solucionar un dios del trueno con un jersey de punto? -preguntó Anna.

-Por lo visto, hay informes de la aparición de unos extraños individuos en el centro de la ciudad. Sí, sí, sé que la aparición de extraños individuos no debería sorprender a nadie, pero estos hablan en español y en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra como esta, nadie les entiende nada ¡necesitamos tu ayuda!

-¿Me necesitas porque nadie sabe hablar español en toda la ciudad? Es lo más lamentable que he oído en mucho tiempo...

-A mi no me mires. Yo sé hablar inglés, griego antiguo, griego actual, aklo, el idioma divino universal que se utiliza entre los distintos panteones y entiendo perfectamente lo que dice el Demonio de Tasmania, ya sería mucho pedir que además aprenda español, ese idioma es un caos de verbos irregulares.

-Pero el propietario del Eldritch Burguer habla perfectamente español, tiene ascendencia mexicana.

-Pero hoy no está disponible. Está participando en un concurso televisivo de cocineros -dijo Brontes.

-Pues Welcome también sabe hablar español... -insistió Anna.

-Imposible, está muy liada en Dunwich con los alojamientos rurales.

-Yo también estoy liada con este puñetero libro.

-Pero estás más cerca...

Anna lanzó un suspiro.

-Venga, iré contigo a ver a esos "extraños individuos". Igual soy capaz de descifrar el enigmático galimatías que sale de sus bocas.

-Oye, menos guasa, que el aklo lo aprendí en un curso a distancia interactivo -le dijo Brontes mientras le acompañaba a la puerta de la residencia.

En el exterior, el frío invernal de aquella región del país  heló la cara de Anna mientras acompañaba al cíclope, que no parecía importarle mucho que las temperaturas fueran tan bajas. Se envolvió con la bufanda y caminó mientras Brontes le explicaba las distintas versiones sobre la llegada de los extraños que había oído, que eran tan contradictorias entre sí, que le servían lo mismo que una sierra mecánica en la estación espacial internacional. Lo único en que todas las versiones se ponían de acuerdo es que los individuos estaban en el centro de la ciudad y parecían bastante despistados. Y allí llegaron el ciclópeo dios del trueno y Anna, que no sabía qué esperarse. Los "individuos extraños" estaban frente al ayuntamiento, y efectivamente parecían bastante perdidos.

Se trataba de tres hombres mayores, vestidos de manera anacrónica, pero no como lo haría un yithiano que ha hecho un intercambio de cuerpo, sino una mezcla de ropas medievales europeas y vestidos orientales de la edad antigua. Los tres tipos estaban montados, cada uno de ellos, en un camello, y portaban bolsas de viaje bien cargadas.

-Por los gatos de Saturno, estos tipos son los reyes magos -dijo sorprendida Anna.

-¿Pero qué reyes magos? Los hay en distintas dimensiones, así como, en diferentes culturas, algún personaje con poderes arcanos ha llegado al cargo de rey. Hasta en la época anterior al hundimiento de la vieja Atlántida hubo magos que llegaron a convertirse en reyes -comenzó a divagar Brontes.

-No, no, no -le interrumpió Anna -, "Los Reyes Magos". Son una representación de los sabios que la tradición cristiana dice que visitaron a Jesús en su nacimiento, pero estos no se especifica ni cuantos eran, ni si eran reyes, ni nada de nada. La tradición ha ido estableciendo una serie de características a estos sabios hasta convertirse en "Los Reyes Magos", los cuales visitan a los niños para hacerles regalos en la fecha en que los cristianos celebraban la epifanía. Lo que pasa es que todo eso son tradiciones que han ido transformándose a lo largo del tiempo... lo que me hace preguntarme ¿quiénes son realmente estos tres?

Brontes los miró fijamente con su único ojo.

-Puede que vistan como esos Reyes Magos, pero detecto en ellos una naturaleza divina. No son ninguna personificación de una creencia, son dioses -dijo.

Anna frunció el ceño. Se crujió los dedos y comenzó a recitar un conjuro. Se trataba de un hechizo que había extraído de un demonio del infierno del rol que convocó un alumno de la universidad en mitad de una partida al leer mal una errata del libro básico de reglas. Se trataba del clásico hechizo de identificación, que se lanzaba sobre un objeto o criatura para reconocer lo que era realmente.

-Tienes toda la razón, Brontes, estos "reyes magos" son en realidad dioses. Antiguos dioses orientales, pero el hechizo de identificación no es capaz de reconocer quienes son.

Anna decidió acercarse al trío de deidades, que seguían en sus camellos mirando de un lado al otro y discutiendo entre ellos. Cuando vieron que la joven se dirigía hacia ellos alzaron la cabeza en su dirección.

-Buenas, sus majestades ¿con quién tengo el placer de hablar -preguntó Anna en español.

-¿No nos conoces? Nadie en todo este territorio inglés nos conoce. Ni siquiera son capaces de respondernos. Yo soy Melchor, rey representante de los pueblos europeos -dijo uno de los "reyes". Se trataba de un típico rey medieval, con larga barba blanca y mirada benevolente.

-Yo soy Gaspar, rey representante de los pueblos orientales -dijo el que había a su lado. Sus ropas eran una mezcolanza medieval y oriental y su barba de color oscuro, así como la piel aceitunada, lo diferenciaban de su compañero.

-Yo soy Baltasar, rey representante de lo racistas que siempre han sido los pueblos occidentales -dijo el tercero. Este era el más excéntrico en sus pintas. Tenía rasgos caucásicos, pero el color de su cara era como si se hubiera cubierto el rostro con betún. Llevaba unos ropajes que uno no sabría decir si era un gobernante oriental de la edad antigua o de algún país musulmán de la edad media.

Brontes llegó hasta donde estaban y saludó con la mano.

-Ya... así que sois los Reyes Magos -les respondió Anna. No podían ser los reyes magos. Tenían naturaleza divina y los tres reyes, con sus respectivos nombres, no eran más que una creencia popular. Pero tampoco parecían peligrosos, sólo parecían el típico turista que anda perdido en un país extranjero.

-Oye ¿puedes preguntarles por qué hablan en español si son reyes de oriente? -le dijo Brontes a Anna.

-Porque la tradición de que los Reyes Magos hacen regalos a los niños en estas fechas sólo tiene lugar en países hispanoparlantes, sobre todo de mayoría católica. Algo me dice que estos tres, antiguamente, fueron dioses orientales, pero al ser abandonada su adoración, decidieron hacer lo que todos los dioses de la antigüedad han hecho: Cambiar de trabajo. Quizás se sintieron atraídos por la creencia en los magos de oriente, pero con el tiempo, parece que han olvidado su verdadero origen y se creen Los Reyes Magos de verdad.

-¿Y cómo han acabado aquí si van en camello? -preguntó el cíclope.

-Esa es una buena pregunta. -Anna se dirigió hacia los tres reyes/dioses y les hizo un saludo lo más respetuoso posible -. ¿Pueden sus majestades decirme cómo han acabado en una pequeña ciudad del estado de Massachusetts?

-Pues hemos tenido un problema con nuestro jet privado -respondió el de la barba oscura.

-¿Jet privado? ¿Pero no vais en camello? -preguntó Anna seriamente extrañada.

-¿Pero tú crees que los camellos vuelan? Nosotros no somos como el tipo ese de los renos voladores. Nuestros camellos son normales y corrientes. Para viajar de un país para otro utilizamos un jet de gran velocidad. Nos dirigíamos a los países de iberoamérica, cuando parece que un agujero espacio-temporal nos tragó y acabamos en las afueras de esta ciudad.

-Sí... no me sorprende que un agujero espacio-temporal en medio de ninguna parte termine conduciendo a Arkham -dijo Anna con resignación.

-Pues aquí estamos. En un país que no conocemos, nadie nos entiende ni nos conoce... y lo que es peor ¡aquí no hay aeropuerto! ¡No podemos despegar nuestro jet! -exclamó el rey/dios de barba blanca.

Anna explicó el asunto a Brontes, que estaba mirando la charla en español como si estuviera viendo a unos desconocidos hablando en un idioma alienígena.

-¿Ese es el único problema? ¿No van a atacar la ciudad ni a intentar destruir nada -preguntó el cíclope.

-No, sólo quieren irse y seguir con lo suyo -respondió Anna.

-Entonces no hay problemas. Diles que me lleven a donde tienen el avión. Yo les sacaré de aquí.

Anna tradujo a los reyes/dioses las palabras de Brontes y, al paso de camello, se fueron dirigiendo a las afueras de la ciudad. El jet de los visitantes se encontraba en la carretera principal de entrada a Arkham. El piloto la había usado para aterrizar, pero estaba claro que no era suficiente para un despegue, ya que la carretera estaba llena de curvas. Anna fue traduciendo las indicaciones de Brontes y los tres reyes/dioses entraron dentro del avión.

-¿Seguro que esto funcionará? -preguntó el de la cara color betún.

Anna miró a Brontes, que estaba jugueteando con el cuello de su jersey de punto.

-Eh... sí... seguro que funcionará -respondió.

-Si es así, recibirás tu regalo bajo el árbol, joven Anna.

-No os he dicho mi nombre -dijo ella torciendo el gesto.

-No hace falta -le dijo el de la barba  blanca -. Nosotros recordamos a todos los niños que nos pedían regalos cuando eran pequeños.

La puerta del avión se cerró ante la estupefacción de Anna Pickman, y antes de que pudiera asimilar todo lo que conllevaba lo  que acababa de decir el rey/dios, Brontes se colocó debajo del jet privado, lo levantó con sus musculosos brazos y dio un poderoso salto que lo llevó a las alturas. Una vez el avión y Brontes estuvieron entre las nubes, Anna vio cómo el aparato se encendía, momento en que Brontes convocó a unos fuertes vientos que agarraron el aparato y se lo llevaron. Poco a poco, el avión se fue estabilizando y pudo volar por sus propios medios, mientras el cíclope volvía al suelo.

-Parecen majos -dijo Brontes -. No entiendo una mierda de lo que me han dicho, pero parecen majos.

Anna aún estaba pensando en lo que le había dicho el de la cara color betún ¿un regalo bajo el árbol? Ya habían retirado la decoración navideña. Además, no tenía sentido. No podían ser LOS Reyes Magos, todo el mundo sabía que los Reyes Magos eran los...

Anna se giró de vuelta a la ciudad y dio un respingo al encontrarse, justo detrás de ella, a un retoño oscuro moviendo sus tentáculos y dejando salir fluidos de sus múltiples bocas. No era un retoño cualquiera. Se trataba del que trabajaba para el Eldritch Burguer.

-¿Anna Pickman? -dijo la entidad -. Alguien ha dicho que soy lo más parecido a un árbol que ha visto y me ha dejado esto para ti.

El ser extendió uno de sus tentáculos y le entregó a Anna un pequeño gatito, que se movía medio dormido mientras caía en sus manos. La joven tenía los ojos como platos, mientras Brontes lanzaba un chillido y comenzaba a dar vueltas como una niña histérica que ha visto una cucaracha

-¡¡¡¡¡Un gato!!!!! ¡Un gaaaaatoooooo!!!!! -gritaba el cíclope.

Anna acarició al cachorror mientras alzaba la mirada al cielo, en la dirección en la que se había ido el avión. Quizás, sólo quizás, fuera verdad que aquella era la noche más mágica del año.