jueves, 28 de diciembre de 2017

Weird Christmas IV: El advenimiento de Saturno (parte 2)

La Ley de Murphy es un enunciado de corte más bien fatalista y algo pesimista que se puede aplicar a todo tipo de ámbitos y trata de explicar los hechos acaecidos. Básicamente se basa en el siguiente postulado: «Si algo puede salir mal, entonces saldrá mal».

En Arkham hay una particular variante de este principio a la que se denomina «Efecto Arkham» y que se basa en la experiencia sobre la “normalidad” de la ciudad y la aplicación de la entropía en la misma, que, en ocasiones, recibe algún empujoncito por parte de Nyarlathotep o, más recientemente, de la diosa sumeria del Caos Primordial Tiamat. El enunciado es el siguiente: «Algo siempre va a salir mal de forma extraña, desconcertante y/o absurda en el momento más inesperado».

Así pues, teniendo en cuenta el Factor Arkham y la Ley de Murphy, era obvio que la visita de Saturno, el dios antes conocido como Cronos, iba a traer cola y verse aderezada por algún fenómeno poco afortunado y menos bienvenido. Y así fue que, mientras Saturno salía a las calles de Arkham (los vecinos ya estaban acostumbrados a la ocasional visita de Dagón y otras manifestaciones similares, así que tampoco le prestaban demasiada atención), desde los túneles bajo la ciudad, en concreto desde las bases del Ejército Reptiliano Nazi del Lado Oscuro, tanto la próxima a la playa como la del interior, los motores se ponían en marcha y, en breve, se iniciaría la invasión navideña de Arkham.

Dirigida por el Generalleutnant Schneider montado en su Volkswagen Kübelwagen modelo 82 de mando, escoltado por varias unidades de Einsatzgruppen montados en sus minis, la toma de la ciudad comenzó. Tras los minis, aparecieron las panzerdivision con sus minitanques y acompañados de algún Führer hombre serpiente degenerado. Desde la zona próxima a la playa, las tropas anfibias de los RNLO tomaban posiciones, acompañadas por escuadras de sharkjellyfishes con exoesqueletos adaptados para permitirles moverse fuera del agua y equipados con depósitos de agua marina y de oxígeno para poder respirar y mantenerse hidratados. Desde las afueras de la ciudad entraron un robot gigante nazi Mk II y varios escuadrones de armaduras potenciadas, exoesqueletos blindados Ritter Mk IV. Formando filas ordenadas y con un ritmo de avance implacable y perfectamente coordinado y sincronizado, la invasión de la ciudad por parte del ejercito reptiliano habría sido capaz de hacer temblar a cualquiera y de hinchar de fervor los corazones de los partidarios de la ideología de estos seres.

Pero algo extraño estaba sucediendo. Pese al aire marcial de la marcha militar y el impactante avance, la gente no parecía asustada, sino alegre y recibía a los reptilianos nazis con muestras de regocijo y aplausos. Aquello no estaba saliendo como esperaban. ¿Tanto tiempo tratando de conquistar la ciudad y fracasando estrepitosamente para que, de improviso, los recibieran con aplausos y vítores? ¿Acaso habría bastado desde un principio con hacer semejante despliegue de poder militar? ¿Y donde estaban sus archienemigos, los morlocks comunistas del Equipo Exile? Todas estas preguntas tendrían su respuesta, pero, lo primero era averiguar que había sido de los posthumanos venidos del futuro de una línea temporal alternativa en la que formaban una sociedad marxista casi utópica. Y es que, hartos de los villancicos y del consumismos capitalista, habían optado por una retirada estratégica, retirándose a Dunwich, donde habían copado los Alojamientos Turísticos La Llave y la Puerta para gran regocijo de las welclones. Así pues, por ese lado, el camino parecía expedito. Sin embargo, estaba por resolver el tema del aparente regocijo con que eran recibidos. Los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro ya tenían claro que, tarde o temprano, deberían enfrentarse a alguno de los defensores habituales de la ciudad. Pero, por el momento, todo parecía ir bien, ¿o no? Al Generalleutnant Schneider le seguía reconcomiendo el recibimiento que les estaban dando hasta que, finalmente, cayó en la cuenta de lo que estaba pasando: Todos y cada uno de los soldados y vehículos estaban usando el camuflaje especial para operaciones de invierno, pero la modalidad “Solsticio invernal”, preparada para actuar de forma encubierta en las festividades conocidas propias de esas fechas del año. Traducido: Todos y cada uno de los soldados iban vestidos de Santa Claus y sus ayudantes elfos, y los vehículos estaban adecentados como trineos cargados con sacos llenos de regalos o a modo de árboles navideños con ruedas. Así pues, para los habitantes de Arkham lo que sucedía es que estaban viendo un desfile muy colorido con temática navideña. Pese a todo, y debido en parte al orgullo reptiliano y en parte al hecho de que los planes de los RNLO a menudo parecían sacados del guión de una mala película de serie B, Schneider optó por seguir adelante. Por lo menos, el camuflaje les ayudaba a mantener el factor sorpresa. Si ocupaban a tiempo todas las localizaciones importantes de la ciudad, podrían hacerse con el control de la misma de forma rápida, eficiente e incruenta.

La Universidad Miskatonic, junto con el Ayuntamiento, eran dos puntos importantes a controlar. Afortundamente, el Acalde Rice, acostumbrado a los peculiares acontecimientos producto del Efecto Arkham, que solían multiplicarse en fechas señaladas, había hecho instalar un sistema de seguridad de alto nivel, capaz de convertir el edificio en un bunker muy difícil de penetrar. Además, el máximo mandatario de la ciudad había hecho reunir en aquel lugar a su mujer y su amante (que se llevaban sospechosamente bien desde las navidades pasadas cuando Welcome se ocupó de reconciliarlas) y al equipo Tiamat de GodHunters de Omicron Scorpions. Cualquiera que intentara tomar el Ayuntamiento de Arkham por la fuerza lo iba a pasar bastante mal.

Pero antes de que las tropas reptilianas llegaran hasta sus puntos clave, primero debían cruzar la ciudad. Por ello, una de las columnas pasó por las inmediaciones del Arkham City Mall, donde Summanus y Brontes trataban de guiar a Saturno, antes conocido como Cronos, a través de la ciudad sin que se montara algún desastre. Así pues, cuando los primeros Reptilianos Nazis del Lado Oscuro ataviados con sus disfraces navideños giraron una esquina y se encaminaron hacia los dos dioses y el dinosauroide, quedó claro que algo iba a pasar.

Saturno, que seguía siendo un gigante, contempló sorprendido la parada militar navideña, pero Brontes y Summanus no tardaron en darse cuenta de lo que estaba pasando. En esta ocasión, les tocaba a ellos salvar la Navidad. El cíclope se alegró, a fin de cuentas, hacía tiempo que no se metía en una pelea a su altura, ni les daba una buena paliza a los RNLO. Por ello, invocó su armadura y sus armas. Así, ataviado como un hoplita heavy cuyo vestuario ha sido diseñado por H. R. Giger, con un martillo en cada mano, se preparó para entrar en acción. Summanus, por su parte, no disponía de poderes semejantes, y su arsenal personal estaba en La Llave y la Puerta. A fin de cuentas, él era el administrador y director de la residencia, no era habitual que tuviera que entrar en combate. Pero sabía de alguien que, pese a ocuparse habitualmente de tareas burocráticas, administrativas y rutinarias, no tenía reparo en meterse en una buena pelea. Bueno, a pesar de ello o a causa de ello. Así pues, sacó su teléfono móvil y llamó a El que Legisla tras el Umbral. El Primigenio legal estaría encantado de desempolvar sus armas y meterse en una reyerta con los RNLO o con quien hiciera falta. Pero, mientras tanto, tenían que tratar de no montar demasiado follón dentro de las calles de Arkham.

Saturno, sorprendido ante las acciones de sus guías en la ciudad, les interrogó al respecto. No fue fácil explicarlo de forma breve, pero lo lograron. Al dios no le resultó demasiado difícil comprender que esos sujetos escamosos con sus extrañas ropas y sus vehículos lo que querían hacer era conquistar la ciudad y establecer un reinado oscuro que, entre otras cosas, acabarían con todas las tradiciones y celebraciones conocidas, incluidas las referentes al propio Saturno. También entendió que tanto Brontes como Summanus formaban parte de los defensores de Arkham para enfrentarse a este tipo de amenazas. Por ello, ya que se había reencontrado con un viejo conocido y que aquel mundo no parecía estar tan mal, pese a los cambios que había encontrado, decidió apoyarles.

No hay que olvidar que Saturno, o Cronos como fue llamado originalmente, tenía poder sobre el tiempo, ya que este era su dominio divino. Así pues, se preparó para entrar en combate, aunque estaba algo oxidado, pues llevaba bastante sin ejercer. Por ello, y para evaluar las capacidades de sus nuevos amigos, decidió verles en acción. Brontes, que, como ya se ha comentado, llevaba tiempo sin estar en una pelea a su nivel, optó por desatarse su poder pero con precaución para causar los mínimos daños posibles. Hay que recordar que, tanto el cíclope como los demás dioses, ya sean los que forman Alfa Strike como los que van de forma independiente, no suelen liberar todo su potencial. Su tiempo como entidades superpoderosas que regían el destino de los hombres ya quedó atrás, y prefieren dedicarse a otros asuntos más productivos. Eso no quiere decir que, ocasionalmente, les guste estirarse un poco y ponerse en modo dios.

Así, fue un Brontes desatado el que se puso en el camino de la marcha militar reptiliana. Estos, al ver al musculoso coloso ante ellos, optaron por tratar de arrollarlo. Pero el cíclope, que no estaba dispuesto a dejarse atropellar, cargó contra la columna, destrozando a martillazos el primer vehículo, un mini que quedó rápidamente reducido a chatarra. Para los demás, provocó una serie de relámpagos en cadena que frieron los motores, inutilizándolos. Tras esta demostración de poder, los RNLO tuvieron que reagruparse y redirigir las columnas hacia la posición de Brontes, donde se había iniciado la batalla por Arkham. Mientras tanto, el cíclope aprovechó para acabar de reducir a chatarra los vehículos y enzarzarse en feroz contienda contra los soldados reptilianos. Bueno, eso de enzarzarse es un decir. A fin de cuentas, Brontes, incluso sin desplegar todo su poder, era un adversario bastante peligroso. En pleno modo dios, era, sencillamente, imparable contra las unidades de infantería de los reptilianos. Por ello, no necesitó demasiado tiempo para acabar con aquella columna. Sin embargo, se acercaban refuerzos a la zona, por lo que las cosas se iban a complicar bastante en las calles. Pero Saturno, que se había divertido al ver actuar a Brontes, decidió que ya era hora de demostrar para que servían sus poderes.

El dios alzó las manos y, de inmediato, detuvo el tiempo a todas las unidades reptilianas. Todas las tropas de los invasores lacerto-nazis quedaron congeladas. En realidad, lo que sucedía es que el tiempo para ellas transcurría sumamente despacio. El siguiente paso de Saturno fue sacarlas de la corriente temporal, detenerlas por completo y dejar que el tiempo siguiera su avance. No fue durante mucho tiempo. A fin de cuentas, Saturno llevaba mucho sin ejercer sus poderes y lo que quería hacer requería precisión. Pero, a fin de cuentas, la velocidad media de rotación de la tierra es de 29,8 km/s por lo que, si los mantenía estáticos y fuera del tiempo un sólo segundo, se verían desplazados a casi 30 km de distancia. Por ello, 5 segundos más tarde, los sorprendidos y aturdidos reptilianos, con el  Generalleutnant Schneider sumido en el más absoluto desconcierto, se encontraron en perfecta formación de columnas a cerca de 150 km de la ciudad. Ciertamente, tenían por delante una larga marcha para volver a las bases. Y es que el ataque podía considerarse un fracaso. No sólo los defensores habían hecho gala de unas capacidades nunca vistas hasta el momento, sino que, además, estaban ya completamente prevenidos. Por ello, reconociendo la derrota, Schneider decidió ordenar la retirada. Ya llegaría el momento de un nuevo ataque. Mientras tanto, no había más remedio que volver a las bases y evaluar los daños.

Mientras tanto, en Arkham, Brontes y Summanus quedaron tremendamente sorprendidos ante los poderes de Saturno. Ciertamente era una figura a tener en cuenta, uno de los grandes dioses del pasado remoto, al nivel de Tiamat. Por suerte, no se había mostrado agresivo ni contrariado con su regreso, e incluso parecía haberse divertido al hacerse cargo de los reptilianos. Fue precisamente en ese momento cuando llegó El que Legisla tras el Umbral. Cuando le avisó Summanus estaba en su despacho de la residencia universitaria, por lo que no estaba lejos, y por ello, se presentó armado hasta los dientes, aunque con su traje habitual. Resultaba un tanto curioso verlo así, sobretodo porque había llegado tarde. Así pues, con el abogado armado y sin nada que hacer, optaron por, ya que estaban todos juntos, celebrar la saturnalia, la Navidad, el sol invictus, el Yule, o lo que fuera, total, era tiempo de festejos.

Por ello, mientras los RNLO trataban de organizarse para el regreso a las bases, las calles retornaban a la normalidad (o algo así) y dos dioses y un primigenio abogado optaban por montar su propia fiesta. Al mismo tiempo, en la habitación de Welcome en La Llave y la Puerta, la joven levantó la vista y alzó un momento la cabeza.

-¿Es cosa mía o acaba de pasar alguna cosa rara en las calles? -dijo.

La mano de Kate se posó sobre su cabeza y la empujó hacia abajo.

-Tu calla y sigue, que no quiero que me dejes a medias.

Evangeline, que tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de hacer que su novia tuviera un orgasmo espectacular con sexo oral, bajó la cabeza y se deseó para sus adentros una feliz Navidad mientras se dedicaba a dar placer a Kate. Para ella no había nada mejor en ese momento ni mejor manera de disfrutar de las fiestas.