sábado, 23 de diciembre de 2017

Weird Christmas IV: El advenimiento de Saturno (parte 1)

Un chisporroteo y una explosión hicieron enmudecer al hilo musical del centro comercial. Ya habían sido demasiadas repeticiones de los mismos villancicos, todo el rato igual. Hasta una deidad del trueno como Brontes tenía un límite de paciencia. El no muy discreto rayo acabó con el bucle de villancicos y el cíclope respiró aliviado.

-Ya estaba harto -dijo.

-Podrías haber sido un poquito más sutil -comentó Summanus mientras miraba los altavoces echando humo.

-He sido todo lo discreto que he podido ser después de la decimonovena vez que ha sonado Jingle Bells -respondió Brontes -. Además, suficiente he tenido con el que me ha salido en el sorteo del Amigo Invisible de La Llave y La Puerta ¿El Gran y Poderoso E? ¿En serio participaba? Pero si es un sillón vacío ¡¿qué le regalo a un sillón?!

-No sé, una mantita o un forro... o un cojín -dijo Summanus intentando aguantarse la risa.

Brontes farfulló y siguió caminando entre las diversas tiendas del centro comercial que más se llenaba en esas fechas en Arkham. Efectivamente, estaba atiborrado, pero esta vez no tenía nada que ver con zombificaciones. Se trataba del consumismo habitual de las navidades. Hasta los profundos que habían ido a la ciudad por las protestas estaban haciendo compras navideñas. Aunque ellos fueran fieles seguidores de la Orden Esotérica de Dagón, las navidades se celebraban en todas partes. Los empleados de Byakhee Express se reunían en Kingsport para las fiestas, y en Las Tierras del Sueño también había celebraciones. Puede que cada uno tuviera su particular modo de celebración, pero en el fondo, todo era lo mismo. Aunque este año habría un invitado especial.

El móvil de Brontes comenzó a vibrar una y otra vez. Lo sacó del bolsillo para ver quién estaba dando tanta tabarra y se encontró con que eran notificaciones del ElderGodBook. Concretamente, notificaciones en un grupo llamado Dioses y Otros Seres Mitológicos Griegos. El origen de todo era un hilo que llevaba por nombre HA VUELTO (y no en forma de chapa). Brontes lo fue leyendo por encima mientras esquivaba compradores. Por lo visto, la mayoría de deidades griegas habían sentido una perturbación. Zeus se había escondido, y Hera aseguraba que no era con ningún ligue. Brontes no había sentido ninguna perturbación, pero esto quizá se debía a que los villancicos del hilo musical habían mantenido demasiado ocupado su odio. El hilo continuaba con algunos comentando que se dirigía a Arkham, ya que la publicidad del destino turístico divino había llegado hasta allí donde ÉL se encontraba.

-¿Qué es eso que miras con tanto interés? -preguntó Summanus.

-No sé... creo que se ha armado un jaleo y se dirige aquí -respondió el cíclope.

-Bien, se dirige aquí, menos mal, porque como aquí nunca pasa nada...

De repente, un temblor hizo bailar a todo el mundo en el centro comercial. Era como si algo enorme estuviera pasando por debajo del suelo de la ciudad. Un fuerte crujido y sonidos como rocas desintegrándose hicieron explotar algunos cristales, y el suelo del centro comercial se abrió como si alguien se hubiera llevado una porción de tierra de debajo. Todo el mundo se quedó mirando al oscuro agujero, del que salía polvo y una especie de humo, hasta que de allí surgió una mano, una mano grande, muy grande. La gente comenzó a apartarse, mientras el dueño de la mano iba saliendo del agujero. Se trataba de un humanoide de larga barba blanca del tamaño de un edificio de dos pisos. Si no fuera porque el centro comercial tenía tres, habría atravesado el tejado. Vestía lo que parecía un túnica bastante usada.

-Ho, ho, ho... oooh ough ¡cof! ¡Cof! ¡Cof! Cuanto polvo, pensaba que estaría más limpio el mundo -dijo el ser con una voz atronadora.

-¡Alguien ha agigantado a Santa Claus! -exclamó Summanus.

-¿Qué Santa Claus ni qué leches? -le dijo Brontes -. El que tienes delante es alguien más antiguo. Él estuvo aquí antes que todos nosotros, y reinó en la edad de oro olímpica... hasta que le dio por comerse a sus hijos.

-¿Me estás diciendo que es Cronos? -dijo Summanus retrocediendo lentamente.

-Disculpa, mortal de piel escamada, pero ya no respondo por ese nombre -le dijo la gigantesca figura -. Después de pasar eones encerrado por el mujeriego de mi hijo y su panda de traidores, fui descubierto por una simpática gente que no sé por qué le dio por llamarme Saturno. Eran tan majos que no les saqué del error... al menos me adoraban y me ofrecían fiestas y sacrificios, no como los ingratos de mis hijos.

-Entonces... ¿no vienes cabreado y con ganas de venganza? -preguntó Brontes.

-Oh, no, para nada. Milenios encerrado hicieron que se me pasaran las ganas de vengarme de nadie. Sólo he venido para ver cómo se celebran actualmente las festividades en mi honor, las saturnales.

Brontes y Summanus se miraron el uno al otro. Cronos creía que seguían celebrándose las saturnales. Seguramente se había perdido toda la historia desde la caída del imperio romano. Por lo tanto se había perdido todo el sincretismo de las saturnales y la fiesta del Sol Invictus con las celebraciones cristianas aderezadas con un poco de la iconografía de las festividades nórdicas. Quizás es algo que e Cronos no se tomara muy bien.

 -Poderoso Cronos... -fue a decir Brontes.

-Saturno. Ahora respondo al nombre de Saturno -le interrumpió la deidad.

-Vale... pues eso... me llamo Brontes, soy el único superviviente de mi generación de cíclopes, señor del trueno y las tormentas, y este es Summanus, un buen amigo. Quizás quiera usted que le mostremos las celebraciones actuales.

-¿Tú eres Summanus? -preguntó Cronos... eh... Saturno -En los tiempos que recibía constante adoración, también conocí a un dios con ese nombre. Si no recuerdo mal, era el dios de las tormentas nocturnas.

-Ese es otro Summanus -explicó el dinosauroide -. Si usted quiere, podemos llamarlo para que hablen de los viejos tiempos.

-Eso puede esperar, ahora quiero ver cómo los mortales celebran mi festividad.

La gigantesca deidad miró a su alrededor y se fijó en la gente cargada de bolsas y con paquetes con papel de regalo. En cuanto habían visto que no había peligro, los habitantes de Arkham habían seguido con sus fiestas navideñas.

-¿Qué hacen esos mortales, oh, Brontes de la tormenta? -preguntó Saturno.

-Están comprando regalos. Esos regalos los intercambiarán con amigos y familiares -explicó el cíclope.

-¡Oh, me alegra ver que las viejas costumbres de las saturnales no se han perdido! Intercambio de regalos... ¿también se celebrarán los banquetes?

-Comilonas de navidad... por supuesto, se celebran en familia y en cenas de empresa que acaban con la gente borracha perdida.

-¡Así me gusta! Banquetes como en los viejos tiempos. Con mucha comida, mucha bebida y embriaguez -dijo satisfecho Saturno -. Espero que también se mantenga la divertida costumbre del intercambio de papeles entre esclavos y señores.

-Eeeeeuh... hace mucho tiempo que se erradicó la esclavitud -dijo Brontes con un hilo de voz.

-¿Ya no hay intercambio de papeles? Pero si era de lo más divertido...

-Ya, pero los mortales vieron que la esclavitud era algo malo y decidieron abolirla -dijo Summanus.

-¡Bueno! Mientras lo demás siga igual no importa. Ahora dejadme ver esta famosa ciudad. Tengo entendido que el turismo divino es de lo mejor.

La gigantesca deidad fue caminando hacia las puertas del centro comercial y las atravesó. También atravesó la pared y todo lo que tenía por delante, dejando restos por todas partes.

-¿Qué hacemos ahora? -preguntó Summanus -Parece que está de muy buen humor, pero las celebraciones han cambiado mucho desde su época.

-Vayamos con él y hagamos lo posible por que no la líe. Con suerte será solo una visita más de un dios a la ciudad.

-¿Y si alguien de los habituales decide liarla?

-Esperemos que eso no pase.

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En los túneles subterráneos bajo la ciudad de Arkham, unas pérfida inteligencias veían el espectáculo de la gigantesca deidad saliendo a las calles desde una pantalla. Eran un grupo de reptilianos que algunos habitantes de Arkham conocían muy bien. Los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, cuyos planes incluían encontrar el paso a la Tierra Hueca y, de paso, conquistar la superficie hasta que dieran con su objetivo. El que más animado miraba era el Generalleutnant Schneider, que fruncía el ceño y apretaba el ojo que mantenía su monóculo. Detrás de él, varios cargos inferiores y soldados rasos también eran testigos de las recientes novedades de Arkham.


-Essss perfecto -dijo Schneider -. Ahora que essssstán ocupadossss con la llegada de esssse gigante, esss el momento de lanzar nuessssstro ataque contra nuestros enemigosss de la sssuperficie.


-Pero, ssssseñor, la pressssencia de sssssereessss gigantesss es habitual en la ciudad ¿por qué esta es la ocasssión idónea? -preguntó un soldado reptiliano.


-Porque lasss otrassss vecesss Hermann no podía venir.


Varias voces salieron entre los soldados reptilianos.


-Sí, pobre Hermann ssssiempre que íbamosssss a realizar una invassssión le surgía algo.


-O ya había quedado y había que atrassssar el ataque.


-Oh, pero eso ya no importa -dijo Schneider con una sonrisa -. Hoy esss un día gloriossso. Es el día en que el Reich reptiliano conquissstará la ciudad de Arkham.


Los reptilianos comenzaron a movilizarse. Esas navidades, Arkham no sólo tendrían un invitado inesperado.