sábado, 2 de diciembre de 2017

Invasión subliminal

Un homenaje a They Live! de John Carpenter

La puerta exterior de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta se abrió de golpe, haciendo que el  frío de primeros de diciembre entrara en el lugar. Un individuo con abrigo, gorro de lana y bufanda entró mientras el recepcionista se quejaba del frío que había entrado. El individuo ignoró al que se quejaba y fue directo a la cafetería de la residencia, allí se  quitó el gorro y la bufanda, dejando a la vista que se trataba de Robert M. Pickman.

En una mesa cercana estaban desayunando Anna y Harvey Pickman mientras hablaban de los actos que se realizarían en la residencia por las fiestas navideñas, así como la preparación ante los eventuales sucesos paranormales que no sería de extrañar que se desataran. Ambos se giraron hacia Robert, pues había entrado claramente alterado, y ambos se temieron lo peor.

-¡Rápido, tenéis que ayudarme! ¡He descubierto una horrible conspiración contra la ciudad de Arkham! -exclamó Robert.

Harvey torció el gesto.

-Ya te lo dije el otro día. Lo que hay en la universidad es una convención de arquitectos, no una reunión de masones -le respondió.

-No es eso. Es algo posiblemente peor. Los masones están controlados por sus enfrentamientos con los Illuminati y el Club Bilderberg, pero estos han conseguido llevar a cabo su siniestro plan. ¡Tenemos que detenerlos! ¡Liberar a la gente! ¡Despertar!

-Vale, vale, calma -le interrumpió Anna -. Ahora haz el favor de empezar desde el principio.

-Bien -dijo Robert mientras daba vueltas delante de la mesa y gesticulaba dramáticamente -. Todo comenzó cuando decidí comprar las gafas con capacidad de ver auras que vendían en TeleMagufoTienda. Cuando me llegaron parecían estar rotas, porque no veía auras ni nada, y fui a devolverlas cuando se me ocurrió que, igual, podría arreglarlas. Así que me puse en modo electricista y abrí el dispositivo que tienen en el puente de la nariz, que es el que detecta las auras, claro, no íbais a creer que me iban a timar diciendo que unas simples lentes podían hacerte ver auras, que no soy tan tonto...

-Robert... al grano -interrumpió Harvey.

-Bien, yo hice unos apaños en los circuitos del aparato y las volví a probar. Seguía sin ver auras, pero descubrí algo... algo peor... algo que os helará la sangre.

-¿Y qué fue eso tan terrible? -preguntó Harvey.

-Venid conmigo a la calle y lo veréis.

-¿A la calle con el frío que hace? Normal que digas que nos helará la sangre -farfulló Harvey.

Anna reprimió una carcajada y carraspeó para disimular mientras se levantaba para seguir a Robert al exterior de la residencia. Cuando estuvieron en la calle, en la gélida atmósfera invernal, Robert sacó las gafas del bolsillo de su abrigo y se las ofreció a Harvey.

-Póntelas y mira aquel cartel -dijo.

Harvey miró al cartel. Era un anuncio de una bebida para deportistas. Se estrechó de hombros, no perdía nada por ponerse aquellas ridículas gafas. Cuando se las puso, el anuncio fue sustituido por un cartel del fondo blanco y letras negras que rezaba TONTO EL QUE LO LEA.

-Bien... muy bonito, Robert... has descubierto la broma de algún gracioso de la ciudad que ha escrito con tinta especial el chiste más viejo del mundo.

-¡¿Pero qué dices?! -exclamó Robert quitándole las gafas de un manotazo. Se las puso y miró al cartel. Se las volvió a quitar y se las pasó de nuevo a Harvey -. Mejor mira a esos otros carteles de allí. Este es la prueba de que están tan seguros de haber ganado, que se pitorrean de nosotros.

Harvey resopló y se puso las gafas de nuevo. Miró a los otros carteles, y esta vez sí que vio algo curioso. Uno decía ¡COMPRA! Otro ¡CONSUME! Un tercero ¡NO PIENSES! Un cuarto rezaba ¡OBEDECE! y el último que vio decía ¡VE A POR PAN!

-Vale... alguien ha intentado hacer una jugada de publicidad subliminal para obligar a la gente a comprar a lo loco, lo cual no me extraña, estando ya en campaña navideña, pero deberías saber algo, Robert. Los mensajes subliminales se ha probado que no funcionan. Se hicieron varios experimentos que demostraron que no afectaban para nada al que los veía.

-¿Ah, sí? Pues explícame eso -dijo Robert señalando a la calle.

De aquí para allá iba gente entrando y saliendo de tiendas con las manos llenas  con bolsas hasta arriba. Mientras Harvey intentaba sacar alguna conclusión, apareció Summanus, que venía con varias bolsas de tiendas de ropa cara, unas cajas de zapatos y un abrigo recién comprado.

-¡Chicos, tenéis que ver todo lo que me he comprado! Ropa de última moda, zapatos de todo tipo... ¡y cómo olvidarme del pan!

-¿Ves? Lo están controlando -dijo Robert señalando con los brazos hacia Summanus -. Han conseguido controlar hasta a un reptiliano. Estos tipos son peligrosos.

-Yo no soy ningún reptiliano -dijo Summanus con un bufido -. Y nadie me controla, soy libre y hago lo que me dicta mi juicio, que ahora mismo me dice que deje todas estas compras  en mi despacho y vuelva a salir a por más.

-¡¿Alguien me va a decir qué está pasando?! -exclamó Anna. Con tanto pase de gafas y con la aparición de Summanus no se estaba enterando de nada.

Harvey le dio las gafas de Robert y le invitó a ponérselas mientras señalaba a los carteles.

-¡Por todos los dioses! -dijo Anna mientras se quitaba las gafas.

-¡Os lo he dicho! ¡Alguien está controlando a los habitantes de la ciudad! ¡Alguien muy poderoso! ¡Tenemos que detenerlos! -exclamó Robert dando saltos y haciendo aspavientos.

-Mira, lo primero es que tú te vas a quedar aquí, con Summanus -le dijo Anna -. Tu misión en esta operación es vigilarlo y evitar que vuelva a salir a hacer compras como un robot. Mientras, Harvey y yo, que ya somo los desface entuertos oficiales de Arkham investigaremos lo que está pasando ¿está bien?

-Sí -respondió Robert.

-Pero vas a vigilar a Summanus, no a publicar todo en tu blog, ni en tu canal de Youtube, ni en ningún foro. No vas a hacer nada hasta que sepamos qué está sucediendo ¿vale?

-Que sí ¡ay, qué desconfiada!

Robert llevó a Summanus dentro de la residencia mientras el dinosauroide le enseñaba todo lo que había comprado. Una vez estuvieron dentro y Harvey y Anna se quedaron solos, pudieron hablar libremente.

-No me lo puedo creer, ya van dos veces que Robert encuentra una verdadera conspiración por pura casualidad -dijo Harvey.

-¿Pero quién estará tan interesado en que la gente compre de forma idiotizada? El incidente con la entidad del Black Friday no era como esto. Aquello era una zombificación producida por un pequeño error, pero esto es distinto, esto está orquestado.

-Alguien quiere que la gente esté comprando y comprando... quizás para evitar que vean algo que no deben.

-Pero si estamos en Arkham, aquí a la gente le da igual lo que ven o no. Ayer mismo unos seres de un plano dimensional de colores psicodélicos se manifestaron delante del ayuntamiento y la gente no les hizo ni el menor caso. Sólo hacen caso cuando las entidades se ponen violentas, si no, siguen a lo suyo.

-Pero eso lo sabemos tú y yo -dijo Harvey -. Quien esté haciendo esto no conoce la ciudad. Alguien nuevo está intentando algo. Debemos descubrir quienes son y detenerlos, que ya tenemos suficiente con los pesados de siempre.

Anna se quedó mirando durante nos instantes los carteles mientras se rascaba la barbilla.

-Yo diría que la mitad de esos carteles ayer no estaban -dijo.

-Pues acerquémonos a ellos y veamos qué empresas los han puesto. Con suerte nos pueden llevar a los conspiradores.

Anna y Harvey fueron mirando por los carteles que estaban a pie de calle, escalaron a los que estaban en postes o subieron a terrazas para ver los que estaban en lo alto de edificios. Todos habían sido puestos por la misma empresa.

-Greydudes Inc. -dijo Harvey -. Todos los carteles son de la misma empresa publicitaria.

-Mmmm igual nos lo quieren poner fácil -dijo con una sonrisa Anna. Sacó su móvil y buscó por internet la ubicación de esa empresa. También podía haber usado medios arcanos para hacerlo, pero esto era más rápido. La dirección era una nave industrial en las afueras de la ciudad. Cuando se lo dijo a Harvey lo encontró con las gafas de Robert puestas.

-Mejor prevenir...

Cruzaron la ciudad esquivando compradores y gente con barras de pan. No eran tumultos como los del incidente del Black Friday, sólo se comportaban como alguien a quien le hubiesen puesto una cuenta atrás para hacer las compras o estas se desvanecerían. Se cruzaron con algunas cosas curiosas como gules con bolsas de las tiendas más exclusivas de la ciudad y con ropas elegantes recién compradas. Estaba claro que esto no era como el incidente anterior. Aquél afectaba sólo a humanos. Pasado un buen rato de agradable paseo matutino en el frío del invierno, Anna y Harvey llegaron hasta la nave industrial de greydudes Inc., una mole de cemento normal y corriente. Anna estaba mordisqueando un trozo de pan.

-¡Oh, no! ¿Has sido afectada? -exclamó Harvey.

-No, sólo me ha entrado hambre y he entrado a la panadería esa de ahí detrás.

-Bien... pues vamos a nuestro trabajo.

De pronto, Anna le dio un puñetazo al brazo a Harvey.

-¿Y eso a qué ha  venido? -preguntó él, dolido.

-Por pensar que soy tan débil como para caer ese hechizo.

Ambos caminaron hacia la puerta del edificio y se encontraron con una puerta con un cartel que anunciaba la empresa dueña del lugar. Había un timbre y la puerta era normal y corriente. Anna llamó al timbre y, después de unos segundos de espera, la puerta se abrió, dejándoles entrar.

En el interior de la nave había un pasillo que les llevaba hasta un despacho de oficina con ventanas, desde las que veían a un señor sentado tras un escritorio. Harvey y Anna entraron y se sentaron en unas sillas que había frente a éste.

-Buenos días ¿qué les trae a nuestra empresa? -preguntó.

-Queremos saber qué demonios tramáis con esos carteles subliminales en la ciudad, maldito alien de pacotilla -dijo Harvey como si diera los buenas días.

-¿Alien? ¿Pero qué...? -fue a decir Anna, pero antes de que terminara la frase, Harvey le pasó las gafas y ella vio a través de sus lentes que lo que había sentado enfrente no era un señor normal. Se trataba de un ser cabezón, con ojos rasgados y boca pequeña, nariz casi inexistente y piel color gris. Eran esos alienígenas grises nazis que se habían aliado a los RNLO.

Harvey volvió a recibir un puñetazo en el brazo.

-Eso por no avisar de que tenemos a un alienígena delante. Que no estamos en una serie de detectives...

-¡Es imposible! ¿Cómo habéis detectado mi verdadera naturaleza? -dijo el extraterrestre.

-Tampoco es que te estés molestando en desmentirlo -le indicó Anna.

El extraterrestre pareció confundido, y después dio un golpe en la mesa con expresión de enfado.

-Bien. Sí. Estás muy enfadado, eso está claro, pero vas a decirnos qué tramáis ¿Para qué habéis llenado la ciudad de carteles con mensajes subliminales ? ¿Qué malvada operacion nazi intentáis ocultar con ello?

-¿Mensajes subliminales? -preguntó el extraterrestre -. Pero si eso está demostrado que no tiene ningún efecto. Nuestros carteles están hechos con tecnología avanzada de nuestro planeta que hace que sólo lo lea la parte instintiva de tu mente, obligándote a obedecerlo. Un plan sublime que no sé cómo habéis descubierto.

-Pura casualidad -musitó Harvey.

-Pero no estamos ocultando ninguna operación malvada nazi. Somos un grupo escindido de los grises nazis. Ellos creen que podrán vencer con armas y con violencia, cuando eso está más anticuado que las naves que usan. Nosotros somos neoliberales ultracapitalistas. Queremos que compréis, que compréis mucho. Que gastéis dinero y que este acabe en nuestras arcas. Una invasión invisible. Os controlaríamos sin que lo supierais, y sin haber disparado ni un arma.

-¿Y puedes decirme cómo eres tan  tonto como para contarnos tu plan como si un villano de James Bond te trataras? -preguntó Harvey.

-Porque me da igual que lo sepáis. Dos simples humanos ¿qué vais a hacer contra nosotros?

-Pues da la casualidad de que estos dos simples humanos son el sacerdote más poderoso de Yog-Sothoth y la mujer más peligrosa de la ciudad -le respondió Harvey.

-¿Pero la más poderosa de la ciudad no es una tal Welcome?- preguntó extrañado el extraterrestre.

-Ella es la más poderosa... sexualmente. Aquí mi compañera es la más poderosa en otros asuntos... además, no he dicho poderosa, he dicho peligrosa.

Dicho esto, los dos se levantaron. Las manos de Harvey chisporroteaban de poder y Anna había sacado su espada desmontable en cuestión de segundos. Como hacía Welcome con su propia espada, la solía llevar encima en cualquier ocasión. Aunque pudiera darles una paliza con sus habilidades arcanas, ella prefería el noble arte de repartir tollinas.

Desde el exterior del edificio se vieron destellos de luz y se escucharon explosiones. Por las ventanas salieron disparados varios extraterrestres, que intentaron huir, pero fueron interceptados por una mujer armada y cabreada.

-¿Os íbais tan pronto? Pero si no hemos acabado...

Una vez el trabajo fue terminado y la nave industrial estaba reducida a escombros, Harvey y Anna salieron de entre los restos caminando tranquilamente.

-Intentar invadir mediante capitalismo consumista una ciudad de los Estados Unidos. Estos tíos eran muy tontos -dijo Harvey.

-¿Y qué le vamos a decir a Robert? Sabes que estará esperándonos y querrá saber todo sobre la conspiración.

-Ya se nos ocurrirá algo por el camino. Lo que más miedo me da es que su porcentaje de aciertos está creciendo.

Anna se detuvo con una expresión de espanto.

-Mira, puedo con alienígenas nazis, alienígenas ultracapitalistas, alienígenas tiránicos... ¿pero Robert sabiendo que tenía razón?

-Sí. Hay cosas que el hombre... especialmente él... no debería saber -le dijo Harvey.

-Dioses... empezamos a sonar como los conspiradores de los que siempre habla. ¿Y si tiene razón más veces lo que creemos? -se preguntó Anna.

-Prefiero no saberlo...

Y fueron caminando en dirección a la residencia estudiantil sin pensar en ello, pues, como había dicho Harvey, había cosas que era mejor no saber.