viernes, 15 de diciembre de 2017

Pesadilla en la cafetería de La Llave y La Puerta

Un especial en King-In-Yellow Size porque al autor se le ha ido de las manos

Las fechas navideñas hacían que, por la mañana, lo primero que le apetecía a Seabury Q. Pickman era una buena taza de chocolate caliente hecho por Unglaublich. Aquel ser ultraterreno tenía una capacidad especial a la hora de elaborar chocolate, el suyo sabía mejor que cualquier otro que hubiera probado Seabury.

Con la intención de tomar su dulce desayuno, se dirigía Seabury hacia la cafetería, pero por el camino le interceptó Summanus. A esas horas de la mañana no le apetecían líos, y menos aún sabiendo que, cuando llegara a la universidad, le esperaban unos cuantos trabajos sobre antropología realizados por alumnos que pretendían destruir la cordura de sus profesores, aunque no fuera intencionadamente.

-Buenos días, Seabury. La decoración de navidad de la residencia ya ha sido colocada. Hemos tenido que lidiar con varios habitantes de la dimensión de La Meseta del Sonido que querían servir de hilo musical navideño, pero con los últimos incidentes con hilos musicales y seres hechos de sonido, he preferido declinar la oferta.

-Una información muy interesante, Summanus pero ¿por qué me la cuentas a mi? Los asuntos de la residencia son más cosa de Anna y Harvey que mía.

-Ya, pero ellos tienen un problema en Dunwich. Alguien ha creado un muñeco de nieve que ha cobrado vida y está tirando bolas a todo el que se acerca. Cualquiera diría que eso es poca cosa, pero el dichoso las aprieta bien y hacen daño, así que tienen que acabar con él antes de que la cosa se le vaya de las manos a alguien.

-Oh, genial. Pues bien. Buen trabajo, Summanus. Sigue así -le contestó Seabury mientras sacaba su pipa del bolsillo de la chaqueta.

-¿No es muy temprano para fumar, si no es indiscreción? -preguntó el dinosauroide.

-No estoy fumando. Por las mañanas llevo la pipa sólo por costumbre.

-Vamos, que la llevas por postureo -dijo Summanus.

-No, no, querido amigo, no es algo tan trivial.

Summanus prefirió no seguir con el tema.

Cruzaron la puerta a la cafetería. Algunos huéspedes estaban desayunando en las mesas, y alguno tomaba un café bien cargado en la barra. Seabury fue directo a la barra para poder disfrutar de su deseado chocolate. Summanus se sentó a su lado. Uno de los camareros se acercó.

-Quiero una buena taza de chocolate caliente al estilo Unglaublich -dijo el profesor.

El camarero hizo una mueca.

-Lo siento, señor, pero Unglaublich está de vacaciones esta semana -contestó este.

-¡Oh, es verdad! Ha tenido que ir a una reunión de Servidores de los Otros Dioses y le hemos adelantado las vacaciones -aclaró Summanus.

-¿Eso quiere decir que no tendré su delicioso chocolate? ¡Hoy tengo que corregir trabajos que harían saltar los ojos al estudiante de artes arcanas más curtido! -se quejó Seabury.

-Venga, no será para tanto -le dijo Summanus.

-Son los alumnos de primero... no sabes los horrores que pueden surgir de algo escrito por los que se enteran menos del tema o buscan la información en sitios cuestionables. El profesor de Introducción a la Sociología del año pasado acabó peor que si hubiera leído El Rey de Amarillo.

-Quizás por cosas como esas hay gente que cree que tu universidad es una escuela de magia o algo así.

Seabury fue a contestar, pero el camarero que esperaba su pedido empezó a moverse con un baile extraño. Todo su cuerpo empezó a temblar después del bailoteo enfermizo y, después, de su boca surgió un espeso líquido oscuro que cayó sobre la barra.

-Menuda fiesta se pegaría este ayer, no he visto una vomitera peor desde la nochevieja que dio lugar al Mad Arkham -comentó Summanus.

El líquido que resbalaba por la barra comenzó a moverse y a tomar una forma tentaculada, que cogió un platillo y lo lanzó en dirección al dinosauroide.

-¡¿Pero qué leches bebió este tío anoche?! -exclamó Summanus.

De la zona de la cocina comenzaron a salir disparados platos, sartenes y cacerolas. Seabury y Summanus se agacharon ante el inesperado ataque. El dinosauroide asomó un poco la cabeza y vio que todo el equipo de cocina se encontraba en la misma situación que el camarero que tenían delante, y el extraño líquido oscuro se dedicaba a tirar todo lo que encontraba en su camino.

-Genial -dijo -, se van los que se encargan de estos líos a Dunwich y justo entonces se lía parda en la cocina de la residencia.

-¡¿Qué es eso?! -preguntó Seabury cuando fue a mirar por curiosidad y vio que todo el líquido oscuro se iba reagrupando en una espesa e informe masa.

-No creo que sea una resaca...

La masa informe lanzó una especie de alarido y comenzó a borbotear mientras con varios tentáculos destrozaba todo lo que caía cerca de ella. Ahora los camareros y cocineros estaban todos en el suelo, inconscientes.

Summanus volvió a asomar la cabeza y vio a la cosa moviéndose dejando un rastro en el suelo que cabrearía mucho a Araknek. No paraba de borbotear y golpear estanterías. Y, en un rincón, vio a uno de los trabajadores de la cocina, totalmente consciente e intentando esconderse en un armario.

-Allí hay alguien que puede darnos una respuesta a qué está pasando -dijo Summanus.

-¿Y cómo hacemos para alcanzarlo? -preguntó Seabury.

-Tendré que entrar ahí dentro, cogerlo y traerlo con nosotros.

-¿Vas a hacer eso?

-¿Prefieres ir tú, Seabury?

-¿Pero por qué tipo de chalado me tomas?

-Lo que esperaba.

Summanus dio un salto y entró en la cocina, agachado y aprovechando el sigilo de sus manos dinosauroides. Era fácil esquivar a la masa informe, ya que iba borboteando y rompiendo cosas, sólo había que ir por donde no hubiera jaleo. Llegó hasta el armario donde el pobre trabajador intentaba esconderse y, sin ningún reparo, lo sacó y se lo echó al hombro. En ese momento la masa amorfa se dio cuenta de su presencia y lanzó un alarido, tras lo que Summanus recibió una lluvia de materiales de cocina. Esquivó los que pudo y llegó hasta la barra, la cual saltó y volvió a su lugar de origen.

-Muy bien, amigo, vas a decirnos qué puñetas ha pasado aquí -preguntó el dinosauroide. Su disfraz de humano había recibido varios daños y el bigote falso se había quedado pegado a un zarcillo de la criatura amorfa.

-Lo único que sé es que, cuando hemos empezado a preparar los desayunos, hemos usado un tarro que había guardado con llave. Tenía un cartel que decía "cereales", pero dentro había una especie de arenilla oscura. Supusimos que serían cereales triturados y fuimos a cocinarlos.

-Mierda... mierda, mierda y más mierda -dijo Summanus -. El armario cerrado con llave es el de los ingredientes especiales de Unglaublich. Los guarda ahí para cuando quiere echarse un tentempié.

-Genial, y precisamente hoy está de reunión con sus coleguitas -masculló Seabury.

-No importa, llámalo por teléfono y pregunta qué diantres había en el bote de "cereales".

-¿Tú estás tonto, Summanus? ¿Cómo voy a llamarlo por teléfono si está a cientos de años luz de distancia de La Tierra?

-Su móvil es especial, como el de la mayoría de dioses, seres extradimensionales, y alienígenas que conocemos. Mediante una tecnología que haría mearse a un ingeniero humano esos teléfonos son capaces de recibir llamadas hasta desde otras dimensiones.

Seabury se encogió de hombros y sacó el móvil de su bolsillo. El tono de espera de Unglaublich era una polca que estaba empezando a sacarle de quicio, hasta que el servidor de los Otros Dioses respondió.

-¡Hola, Seabury! ¿Qué pasa? -dijo la inhumana voz que se escuchaba a través del dispositivo.

-No queríamos interrumpir tus vacaciones... -Una olla pasó casi rozando a Seabury -. Alguien en la cocina ha estado trasteando en tu armario y ha sacado algo que había en un bote que se supone que eran cereales, cuando han ido a preparar el desayuno, los "cereales" se han convertido en un engrudo negro que está destrozándolo todo.

-Ooooh ¿cómo se les ocurre abrir ese armario? ¿Y cómo lo han abierto, ya que estamos?

-¡No lo sé! ¡Eso es lo de menos! ¡Dinos qué diantres es esa cosa y cómo podemos detenerla!

-Pues se trata de café de las Híades. Está riquísimo, pero si no lo preparas con la elaboración adecuada, cobra conciencia de sí mismo, se mete dentro de criaturas inferiores para madurar, y después sale como una masa con mala leche. Es invulnerable a golpes, fuego, electricidad, denuncias de abogados o de la fiscalía, y la magia tampoco le hace nada.

-¿Me estás diciendo que esa cosa está hecha de café? -preguntó Seabury.

-Sí, café ¿por qué?

                                                             ***************

Los morlocks comunistas recibieron la llamada de los Pickman y estos pasaron el mensaje a Konstantin, que fue en busca de lo que se le había pedido. El morlock encontró lo que necesitaban sentado en un sillón viendo un episodio de Star Trek La Nueva Generación, le explicó el problema y saltó corriendo en dirección al túnel que llevaba a los sótanos de la residencia estudiantil.

                                                             ***************

La masa de café de las Hyades parecía estar cabreándose. Ya no sólo tiraba artilugios de cocina, ahora estaba lanzando camareros y cocineros, que eran atrapados por la lengua de Summanus antes de que se dieran un buen golpe. El ser no paraba de lanzar alaridos y extenderse  por toda la cocina. Ya amenazaba con salir fuera y seguir destrozando todo lo que se encontrase.

Entonces, la puerta de la cafetería se abrió de golpe, dejando ver a una morlock vestida con el uniforme de la Federación de Planetas y un sistema de respiración incorporado. Clavó su mirada en la masa amorfa y se quitó de la boca la mascarilla, con una sonrisa. No había desayunado.

La masa amorfa pasó sobre la barra y comenzó a intentar atacar a todos los que estaban parapetados allí, pero una centella saltó sobre ella. La masa comenzó a convulsionarse, y decidió retroceder, pero fuera lo que fuera lo que le estaba atacando era más rápida que ella. En cuestión de minutos, la masa se había convertido en un pequeño montón de materia negra, que acabó en una taza y, de allí, a una boca.

-Summanus, te presento a Olga Pum'Ukki. Se nutre exclusivamente de café.

El dinosauroide miraba con los ojos como platos a la morlock. Ella sola se había comido/bebido/vete a saber a toda la masa de café extraterrestre. Ahora se la veía satisfecha.

-Gracias por el desayuno, camarada Pickman -dijo la morlock

-Es... es... fascinante -dijo Summanus todavía sorprendido por lo que acababa de ver.

-Gracias a ti por acabar con esa amenaza. Ha dejado la cocina hecha unos zorros -. Dijo Seabury.

-Ahora debo volver a los túneles. Me he dejado algo a medias. Larga vida y prosperidad, camaradas Pickman.

-Que la fuerza te acom... -fue a decir Summanus, pero Seabury le dio una colleja.

-Saga galáctica equivocada -le musitó.

La morlock salió de la cocina, con un alegre silbido y volviendo a ponerse su máscara, lo que hizo que el silbido disminuyera de volumen. Parecía verdaderamente satisfecha después de meterse entre pecho y espalda la masa informe de café espacial.

-Espero que hayáis aprendido algo de todo esto -le dijo Seabury a los trabajadores de la cocina, que empezaban a despertar -. No se toca el armario de Unglaublich.

-Le aseguro, señor, que no volverá a repetirse -le dijo uno, totalmente avergonzado.

-Me alegro, porque...

La puerta de la cocina volvió a abrirse y Seabury se giró como un resorte.

-¡¡¡¿Se puede saber qué ha pasado aquí?!!! -exclamó Araknek cruzando el umbral.

La puerta se cerró tras ella. Lo que sucedió después es algo que es mejor no contar.