sábado, 9 de diciembre de 2017

Más allá de las estanterías conocidas

Un especial King-in-Yellow size donde se cruzan La Llave y la Puerta y Necrópolis de la Luna Negra

La Biblioteca de la Universidad Miskatonic, la última frontera. Más allá de sus puertas, coronadas por el lema de la institución, "Ex Ignorantia Ad Sapientiam; Ex Luce Ad Tenebras" ("De la Ignorancia a la Sabiduría; de la Luz a la Oscuridad"), se recogen ejemplares únicos, raros y valiosos de tomos arcanos y prohibidos, inclusive el ignoto Necronomicon. Pero no sólo en esto reside el valor de este edificio. En su interior se hallan los tesoros bibliográficos que ayudan a los estudiantes a avanzar en sus carreras y al cuerpo de profesores a documentar sus clases y preparar sus investigaciones. Por ello, en tiempos de exámenes es uno de los lugares más populares de la universidad. También es cierto que por estas fechas hace un frío que pela y no hay ganas de tumbarse en el césped a hacer el vago ni estar por la calle más allá de lo necesario. Para eso están los túneles bajo la ciudad, que también ven incrementado su tráfico habitual. Pero, la principal ventaja de la biblioteca es que se está tranquilo y hay calefacción. Pero el conocimiento es poder, tal y como demostró Terry Prattchett con su conocida fórmula:


De esta manera, la biblioteca podía convertirse en un pasaje a otros mundos, a otras bibliotecas en el espacio y el tiempo, conectadas a través del Espacio-B. ¿Y a que viene todo esto? Por la sencilla razón de que un pequeño grupo de estudiantes había desaparecido. Se habían introducido por otros pasillos del edificio y nadie había vuelto a verlos. Así pues... ¿a quién iban a llamar?

Al día siguiente de la desaparición, tras resolver todos los trámites habituales, comprobar las cámaras de seguridad, y cerciorarse de que no habían actualizado sus estados en redes sociales, entre otros procedimientos, tanto la policía como las autoridades universitarias se declararon perplejos por la misteriosa desaparición. Por ello, tras consultar con Harvey y Anna Pickman, optaron por acudir a la superheroína oficial de Arkham: Delta Wave Welcome.

Tras recibir la llamada telefónica informándola de la situación, Evangeline “Welcome” Parker  empuñó su espada mágica, Ouroboros y la desenvainó, alzándola sobre su cabeza mientras proclamaba: “¡Yo soy Delta Wave Welcome! ¡Yo tengo el poder!”, desencadenando así la transformación. Una vez ataviada con su ropa de combate, una vestimenta y armaduras propias de una doncella guerrera vikinga, la heroína se encaminó hacia el Departamento de Ingeniería donde encontró a Brontes. El dios griego cíclope, profesor de Ingeniería Dimensional, se hallaba metido en uno de sus habituales embrollos planificando las clases para después de las vacaciones invernales. La charla fue breve y se resumía en lo siguiente: Si los estudiantes habían desaparecido en la biblioteca y esta se conocía perfectamente, era porque ya no estaban en este mundo. De alguna forma habían acabado viajando entre las esferas de la realidad y estarían en otro plano de existencia. Por ello, ya que Brontes además de ser un dios del trueno era también un experto ingeniero y se le daban bien los problemas interplanares, seguro que podía dar con alguna solución para averiguar donde demonios se habían metido los estudiantes desaparecidos. Una vez averiguada su localización, Delta Wave Welcome podía usar su espada para crear un portal hasta allí. Brontes no tuvo más que plegarse ante la lógica exhibida por la joven guerrera, y, tras equiparse con su armadura de combate y recoger su peculiar ordenador portátil y algunos aparatos que consideró podrían ser de utilidad, indicó que estaba listo para partir.

Cuando llegaron a la biblioteca, la policía, el bibliotecario jefe, algunos otros profesores y algunos miembros de la Fundación Wilmarth los estaban esperando. Estos últimos en realidad no, y les molestaba ver llegar a Delta Wave Welcome. Consideraban a la heroína como una molesta entrometida cuando se trataba de asuntos relacionados con las DCC (Deidades del Ciclo de Cthulhu) y CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) ya que sospechaban que había sido un vagabundo dimensional el que había secuestrado a los estudiantes. Y por ello, estaban tratando de conseguir el permiso para actuar. Así, utilizando sus piedras estrella y demás artefactos, darían con el culpable y lo derrotarían al estilo de la Fundación: poniéndole una bomba. Pero Welcome, que ya estaba acostumbrada a estos cazadores de monstruos venidos a menos y poco eficaces, optó por ignorarlos y entrar en el edificio seguida por Brontes.

Eran una curiosa pareja la que entró: un enorme coloso de algo más de dos metros, sumamente musculoso y robusto, de espaldas anchas como un armario ropero y cuerpo que seguía las mismas proporciones, todo ello coronado por una cabeza tocada por una abundante melena rojiza. Vestía con una armadura hoplítica que parecía diseñada por H.R. Giger, pantalones vaqueros y gruesas botas de cuero con puntera metálica. De su cintura colgaba un martillo, y llevaba una caja con varios artefactos en la mano izquierda mientras que en la derecha traía su portátil. El bibliotecario jefe les siguió y les indicó donde habían sido vistos los estudiantes por última vez. El leve olor a marihuana que detectó Welcome le indicó que, ciertamente, habían pasado estudiantes por allí, y que no estaban muy por la labor de estudiar. Pero decidió ignorar esto, ya que el bibliotecario, con la nariz congestionada por un monumental resfriado, era incapaz de oler una pluma ardiendo bajo su nariz. Así pues, mientras examinaba las estanterías en busca de alguna pista, dejó a Brontes trabajar.

Éste se dedicó a extraer diversos artefactos y montarlos sobre trípodes, calibrarlos y tomar mediciones con ellos. A fin de cuentas, si alguien era capaz de detectar una apertura interdimensional y rastrearla ese era Brontes. Bueno, también podría haber llamado a Tiamat, pero meter a la diosa del Caos en el campus universitario en plena temporada de exámenes y con las vacaciones invernales casi a la vuelta de la esquina habría sido como entregar un culto recién iniciado a Nyarlathotep: una invitación al desastre creativo. Afortunadamente la sumeria gustaba poco del frío de Nueva Inglaterra y se había retirado a otras latitudes temporalmente.

Así pues, tras una hora de aburrida exploración de las estanterías y manejos diversos de Brontes, éste último aviso a Delta Wave Welcome de que había encontrado algo. El cíclope le explicó que había encontrado indicios de una rasgadura dimensional. Al parecer, los estudiantes desaparecidos se las habían apañado para, seguramente de forma inconsciente, acceder al Espacio-B y, desde este, podrían llegar a cualquier biblioteca en toda la extensión del espacio-tiempo. Eran malas noticias, pues, al no saber cual era su destino exacto, la heroína no podía abrir un portal directamente al lugar al que habían llegado. Por ello, Brontes le explicó que lo único que podían hacer era acceder al Espacio-B (tras explicarle que era esto), y seguir su pìsta. A fin de cuentas no debería ser demasiado difícil rastrear a unos estudiantes fumados. Por ello, y a falta de un plan mejor, optaron por seguir este rumbo de acción.

Brontes, tras realizar unas consultas a través de su portátil, recogió todos sus aparejos, los dejó debidamente empaquetados y a cargo de un bibliotecario y, cogiendo a Welcome de la mano, se dirigió hacia una de las estanterías. En una situación convencional, se habrían estrellado de morros contra la misma, pero aquello tenía poco de convencional. Por ello, cuando la joven esperaba topar contra los libros, se encontró de improviso en medio de un interminable pasillo idéntico al que acababa de abandonar. Tal y como Brontes había previsto, estaban en el Espacio-B, y seguir el rastro no resultó muy difícil. Algunas colillas y libros tirados indicaban el camino seguido por los estudiantes fumados. Siguieron este rastro a través de pasillos eternos, cruces y salas de lectura. En una ocasión les pareció entrever la rojiza figura de un orangután y, poco después, encontraron los restos esqueléticos de unos desventurados que se habían perdido allí y sólo quedaban unas túnicas raídas y viejos huesos.

-Debía ser la expedición que enviaron para buscar la Sala de Lecturas perdida desde la Universidad Invisible -dijo Brontes.

-¿Y por qué solo quedan sus ropas y no hay rastro de sus botas? -preguntó Welcome, optando sabiamente por no indagar sobre el tema de la Universidad Invisible.

-Se las comieron los de la expedición que mandaron al año siguiente.

Tras este encuentro, y logrando evitar el peligro de los depredadores que acechan en el Espacio-B y de los inquietantes chistadores, suponiendo que, por puro azar, los estudiantes habían tomado caminos poco frecuentados, lograron llegar a una zona donde las estanterías eran más extrañas. Y no es que no lo fueran antes. A medida que se alejaban de la Miskatonic, los libros se volvían menos habituales y era más difícil leer sus títulos. Pero lo que habían encontrado ahora era realmente siniestro. Los estantes de madera habían dado paso a losas de piedra y mármol de aspecto lúgubre. Parecía que se habían introducido en el interior de un mausoleo muy culto. Finalmente, cuando llegaron a una intersección, al girar avanzaron unos pocos pasos antes de encontrarse fuera del Espacio-B. Aquel lugar al que emergieron parecía una inquietante combinación entre sala de lectura y tumba. Todo estaba construido en mármol, granito y piedra, con adornos metálicos y tallas realmente macabras. Parecía que Tim Burton y H.R. Giger se hubieran aliado para diseñar una biblioteca dentro de un mausoleo.

La atmósfera que se respiraba emanaba el olor a viejo del papel realmente antiguo, y el silencio era casi absoluto. La tranquilidad dominaba aquel lugar, como si estuviera completamente muerto. Delta Wave Welcome, pese a haberse encontrado en todo tipo de situaciones relacionadas con estudiantes (preferiría poder olvidar algunas, como el episodio de los estudiantes desnudos, la gelatina y el armario de las escobas), que se había enfrentado al Gran Cthulhu en persona, estaba nerviosa. Era normal, no se le podía reprochar. Aquel lugar era capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera. Por ello, desenvainó la espada y se preparó para la lucha. No había realmente nada amenazador, pero no por ello se sentía menos intranquila. Brontes, contagiado del estado de ánimo de su compañera, estaba también con los nervios de punta. Sin embargo, optó por no empuñar su arma, aunque mantuvo su mano cerca de la misma. Juntos, se dirigieron a la puerta que se situaba al otro extremo de la sala de lectura o tumba. Al abrirla, vieron algo que los dejó boquiabiertos: Se encontraban en medio de lo que parecía un inmenso cementerio. A primera vista no pudieron distinguir el tamaño del mismo, ya que se encontraban al nivel del suelo, pero su extensión les habría dejado sorprendidos. Se trataba de una enorme necrópolis construida en mármol y granito, con una arquitectura funeraria alienígena y macabra. Los mausoleos de diversos tamaños lo cubrían todo hasta donde podían ver, organizados por manzanas y calles y la iluminación, pues era de noche, procedía de unas esferas radiantes que colgaban a distancias regulares. Al mirar al cielo, pudieron ver estrellas desconocidas y una luna enorme y oscura, muy alejada de la esfera plateada a la que estaban acostumbrados. Ciertamente ya no estaban en Arkham.

Pero incluso en aquel extraño cementerio lograron encontrar un rastro dejado por los estudiantes desaparecidos. Parecían tener una provisión interminable de tabaco y papel de fumar, aunque la maría parecía haberse acabado durante el trayecto por el Espacio-B. Pero eso no les había impedido seguir fumando como si el mundo se acabara y dejando un rastro de papeles rechazados y colillas. Siguiéndolo se toparon finalmente con algo que les descolocó. Era muy raro que aquella necrópolis estuviera abandonada, pues demostraba un buen nivel de conservación y no parecía desatendida, pues todo estaba limpio. Pero lo que se encontraron no era lo que esperaban.

Al girar una esquina se toparon con un grupo que avanzaba hacia ellos siguiendo el camino inverso. Estaba encabezado por un sujeto ataviado con una túnica morada con capucha y fajín negro. Parecía humanoide tanto por su aspecto general como por la estructura de su cuerpo, incluso las manos que emergían bajo las mangas, envueltas en guantes de cuero negro, parecían muy humanas. Caminaba cabizbajo, como siguiendo un rastro. Tras él avanzaba un breve cortejo formado por un par de gules, un sujeto pálido con aspecto depredador que parecía un vampiro y una peculiar y alienígena figura humanoide más grande que Brontes y que parecía una armadura movida por un intrincado sistema de mecanismos internos. Al verlos, Welcome aferró con más fuerza la espada, pero el cíclope le indicó con un gesto que bajara el arma. Ya sabía donde estaban, aunque lo había sospechado desde poco antes de abandonar el Espacio-B.

El encuentro entre los dos grupos fue tenso, pues se contemplaron con suspicacia durante unos instantes. Entonces, el sujeto vestido de morado se retiró la capucha, revelando un rostro cadavérico, con la piel apergaminada y pegada al cráneo, portando una corona metálica y sencilla, poco más que un aro con un intrincado diseño grabado. Era un ser no-muerto, una pesadilla aberrante surgida de historias de ficción y hecha realidad. Se presentó como Zoltaris, Bibliotecario jefe de la Necrópolis de la Luna Negra y les interrogó sobre su procedencia y motivos para estar allí.

Brontes, confirmando así lo que pensaba, se presentó y explicó la razón que les había llevado hasta ese lugar. Estaba sorprendido y asombrado. Había oído hablar de la Necrópolis de la Luna Negra, un cementerio-biblioteca de grandes dimensiones, uno de los refugios del saber que existían en las esferas de la realidad. Aquel lugar era lo más parecido a la Enciclopedia Galáctica de Carl Sagan, pero aplicado a la totalidad de la realidad. Existían otros lugares como aquel, depositarios de conocimientos de todo tipo, eran casi legendarios, aunque cualquiera que lograra encontrar el camino hasta allí era bienvenido siempre que respetara la santidad del lugar. Eran los sancta santorum del conocimiento. Cada uno tenía su propia identidad y personalidad, su propio carácter. Y la Necrópolis estaba constituida como un inmenso cementerio regido y habitado por muertos vivientes. Y Zoltaris, su bibliotecario jefe, era un liche, un poderoso mago convertido en no-muerto.

Tras el breve intercambio de información y presentación de Brontes y Delta Wave Welcome. Zoltaris les invitó a seguirles. Mientras avanzaban por las calles de la necrópolis, les explicó que habían llegado allí hacía poco unos sujetos problemáticos que ni siquiera sabían como habían acabado en aquel lugar. Debido a que no hacían más que mencionar la Universidad Miskatonic, decidió indagar personalmente para tratar de averiguar por donde habían accedido. Había que comprobar que no hubieran causado daños y si venía alguien más tras ellos. Y es que cuando se recibía una nueva visita había que ir con sumo cuidado ya que los conocimientos que se almacenaban allí podían resultar muy peligrosos en según que manos o ser objetivo de fuerzas deseosas de destruirlos. Por ello, al encontrar a Brontes y Delta Wave Welcome vio una solución a sus problemas. Zoltaris, deseoso de librarse de los estudiantes y centrarse en otros aspectos de la gestión de la Necrópolis, optó por conducirles directamente a donde tenía a los intrusos. Estos, encerrados en una celda mausoleo, se alegraron al reconocer a Delta Wave Welcome y Brontes. La joven les interrogó brevemente y, tras comprobar que no tenían la más absoluta idea de como habían acabado allí, intercedió ante el liche para asegurar su libertad. A fin de cuentas, con Ouroboros podía abrir un portal directamente a Arkham, y los desafortunados estudiantes nunca sabrían como regresar allí. Además, tras la experiencia, seguramente se les habrían quitado las ganas de intentar explorar nuevamente el Espacio-B. Ciertamente eran unos tontos con suerte, pues esa dimensión tenía sus propios peligros y los habían evitado sin darse cuenta. Pero la próxima vez tal vez no fueran tan afortunados.

Por ello, tras examinar Zoltaris la espada de Delta Wave Welcome y comprobar que, ciertamente, estaba atada a su propietaria, decidió liberar a los prisioneros y dejarles marchar. Lo último que necesitaba era estudiantes con ganas de fiesta en aquel lugar. Una vez fuera de la celda, se echaron a los pies de la heroína, agradeciéndole el rescate. La mujer, deseosa de acabar con aquello y regresar a Arkham, le quitó importancia y le pidió a Brontes que los cogiera y se los quitara de encima. Tras realizar esto el griego, Welcome abrió un portal a la biblioteca universitaria. Les hizo cruzar y, a continuación, pasó Brontes, no sin antes despedirse cordialmente de Zoltaris. La heroína, siguiendo las instrucciones que le dio en su momento Pkaurodlos, se despidió formalmente del liche, aunque recordaría aquel lugar pues tal vez pudiera serle de utilidad en el futuro. Tras esto, atravesó el portal, cerrándolo tras su paso. Con el caso cerrado, decidió hablar con Harvey Pickman. Un hechizo de olvido sería muy útil para que los estudiantes reaparecidos no hicieran correr demasiados rumores sobre el Espacio-B y la Necrópolis de la Luna Negra. A fin de cuentas, los universitarios de la Miskatonic ya eran bastante peculiares en Arkham. Lo último que necesitaban era que tuvieran acceso a una dimensión que conectara todas las bibliotecas del espacio-tiempo y a una ciudad biblioteca atendida por no-muertos. Pero, por el momento, aquello se podía dar por finalizado.