sábado, 10 de febrero de 2018

Al dios más varonil y atractivo

Un especial King-in-Yellow Size

Todo comenzó con una estatuilla. Era de oro, y representaba una figura masculina que recordaba a un oscar pero con con la musculatura definida como si se tratara de un culturista. Y en su base se podía leer la leyenda “Al dios más varonil y atractivo”. Era algo inocente, que no tenía porque tener la mayor importancia. Sólo alguien como mucho ego o vanidoso podría discutir y pelearse por la posesión de esta inocua estatua. Inocua en apariencia, claro. Nadie sabía de donde había salido. Loki pareció ser el primero en verla, y, en cuanto le echó un ojo con mirada profesional, se deshizo de ella al instante. Y, como no podía ser de otra manera, la dejó, de forma bastante sutil, en manos de Thor. Éste tampoco es que fuera una lumbrera, y si que tenía un punto destacado de ego y vanidad. Para ser sinceros hay que reconocer que el dios nórdico del trueno no era un tonto rematado. Simplemente era demasiado impulsivo y dado a la acción antes que pararse a pensar. Y, como muchos dioses, tenía un elevado concepto de sí mismo y no rechazaba un halago. En su caso no se trataba de la típica retorica adulatoria, a fin de cuentas era un dios del trueno. Y, para caer en estereotipos, hay que reconocer que le gustaba mucho la bebida fuerte y la carne en grandes cantidades. Pero, pese a todo, también eran un dios susceptible a la subida de testosterona, o su equivalente divino. Así pues, cuando el trofeo cayó en sus manos, le faltó tiempo para presumir de ello en ElderGodBook. Loki, por su parte, se preparó un buen cubo de palomitas y se dispuso a disfrutar del espectáculo. Hay que decir que no fue el único, ya que el creador de la estatuilla estaba frotándose las manos de placer ante lo que estaba por venir. También hubo otros en la red social de dioses y seres sobrenaturales que se prepararon para ver un gran espectáculo. No quedaron defraudados. Para seguir los acontecimientos en directo y no perderse nada, Loki pidió a El que Legisla tras el Umbral que se ocupara del asunto. Así, tras negociar los emolumentos que cobraría el abogado, éste se dedicó a seguir a Thor, tablet en mano, para transmitir en directo a ElderGodBook. Para justificar su presencia, el primigenio legal le explicó al nórdico que, ya que era el dios más varonil y atractivo, seguro que a muchas diosas le interesaría conocerle. Por ello, grabarle en vídeo durante su día a día le ayudaría a promocionarse. Ni que decir tiene que la líbido del dios, ante las posibilidades que se le ofrecían, tomó el mando y aceptó de inmediato tener a El que Legisla como séquito y camarógrafo.

Pero claro, si Thor era el más varonil y atractivo tenía que presumir de ello también fuera de la red. Por ello, se fue en busca de otras deidades. Primero pensó en Brontes, pero el griego le daba poca importancia a estas cuestiones. A fin de cuentas, el cíclope, con un físico tipo armario ropero, que le hacía parecer el primo pelirrojo y sin piel verde de Hulk, no necesitaba que le doraran la píldora. Era consciente de su físico y de su sexualidad (como buen dios griego, le daba a todos los palos, y al decir todos es TODOS). Así que un trofeo de esa categoría le resultaba indiferente salvo por los posibles intereses en cuanto a los materiales con los que estaba hecho o su proceso de fabricación. Por ello, pensó a continuación en N’Kari, pero la diosa estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo. Así pues, optó por encaminarse al EldritchBurguer y tomar algo allí mientras reflexionaba sobre que dios podría encontrar ante el cual presumir de su logro.

Fue en estas circunstancias donde la fatalidad del destino se manifestó al entrar Thor en el restaurante de comida rápida. Y es que allí se encontró con Ares y Perun que estaban comiendo algo y comentaban alguna batallita pasada durante su pertenencia a Alfa Strike. Esto no era particularmente raro. Aunque en Arkham existían otras cadenas de restaurantes de comida rápida, el EldritchBurguer era muy popular y estaba a la altura de la competencia en cuanto a clientela. Había que reconocer que, a menos que no te gustara el pescado, era un lugar muy bueno para comer y con unos precios asequibles. Además, la materia prima le venía de Innsmouth, por lo que era de muy buena calidad. Por ello, era una opción muy solicitada por parte de los estudiantes de la Miskatonic, de los profundos de la acampada de protesta y de una parte de la ciudadanía en general. Y, claro, también de los dioses residentes. La principal competencia directa era la cafetería y restaurante de La Llave y la Puerta, pero es que el cocinero era Unglaublich y era el mejor en su trabajo. Resultaba muy curioso que un engendro ameboide protoplasmático alienígena extradimensional, es decir, un Servidor de los Otros Dioses, fuera tan excelente en la cocina para humanos, pero así era. Sin embargo, los Pickman y de la Vega, el dueño del EldritchBurguer habían alcanzado un acuerdo de colaboración mutua para no perjudicarse. Por ello, las relaciones entre la residencia y el restaurante eran muy positivas.

Cuando Thor vio a sus compañeros de equipo, no dudó un momento en acercarse a ellos para presumir, seguido por El que Legisla que, para sus adentros, se lo estaba pasando bien. El nórdico no dudó un instante en plantar el trofeo sobre la mesa, ante la estupefacta mirada de los otros dos dioses. Obviamente, les comentó que había acabado en sus manos porque era obvio que era el que merecedor justo del mismo. Por supuesto no fue sucinto, sino que se recreó en describir sus cualidades: su rudo atractivo nórdico, su cuerpo musculado, el sex appeal que tienen los vikingos desde que se empezó a emitir una serie sobre ellos en la que todos los personajes son absurdamente atractivos y sexis, lo gran amante que era y como podía superarles en comer y beber y que, por supuesto, no había comparación con su varonil belleza. Aquello fue como echar una cerilla encendida a un charco de gasolina. Pero esto requiere un poco de explicación.

Ares era el dios griego de la guerra, y en sus tiempos la testosterona (o su equivalente divino), le salía por las orejas a chorros. Además, como tampoco era raro entre los de su panteón, no le resultaba fácil mantener el pene quieto. De esta manera engendró a algunos seres mitológicos bastante peculiares y fue amante de Afrodita, precisamente durante un tiempo en que la diosa del amor estaba emparejada con Hefesto, o así lo dicen los mitos. En realidad lo que pasó fue que Afrodita, que era de culo inquieto y sexo ardiente, y que, si se supiera la verdad, desbancaría de lejos a Zeus en cuanto a longitud de su lista de amantes, estaba manteniendo una intensa relación sentimental/amatoria con Brontes. Pero como la diosa era de relaciones abiertas y a veces Brontes no podía satisfacerla en condiciones por tener que ocuparse de otros problemas técnicos (cosas de ser el único que tenía una mínima idea de mantenimiento en un panteón de juerguistas, festeros y fornicadores compulsivos), le dio a la diosa por liarse con Ares. Brontes, que era bastante pragmático, no puso pegas a la relación, aunque el hecho de que la iniciaran a escondidas provocó que les gastara una pequeña broma relacionada con una red pegajosa arrojada precisamente en uno de los momentos en que Ares y Afrodita se dedicaban a darse placer. Tras eso, se despreocupó y no le dio más importancia al asunto. Pero volviendo al asunto que nos incumbe, el dios de la guerra siempre había sido bastante… belicoso e impulsivo, aunque acabó por aprender comedimiento con el transcurso del tiempo. A fin de cuentas, por mucho que exageraran los cronistas, la Batalla de las Termópilas distaba mucho en cuanto a magnitud y poder destructivo de, por ejemplo, las Guerras Napoleónicas. La escalada armamentística y bélica había hecho que Ares se plantara y dijera: “Un momento, creo que nos estamos pasando un poco, ¿no?”. Por ello, comenzó a moderar su temperamento tras ver la primera cruzada. Pese a todo, se podía sacar al dios de la guerra, pero no a la guerra del dios. Y el desafío implícito de Thor pedía guerra. Ares, que en su tiempo fue el amante favorito de Afrodita, no estaba dispuesto a dejar que un advenedizo del norte de Europa se alzara con unos laureles que le podrían corresponder a él.

Por el otro lado tenemos a Perun. Era un dios eslavo del trueno, líder de su panteón y también con atribuciones sobre la guerra. Además de hablar inglés con un fuerte acento ruso y de contar habitualmente con su casi inseparable compañero, el oso Misha, que, en esos momentos disfrutaba de las atenciones de las welclones en Dunwich (a Welcome y sus clones les encantan los animales, y Misha siempre recibía muchos mimos de ellas), era un dios temperamental, muy varonil y cargado de testosterona (o su equivalente divino), bastante directo y algo brusco. Durante mucho tiempo había sido una figura a tener en cuenta en el panorama de la Europa oriental y Rusia, siendo un dios destacado y respetado. Sin embargo, aunque la llegada del cristianismo le dejó en un segundo plano, se supo adaptar y mantener su nicho. Incluso durante la existencia de la URSS logró sobrevivir. Como dios destacado del panteón eslavo, llevaba mucho tiempo emparejado con la Rodina, la Madre Patria, la encarnación de Rusia, que, con la ayuda de los comunistas se hizo más fuerte y poderosa, además de una excepcional amante y destiladora de un vodka capaz de resucitar a un muerto. A todo esto había que añadir que Perun era un dios orgulloso de su fornido físico, y, debido a que tenía el aspecto de un hombre maduro, con una barba y cabellera canosas, el resultado era curioso. Así pues, parecía un veterano del ejército ruso ya entrado en años y con el físico de un culturista.

De esta manera, al juntarse los tres dioses y, siendo imposible para Thor no vanagloriarse y presumir, el resultado estaba más que claro: los tres comenzaron a discutir porque cada uno creía que era el más apropiado para ser poseedor de la estatuilla. La discusión no fue más allá del intercambio verbal, a fin de cuentas, con el paso del tiempo los dioses habían tenido que aprender autocontrol, y ya no tenían héroes que lucharan en su nombre como en los viejos tiempos. Así que, viendo que aquello parecía haber caído en un punto muerto, El que Legisla tras el Umbral optó por intervenir y hacerles una propuesta que no podrían rechazar: ya que los tres no se ponían de acuerdo, lo mejor era que optaran por un juez imparcial, alguien que no tuviera ningún interés o favoritismo personal hacia uno u otro dios. Inmediatamente pensaron en Welcome, pero ella y Kate estaban metidas en plenos asuntos universitarios, estudiando para exámenes y preparando trabajos. Y era mejor no molestarlas a menos que fuera algo de importancia y que requiriera cierta urgencia. El último que lo intentó apareció en medio de un desconcertado grupo de hongos de Yuggoth que estaban realizando un ritual en algún lugar de las montañas de Vermont. Y es que Kate usó la espada Ouroboros de Welcome, que en sus manos hacía que sus objetivos se teleportaran a lugares aleatorios, normalmente ridículos, absurdos o peligrosos, o una combinación de esos factores. Anna estaba descartada. Era la mujer más peligrosa de Arkham y, sin duda, les iba a mandar a tomar a la porra en cuanto se lo plantearan. Tal vez alguna morlock estuviera dispuesta a actuar como jueza, ya que querían que la decisión la tomara una fémina. Pero, entonces, como un evento marcado por el destino, se abrió la puerta del restaurante y entró Ashley Johnson. La capitana de las fuerzas de élite GodHunters de la empresa de seguridad Omicron Scorpions comía a veces en el EldritchBurguer, sobretodo cuando se le acumulaba mucho trabajo en la oficina y quería desconectar un rato sin irse demasiado lejos. Y, aunque técnicamente Alfa Strike era némesis de la empresa para la que trabajaba y se habían enfrentado en diversas ocasiones, ella tenía el suficiente sentido común para colaborar con ellos cuando la situación lo requería. Y, que demonios, estaba en su hora de comer, no estaba oficialmente en el trabajo. Por ello, acostumbrada en Arkham a ver dioses, seres sobrenaturales, fenómenos paranormales y estudiantes variados, no mostró especial sorpresa al ver allí reunidos a Thor, Ares y Perun junto con El que Legisla tras el Umbral. Si que le pareció curioso que, al entrar ella, se la quedaran mirando y, de improviso, comenzaran a cuchichear entre ellos. Pero decidió hacer caso omiso y se encaminó al mostrador a pedir la comida.

Unos minutos más tarde, mientras disfrutaba de su pedido, los tres dioses se acercaron a ella con una extraña sonrisa en el rostro. Ashley, que se veía venir algún asunto extraño y absurdo, dejó la hamburguesa de pescado que se estaba comiendo y los miró interrogativa. Fue El que Legisla el que, ejerciendo de portavoz, le explicó el asunto que tenían por dirimir y le pidió que ejerciera de jueza imparcial para elegir entre los tres al ganador de la estautilla. Ciertamente eso no era lo que esperaba, y se quedó unos instantes sin palabras. Pero, finalmente, aceptó. Y, ya que aún no había acabado de comer y quedaban unos días para el fin de semana, días que iba a tener algo cargados de trabajo, optó por aplazar la decisión. De esta manera, le pidió a El que Legisla que se encargara de organizarlo todo para el sábado, que buscara algún lugar tranquilo donde los dioses pudieran exhibir sus méritos para ser considerados merecedores del título del “Dios más  varonil y atractivo” y se ocupara de organizarlo todo. Por ello, despidió al grupo de deidades y se dedicó a acabar su comida. Tenía la esperanza de que la dejaran en paz y tranquila hasta el sábado, y, de todas formas, se temía que aquello no iba a salir tan bien como esperaba.

De regreso a la oficina aprovechó un momento de descanso para ponerse en contacto con Loki. El asunto de la estatuilla le sonaba a una de las bromas de este dios, y, ya que se había acabado por meter en medio de todo aquello, quería saber un poco más. Tras una larga e instructiva conversación con el dios nórdico del engaño volvió al trabajo mientras rumiaba sobre los futuros acontecimientos.

Pero, obviamente, Ashley no iba a poder quedarse tranquila hasta el fin de semana. Ese mismo día, algo más tarde, tras finalizar su jornada laboral, mientras se encaminaba a su casa, se encontró, “casualmente”, con Perun. Ella ni siquiera se hizo la sorprendida, pues, conociendo el ego que podían tener algunos dioses, y sabiendo que no siempre actuaban de forma muy limpia, no le extrañó que trataran de ganar algo de ventaja. Así pues, ya que le tocaba ejercer de Paris en este juicio divino, iba a hacer algo más que llevarse la promesa del amor de Helena. Si tenía que elegir a la mejor entre tres deidades, iba a sacar algo a cambio. Tal y como esperaba, el eslavo fue bastante directo al grano. No le ofreció grandes dones en la batalla, pues sabía de sobra que la mujer era una soldado y oficial competente y eficiente, y tampoco era cuestión de tentar al destino y que su bendición se aplicara en un enfrentamiento contra Alfa Strike. Sin embargo, sabía que ella, en esos momentos, estaba soltera, sin novio y optaba por evitar los lugares donde se congregaban los estudiantes de fiesta, ya que tenían la costumbre de entrarle a toda entidad femenina o masculina que les resultara atractiva cuando estaban de juerga. Por ello, Perun le ofreció su compañía en una velada más o menos romántica. Ashley, con una sonrisa retorcida, aceptó, teniendo en mente una idea clara de como podían acabar por desarrollarse los acontecimientos. El dios había aparecido preparado para la ocasión, por lo que llevaba varias bolsas cargadas de alimentos y de las que asomaba alguna que otra botella de alcohol. Lo cierto era que, para ser una deidad eslava del trueno que parecía sacada de un relato de Robert Howard, estaba siendo bastante comedido. Y eso le hizo gracia a la mujer.

El resto de la velada fue sorprendentemente agradable. Habían ido directos al piso de Ashley y Perun había demostrado ser un cocinero bastante bueno, agasajándola con una cena de gastronomía rusa que la dejó satisfecha culinariamente. En ningún momento salió a colación el tema de la estatuilla, cosa que sorprendió a la mujer gratamente, pero, una vez finalizada la comida y recogido todo, fue cuando Perun fue al grano. Tras una breve introducción pidiéndole a Ashley que tuviera en cuenta su varonil e interesantemente maduro atractivo, pasó a despojarse de la ropa de la parte superior de su cuerpo y mostrar sus poderosos músculos. Ciertamente Perun no era ningún enclenque y su torso era fuerte y tonificado, como el que podría haber lucido Conan en cualquiera de las aventuras escritas por Howard. También había que destacar que, pese a la tradición estética de los bárbaros culturistas de fantasía perfectamente depilados, Perun lucía con orgullo el vello gris en sus fornidos brazos y amplio pecho que habrían servido como ilustración para un manual de anatomía. Mientras hacía poses para resaltar su fisionomía, la capitana se permitió disfrutar del espectáculo. Ciertamente no era habitual que un hombre tan arquetípicamente varonil y que parecía un cliché maduro de héroe de espada y brujería, se interesara por ella. Por ello, su mirada recorrió todo el cuerpo del dios y, al pasar por su entrepierna no se lo pensó demasiado. Así pues, se levantó y procedió a despojarse ella tal y como había hecho Perun. Con el torso completamente desnudo, se plantó ante el dios. Éste pudo admirar la anatomía de la mujer, un cuerpo atlético y bien formado por el entrenamiento y el ejercicio y unos pechos firmes y turgentes, similares a los de Kate y hermosos. Volviendo a tomar la iniciativa, Ashley agarró al dios y se lo llevó directo al dormitorio. No tardaron mucho en quedar tiradas por el suelo el resto de sus ropas y la capitana se dedicó a fondo a disfrutar aquella noche con erótico resultado.

A la mañana siguiente, Perun, satisfecho a varios niveles, dejó el piso de Ashley. Había dejado un buen listón como amante, había encontrado a una mujer que en la cama no tenía nada que envidiar a su querida Rodina, la Madre Rusia, y que tampoco se le quedaba a la zaga a Welcome. Y, de paso, había inclinado la balanza a su favor en cuanto a la decisión de quien iba a ser considerado el dios más varonil y atractivo. O eso pensaba él. Por su parte, la capitana también estaba contenta. Acostarse con Perun había resultado intenso, potente y muy satisfactorio. Cuando acabaron, tras repetir tres veces, se sentía como si hubiera salido de una película para adultos, con uno de esos amantes infatigables y potentes que entraban más en el terreno de la fantasía que la realidad. Había dormido muy bien después, y, tras compartir el desayuno con Perun y dejar que fuera el dios quien se fuera en primer lugar, se preparó para iniciar el día. Teniendo una idea de como funcionaba la mente de los dioses (el haber trabado amistad con Welcome, la única integrante mortal del equipo Alfa Strike le había resultado útil en ese aspecto), tan sólo esperaba cual sería el próximo que quisiera acostarse con ella para influir en su resultado.

El día se desarrolló con tranquilidad, aunque Ashley se sentía satisfecha y optimista tras la noche pasada y con curiosidad por saber quien iba a ser el siguiente. La rutina del trabajo se vio salpimentada con algún que otro comentario de las mujeres que conformaban su equipo, que, debido a su insistencia y habilidad indagatoria con respecto a su jefa y oficial superior, no tardaron en averiguar lo que había pasado. Por lo demás, fue una jornada de trabajo bastante habitual. Fue al final de la misma cuando los acontecimientos se desarrollaron de una manera diferente. Ashley estaba acabando de concretar unos detalles para el día siguiente. Tenían programado un entrenamiento y quería asegurarse de que todos los detalles estaban solventados. Así pues, se quedó un poco más de tiempo en la oficina con su teniente, Helen Hicks. Ambas mujeres estaban repasando los datos cuando entró Ares. Tenía el físico que cualquier podría imaginar al pensar en un dios helénico: un cuerpo atlético idealizado, prácticamente perfecto, que dejaría en mal lugar a Brad Pitt haciendo de Aquiles, y un rostro esculpido que parecía sacado de una estatua griega creada por un maestro en su oficio. Para ser un antiguo colérico dios de la guerra colérico y brutal, patrón de Esparta, era definitivamente atractivo.

Las dos mujeres se miraron entre ellas y se produjo una comunicación muda entre ambas. Fue Ashley la primera en actuar. Se acercó a Ares y le preguntó por el motivo de su visita. Éste, como deidad de las artes bélicas y especialista en historia de la guerra y tácticas y armamento, le ofreció una ligera escusa sobre saber como funcionaba a nivel interno una empresa de seguridad como la suya, sabiendo que su equipo estaba formado por soldados profesionales muy competentes y, añadió, bellas. Ashley, viendo por donde iba la situación, optó por acelerar los trámites. Le daba lo mismo si el dios pensaba que era más o menos femenina por tomar la iniciativa y, ya que en Alfa Strike contaban con Delta Wave Welcome, que era una mujer bastante directa, supuso que no se asustaría. Y si lo hacía, peor para él. Así pues, con una sonrisa seductora, comenzó a soltarse los botones de la blusa y le habló claramente: él estaba allí para tratar de ganar su favor, por ello, era mejor que se dejara de esos preliminares y empezaran con los “otros” preliminares. A fin de cuentas, allí tenía a dos mujeres soldado atractivas que no iban a dejar pasar la oportunidad de acostarse con el dios de su profesión. Ares ciertamente se sorprendió ante aquel movimiento, pero se encogió de hombros y comenzó a besarse con las dos. A continuación, se despojó de la ropa mostrando un cuerpo que podía clasificarse de prácticamente perfecto y que supuso gran regocijo para ellas. Así pues, usando la oficina como escenario, iniciaron sus escarceos con erótico resultado. Al igual que sucedió con Perun, Ares también demostró estar a la altura. Era un amante diferente, aunque igualmente esforzado, apasionado y vigoroso, cosa que se demostró durante la siguiente hora por, prácticamente, toda la oficina y, más tarde, en el piso de Ashley con las dos mujeres.

Con la llegada del tercer día, la capitana de GodHunters y su teniente, ambas plenamente satisfechas y, una vez más por parte de Ashley y por primera vez en cuanto a su subordinada, se sentía como si hubiera salido de una película para adultos y se planteó si era así como se sentía habitualmente Welcome, conocida por ser la mujer más poderosa sexualmente de Arkham. En cualquier caso, llevaba una larga temporada sin tener buen sexo y esto la estaba compensando con creces. Por ello, aguardaba con impaciencia la llegada de Thor. Tenía ganas de ver que era capaz de hacer el dios del trueno nórdico. Pero, primero, las dos mujeres tenían que cumplir con sus actividades programadas para ese día: el entrenamiento en la comarca de Dunwich. No hace falta añadir que fueron la envidia de sus compañeras.

Como ya sucedió las dos jornadas anteriores, Thor se presentó al finalizar el día. Las GodHunters se habían reunido a descansar tras los entrenamientos en el restaurante de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta. Allí, mientras comían algo y charlaban entre ellas, hizo acto de presencia Thor. El día había sido largo y las mujeres estaban en su descanso tras finalizar la jornada. Además, Ashley, que tenía un punto de irreverente travesura que hacía las delicias de Loki, decidió que sería interesante ver como actuaba Thor ante todo su comando de mujeres soldado. A fin de cuentas, pensó la capitana, sus subordinadas también tenían derecho a disfrutar de una intensa sesión de placer sexual con un fornido dios nórdico. Por ello, tras un breve intercambio verbal con Thor en el que la mujer le dejó claro que sabía que aquello no era un encuentro casual y que obedecía a un determinado motivo que a ella no se le escapaba, le hizo una proposición que no podía rechazar: un encuentro, con erótico resultado con el equipo completo. ¿Se atrevería el nórdico a demostrar que su varonil fuerza y su potente virilidad eran capaces de satisfacerlas a todas ellas? En cuanto al lugar, no había problema, pues, debido a que estaban en temporada baja, las welclones tenían algunas cabañas libres. Y, si Ashley y sus mujeres y Thor no tenían problema, estaban dispuestas a colaborar en la demostración.

Al día siguiente, Ashley, que había dormido muy bien y que había quedado plenamente satisfecha, recordaba con placer el musculoso y fornido cuerpo del nórdico, donde cada músculo estaba perfectamente definido y que nada tenía que envidiar a los vikingos de cualquier serie, más bien al contrario. Y recordó también como Thor había demostrado estar a la altura del desafío. Ciertamente, hombres con esa resistencia y potencia, combinadas con ese varonil atractivo escandinavo no se les podía encontrar fuera del cine para adultos. Lo que sí la sorprendió fue despertarse desnuda (bueno, eso no tanto) y con Tóxica abrazada a ella, también desnuda. Pero, a fin de cuentas, sabía que, pese a lo atractivas que pudieran ser las welclones, ella no tenía interés sexual en las mujeres y, a fin de cuentas, las clones tenían un fuerte código ético en cuestiones de sexo y, aunque le habían demostrado su interés en ella, no se aprovecharían. Y el abrazo de la clon venenosa era más el de alguien que busca el calor ajeno y con más cariño por amistad que interés sexual. Por ello, la rodeó con sus brazos y aprovechó para descansar un poco más.

Más tarde, ese mismo día, de vuelta en Arkham, Ashley tenía que emitir su veredicto sobre quien iba a ser considerado el dios más varonil y atractivo. Antes de dejar Dunwich, había tenido una conversación telefónica con El que Legisla tras el Umbral, y esperaba que éste lo hubiera dejado todo preparado según las instrucciones que le dio. Una vez en la ciudad, en el salón de actos de La Llave y la Puerta, se reunió con el abogado y éste le confirmó que todo había salido bien. Allí presentes estaban los tres dioses. Una cámara conectada a un ordenador portátil emitiría en directo el fallo en ElderGodBook y estaban presentes también las compañeras de equipo de Ashley y algunas clones que tenían el día libre. Las demás lo verían por la red social de dioses. Loki también había acudido. No estaba dispuesto a perderse la conclusión del asunto. Y, un poco apartado, se encontraba El que Comenta en la Oscuridad, el avatar de Nyarlathotep que parecía haber hecho de Arkham su residencia habitual. No es que el Caos Reptante evitara manifestarse bajo otras formas. Tuvo su etapa en la que no era raro que se presentara como el Faraón Negro, pero, de un tiempo a esta parte, se dejaba ver como este aspecto suyo.

Tras revisar todo el equipo, El que Legisla invitó a Ashley a iniciar el evento. Ésta subió al escenario, cogió un micrófono y agradeció su asistencia a todos los asistentes. Hizo una breve presentación del acto en cuestión y, sin más preámbulos, pasó a emitir su fallo. La tensión se podía palpar en el ambiente. Los tres dioses, Ares, Perun y Thor, estaban nerviosos, rumiando sobre el posible fallo. Y fue entonces cuando la capitana habló y los dejó a todos boquiabiertos:

-Y el ganador del trofeo al dios más varonil y atractivo es… ¡El que Comenta en la Oscuridad! Es merecedor de este premio ya que ha conseguido que tenga tres noches de sexo increíbles y difíciles de superar y, además, ha sido el instigador de todo este asunto.

Claro, la reacción fue de estupefacción total y absoluta, ya que nadie esperaba este resultado. Además, los tres dioses se dieron cuenta de que todos ellos habían tratado de usar la misma táctica para inclinar a Ashley de su lado. Así pues, furiosos por haber sido manipulados de esa forma, aunque tenían que reconocer que la capitana había demostrado ser una gran amante, se encaminaron hacia Nyarlathotep. Por su parte, Loki no podía evitar partirse de risa ante la jugada final de la mujer. Él, desde el primer momento, sabía que aquella estatuilla había sido obra de El que Comenta en la Oscuridad. A fin de cuentas, no era fácil timar a un timador, entre pillos anda el juego y podía reconocer una trampa como aquella a la legua. Así, mientras Ares, Thor y Perun se llevaban a El que Comenta para tener una “charla” con él, El que Legisla cogió cámara y portátil y se encamino tras ellos. Aquello iba a ser digno de ser registrado en ElderGodBook. Por otro lado, Ashley y sus mujeres y las clones, aprovechando que ya estaban allí, decidieron pasar el resto del día de descanso en Arkham junto con Loki. El nórdico había disfrutado mucho de la jugada de la capitana y su respeto por ella había aumentado, así como el aprecio de ella por el fullero dios. Así, mientras las clones y GodHunters se dedicaban a pasar una tarde de ocio y diversión, Loki y Ashley se retiraron hacia la metafórica puesta de sol, en camino hacia un erótico resultado.