miércoles, 21 de febrero de 2018

Harbinger: Estamos reuniendo un equipo

Camino a Crisis of Infinity Kates (parte 1)

Era uno de esos momentos de relajación, de descanso, donde podías olvidarte de todo y esperar a que la Ley de Murphy actuara y viniera alguien a joderlo, pero mientras tanto podías disfrutar de ese tiempo. Y Katherine Ashford siempre agradecía esos instantes de paz y tranquilidad. Se sentía sumamente satisfecha y relajada, sentada en el sofá del salón del piso compartido en el que vivía, con Bastet recostada a su lado, dormitando en modo felino. Kate aprovechaba para acariciarle la cabeza y dejarse llevar por el momento de tranquilidad.  Habían pasado una agradable tarde juntas y ahora sólo procrastinaban. A la joven le sorprendía siempre lo bien que se llevaba con la diosa egipcia de los gatos y lo bien que se compenetraban las dos como amigas y amantes. Al final había acabado por aceptar el hecho de que era extrañamente atractiva sexualmente para todo tipo de deidades y entidades sobrenaturales, lo cual no dejaba de tener sus ventajas. Pero, en cualquier caso, si tenía que elegir, se quedaba con Bastet. Era su mejor amante sin contar a Evangeline, su novia, y las clones de esta, y como a Kate le encantaban los gatos eso hacía que le gustara más a la diosa. Pero, llegó el momento en que la Ley de Murphy entró en acción cuando alguien llamó a la puerta. Kate se sintió molesta por la interrupción, pero su sentido de la responsabilidad la incitaba a levantarse y ver quien era. Por ello, se levantó con cuidado para no molestar a la diosa y se acercó a la entrada del piso. No le sirvió de mucho, pues Bastet tenía un oído muy fino y no tardó en seguir a la joven. Se acercó a la puerta y abrió. Ante ella se encontraba una morlock. Las mujeres de esta especie de posthumanos de un lejano futuro eran de personalidad fuerte y eran de tropas de élite entre las filas del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks. Esta en concreto no vestía uniforme militar ni las ropas estilo postapocalíptico chatarrero o soviético habituales, sino que iba ataviada con una camiseta negra, un mono de trabajo de color verde oliváceo con la cremallera bajada hasta el abdomen, y recias botas. Había algo en el rostro albino y posthumano que le resultaba familiar a Kate, pero no acababa de centrarlo. Tras las presentaciones oportunas, la joven hizo pasar a la morlock, que se llamaba Yekaterina y, tras tomar asiento, esta última entró prontamente en materia:

-Tu estirpe, tu línea hereditaria a lo largo de la historia está en peligro, camarada Katherine Ashford. Los morlocks, con nuestra tecnología, hemos detectado una serie de perturbaciones espaciotemporales que afectan específicamente a tu árbol genealógico y que parecen destinadas a exterminarlo a lo largo del tiempo y el espacio por motivos que desconocemos. No hace falta decir que, cuanto más atrás en la historia se produzca la extirpación de tu estirpe, más gente se verá afectada. No sólo tú dejaras de existir, sino que todos aquellos que descienden de algún antepasado en común con tu línea familiar también desaparecerán, y todo aquello que has hecho o hicieron tus ancestros o harán tus descendientes y los de los demás descendientes de tus ancestros no se producirá. Esto provocará una oleada de alteraciones y cambios en el tejido del espaciotiempo y la realidad, causando una paradoja que podría acabar por destruir el universo tal y como lo conocemos.

Kate y Bastet se quedaron estupefactas ante esta revelación. Cuando la joven logró recuperar la palabra dijo:

-¿Y qué puedo hacer yo? ¿No hay acaso otros “descendientes” que se puedan ocupar de esto mejor que yo?
-Bueno, la verdad es que estoy aquí por dos motivos: el primero es que, aunque podría haber, literalmente, cientos o miles de personas emparentadas lejanamente contigo a través de las ramificaciones de la historia, hemos descubierto que las perturbaciones en la trama espaciotemporal, a medida que avanzan en el tiempo van dirigiéndose por la rama que conduce a tí. El segundo motivo es que tú eres la más capacitada para ayudar a resolver este conflicto. Tienes experiencia en lo extraño, desconcertante, paranormal y sobrenatural, además de haber compartido vivencias con el equipo Alfa Strike. Así que, en el Equipo Exile me han encomendado reunir un equipo para combatir estas perturbaciones en el espaciotiempo, seleccionando a las candidatas más apropiadas. Mientras, en la base morlock tratarán de triangular el origen de las alteraciones y podremos atacarlo para poner fin a este problema.

-Espera, espera un momento... ¿candidatas?

-Sí, claro. Perdona, se me había pasado decírtelo: vamos a recoger Kates a lo largo de la historia. Todas las personas afectadas son mujeres de tu árbol genealógico, lesbianas o bisexuales, y muchas de ellas, por algún motivo, tienen tu nombre o una variedad idiomática o que fonéticamente suenan similares en algún grado. Yo misma soy una Kate, de una rama del lejano futuro, y tengo una conexión genética contigo. Soy algo así como la Kate de dentro de un millón de años.

En ese momento, Katherine sintió como le temblaban las piernas de la impresión. Bastet se acercó a ella y la abrazó para darle apoyo. La diosa, que había sido mudo testigo con curiosidad felina, también estaba muy sorprendida por las revelaciones realizadas, aunque también se le ocurrió pensar en las posibilidades de tener no sólo a una Kate, sino a varias como amantes. Sería algo parecido a las welclones. Las posibilidades que tenía el asunto eran embriagadoras. Pero no podía dejarse llevar por sus apetitos sexuales en esos momentos. Así pues, planteó la cuestión a tener en cuenta: ¿cual iba a ser su primer paso? Yekaterina les explicó que su primera parada sería el antiguo Egipto, al reinado de Nefrén-Ka, último faraón de la Tercera Dinastía. Durante su gobierno prosperaron los sacerdocios de Bast, Anubis y Sebek. No está claro si era un avatar de Nyarlathotep o sólo le rendía culto. Pero en cualquier caso eso es algo que ahora mismo no nos concierte. Nuestro objetivo es Ka-Neferu, una sacerdotisa de Bastet o Bast. Deberían viajar en el tiempo, localizarla y extraerla. Una vez conseguido esto, tendrían que regresar al presente y la dejarían en la base morlock, donde, con ayuda de Bastet, si la diosa aceptaba, la ayudarían a asimilar el salto temporal y el choque cultural. Mientras tanto, seguirían buscando Kates en el tiempo.

El problema de las anomalías espaciotemporales era precisamente ese, que se producían en el continuo espaciotiempo, y tenían la particularidad de ser difícil de precisar el punto cero de las mismas. No era como moverse por un río, en una dirección u otra. Era más bien como un laberinto con cuatro dimensiones en el que alterar una parte del mismo podía provocar todo tipo de ondas, reflejos, cambios y paradojas que harían aparecer nuevos laberintos y podías acabar perdido en una línea temporal completamente diferente. Y eso explicándolo de la forma más simple posible. Por ello, había que rastrear las alteraciones y anomalías a través de las posibles sucesiones temporales hasta que se produjera un colapso de la onda espaciotemporal que indicara el punto exacto en donde se iba a producir o se estaba produciendo el incidente. Así pues, el trabajo de los morlocks encargados de rastrear las anomalías era bastante peliagudo. Era algo a medio camino entre un físico cuántico trabajando con un acelerador de partículas de bajo presupuesto tratando de identificar una determinada propiedad de una partícula subatómica, un detective de novela negra y un teórico de la conspiración atando cabos para elaborar su hipótesis de como los vampiros diurnos controlan las multinacionales del gobierno.

Determinar en que momentos concretos se iban a producir las anomalías y que Kates eran las más apropiadas para formar el equipo de respuesta entre todas las que podían ser objetivos de ataques espaciotemporales era una labor ardua, dura y muy lenta. Por otro lado, estaba la barrera idiomática y el choque cultural. Eran dos asuntos importantes. De ambos se podían encargar los morlocks, que, debido a que habían tenido que viajar por diferentes dimensiones y momentos temporales siguiendo el rastro de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, habían acabado por desarrollar especialistas en estas cuestiones. Y es que, además de tener algunos expertos psicólogos que ayudaban a superar el trauma del shock de verse enfrentados a una cultura y tecnología completamente diferentes, también habían logrado desarrollar unos trayectores universales que no funcionaban con tecnología del traductor de Google: estos sí que lograban una correcta traducción sintáctica, gramatical y ortográfica sin perder el sentido ni la coherencia en el camino. Además, habían logrado miniaturizarlos de manera que se podían llevar de forma muy discreta dentro del oído y lograban una traducción simultánea sin apenas retraso.

Así pues, tras las debidas explicaciones y tras asimilar la situación, Yekaterina, Bastet y Kate se dirigieron hacia los túneles bajo la ciudad y, una vez allí, utilizando un vehículo morlock, se dirigieron a la base del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks. La máquina del tiempo era un extraño vehículo, extraño incluso para tratarse de un vehículo morlock. Se trataba de un camión basado en el GAZ-69 soviético, con las características modificaciones de estos posthumanos que lo hacían parecer sacado de una película de Mad Max: chapas de blindaje con remaches y soldadas, pinchos, un parachoques tamaño XL, etc. Además, incorporaba en la cabina una pequeña selección de armas de mano y fusiles AK morlocks. Pero, además de todo esto, que era lo normal, había que añadir una serie de conductos y manojos de cables que recorrían la carrocería y que parecían acabar en un complejo tecnológico que parecía un cruce entre una caldera doméstica y una nave Soyuz. Tal y como les explicó Yekaterina, aquello era la máquina del tiempo. Habían usado como base el camión porque era un vehículo sólido, resistente y robusto, y, como estaba construido con la tecnología morlock, era muy duro y fácil de reparar. Y, puesto que ya que ibas a utilizar un vehículo como base para una máquina del tiempo, lo mejor era hacerlo con estilo. Y ese camión era puro estilo morlock. También comentó como de pasada que, cuando llegaron a ese tiempo siguiendo a los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, tuvieron algunos problemas de ajuste, y llegaron alguna década antes, en concreto, a los años 80 del siglo XX. Por casualidad, se toparon con unos cineastas que les robaron la idea del vehículo máquina del tiempo, adaptándola al decadente estilo americano y usando un Delorean como base. Pero, indudablemente, el camión morlock era insuperable. Y además funcionaba.

Tras presentarles la máquina del tiempo, y equiparlas con los traductores universales, Yekaterina las invitó a subir al camión. El cuadro de mandos era más sencillo de lo que parecía, siendo el mismo de un vehículo normal de su tipo, pero con el añadido de un módulo donde establecer las coordenadas espaciotemporales. La morlock puso el motor en marcha, introdujo el lugar y tiempo de destino y accionó el condensador de flujo de taquiones. Entonces, saltaron en el tiempo. En ocasiones se ha usado como recurso narrativo para este tipo de traslaciones el paso acelerado del sol y la luna, calendarios que van pasando los días y meses, o incluso un maniquí que no se cambiaba durante décadas y que iba reflejando los cambios de la moda. También estaba el despliegue de efectos especiales para generar un túnel de luces estroboscópicas, estereoscópicas o producto de un interesante alucinógeno. Pero, en este caso, bien por falta de presupuesto, bien por el pragmatismo morlock o porque el viaje en el tiempo es así, se produjo un destello de luz y el camión desapareció de su hangar en la base morlock y apareció en el Antiguo Egipto, próximo a un templo. Era de noche, y el cielo estaba despejado. Por ello, las estrellas y la luna aportaban una visibilidad bastante buena para esas horas. Afortunadamente, eso les garantizaba la intimidad necesaria, pues el vehículo temporal habría llamado demasiado la atención a plena luz del día, aunque el edificio estuviera algo alejado del núcleo urbano. Varios gatos que pululaban por la zona se aproximaron ronroneantes a su diosa cuando las mujeres bajaron del vehículo. Bastet se agachó para acariciarlos y hacerles mimos y conversar con ellos en maullidos.

Tras una breve conversación, la diosa se irguió y contempló los alrededores con expresión molesta. Informó a Yekaterina y Kate que había extraños en la zona. Los gatos habían localizado a un grupo de personas vestidas de forma peculiar y que se movían sigilosamente en dirección al templo. Por ello, la morlock fue a buscar algunas armas al camión, dándole una pistola a Kate y quedándose ella con una pistola y un fusil de asalto. Tras esto, las instó a darse prisa. Posiblemente habían llegado a tiempo de prevenir un ataque contra una Kate. Así pues, entraron en el templo, donde encontraron a una mujer, una sacerdotisa por sus atavíos, realizando algún tipo de ceremonia nocturna y acompañada de varios gatos. Se trataba de Ka-Neferu. Por ello, se aproximaron a ella y, cuando la egipcia percibió su presencia, se dio la vuelta sorprendida y algo asustada aunque dispuesta a plantar cara. Al ver a su diosa, aunque vestida con unas extrañas ropas (Bastet no había llegado a cambiarse, por lo que iba vestida con vestimentas del siglo XXI), se sorprendió. Entonces, la deidad le habló en egipcio antiguo. Mientras hacía esto, Kate se fijó en los rasgos de la sacerdotisa. Ciertamente no había duda de que era una nativa de Egipto, aunque algo en su porte y rasgos le resultaba familiar, como ya le había pasado con Yekaterina. Pero, mientras la mujer y la diosa hablaban, los extraños se aproximaban. Así, la morlock se dirigió a la entrada del templo y se preparó para repeler a los intrusos si estos tenían, como esperaba, intenciones agresivas. Por su parte, Bastet le hizo una versión abreviada y adaptada a Ka-Neferu de lo que estaba pasando. Tras esto, le presentó a Kate e indicó a la joven del siglo XXI que pusiera a su homóloga egipcia el traductor universal para facilitar la comunicación. Por su parte, la diosa salió a ayudar a Yekaterina, que había empezado a abrir fuego.

Los atacantes eran unos sujetos que parecían haber salido de la película Stargate y haber acabado en el vestuario de una unidad de comandos. Vestían de forma bastante peculiar, ya que combinaban un uniforme militar de camuflaje con faldellines de lino y otras piezas de atuendo estilo egipcio junto con unas mascaras o cascos de alta tecnología que imitaban la cabeza de dioses egipicos. De esto se percató Bastet al ver las lentes de visión nocturna en los ojos de las mismas. Y, como armamento, contaban con fusiles de asalto. Sin embargo, un comando militar, aunque fuera vestido de forma tan extravagante, poco podía hacer contra una diosa cabreada. A Bastet no le gustaba que atacaran SU templo y a SU sacerdotisa que, además, era una antecesora de SU mejor amante y amiga. Le habían tocado las narices a base de bien. Grave error. La diosa, que era la experta en infiltración, sigilo y tácticas de comando del equipo Alfa Strike, no era por ello menos terrible en combate directo. Cayó sobre sus enemigos con la furia de un gato y la fuerza de una deidad, sajando, desgarrando, bufando, golpeando y dándoles cuatro clases de palizas diferentes. Aunque trataron de defenderse, poco podían hacer contra Bastet en pleno modo diosa gata furiosa. Así pues, aquello fue breve. Pero, a medida que eran derrotados, es decir, acababan con un variado surtido de lesiones graves de esas que un médico describiría con una larga lista de palabras, iban desapareciendo. Fuera quien fuera su adversario, tenía una tecnología espaciotemporal muy buena, capaz de implantar en el equipamiento de sus hombres balizas temporales conectadas a sus constantes vitales para que regresaran en cuanto acaban malheridos. Así lo supuso Yekaterina al ser testigo de lo que pasaba.

Pero habían averiguado algo más de todo aquello: las tácticas y armamento podían darles algunas pistas. Que ellas supieran, sólo había tres facciones con tecnología espaciotemporal lo bastante avanzada: el Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks, los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro y New World Enterprises que era la némesis de Alfa Strike y había adquirido su tecnología de los invasores lacerto nazis. Y la forma de actuar de aquellos atacantes les había recordado a los comandos de Omicron Scorpions, la empresa de seguridad y ejercito privado de NWE. ¿Estaría la NWE implicada en el asunto de algún modo? No parecía tan descabellado si recordaban el incidente Weird Bio-Hazard del año anterior. Pero, mientras tanto, no podían hacer otra cosa que regresar al siglo XXI con Ka-Neferu. Una vez solventada la crisis, la harían regresar justo después de llevársela, para evitar problemas con la línea espaciotemporal.

El equipo estaba comenzando a reunirse:
  • Yekaterina, soldado de élite morlock.
  • Katherine Ashford, estudiante de Historia del Arte.
  • Ka-Neferu, sacerdotisa de Bastet.