sábado, 6 de octubre de 2018

Alfa Strike: La Cabra Demonio del Caos


Sala de reuniones de Alfa Strike, Tierras del Sueño
Había pasado tiempo desde que Loki había necesitado reunir a un contingente importante del equipo Alfa Strike. Creado originalmente para frustar los planes de la corporación NWE que pretendía capturar dioses y entidades sobrenaturales para desarrollar nuevas tecnologías y líneas de productos. Pero la resistencia planteada por este equipo de dioses provocó que, finalmente, NWE se replanteara su política. A fin de cuentas, si los costes excedían tanto los posibles futuros beneficios, era ridículo seguir adelante, aunque se tratara de una corporación que podría haber salido de una ambientación distópica ciberpunk. Pero Alfa Strike no sólo se había dedicado a plantar cara a las maquinaciones empresariales. En otras ocasiones había tenido que tratar con problemas de carácter sobrenatural, paranormal o extradimensional que necesitaban ser resueltos mediante la intervención de unas fuerzas superiores. Para ello, siempre que el equipo tenía que actuar, Loki analizaba la amenaza y seleccionaba a los miembros más apropiados.

En esta ocasión había optado por reunir a pesos pesados: Brontes, Raijin, Fujin, Perun y Misha, N’kari y Thor. Además, había convocado también a Delta Wave Welcome y a las Valquirias. Se trataba de una operación de alto riesgo, que combinaba la contención de la amenaza y el rescate de posibles víctimas. La cuestión, tal y como la planteó Loki era la siguiente: Un grupo de idiotas neopaganos que habían hecho un extraño sincretismo entre extractos que habían conseguido del Necronomicon, shintoismo, wiccan y otras corrientes de pensamiento posmoderno ocultista se había montado una pequeña comuna en las montañas, en una olvidada región no demasiado lejos de Brattleboro, en Vermont. Esto implicaba posibles complicaciones con la colonia minera de los hongos de Yuggoth que había en las proximidades. Pero la cosa iba más allá. De alguna forma, ese conjunto de sectarios dopados de setas alucinógenas y una extraña combinación de ideas había comenzado a experimentar con magia. Y, tal y como era de esperar, se les daba terriblemente mal. A fin de cuentas, lo que hacían no dejaba de ser una excusa para drogarse y montar orgías. Normalmente esto no afectaría en lo más mínimo a los dioses y no necesitaría la intervención de Alfa Strike. En el peor de los casos, los sectarios acabarían suicidándose en masa para viajar espiritualmente a no se que planeta o morirían por falta de preparación para el duro invierno ya que los hongos de Yuggoth no tenían el más mínimo interés en ellos. Pero la cuestión era otra. Y es que, con la suerte de los tontos, habían logrado llamar a una manifestación de Shub-Niggurath que, en cualquier momento, podría sembrar el caos por la región, salir de los bosques y montar un buen desastre a su paso. Por el momento el avatar de la diosa estaba controlado, pero era mejor intervenir antes de que las cosas se complicaran demasiado.

En general, Shub-Niggurath era una diosa exterior que no se prodigaba demasiado en apariciones y, aunque en ocasiones se había mostrado con diferentes avatares, dejaba el trabajo sucio de manifestarse, aceptar sacrificios y sembrar el caos y la muerte a sus Retoños Oscuros. En Nueva Inglaterra, estos tenían una presencia discreta e incluso uno de ellos había optado por ir a vivir a Arkham, Shubbi, que había acabado trabajando como árbol y vigilante en el EldritchBurguer. Y, claro, cualquiera que lo veía sin saber que era en realidad, lo confundía con un árbol de tronco muy grueso, nudoso y retorcido, algo grotesco pero nada más. Pero cualquiera que intentara alterar el orden o robar en el restaurante se las tenía que ver con Shubbi. Aparte de esto, en Dunwich estaba la Cabra Blanca de Tres Cabezas, un curioso avatar de Shub-Niggurath que había tomado esa comarca bajo su protección y a la que servían y con la que colaboraban las welclones. La verdad es que no eran muy devotas, del tipo secta de fanáticos rednecks. No era fácil serlo cuando tu diosa es una enorme cabra mutante de tres cabezas que se pasan el rato murmurando y hablando entre ellos y tirándose pedos. Pero cumplían con los rituales oportunos y cuidaban de la región.

Pero lo que aquí se iban a encontrar los miembros de Alfa Strike y las Valquirias era algo muy diferente. No se trataba de la gruñona Cabra Blanca, o de algún Retoño Oscuro desmelenado. Se enfrentaban a la Cabra Demonio del Caos, un avatar que parecía responder a los sueños húmedos de satánicos, wiccans y neopaganos variados, pero con un giro de pesadilla. Según Loki, Shub-Niggurath, la diosa exterior era dadora y creadora de vida. Pero su fertilidad era desbordante, sin orden alguno, puro caos creativo, como un cáncer que experimentara mil y una formas en cada una de sus metástasis. Era creación vital pura y desatada. Y, de alguna manera, la diosa había respondido a sus confusos adoradores de esa extraña secta afincada en Vermont, dándoles exactamente lo que querían y que era lo que menos les beneficiaba. Había que reconocer que, en su locura de creativa fertilidad, Shub-Niggurath podía ser una auténtica cabrona.

Así pues, iban a necesitar pesos pesados, ya que se iban a enfrentar a algo grande, terrible, poderoso, capaz de sembrar el caos a su paso y que debía ser detenido. Por ello, su misión era viajar a la zona, localizar y neutralizar a la Cabra Demonio del Caos y evacuar a los supervivientes y afectados por los daños que pudiera causar el avatar de la diosa. En cuanto al culto… bueno, no dejaban de ser un puñado de idiotas inconscientes que habían mordido más de lo que podían tragar. Si era posible se les rescataría. Siempre que siguieran siendo humanos.

Tras completar la sesión de instrucción con un mapa de la zona en la que indicó la ubicación de la comuna de los cultistas, el equipo Alfa Strike se preparó para partir.

Montañas de Vermont, en las proximidades de la zona de minado de los hongos de Yuggoth
El portal abierto por Delta Wave Welcome les había llevado a un gran y espeso bosque. Desde su ubicación podían ver el pico donde los hongos de Yuggoth tenían su base y desarrollaban sus operaciones mineras, pero, por lo demás, parecía un bosque de Vermont sin nada de particular. O eso creían al principio. Pero se dieron cuenta enseguida de que algo fallaba. Era el silencio. El silencio era total y absoluto. Salvo por la brisa que movía las ramas y los ruidos provocaban ellos al moverse, no había ningún otro ruido. Era como si algo hubiera espantado o destruido toda vida animal. Era terriblemente inquietante. Pero allí estaban. Con la ayuda del GPS y de Misha, pues el oso de Perun era capaz de orientarse por cualquier entorno y ecosistema en el que pudieran vivir osos, se encaminaron hacia la posición del campamento de los cultistas.

Tanto los dioses como las valquirias iban preparados para todo. Llevaban sus armas preparadas y las enviadas de Odín habían llevado consigo sus equipos de rescate y de primeros auxilios. No sabían que iban a encontrar por lo que se habían preparado para lo peor. Por su parte, Loki se había quedado en la base del equipo en las Tierras del Sueño. El nórdico era listo, quedándose seguro en la base, pero al menos sabían que podían contar con él para enviarles refuerzos o preparar su regreso si era necesario. En cuanto a la criatura a la que se iban a enfrentar, ya era otra cuestión. Loki no les había dado demasiada información, pero esperaban que no fuera algo que excediera sus capacidades. Alfa Strike y las Valquirías ya se habían enfrentado anteriormente a Cthulhu durante una desastrosa operación organizada por la NWE y se dedicaron a tratar de contener al primigenio y rescatar al contigente corporativo. Sin embargo, si se traba de un avatar de una diosa exterior podía pasar cualquier cosa. Tan sólo esperaban que Loki hubiera calibrado adecuadamente el poder de la entidad.

A medida que avanzaron por el bosque empezaron a sentir un tenue olor que progresivamente se iba haciendo más fuerte. Olía a leche, leche de cabra, pero con un matiz dulzón y penetrante que volvía desagradable aquel aroma También empezaron a escuchar los cánticos, muy leves al principio, pero con un volumen creciente a medida que se aproximaban. Entonces, al aproximarse más a la comuna, empezaron a ver los daños producidos: árboles arrancados y destrozados, extrañas huellas caprinas de gran tamaño. Algo grande y muy fuerte se había movido por aquellos lugares. Cuando, finalmente, llegaron hasta el campamento, se encontraron una serie de cabañas prefabricadas instaladas en un amplio claro situadas de forma que en el centro del terreno quedara un amplio espacio vacío que, en esos momentos, estaba ocupado por los cultistas que no podían atenderles en esos momentos, pues se hallaban en medio de una orgía. Pero la confusión de cuerpos no podía ocultar lo que era ya evidente: ya no eran humanos, o, al menos, no completamente humanos. Las mutaciones eran diversas, muy variadas y extrañas. Cuernos, miembros adicionales atrofiados y malformados, pezuñas, garras, excrecencias, conformaban parte de aquel catálogo de deformidades y anomalías corporales que daban nueva forma a los cuerpos de los cultistas. Eran una versión retorcida y extraña de la humanidad, de una humanidad que hubiera pasado bajo el filtro del Bosco y de Clive Barker. Eran las versiones oscuras y retorcidas de los seres que los mitos y leyendas sitúan en los bosques. Las dríadas y los sátiros, los espíritus y duendes de la floresta podrían ser una versión dulcificada y deformada de esos seres que fornicaban apasionadamente y sin control en medio del campamento. Pasados por el filtro del horror y el olvido, habrían sido alterados en el recuerdo para ser una advertencia de las cosas extrañas que se pueden encontrar en los bosques.

Pero lo más destacado y anómalo era lo que se hallaba en el centro mismo, rodeada por sus apasionados y lujuriosos cultistas, regocijándose en su adoración. Era la Cabra Demonio del Caos, era el avatar de Shub-Niggurath surgido de los miedos, filias, deseos insatisfechos, lujuria y ansias de los cultistas. Mediría en torno a unos tres metros y parecía muy pesado pese a la ligereza con que se movía. Era una figura antropomórfica, una corrupción del dios cabra que presidía los aquelarres de brujas, una robusta y fornida figura femenina con dos grandes y voluminosos pechos de los que manaba leche, una cabeza caprina cubierta por un espeso pelo negro y coronada por tres retorcidos cuernos. De su boca surgía una larga lengua casi tentacular con la que acariciaba o azotaba a sus aoradores o lamía su propio cuerpo. Los brazos eran prácticamente humanos, acabados en manos nudosas de tres dedos. Y, de la cintura para abajo, empezaba la mayor pesadilla. El torso lampiño se recubría de un espeso pelaje oscuro que alfombraba sus caderas y las patas caprinas acabadas en pezuñas en torno a las cuales surgían centenares de cilios animados. En el pubis, una obscena raja a modo de vagina palpitaba goteando fluidos inidentificables y, sobre esta, media docena de penes tentaculo de unos dos metros de longitud se agitaban y culebreaban entre ellos, disputándose la posibilidad de penetrar a los adoradores o a la propia entidad. No se trataba de la criatura más horrenda que habían encontrado los de Alfa Strike o las Valquirias, pero si que era extraña y perturbadora. Pero, entonces, vieron lo que hasta el momento se les había escapado, fascinados por la extraña orgía y la aberración caprina que la presidía: al otro lado de la comuna aguardaban seis Retoños Oscuros.

Los dioses de Alfa Strike no se iban a dejar intimidar ante semejante espectáculo e iban a demostrar que eran capaces de resolver todo tipo de situaciones. Por ello, prepararon las armas y se dispusieron al combate. Con las Valquirias y Delta Wave Welcome en la reserva, los dioses cargaron contra los cultistas mutantes y el avatar de Shub-Niggurath. Los sectarios tardaron un poco en reaccionar, vendiendo caras sus vidas, pero poco podían hacer contra la brutal carga de Alfa Strike, convirtiéndose en poco más que carne picada estampada contra el suelo y de poco interés. Para los dioses fue poco más que una molestia ocasional y pasajera, ya que su objetivo no era otro que la monstruosidad caprina.

La criatura, la Cabra Demonio del Caos, rugió furiosa al ver como sus adoradores eran aplastados, quitados de en medio como el que espanta a una mosca, con la ventaja de que, una vez apartados, los cultistas no regresarían. Y es que regresar a molestar cuando eres un cadaver aplastado, desgarrada, machacado y electrificado es un poco complicado. Así pues, se inició la lucha entre los dioses y el avatar de Shub-Niggurath. La pelea fue brutal e intensa. La entidad era mucho más poderosa de lo que esperaban, ya que, a fin de cuentas, era un avatar de una diosa exterior. Era, aproximadamente, como enfrentarse a un avatar monstruoso de Nyarlathotep, pero no cualquiera, si no alguno de los más terribles y peligrosos. Por otro lado, el ser tantos no ayudaba demasiado, ya que, pese a que la criatura medía tres metros, no era lo suficientemente grande como para poder ser atacada simultáneamente en cuerpo a cuerpo por todos.

Pero Alfa Strike era un equipo coordinado y preparado para este tipo de situaciones, por lo que empezaron a aplicar las tácticas y maniobras de combate que les permitirían atacar de forma más eficiente a la criatura. Se iban moviendo para rotar sus posiciones y así poder golpear y retirarse, dejando el relevo a otro dios. También Thor, Brontes y Raijin podían invocar el poder del relámpago para golpear al avatar.

No fue fácil, no fue rápido, no fue cómodo. Pero la coordinación de Alfa Strike logró causar daños en la entidad. Daños que fueron creciendo y progresando adecuadamente. El combate era extenuante pero, finalmente, lograron asestar el golpe de gracia al avatar y poner fin a su existencia, al menos por el momento. Agotados, los dioses pudieron por fin descansar. Y, con el campamento asegurado, Delta Wave Welcome y las Valquirias, ya que no había nada que rescatar allí y los dioses se recuperarían por sí mismos, comenzaron a recorrer la zona en busca de asentamientos de montañeses y granjeros que pudieran haberse visto afectados por las actividades del culto. También se aproximaron a los terrenos de los hongos de Yuggoth, ya que estos conocerían bien el terreno y sabrian orientarlas.

Cuando finalmente acabaron su trabajo, pudieron regresar con la satisfacción del deber cumplido y con el conocimiento reafirmado de que la estupidez humana no tiene límites.