martes, 25 de agosto de 2015

La maldición que llegó de Japón (parte 2)

-¡¡¡¿Pero tú eres tonto?!!! -exclamó Brontes mientras pensaba que aquello no debía haber sido una pregunta, sino una afirmación más cierta que "el agua está mojada".

Summanus trató de tranquilizarlo, pues el cíclope estaba comenzando a convocar una tormenta sobre el edificio de la residencia, y eso probablemente les daría una mala publicidad (a nadie le gusta ver en los buscadores de hotel y residencias estudiantiles de internet, que la que regentas tiene periódicamente tormentas localizadas precisamente encima de ella, eso disuade a posibles clientes).

-Yo no tengo la culpa de que los Illuminati hayan envidado una trampa para eliminarme. De hecho, eso sólo demuestra que tengo razón -dijo Robert.

-¡Lo único que demuestra es que un paramecio tiene más seso que tú! -le respondió Brontes echándose las manos a la cabeza.

-Venga, venga, vamos a calmarnos... Sólo es una marioneta, no puede haber ido muy lejos ¿verdad? -dijo Summanus mirando a uno y otro.


Mientras esto sucedía, en la Facultad de Cocina de la Universidad de Miskatonic se mascaba una tragedia (sí, hay una facultad de cocina, en ella, científicos reputados realizan ecuaciones que buscan el sabor definitivo de la salsa barbacoa y otras deliciosas investigaciones).

Esta facultad daba cursos de verano para estudiantes que no se quedaban contentos con nueve meses de estudios y querían más. Este año en cuestión, ofertaba el curso "Física Cuántica aplicada a la realización de tortillas" [3 créditos de libre configuración], y para ello habían instalado en la cocina un acelerador de partículas portátil que la universidad había comprado unos meses antes. La verdad es que nadie sabía dónde ni a quién habían comprado un aparato como ese, pues el vulgar acelerador de partículas suele ser de tamaño Godzilla, y este era de tamaño vaca común. Como en otros casos, era más sano no hacer preguntas.

Mientras el profesor/chef explicaba a los alumnos los inextricables procedimientos para hacer una tortilla más sabrosa , la puerta del aula/cocina se abrió de repente y todos los alumnos miraron en aquella dirección. Hasta que no bajaron la vista, no vieron que allí había lo que parecía un diminuto samurai.

-Vaya, me dijeron que en esta universidad había gente rara, pero esto no me lo esperaba -dijo el profesor/chef.

El diminuto samurai entró en el aula/cocina dando largos pasos que le llevaron hasta la mesa donde descansaba el acelerador de partículas.

-Ey, ten cuidado con eso, que es muy caro -le dijo el profesor/chef.

La marioneta giró la cabeza hacia el que le había hablado y, de repente, un rápido giro hizo que la cara de samurai desapareciera y mostrara otra mucho más terrible.

-Debí quedarme en Superchef...


La puerta de la residencia se abrió de golpe, tras sonar un potente trueno, y entró Anna Pickman, con cara de "no desearías cruzarte  con ella". Estaba totalmente empapada e iba dejando un reguero de agua según caminaba hacia recepción.

-¿Dónde... está... ¡BRONTES!?

El pobre recepcionista, que aún no se había recuperado de la visión de la abominable criatura que había visto hacía unas horas, señaló con el brazo al interior del establecimiento. Anna cruzó el vestíbulo con largas zancadas de avestruz y atravesó varias puertas hasta que dio con el cíclope, vestido como Sherlock Holmes en las películas antiguas (pipa en la boca incluida), Summanus con su habitual disfraz y... ¿Robert? ¿Qué hacían estos dos juntos? Definitivamente, pasaba algo muy extraño.

-Eh... hola, Anna... veo que te has mojado con la tormenta... eh... -dijo Brontes.

-Sí, me he mojado con la tormenta. Esa que cae de la inmensa nube negra redonda que hay encima de la residencia ¡¿es que estamos en una serie de dibujos animados o qué?! Llevo un día horrible. Tengo que ir a la Miskatonic, porque por lo visto alguien ha tocado lo que no debía y ha creado una tortilla con cebolla carnívora, me cargo al bicho como puedo, y después de eso, cuando me dispongo a venir a relajarme ¡¡¡me encuentro con el chaparrón!!!

-Vaya -musitó Brontes -¿Pero la tortilla era la carnívora o la cebolla? Porque no me ha quedado claro...

-¡¡¡Me voy a cagar en...!!!

Antes de que Anna entrara en modo Supersaiyan, Summanus volvió a aparecer como voz de la razón e intentó calmar a la joven Pickman sacando de vete a saber dónde un gato que había quedado por allí desde el día en que hicieron su visita a Brontes.

-Mira qué bonito gato, Anna, cógelo, que el pobrecito está solo y va a ser mejor y más útil que intentar matar a Brontes, que va a ser bastante dificil, porque es inmortal, así que...

-¿Que es inmortal? -le interrumpió Robert -Eso quiere decir que sabe algo de los Annunaki, tengo que hacerte un montón de preguntas que...

-No es el momeeeeento -interrumpió Summanus.

El gato, y sus ronroneos, en brazos de Anna, bastaron para calmarla, y ella volvió a darse cuenta de la extraña reunión que había encontrado.

-¿Me vais a decir qué está pasando?

-En pocas palabras -dijo Brontes -. Unos amigos de japón me habían enviado una marioneta maldita para que la estudiara, pero por alguna razón cayó en manos del estulto de tu primo y éste la ha dejado suelta.

-Esa es la versión oficial, claramente manipulada por los organismos de poder -dijo Robert -. Lo que realmente ha pasado, es que los Illuminati han descubierto mi investigación de su sección infiltrada en la universidad, así que han enviado un dispositivo maléfico para silenciarme, pero antes de que pudiera estudiarlo, los villanos lo activaron.

-¡¿Ves cómo es tonto?! -dijo Brontes señalándolo con los brazos.

Anna torció el gesto y miró hacia arriba.

-La verdad es que no sé quién de los dos es más tonto. O tú, Brontes, por traer una marioneta maldita a un lugar como Arkham, en el que en un día normal tenemos dos invasiones extradimensionales, un asalto desde lo más profundo del mar, un científico loco inventando algo que no debía, y varias negociaciones entre criaturas que pueden provocar el apocalipsis... y eso sólo antes del almuerzo; o tú, Robert, por meter las zarpas donde no debes, manipular un objeto que no te han mandado a ti y después echarle la culpa a los illuminati.

-¡Es que han sido los illuminati! ¡Tengo pruebas! Hay un video de Youtube que...

-Bueno -dijo Anna ignorándole claramente -, nuestra misión es encontrar a esa marioneta antes de que provoque algún daño ¿dónde puede haber ido?

-Por lo que me contaron, esa marioneta buscará destruir de la peor forma a su nuevo dueño, que puedo ser yo... o Robert, así que debe estar buscando la manera más horrible de matarnos. Seguramente esté buscando el hilo musical para poner una canción de Juan Magán.

 -Nadie es tan cruel, Brontes... -le dijo Summanus con un escalofrío.

Fueron caminando hacia una puerta que llevaba a los sótanos de la residencia.

-Bueno, con todos esos datos tan claros que me habéis dado -dijo Anna -, me parece que la marioneta puede estar en cualquier parte.

Anna abrió la puerta y, al otro lado, se encontró cara a cara con la marioneta, con la cara malvada, y tras ella ¡¡¡el acelerador de partículas portátil!!!

-O, bueno... puede estar precisamente aquí.

La marioneta alzó la mano hacia el interruptor del temible aparato.

-¡No! -exclamó Summanus - Es un acelerador de partículas, si lo activa aquí, se puede liar una peor que Half-Life, y aquí no tenemos palanca ¡no tenemos palanca!

-Cálmate, Summanus, no le dará tiempo a encender el cacharro. Estando aquí yo, un dios del trueno, y Anna, la exterminadora de seres sobrenaturales, nada malo puede suceder.

De repente, la marioneta dio un salto, cogió el gato que hacía unos momentos había estado en manos de Anna, y se lo lanzó a Brontes a la cara, donde se puso a bufar y maullar furioso.

-¡Zape! ¡Zaaape! -gritaba Brontes intentando quitarse al gato, que no paraba de revolverse.

Anna fue a dar una patada voladora, pero la marioneta, con una agilidad inusitada, le lanzó varios flotadores, que vete a saber de dónde había sacado, que capturaron a la joven.

Antes de que nadie pudiera hacer nada más, la marioneta sacó una pizarra que tenía detrás del acelerador de partículas en el que ponía escrito en letras mayúscuas: DETRÁS DE TI HAY UNOS REPTILIANOS MASONES.

-¡¿Dónde?! ¡¿Dónde?! -exclamó Robert girándose y dando vueltas en busca de sus enemigos natos.

Summanus abrió la boca e intentó capturar a la marioneta con la lengua, pero esta sacó una trampa matarratas y se la puso delante. Al contacto con la lengua de Summanus, la trampa salvó y se le quedó enganchada, dejando al dinosauroide dando saltos de dolor.

Con una expresión de malignidad infinita, la marioneta volvió junto al acelerador de partículas y se dispuso a presionar el botón que lo activaría, desatando un caos imparable... cuando de repente, algo apareció por detrás, abrió la boca, y se la comió.

Pequeña T'auin masticó impertérrita la extraña comida que había capturado y tragó. Miró con curiosidad al grupo de humanos (y dinosauroide... y dios del trueno), y siguió con sus cosas.


Anna consiguió arrancarse los flotadores y quitó al gato de la cara de Brontes, que había quedado toda arañada. Después ayudó a Summanus a quitarse la trampa de la lengua y juntos se quedaron mirando a Robert, que seguía buscando a los reptilianos masones por todas partes.

-Espero que hayamos aprendido la lección de hoy -dijo Anna.

-Sí -respondió Brontes -, que pase lo que pase, siempre se solucionará todo de la forma más imprevista.

-Esa no es la lección de hoy, la lección de hoy es...

Brontes interrumpió a Anna y le pasó el brazo por el hombro, pasando el otro por el hombro de Summanus.

-Da igual cual sea la lección. Lo importante es que hemos salvado la situación y hemos solucionado el problema.

-Y tal -dijo Summanus.

Volvieron por la puerta por la que habían entrado, dejando allí a Robert buscando a los reptilianos masones.

-No importa dónde os escondáis. Os encontraré, tarde o temprano os encontraré... Bwa-hahahahaha.

miércoles, 19 de agosto de 2015

La maldición que llegó de Japón (Parte 1)


Brontes miraba con atención la pantalla de su particular ordenador portatil, con gesto concentrado y y expresión de sumo interés. Lo hacía porque, en ese momento, estaba manteniendo una conversación via teleconferencia con Raijin, quien se encontraba en ese momento en Tokyo. Era el resultado de algunos contactos previos que habían mantenido a través de mail y mensajes privador por el ElderGodBook, pero para acabar de concretar los detalles, ambos habían preferido hablar directamente del asunto, y la teleconferencia les pareció la mejor opción. En la pantalla del horrendo portatil del griego, un extraño aparato en cuya cubierta rugosa y de extraña textura se dibujaba un extraño rostro, se podía ver al oni de piel roja y rostro colmilludo que sostenía ante la camara la horrible cabeza de una marioneta de bunraku que representaba a un demonio que tenía cierto parecido con Raijin. Se trataba de una obra maestra de artesanía, un títere de mediados del siglo XIX perfectamente conservado y con un complejo mecanismo que le permite, con apenas un simple toque por parte del titiritero, cambiar su rostro demoniaco por el de un samurai, tal y como demostró el japonés a Brontes.

-Como puedes, ver, esto es una maravilla, un legado histórico, cultural y artístico del Japón. La obra del artesano es de una precisión sorprendente. Y esto es la cabeza, que representa el mayor trabajo para el creador del títere. El resto del cuerpo y las ropas también son de una gran maestría. Creo que, como ingeniero te resultaría interesante estudiarlo con más profundidad.

-Desde luego -respondió el griego-, parece sumamente interesante. Me recuerda a los autómatas que fabricaba Hefestos para trabajar en su fragua. Para que luego se quejen hoy en día de las condiciones laborales y la pérdida de puestos de trabajo... En fin, a lo que íbamos, sí, me resultaría útil poder examinar la marioneta con más detalle. Como estamos en pleno verano creo que podré desplazarme a Japón sin problema. Por cierto, tenemos por aquí a Pkaurodlos. Según me dijo, ha venido directamente desde allá.

La expresión de Raijin al escuchar el nombre del dios del trueno y la urbanidad era para enmarcarla.

-No me lo recuerdes. Es un buen tipo, y encaja muy bien en la sociedad japonesa. Es como una mezcla entre un gentleman inglés y un cortesano nipón en forma de serpiente emplumada. Su cortesía y modales son siempre exquisitos... ¡No quiero verlo en una buena temporada! Quedatelo por allí, que al final acabo agobiando teniendolo por aquí... Es como tener a un lord inglés rancio viviendo en casa de unos okupas. Con Ryujin se lleva muy bien, pero yo soy de otra catadura, y al final acabo agobiado. Y Fujin ya ni te cuento.... Pero bueno, que nos desviamos del tema. Te puedo enviar por mail todo el trabajo de análisis de esta marioneta en concreto, no hay problema. La hemos estudiado a fondo, y tenemos los diseños de sus mecanismos, pero... será mejor que te la envie, así podrás tratar directamente con la marioneta.

Brontes, que ya estaba acostumbrado a las cosas raras que pasaban en Arkham, se puso suspicaz:

-¿A qué te refieres? ¿Qué sucede con esa marioneta? Raijin, no me jodas y me envies un objeto maldito sin avisar y la liemos aquí otra vez. Que ya me he visto algunas de vuestras películas de terror con maldiciones y me espero cualquier cosa. Lo único que faltaba que encima la maldición se alíe con los chiflados esos del RNLO, o, peor... que se tope con Nyarlathotep -el dios reprimió un escalofrío-, ni me imagino lo que podría hacer el cabrón ese del Caos Reptante con una maldición japonesa.

Raijin pareció dubitativo un momento antes de responder:

-Bueno, sí, si que es un objeto maldito. Lo hemos estado investigando por aquí y parece que todos los que la han tenido han muerto de formas horribles. El último que la tuvo en posesión, murió tras ver completa y del tirón una serie de unos tios que luchan vestidos con armaduras con nombres de constelaciones. Uff... cuando lo encontraron aquello daba miedo. El reproductor de DVD ya echaba humo, y la expresión de horror en su rostro, fruto de ver no se cuantas temporadas con su correspondiente relleno, todas siguiendo el mismo esquema, como un bucle infinito, era... innombrable. Lo peor es que la marioneta estaba a su lado, con la cara demoniaca y ataviada con una armadura como las de la serie esa. Que mal rollo.

-Pues vamos bien. ¿Y quieres enviar ESO a Arkham? Sería como echar gasolina al fuego.

-Tranquilo, Brontes, que está todo controlado. Mientras la marioneta está desmontada, no tiene ningún poder. Al menos eso hemos logrado averiguar. Como mucho da mal rollo, porque a veces cambia por sí misma la cara que muestra. Estamos investigando y reuniendo datos, pero parece que la maldición viene de antiguo. Suponemos que es algo relacionado con su fabricante, aunque no puedo decirte nada concreto todavía. Mientras conseguimos más información, te la mando. Te haré el envío con la marioneta desmontada, dentro de una caja llena de sellos, con talismanes y otras protecciones. Eso sí, procura que nadie la vuelva a montar o se puede liar bien.

El cíclope gruñó descontento.

-No sé que decirte, Raijin, ¿seguro que es una buena idea? Mira que aquí tenemos una universidad llena de gente capaz de pulsar un enorme botón rojo con un cartel que diga “presionar para acabar con el universo” sólo para ver que pasa. Y menos mal que el grueso de estudiantes no está por aquí ahora.

-Pues precisamente, aprovecha que ahora está la cosa más tranquila. Te envío el dossier con las especificaciones técnicas de la marioneta y todo lo que hemos averiguado al respecto. Igual, con la biblioteca que teneis allí en la universidad lograis sacar alguna cosa más en claro.

-Está bien, veremos que pasa. ¿Cómo la vas a enviar?

-Te la mandaré via Byakhee, será lo más rápido y seguro.

Una vez llegado a un acuerdo, la conversación siguió por otros cauces que no vienen al caso para esta historia. Unos días más tarde, el teléfono de la habitación de Brontes en La Llave y la Puerta sonó con un fuerte timbrazo. El cíclope lo descolgó y respondió diciendo:

-¿Sí? ... Sí, soy yo, Brontes, dime … Ok, ahora bajo.

Ataviado con un pantalón corto que dejaba ver sus musculosas piernas y la camiseta roja con el escarabajo egipcio blanco en el centro que usaba cuando no se ponía la armadura (tiene un montón de camisetas iguales, por eso siempre parece que lleva la misma), bajó rápidamente al vestíbulo de la residencia, donde le aguardaban Summanus, un recepcionista con cara de pérdida de cordura 1/1D6 y un ser de gran tamaño, alas membranosas y patas palmeadas, un byakhee, ataviado con una gorra de Byakhee Express y portando un gran cajón destinado a Brontes. El cíclope se identificó como el destinatario del paquete, y firmó en donde le indicó la criatura, para dar acuse de recibo de que el envío había sido entregado. Tras esto, el baykhee se despidió, salió por la puerta de la residencia y se aljeó volando.

-Vale, Brontes, explicame que pasa aquí y porque tengo a un recepcionista novato al borde del ataque de pánico.

El griego hizo una mueca antes de responder:

-Es un paquete que me envía Raijin desde Japón. Sabía que me lo iba a enviar a través de un byakhee. Lo que no sabía es que estos se habían profesionalizado de esta manera ni que lo iba a dejar aquí en el vestíbulo.

Summanus le miró con cara de circunstancias durante unos instantes antes de alzar las manos y quejarse amargamente:

-Así no hay manera de gestionar una residencia... La próxima vez avisa y veré de poner a algún veterano más curtido. En fin, espero que al menos ese paquete no contenga nada que pueda alterar más de lo normal la paz aquí. Dioses... si aquí lo normal es que la paz esté perturbada. Bueno, confío en que no se organice otro follón más. Llevate el paquete y le daré al nuevo algún calmante para que se tranquilice un poco.

Brontes asintió, cogió el gran paquete y se despidió de Summanus mientras se encaminaba a su despacho. Una vez allí, abrió la caja y encontró en su interior un cofre con varios sellos y custodias. Con cuidado, lo abrió y encontró en su interior lo que esperaba: una marioneta de bunraku desmontada, con las ropas y la cara de un samurai. Con cuidado, cogió la cabeza que mostraba un rostro humano y la levantó para examinarla con detalle. Ya había recibido el dossier de Raijin, pero sentía curiosidad por estudiar en persona el objeto. De improviso, la marioneta se agitó en su mano y el rostro cambió para mostrar una cara demoníaca. Brontes, aunque ya estaba avisado de esto, se sobresaltó. Dejó de nuevo la cabeza en su sitio, encendió el ordenador y, una vez en marcha, abrió el dossier y comenzó a leer con suma concentración.

Al día siguiente había avanzado bastante con la lectura cuando se dió cuenta de que había pasado toda la mañana metido en su despacho y el hambre comenzaba a notarse. Cerró todos los documentos abiertos, apagó el ordenador, se aseguró de que la caja estaba cerrada y se fue a buscar a Summanus para ver si podían comer juntos.

Más tarde, mientras el dinosauroide y el cíclope disfrutaban de una buena comida en el restaurante de la residencia, Robert Pickman, impulsado por su instinto detectivesco (que era el equivalente a la capacidad de una ameba para apreciar el arte), se aproximaba al despacho de Brontes. Sabía que algo había pasado un día antes, y que el extraño profesor de Ingeniería Dimensional estaba metido en el asunto. Un empleado novato se había llevado un buen susto y decían que un extraño ser había aparecido en medio del vestíbulo con un cajón misterioso. ¡Y Robert Pickman iba a averiguar la verdad! ¡No dejaría que los reptilianos illuminati del Nuevo Orden Mundial utilizaran la residencia como base de operaciones para sus malvados planes de conquista! Por ello, decidió investigar el despacho del cíclope en busca de pistas. Brontes había pasado mucho tiempo allí desde el día anterior. Seguro que estaba ocultando algo, ¡era parte de la conspiración!

Mientras Robert iba pensando en exclamaciones, llegó hasta el despacho del dios griego. Brontes no solía cerrar la puerta con llave, ya que muy pocos acudían voluntariamente a su despacho, además, los objetos, diseños y documentos que había allí resultarían de poco interés a un humano. Por eso, por costumbre, olvidó echar la llave cuando se fue a comer, y Robert Pickman entró. Lo primero que llamó su atención fue una gran caja con un montón de letras extrañas y papelotes con simbolos raros pegados (¡códigos reptilianos-illuminati, seguro!). Con cuidado, y en previsión de que hubiera alguna trampa escondida para incautos, se aproximó a la misma. Al llegar hasta ella, la abrió y ojeó en su interior: tan sólo había una extraña marioneta extranjera (¡extranjera! ¡seguro que era reptiliana!) desmontada. Por alguna razón, sintió la necesidad de montarla para verla completa. Tal vez así lograría averiguar algo más. Por ello, comenzó a ensamblarla.

Una hora más tarde, Summanus decidió acompañar a Brontes a su despacho a examinar la marioneta. Habían comido bien y estaban satisfechos, por lo que iban caminando sin prisa. Pero, cuando se acercaron al despacho y vieron la puerta abierta, se alarmaron. En su interior, la caja donde se contenía la marioneta estaba abierta, y, al lado, inconsciente, estaba Robert Pickman. El títere maldito había escapado. ¿Quién sabe que horrores desataría sobre la universidad y la ciudad?

miércoles, 12 de agosto de 2015

Pkaurodlos vs Sharkjellyfish


Era una calurosa noche de agosto en Arkham, la medianoche había pasado de largo hacia ya tiempo y la madrugada se encaminaba lentamente hacia las primeras luces del alba. Era ese momento en que la oscuridad reinaba sobre Martini Beach, que estaba desierta y tranquila, ya que los turistas y jóvenes con ganas de fiesta ocupaban otros sectores de la ciudad donde abundaban los locales en donde disfrutar del consumo de bebidas alcohólicas con el acompañamiento de música a volúmen ensordecedor. Aunque no era raro que algún turista buscara otras opciones en la oferta nocturna de esta particular ciudad. En este caso se trataba de una espectacular joven que se había decidido por un baño nocturno. Pero lo que la chica quería no era solo disfrutar del frescor del agua por la noche y la práctica exclusividad de la playa. Cruzó la arena caminando con paso firme y una sonrisa en la boca, feliz por poder disfrutar de la intimidad que le ofrecía la noche, hasta que encontró un lugar próximo a la orilla donde dejar sus cosas y extender la toalla. Una vez cumplidos los preparativos previos, echó una atenta ojeada para asegurarse de que se encontraba sola. Tras este requisito, pasó a despojarse del escueto bikini y, una vez completamente desnuda, se lanzó hacia el mar con una expresión de felicidad en su rostro.

Mientras la joven disfrutaba del frescor del agua sobre su cuerpo y nadaba en la soledad de la noche, llegó el momento de insertar música de tensión (¿o acaso no lo esperábais? ¿tras tantos capítulos con la posibilidad de recrearnos eróticamente con Welcome ibamos a esperar a hacerlo con una completa desconocida sin nombre?). A medida que la chica nadaba, no se percataba de que, desde el mar, una sinuosa silueta se acercaba en silencio hacia ella. Música de tensión in crescendo. La turista, desconocedora de lo que se aproximaba, seguía disfrutando inconsciente de lo que le aguardaba . Música de tensión al máximo. Cuando la misteriosa y ondulante criatura se hallaba a menos de un metro de ella, algo surgió del agua. Era un cuello largo y grueso, sobre el que se erguía una cabeza de ave rapaz coronada por un halo de plumas. Los ojos del ser híbrido la miraban con fijeza mientras la chica, aterrada, contemplaba al feroz depredador, al monstruo, cual Nessie cualquiera, que podría devorarla entera, pues tal era su tamaño. Entonces, el ser abrió su monstruoso pico y habló:

-Disculpe señorita, ¿esta ciudad es Arkham?

La chica, incapaz de ninguna otra reacción, lanzó un potente grito de terror demostrando que sus pulmones eran tan potentes como sus abundantes pechos y salió disparada hacia la orilla, gritando sin parar mientras nadaba a toda velocidad.

La criatura, que medía unos diez metros de longitud, unos 50 cm de grosor y era serpentiforme, con cabeza de rapaz y cubierta por una mezcla de escamas y plumas, se rascó la testa con un brazo largo y fibroso acabado en una mano de dedos largos y delgados con garras. Se encogió de hombros y nadó tranquilamente hacia la orilla.

Mientras, en el paseo marítimo que bordeaba la playa, Welcome, vestida con un traje corto de noche, paseaba acompañada por El que Legisla tras el Umbral. Evangeline disfrutaba de alguna salida nocturna ocasional, pero había un límite a las insinuaciones de borracho, ligón discotequero y salidas de tono que era capaz de aguantar antes de que se le agotara la paciencia y empezara a repartir más golpes que en una película de artes marciales. Por eso, la chica siempre se retiraba cuando sentía aproximarse ese momento. Aquella noche le había dado por salir con el abogado primigenio, no por motivos sexuales, sino simplemente como compañía. Mientras hablaban animadamente, algo que se movía a toda velocidad y gritaba como una sirena descontrolada surgió de la playa para pasar corriendo frente a ellos.

-¿Acabo de ver pasar corriendo a una escultural joven desnuda chillando como una histérica? -preguntó Welcome sorprendida.

-Sí -respondió escuetamente el abogado, que se había quedado sin palabras.

Ambos se quedaron un instante mirando en dirección a la exhibicionista gritona para, al unísono, encogerse de hombros y mirar hacia la playa, intentando averiguar que había provocado esa reacción. En ese momento, la serpiente gigante emplumada con cabeza de ave salía del agua y se escurría agitando todo su cuerpo como si se tratara de un perro. La expresión del abogado cambió al reconocer al recién llegado. Tomando a su acompañante del brazo, la invitó a seguirla para dar la bienvenida al dios.

-Hola Pkaurodlos, ¿has tenido un buen viaje?

-Hola, El que Legisla. Bueno, no ha ido mal, ¿y quien es esta encantadora señorita que te acompaña?

-Evangeline Parker, te presento a Pkaurodlos, la serpiente emplumada, dios del trueno y la urbanidad, adorado en su momento por Toltecas, Aztecas, Mayas, Iberos y unos cuantos clubes de caballeros ingleses.

-Encantado señorita, es un placer conocer a una dama tan bella como usted -dijo mientras tomaba la mano derecha de ella y la aproximaba a su pico para realizar el saludo protocolario del besamanos.

-Welcome, stranger -dijo Welcome, que pese a considerarse inmune a los halagos y el peloteo en general, sintió como se ruborizaba ante la cortesía del dios. Tras las presentación, el abogado tomó de nuevo la palabra:

-Bueno, es muy tarde y mañana será otro día. Tienes reservada una habitación en La Llave y la Puerta, será mejor que nos retiremos a descansar.

De común acuerdo, los tres se encaminaron a sus alojamientos. Al día siguiente ya tendrían la oportunidad de hablar con más tranquilidad y hacer frente a nuevos desafíos.

A media mañana el sol castigaba duramente la ciudad con sus rayos cuando Welcome y El que Legisla tras el Umbral se dirigían a la playa cargados con sus cosas para pasar la mañana a las orillas del océano. Pkaurodlos, que había sido más madrugador, les había dejado un mensaje escrito con una perfecta caligrafía en el que les invitaba a reunirse con él en un extremo de la playa, donde, presumiblemente, estarían más tranquilos.

Evangeline iba ataviada con un bikini y envuelta en un pareo, mientras que su compañero no se había desprendido de su versión “veraniega” de su vestimenta habitual: un traje negro con camisa blanca y corbata roja, pero con las perneras cortas del pantalón y la chaqueta y camisa sin mangas. Welcome, ante la curiosa apariencia de su acompañante, se alegraba de llevar puestas las gafas de sol, que cubrían la mirada de horror ante las ropas del abogado y las blancas y delgadas piernas y brazos que asomaban de su indumentaria. Para completar este atentado contra la moda, el legislador cubría su único ojo trilobulado con lo que podría describirse como un monóculo de sol. Ciertamente, no pasarían desapercibidos.

Al llegar a las rocas, encontraron al dios - serpiente emplumada tomando el sol cual reptil cualquiera. Pero, al verles llegar se irguió y les saludó con extrema cortesía y buenos modales. Al dejar las cosas y despojarse Welcome del pareo, no le faltaron palabra admirativas para describir la belleza de la joven y su espléndido, voluptuoso y bien formado cuerpo, que provocaron un nuevo sonrojo en Evangeline. Entonces, llegó el horror. El que Legisla tras el Umbral se despojó de su chaqueta y camisa sin mangas y su pantalón corto, luciendo un cuerpo lechoso que un cortés mentiroso describiría como esbelto, pero que en realidad era muy delgado. Pero lo peor era el bañador: se trataba de un traje de baño de los años 20 acompañado de la impagable corbata roja. Welcome hizo lo posible para aguantar la risa ante la esperpéntica apariencia del abogado mientras Pkaurodlos sencillamente no le daba importancia. ¿Por qué los dioses y primigenios tenían tan mal gusto para estas cosas?

Tras dejar montado el puesto, Welcome se dirigió al agua para nadar un poco mientras dejaba a los dos seres sobrenaturales poniéndose al día:

-Pkaurodlos, ¿cómo es que no te vimos en el Thunder-verse?

El dios del trueno hizo un gesto para restarle importancia al asunto antes de responder:

-Bueno, coincidió que yo me encontraba en Japón en un congreso de dioses reptil. Estábamos allí todos: Ryujin, Nidhogg, Tiamat, Jormungard, Sobek, Yig, y eso sólo por mencionar a los más destacados. Y claro, habría sido de mala educación dejar el congreso a medias para ir a atender otras cosas.

El abogado se encogió de hombros. Eso lo explicaba todo. Pero entonces se oyeron gritos en el agua y los bañistas comenzaron a salir corriendo de vuelta a la arena mientras los salvavidas les ordenaban regresar a la orilla. Algo estaba sucediendo. El que Legisla y Pkaurodlos se aproximaron al agua y vieron como había aparecido un banco de aletas triangulares. Eso sólo podía significar una cosa: tiburones. Por el tamaño de las aletas parecía un grupo numeroso pero no de una especie particularmente grande. En cualquier caso, había que poner fin al peligro, y, además, unos cuantos habían acorralado a Welcome, que se veía rodeada por varias aletas que nadaban en círculo a su alrededor.

-¡No temáis, Evangeline, iré a poner fin a este desgraciado incidente! -clamó Pkaurodlos mientras se lanzaba al agua en dirección al banco de escualos.

Por su parte, el abogado pensaba en las posibilidades de poner demandas por la intrusión de un grupo de tiburones en la playa más que en la seguridad de la chica. Sabía que Welcome era capaz de convertir un tiburón en un montón de sushi instantáneo si era necesario. Además, Pkaurodlos estaba más dotado para el combate que él. Mientras rumiaba sobre esto, se acercó a los bañistas que acababan de dejar las aguas y se percató de algo muy curioso: aunque algunos habían sido atacados y mostraban marcas de mordeduras (aunque, por suerte, no eran graves), otros tenían las marcas propias de los tentáculos de una medusa. ¿Qué estaba pasando allí? Nadie había avistado un banco de medusas...

Welcome, al verse rodeada de tiburones, trató de mantener la calma y no hacer movimientos bruscos. Por el momento, los escualos sólo nadaban a su alrededor, y ella no estaba herida de ningún modo. Pero no pudo evitar darse cuenta de dos cosas: la primera era que Pkaurodlos se había tirado al agua para ayudarla, cosa que no vendría mal, la segunda era que había algo raro en esos tiburones. No eran muy grandes, parecían medir un metro de longitud aproximadamente, pero dejaban un rastro extraño en el agua, como si su anatomía no fuera la característica de estos animales.

Pronto, Pkaurodlos llegó hasta los primeros peces y se lanzó a la lucha para tratar de espantarlos y salvar a la chica. Entonces, una vez que llegó hasta ellos, agarró a uno con sus garras, que eran más fuertes de lo que parecía, y lo sacó del agua, quedándose tanto Welcome como él atónitos ante lo que veían: la parte anterior del pez era la típica de un escualo, pero tras la aleta dorsal que tenía en el centro de su lomo, la anatomía era una locura. El cuerpo del tiburón se convertía en una bolsa pulsante y gelatinosa de la que surgía una melena de largos y finos tentáculos de medusa. No era un tiburón, no era una medusa, ¡era un sharkjellyfish, un tiburón-medusa!
Identificado el objetivo, tanto la serpiente emplumada como la joven unieron fuerzas. El dios del trueno (y la urbanidad), pasó por debajo del banco de sharkjellyfishes y se coló entre las piernas de la chica para emerger de manera que ella se quedara sentada sobre su espina dorsal. De esta manera, Welcome y Pkaurodlos, juntos, entablaron dura batalla contra el invasor mutante marino.

Mientras la curiosa pareja se dedicaban a la innovación en la preparación del sushi con especies mutantes, El que Legisla tras el Umbral volvió a donde habían dejado sus cosas y sacó un teléfono movil. Podría haber llamado a Roger Corman, podría haber llamado a una de esas productoras de absurdas películas de tiburones mutantes mezclados con fenómenos meteorológicos, podría haber llamado para que le trajeran una cámara de video en condiciones y haberse forrado vendiendo la filmación de una tía buena en bikini montada sobre una serpiente emplumada luchando contra una manada de tiburones-medusa. Podría haber llamado a un restaurante japones para venderles varias toneladas de sushi de escualo y medusa. Pero hizo otra llamada, una llamada que no podría haberse realizado con un móvil normal y corriente.

Unos minutos más tarde, mientras Welcome hacía el pino sobre la cabeza de Pkaurodlos y giraba sobre sí misma repartiendo patadas en la mejor imitación de los movimientos de un personaje de videojuego de lucha, el destinatario de la llamada que había realizado El que Legisla tras el Umbral apareció: cruzando el cielo a toda velocidad, un byakhee, un ser de gran tamaño, alas membranosas y patas palmeadas, capaz de transportar a un hombre, sobrevoló la playa y dejó caer sobre la chica una espada en su vaina. Cuando Evangeline la recogió, sacó el arma de la funda y sonrió torvamente: era Ouroboros, y ella ya no era Evangeline “Welcome” Parker, con ese filo en la mano era alguien diferente:

-¡Soy Delta Wave Welcome! ¡Yo tengo el poder!

Corriendo sobre la espalda de Pkaurodlos, cogió impulso y se lanzó al agua en una espectacular acrobacia. Una vez allí, y rodeada de sharkjellyfishes, cortó la realidad con la espada, abriendo una rasgadura dimensional que absorbió a los mutantes y dejó la playa nuevamente lista para sus usos recreativos. La amenaza de los tiburones-medusa había acabado, por el momento.

Poco después, otra vez en la arena y ya recuperándose del combate, El que Legisla hizo la pregunta que rondaba su mente:

-Welcome, ¿qué has hecho con los peces mutantes esos?

La chica le miró inexpresiva unos instantes, sonrió de forma macabra y dijo con gran regocijo:

-Los he enviado a donde no podrán molestar de nuevo, al menos en una larga temporada, y de paso les he hecho un favor a los morlocks.

El abogado se quedo pensativo unos segundos, hasta que comprendió a que se refería la chica y no tardó en comenzar a reírse ante la genialidad de Welcome.

Mientras, en algún lugar de los túneles bajo la ciudad de Arkham, una manada de sharkjellyfishes y una pequeña inundación arrasaban, para horror de sus ocupantes, un cuartel secundario del Glorioso Ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Welcome conocía su localización gracias a los trabajos de inteligencia del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks.

martes, 11 de agosto de 2015

La Llave y la Puerta y el Generador de nombres superhéroicos


Recientemente apareció en La Llave y la Puerta una nueva fase de un personaje ya conocido, Evangeline "Welcome" Parker. Tras los sucesos de Thunder-verse, iniciamos un primer contacto entre Welcome y Loki, quien tuvo un papel importante en la saga de los dioses del trueno. En Little Welcome in Slumberland, no sólo se homenajeó la obra de Windsor McCay, sino que sirvió para realizar un primer contacto entre estos dos curiosos personajes: el dios del engaño y la estudiante de psicología. De esta forma, se cruzaron sus caminos, con un divertido resultado. Pero los hados habían destinado que volvieran a encontrarse. Tras un cameo en El Regreso de los Yithianos, la semilla estaba sembrada: ¿Y si Welcome recibía su propia espada encantada de manos del Herrero Mentiroso? Por ello, y llevando a la práctica una vieja idea (¿qué pasaría si alguien soltara en la comarca de Dunwich un gugo?), surgió Gugodzilla, historia en la que hace su primera aparición Delta Wave Welcome, una superheroina con una espada mágica de color negro mate recorrida longitudinalmente por el grabado de una larguísima serpiente que se muerde la cola retorciéndose sobre sí misma como una cinta de Moebius. También aparece un retoño oscuro de Shub-Niggurath haciendo autoestop, pero eso es un caso aparte. Este curioso personaje, la primera superheroina epico decadente entre dunsaniana y lovecraftiana, no es otra que Evangeline "Welcome" Parker, cuyo origen se desvelaría después en Origen Secreto: Delta Wave Welcome.
Al revelar el origen de sus poderes, Welcome relata como Loki le presentó un generador de nombres superheróicos para que decidiera el nombre de su identidad como heroína cósmica. Por ello, Necrópolis de la Luna Negra y La Llave y la Puerta se complacen en presentar, para su uso y disfrute, el Generador de nombres superheróicos diseñado por Loki, el Herrero Mentiroso. Este permite no sólo crear identidades para superhéroes, sino también para super grupos y agencias relacionadas con los mismos, ya sea para juegos de rol (como Triumphant), comics u otro tipo de usos, literarios o no.

Generador de nombres superhéroicos (para su descarga desde Dropbox).


miércoles, 5 de agosto de 2015

La vendetta de los gatos

Brontes iba caminando por las calles de Arkham, con un aire alegre, disfrutando de la brisa nocturna... sin saber que estaba siendo vigilado. De un callejón cercano surgía el brillo de dos pequeños ojos amarillentos que seguían al cíclope al pasar cerca, y una vez giró en una esquina, una sombra salió disparada detrás de él.

Al cíclope no terminaba de gustarle el verano. Sí, le gustaba ir a la playa, pero no le gustaba nada el calor, y menos el tremendo calor que se había instalado en Arkham desde que sucedió aquél extraño incidente en la universidad hacía unas semanas. Nadie se responsabilizaba por la tremenda explosión, los escombros y la locura que había recorrido a los alumnos de los cursos de verano, pero eso era normal. En la Miskatonic casi nadie se responsabilizaba de las consecuencias de encuentros extradimensionales, invocaciones a lo que no se debe, y similares. Normalmente, lo que hacía todo el mundo era mirar para otro lado y seguir con sus cosas. En fin, nadie se había responsabilizado de aquél incidente, así que no tenía a quién echarle las culpas por el horroroso calor. Lo único que podía hacer era aprovechar la brisa que venía de la costa para dar un paseo nocturno, como si de un escritor bohemio de los años '20 se tratara.

El cíclope no se dirigía a ningún sitio en concreto, sólo daba vueltas de aquí para allá, contemplando la vida nocturna de la ciudad. Parejas paseando cogidos del brazo, familias tomando algo en la terraza de un bar, señores paseando a su perro, personajes de Arthur Machen yéndose de juerga hasta altas horas de la noche... lo normal en verano. Hasta que se dio cuenta de algo que no era tan normal. Por el rabillo del ojo vio varias sombras que se movían subrepticiamente. Eran sombras de tamaño pequeño, ágiles, que desaparecían en cuanto él se daba cuenta de su presencia.

Brontes se detuvo y miró hacia atrás abiertamente. Allí no había nada. Pero de un callejón adyacente salió una bola de pelo rodando. Volvió a sentir las miradas inquisidoras a su espalda y se giró con velocidad, pero éstas habían desaparecido.

-¿Estoy teniendo un momento Robert Pickman o realmente alguien me está siguiendo? -se preguntó el voz alta.

Decidió seguir caminando, con la intención de disimular que no sucedía nada, pero cuanto más caminaba, más crecía la sensación de sentirse seguido, y cuando miraba de reojo, las sombras desaparecían. Fue apretando el paso, andando más deprisa para ver si las podía dejar atrás, pero esto no era suficiente. Sentía que cada vez había más sombras siguiéndole, y cada vez eran más atrevidas, pues se acercaban más. No importaba las giros y requiebros que hiciera el cíclope por las calles de Arkham, las sombras no se le quitaban de encima. Hasta que, andando como alguien que llega tarde pero quiere mantener las apariencias, giró por una calle que no conocía y se encontró cara a cara con quienes le perseguían.

¡Gatos! ¡Gatos por todas partes! Estaban sobre los coches, en las aceras, en los balcones, de todos los colores y sabores, machos y hembras, mirándole fijamente mientras alguno se acicalaba o se restregaba con la pared. En el centro de la calle había un gatazo gordo que le dirigió una mirada de gangster. 

-Miau -dijo el gatazo.

Entonces fue cuando Brontes salió corriendo. Cruzó varias calles sin mirar siquiera por dónde iba, haciendo que algún taxista se asomara por la ventanilla y alzara el puño, corriendo sin mirar atrás. Su objetivo era llegar cuanto antes a la residencia La Llave y La Puerta, meterse en la cama y hacer como que todo aquello no había sucedido. Cualquiera podría decirle que era un cobarde, que siendo un dios podría lanzarles un rayo a aquellos montones de pelo con patas, pero es que Brontes tenía un secreto... era alérgico a los gatos.

Cuando llegó a la puerta de la residencia, respiró aliviado y se detuvo a respirar. Al fin había llegado, y parecía que no le habían seguido. Cuando abrió la puerta y se dispuso a entrar, se encontró con una horrible visión que le hizo saltar los ojos.

¡Gatos! ¡Gatos por todas partes! Ocupaban todo el salón recibidor, aunque principalmente se arremolinaban alrededor del sofá en el que, una contentísima Welcome, no hacía más que darles caricias y mimos. La joven miró con ilusión a Brontes. Las caras de los gatos eran de tremenda felicidad.

-¡Hola Brontes! ¿Has visto qué gatos tan monos?

 Los gatos miraron de reojo a Brontes con una expresión de malignidad.

-¿Monos? ¡No! Son criaturas infernales.

-¿Pero cómo van a ser criaturas infernales? Mira qué mono este.

La joven estiró los brazos y le acercó un gato anaranjado, que al sentirse cerca del cíclope empezó a bufar como un descosido.

-¡Son monstruosos! -exclamó Brontes saliendo corriendo hacia las escaleras mientras movía las brazos en alto como un histérico.

Brontes subió hasta el piso en que se encontraba su habitación en un tiempo record. Sacó las llaves del bolsillo del pantalón y abrió apresuradamente, tras lo que entró sin encender siquiera las luces.

Y en el interior de su cuarto había docenas de ojillos brillantes amarillentos. Brontes encendió la luz y se encontró con los dueños de esos ojos. Una multitud de gatos, el gatazo de antes era uno de ellos. Este se acercó lentamente, bamboleando su cuerpo y se alzó sobre las patas traseras.

-Hola Brontes, señor del trueno -dijo el gatazo en la lengua de los gatos (traducida para mejor entendimiento del lector) -. Te preguntarás qué hacemos aquí y por qué te hemos estado siguiendo toda la noche.

-Pues sí -respondió Brontes pegándose a la puerta.

-Por lo que supongo que habrás olvidado lo que sucedió hace unos meses ¿no tienes ni idea? Cuando tú y tus amigos estuvisteis en la ciudad de Ulthar en Las Tierras del Sueño...

-Ah... aquello -dijo Brontes girando los ojos hacia todos los lados.

-Sí... aquello. Y alguien tiene que pagar por... aquello. 

-Pero no fue para tanto. Tan sólo destrozamos unos cuantos edificios e hicimos que algunos gatos salieran disparados, pero vosotros tenéis siete vidas ¿no? ¿no?

-Sí, pero alguien tiene que pagar.

El gatazo volvió a ponerse en cuatro patas y fue avanzando lentamente. Los demás gatos se fueron acercando también. Brontes se echó las manos a la cara y se tapó los ojos, y cuando sintió sus peludos cuerpos sintió un profundo deseo de gritar.

                                                     ........................

Summanus iba por el pasillo de la tercera planta de la residencia La Llave y La Puerta silbando tranquilamente mientras llevaba en la mano una bandeja cubierta. Alguien había hecho un pedido desde la suite presidencial (no terminaba de entender por qué había una suite presidencial en una residencia de estudiantes, pero bueno), y había pedido expresamente que fuera él quien lo llevara. Además el pedido era bastante extraño, pero él estaba acostumbrado a cosas extravagantes, si no, no viviría en Arkham.

Cuando llegó hasta la suite presidencial dio varios toques en la puerta, y una voz fina, como de dibujo animado, le dijo que entrara.

Lo que vio al cruzar la puerta le hizo sentir varias cosas. Una de ellas era ganas de descacharrarse de risa. La suite presidencial estaba llena de rascadores de gatos, columpios, madejas de lana y ratones de juguete. En el centro estaba la cama presidencial, en la que había un montón de gatos acompañados de Brontes... Brontes vestido de sirvienta, con cofia y todo, que miraba a Summanus con una expresión que decía "sácame de aquí" mientras acariciaba a un tremendo gatazo que ronroneaba con satisfacción.

-Su pedido, señores -dijo Summanus aguantándose la risa como podía.

-Déjelo sobre la cama -dijo el gatazo con una sonrisa que mostraba sus dientecitos.

Summanus dejó la bandeja y retiró la tapa. Comida de lata para gatos y un surtido de pescado. 

Summanus hizo un saludo al gatazo y salió de la habitación como un buen sirviente de hotel, pero una vez estuvo fuera y cerró la puerta, soltó una tremenda carcajada que pudo escucharse por toda la residencia. Y siguió riéndose durante todo el día, y toda la noche, hasta que se preguntó cuanto tiempo estaría riéndose y cuanto tardaría en olvidar aquella hilarante visión.

miércoles, 29 de julio de 2015

Orígen secreto: Delta Wave Welcome


Desde el 4 de Julio, Welcome había estado bastante tranquila y se la había visto poco por la ciudad. En ocasiones se la veía en la playa tomando el sol , nadando o realizando cualquier actividad propia del periodo estival, como espantar moscones y que se acercaban a ella y su bikini como las moscas a la miel. Sin embargo, parecía estar algo distraída, como si tuviera alguna cosa en la cabeza que la preocupara o que no podía quitarse de encima. Por ello, prefería acudir a la Martini Beach durante las primeras horas del día, para evitar aglomeraciones y ligones playeros. También le gustaba aprovechar el calor y la tranquilidad de aquellos momentos para ejercitarse, aunque el ver a una atractiva joven en la arena haciendo ejercicios de calentamiento, katas de artes marciales y practicando diversos movimientos de esgrima antigua y kendo, resultaba lo bastante exótico y llamativo como para acabar atrayendo a diversos curiosos. Los que la conocían ya sabían que Evangelne Parker practicaba diversas artes marciales, y que tenía algunas nociones de esgrima, aunque el interés que demostraba la chica por el manejo de la espada se había incrementado últimamente. Sin embargo, no se le dio la mayor importancia, salvo por aquellos (principalmente turistas) que consideraban que la joven podía ser un exótico e interesante ligue veraniego. Obviamente, los que ya la conocían aprovechaban esto para divertirse a costa de los insensatos que, escudándose en la reputación de chica fácil y experta en las artes sexuales de Welcome, pensaban que sería una buena idea, y no demasiado difícil, llevársela a la cama. Obviamente, todos ellos eran amable pero firmemente rechazados, y aquellos que no aceptaban un no por respuesta, descubrieron que las prácticas de artes marciales de Welcome no eran una mera pose.

Pero el reciente interés de Evangeline por mejorar sus destrezas con la esgrima tenían otra razón. Todo empezó la noche siguiente al 4 de Julio, cuando Welcome, poco después de acostarse y quedar profundamente dormida, se encontró bajando los 70 escalones del sueño ligero y entrando en la Caverna de la Llama, donde los canosos sacerdotes Nasht y Kaman-Thah. Con las bendiciones de estos y una ligera túnica que le entregaron como vestimenta, la joven inició el descenso de los setecientos escalones del sueño profundo, hasta llegar a una puerta que, al cruzarla, salió al Bosque Encantado, donde habitan los zoogs. Allí la esperaba un hombre pelirrojo ataviado como un vikingo junto a un enorme destrero negro y una yegua color canela y que la saludó con estas palabras:

-Hola Welcome, es un placer verte de nuevo.

La chica, que reconoció sin dudarlo al Herrero Mentiroso, por una anterior experiencia en las Tierras del Sueño, enarcó una ceja y le respondió:

-Welcome stranger, ¿qué quieres de mí esta vez, Loki? Espero que no tenga nada que ver con la Cortatormentas, una piedra y cierto dios que se emborrachó...

Loki le quitó importancia al comentario con un gesto de la mano.

-Descuida, aquello ya pasó. Por cierto, no me hizo mucha gracia que me robaras la Cortatormentas para ajustar cuentas con Brontes... Esa espada no es ningún juguete. Pero bueno, precisamente por eso estaba esperándote y quería hablar contigo.

Evangeline le miró con expresión interrogante. Si algo había aprendido era que hay tres individuos con los que hay que ir con mil ojos al tratar con ellos: Nyarlathotep, El que Legisla tras el Umbral y Loki. El Caos Reptante, el primigenio abogado y el Herrero Mentiroso eran liantes profesionales y siempre había que desconfiar de ellos. Sin embargo, movida por la curiosidad, decidió seguirle el juego.

-Ok, tienes razón, estamos empatados. ¿De qué se trata esta vez?

-Verás, estoy en deuda contigo por aquella vez que sacaste la Cortatormentas de la piedra y tal, y, tras verte usarla, creo que podría saldar las cuentas haciéndote entrega de una espada encantada para tí.

-¿A quién me tengo que tirar? Loki, que no me chupo el dedo, tu no das nada por nada. Y si quieres agradecerme la ayuda por aquel penoso incidente es que hay algo más detrás de todo esto...

El Herrero Mentiroso se encogió de hombros y sonrió antes de responder:

-Ok, tienes razón, hay algo que quiero de ti. Y descuida, que no tiene que ver con el sexo. Imagino que recordarás el Thunder-verse, así como los problemas que suelen surgir en Arkham. Y no sólo allí ni en la región del valle del Miskatonic... A veces creo que la humanidad tiene un punto ciego en el cerebro donde alguien ha puesto: “¡Invocar seres prohibidos con libros prohibidos, que gran idea!”. La cosa es que, aunque los Pickman logran tener controlada la situación en la Universidad y sus alrededores, y la Fundación Wilmarth se dedica a los xenocidios y a tirar bombas por ahí, a veces hay cosas que necesitan un tratamiento diferente. A veces los dioses nos encargamos de estas cosas, otras se solucionan por sí mismas. Pero vendría bien tener a alguien que pueda, digamos, dar un toque de atención a estas situaciones cuando se producen y no hay nadie preparado a mano.

-¿Y de repente el Herrero Mentiroso, se ha vuelto un bienhechor?

Loki la miró indignado y con gesto ofendido.

-Por favor, para eso tenemos al memo de Thor y a otros sujetos. Yo tan sólo soy pragmático, y un apocalipsis masivo por regreso de los primigenios ahora mismo no me beneficiaría mucho. Así que necesito a un agente que actúe para contener estos fenómenos cuando se salgan de madre.

-¿Welcome, Agente de Loki? Bueno, suena lo bastante absurdo como para ser divertido. Me interesa. ¿Qué tienes exactamente en mente?

-Vamos a mi hogar y allí te lo enseñaré.

Loki la invitó a acompañarla montando a la yegua, mientras el hacía lo propio con el destrero negro. Juntos, cabalgaron por las Tierras del Sueño en dirección a la mansión del Herrero Mentiroso en esta dimensión onírica, una edificación de madera construida de curioso aspecto, que parecía un stavkirke nórdico, enclavada sobre una colina y con un sendero que subía hasta ella. En la base de la elevación había clavados unos postes tallados imitando cabezas de dragón de las proas de los barcos vikingos. Welcome ya la conocía de una visita anterior, así que esperó a ver que le preparaba el Herrero. Juntos, cruzaron la mansión hasta llegar a la parte trasera de la misma, hasta llegar a una terraza que daba a una caída prácticamente vertical a una sima que daba al mundo subterráneo de las Tierras del Sueño. Evangeline la conocía perfectamente. Era allí donde sacó a Cortatormentas de la piedra en la que el irresponsable y borracho dios nórdico del engaño la había clavado en plena ebriedad y sólo la chica logró extraerla. Esta vez, en lugar de la roca, la aguardaba allí Perún, el viejo dios eslavo del trueno y de la guerra. En una esquina, el oso Misha contemplaba aburrido el pasaje, hasta que vio llegar a la pareja y saludó a Welcome con una pata.

Tras el reencuentro, Loki pasó a explicar con detalle su plan:

-Verás, como ya te he dicho, necesito a un agente que se encargue de esos problemas extra-dimensionales y prohibidos que pueden quedar fuera del alcance de los Pickman, la Fundación Wilmarth y de cualquier otro grupo de chalados cazadores de monstruos y magufos. Para ello, tenemos aquí a Perun que se va a dedicar a entrenarte. Ya sabemos que eres una experta en artes marciales, y que estás en una excelente forma física. Pero necesito que sepas manejar una espada como si fueras una diosa de la guerra o una valkiria. De hecho quiero que seas mi dísir, mi valkiria. Perun te va a enseñar a luchar con lanza y espada, a usar un escudo y como usar tu entorno en tu favor. Una vez que estés completamente preparada, tengo un arma muy especial para tí.

Ante estas condiciones, Welcome aceptó sin dudarlo. Por las noches, en las Tierras del Sueño, Perun la entrenaba sin descanso hasta grabar en su mente y sus músculos los movimientos y tácticas del combate con armas blancas. Durante el día, Welcome se ejercitaba en la playa y en el gimnasio de La Llave y la Puerta, para fortalecer sus brazos y su cuerpo y mejorar sus reflejos. La combinación del adiestramiento en las Tierras del Sueño (donde podían pasar semanas en una sola noche) y el trabajo duro durante el día, convirtieron a Evangeline en una auténtica guerrera vikinga, fuerte, pero aun femenina y voluptuosa, que nada tenía que envidiar a cualquier modelo de fitness. Finalmente, tras unas semanas en el mundo vigil, la joven estaba completamente preparada para convertirse en una dísir. Por ello, Loki la llevó físicamente a las Tierras del Sueño de vuelta a su mansión.

-Bueno, ya estas preparada, así que es el momento de elegir tu vestuario. Ve desnudándote y te saco diversas opciones de ropa a ver cual te gusta más.

Con su falta de inhibiciones habitual, Welcome se quedó tal y como había venido al mundo, mientras el Herrero Mentiroso comenzaba a rebuscar en un enorme armario ropero. Tras andar revisando y descartando prendas, finalmente sacó una percha de la que colgaba un bikini de cota de mallas que mostró a Evangeline. La cara de la chica lo decía todo. Ninguna mujer podía haber sido capaz de mostrar tal gesto de contrariedad, orgullo y dignidad estando completamente desnuda.

-¿Pretendes que me vista como si acabara de salir de un catálogo de ropa interior para fans de la fantasía heroica? Ni que fuera un personaje diseñado por un ilustrador salido, por favor, que tengo dignidad...

Loki reculó y devolvió la escueta prenda a su sitio. Mientras seguía rebuscando aparecieron, y fueron rechazados por Evangeline, un bañador negro con un enorme rayo amarillo, un corpiño rojo con unas bragas azules, y un par de ceñidos trajes de cuerpo completo, uno verde con un pájaro amarillo sobre el pecho y otro de arlequín. Finalmente, el nórdico sacó algo que aprobó Welcome sin ponerle más pegas: una cómoda camisa, sobre la que vestir una cota de escamas, un casco vikingo con frontal, unos pantalones, cinto de cuero, una capa y botas de piel. Una vez elegido el atuendo, y mientras la joven se vestía, el Herrero Mentiroso pasó a registrar una pila de papeles hasta que finalmente halló lo que andaba buscando: una hoja que pasó a Welcome y que la chica miró extrañada.

-Mi generador de nombres de super héroes. Cosas que hago cuando me aburro. Como vas a ser una dísir honoraria, que mejor que ponerte un nombre de super heroína. Mira, te explico como va esto: escoges una letra griega de la primera columna, un complemento de la segunda columna y añades un nombre o alias. En tu caso, Welcome. Si quieres hacerlo de forma aleatoria tengo algunos dados por ahí.

Evangeline examinó detenidamente el generador de nombres y, tras una larga reflexión, finalmente señaló dos opciones que enseñó a Loki. Este aprobó la elección de la chica y paso a dar el toque final: entregarle el arma. Se fue unos instantes y volvió con una espada en una vaina de piel de shantak que entregó a Welcome. La joven la extrajo y observó con detalle la calidad de la forja. Se trataba de una magnífica hoja de color negro mate recorrida longitudinalmente por el grabado de una larguísima serpiente que se mordía la cola retorciéndose sobre sí misma como una cinta de Moebius. La empuñadura también era de cuerno de Gnoph-keh, lo que la convertía casi en una gemela de Cortatormentas.

Impulsada por algo que no sabía definir, Evangeline alzó la espada sobre su cabeza, apuntando hacia el cielo y sujetándola firmemente con ambas manos, al tiempo que clamaba:

-¡Soy Delta Wave Welcome! ¡Yo tengo el poder!

Loki sonrió, su plan estaba completo, ya tenía a su agente. Era el momento de dar las últimas instrucciones:

-Welcome, esta espada es Ouroboros, hermanda de Cortatormentas, y su poder es el de cortar el tiempo y el espacio. Con ella, no sólo podrás luchar contra aquellos seres inmunes a las armas convencionales, sino que podrás abrir rasgaduras espacio-temporales para desplazarte a través de esos portales que tu crees ya sea en el mundo de la vigilia o entre dimensiones. ¿Estás preparada para usarla?

-¡Por supuesto!

-Bien, ahora mismo hay un problema que creo que podrás solucionar fácilmente. Se trata de un gugo que, de alguna manera, ha llegado al mundo de la vigilia, cerca de Dunwich. Lo que tienes que hacer es concentrarte y usar a Ouroboros para abrir un portal que te lleve a la localización del monstruo.

Delta Wave Welcome asintió y, siguiendo las instrucciones de Loki, cortó la realidad. Sin embargo, al ser la primera vez, acertó con la localización pero con una cierta indeterminación: el portal estaba abierto a gran altura, por lo que la caída era importante. La chica se asomó insegura y pensó en intentarlo de nuevo cuando, de repente, el Herrero Mentiroso la impulsó a través de la rasgadura de una potente patada en el culo. Evangeline, sorprendida, sólo pudo gritar mientras caía directa hacia el gugo:

-¡Hijopuuuuutaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

El resto, como se suele decir, es historia, y estos son los hechos que relató Delta Wave Welcome a Harvey y Seabury Pickman sobre su origen secreto.

miércoles, 22 de julio de 2015

Gugodzilla


El vehículo se desplazaba por el norte de la región central de Massachusetts, tomó un desvío poco habitual al llegar al cruce con la carretera de Aylesbury nada más pasar Dean's Corners, adentrándose así en una extraña y poco poblada comarca. El terreno se iba haciendo más escarpado y las paredes de piedra cubiertas de maleza iban encajonando cada vez más la sinuosa carretera que, en otro tiempo, había sido poco más que un camino de tierra. Los árboles de los bosques eran allí de unas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzaban una frondosidad poco habitual y rara vez vista en regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados eran muy escasos y áridos mientras que las pocas casas diseminadas a o largo del camino presentaban un aspecto de decrepitud, suciedad y ruina. Mientras recorrían un recodo del camino que cruzaba una extensión boscosa, el conductor del coche y su acompañante vieron una enorme figura negra que parecía una monstruosidad arbórea que se alzaba sobre cuatro gruesas patas acabadas en pezuñas caprinas y cuyas ramas parecían tentáculos que sostenían un cartel en el que se podía leer, con caligrafía temblorosa, “A Arkham”.

-¡¿Pero tu has visto eso?! -exclamó sorprendido Seabury Pickman al pasar frente al Retoño Oscuro de Shub-Niggurath que estaba haciendo autoestop ante la impasibilidad de Harvey, su hermano, que conducía tranquilamente sin prestar excesiva atención al horror frente al que acababan de pasar. Éste, con voz calma, le respondió:

-Sí, pero no podemos recogerle ahora. Para empezar vamos hacia Dunwich, y, además, necesitaríamos un camión, en este coche no cabe. Con el poco tráfico que viaja por estas carreteras, va a tardar en encontrar a alguien que lo recoja. Habrá que avisar a Ana o a Brontes, a ver si se pueden acercar, porque como se enteren los de la Fundación Wilmarth, le meten una bomba.

-Pero, pero, pero... ¡Pero si es un horror arcano alienígena! ¡¿Y quieres ayudarle a llegar a Arkham?!

-Sí, ¿por qué no? Esta comarca está bastante deprimida económicamente y es normal que sus habitantes busquen la prosperidad en la ciudad.

-Ah, vale.

Ciertamente, la región de Dunwich nunca había logrado alcanzar un alto grado de prosperidad, y los acontecimientos desarrollados en 1928 por las acciones de una rama degradada de la familia Whateley no habían ayudado. La comarca, sumida en la degradación, el empobrecimiento y la endogamia, ni siquiera había logrado atraer la atención del turismo rural, pese a poseer pasajes de belleza abrupta pero fascinante. Ni siquiera la Miskatonic había tomado especial interés en la zona, particularmente desde el Horror desatado en los años 20 del siglo anterior. Sin embargo, pese a que era una parte del estado particularmente olvidada, se habían hecho esfuerzos por tratar de mejorar las infraestructuras, aunque esto se redujera a asfaltar los caminos de tierra y reconstruir algunos puentes que cruzaban el Miskatonic, que serpenteaba por la comarca de camino a Arkham. Durante mucho tiempo, la región de Dunwich había sido un foco pequeño pero significativo de los cultos de Tsathoggua y Yog-Sothoth, centrados en ramas degeneradas y endogámicas de antiguas familias. Sólo el desconocimiento general de esto había provocado que la región se convirtiera en escenario natural para películas de terror. Ni siquiera el movimiento hippie durante su etapa de máximo auge había logrado establecer allí alguna comuna mínimamente decente. Era curioso que, incluso los escasos retoños oscuros que habitaban aquellos parajes buscaran mejor suerte en la ciudad. La única muestra de interés por la región había sido la construcción de unas instalaciones por parte de BioGen, una oscura empresa de ingeniería genética que estaba interesada en estudiar la endogamia y las particularidades de la vegetación de la zona. Sin embargo, hasta el momento sus actividades habían llamado apenas la atención y el contacto con la Miskatonic era escaso.

Aquel día, Seabury estaba aprovechando la calma estival para hacer una excursión a la zona de Dunwich. Tenía interés por examinar con más detalle los extraños círculos de piedra que coronaban algunas de las colinas de la región. Por ello, y aprovechando que su hermano también parecía ocioso, le convenció para que le llevara. De paso, el detective podía aprovechar para investigar los rumores que le habían llegado sobre avistamientos de un big foot en la región.

Realmente Harvey no creía semejantes tonterías, pero nunca estaba de más asegurarse, no fuera que alguien hubiera estado hurgando en libros prohibidos, realizando ceremonias prohibidas e invocando seres prohibidos, para acabar teniendo relaciones sexuales prohibidas y acabar con un nuevo Horror de Dunwich. Así que aceptó la invitación de Seabury para hacer un viaje por la zona. No esperaba nada del otro mundo, y el encontrar al retoño oscuro haciendo autoestop tampoco le preocupó especialmente, tal vez hubiera sido el avistamiento de alguno de estos seres lo que había provocado los rumores, pero era mejor asegurarse.

A medida que se aproximaban al pueblo de Dunwich, o lo que quedaba de él tras décadas de endogamia y decrepitud, un temblor del suelo comenzó a poner nerviosos a ambos hermanos. Las vibraciones no eran particularmente fuertes, pero si capaces de hacerse sentir aun con el vehículo en marcha y recorriendo la carretera que cruzaba aquella comarca. Sin embargo, eran cada vez más intensas, como si algo grande y pesado se desplazara hacia ellos. De entre la espesura se alzó una zarpa negra y peluda, de unas tres cuartas de anchura, provista de terribles garras. Apareció otra, y después un brazo enorme al que estaban unidas ambas zarpas por dos cortos antebrazos. A continuación, entre la espesura de las ramas surgió una cabeza de pesadilla, del tamaño de un barril, con dos ojos rosados que sobresalían unos 5 centímetros, protegidos por protuberancias óseas cubiertas de pelo encrespado. Pero lo más terrible de aquella monstruosa testa era la boca, provista de enormes colmillos amarillentos, que recorría la cabeza de arriba abajo, abriéndose en vertical. Se trataba de un gugo, un gigante de las Tierras del Sueño. Por algún extraño motivo, aquel ser había logrado llegar al mundo de la vigilia, aunque, afortunadamente, lo había hecho en una región poco poblada, donde representaba un peligro menor. Sin embargo, no dejaba de constituir una amenaza, tanto para los habitantes de aquella comarca como para las poblaciones vecinas. Podía ser detenido, pero para ello necesitaban un despliegue de artillería que no llevaban consigo.

Harvey frenó bruscamente y dio la vuelta al coche. Podía avisar a la Fundación Wilmarth, y sería problema de ellos, que seguramente solucionarían poniendo una bomba o haciendo algo por el estilo. Pero acabarían por causar bastantes daños, cosa que al detective no le hacía particularmente gracia. Tenían que buscar la forma de detener al coloso antes de que causara auténticos problemas, si no lo había hecho ya. Rápidamente trató de pensar en alguna solución, pero no había nada que pudiera hacer así de improviso, salvo alejarse de allí lo más rápidamente posible, regresar a la ciudad y allí aprovisionarse con todo lo necesario para acabar con aquel monstruo o devolverlo a las Tierras del Sueño. Tal vez Araknek pudiera ayudarles, pero primero tenían que volver.

Seabury, por su parte, menos acostumbrado que su hermano a estos seres, trataba de mantener la calma. Aquel gigante era una auténtica amenaza y sabía que debían hacer algo, aunque por el momento sólo podían regresar. Por suerte, Harvey no se lo pensó mucho y enfiló la carretera de regreso a Arkham, no sin antes darse cuenta de que el gugo los había visto y comenzó a perseguirlos lanzando terribles rugidos y tratando de atraparlos con sus zarpas.

-Genial -suspiró Seabury-, ahora toca una escena de persecución. Aquella carretera no era el mejor escenario para circular a gran velocidad, así que Harvey hizo lo que pudo mientras tomaba las curvas lo más rápido que podía sin ponerse en verdadero peligro. Cuando llegaron hasta donde estaba el retoño oscuro autoestopista, éste les vio pasar de nuevo, sorprendido, pero cambió rápidamente de “expresión” al ver corriendo tras ellos al gugo. Se le pusieron los tentáculo de punta y comenzó a correr a tal velocidad que no tardó en alcanzar al vehículo.
Pero el gigante no estaba dispuesto a dejar escapar a sus presas, por lo que arrancó un árbol de raíz y lo lanzó para que aterrizara frente al vehículo y el horror arbóreo de Shub-niggurath. Aunque Harvey no era mal conductor, apenas logró frenar a tiempo, por lo que no puedo evitar el impacto contra el árbol arrojado por el gigante. Por suerte, no fue demasiado fuerte el choque, por lo que sólo quedaron aturdidos. El autoestopista, por alguna razón, decidió que sería mejor que trabajaran juntos, por lo que les ayudó a salir del coche accidentado mientras el gugo se aproximaba. Los tres, viéndose ante tan terrible situación, decidieron unir fuerzas para derribar al coloso.

Mientras el ser de las Tierras del Sueño se aproximaba, sonó un potente trueno al tiempo que en el firmamento, a gran altura, se abría lo que parecía una brecha en la realidad sobre el gigante. Por ella descendió en caída libre una figura que parecía gritar algo. A medida que se hacía audible e inteligible por la caída, sonaba algo así como:

-¡Hijopuuuuutaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

El gugo, al darse cuenta de que aquella figura caía justo sobre él, abrió por completo su boca dispuesto a devorarla. Cuando lo hizo cerro las fauces de golpe, pero antes de que pudiera hacer nada más, pareció progresivamente sorprendido, desconcertado, dolorido, muy dolorido, sufriendo una agonía horrible y, finalmente muerto, mientras de su boca manaba sangre y entre las piernas del ser se abría paso la criatura a la que había devorado. Cubierta por la baba, sangre y otros jugos ignotos del cuerpo del gugo, surgió un ser humanoide, que juraba como un marinero, ataviado con una cota de escamas, un casco de hierro con frontal, de diseño vikingo, un amplio cinturón de cuero del que colgaba una vaina, una capa, pantalones y unas botas altas de gruesa y dura piel. En su mano derecha empuñaba una espada de color negro con un diseño plateado que recorría la hoja. Bajo el casco, asomaba una trenza rubia, y el contorno del torso, así como el timbre de la voz, indicaban que se trataba de una mujer.

-¡He vuelto a nacer! -exclamaba la chica tras haber atravesado de parte a parte al monstruo.

Mientras Harvey, Seabury y el retoño se recuperaban de la impresión, la guerrera nórdica se puso en pie y trató de escurrirse parte de la porquería que la cubría. No era tarea fácil, y tanto las ropas como ella misma, necesitarían unas buenas sesiones de lavado antes de volver a estar en condiciones. Sin embargo, tanto la figura como la voz les resultaban familiares a los Pickman. Finalmente fue Seabury el que habló:

-¡¿Welcome?! ¿Eres tú?

La chica les miró, sonrió y se quitó el casco, revelando la atractiva cara de Evangeline Parker.

-Welcome strangers, ¿cómo va todo? Delta Wave Welcome a vuestro servicio. Y ahora, ¿qué tal si apartamos ese tronco y si el coche aun funciona regresamos a Arkham? Necesito una ducha pero ya.

Seabury y Harvey se miraron y, simultáneamente, se encogieron de hombros. Todo aquello necesitaba una explicación, pero sería mejor tenerla en La Llave y la Puerta, con calma y tiempo. Sin duda tenía que haber una razón lógica para que de repente Evangeline hubiera caído del cielo, literalmente, y atravesara de parte a parte un gugo con aquella extraña espada. Mientras, con la ayuda del retoño oscuro, retiraron el tronco, pero el coche parecía no querer arrancar. Welcome, o Delta Wave Welcome, al comprobar que el vehículo iba a dar problemas, desenvainó la espada, la enarboló sujetándola con las dos manos y lanzó un mandoble que cortó la realidad. Aquello dejó sin palabras a los hermanos. Al otro lado de la rasgadura podían ver la residencia. Juntos, empujaron el coche por la grieta espacio-temporal y tanto ellos como el retoño aparecieron junto a La Llave y la Puerta. Ciertamente todo aquello iba a necesitar una explicación.