martes, 25 de agosto de 2015

La maldición que llegó de Japón (parte 2)

-¡¡¡¿Pero tú eres tonto?!!! -exclamó Brontes mientras pensaba que aquello no debía haber sido una pregunta, sino una afirmación más cierta que "el agua está mojada".

Summanus trató de tranquilizarlo, pues el cíclope estaba comenzando a convocar una tormenta sobre el edificio de la residencia, y eso probablemente les daría una mala publicidad (a nadie le gusta ver en los buscadores de hotel y residencias estudiantiles de internet, que la que regentas tiene periódicamente tormentas localizadas precisamente encima de ella, eso disuade a posibles clientes).

-Yo no tengo la culpa de que los Illuminati hayan envidado una trampa para eliminarme. De hecho, eso sólo demuestra que tengo razón -dijo Robert.

-¡Lo único que demuestra es que un paramecio tiene más seso que tú! -le respondió Brontes echándose las manos a la cabeza.

-Venga, venga, vamos a calmarnos... Sólo es una marioneta, no puede haber ido muy lejos ¿verdad? -dijo Summanus mirando a uno y otro.


Mientras esto sucedía, en la Facultad de Cocina de la Universidad de Miskatonic se mascaba una tragedia (sí, hay una facultad de cocina, en ella, científicos reputados realizan ecuaciones que buscan el sabor definitivo de la salsa barbacoa y otras deliciosas investigaciones).

Esta facultad daba cursos de verano para estudiantes que no se quedaban contentos con nueve meses de estudios y querían más. Este año en cuestión, ofertaba el curso "Física Cuántica aplicada a la realización de tortillas" [3 créditos de libre configuración], y para ello habían instalado en la cocina un acelerador de partículas portátil que la universidad había comprado unos meses antes. La verdad es que nadie sabía dónde ni a quién habían comprado un aparato como ese, pues el vulgar acelerador de partículas suele ser de tamaño Godzilla, y este era de tamaño vaca común. Como en otros casos, era más sano no hacer preguntas.

Mientras el profesor/chef explicaba a los alumnos los inextricables procedimientos para hacer una tortilla más sabrosa , la puerta del aula/cocina se abrió de repente y todos los alumnos miraron en aquella dirección. Hasta que no bajaron la vista, no vieron que allí había lo que parecía un diminuto samurai.

-Vaya, me dijeron que en esta universidad había gente rara, pero esto no me lo esperaba -dijo el profesor/chef.

El diminuto samurai entró en el aula/cocina dando largos pasos que le llevaron hasta la mesa donde descansaba el acelerador de partículas.

-Ey, ten cuidado con eso, que es muy caro -le dijo el profesor/chef.

La marioneta giró la cabeza hacia el que le había hablado y, de repente, un rápido giro hizo que la cara de samurai desapareciera y mostrara otra mucho más terrible.

-Debí quedarme en Superchef...


La puerta de la residencia se abrió de golpe, tras sonar un potente trueno, y entró Anna Pickman, con cara de "no desearías cruzarte  con ella". Estaba totalmente empapada e iba dejando un reguero de agua según caminaba hacia recepción.

-¿Dónde... está... ¡BRONTES!?

El pobre recepcionista, que aún no se había recuperado de la visión de la abominable criatura que había visto hacía unas horas, señaló con el brazo al interior del establecimiento. Anna cruzó el vestíbulo con largas zancadas de avestruz y atravesó varias puertas hasta que dio con el cíclope, vestido como Sherlock Holmes en las películas antiguas (pipa en la boca incluida), Summanus con su habitual disfraz y... ¿Robert? ¿Qué hacían estos dos juntos? Definitivamente, pasaba algo muy extraño.

-Eh... hola, Anna... veo que te has mojado con la tormenta... eh... -dijo Brontes.

-Sí, me he mojado con la tormenta. Esa que cae de la inmensa nube negra redonda que hay encima de la residencia ¡¿es que estamos en una serie de dibujos animados o qué?! Llevo un día horrible. Tengo que ir a la Miskatonic, porque por lo visto alguien ha tocado lo que no debía y ha creado una tortilla con cebolla carnívora, me cargo al bicho como puedo, y después de eso, cuando me dispongo a venir a relajarme ¡¡¡me encuentro con el chaparrón!!!

-Vaya -musitó Brontes -¿Pero la tortilla era la carnívora o la cebolla? Porque no me ha quedado claro...

-¡¡¡Me voy a cagar en...!!!

Antes de que Anna entrara en modo Supersaiyan, Summanus volvió a aparecer como voz de la razón e intentó calmar a la joven Pickman sacando de vete a saber dónde un gato que había quedado por allí desde el día en que hicieron su visita a Brontes.

-Mira qué bonito gato, Anna, cógelo, que el pobrecito está solo y va a ser mejor y más útil que intentar matar a Brontes, que va a ser bastante dificil, porque es inmortal, así que...

-¿Que es inmortal? -le interrumpió Robert -Eso quiere decir que sabe algo de los Annunaki, tengo que hacerte un montón de preguntas que...

-No es el momeeeeento -interrumpió Summanus.

El gato, y sus ronroneos, en brazos de Anna, bastaron para calmarla, y ella volvió a darse cuenta de la extraña reunión que había encontrado.

-¿Me vais a decir qué está pasando?

-En pocas palabras -dijo Brontes -. Unos amigos de japón me habían enviado una marioneta maldita para que la estudiara, pero por alguna razón cayó en manos del estulto de tu primo y éste la ha dejado suelta.

-Esa es la versión oficial, claramente manipulada por los organismos de poder -dijo Robert -. Lo que realmente ha pasado, es que los Illuminati han descubierto mi investigación de su sección infiltrada en la universidad, así que han enviado un dispositivo maléfico para silenciarme, pero antes de que pudiera estudiarlo, los villanos lo activaron.

-¡¿Ves cómo es tonto?! -dijo Brontes señalándolo con los brazos.

Anna torció el gesto y miró hacia arriba.

-La verdad es que no sé quién de los dos es más tonto. O tú, Brontes, por traer una marioneta maldita a un lugar como Arkham, en el que en un día normal tenemos dos invasiones extradimensionales, un asalto desde lo más profundo del mar, un científico loco inventando algo que no debía, y varias negociaciones entre criaturas que pueden provocar el apocalipsis... y eso sólo antes del almuerzo; o tú, Robert, por meter las zarpas donde no debes, manipular un objeto que no te han mandado a ti y después echarle la culpa a los illuminati.

-¡Es que han sido los illuminati! ¡Tengo pruebas! Hay un video de Youtube que...

-Bueno -dijo Anna ignorándole claramente -, nuestra misión es encontrar a esa marioneta antes de que provoque algún daño ¿dónde puede haber ido?

-Por lo que me contaron, esa marioneta buscará destruir de la peor forma a su nuevo dueño, que puedo ser yo... o Robert, así que debe estar buscando la manera más horrible de matarnos. Seguramente esté buscando el hilo musical para poner una canción de Juan Magán.

 -Nadie es tan cruel, Brontes... -le dijo Summanus con un escalofrío.

Fueron caminando hacia una puerta que llevaba a los sótanos de la residencia.

-Bueno, con todos esos datos tan claros que me habéis dado -dijo Anna -, me parece que la marioneta puede estar en cualquier parte.

Anna abrió la puerta y, al otro lado, se encontró cara a cara con la marioneta, con la cara malvada, y tras ella ¡¡¡el acelerador de partículas portátil!!!

-O, bueno... puede estar precisamente aquí.

La marioneta alzó la mano hacia el interruptor del temible aparato.

-¡No! -exclamó Summanus - Es un acelerador de partículas, si lo activa aquí, se puede liar una peor que Half-Life, y aquí no tenemos palanca ¡no tenemos palanca!

-Cálmate, Summanus, no le dará tiempo a encender el cacharro. Estando aquí yo, un dios del trueno, y Anna, la exterminadora de seres sobrenaturales, nada malo puede suceder.

De repente, la marioneta dio un salto, cogió el gato que hacía unos momentos había estado en manos de Anna, y se lo lanzó a Brontes a la cara, donde se puso a bufar y maullar furioso.

-¡Zape! ¡Zaaape! -gritaba Brontes intentando quitarse al gato, que no paraba de revolverse.

Anna fue a dar una patada voladora, pero la marioneta, con una agilidad inusitada, le lanzó varios flotadores, que vete a saber de dónde había sacado, que capturaron a la joven.

Antes de que nadie pudiera hacer nada más, la marioneta sacó una pizarra que tenía detrás del acelerador de partículas en el que ponía escrito en letras mayúscuas: DETRÁS DE TI HAY UNOS REPTILIANOS MASONES.

-¡¿Dónde?! ¡¿Dónde?! -exclamó Robert girándose y dando vueltas en busca de sus enemigos natos.

Summanus abrió la boca e intentó capturar a la marioneta con la lengua, pero esta sacó una trampa matarratas y se la puso delante. Al contacto con la lengua de Summanus, la trampa salvó y se le quedó enganchada, dejando al dinosauroide dando saltos de dolor.

Con una expresión de malignidad infinita, la marioneta volvió junto al acelerador de partículas y se dispuso a presionar el botón que lo activaría, desatando un caos imparable... cuando de repente, algo apareció por detrás, abrió la boca, y se la comió.

Pequeña T'auin masticó impertérrita la extraña comida que había capturado y tragó. Miró con curiosidad al grupo de humanos (y dinosauroide... y dios del trueno), y siguió con sus cosas.


Anna consiguió arrancarse los flotadores y quitó al gato de la cara de Brontes, que había quedado toda arañada. Después ayudó a Summanus a quitarse la trampa de la lengua y juntos se quedaron mirando a Robert, que seguía buscando a los reptilianos masones por todas partes.

-Espero que hayamos aprendido la lección de hoy -dijo Anna.

-Sí -respondió Brontes -, que pase lo que pase, siempre se solucionará todo de la forma más imprevista.

-Esa no es la lección de hoy, la lección de hoy es...

Brontes interrumpió a Anna y le pasó el brazo por el hombro, pasando el otro por el hombro de Summanus.

-Da igual cual sea la lección. Lo importante es que hemos salvado la situación y hemos solucionado el problema.

-Y tal -dijo Summanus.

Volvieron por la puerta por la que habían entrado, dejando allí a Robert buscando a los reptilianos masones.

-No importa dónde os escondáis. Os encontraré, tarde o temprano os encontraré... Bwa-hahahahaha.