viernes, 28 de abril de 2017

Pánico en los túneles (Parte 4): La guarida de los hombres topo

-Esto es de guasa -dijo Konstantin, miembro de los morlocks comunistas, después de caer entre paredes de roca suelta hasta una nueva zona de los túneles de Arkham.

El agujero que se había abierto bajo el suelo donde él y los dos idiotas que lo acompañaban se habían escondido de la avalancha de gusanos cabreados, lo había llevado a una caverna llena de estalactitas y estalagmitas, con terreno desigual y tan sólo iluminado levemente por los hongos. Aquellos hongos que nadie sabía de dónde habían salido, pero que habían infestado todos los túneles, y ayudaban con su fosforescencia a que los habitantes del mundo subterráneo pudieran ver por dónde iban sin ayuda tecnológica. Habitantes que, por cierto, empezaban a ser demasiados. Y pensar que aquello comenzó siendo una red de túneles de gules y de contrabandistas. Ahora sólo faltaba una promotora inmobiliaria para alquilar parcelas en aquél mundo subterráneo.

Lo que tenía a su alrededor, y había hecho que de su boca surgieran esas palabras, era un grupo de criaturas del tamaño de niños grandes. Todos ellos estaban arrugados como pasas. De hecho, podrían ser descritos como pasas que han aprendido a caminar y han tomado forma antropomorfa. Eran pálidos, como buena criatura habituada a vivir en la completa oscuridad, y en sus fofos rostros había diminutos ojillos que observaban con odio al morlock y a sus acompañantes. Para alivio de Konstantin,  vestían con taparrabos, así que le aliviaban de tener que ver más de lo necesario de la anatomía de aquellas cosas. La mayoría de ellos les apuntaban con lanzas, hachas, y otras armas rudimentarias, mientras lanzaban gruñidos y enseñaban sus amarillentos dientes.

El becario y Robert Pickman se levantaron, indemnes tras la caída, y observaron lo que tenían delante.

-¿Qué es eso? ¿Tcho-Tchos subterráneos? -preguntó el becario.

-¿Qué es un choe-choe? -preguntó Robert Pickman.

-Una palabra malsonante en español -fue la respuesta de Konstantin, o su equivalente para mandarlos callar. Las criaturas eran claramente hostiles, pues no hacían más que hostigarles con sus armas y gruñirles constantemente. Konstantin no había visto a esta raza en particular hasta ahora, pero por el fétido olor que había en la caverna, y otras consideraciones relacionadas con expedicionarios morlock, tenía una idea de quienes eran aquellos tipo-pasa. Si no había suficiente con la persecución de los gusanos, ahora tenían que hacer frente a una tribu de hombres topo.

Los hombres topo que les estaban molestando con las puntas de las lanzas y los gruñidos se apartaron ante la llegada de alguien que parecía importante -entre otras cosas, porque era más alto que los demás-. Era igual de arrugado y feo que sus compañeros, pero iba vestido con más ropa, que le cubría como una túnica. Llevaba una vara o bastón de madera y fue caminando con determinación hacia el grupo que había caído de repente en su caverna.

-¿Quién osa invadir las tierras de los hombres topo? -preguntó el individuo.

-Increíble... habla en perfecto inglés -dijo el becario estupefacto.

-Pues claro que hablo en perfecto inglés, mono parlante, fui alumno de intercambio en la Universidad de Miskatonic hace décadas. respeto a los monos parlantes del exterior, siempre y cuando no se metan en el territorio de los hombres topo. Pero por lo que veo, vosotros no habéis hecho eso. Habéis destrozado el techo de nuestro palacio y habéis aparecido aquí con vuestras armas y vuestros artefactos perniciosos. La tecnología de los monos parlantes es el mal. Nosotros abogamos por lo natural y cualquier cosa que se aleje de ello es, para nosotros, una ofensa. Por lo tanto, venir aquí, sin invitación, destrozando el palacio, y cargados de tecnología malvada, es un grave insulto para nuestra sociedad. Seguro que venís con alimentos transgénicos que pretenderéis usar para menoscabar nuestra supremacía en los túneles haciendo que los comamos y enfermemos.

-Di que sí, los transgénicos son el mal -dijo Robert -¿me dejas hacerte una foto para demostrar que existes?

Antes de que pudiera sacar la cámara, varios guerreros hombres topo se acercaron gruñendo y apuntándole con las lanzas.

-¡Ni se te ocurra usar esos artilugios aquí! ¡Acabo de decir que los odiamos y vas, y quieres sacar uno delante de nosotros! ¡¿Es que eres idiota?!

-Sí, es un poco idiota -respondió Konstantin, hablando antes de que esos dos la liaran otra vez, como habían hecho con su reunión con el gusano Trolololo. -Nuestra presencia en su... eh... palacio... ha sido provocada por un accidente. Como accidente, que estemos aquí ha sido de forma involuntaria, por lo que agradeceríamos a los hombres topo que nos dejen salir de su territorio y volver a nuestros túneles.

El líder de la tribu observó al trío con sus pequeños ojos, sopesando qué hacer con ellos. Después de volver a ver a Robert intentando grabarlos ocultando su cámara de la manera más cutre, la furia invadió el líder de los hombres topo y, con un grito de rabia, ordenó a sus tropas que llevaran a los intrusos a los calabozos. Konstantin dejó que los llevaran. Podía acabar con ellos con varias ráfagas de su arma, pero no quería comenzar un incidente diplomático entre los tribus de hombres topo y los morlocks comunistas. Los calabozos resultaron ser unos agujeros en la roca con barrotes de madera. Al menos estaban iluminados con antorchas para que los prisioneros del exterior pudieran ver, pero esta era toda la comodidad que había en el lugar. Los hombres topo lanzaron a los intrusos dentro de una de las celdas y el líder de la tribu se dirigió a ellos.

-Os quedaréis aquí mientras decidimos qué hacer con vosotros... y agradeced que no comamos cosas como vosotros, alimentados con productos envasados, comida industrial y otras basuras, en el siglo XIX habríamos hecho una parrillada con vosotros.

Konstantin se preguntó cuantas veces podía decir la palabra vosotros dentro de un mismo discurso, mientras el líder se marchaba de allí dejando a varios guardias. Fue marcharse el líder, y sus dos acompañantes comenzaron a comentar con febril pasión lo que acababan de ver y compararlo con sus conocimientos de seres parecidos, fueran criptozoológicos o entidades relacionadas con las DCC. El morlock no sabía cuanto tiempo podía aguantar de tanta tontería, hasta que se dio cuenta de que en la celda de al lado había alguien. Se acercó a mirar y echó un vistazo. Lo que vio le hizo pensar que estaba viviendo dentro de un relato pulp. Un aventurero canoso, con bigote poblado, sombrero, y típicas ropas de explorador acompañado de una voluptuosa rubia, vestida como él, pero con menos ropa... vamos, que llevaba unos shorts, un chaleco y una camiseta que había sufrido varios desgarros en lugares sospechosos.

-Hola a los de ahí -dijo Konstantin -¿Quiénes sois? ¿Cómo habéis acabado aquí?

-Soy el profesor Arbogast, y esta es mi acompañante,  la encantadora Lady Olsen -dijo el aventurero del bigote canoso. -Nos introdujimos en unos túneles en el lejano oriente intentando encontrar una fabulosa ciudad escondida, y no sé cómo acabamos perdiéndonos por una red de túneles y nos encontramos con estas horrendas criaturas. Nos capturaron y nos dejaron aquí.

-Vale... ya está... vivo en un relato pulp -dijo Konstantin. -¿Qué va a ser lo próximo? ¿Extraterrestres en un platillo volante?

-¡¿Has dicho un platillo volante?! -exclamó Robert de repente. -¿Dónde? ¿Dónde está? ¡Tengo que grabarlo!

-¡¡¡Deja ya esa odiosa cámara!!! Cada vez que la sacas nos metes en líos -le espetó Konstantin. Su paciencia comenzaba a acabarse. -Además, aquí no hay ningún puñetero platillo volante...

Ni siquiera acabaron esas palabras de salir de la boca del morlock, y un estruendo recorrió los túneles de la mazmorra de los hombres topo. Se oían gritos y gruñidos, y los hombres topo corrían de aquí para allá. Konstantin se preguntaba qué estaba pasando hasta que vio pasar, delante de su celda, lo que parecía una nave espacial de las películas de los años '50... con ruedas... y para colmo, iba tripulada por un ser de pequeño tamaño y gran cabeza, ojos achinados y color gris. Este ser sacó un arma laser y comenzó a disparar indiscriminadamente mientras lanzaba gritos en algo que parecía alemán.

Robert estaba con los ojos como platos. Señalaba hacia el platillo volante y miraba al becario.

-¡Un OVNI! ¡UN OVNI! ¡Y ESTÁ TRIPULADO POR UN GRIS! -Su excitación era tanta que era capaz de arrancar los barrotes de madera con sus manos desnudas, pero, por supuesto, no hizo esto, sino que sacó su cámara y comenzó a grabar como un loco.

-¿Quienes son estos tipos? -se preguntó Konstantin después de la sorpresa inicial. Sus armas eran claramente superiores a las de los hombres topo, y él no podía permitir aquella masacre gratuita, por lo que sacó su fusil y disparó contra el alien gris que tenía enfrente. Con esto salvó la vida de un hombre topo, que se le quedó mirando. -Tú, abre la celda y os ayudaré con estos invasores.

El hombre topo no dudó y abrió la celda, dejando libre al grupo. Konstantin fue inmediatamente hacia el platillo volante con ruedas y lo observó detenidamente, pero los sonidos de los disparos láser le llamaron la atención más allá de las mazmorras. Salió corriendo, dejando atrás a Robert y al becario, que estaban estudiando y grabando el cadáver del gris y su nave, y se encontró con la dantesca escena de los aliens disparando a los miembros de la tribu de hombres topo, que no tenían forma de defenderse. Con su fusil en una mano y el arma lanzarrayos del gris en la otra comenzó a disparar a los invasores mientras lanzaba tacos en ruso.  Los grises respondieron a los disparos del morlock, pero era tal la rabia de éste, que superaba con creces a las defensas alien, cosa que hizo subir la moral de los hombres topo, que contraatacaron con piedras y armas arrojadizas, haciendo que los invasores huyeran por el túnel por el que habían aparecido.

Konstantin miró a su alrededor. Había muchas bajas entre los hombres topo, y había fuego ardiendo por todas partes, pero la tribu celebraba su victoria contra los invasores con regocijo. El líder de los hombre topo se acercó al morlock y lo miró con claro respeto.

-Nos has sido de gran ayuda en este horrible ataque, mono parlante, por lo que te perdonaremos a ti y a tus acompañantes -dijo el líder de los hombres topo.

-He hecho lo que debía hacer -fue la respuesta de Konstantin.

El líder de la tribu y un pequeño grupo de soldados acompañó al morlock a las mazmorras, donde Robert se estaba haciendo fotos con el gris y saludaba alegremente al becario. Cuando se dieron cuenta de que volvía el morlock, dejaron el cadáver del alien en el suelo y se plantaron como si no estuvieran haciendo nada.

-Los hombres topo, con benevolencia, han decidido perdonarnos y dejarnos marchar... así que guardad las puñeteras cámaras, no grabéis más y salgamos de aquí. -dijo Konstantin.

-Pero... pero son grises ¡Grises! ¡Sabía que vivían entre nosotros! ¡Reptilianos y grises! Voy a tener más visitas en mi blog que aquél que subía fotos de famosas desnudas. Todo el mundo va a conocer la verdad. Nadie ocultará esto ¡nadie!

-Vale, no lo ocultará nadie y blablabla, pero eso o harás cuando salgamos de los túneles. Ahora dejemos el territorio de los hombres topo.

-Oiga... oiga -dijo una voz desde la celda de al lado. El profesor Arbogast sacaba la mano entre los barrotes. -Por favor, sáquennos de aquí. Les ayudaremos contra esos extraterrestres.

Konstantin miró al líder de la tribu.

-Lleváoslos. Total, no sabíamos qué hacer con ellos.

La celda se abrió y el profesor Arbogast salió seguido de Lady Olsen, que se enganchó con una estalactita y desgarró un poco más su camiseta, que ya estaba a punto de dejar todo al descubierto.

-Uy... qué descuido -dijo poniendo una O en sus labios mientras los tapaba con la mano.

Konstantin dio un arma de los aliens al profesor Arbogast y a LadY Olsen -a Robert y al becario no... esos mejor que fueran con su cámara y sus piedrecitas de estrellas-. El morlock se despidió del líder de la tribu de hombres topo y le prometió que vengaría aquel ataque por parte de invasores tecnológicos. Según iba dejando atrás el territorio de los hombres topo, seguido de su nuevo grupo, se iba preguntando quienes serían aquellos aliens. Hablaban en algo parecido al alemán y aquello era un ataque claramente genocida. Nunca había visto ni oído hablar de estos. Eran nuevos en los túneles, y por el manifiesto comunista que iba a descubrir quienes eran y a qué habían venido.

jueves, 20 de abril de 2017

Pánico en los túneles (Parte 3): Blitzkrieg subterránea

El Volkswagen Kübelwagen modelo 82 era el vehículo habitual de desplazamiento de los Einsatzgruppen del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Era resistente, fácil de conducir y podían montar una escuadra básica de tropas o un oficial con sus ayudantes y escoltas. Además, era un vehículo todoterreno al que se le podía adaptar un arma, en concreto una ametralladora MG 42-R, el modelo reptiliano del arma alemana de la II Guerra Mundial. Esto no era nuevo, los RNLO tenían una obsesión casi patológica con lo nazi. Aunque también compartían ciertos aspectos de la ideología supremacista fascista del reich de Hitler, resultaban más pragmáticos y manejables. O tal vez se debiera a que se habían tenido que adaptar a su situación en Arkham. No había que olvidar, que, pese a todo, cual villanos reincidentes de una historia pulp, seguían tratando de conquistar la ciudad y el país y el mundo con extraños y desconcertantes planes. Pero, en esta ocasión, no habían tenido más remedio que pedir ayuda. Así, mientras el todoterreno avanzaba por los túneles bajo la ciudad de Arkham, conducido por el Unterfeldwebel Bazzu. A su lado, la Hauptmann Ammetu le indicaba la dirección a seguir en los diferentes cruces. Detrás, El que Legisla tras el Umbral y Canina andaban algo amodorrados. Tras ellos, manteniendo la velocidad del vehículo, corría el Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov. Los tres conocían bien los túneles y no estaban viendo nada interesante por las zonas que atravesaban: una discoteca morlock; el cubil de unos seres cerdo que adoraban a William Hope Hodgson como su dios, curiosamente con un altar lleno de referencias marinas; un culto neopagano haciendo un rito fusión de sincretismo extraño budista vikingo con un ídolo de Nyarlathotep en su forma de El que Comenta en la Oscuridad y, finalmente, un templo secreto en donde los masones-illuminati luchaban contra los illuminati-templarios para ver cual de los dos grupos era el que iba a dominar la ciudad en secreto, aunque en realidad eran grupos de amigos con delirios de grandeza y no dominaban ni en su casa.

El problema de los túneles bajo Arkham era que se habían convertido, con el paso del tiempo, en un refugio para todos los grupos, colectivos, conspiraciones de opereta y bandas que eran demasiado ridículos, raros o, simplemente, cutres, como para que se los tomara alguien en serio en la superficie. O tan sólo buscaban un lugar en donde no llamar demasiado la atención. En cualquier caso, había sectores subterráneos en donde no podías avanzar unos metros o girar una esquina sin encontrarte con alguno de esos grupos. Así, pues, no había nada nuevo en todo aquello. Sin embargo, tras pasar aquellas zonas y aproximarse al sector en donde se hallaba la base principal RNLO y las áreas a investigar, sucedió algo raro. De improviso, al girar por una intersección, se encontraron con un grupo de individuos vestidos con túnicas rojas y que huían como locos. Cargaban, además, con un curioso trono que llevaban en una plataforma a hombros. Al verlos llegar, Bazzu detuvo el vehículo y los dejó pasar, por ese lado no hubo problema. El problema venía persiguiendo a los sectarios adoradores de El Gran y Poderoso E, pues tales eran los sujetos vestidos de esa manera, y el trono era en el que se suponía estaba su deidad. Pero el saber que hacían allí abajo era otra cuestión. Por el túnel, siguiéndolos, se acercaba una horda de gusanos muy enfadados de cerca de dos metros de largo. Ciertamente ese si que era un problema a resolver. Sin mucho tiempo para prepararse y desarrollar una estrategia, fueron a lo más rápido y básico: sacaron todas las armas que tenían disponibles y se dedicaron a ametrallar a todo lo que se les ponía por delante. Para ello, montaron una MG 42-R en el afuste delantero del vehículo, que comenzó a disparar la capitana reptiliana; Ammetu cogió un fusil de asalto; El que Legisla tras el Umbral se hizo con sus cuatro fusiles Ak-74; Canina, poco acostumbrada a las armas de fuego, se quedó preparada para luchar si los gusanos llegaban al coche; por su parte, el robot comunista nazi tomó una pesada ametralladora gatling y se unió a la línea de combate.

Los gusanos parecían sumamente enfadados y avanzaron hacia ellos cargando ciegamente. El grupo de defensores abrieron fuego de inmediato. La batalla, aunque resultó breve, fue brutal por su intensidad y violencia. Las balas salían en ráfagas sin cesar, interrumpidas sólo por los tiempos necesarios para cambiar los cargadores. Pero nada parecía detener a los gusanos pese a las enormes bajas que estaban sufriendo. Cuando, finalmente, llegaron hasta el coche, Canina entró en acción. Mientras los demás dejaban sus armas y empuñaban cuchillos de combate, la welclon gul desplegó toda su furia, lanzándose con saña contra los enemigos. Resultaba sorprendente ver a la joven, con el físico de Evangeline "Welcome" Parker, pero con el rostro de rasgos caninos, las garras en sus manos y la piel pálida, moverse con una agilidad sorprendente. Se abalanzaba sobre los gusanos, destrozándolos con sus garras y partiéndolos por la mitad a mordiscos. Ciertamente no era una visión muy gratificante. Pero si que era mortalmente efectiva. Pero ella no era la única que luchaba sin tregua. El Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov también demostraba que había sido creado como tropa de asalto robotica. Su modelo era una soldado mecanizado multipropósito, por lo que sus brazos acababan en garras metálicas capaces de asir diferentes armas o luchar con las manos desnudas. Y esto último era lo que estaba haciendo en ese momento. Tras dejar de lado la ametralladora, se había dedicado a combatir contra los gusanos con todas sus energías. Estos trataban de herirle, pero su coraza era demasiado dura para que las mandíbulas de los vermiformes le hicieran algún daño. Por ello, se estaba entregando al máximo para poder derrotarlos. Por su parte, El que Legisla tras el Umbral se había unido a los dos reptilianos en una matanza despiadada y sin tregua usando cuchillos. El abogado, con sus cuatro brazos, se movía como una picadora de carne arrasando las filas de sus adversarios. Ammetu y Bazzu también demostraron sus méritos en el cuerpo a cuerpo contra aquellos seres tan furiosos.

Finalmente lograron matarlos a todos. Cansados por el intenso esfuerzo, con las ropas desgarradas por los mordiscos de los gusanos y las babas que segregaban, pudieron por fin descansar. De repente, a sus espaldas, escucharon unos sonoros aplausos. Sorprendidos, al darse la vuelta, se encontraron a los sectarios de El Gran y Poderoso E aplaudiendo y elogiando su actuación. El grupo estaba bastante sorprendido y desconcertado. Mientras ellos luchaban, los sujetos esos de túnicas rojas estaban mirando tranquilamente. Para explicar lo que sucedió en ese momento hay que hacer algunas aclaraciones previas. En una buena historia de aventuras de carácter pulp, las mujeres atractivas que participan en peleas y escenas de acción no es raro que acaben con las ropas desgarradas de forma absurdamente sexy, particularmente en las ilustraciones. Así, tenemos que Canina, que había estado muy metida en la lucha, había visto su vestimenta destrozada de manera que se volvía bastante reveladora. Sin embargo, sus rasgos perrunos y el momumental enfado que llevaba la hacían más amenazadora que sensualmente atractiva. Así que no estaba muy de humor para adoptar el rol de heroína sexy ni para recibir halagos ni aclamaciones por su actuación. Ammetu estaba en una situación similar, aunque la reptiliana resultaba atractiva a su subalterno. Así que, tratando de calmarse y de ser diplomático, se aproximó a los sectarios para hablar con ellos:

-¡¿Podéis explicarme que ha pasado aquí?!

No era su mejor tono para estas situaciones, pero estaba bastante cabreado.

-La verdad es que resulta curioso -empezó a decir el portavoz de los sectarios-. Estábamos llevando a cabo una visita turística de los túneles para El Gran y Poderoso E y, por casualidad, nos hemos encontrado con esos gusanos tan enfadados que nos querían devorar. Por eso, emprendimos la huida, pero nuestros dios, en su magnanimidad y poder, nos condujo hasta vosotros sabiendo que nos ayudaríais.

-¿Y no se os ha ocurrido echarnos una mano?

-Bueno, sí, pero teníamos que custodiar el trono de nuestro dios y vigilar que no vinieran nuevas amenazas por la retaguardia. Y El Gran y Poderoso E nos ha indicado que lo dejáramos así, que vosotros podíais encargaros de esto.

El abogado sintió la fuerte tentación de hacer algo desagradable, pero no estaba seguro de como actuar ante esa gente. En general, los adoradores de El Gran y Poderoso E eran bastante inofensivos, raros, peculiares, pero inofensivos. Según su particular credo, en el trono que arrastraban de un lado a otro, estaba sentado su particular dios, que era invisible, inaudible, intangible, inodoro e indetectable prácticamente por cualquier medio. Aunque el trono en sí emitía una ligera perturbación en la plano astral. Por ello, decidió ser sutil y, por el momento, dejarlo pasar. Por ello, aprovechó para interrogarles sobre lo que podían haber encontrado en los túneles. Al parecer, habían visto por ahí patrullar a esos extraños sujetos de la Conspiración, por lo que su base no debería estar demasiado lejos. Aunque cualquiera se podía fiar ahí abajo. En cualquier caso, El que Legisla tras el Umbral les preguntó a fondo sobre las zonas que habían recorrido y les mostró un mapa del sector en el que se encontraban, aunque no fuera exhaustivo. Los sectarios no eran especialmente fiables, ya que no habían prestado mucha atención a los caminos que habían seguido, y, en cualquier caso, los túneles podían esconder muchas sorpresas. Pese a todo, si que pudieron aportar algo de información, lo que les ayudaría a moverse mejor por esa zona. A fin de cuentas, lo que tenían que hacer era explorar en busca de cualquier indicio de la base de la Conspiración.

Tras el intercambio de información, los cultistas se fueron por un ramal mientras entonaban los conocidos mantras de su fe, consistentes en repetir una y otra vez la letra E. Cuando los perdieron de vista y el cántico se convirtió en un mero eco, rápidamente subieron todos al coche, y se alejaron a toda velocidad en la dirección opuesta a la que habían tomado los extraños adoradores de ese dios invisible. Cuando se habían alejado lo suficiente, Bazzu giró en una intersección para dirigirse hacia un puesto avanzado reptiliano. Los RNLO, además de sus dos sedes, la principal y una secundaria cerca de la costa para operaciones anfibias, habían dispuesto pequeños refugios en diversos lugares de la red de túneles para situaciones de aprovisionamiento. Por ello, ya que tenían las ropas bastante maltratadas y tenían aún bastante trabajo por delante, sería mejor que descansaran un poco y se cambiaran. Al llegar al lugar, encontraron un pequeño almacén con amplios suministros y unos pequeños vestuarios. Por turnos pudieron darse una buena ducha y cambiarse. Canina y El que Legisla tras el Umbral, ya que no encontraban muy atractiva la idea de ponerse uniformes reptilianos nazis, optaron por sendos monos usados por los trabajadores de mantenimiento y mecánicos. Tras asearse y vestirse de nuevo, recogieron algunos suministros, principalmente munición y combustible, se pusieron de nuevo en camino. Esta vez iban preparados y con las armas listas para usarlas si fuera necesario.

Así, se lanzaron a los túneles una vez más. dispuestos a dar con su objetivo. Pero las regiones subterráneas de Arkham aun les deparaban otras sorpresas. Por ello, dispuestos a no verse interrumpidos de nuevo, adoptaron la táctica de la blitzkrieg, la guerra relámpago. Sin detenerse, avanzaron por aquellos caminos poco explorados o, directamente, desconocidos. A medida que avanzaban, comenzaron a escuchar graznidos y ruidos producidos por animales. Sin dudarlo, se encaminaron hacia la fuente de esos ruidos, ya que, de todas formas, parecían producirse en una zona no explorada. Finalmente encontraron una amplia cámara llena de pingüinos albinos ciegos gigantes, grotescos ejemplares de una especie desconocida y más grandes que un pingüino emperador. Asombrados ante aquel descubrimiento, quedaron mucho más sorprendidos al descubrir a un sujeto vestido para exploración polar estaba tratando de organizar un coro con esas aves procedentes de la Antártida. Pero, como parecía inofensivo, decidieron seguir su camino. Tras dejar atrás aquel recuerdo de las Montañas de la Locura, tomaron un desvío que les hizo acabar en medio de una... ¿base secreta nazi? Sí, las esvásticas, los uniformes acartonados, las banderas, los saludos con el brazo alzado, todo era claramente nazi. Pero no era de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, pues los sujetos no eran, ciertamente de tipo lacértido. Y es que se trataba de Zetas Reticulanos, los típicos grises de las conspiraciones ufológicas. Resultaba curioso ver a aquellos enanos de entre 120 y 150 cm de altura, de piel grisácea y cabezones, con abultados y grandes ojos almendrados vestidos con uniformes de soldados nazis. Pero es que la cosa no acababa ahí. ¡Tenían también sus propios clones híbridos de Hitler! Lo que parecía la casta dirigente, o la oficialidad, eran Zetas Reticulanos con el bigotillo y el pelo del dictador nazi. Ni que decir tiene que la irrupción del vehículo de los RNLO causó un gran revuelo, ya que los Zetas Reticulanos Nazis (ZRN), creían que su base era secreta.Así que, no quedó más remedio a El que Legisla tras el Umbral y los demás, que aplicar la blitzkrieg a esa situación: acelerar a tope y disparar como locos para abrirse paso entre la soldadesca alienígena.

Los ZRN, aunque pillados por sorpresa, no tardaron en actuar. Su primera reacción había sido agresiva, dando la alarma y atacando a los intrusos, que fue lo que provocó la respuesta ofensiva de los recién llegados. Pero, al ver que el Volkswagen Kübelwagen aceleraba y sus ocupantes abrían fuego indiscrimindamente, logrando abrirse paso a través de sus filas, los ZRN se dirigieron a sus vehículos dispuestos a iniciar persecución. Pero, mientras que los RNLO usaban vehículos utilitarios además del Volkswagen Kübelwagen y mini tanques para sus Panzerdivision, estos alienígenas usaban platillos volantes de color gris metalizado con cúpulas blindadas, equipados con seis ruedas para desplazarse. Al principio, la persecución se mantuvo con las expectativas de lo que se podría ver en una película de acción: derrapes, tiroteos, obstáculos esquivados en el último momento, etc. Bazzu demostró ser un excelente conductor, lo que les permitía mantener la distancia y, tras varios sorprendentes giros, lograr despistar a sus perseguidores. Una vez a salvo, pudieron seguir su misión. Pero los ZRN no se iban a dar por vencidos tan fácilmente. Para los Reptilianos Nazis, la presencia de la base alienígena era una sorpresa. Por lo poco que habían podido ver, parecían estar recién instalados, pues todo parecía muy nuevo y aun quedaban algunos restos de embalajes. ¿Estarían relacionados los grises con la Conspiración? En cualquier caso, el objetivo de los RNLO era localizar a sus esquivos adversarios. Una vez que se los quitaran de encima ya se ocuparían de los ZRN. Mientras tanto, los alienígenas seguían su búsqueda de los intrusos por los túneles, añadiendo un nuevo peligro a quien se adentrara en ellos.

martes, 11 de abril de 2017

La Conspiración ataca La Llave y la Puerta



Atención

Los autores de La Llave y la Puerta emiten este comunicado a sus lectores y visitantes asiduos y eventuales para informar de que durante esta semana no se va a publicar el capítulo correspondiente del evento "Pánico en los Túneles" debido a causas ajenas a nuestra voluntad.

El blog ha sufrido un ataque a traición por parte de la Conspiración que los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro están tratando de desmantelar y que, anteriormente, los había convertido en objetivo de sus ataques. Los daños y el caos causados nos obligan a suspender esta semana nuestras actividades mientras ponemos orden de nuevo. Por ello, lamentamos la situación provocada y las molestias asociadas a la misma para los lectores y visitantes asiduos y eventuales.

Una vez resueltos estos problemas, la semana que viene volveremos a nuestra programación habitual, con la publicación del tercer capítulo de "Pánico en los Túneles", que se titulara "Blitzkrieg subterránea".

Gracias
Los autores.

sábado, 8 de abril de 2017

Pánico en los túneles (Parte 2): ¡¡¡Los gusanos de la Tierra!!!

Konstantin era un morlock muy entregado a su causa, pero en estos momentos estaba deseando sacar una ametralladora y llenar de plomo a ese par de idiotas que le habían mandado vigilar. Cuando le dieron la misión tenía una ligera idea del nivel de estos dos individuos, pero estar con ellos y escuchar sus tonterías era algo muy por encima de lo que se había esperado. Y todo para poder descubrir quién estaba utilizando los túneles bajo Arkham con algún pérfido plan. Fueran quienes fuesen, gustaban de la imaginería y simbología de la Guerra Fría, por lo que Konstantin no creía que los reptilianos fueran su objetivo. Estaban haciendo uso de ellos para algo más importante, y él intentaría descubrir algo, aunque fuera en compañía de esos dos. Los susodichos estaban enfrascados en una conversación para ellos muy interesante. Para Konstantin, una estupidez seguida por otra más grande.

El becario, para dejar claro su punto de vista y su misión en el mundo, se había puesto a comentar cosas relacionadas con los dioses antiguos que su organización habían bautizado como las DCC. Esto llamó la atención de Robert M. Pickman, que comparó las palabras del becario con las teorías de Erich Von Daniken. El becario no había oído hablar de aquellas teorías y se había interesado por ello. Uno alimentaba al otro con teorías e ideas cada vez más descabelladas, pero que en sus cabezas tenían total sentido. Aquella tregua entre el conspiranoico de los Pickman y la Fundación Wilmarth podía llevar a un nuevo escalón a las ideas excéntricas de los unos y los otros. Por momentos, Konstantin se alegraba de tener poco que ver con todo aquel rollo. Cuando acabara su misión, seguiría con sus asuntos, y no tendría más que oír sobre DCC, dioses ancestrales, astronautas antiguos, civilizaciones perdidas y demás sandeces. Ahora, Pickman estaba sacando a relucir a un supuesto investigador español llamado J. J. Benítez y el becario escuchaba con atención las teorías que escuchaba, viendo cómo encajarlas en su esquema de dioses extraterrestres malvados que quieren destruir el mundo. 

Y así pasaba el rato Konstantin mientras cruzaban los conocidos túneles bajo Arkham. Ya estaban dejando atrás la parte cartografiada y se acercaban a territorio indómito. Por allí podrían encontrarse con cualquier cosa, por lo que tenía entendido. Había túneles de gules, puertas a otros mundos, incluso una vez, mientras se adentraba con un grupo de exploración, se encontraron con un individuo embozado en una túnica oscura que les pretendía vender armas y que les recibió con un "welcome, strangers" que le pareció muy curioso, pues era como la frase típica de la chica aquella que acompañaba al grupo de dioses Alfa Strike. Preferiría que aquellos dos tipos bajaran un poco la voz, pues no hablaban precisamente bajo, pero por mucho que se lo pedía, estos no podían evitar volver a alzar la voz, emocionados ante todo el mundo de maravillas que se estaban descubriendo el uno al otro. Al menos aún no habían encontrado nada en los túneles que pudiera alimentar sus paranoias particulares, pero de lo que él estaba seguro, es de que no tenía ninguna intención de hablarles de morlocks... a saber la absurda conclusión a la que llegarían. Aunque de los reptilianos sí que se habían apercibido, sí. Pero cada uno tenía una versión de lo que eran. Afortunadamente para ellos, ninguna de las dos era cierta. 

El becario, ante el tema de los reptilianos, no hacía más que decir que había que reventarlos, cosa que a Konstantin no le parecía mal, pero después había dicho que tenían prohibido el uso de explosivos dentro de las fronteras de Arkham, lo cual incluía los túneles bajo la ciudad. Lo único que les dejaban usar eran unas piedras que Konstantin se preguntaba si pensaban usarlas con tirachinas o qué. Robert M. Pickman estaba en contra de la destrucción inmediata de los reptilianos, pues él quería grabar todo lo posible para mostrarlo al mundo, y así hacerles ver la verdad que les ocultaban los gobiernos, las multinacionales y el canal de Teletienda. Por suerte, en esta expedición verían pocos reptilianos, pues estaban todos pululando por fuera de los túneles u organizándose con el otro grupo que se había adentrado a investigar a los nuevos jugadores que habían invadido los túneles.

En estas estaba Konstantin, mientras los otros dos hablaban de luces en el cielo y servidores de los DCC, cuando comenzó a escuchar un extraño sonido. Parecía como si algo inmenso estuviera arrastrándose pesadamente, rozando con las paredes rocosas de los túneles. El morlock se puso en atención y palpó la ametralladora que llevaba oculta bajo sus ropajes. El sonido parecía ir acercándose poco a poco, e iba acompañado por otro, que no sabía distinguir, pero parecían voces.

El morlock hizo callar a los dos cenutrios con un fuerte movimiento de su brazo y puso todo el sentido del oído concentrado en el sonido que se acercaba. Comenzaba a reconocer los sonidos que acompañaban al arrastrar, era algo parecido a una voz potente canturreando. La melodía era algo así como:

-Yoyoyoyoyoyo yoyoyo yoyó Hohohohohoooooo.

No le costó mucho más para reconocer al dueño de aquél cantar. Se trataba de una entidad que habían encontrado los exploradores morlock al poco tiempo de su llegada a esta época y habían trabado con ella una pequeña amistad. La conocían como El Gusano Trolololo, una entidad vermiforme que paseaba por los túneles que surcan el interior de La Tierra cantando alegremente su melodía. Era un ser benévolo y nunca había provocado ningún daño, ni supuesto ningún problema, así que Konstantin dejó su arma donde estaba. Sería mejor hablar con El Gusano Trolololo. Quizás él supiera algo de lo que estaba pasando en los túneles. Pero tenía que hacerlo de forma que sus dos acompañantes no hicieran ninguna estupidez.

El becario y Robert Pickman se apercibieron del sonido del gusano y se pusieron tensos inmediatamente.

-¿Qué es eso? -preguntó el becario mirando a todas partes.

-¿Los reptilianos cantan? No puede ser. Sus acciones son más sutiles y engañosas. Ir cantando por ahí no es su modus operandi. -le dijo Robert muy seguro.

-En efecto, no es un reptiliano... ni un hombre serpiente... ni un servidor de Yig, ni ninguna de esas chorradas -les dijo cortante, Konstantin. -Es un aliado, pero como no os conoce, puede que se ponga algo nervioso. Esperad aquí. Yo me reuniré con él y hablaré sobre nuestro objetivo.

Los otros dos se miraron desconfiando.

-A ver... ¿creéis que me voy a reunir con un CCC o como sea que los llamáis? Si estuviera aliado con esas fuerzas ya os habría matado de veinte maneras distintas antes de llegar aquí.

Esto pareció satisfacer al becario, aunque Robert seguía mirando a su guía de manera recelosa. Esto no le importaba a Konstantin. Podía mirarle como quisiera mientras sólo hiciera eso.

El morlock fue avanzando despacio en la dirección de los cantos alegres, dejando el túnel que estaban transitando atrás, y llegó a una zona terrosa, con piedras incrustadas en las paredes. Allí estaba el que había ido a buscar.

El ser era una criatura parecida a un inmenso gusano regordete, que ocupaba perfectamente todo el volumen de uno de aquellos túneles. Era de un color claro, como un gris descolorido o un blanco muy sucio. Se movía mediante contracciones de su cuerpo vermiforme, aunque su cuerpo estaba rematado en una cabeza bajo la que había una serie de varias patitas con las que podía manipular objetos. Su cabeza era muy similar a la de una oruga, aunque tenía una ristra de ojos repartidos de manera desordenada.

El Gusano Trolololo surgió del túnel que estaba cruzando y quedó en la zona terrosa en la que se encontraba Konstantin. El ser se plantó en el centro y enroscó su cola de manera que pudiera asentar su peso y descansar un rato. Por el túnel del que había salido el ser, un numeroso grupo de gusanos, de un tamaño mucho inferior, pero aún así, gigantes para los estándares humanos (a menos que alguien viera normal que un gusano midiera cerca de dos metros), fueron corriendo para rodear a su señor. Eran los sirvientes del Gusano Trolololo, versiones más pequeñas de la entidad y mucho más rápidas.

El Gusano Trolololo alzó su inmensa cabeza en dirección a Konstantin y el morlock le saludó con los brazos. Después le hizo un saludo en el idioma del gusano. Éste respondió amablemente al saludo del morlock y le permitió acercarse.

(diálogo traducido del idioma del Gusano Trolololo)

-Estimado amigo, señor de los gusanos que cantan en las profundidades -dijo Konstantin. -Me alegro de encontrarme ante su presencia, pues está habiendo alteraciones en este, nuestro habitat, y me gustaría saber si hay alguna información que nos pudiera proporcionar.

-¿Alteraciones? Los Hombres Topo que viven en los túneles inferiores sufrieron de gases hace un par de días y todo olía a pedo de topo. ¿A ese tipo de alteraciones te refieres, amigo morlock?

Konstantin contrajo el rostro, asqueado. No quería ni imaginar cómo olía un pedo de hombre topo.

-No, no me refiero a ese tipo de alteraciones. Hay alguien nuevo por estos túneles. Está lanzando ataques sistemáticos y nos gustaría saber quienes son y por qué hacen lo que hacen.

El Gusano Trolololo pareció meditar unos instantes sobre la pregunta que le había hecho el morlock. Su mente era totalmente ajena, así que su proceder era distinto al de un ser humanoide como ellos.

-Pues, ahora que lo dices, en mis devaneos por esta región del inframundo, en los últimos meses me he encontrado con unos individuos humanoides... bueno, yo diría que eran humanos, homo sapiens, aunque no termino de distinguir a unos de otros. Vestían como en las películas de Rambo. Esas que producen los homo sapiens, lo que me hace pensar que serían de esta especie. Pues bien, iban acompañados de otros miembros de su especie, pero estos iban trajeados y parecían ordenar cosas a los que vestían como Rambo. Se dirigían hacia la zona por la que soléis rondar vosotros y los tipos ofidios, y parecían muy decididos.

-¿Así que un grupo de militares humanos acompañados de tipos trajeados estuvieron por aquí? -preguntó Konstantin. No tenía ni idea de quienes podían ser. Que vistieran como Rambo podía darle pistas. No creía que fuera el ejército de los Estados Unidos. La indumentaria a lo Rambo quedó desfasada pasados los '80 y las guerras en países tropicales. Pero si no era el ejército americano ¿quienes eran esos tipos? ¿Y qué hacían en los túneles?

Mientras Konstantin hablaba con El Gusano Trolololo, los dos que se habían quedado atrás empezaban a impacientarse.

-No me fío de ese tipo ¿por qué no ha querido que le sigamos? Eso es que nos oculta algo -dijo Robert. -Créeme, soy un experto en estas cosas.

-Yo tampoco me fío del todo de él, pero no sé si estaría bien que fuéramos a donde está. Igual su informador es algo que nos sobrepasa.

-Entonces ¿qué mejor razón para hacerlo? Lo grabamos, damos a conocer al mundo la existencia de ese "informador". Si no quiere que lo veamos tiene que ser por algo. Vamos, descubramos qué nos quiere ocultar nuestro buen "amigo".

Ambos fueron caminando en la dirección a la que había ido Konstantin.

-Pero ¿cómo vas a grabar nada? Estos hongos fluorescentes tampoco es que iluminen tanto.

-No te preocupes -dio Robert sacando de su mochila una cámara. -Esta cámara provista con filtro OVNI tiene un foco...

La conversación con El Gusano Trolololo estaba dando información bastante valiosa. Aquellos individuos vestidos de militares de los '80 habían estado desplegándose por los túneles y haciéndose con tecnología. Esto no es algo que no supieran ya, pero al menos ahora conocían rutas que tomaban habitualmente para sus asaltos. Si podían interceptarlos, podrían saber más de ellos. Lamentablemente, la conversación fue interrumpida por un potente foco que iluminó toda la cueva. Antes de que Konstantin pudiera reaccionar, escuchó un grito.

-¡Un Chthonian! -exclamó el becario -¡No escaparás, malvada criatura!.

El miembro de la Fundación Wilmarth sacó de su bolsillo la piedra estrellada que portaba en todo momento y la lanzó con todas sus fuerzas contra el gigantesco gusano que yacía en el centro de la cueva.

(traducido del idioma del Gusano Trolololo) -¡Uy! ¿Qué es esto? ¿Un regalo? Qué simpáticos estos...

Pero antes de que el gusano acabara su frase, su séquito comenzó a lanzar gritos enfervorecidos.

(traducido del idioma del Gusano Trolololo) -¡¡¡Esos humanoides han osado atacar a nuestro señor!!! ¡¡¡Atacadles!!!

-No, no, no, no, no -iba diciendo Konstantin mientras los gusanos se ponían en formación y comenzaban a bufar como gatos encolerizados -A la mierda... ¡CORRED!

El morlock llegó hasta donde estaban los otros dos y, juntos, salieron corriendo, perseguidos por hordas de gusanos cabreados, que iban echando pestes y amenazando.

(traducido del idioma del Gusano Trolololo) -¿Pero a dónde van mis siervos? Si es un regalo muy bonito... bueno, cuando se cansen ya volverán.

Konstantin, Robert y el becario, iban corriendo como locos por los túneles iluminados por hongos fluorescentes mientras los gritos de los gusanos iban tras ellos.

-¡Nos has traicionado! ¡Estabas negociando con un Chthonian! -gritó el becario mientras corría.

-Eso no era un Chthonian, idiota. los Chthonian parecen un cruce entre gusano y calamar gigante ¿y acaso has visto algún tentáculo en esa cueva? -exclamó Konstantin aguantando las ganas de repartir estopa entre esos dos idiotas.

-Pero seguía siendo un gusano gigante ¿qué clase de informador era ese? El mundo sabrá esto. Lo tengo grabado -decía Robert.

Konstantin los llevó por un túnel menos iluminado y los fue guiando gracias a su visión mejorada para lugares de poca luz. Tras un rato, encontró un lugar entre las rocas donde podrían ocultarse y se metió allí.

-Entrad aquí, berzotas. Esos gusanos no ven tan bien como cabría esperar. Con suerte no nos detectarán aquí metidos.

-Pero ese agujero no parece muy seguro -comentó el becario.

-Pues si prefieres a los gusanos, tú mismo -fue la respuesta de Konstantin.

Robert y el becario entraron en el pequeño hueco y el morlock tapó la entrada con unas cuantas piedras. Unos instantes después, pasaron los gusanos cabreados mientras iban canturreando algo en su idioma.

-¡A por elloooos, oeeeee! ¡A por ellooooos, oeeeee!

Poco a poco el sonido se fue distanciando. Los gusanos habían pasado de largo.

-Qué curioso. Dicen lo mismo que los españoles en los partidos de futbol -dijo extrañado el becario.

-Sólo es una coincidencia fonética. Lo que están diciendo es algo peor... y mucho más sangriento. -Konstantin buscó entre su equipo el Walkie-Talkie de campaña que todo morlock llevaba encima. Era un equipo de comunicación modificado para que pudiera funcionar a través de los túneles bajo Arkham. -Aquí Konstantin al alto mando. Aquí, Konstantin al alto mando. Tengo información sobre los conspiradores. Parece que la imaginería de la guerra fría se confirma. El Gusano Trolololo me ha informado de soldados vestidos como en las películas bélicas de los años '80 y acompañados de líderes trajeados. Por lo que me ha dicho, suelen usar los túneles que frecuenta El Gusano Trolololo, por lo que es posible que allí se les pueda interceptar. Ah, y a todo esto. Sería mejor que comunicarais con el otro equipo que se ha internado en los túneles. En estos momentos, unos gusanos...

Pero la frase de Konstantin fue interrumpida. Como había sospechado el becario, el agujero que habían utilizado no era tan seguro como parecía, y el suelo bajo sus pies se rompió en mil pedazos haciéndoles caer en zonas más profundas de los túneles, a merced de los habitantes de aquellas zonas desconocidas.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Pánico en los túneles (Parte 1): A donde ningún idiota ha ido jamás...

Tras los incidentes de la semana anterior, estaba claro que había que tomar acciones inmediatas si se quería evitar que la ciudad fuera tomada por las ofidias hordas de hombres serpiente que pretendían resucitar el antiguo imperio de Valusia y consagrar primero la ciudad y luego el país a Yig, Padre de las Serpientes. Por ello, la Fundación Albert N. Wilmarth debía actuar sin dilación alguna y detener a los infaustos adoradores de sangre fría del Primigenio. Sus agentes eran los únicos capacitados para combatir las CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) y frustrar sus planes de dominación bajo el estandarte de una DCC (Deidad del Ciclo de Cthulhu), aunque esta fuera de las más benignas, como era el caso de Yig. ¡Pero todos en la Fundación estaban plenamente concienciados que eso sólo era una mera ilusión! ¡No había DCC benignas! ¡Sólo los Dioses Arquetípicos estaban del lado de la humanidad y de la Fundación Wilmarth en su eterna lucha contra las malvadas DCC!

Lamentablemente, por muy dedicados que estuvieran a su causa los agentes de la Fundación Wilmarth, habían dos serios problemas que les suponían un duro handicap en su labor. Por un lado estaba la prohibición de usar explosivos en toda el área urbana, inclusive los túneles, donde parecían tener su refugio los hombres serpiente. Y, por otro lado, quedaban muy pocos agentes sanos y en perfecto estado para participar en la expedición de castigo a los niveles subterráneos de la ciudad. La semana anterior, cuando trataron de expulsar al avatar de Yig, tuvieron serios problemas. La máscara del Padre de las Serpientes huyó vilmente a través de las calles de la ciudad y los valerosos agentes que emprendieron la persecución acabaron lesionados con diferentes niveles de gravedad en acto de servicio. Entregados a su labor, no se habían percatado de los peligros que acechan a quien corre desesperadamente por la ciudad en defensa de la misma para tratar de expulsar al temido avatar y así frustrar los planes de la invasión de los hombres serpiente que, curiosamente, iban vestidos como soldados alemanes de la II Guerra Mundial. De esta manera, algunos se dieron de morros contra farolas, quedando noqueados. Otros se estamparon contra vehículos que surgían de los cruces de las calles o fueron atropellados por estos. Y uno, el que más lejos logró llegar, acabó estrellándose contra una enorme lámina de cristal que transportaban dos operarios y que, casualmente, se cruzaron en su camino. Tras esto, aturdido y desequilibrado, se tropezó contra una farola y acabó siendo atropellado por una scooter que iba a poca velocidad, pero, con tan mala suerte, que acabó en el suelo con una mala caída que le produjo una grave torcedura de tobillo. Ciertamente no fue un éxito arrollador. Pero, al menos, con sus piedras estrella de la antigua Mnar lograron poner en fuga al avatar de Yig y salvar la ciudad un día más.

Como consecuencia de esta heróica acción, los agentes preparados para la acción estaban todos fuera de combate y aún tardarían en recuperarse completamente. Los miembros de la Fundación que quedaban en activo eran principalmente académicos, y no estaban preparados para lanzar una expedición de castigo a los túneles. Pero no podían dejar que los hombres serpiente tuvieran tiempo a prepararse para lanzar un nuevo ataque que resultara definitivo por la inacción de la Fundación. ¡El tiempo era clave para hacer fracasar sus planes por completo! Si al menos les dejaran tirarles una bomba... Pero no había manera, el alcalde insistía en que eso era imposible. Sin embargo, aún existía esperanza. Sus mejores agentes estaban inutilizados, sus agentes normales estaban fuera de combate, sus peores agentes guardaban cama en el hospital. Por ello, sólo quedaba alguien preparado para lanzar ese ataque... ¡El Becario! El Becario estaba deseoso de entrar en acción y había demostrado su compromiso con la causa de la Fundación y su interés proactivo en las actividades de la misma. Pero no podían mandarlo sólo, armado únicamente con un símbolo arcano. Necesitaría ayuda. Y un académico sería una carga más que un apoyo. Entonces surgió un nombre, alguien que había demostrado ser también una persona comprometida con la investigación y el descubrimiento de las DCC y las CCC, y con los OVNIS y las conspiraciones y... bueno, todas las tonterías conspiranóicas que se le puedan ocurrir a uno... Y, aunque se había declarado adversario de la Fundación ya que estaba obsesionado en sacarlo todo a la luz, había demostrado constancia y recursos. Además, durante el incidente con el avatar de Yig habían hecho una alianza temporal. Podían retomarla y reclutarlo para la causa, aunque fuera sólo durante ese ataque a los túneles. Sí, Robert Pickman podía resultar de gran ayuda en esta operación. Si tan sólo pudieran reclutar a alguien más...

Mientras solucionaban el problema, instruyeron al Becario sobre lo que tenía que hacer. Así, el eterno ayudante de la Fundación, se fue a reunirse con Robert. No fue difícil localizarlo, pues andaba disfrazado con una gabardina y un sombrero de fieltro, y disimulaba horriblemente leyendo un periódico con un par de agujeros recortados para ver a través del mismo. Estaba espiando a Summanus, el cual, ignoraba deliberadamente al pesado magufo. Sin embargo, ante la llegada del Becario, decidió dejar su vigilancia. En cualquier momento podía volver a seguir la pista a Summanus que, pese a la incursión de reptilianos de la semana pasada, parecía bastante indiferente. Sin embargo, todo podía ser una fachada para que no se descubriera su complicidad con los hechos sucedidos la semana anterior. Eran astutos estos invasores lagartos, pero no despistarían a Robert en su implacable misión por descubrir la verdad. Por eso, cuando el Becario se acercó a él y le contó lo que pretendía hacer la Fundación y que le ofrecía participar en dicha misión, Robert aceptó de inmediato. De momento sólo estaban ellos dos, pero necesitarían a alguien más. ¿Con quién podían contar?

Mientras decidían a quien más reclutar, fueron al EldritchBurguer a tomar algo. La hamburguesería especializada en pescado estaba tranquila en esos momentos, Había pocos clientes, por lo que pudieron elegir donde sentarse. Lo hicieron en una mesa donde se pusieron a debatir sus planes de incursión. De alguna forma tenían que adentrarse en los túneles. Además, necesitaban a alguien que los conociera bien, ya que los planos que había de los mismos no eran todo lo completos que era deseable. La verdad es que no se molestaban mucho en hablar en voz baja y cualquier que se sentara en las mesas vecinas podía escucharles perfectamente. Así fue que un sujeto bajito, albino y de aspecto algo simiesco, ataviado con un mono de trabajo con algunas insignias extrañas, inclusive algún emblema comunista de la hoz y el martillo, se acercó a hablar con ellos. Dijo llamarse Konstantin y afirmaba conocer bien los túneles o, al menos parte de los mismos. También afirmaba ser enemigo de esos reptilianos / hombres serpiente que aparecieron en las calles de Arkham la semana anterior. Por ello, si necesitaban un guía para adentrarse en los niveles subterráneos para realizar algún tipo de acción ofensiva contra esos lagartos, podían contar con él. Al principio les pareció sospechoso, ya que su aspecto era algo extraño y resultaba una curiosa coincidencia encontrar a alguien que coincidiera, al menos parcialmente, con sus objetivos y que, al mismo tiempo, pudiera guiarles allí abajo. El Becario pensó que seria algún descendiente de la familia Jermyn, mientras que Robert lo clasificó como algún híbrido de humano y yeti o algo similar. En cualquier caso, Robert podría grabarlo y utilizar los vídeos para revelar la verdad de la existencia del abominable hombre de las nieves y su progenie mestiza con mujeres humanas. Así pues, Konstantin, mecánico del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlock, se unió al Becario y a Robert Pickman. Los tres juntos recogieron el equipo que consideraron necesario y descendieron a las profundidades de Arkham en busca de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro / los invasores hombres serpiente del Imperio de Valusia / los reptilianos y sus aliados anunnaki.


Mientras El Becario y Robert tramaban sus acciones para adentrarse en los túneles, en el despacho de El que Legisla tras el Umbral se producía una reunión diferente pero con un objetivo en parte similar: descubrir una amenaza que se escondía en los túneles bajo la ciudad. En este caso se trataba de la Conspiración que, escondida en alguna ignota región subterránea bajo la ciudad, había estado asediando a los reptilianos con tácticas de guerrilla para robarles tecnología militar y, finalmente, expulsarles temporalmente con un ataque de gases fétidos. Por ello, tras haber rastreado los túneles, haber encontrado un ramal desconocido que se dirigía hacia Dunwich y recuperar aparatos robados y modificados, había llegado el momento de lanzar el último golpe: se adentrarían en los túneles para descubrir la localización de la base secreta de la Conspiración y acabarían con ella. Para ello, se habían reunido la Haputmann Ammetu,  el Unterfeldwebel Bazzu, El que Legisla tras el Umbral, Canina y el Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov. Esa Conspiración, fueran quienes fueran, estaba causando demasiadas molestias entre los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro y esto se traducía en problemas en Arkham que llegaban hasta Dunwich. Así, tras un mes de escaramuzas, búsquedas interminables y vivencias variadas no siempre agradables, habían logrado avanzar y localizar un sector de los túneles donde parecía estar escondida la Conspiración. Era difícil ser más preciso, ya que los subterráneos de la ciudad eran muy esquivos y algunas zonas se resistían a ser cartografiadas. Ya tuvieron una extraña experiencia hacia dos semanas y no había muchas ganas de repetirla. Así que, tras un arduo trabajo, habían logrado delimitar un sector concreto. Obviamente, estaba cerca de la zona donde se situaba la base principal de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, pero se trataba de uno de esas zonas tan complejas de los túneles donde cualquier cosa podía pasar.

Para resolver esta situación de forma definitiva, El que Legisla tras el Umbral había convocado aquella reunión. Se trataba de ultimar los preparativos para esa expedición que les serviría para localizar con exactitud la Conspiración y, si era necesario, dar sus coordenadas a la base reptiliana para que enviaran sus fuerzas para resolver el problema de forma definitiva. Para formar el equipo, se había basado en la experiencia previa y en los resultados obtenidos durante las semanas anteriores. También, está claro, tenía que tener en cuenta la disponibilidad. Había sido una suerte el poder contar con Canina, pues como welclon gul podía seguir rastros por los túneles además de disponer unos excelentes sentidos para moverse en la oscuridad. Por otro lado, disponer del Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov también les vendría muy bien. El robot comunista nazi había accedido a unirse al grupo, en parte por intervención de Kate y en parte porque a los morlocks comunistas no les vendría mal tener a un informante en el grupo. Aunque la Conspiración estaba actuando sólo contra los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, en el Equipo Exile no lo veían demasiado claro. Los informes de sus acciones durante las pasadas semanas eran bastante peculiares, y esa obsesión con el estilo retro, con referencias muy made in USA, podía tener influencias de la Guerra Fría, con lo que, una vez quitados de la ecuación los RNLO, los morlocks comunistas podrían ser los siguientes. Por ello, valía la pena asegurarse. Además, como plan B, tenían a Konstantin.

El mecánico morlock comunista había sido enviado para tratar de unirse al equipo de la Fundación Wilmarth. Ambos grupos rivales, el Equipo Exile y los RNLO, se mantenían en una tensa vigilancia mutua. Así, cuando los reptilianos tuvieron que evacuar su base por la invasión de gases apestosos, los morlocks comunistas no tardaron en enviar un espía a la superficie. Con una cámara de vídeo y haciendo un streaming en directo a la base. Así, pudieron averiguar lo que sucedía en la superficie y reírse mucho con las payasadas de los agentes de la Fundación Wilmarth y con Robert Pickman. Pero esto les hizo pensar que, seguramente, no se iban a dar por vencidos. Por ello, habían enviado a Konstantin para que tratara de unirse al grupo que montara la Fundación y actuara en consecuencia según lo que sucediera. Así, con todos los ángulos cubiertos, el Equipo Exile se mantendría al tanto de lo sucedido.

Así, en el despacho del Primigenio abogado, Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov atendía a las explicaciones que daba el asesor legal sobrenatural de la residencia universitaria. El que Legisla tras el Umbral se dedicó a hacer un repaso de lo acontecido durante las últimas cuatro semanas. Empezando con el ataque de los robots gigantes durante la inauguración en Dunwich de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta hasta la expulsión de los túneles de los RNLO por el ataque de gases. Resumió también la búsqueda que se realizó de los accesos usados por los atacantes y les mostró en un mapa de los túneles el sector en donde debían actuar. Una vez acabada la sesión de planificación, recogieron el equipo y se encaminaron hacia los sótanos del edificio. Allí disponían de una entrada a los túneles y les aguardaba un Volkswagen Kübelwagen de los RNLO. Montaron y emprendieron la marcha, seguidos por el robot, demasiado grande para subir al coche y lo bastante rápido como para seguirlo. Sin embargo, no sabían que, en esos momentos, el Becario, Robert Pickman y Konstantin accedían a los túneles por otra entrada.

El Alto Mando de los RNLO aguardaba con expectativas el resultado positivo de la misión y la Junta directiva de la Fundación Wilmarth trataba de hallar solución a sus problemas (la cantidad de agentes de baja y los fallos que estaban presentando los símbolos arcanos). Ambos grupos, por diferentes razones, tenían esperanzas en completar con éxito la misión que iban a desarrollar sus respectivos enviados.  Pero ninguna de las dos organizaciones estaba preparada para lo que iban a encontrar. El pánico en los túneles se podría desencadenar en cualquier momento debido a la intervención de uno de los dos equipos.

viernes, 24 de marzo de 2017

Días de ocio en la dimensión púrpura

Lo primero que hizo que se dieran cuenta de que algo extraño estaba pasando fue la entrada, a primeras horas de la mañana, de los dos yithianos que estaban de Erasmus en Arkham. Estos estaban comentando animadamente sus impresiones del amanecer, pero lo que decían era más raro de lo normal.

-Me ha parecido muy curioso el color purpúreo del cielo ¿será normal en esta época del año en este periodo temporal? -preguntó uno de ellos.

-Creo que más bien deberías decir morado. El púrpura es una decoloración del rojo -respondió el otro yithiano.

-Eso es en una época anterior, hace varios siglos. En este período temporal el púrpura es un color cercano al morado -aclaró el primer yithiano que había hablado.

Esto lo decían mientras entraban en la cafetería de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta. Allí estaba Harvey Pickman desayunando tranquilamente, hasta que escuchó estos comentarios. No, no era normal que el cielo fuera ni púrpura ni morado. Ni en ésta época del año ni en este período temporal. De hecho, creía que no era normal en ningún período temporal, al menos anterior al actual. Soltó un bufido y se bebió de un trago el café que, hasta ese momento, había estado bebiendo en cortos sorbidos. Se levantó de la silla y se acercó todo lo calmado que pudo a la entrada de la residencia y se asomó a la ventana. 

El cielo era totalmente distinto a lo que había visto nunca. En efecto, un color entre el púrpura y el morado dominaba la atmósfera, y una multitud de danzantes nubes reflejaban este color. Entre las nubes podían verse rastros del cielo más allá, del color citado. En ese cielo se veía un firmamento que no era el habitual en el planeta Tierra.

Harvey lanzó un fuerte suspiro preguntándose qué diantres había pasado. No había visto algo así nunca. Podía significar cualquier cosa. Desde una alteración dimensional leve, al fin de todo lo conocido. Decidió llamar a la experta en estos temas más cercana. Que en estos momentos estaría en su habitación.

Anna Pickman abrió la puerta ante la insistencia de las llamadas. Empezaba a ser habitual que, cuando pasaba algo sobrenatural, fueran a llamarla a ella a golpes, así que supuso que había sucedido algo. ¿Se trataría de un ataque? ¿Alguna invasión? ¿Un idiota habría invocado a algo? Ya se estaba hartando de tanto idiota invocando cosas. Vale que su trabajo a veces era enfrentarse a invocaciones, pero podían hacerlo a otras horas de la mañana... o después de comer.

-¿Qué pasa, Harvey? -preguntó al abrir la puerta.

-No tengo ni idea, será mejor que vengas a verlo.

Ambos bajaron las escaleras mientras ella iba cerrando la bata que se había puesto apenas. Debajo llevaba un pijama que no tenía ninguna intención de que viera todo el mundo. Alcanzaron la entrada a la residencia y ella, sin pensar, abrió la puerta y echó un  vistazo afuera. Lo que vio la dejó pasmada. Del cielo purpúreo bajaban zarcillos de neblina, y juraría que por allí había cosas volando. Fijó la vista y, en efecto, allí había cosas volando. Eran unos seres ligeramente similares a medusas que daban vueltas entre las nubes. Uno de ellos pareció darse cuenta de que estaban siendo observados y descendió con unos movimientos armoniosos hasta la entrada de la residencia. Anna se preparó ante un posible ataque, pero el ser sólo se quedó allí flotando y, de su interior surgió una voz, con un fuerte acento inglés.

-Buenos días, señorita, espero que tenga un agradable día.

Después de decir esto, volvió con el resto de sus compañeros que avanzaban entre las nieblas y las nubes bajas.

-Harvey... ¿una medusa con acento británico acaba de desearme buenos días? -preguntó Anna, todavía estupefacta.

-Eh... creo que sí.

-Vale... no estamos en La Tierra ¡¿dónde diantres estamos y qué está pasando?!

-Vale que el cielo es extraño y todo eso, pero ¿cómo no vamos a estar en La Tierra? Si estuviéramos en otro sitio, la atmósfera, la gravedad y otras tantas cosas sería diferentes, y no lo son. -le dijo Harvey.

-Bueno... quizás sigamos en La Tierra, pero no en el plano normal. Siento fuerzas psíquicas que no son habituales. Quizás hemos dado un salto a un plano dimensional diferente. Con suerte, el salto no ha sido total, si no, no podríamos respirar y quizás las leyes espacio-temporales no serían normales. -durante unos instantes permaneció en silencio y con los ojos cerrados. Murmuró una serie de palabras ininteligibles  y volvió a abrir los ojos. -Vale... sea lo que sea, no es un evento global. Sólo ha sucedido en Arkham.

-Así que alguien, o algo, ha trasladado toda la ciudad a otra dimensión -dijo Harvey.

-Sí... y cuando lo encuentre va a recibir de lo lindo.

-No creo que haya sido uno de los habituales lanzando uno de sus ataques villanescos idiotas. Algo me dice que esto ha sido una cagada de alguien -dijo Harvey.

Varias medusas pasaron deseando los buenos días y siguieron su camino.

-Lo peor es que estamos bajos de efectivos. Welcome y todo el equipo de Alfa Strike están fuera de la ciudad, Brontes incluído. -dijo Anna. -Vamos a tener que solucionar este jaleo nosotros solos.

-Solos no... El Que Legisla está en su despacho. Se ha quedado toda la noche trabajando en un pleito entre una secta de Shub-Niggurath y una empresa que quiere construir un centro comercial en su lugar de culto. La ayuda de un primigenio puede que nos sirva para salir de este embrollo.

Mientras hablaban, pasó entre ellos Seabury Pickman, claramente apresurado.

-Hola, chicos, tengo algo de prisa. Esta mañana en la universidad... -de repente vio el exterior del edificio. Una medusa voladora se acercó a él y le deseó los buenos días. Seabury parpadeó varias veces y se dio la vuelta. -Bah, seguro que han cancelado las clases.

Sacó la pipa de su bolsillo y se dirigió tranquilamente a la cafetería.

-Al menos alguien se lo toma con filosofía -comentó Anna.

Cerraron la puerta y se dirigieron al despacho de El Que Legisla Tras El Umbral, notando su presencia, pues tenía ligeras alteraciones en el aire por el pasillo que daba a su despacho. Efectos secundarios de tener a un primigenio en el edificio de manera indefinida. Llamaron a la puerta, y esta se abrió sin la intervención física de nadie. En su interior, el imponente dios estaba detrás de un escritorio lleno de papeles y varios libros de Derecho Aplicado en Asuntos Más Allá de lo Humano. El ser alzó la cabeza e invitó a los Pickman a entrar. Después de tomar asiento, le contaron todo lo que habían visto desde que los Yithianos habían entrado desde la calle.

-Durante unos momentos estaba dudando, pero la presencia de las medusas británicas me ha dejado claro dónde estamos. Se trata de La Dimensión Púrpura. Por alguna razón, el único contacto con nuestro plano dimensional es la emisión de la BBC desde los años '50, así que los habitantes inteligentes de este plano se han autoproclamado miembros del Imperio Británico.

-Pero si no existe el imperio británico desde... -fue a decir Harvey.

-Intenta explicarle eso a ellos -respondió El Que Legisla.

-La pertenencia de esas medusas a la corona británica o no es lo de menos. Lo que necesitamos saber es cómo volver a nuestra dimensión... y si es posible saber cómo hemos acabado aquí -dijo Anna.

-El origen de este asunto no va a ser difícil de dilucidar. Noté el salto dimensional en el momento en que sucedió, pero estaba demasiado ocupado con este juicio como para darle importancia -comentó El Que Legisla. -He sentido la procedencia del hechizo que ha ocasionado esto, os mandaré la dirección a vuestro móvil. Os acompañaría a meterle canguele al causante de esto, pero me gustaría acabar este trabajo cuanto antes.

-Oh, sin problemas, sin problemas -dijo Harvey sacando su móvil y echando un vistazo a la dirección. -Nos has quitado un montón de trabajo.


Minutos después, tras haber cruzado varias calles de la ciudad, por las que paseaba la gente admirando la extraña atmósfera y respondiendo con educación a los saludos de las medusas británicas, Harvey y Anna llegaron a la pequeña casa donde se había llevado a cabo el hechizo que los había mandado a aquella dimensión.

-Qué poca originalidad a la hora de ponerle nombre a esta dimensión -comentó Harvey.

-Entre Dimensión Púrpura y un montón de consonantes  que me harían escupir al interlocutor, prefiero lo primero -respondió Anna, dando una patada a la puerta de la casa, que se abrió de golpe.

Era una casa pequeña, de un sólo piso, y un pobre individuo estaba en el salón leyendo un libro. Éste dio un salto cuando la puerta chocó contra la pared y los Pickman entraron sin pedir permiso ni nada parecido.

-Muy bien, amigo, dame ese libro antes de que sigas haciendo daño -dijo Harvey.

-¿Eh? ¿Pero cómo voy a hacer daño con este libro? Si sólo es...

-Ya, ya, ya, siempre lo mismo "pero si esto es inofensivo" "sólo son experimentos, blablablaaa" -decía Anna mientras le arrebataba el volumen al hombre, pero cuando miró la portada, se quedó patidifusa. -Pero ¿qué coñ...? ¡¡¡Es un libro de relatos de Brian Danforth!!!

-Sí, eso es lo que iba a decir -dijo el hombre. -Llevo toda la noche leyendo uno de sus relatos largos y no me he dado cuenta de que se hacía de día.

-¿En ese relato hay un hechizo para saltar a la Dimensión  Púrpura? -preguntó Harvey, todavía sorprendido porque un hechizo escrito por aquél escritor hubiera acertado.

-No. En el relato se habla de un hechizo para convertir en oro todo lo que se toca, y como broma, se me ha ocurrido pronunciarlo en voz alta. Pero no hay nada sobre una dimensión púrpura, en serio.

Anna y Harvey se miraron incrédulos. Era increíble. De alguna manera, el hechizo que se había inventado aquel autor que solía malinterpretar todo lo relacionado con Los Mitos, era exactamente igual a las palabras que servían para saltar a la dimensión púrpura. Si hasta este momento, aquél tipo era un peligro para la reputación de algunas de las criaturas no humanas que convivían con los seres humanos, ahora sus relatos eran un peligro potencial.

-Un consejo -dijo Anna devolviéndole el libro. -No vuelvas a leer en voz alta hechizos de ningún libro. Aunque sean de este tontaina.

Ambos Pickman salieron de casa del hombre y se quedaron indecisos mirando el espectáculo de una Arkham llena de gente hablando animadamente con las medusas británicas. Los habitantes de la ciudad estaban llevando de una forma muy normal todo aquello. Quizás por la costumbre. De hecho, los Yithianos también estaban intercambiando impresiones con varias medusas británicas.

-¿Se te ocurre alguna forma de volver a nuestra dimensión? -preguntó Anna.

-Pero si no tengo ni idea de cómo hemos llegado aquí. El "hechizo" de Brian Danforth ha funcionado de pura casualidad y era para otra cosa. Aunque... quizás, si hablamos con esas medusas, nos ayuden. Ellas viven aquí, sabrán cómo hacernos volver a casa.

Harvey se acercó a una de las medusas que había estado hablando con un ciudadano de Arkham y le llamó la atención.

-Oye, amigo, mira... venimos del lugar desde el que se emiten esas series que os gustan tanto.

-¿Sois los que hacen Peaky Blinders y Los Tudor? -preguntó la medusa con su fuerte acento.

-Eh... no... pero venimos del mismo lugar, y nos ayudaría mucho saber cómo volver allí.

-Pero estamos disfrutando mucho de la compañía de los habitantes de esta ciudad. Son gente muy simpática -fue la respuesta de la medusa.

-Lo entiendo, esto es una novedad para vosotros... pero alguien notará el tremendo agujero en el lugar en el que solía estar nuestra ciudad, y no gustaría volver allí antes de que alguien se dé cuenta.

La medusa pareció meditar durante unos instantes.

-Sí, sería una tremenda descortesía para los habitantes de las localidades vecinas... hablaré con los expertos para ayudaros.

La medusa voló hacia las alturas y se unió a un grupo que daba vueltas entre las nubes bajas. Parecieron estar tomando la cuestión durante un buen rato, y después la medusa volvió a bajar a donde estaba Harvey.

-Ya está arreglado. Después de la hora del té, estará todo arreglado. Mientras tanto, podéis disfrutar de nuestra compañía.

Y, así, Harvey y Anna tuvieron que esperar hasta la hora del té. Aunque más bien, tuvieron que esperar a que pasara la hora del té, pues esta era sagrada para las medusas británicas. Afortunadamente, les invitaron a ellos y a los Yithianos a un té bastante sabroso, acompañado por unas pastitas, como es la costumbre. Una vez acabado el té, un grupo de medusas se juntaron y comenzaron a vibrar como si alguien las estuviera zarandeando violentamente. Mientras esto sucedía, el color purpúreo, las nubes bajas, la neblina y las medusas comenzaron a desdibujarse.

-Encantados de haberles conocido, nobles habitantes de las colonias británicas en América -dijo una de las medusas segundos antes de desaparecer.

Y, un segundo después, todo volvía a ser normal en los cielos de la ciudad. no había neblina, ni nubes bajas que reflejaran ningún color púrpura. Las medusas habían desaparecido. Todo era como solía ser habitual en esas fechas en aquella región de los Estados Unidos.

-Una especie bastante interesante -comentó uno de los Yithianos. -Deberíamos plantearnos un intercambio con ellos.

-Estoy de acuerdo. -dijo el otro.

-Un saludo, señores Pickman -dijo el primero antes de que ambos se marcharan para realizar sus acciones en la ciudad.

-Bueno, algo hemos sacado de esta situación. Hemos hecho amigos, hemos merendado con los habitantes de otra dimensión y los Yithianos de Erasmus han descubieron una nueva inteligencia con la intercambiar conocimientos -dijo Harvey satisfecho.

-Pareces muy tranquilo sabiendo que un puñetero libro de Brian Danforth es el que ha ocasionado todo esto. ¿Cómo podemos saber que otro de los galimatías que se inventa como hechizos no tendrá consecuencias si alguien lo lee en voz alta?

-Sinceramente, Anna... ¿a quien se le ocurre leer un hechizo de un libro de relatos de ficción en voz alta? Y si pasa, pues bueno... ya nos ocuparemos de ello.

-Piensa lo que quieras, pero yo ahora mismo siento un escalofrío sabiendo la cantidad de libros que vendió ese energúmeno.

Y con esa terrible idea en la cabeza, volvieron a la residencia. Quizás nadie fuera tan tonto de leer en voz alta un hechizo de Brian Danforth. Pero en el mundo hay muchos tontos. Demasiados...

jueves, 23 de marzo de 2017

Reptilianos y Conspiraciones: Un problema de gases

Camino a Pánico en los túneles (parte 4)

El caos parecía haberse desatado, una vez más, en torno al campus de la Universidad Miskatonic y la residencia universitaria La Llave y la Puerta. Araknek, Unglaublich y Pequeña T'auin corrían de un lado a otro tratando de organizar un poco de orden en aquel desastre. Por suerte, la araña, el servidor de los Otros Dioses y la Galápago del Mundo estaban ayudados por El que Legisla tras el Umbral y Harvey Pickman. Poco a poco, pese a los gritos, las carreras, las demostraciones de pánico y otras muestras de pánico, lograron organizar un campamento de refugiados en el campus. la residencia y el EldritchBurguer.

Todo había comenzado aquella mañana a primera hora. Los estudiantes acudían a sus clases, hacían el vago en las zonas ajardinadas o desayunaban en alguno de los establecimientos de comida próximos. Harvey se dedicaba a expulsar a un pequeño grupo de horrores interdimensionales blasfemos y babeantes que un estudiante había invocado por error durante una borrachera nocturna cuando empezó todo aquel desastre. De las alcantarillas y diversos accesos a los túneles bajo la ciudad, comenzó a salir un gas de color verdoso bastante maloliente. Inmediatamente fue seguido por una pequeña horda móvil de minis, Volkswagen Kübelwagen modelo 82 y minitanques, todos del ejercito de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Los vehículos estaban atestados de tropas de los einsatzgruppen y de las panzerdivision, y se podía ver también algún führer hombre serpiente degenerado. Por suerte, no había armaduras de combate Ritter, ni tropas anfibias, robots gigantes nazis o sharkjellyfishes. Esto se debía a que los reptilianos disponían de dos bases diferenciadas: una en algún lugar de los túneles hacia el interior y otra que habían montado para sus unidades acuáticas, cerca de la playa. En esta última, tras los problemas que habían tenido recientemente, habían acabado por reubicar sus unidades mecanizadas pesadas, es decir, los robots gigantes y las armaduras de combate.

En una perfecta maniobra de blitzkrieg invertida, en la que parecían huir en lugar de atacar, los RNLO se posicionaron para ocupar el campus y sus alrededores con sus vehículos y tropas. Harvey, que en esos momentos estaba acabando de expulsar a los horrores interdimensionales blasfemos y babeantes, se quedó aturdido y sorprendido por el tremendo despliegue realizado. Primero el gas apestoso y luego los reptilianos apareciendo de golpe con aspecto de haber salido huyendo de su base secreta. Y los morlocks comunistas no habían dado señales de mucha actividad últimamente, o al menos, de escaramuzas fuera de lo normal con los reptilianos. En cuanto finalizó con lo que tenía entre manos, se acercó al grueso del despliegue militar lacerto-nazi. Allí no tardó en encontrar a la Hauptmman Ammetu que fue rápidamente designada para ejercer de portavoz y enlace.

La capitana del ejército reptiliano, le explicó lo sucedido: la Conspiración que les había estado acosando y causando problemas durante las últimas semanas había pasado del sabotaje y el robo de material a la ofensiva. Para ello, habían inundado los túneles del sector en donde los reptilianos tenían su base principal con un gas apestoso. Como resultado, en toda la zona subterránea, la atmósfera era inaguantable y sólo se podía entrar con máscaras antigas, de lo contrario, lo nauseabundo del hedor podía resultar en vómitos incontrolables y desmayos. Más tarde, cuando se resolvió todo el asunto y pudieron tomar muestras del gas, Araknek lo comparó con una vez que Abhoth tuvo una indigestión y un posterior ataque de flatulencia aguda que dejó apestadas todas las cavernas bajo el monte Voormitadreth. Atlach-Nacha tardó un horror en poder quitar el hedor de las telarañas.

Ya que se trataba de una medida de urgencia, Harvey movilizó a todos los que tenía a mano que podían echar una mano. Para empezar, sacó de su despacho a El que Legisla tras el Umbral, que había estado en contacto con los reptilianos para ayudarles con sus problemas. A continuación, movilizó a Araknek, que apareció seguida por Pequeña T'auin y a Unglaublich. El trío para todo de La Llave y la Puerta, junto con el abogado, comenzaron a organizar de inmediato el campamento improvisado. Los reptilianos, aconsejados por Ammetu y guiados por el equipo de Harvey, se dejaron guiar y siguieron las instrucciones recibidas.

Durante toda la mañana estuvieron organizando aquel caos como mejor se pudo. Lo primero fue lograr sacar de la zona universitaria todos los vehículos, que habían ocasionado el caos en el tráfico rodado. A continuación, Araknek, que tenía talento para estas cosas, se ocupó de dirigir a los demás para habilitar espacios y acoger a los reptilianos. Estos, una vez superado el shock de la huida desesperada ante el pestilente ataque, comenzaron a funcionar con su habitual eficacia. Los mandos se impusieron y los führers hombre serpiente degenerado empezaron a arengar a las tropas y dirigirlas junto con los oficiales. A mediodía, Harvey fue a hablar con Don Alfonso de la Vega, el propietario del EldritchBurguer para asegurarse los suministros de comida necesarios para alimentar al pequeño ejército reptiliano mientras las cosas se calmaban. Mientras él se encargaba de estos temas organizativos, El que Legisla tras el Umbral y Unglaublich se dedicaban a hablar más detenidamente con la Haputmann Ammetu para obtener todos los detalles de lo sucedido. Por otro lado, Araknek y Pequeña T'auin, seguían ocupándose de la organización y revisando que todo iba bien.

Pero había algo que no iba bien, algo que a Harvey y los demás les estaba inquietando todo el día. Con todos los reptilianos pululando por la zona libre y abiertamente existía el riesgo de que la Fundación Albert N. Wilmarth y el pesado de Robert Pickman intentaran alguna tontería. Para el resto de la ciudad era una de esas cosas raras que pasan a veces, o algún número de teatro improvisado experimental de esos que montan a veces los estudiantes de artes dramáticas. Sin embargo, hábilmente escondidos por una vez, y aunque fuera por pura casualidad o por que, debido a la estadística, alguna vez tenían que hacerlo bien, un equipo de la Fundación Pickman estaba espiando atentamente las acciones de los reptilianos. Parapetados desde el piso de uno de ellos, que tenía unas excelentes vistas al campus, pulían sus piedras estrella y tomaban nota en previsión del momento idóneo para atacar. Al mismo tiempo, en el piso de al lado, Robert Pickman lo grababa todo con su móvil mientras escribía a toda velocidad en su blog, tablet en mano. Como escribía tan rápido, no hacía más que cometer errores, que le tocaba borrar y volver a escribir. Casualmente se trataba del piso de estudiantes donde vivía Katherine Ashford, que, por suerte, en esos momentos estaba en clase ocupada. Robert había conseguido meterse allí porque tenía amistad con una de las dos compañeras de piso de Kate, que tenía tendencias magufas. Tanto la Fundación como Robert no podían dar crédito a lo que estaba sucediendo.

Para los cazadores de monstruos de la Fundación Wilmarth, la horda de hombres serpiente vestidos con uniformes militares que se había asentado en la zona del campus suponía una prueba más de que el momento en que Yig alzaría al pueblo ofidio para erigir una nueva Valusia. O eso o algún plan similar que implicaría el levantamiento de los hombres serpiente. En cualquier caso, los hombres serpiente eran CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) y, por lo tanto, enemigos de la humanidad que debían ser destruidos.

En el caso de Robert, se confirmaban sus peores temores. Ya sabía que había reptilianos operando en la ciudad, incluso que estaban infiltrados en la residencia universitaria. Por muy astuto que fuera el disfraz de Summanus no lograba engañarle. Tenía las sospechas de que había más de esos alienígenas en algún lado, escondidos, planificando la dominación mundial, pero no tenía ni idea de que hubiera tantos en Arkham. Pero él sacaría la verdad a la luz. ¡Nadie le impediría demostrar definitivamente su existencia subiendo las pruebas a su blog!

Los reptilianos estaban finalmente instalados y sólo era cuestión de aguardar a que los túneles se ventilaran y se liberaran del apestoso gas que los habían inundado. El EldritchBurguer estaba sirviendo bocadillos de pescado como si se acabara el mundo, y Araknek, Unglaublich y Pequeña T'auin se movían de un lado a otro asegurándose de que todo funcionaba bien. Para los miembros de la Fundación y Robert la situación era catastrófica. ¿Era aquello la cabeza de puente de una invasión? ¿Habia comenzado el Fín de los Tiempos? ¿La conspiración reptiliana estaba preparada ya para salir a la luz y acabar con el espejismo de dominio del hombre? ¡No podían permitirlo! ¡La Fundación Wilmarth seguiría luchando contra las CCC hasta el final! ¡Los reptilianos no podían dominar el mundo públicamente antes de que Robert revelara toda la verdad de la conspiración en su blog! Por ello, decidieron entrar en acción. A la Fundación no les permitían usar explosivos desde aquel desafortunado incidente de nochevieja, por lo que no tenían más remedio que confiar en las viejas y fiables? piedras estrella. Aunque, por alguna razón, llevaban un tiempo que parecían estar fallando. Pero no dejarían que eso les desanimara. Para ello, habían sacado algo que tenían guardado sólo para situaciones de emergencia, piedras estrella originales de la antigua Mnar. Por su parte, Robert sabía que, para que todo aquello saliera a la luz, debía tomar fotos y vídeos desde más cerca, para demostrar sin duda alguna que los reptilianos estaban allí.

Tanto Robert como los agentes de la Fundación salieron de sus respectivos pisos y no tardaron mucho en encontrarse en el vestíbulo del edificio.

-¡Vosotros! -exclamó Robert al reconocer a los agentes de la Fundación Wilmarth por que llevaban el logo de la misma en sus ropas.

Rápidamente la cosa degeneró en una absurda pelea en la que se intercambiaban improperios y algún que otro puñetazo mal dado. Y es que hay que tener en cuenta que ni Robert ni los agentes eran precisamente unos individuos fuertes, atléticos y entrenados en el combate personal. Los miembros de la Fundación en Arkham eran, principalmente, académicos sacados de la universidad, aunque el correr tras los CCC blandiendo símbolos arcanos les daba algo de fondo atlético. Aun así, la pelea no duró demasiado ya que, finalmente, se impuso algo parecido al sentido común. Viendo que ambos bandos tenían el mismo objetivo, decidieron hacer una tregua temporal y aliarse para combatir esa invasión de reptilianos / hombres serpiente. Sin embargo, la resolución de las diferencias de opinión no había pasado inadvertido. Harvey, que conocía bien a su primo, había estado alerta toda la mañana, esperando a ver por donde aparecía Robert. El hecho de localizarlo peleándose con los inútiles de la Fundación Wilmarth no le extrañó lo más mínimo. Por ello, tenía preparado un plan de contigencia por si aparecían estos últimos, que eran los más peligrosos y molestos. Para ello, avisó a Araknek para que iniciara las acciones anti-Wilmarth.

La araña de Leng y descendiente de Attlach-Nacha, corrió a buscar a Pequeña T'Auin y Unglaublich y les avisó de que había que entrar en acción. Usando las capacidades del servidor de los Otros Dioses fueron a buscar el equipo especial que tenían preparado. Mientras, tanto, Harvey ponía sobre aviso a El que Legisla tras el Umbral para que se ocupara de mantener a los reptilianos sin intervenir. Lo único que necesitaba es que se exaltaran y montaran un nuevo follón en la ciudad. Además, hizo una llamada telefónica con resultado positiva. Un poco más tarde, mientras Los de la Fundación y Robert se aproximaban con sigilo al campamento reptiliano, lo cual hacía que su avance fuera más bien lento, llegó Pkaurodlos al lugar, tal y como le había pedido Harvey.

Una cosa característica de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro era que, pese a su lacerto-fascismo militante, resultaban muy respetuosos con las deidades de carácter reptilesco. Así, Bokrug, Yig, Pkaurodlos y otros dioses y primigenios lagartos o dragones resultaban venerados por este grupo. Por ello, la llegada de la deidad fue muy aclamada y llamó la atención de los agentes de la Fundación y de Robert. Al llegar, Pkaurodlos fue a hablar con Harvey, que le explicó su plan: a saber, debía hacer de señuelo para alejar a los pesados estos que no harían más que molestar y entorpecer. Pequeña T'auin le ayudaría. Mientras, Unglaublich y Araknek vigilarían la zona por si aparecían más efectivos de la Fundación Wilmarth o cualquier otro problema.

No tardó mucho en llegar Pequeña T'auin equipada con unos patines adaptados especialmente para sus patas. Estos habían sido diseñados para que la tortuga del mundo pudiera moverse a mayor velocidad de su lento paso habitual, y T'auin había acabado demostrando una gran pericia con ellos. Con el galápago ya equipado, pudieron comenzar la función. Pkaurodlos comenzó una perorata en un idioma reptiliano que, al parecer, los RNLO podían entender. El discurso parecía ser una especie de sermón y arenga con la que el dios de las tormentas y la urbanidad pretendía levantarles el ánimo a la vez que ofrecerles su apoyo y bendición. Pequeña T'auin, situada al lado de la deidad, ejercía como ayudante de la misma.

Ante el exaltado discurso de Pkaurodlos y las consecuencias que estaba teniendo, Robert y los agentes de la Fundación Wilmarth tuvieron reacciones similares por motivos diferentes:

-¡Es un maldito avatar de Yig! ¡Han traído un avatar de Yig! ¡Es Quetzalcoatl, la máscara del Padre de las serpientes de las cultura mesoamericanas! ¡Debemos detenerlos! ¡Sacad vuestros símbolos arcanos y al ataque! -clamó el jefe de los agentes de la Fundación.

-¡Es la invasión! ¡Han traído al Gran Jefe Reptiliano - Anunnaki para comenzar la invasión! ¡Tengo que grabar esto en vídeo y subirlo a la Red! -afirmó Robert.

Pkaurodlos, dios del trueno y la urbanidad, que ha sido adorado por toltecas, aztecas, mayas, iberos y unos cuantos clubes de caballeros ingleses, no era, por supuesto, Yig. Sí que había sido adorado por los pueblos nativos del continente americano, principalmente como Quetzalcoatl y Kukulkan, además de recibir otros nombres, pero, no era un anunnaki ni tenía nada que ver con los sumerios. Sin embargo, siguiendo el plan de Harvey, en cuanto vio avanzar hacia él a Robert y los agentes de la Fundación Wilmarth, finalizó su arenga e inició una dilatada carrera seguido por Pequeña T'auin. Y no es que se apuntara a una de esas carreras universitarias larguísimas que no parecen acabar nunca, sino que salió corriendo. Para ser exactos, salió volando, a baja altura, seguido por Pequeña T'auin que no tardó en ponerse a su altura y, a continuación, adelantarle para actuar como guía y marcarle el mejor camino a seguir. Sus perseguidores, por su parte, al verle alejarse, creyeron que huía de miedo, y se lanzaron tras él.

De esta manera, se iniciaba una loca carrera a través de las calles de la ciudad, alejando el peligro del campus universitario. Sin embargo, no fue el único efecto colateral del repentino e inesperado exilio temporal de los RNLO. Algunos departamentos universitarios, particularmente algunos de ingeniería, y química, aprovecharon la coyuntura. se dedicaron a estudiar los vehículos reptilianos y la naturaleza del gas apestoso que había inundado parte de los túneles. También, durante los siguientes meses, abundaron las composiciones literarias, teatrales y cinematográficas de estudiantes inspiradas en los reptilianos nazis. Fue otra más de esas modas pasajeras. Cuando, finalmente, los túneles pudieron ser ventilados, los RNLO regresaron a su base a revisar los daños. Para consternación suya, no sólo les habían robado tecnología, sino que, además, lo habían llenado todo de imaginería patriótica estadounidense. Aquello ya era demasiado. Era peor que la vez que los Morlocks Comunistas les habían regalado un CD con los grandes éxitos del coro del ejército de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks, o la vez que les prepararon una fiesta sorpresa con globos rojos con la hoz y el martillo y confeti en forma de pequeñas hoces y diminutos martillos. O la ocasión en que les colaron en su videoteca un documental sobre la vida de Lenin. Esto las superaba a todas. El Alto Mando Expedicionario de los RNLO se puso firme. Había que atajar los problemas de inmediato. Por ello, ordenaron a Ammetu que, una vez resueltos los problemas logísticos y acondicionada de nuevo la base, lanzara una incursión definitiva a los túneles para localizar y detener a la Conspiración.