jueves, 23 de marzo de 2017

Reptilianos y Conspiraciones: Un problema de gases

Camino a Pánico en los túneles (parte 4)

El caos parecía haberse desatado, una vez más, en torno al campus de la Universidad Miskatonic y la residencia universitaria La Llave y la Puerta. Araknek, Unglaublich y Pequeña T'auin corrían de un lado a otro tratando de organizar un poco de orden en aquel desastre. Por suerte, la araña, el servidor de los Otros Dioses y la Galápago del Mundo estaban ayudados por El que Legisla tras el Umbral y Harvey Pickman. Poco a poco, pese a los gritos, las carreras, las demostraciones de pánico y otras muestras de pánico, lograron organizar un campamento de refugiados en el campus. la residencia y el EldritchBurguer.

Todo había comenzado aquella mañana a primera hora. Los estudiantes acudían a sus clases, hacían el vago en las zonas ajardinadas o desayunaban en alguno de los establecimientos de comida próximos. Harvey se dedicaba a expulsar a un pequeño grupo de horrores interdimensionales blasfemos y babeantes que un estudiante había invocado por error durante una borrachera nocturna cuando empezó todo aquel desastre. De las alcantarillas y diversos accesos a los túneles bajo la ciudad, comenzó a salir un gas de color verdoso bastante maloliente. Inmediatamente fue seguido por una pequeña horda móvil de minis, Volkswagen Kübelwagen modelo 82 y minitanques, todos del ejercito de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Los vehículos estaban atestados de tropas de los einsatzgruppen y de las panzerdivision, y se podía ver también algún führer hombre serpiente degenerado. Por suerte, no había armaduras de combate Ritter, ni tropas anfibias, robots gigantes nazis o sharkjellyfishes. Esto se debía a que los reptilianos disponían de dos bases diferenciadas: una en algún lugar de los túneles hacia el interior y otra que habían montado para sus unidades acuáticas, cerca de la playa. En esta última, tras los problemas que habían tenido recientemente, habían acabado por reubicar sus unidades mecanizadas pesadas, es decir, los robots gigantes y las armaduras de combate.

En una perfecta maniobra de blitzkrieg invertida, en la que parecían huir en lugar de atacar, los RNLO se posicionaron para ocupar el campus y sus alrededores con sus vehículos y tropas. Harvey, que en esos momentos estaba acabando de expulsar a los horrores interdimensionales blasfemos y babeantes, se quedó aturdido y sorprendido por el tremendo despliegue realizado. Primero el gas apestoso y luego los reptilianos apareciendo de golpe con aspecto de haber salido huyendo de su base secreta. Y los morlocks comunistas no habían dado señales de mucha actividad últimamente, o al menos, de escaramuzas fuera de lo normal con los reptilianos. En cuanto finalizó con lo que tenía entre manos, se acercó al grueso del despliegue militar lacerto-nazi. Allí no tardó en encontrar a la Hauptmman Ammetu que fue rápidamente designada para ejercer de portavoz y enlace.

La capitana del ejército reptiliano, le explicó lo sucedido: la Conspiración que les había estado acosando y causando problemas durante las últimas semanas había pasado del sabotaje y el robo de material a la ofensiva. Para ello, habían inundado los túneles del sector en donde los reptilianos tenían su base principal con un gas apestoso. Como resultado, en toda la zona subterránea, la atmósfera era inaguantable y sólo se podía entrar con máscaras antigas, de lo contrario, lo nauseabundo del hedor podía resultar en vómitos incontrolables y desmayos. Más tarde, cuando se resolvió todo el asunto y pudieron tomar muestras del gas, Araknek lo comparó con una vez que Abhoth tuvo una indigestión y un posterior ataque de flatulencia aguda que dejó apestadas todas las cavernas bajo el monte Voormitadreth. Atlach-Nacha tardó un horror en poder quitar el hedor de las telarañas.

Ya que se trataba de una medida de urgencia, Harvey movilizó a todos los que tenía a mano que podían echar una mano. Para empezar, sacó de su despacho a El que Legisla tras el Umbral, que había estado en contacto con los reptilianos para ayudarles con sus problemas. A continuación, movilizó a Araknek, que apareció seguida por Pequeña T'auin y a Unglaublich. El trío para todo de La Llave y la Puerta, junto con el abogado, comenzaron a organizar de inmediato el campamento improvisado. Los reptilianos, aconsejados por Ammetu y guiados por el equipo de Harvey, se dejaron guiar y siguieron las instrucciones recibidas.

Durante toda la mañana estuvieron organizando aquel caos como mejor se pudo. Lo primero fue lograr sacar de la zona universitaria todos los vehículos, que habían ocasionado el caos en el tráfico rodado. A continuación, Araknek, que tenía talento para estas cosas, se ocupó de dirigir a los demás para habilitar espacios y acoger a los reptilianos. Estos, una vez superado el shock de la huida desesperada ante el pestilente ataque, comenzaron a funcionar con su habitual eficacia. Los mandos se impusieron y los führers hombre serpiente degenerado empezaron a arengar a las tropas y dirigirlas junto con los oficiales. A mediodía, Harvey fue a hablar con Don Alfonso de la Vega, el propietario del EldritchBurguer para asegurarse los suministros de comida necesarios para alimentar al pequeño ejército reptiliano mientras las cosas se calmaban. Mientras él se encargaba de estos temas organizativos, El que Legisla tras el Umbral y Unglaublich se dedicaban a hablar más detenidamente con la Haputmann Ammetu para obtener todos los detalles de lo sucedido. Por otro lado, Araknek y Pequeña T'auin, seguían ocupándose de la organización y revisando que todo iba bien.

Pero había algo que no iba bien, algo que a Harvey y los demás les estaba inquietando todo el día. Con todos los reptilianos pululando por la zona libre y abiertamente existía el riesgo de que la Fundación Albert N. Wilmarth y el pesado de Robert Pickman intentaran alguna tontería. Para el resto de la ciudad era una de esas cosas raras que pasan a veces, o algún número de teatro improvisado experimental de esos que montan a veces los estudiantes de artes dramáticas. Sin embargo, hábilmente escondidos por una vez, y aunque fuera por pura casualidad o por que, debido a la estadística, alguna vez tenían que hacerlo bien, un equipo de la Fundación Pickman estaba espiando atentamente las acciones de los reptilianos. Parapetados desde el piso de uno de ellos, que tenía unas excelentes vistas al campus, pulían sus piedras estrella y tomaban nota en previsión del momento idóneo para atacar. Al mismo tiempo, en el piso de al lado, Robert Pickman lo grababa todo con su móvil mientras escribía a toda velocidad en su blog, tablet en mano. Como escribía tan rápido, no hacía más que cometer errores, que le tocaba borrar y volver a escribir. Casualmente se trataba del piso de estudiantes donde vivía Katherine Ashford, que, por suerte, en esos momentos estaba en clase ocupada. Robert había conseguido meterse allí porque tenía amistad con una de las dos compañeras de piso de Kate, que tenía tendencias magufas. Tanto la Fundación como Robert no podían dar crédito a lo que estaba sucediendo.

Para los cazadores de monstruos de la Fundación Wilmarth, la horda de hombres serpiente vestidos con uniformes militares que se había asentado en la zona del campus suponía una prueba más de que el momento en que Yig alzaría al pueblo ofidio para erigir una nueva Valusia. O eso o algún plan similar que implicaría el levantamiento de los hombres serpiente. En cualquier caso, los hombres serpiente eran CCC (Criaturas del Ciclo de Cthulhu) y, por lo tanto, enemigos de la humanidad que debían ser destruidos.

En el caso de Robert, se confirmaban sus peores temores. Ya sabía que había reptilianos operando en la ciudad, incluso que estaban infiltrados en la residencia universitaria. Por muy astuto que fuera el disfraz de Summanus no lograba engañarle. Tenía las sospechas de que había más de esos alienígenas en algún lado, escondidos, planificando la dominación mundial, pero no tenía ni idea de que hubiera tantos en Arkham. Pero él sacaría la verdad a la luz. ¡Nadie le impediría demostrar definitivamente su existencia subiendo las pruebas a su blog!

Los reptilianos estaban finalmente instalados y sólo era cuestión de aguardar a que los túneles se ventilaran y se liberaran del apestoso gas que los habían inundado. El EldritchBurguer estaba sirviendo bocadillos de pescado como si se acabara el mundo, y Araknek, Unglaublich y Pequeña T'auin se movían de un lado a otro asegurándose de que todo funcionaba bien. Para los miembros de la Fundación y Robert la situación era catastrófica. ¿Era aquello la cabeza de puente de una invasión? ¿Habia comenzado el Fín de los Tiempos? ¿La conspiración reptiliana estaba preparada ya para salir a la luz y acabar con el espejismo de dominio del hombre? ¡No podían permitirlo! ¡La Fundación Wilmarth seguiría luchando contra las CCC hasta el final! ¡Los reptilianos no podían dominar el mundo públicamente antes de que Robert revelara toda la verdad de la conspiración en su blog! Por ello, decidieron entrar en acción. A la Fundación no les permitían usar explosivos desde aquel desafortunado incidente de nochevieja, por lo que no tenían más remedio que confiar en las viejas y fiables? piedras estrella. Aunque, por alguna razón, llevaban un tiempo que parecían estar fallando. Pero no dejarían que eso les desanimara. Para ello, habían sacado algo que tenían guardado sólo para situaciones de emergencia, piedras estrella originales de la antigua Mnar. Por su parte, Robert sabía que, para que todo aquello saliera a la luz, debía tomar fotos y vídeos desde más cerca, para demostrar sin duda alguna que los reptilianos estaban allí.

Tanto Robert como los agentes de la Fundación salieron de sus respectivos pisos y no tardaron mucho en encontrarse en el vestíbulo del edificio.

-¡Vosotros! -exclamó Robert al reconocer a los agentes de la Fundación Wilmarth por que llevaban el logo de la misma en sus ropas.

Rápidamente la cosa degeneró en una absurda pelea en la que se intercambiaban improperios y algún que otro puñetazo mal dado. Y es que hay que tener en cuenta que ni Robert ni los agentes eran precisamente unos individuos fuertes, atléticos y entrenados en el combate personal. Los miembros de la Fundación en Arkham eran, principalmente, académicos sacados de la universidad, aunque el correr tras los CCC blandiendo símbolos arcanos les daba algo de fondo atlético. Aun así, la pelea no duró demasiado ya que, finalmente, se impuso algo parecido al sentido común. Viendo que ambos bandos tenían el mismo objetivo, decidieron hacer una tregua temporal y aliarse para combatir esa invasión de reptilianos / hombres serpiente. Sin embargo, la resolución de las diferencias de opinión no había pasado inadvertido. Harvey, que conocía bien a su primo, había estado alerta toda la mañana, esperando a ver por donde aparecía Robert. El hecho de localizarlo peleándose con los inútiles de la Fundación Wilmarth no le extrañó lo más mínimo. Por ello, tenía preparado un plan de contigencia por si aparecían estos últimos, que eran los más peligrosos y molestos. Para ello, avisó a Araknek para que iniciara las acciones anti-Wilmarth.

La araña de Leng y descendiente de Attlach-Nacha, corrió a buscar a Pequeña T'Auin y Unglaublich y les avisó de que había que entrar en acción. Usando las capacidades del servidor de los Otros Dioses fueron a buscar el equipo especial que tenían preparado. Mientras, tanto, Harvey ponía sobre aviso a El que Legisla tras el Umbral para que se ocupara de mantener a los reptilianos sin intervenir. Lo único que necesitaba es que se exaltaran y montaran un nuevo follón en la ciudad. Además, hizo una llamada telefónica con resultado positiva. Un poco más tarde, mientras Los de la Fundación y Robert se aproximaban con sigilo al campamento reptiliano, lo cual hacía que su avance fuera más bien lento, llegó Pkaurodlos al lugar, tal y como le había pedido Harvey.

Una cosa característica de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro era que, pese a su lacerto-fascismo militante, resultaban muy respetuosos con las deidades de carácter reptilesco. Así, Bokrug, Yig, Pkaurodlos y otros dioses y primigenios lagartos o dragones resultaban venerados por este grupo. Por ello, la llegada de la deidad fue muy aclamada y llamó la atención de los agentes de la Fundación y de Robert. Al llegar, Pkaurodlos fue a hablar con Harvey, que le explicó su plan: a saber, debía hacer de señuelo para alejar a los pesados estos que no harían más que molestar y entorpecer. Pequeña T'auin le ayudaría. Mientras, Unglaublich y Araknek vigilarían la zona por si aparecían más efectivos de la Fundación Wilmarth o cualquier otro problema.

No tardó mucho en llegar Pequeña T'auin equipada con unos patines adaptados especialmente para sus patas. Estos habían sido diseñados para que la tortuga del mundo pudiera moverse a mayor velocidad de su lento paso habitual, y T'auin había acabado demostrando una gran pericia con ellos. Con el galápago ya equipado, pudieron comenzar la función. Pkaurodlos comenzó una perorata en un idioma reptiliano que, al parecer, los RNLO podían entender. El discurso parecía ser una especie de sermón y arenga con la que el dios de las tormentas y la urbanidad pretendía levantarles el ánimo a la vez que ofrecerles su apoyo y bendición. Pequeña T'auin, situada al lado de la deidad, ejercía como ayudante de la misma.

Ante el exaltado discurso de Pkaurodlos y las consecuencias que estaba teniendo, Robert y los agentes de la Fundación Wilmarth tuvieron reacciones similares por motivos diferentes:

-¡Es un maldito avatar de Yig! ¡Han traído un avatar de Yig! ¡Es Quetzalcoatl, la máscara del Padre de las serpientes de las cultura mesoamericanas! ¡Debemos detenerlos! ¡Sacad vuestros símbolos arcanos y al ataque! -clamó el jefe de los agentes de la Fundación.

-¡Es la invasión! ¡Han traído al Gran Jefe Reptiliano - Anunnaki para comenzar la invasión! ¡Tengo que grabar esto en vídeo y subirlo a la Red! -afirmó Robert.

Pkaurodlos, dios del trueno y la urbanidad, que ha sido adorado por toltecas, aztecas, mayas, iberos y unos cuantos clubes de caballeros ingleses, no era, por supuesto, Yig. Sí que había sido adorado por los pueblos nativos del continente americano, principalmente como Quetzalcoatl y Kukulkan, además de recibir otros nombres, pero, no era un anunnaki ni tenía nada que ver con los sumerios. Sin embargo, siguiendo el plan de Harvey, en cuanto vio avanzar hacia él a Robert y los agentes de la Fundación Wilmarth, finalizó su arenga e inició una dilatada carrera seguido por Pequeña T'auin. Y no es que se apuntara a una de esas carreras universitarias larguísimas que no parecen acabar nunca, sino que salió corriendo. Para ser exactos, salió volando, a baja altura, seguido por Pequeña T'auin que no tardó en ponerse a su altura y, a continuación, adelantarle para actuar como guía y marcarle el mejor camino a seguir. Sus perseguidores, por su parte, al verle alejarse, creyeron que huía de miedo, y se lanzaron tras él.

De esta manera, se iniciaba una loca carrera a través de las calles de la ciudad, alejando el peligro del campus universitario. Sin embargo, no fue el único efecto colateral del repentino e inesperado exilio temporal de los RNLO. Algunos departamentos universitarios, particularmente algunos de ingeniería, y química, aprovecharon la coyuntura. se dedicaron a estudiar los vehículos reptilianos y la naturaleza del gas apestoso que había inundado parte de los túneles. También, durante los siguientes meses, abundaron las composiciones literarias, teatrales y cinematográficas de estudiantes inspiradas en los reptilianos nazis. Fue otra más de esas modas pasajeras. Cuando, finalmente, los túneles pudieron ser ventilados, los RNLO regresaron a su base a revisar los daños. Para consternación suya, no sólo les habían robado tecnología, sino que, además, lo habían llenado todo de imaginería patriótica estadounidense. Aquello ya era demasiado. Era peor que la vez que los Morlocks Comunistas les habían regalado un CD con los grandes éxitos del coro del ejército de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks, o la vez que les prepararon una fiesta sorpresa con globos rojos con la hoz y el martillo y confeti en forma de pequeñas hoces y diminutos martillos. O la ocasión en que les colaron en su videoteca un documental sobre la vida de Lenin. Esto las superaba a todas. El Alto Mando Expedicionario de los RNLO se puso firme. Había que atajar los problemas de inmediato. Por ello, ordenaron a Ammetu que, una vez resueltos los problemas logísticos y acondicionada de nuevo la base, lanzara una incursión definitiva a los túneles para localizar y detener a la Conspiración.