martes, 14 de marzo de 2017

Reptilianos y Conspiraciones: Ritter attacks

Camino a Pánico en los túneles (parte 2)

Habitualmente en Arkham la presencia de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro no resultaba molesta. Por supuesto, ocasionalmente ponían en marcha alguno de sus absurdamente eficientes planes para conquistar la ciudad y derrotar a sus archienemigos, el Equipo Exile de Morlocks Comunistas. Sin embargo, una y otra vez acababan fracasando, bien porque los posthumanos lograban frustrar sus acciones o bien se topaban con la decidida defensa de la ciudad por parte de los Pickman, Delta Wave Welcome, Brontes o algún otro dios que anduviera por la zona y no tuviera nada que hacer. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parecían estar teniendo problemas internos, o, más bien subterráneos. Algo estaba pasando en los túneles bajo Arkham que estaba alterando la vida de los reptilianos. Fuera lo que fuera, las primeras consecuencias habían sido que los invasores lacerto-nazis alienígenas habían estado visitando a El que Legisla tras el Umbral para pedir su asesoramiento legal, además, tres robots gigantes de los RNLO modificados con muy mal gusto estético habían atacado Dunwich... justamente cuando todo Alfa Strike se encontraba allí. Sin embargo, el abogado primigenio no estaba satisfecho.

Había pasado una semana desde que Kate tuvo que organizar un grupo de incursión para detener las actividades sobrenaturales en el Bosque de Billington, y allí estaba la joven, en el despacho de El que Legisla tras el Umbral, junto con la Hauptmann Ammetu y el Unterfeldwebel Bazzu, pareja inseparable que actuaban como representantes de los RNLO en esta situación.Y para acabar de arreglar la situación, contaban también con Tiamat. Lo que le gustaría saber a Kate era que narices pintaba ella allí y que pretendían hacer con la diosa.

-Bueno, ya que estamos todos, podemos comenzar -dijo El que Legisla-. Estamos aquí para tratar el problema de los RNLO en los túneles que se extienden bajo la ciudad. Por la vía legal podemos olvidarnos de tratarlo. Por un lado iba a resultar exorbitantemente caro y complejo, por otro, no hay base legal, ya que los reptilianos y la conspiración que parece amenazarles no existen, legalmente hablando... así que podemos olvidarnos de ese camino. Los túneles bajo la ciudad son muy extensos y extraños, y sólo hay cartografiada con fiabilidad una parte de los mismos. De hecho, las zonas ocupadas por los RNLO y los morlocks comunistas están fuera de las áreas mapeadas. Y, por supuesto, la conspiración desconocida también. No se si hay novedades por la parte afectada.

-Nein, no hemos averiguado nada más -explicó Ammetu-. Hemos estudiado las modificaciones realizadas a los robots gigantes y seguimos rastreando los túneles. Pero parece que esa conspiración está muy interesada en nosotros. Hemos descubierto algunos intentos de incursión en nuestra base y nuestros talleres y hangares, pero no sabemos quien puede ser.

-Comprendo -asintió El que Legisla-. El problema de todo esto es que se os ve demasiado por la superficie, y me temo que acabaréis llamando la atención del pesado de Robert Pickman... En fin, mientras tanto, tendremos que asegurarnos de que no se vuelven a repetir sucesos como el ataque a Dunwich. Por eso, me gustaría contar con el apoyo de las welclones. Por eso quería que estuvieras aquí.

-¿Y no habría sido mejor avisar a Welcome? -preguntó Kate.

-Sí, pero ella está poco disponible por cosas de los estudios. Y tú eres la ayudante de Summanus en todo lo que respecta a la dirección de los alojamientos turísticos. Y las clones te respetan y te aprecian.

Kate torció el gesto, aunque sabía que el abogado tenía razón.

-Bien, entonces, ¿qué hacemos? -preguntó la joven.

-Bueno -dijo el abogado-, mi idea es que aprovechemos para ir a Dunwich y hacer una nueva exploración sobre el terreno. Se que las clones han sido exhaustivas, pero no podemos dejar de insistir y, tal vez se nos haya pasado algo por alto. De paso, he aprovechado para pedir ayuda a los morlocks, que, a regañadientes, han accedido a dejarme al Ritter Mk VI Ribbentrop-Mólotov. Con sus sensores es posible que avancemos algo. Y, en el peor de los casos, Tiamat puede usar sus poderes de diosa del caos para remover un poco las cosas, meter un poco de aleatoriedad en el asunto. Quien sabe.

La diosa sonrió y se encogió de hombros. Kate soltó un suspiro de exasperación. Ahora lo entendía todo... Ribbentrop-Mólotov era trataba de una versión posterior de las armaduras potenciadas Ritter de los RNLO. Venida de un futuro distópico en que, por una vez, a los reptilianos les había salido bien un plan absurdo. Se trataba de una mejora sobre los modelos actuales con tecnología más avanzada y convertida en un robot autónomo con su propia IA en lugar de una armadura pilotada. El problema era que, al ser reprogramado y modificado por los morlocks para enviarla al pasado e impedir que los reptilianos triunfasen, algo salió mal. Así, cuando llegó, Ribbentrop-Mólotov tenía cambios de personalidad que fueron posteriormente resueltos. Lo malo era que, en el futuro del que venía, Kate era una feroz y aguerrida líder de la resistencia y el robot comunista nazi había sido programado para serle fiel y servirla. Así, en el presente, el Ritter MK VI era un fan incondicional de la joven, a la que veía como la poderosa cabecilla de los rebeldes. Y claro, a veces resultaba agotador para Kate ese nivel de adoración. Pero bueno, era la única mujer de Arkham con su propio robot fanboy.

Al salir de La Llave y la Puerta, pues el abogado tenía su despacho en la residencia universitaria, se encaminaron hacia un mini decorado con las insignias de serpientes del ejercito RNLO. Kate agradeció que no hubieran traído un Volkswagen Kübelwagen modelo 82, un vehículo típico del ejercito alemán durante la II Guerra Mundial que los reptilianos habían adoptado como parte de su equipo. Junto al mismo, les esperaba el voluminoso Ritter MK VI. Se trataba del derivado de una armadura de combate, por lo que tenía una forma antropomórfica básica. Al ser de diseño original reptiliano, la cabeza, lo que era el casco en los modelos anteriores, recordaba a la de una serpiente. La imagen general era la de un fornido hombre serpiente dopado de esteroides envuelto en una gruesa armadura de placas de diseño futurista. A esto había que añadir las modificaciones hechas por los morlocks comunistas en el futuro y los retoques del presente. Así, el color gris de los reptilianos, así como sus insignias, habían desaparecido. En su lugar, había sido pintado de color rojo y decorado con el emblema de los morlocks comunistas: la hoz y el martillo en el interior de una rueda de engranaje, todo en amarillo. Además, le habían añadido algunas placas de blindaje adicional, hombreras con pinchos y un tocado de cuernos en la cabeza. Como fue enviado originalmente en "misión de paz", no llevaba armamento alguno. Para esta ocasión, los morlocks comunistas le habían dado una ametralladora Gatling y un depósito de cintas de munición. El robot, al verlos salir, se fijó directamente en Kate. Se acercó hasta ella y le hizo un rígido saludo militar de manual que haría llorar de emoción al sargento de instrucción más psicotico. Se cuadró y esperó instrucciones. Katherine, algo abochornada, y tratando de ignorar los intentos de El que Legisla por aguantar las risas, le indicó que los siguiera hacia Dunwich. Allí recibiría nuevas órdenes.

Mientras Kate miraba el vehículo y se permitía una pequeña sonrisa, El que Legisla tras el Umbral se dedicó a cargar en la baca un paquete de forma alargada al que se había referido como "recursos extras en caso de problemas". En el pequeño coche irían los dos reptilianos, El que Legisla tras el Umbral y ella. Aunque el abogado puede que no lo pasara muy bien. Por su parte, el robot los tendría que seguir corriendo. Como desarrollaba una buena velocidad, no habría problemas al respecto. En cuanto a la diosa, bueno, estaba claro que ella tenía su propia forma de hacer las cosas. Era una mujer de cuerpo escultural y formas voluptuosas, con una lujuriosa cabellera negra, piel escamosa de color ocre y exóticos rasgos faciales de Oriente Medio. De su espalda surgían dos grandes alas de plumas rojas, verdes, azules, blancas y negras, las mismas que cubrían sus brazos. Sus pies no eran humanos, sino más parecidos a garras de ave de presa. En esta ocasión se había presentado vestida con un pantalón  negro ajustado y un top del mismo color. Ella podía seguirlos volando.

Emprendieron camino en el coche, con el abogado algo comprimido por su elevada estatura, cosa que dirvirtió a Kate, considerando las molestias del leguleyo como una pequeña venganza tras las risitas anteriores. Tras ellos corría Ribbentrop-Mólotov y, tras él, Tiamat. Todo iba sin problemas hasta que llegaron al cruce de Dean's Corners, donde tendrían que girar hacia Dunwich. Al tomar el desvío, Bazzu, que era el conductor, se dio cuenta al mirar el retrovisor de que el Ritter Mk VI les hacía señales. Como buen sargento que era, previsor y rápido en las reacciones, detuvo el coche sin realizar un frenazo demasiado brusco, aunque si que resultó bastante repentino. Cuando el vehículo se detuvo y las imprecaciones, maldiciones y protestas cesaron, Ribbentrop-Mólotov se dispuso a explicarles lo que le había hecho avisarles para frenar. Sin embargo, apenas tuvieron tiempo de intercambiar unas palabras cuando, de improviso, un escuadrón de Ritters Mk IV modificados apareció de entre la espesura. Los sensores del Mk VI los habían detectado a tiempo, de lo contrario, podrían haberles sorprendido con el coche en movimiento y haberles atacado para provocar que se estrellaran. De esa forma, podrían enfrentarse a ellos de forma más equilibrada. Sin embargo, había algo en esos exoesqueletos blindados. En primer lugar, que no había actividad de los RNLO en aquella zona fuera del rastreo en busca de pistas sobre el ataque de los robots gigantes, y no usaban armaduras, si no infantería. En segundo lugar, las Mk IV eran... extrañas. Al igual que sucedió en el anterior ataque a Dunwich, parecían haber sido modificadas por alguien con muy mal gusto. Pero realmente malo... Ante ellos se desplegaban seis armaduras potenciadas Ritter Mk IV que parecían haber sido rediseñadas por un fan obsesivo y terminal de los mangas de robots. No sólo las habían repintado con colores chillones y llamativos, como si se tratara de deportivos que participaran en una carrera, sino que, además, les habían puesto alerones y aletas por todos lados. También resultaba curioso que les hubieran cambiado el armamento habitual, consistente en ametralladoras y cañones automáticos. Obviamente, era de la mejor tecnología reptiliana de inspiración germana de la II Guerra Mundial, mejorada y optimizada para su uso por parte de las tropas acorazadas reptilianas. En este caso, los Ritters llevaban algo diferente. Se trataba de versiones de armas adaptadas al tamaño apropiado para ser usadas por las armaduras de armas muy Made in USA pero de un estilo muy particular. Casi parecían robotejos anime cruzados con películas de acción de los años 70 y 80. Armados con Magnun 44 y M16 resultaban bastante chocantes.

Por suerte, los pilotos de las armaduras parecían algo confusos al fallar su emboscada. Por ello, El grupo del abogado primigenio tuvo tiempo para prepararse. Kate, sin esperar más, salió del vehículo y se escondió tras él. A fin de cuentas, ella no era una persona de acción. Junto a ella, El que Legisla bajó el paquete del techo y lo abrió, mostrando su contenido: cuatro fusiles de asalto Ak74 modificados, un chaleco antibalas para Kate y sendos fusiles MP44 para los reptilianos. Además, traía bastante munición como para librar una pequeña guerra. Ciertamente el abogado había sido previsor. Mientras se equipaban, los Ritter modificados adoptaron posición de ataque y comenzaron a disparar. Kate, acabando de ponerse el chaleco antibalas, empezó a jurar y maldecir mientras Ribbentrop-Mólotov se ponía a su lado para cubrirla y comenzaba a abrir fuego mientras entonaba La Internacional. Siguiendo su ejemplo, los dos reptilianos y El que Legisla tras el Umbral buscaron posiciones de tiro y comenzaron a abrir fuego. Sus adversarios, a quien la tormenta de disparos había cogido sorprendidos, no parecían demasiado profesionales, o, si lo eran, estaban algo oxidados. Sin embargo, pese a que los disparos los estaban conteniendo y hacían mella en los blindajes, no se dieron por vencidos. Buscando coberturas en los árboles, comenzaron a devolver el fuego.

Mientras el tiroteo se desarrollaba en aquella carretera poco transitada, Tiamat bostezó aburrida. Pese a que no había buscado cobertura y seguía impasible de pie contemplando el espectáculo, las balas parecían esquivarla de formas bastante raras. De hecho, si estuvieran filmando la escena con una cámara de alta velocidad para poder ver los proyectiles moviéndose, observaría cosas tan curiosas como balas que se encaminaban directas hacia la diosa pero que, a diferentes distancias, de improviso, cambiaban de dirección, hacia rizos, daban la vuelta y otros tipos de movimientos más propios de acrobacias aéreas. Como la situación parecía estancada, Tiamat se acercó a Kate a paso tranquilo, la tomó de la mano y la hizo levantarse. De repente, comenzó a sonar música, un vals, en concreto, El Danubio azul de Johan Strauss hijo, cosa sorprendente, pues venía de los altavoces externos del Ritter Mk VI, que había dejado de cantar La Internacional. La diosa rodeó a Kate con su brazo derecho y la joven, como hipnotizada se dejó hacer. Entonces comenzaron a bailar en medio del tiroteo. Tiamat era la que guiaba la danza y se movía con elegancia suprema. A medida que se desplazaban en sus movimientos, la pareja se iba aproximando a los Ritters enemigos. Al llegar hasta ellos, con movimientos sinuosos y sin romper las figuras del baile, Tiamat los iba tocando, y cuando recibían el contacto de la diosa, algo extraño sucedía. Al principio se quedaban paralizados en la postura que tenían en ese momento. Pero, a continuación, tiraban las armas y comenzaban a realizar extraños movimientos que se convirtieron en una coreografía digna de una producción de Broadway.

Ante este peculiar espectáculo, el tiroteo ceso y El que Legisla tras el Umbral, Ribbentrop-Mólotov y los reptilianos se quedaron mirando, anonadados. Tras acabar el baile Tiamat y Kate, la música se detuvo, y la joven salió del aparente trance en el que había caído por obra de la diosa. Ligeramente aturdida, miró a su alrededor tratando de asimilar la situación. Los Ritter enemigos también habían quedado paralizados al acabar la música. Era el momento idóneo para desmontarlos, extraer a los pilotos e interrogarlos. Pero las cosas no podían salir tan bien como esperaban. Aunque las armaduras estaban paralizadas, sus pilotos aún tenían una última opción. Cuando los reptilianos lograron abrir los caparazones metálicos de los exoesqueletos, los humanos que los ocupaban estaban muertos. Se habían suicidado ingiriendo alguna toxina para no ser capturados con vida. Así pues, ya que se trataba de una nueva pista, la Hauptmann Ammetu avisó a la base RNLO para que trajeran un equipo de recuperación. Cuando se llevaron los cadáveres y las armaduras modificadas, El que Legisla tras el Umbral y su grupo se retiraron. Unos días más tarde, Ammetu informó al abogado de que los pilotos habían muerto por saxitoxina. Curiosamente, la CIA comenzó a experimentar con este veneno en los años 50 para fabricar pildoras de sucidio.