viernes, 10 de marzo de 2017

Símbolos arcanos, diosas y cintas de vídeo

El número especial secreto de La Fundación Wilmarth sonó en el teléfono del becario, lo cual significaba que algo estaba sucediendo. Quizás alguna CCC había lanzado un ataque, o estaba despertando una DCC. Fuera lo que fuese, querían tenerle en la base en cuestión de minutos, así que no tardaría en llegar allí.

Recorrió Arkham como si le persiguiera uno de los propios monstruos a los que se enfrentaban. Tenía ganas de llegar cuanto antes para saber qué estaba pasando. La Fundación no solía utilizar aquél número para llamar a sus miembros a menos que fuera para algo muy importante. Las reuniones habituales las trataban por whatsapp en el grupo Cazadores de CCC y DCC. El nombre del grupo no era apto para decirlo con la boca llena, pero eso no les importaba, su misión era fundamental para que el mundo siguiera siendo el que era.

El becario llegó a la universidad. Eran horas tardías, las clases ya habían terminado, por lo que el campus se veía bastante solitario, tan sólo iluminado por las farolas. No perdió tiempo en buscar posibles amenazas, pues estaba ansioso por llegar a la base y saber qué estaba pasando. La base del grupo se encontraba en los sótanos del edificio de administración. Un lugar secreto donde nadie pudiera sospechar que se reunía el grupo que mantenía el mundo en orden y evitaba que terribles entidades de más allá de la realidad tomaran el control y destruyeran la civilización humana. Antes tenían una sede de verdad en la universidad, pero un pequeño problema después de tirarle una bomba a una entidad demasiado cercana al mismísimo Cthulhu había hecho que perdieran el edificio. No era la primera vez que tirarle un explosivo (o lo que es lo mismo, tocarle las narices) a un primigenio les ocasionaba una gran pérdida, pero ellos no se rendían. Realizó los toques en la puerta que comprobaban que era un miembro de la Fundación, y no alguien al servicio de sus enemigos, y dejaron que entrara al interior. Allí se encontraban todos los miembros del grupo que residían en Arkham. La Fundación actuaba mundialmente, por lo que tenían sedes en otros sitios, pero el grupo de Arkham era el original y el más importante. Sólo faltaba por llegar él, lo que le hizo sentir algo de importancia, porque no habían empezado hasta que no estuviera él. Se sentó en la única silla libre y, una vez hizo esto, se levantó el actual líder del grupo.

-Compañeros, os he reunido aquí esta noche por un problema que llevamos notando desde hace tiempo. Los símbolos arcanos tallados en las piedras de Mnar, nuestra defensa inmediata contra las CCC, no están actuando como debieran. Algo está sucediendo con ellos, algo que les está restando poder, y esto es algo que no podemos permitir... y menos desde que no nos dejan utilizar otro tipo de defensa dentro de la ciudad de Arkham por aquél incidente sin importancia de hace un año. Debemos solucionar el problema, pues nuestros enemigos, con seguridad, ya se han dado cuenta de que nuestras piedras con el símbolo arcano no funcionan. Llevamos investigando la cuestión desde hace semanas y hemos llegado a una posible solución al problema. El doctor Riviera, profesor de Filosofía Aplicada a la Metafísica hablará a continuación.

Se levantó un señor canoso con barba, que se aclaró la garganta y miró a su alrededor con severidad.

-He realizado investigaciones en libros secretos y prohibidos sobre la naturaleza de estas piedras y el símbolo que en ellas aparece representado. En el arcano libro de filosofía secreta Paranoias y Desvaríos de los Sueños, del autor Garius Millerus, se habla del origen del símbolo. Parece que fue creado por una diosa arquetípica, enemiga de las DCC, conocida como N'tse-Kaambl. Esta diosa benigna y protectora es la que dio forma a este símbolo para poder enfrentarse a los malvados seres que forman partel del Ciclo de Cthulhu. En este libro se habla de ella y de una forma de conseguir que escuche a aquellos que pudieran llamarla. Mi idea es invocar a esta diosa protectora para que vuelva a dar poder a nuestras piedras, que nos haga un símbolo arcano poderoso de verdad y no vuelva a pasarnos lo que ha avergonzado a nuestro grupo los últimos meses.

Algunas cabezas asentían y varios aplausos se escucharon entre el grupo.

-Sí, los Dioses Arquetípicos son seres bondadosos que están enemistados con las DCC. Es una buena idea, luchan por lo mismo que nosotros -dijo uno de los miembros del grupo.

-Bien, pues esta es la razón por la que os he reunido a todos -volvió a tomar la palabra el líder del grupo. -Votaremos si invocamos la ayuda de esta diosa protectora.

Se escuchó una multitud de murmullos y comentarios entre los miembros de la Fundación. El becario lo tenía muy claro. Había que llamar a esa diosa y pedirle ayuda. Si las autoridades de Arkham no les dejaban usar otras armas, el símbolo arcano era su única defensa, y aquella ciudad estaba repleta de monstruos peligrosos. Si no estaban preparados la tomarían en el momento menos esperado.

-Bien ¿miembros a favor de la invocación de la diosa arquetípica? -preguntó el líder cuando los murmullos cesaron.

Prácticamente la totalidad de las manos se alzaron en alto. Estaba clara cual era la opinión de los miembros de la Fundación Wilmarth.

-Bien, pues tengo aquí escrito el texto que hay que recitar para llamar a N'tse-Kaambl. He hecho una copia para todos y cada uno de vosotros, para que la energía de todos nosotros atraiga su atención. El agente Bush repartirá las copias. -explicó el Doctor Riviera.

El agente Bush, uno de los miembros de la organización que no eran profesores ni parte del sistema universitario de Miskatonic, fue repartiendo entre todos los folios con la invocación y volvió a su sitio.

-Ahora -dijo el Doctor Riviera -, entonen con voz profunda cuando yo diga.

Unos instantes de silencio en que todos miraban atentamente al doctor Riviera.

-¡Ahora, en voz bien alta! -exclamó el profesor de filosofía.

Y las voces de todo el mundo se alzaron en el sótano del edificio de administración de la universidad con palabras extrañas de un idioma desconocido, pero este no era blasfemo como el de las invocaciones a los DCC, este sonaba bonito. Más bien sonaba como una canción de Demis Roussos. Entonces una potente luz comenzó a brillar en el sótano. La luz fue creciendo y tomó la forma de un ave, algo parecido a un búho o una lechuza. Poco a poco la luz fue concretándose y tomando una forma antropoide cada vez más reconocible. Finalmente de la luz surgió una belleza resplandeciente, de rasgos mediterráneos y cabellos rizados, vestida con una coraza de piel que cubría una túnica sin mangas. En una de sus manos portaba un casco con penacho adornado con todo tipo de animales, y en su otra mano podía verse un escudo circular en el que se observaba el rostro de una gorgona. Se le podía ver un porte fuerte y unos hombros anchos que le restaban figura esbelta, pero esto no hacía nada por robar la belleza que irradiaba su rostro y la majestuosidad de toda ella. A ojos de cualquiera, lo que acababa de aparecer en el sótano del edificio de administración era una diosa.

Los miembros de la Fundación Wilmarth contemplaban maravillados la impresionante aparición que tenían ante sus ojos, hasta que uno de ellos consiguió articular palabra.

-Oh, poderosa N'tse-Kaambl, gracias por escucharnos -musitó.

La diosa lanzó una severa mirada al que había abierto la boca.

-¿Néstor Campbell? Espero que eso es lo que hayas dicho, por un ignoto error de tu mente mortal -dijo con una voz hermosa pero a la vez con un ligero tono castrense.

-¿No estamos ante la poderosa T'tse-Kaambl? -preguntó el doctor Riviera.

La diosa resopló con indignación.

-No me lo digáis... habéis sacado esa invocación del libro de un individuo que lo firmó como Garius Millerus -dijo la deidad.

-Lo cierto es que... sí -respondió el doctor Riviera.

-Pues lo siento por vosotros, pero no estáis ante esa entidad, sino ante Palas Atenea -dijo la diosa con una voz potente.

-Pe... pero la invocación era para la diosa arquetípica que...

-Sí, sé lo que dice ese libro -respondió la deidad -, fue escrito bajo los efectos de varios psicotrópicos ¿o es que el título no os ha dado ninguna pista de que todo lo que pone son chorradas? El tal Millerus, que, claramente, es un pseudónimo, llegó a decir que la tal N'tse-Kaambl era una representación mía, cuando yo no tengo nada que ver con los dioses arquetípicos. Esos se dedican a hundir continentes enteros y dejar yermos países con tal de acabar con sus enemigos. Yo soy una una diosa guerrera, pero soy más sutil, la sabiduría acompaña a mis estrategias y no la fuerza bruta. Eso se lo dejo a Ares.

-¿Entonces tú no fabricaste el símbolo arcano? -preguntó el doctor Riviera.

La diosa le clavó una mirada que destruiría los nervios de alguien más débil.

-No, no creé ese dichoso símbolo, y no es la primera vez que alguien me invoca por culpa del libro del tal Millerus. Ya me gustaría encontrar al muy mezquino, pero bien que se escondió cuando se dio cuenta de las cosas que había escrito...

-¿Y no nos vas a ayudar? -preguntó otro miembro de la Fundación Wilmarth -. Nos enfrentamos a un terrible peligro, unas entidades extradimensionales que...

-Chssst ¿vosotros me adoráis acaso?

-No.

-¿Me habéis construido un templo?

-Eso tampoco.

-¿Y entonces por qué os iba a ayudar? Si me sois indiferentes.

-Porque... porque somos los buenos -respondió el becario levantándose de repente.

Palas Atenea se giró en su dirección y le miró durante unos instantes. Una sonrisa se dibujó en su rostro, poco a poco comenzó a reír, y finalmente rompió en carcajadas.

-Quienes son los buenos, amigo, siempre está en el punto de vista del que pronuncia esas palabras -fue la respuesta de Palas Atenea -. Y si necesitáis la ayuda de esos dichosos dioses arquetípicos ¡¿Por qué no les llamáis a ellos?!

-Bueno... no suelen responder cuando se les llama. No hemos encontrado ninguna forma de entrar en contacto con ellos -le dijo el doctor Riviera.

-Claro... y entonces leéis cualquier chorrada que escribe alguien en un libro y llamáis a alguien sin saber quien vendrá. Suerte habéis tenido de que fuera yo, y no otro.

-¿Y qué hacemos? -preguntó el líder de la fundación ya desesperado.

-Pues, como dicen las etiquetas de los chicles, "sigue buscando".

Y antes de que pudieran responder a estas enigmáticas palabras, la diosa desapareció con un fogonazo, haciendo que todo temblara durante unos instantes. Los miembros de la Fundación Wilmarth se miraron los unos a los otros. Habían fracasado, aquella invocación no había servido para nada. Sus símbolos arcanos seguían sin funcionar.

-¿Y qué vamos a hacer ahora? -preguntó un miembro de la fundación.

-Lo que nos ha dicho la poderosa Atenea -respondió el líder -. Seguiremos buscando, pero ahora no, que ya es tarde y yo tengo que impartir una clase a primera hora. Ale, todo el mundo a casa.

Sin más que decir, el líder de la Fundación Wilmarth apagó las luces de su base secreta y todos fueron saliendo del lugar con la decepción en sus rostros. Para una vez que aparece ante ellos un dios bondadoso y les sirve para tan poco.

Aunque el becario no pensaba que aquello hubiera sido un fracaso. Seguiría el consejo de Palas Atenea. Seguiría buscando. Haría lo que fuera por encontrar a los dioses arquetípicos. ¿Para qué querían símbolos arcanos si podían contar con su ayuda? Aquello de hundir continentes sonaba muy, pero que muy prometedor...