viernes, 17 de marzo de 2017

Reptilianos y conspiraciones: Dungeons & Reptilians

Camino a Pánico en los túneles (parte 3)

Tras tres semanas de búsqueda, por fin la Hauptmann Ammetu y sus soldados del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro habían dado con la ruta que había seguido la Conspiración para atacarles en Dunwich con tecnología reptiliana robada y modificada. Primero fue durante la inauguración de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta, donde habían aparecido tres robots gigantes. Luego, a la semana siguiente, habían sido asaltados por tropas con armaduras potenciadas Ritter MK IV... La cuestión es que, pese a sus esfuerzos, seguían la búsqueda infructuosamente. Tenían la sospecha de que estaban utilizando alguna parte de la red de túneles bajo Arkham que se debía extender siguiendo el cauce del Miskatonic. Lamentablemente, había demasiados caminos subterráneos y, algunos de ellos eran demasiado extraños. A este caos había que añadir las sendas cavadas por los gules, que aumentaban la complicación. Así que, finalmente a alguien se le encendió la bombilla y decidieron avisar a Canina, la welclon hibrida de gul para que contactara con estos necrófagos a ver si ellos podían echar una mano. Y así fue. Gracias a estos devoradores de cadáveres, y tras una exhaustiva búsqueda, lograron dar con un ramal de los túneles que se extendía más allá de las cercanías de Arkham y que seguía el recorrido del Miskatonic hacia Dunwich. No llegaba tan lejos pero sí lo bastante como para mover maquinaria y vehículos hasta un punto desde donde poder alcanzar esa comarca con poco o ningún aviso previo. El problema era que dicho ramal conectaba con una de las partes más raras de los túneles, por donde incluso los gules podían perderse y donde habían sido vistas cosas realmente extrañas. Los gules pensaban que seguramente debía existir algún acceso a las Tierras del Sueño que ellos no conocían. Así que, con una pista más o menos sólida que seguir, había que aprovecharla y tratar de buscar un nuevo rastro. Por ello, El que Legisla tras el Umbral se preparó para mandar una expedición a los túneles. Contaba ya con la capitana reptiliana, que estaba tomando casi como algo personal descubrir esa misteriosa conspiración que les estaba resultando tan molesta. También vendría su satélite, el Unterfeldwebel Bazzu. Y, ya que les había ayudado y les vendría bien contar con ella para tratar con los gules y otros seres que pudieran encontrar allí abajo, había reclutado a Canina.

Ammetu se encargó de preparar el equipo necesario. Básicamente, era equipo de espeleología, pues no sabían que podían encontrar allí abajo. Además, llevaban consigo armas para todos: cuatro fusiles AK74 para El que Legisla tras el Umbral, sendos fusiles MP44 para los reptilianos y una pistola eléctrica para Canina. A esto había que añadir una buena cantidad de cargadores. Como vestimenta optaron por aquella que fuera cómoda y adecuada a los propósitos de la expedición. Así, los dos reptilianos optaron por uniformes militares de faena; el abogado adoptó su vestuario de combate, consistente en una camiseta blanca de tirantes, pantalón militar de campaña, botas militares y se ata una cinta roja en la cabeza y, finalmente, Canina, aunque acostumbrada a la desnudez casual de los gules, optó por una vestimenta igual que la de El que Legisla tras el Umbral. Como no sabían que iban a encontrar y los túneles estaban bien reforzados, al menos en su mayor parte, optaron por llevar un minitanque reptiliano con ellos. Así iniciaron su periplo por los nuevos túneles descubiertos. Al principio, durante los primeros kilómetros, no hubo problema alguno. La infraestructura de los caminos estaba muy bien construida, con subestaciones de descanso a distancias regulares para tareas de mantenimiento y salidas a la superficie. Estas, tal y como pudieron comprobar, estaban bien disimuladas y camufladas como parte del entorno natural. Aquel túnel era una obra de ingeniería muy bien desarrollada, aprovechando infraestructuras que ya existían y construyendo nuevas. Y parecía haber sido construido para ir a la región de Dunwich y con bastante discreción. Aunque, al examinar las subestaciones encontraron en las paredes símbolos pintados de BioGen. Seguramente la filial de NWE había usado aquel camino para hacer transportes en secreto que no llamaran la atención y acabó por quedar olvidada esa ruta tras la destrucción de los laboratorios de Dunwich. Cuando comenzaban ya a aproximarse a Arkham, la vía principal empezó a conectar con otros túneles y, finalmente, derivar en lo que parecía el sótano de una nave industrial. Al salir a explorar se percataron de que era precisamente eso: un almacén que pertenecía a BioGen y que lo usaba como tapadera para ese acceso a los túneles. Sin embargo, el rastro que estaban buscando no tenía nada que ver con BioGen o la NWE. Todo lo relacionado con esta multinacional y sus filiales estaba siempre identificado con logos corporativos, que brillaban por su ausencia en las acciones realizadas por la Conspiración. Además, las huellas dejadas por vehículos de BioGen se desviaban hacia el almacén, mientras que las huellas dejadas por los Ritter se encaminaban en otra dirección.

El nuevo túnel que tenían que seguir parecía un poco estrecho para el minitanque, y, por sus dimensiones, los Ritter tuvieron que avanzar en fila. Por ello, decidieron dejar el vehículo acorazado y seguir a pie. Como parte de su equipo, llevaban cascos de espeleología, por lo que podían compensar la falta de luz natural o artificial con los focos de los mismos. A medida que se adentraban en el nuevo entramado, se dieron cuenta de que algo raro pasaba. Tal vez se habían equivocado de camino, cosas posible, ya que había muchas encrucijadas y no siempre estaban claras las huellas. Canina estaba completamente desconcertada. Aquello no parecía la clase de túneles que los gules tomarían para atajar entre sus propias redes de caminos subterráneos. Al principio eran de tipo muy utilitario e industrial, pero, a medida que se adentraban, encontraban de todo. Por lo que podían ver, los miembros de la Conspiración parecían haber estado por allí explorando. O eso, o habían hecho un tour guiado a un grupo de turistas por las zonas más raras de los túneles de Arkham, porque había huellas por todos lados, y algunas bastante peculiares.

La cuestión es que, mientras daban vueltas y revueltas por aquella intrincada y laberíntica red de túneles, acabaron en una extraña zona donde los túneles habían pasado a ser cuadrados de 10 pies de lado, pavimentados con losas de 5 pies y decorados con antorchas que producían una luz parpadeante al tiempo que ahumaban el techo. Y cuando estas faltaban, los muros laterales estaban cubiertos de mohos fosforescentes. Tras avanzar unos metros, girar una esquina y bajar una escalera, toparon con una gruesa puerta de madera reforzada. En la misma había un cartel colgado que decía:

Bienvenidos a The Caverns of the Demon Baron
Entrada de monstruos y adversarios
Disfruten de la estancia.

Al lado, en una pared, había una dispensador que ofrecía mapas de la zona. Tomaron uno y lo examinaron.



Sin acabar de comprender lo que estaba pasando, El que Legisla tras el Umbral abrió la puerta y se encontró una enorme sala rectangular que, por su forma parecía ser aquella identificada con el número "1" en el mapa. Parecía la entrada a algún tipo de recinto subterráneo, como una mazmorra, con las paredes de piedra y el suelo embaldosado con esas losas de 5 pies. Había manchas de moho, unas toscas barricadas de madera, varios cofres cerrados con pinta de tener trampas en las cerraduras y un enorme pozo en el centro de la estancia, cubierto con una tapa de madera. El grupo se aproximó a este, pero, llevados por la precaución, decidieron no tocarlo. En su lugar se decantaron por examinar las puertas de la sala. La única que estaba abierta era la que daba la pasillo marcado como "a". Al abrirla, encontraron un pasillo corto que acaba en un giro. Antes de entrar, Canina se asomó al umbral y comenzó a husmear. Se agachó y examinó el suelo pensativa. Entonces se levantó, se fue a buscar un trozo de madera de la barricada y, al regresar, lo arrojó al pasillo. Se desencadenó un infierno: se abrieron pozos trampa, se dispararon flechas, descendieron hojas de guillotina, aparecieron péndulos acabados en hojas de hacha, incluso fueron arrojadas algunas arañas y serpientes venenosas que no duraron mucho entre aquel caos de objetos cortantes y afilados. Cuando todo se detuvo, Canina abrió camino seguida por los demás. Tuvieron que apartar todos los restos de los diversos proyectiles y objetos de las trampas. Por suerte, los pozos se cerraron solos y pudieron pasar por encima sin más problemas. Al llegar a la puerta que daba acceso a la sala "3", se prepararon para lo que pudiera haber tras ella. Prepararon las armas y Canina, agachada para que pudieran abrir fuego sobre ella si fuera necesario, empujó la puerta. La primera impresión era que se trataba de algún tipo de barracones toscos. En el centro de la estancia, un grupo de orcos, un ogro y un oso lechuza estaban jugando una partida de poquer hasta que, al abrirse la puerta de improviso, se habían detenido, mirando hacia la entrada con cara de haber sido sorprendidos haciendo algo que no debían. Al ver a Canina, El que Legisla tras el Umbral y los dos reptilianos parecieron aliviados.

-Que susto nos habéis dado -dijo el que parecía el jefe de los orcos -, ya creía que se había metido un grupo de aventureros y no se había activado el aviso. Ya sabéis como es esto, nada que hacer hasta que algún puñetero grupo de matones enlatados y magos fanfarrones se cuela en la jodida mazmorra y nos toca estar esperando hasta que lleguen a la sala para luchar con ellos. Bueno, pasad, pasad, que nosotros seguimos con lo nuestro.

Los recién llegados, sin acabar de comprender de que iba el asunto, cruzaron la sala y accedieron a la habitación "4", donde hallaron a un contemplador probándose unas lentillas nuevas. En la sala "6" dos elfas drow y una dríade en lencería en plena pelea de almohadas, con los uniformes bien doblados y preparados a un lado por si tuvieran que entrar en acción. En la "5", un otyug se estaba echando perfume. En la "7", un grupo de cinco guerreros esqueleto se estaban sacando lustre a los huesos. Aquello ya empezaba a ser demasiado absurdo, pero aún no habían cruzado toda la mazmorra. Finalmente, tras echar una mano a los guerreros esqueletos mientras Canina se divertía sexualmente con las elfas y la dríade, se dispusieron a examinar la sala "2". Al abrir la puerta se toparon dentro con un grupo que parecía sacado de una ambientación de fantasía heróica: un guerrero embutido en una armadura de placas; una arquera elfa con pinta de forestal; una maga vestida de forma absurdamente sexy cual personaje ilustrado por Luis Royo, Boris Vallejo o, ya puestos, la mayor parte de ilustradores de fantasía; un enano con un hacha, un tipo de pinta sospechosa que podría ser un pícaro y un último individuo con armadura, maza y escudo que tenía pinta de sacerdote guerrero. Al encontrarse los dos grupos, surgió un momento de inesperada confrontación que los dejó parados, observándose. De improviso, el guerrero lanzó un grito de batalla y se lanzó a la carga junto con el enano.

El equipo del abogado no tuvo problemas en reaccionar a este ataque. Los reptilianos tenían su entrenamiento militar, que les permitió ponerse rápidamente a abrir fuego. El que Legisla tras el Umbral, con su experiencia de combate junto a Alfa Strike (a quien, en el fondo, le encantaba meterse en esas aventuras y misiones). Por su parte, Canina había sido creada en un desquiciado proyecto super soldado de ciencia negra y loca, por lo que, entre los conocimientos que le habían metido en el cerebro se incluía un entrenamiento básico de combate. De esta manera, el grupo de aventureros fue recibido con una tormenta de balas. A saber: los disparos en fuego automático de los dos MP44 de los dos reptilianos, las ráfagas de los cuatro AK74 manejados por El que Legisla tras el Umbral y, si alguno llegaba vivo, Canina les aguardaba con una pistola eléctrica. Ni que decir tiene, que fue una total, completa y absoluta masacre. Cuando dejaron de disparar y se detuvieron los ecos del ruido del tiroteo, apareció tras ellos el jefe orco de la sala "3". Tras contemplar el resultado, les dijo:

-Buen trabajo. Desde luego ha sido rápido y expeditivo. Poco ortodoxo, pero muy efectivo. Bueno, como no se esperaba ningún otro grupo más por hoy, Bueno, nos habéis conseguido un día libre por la cara y sin que nadie de la plantilla haya acabado en el hospital. ¡Gracias!

Tras decir esto, se despidió de ellos y fue a avisar al resto del personal de la mazmorra. Los reptilianos, el abogado y la welclon se quedaron bastante sorprendidos. Pero, ya que nada les impedía continuar, siguieron adelante. Cogieron el primer pasillo y salieron a un túnel completamente diferente. Sin duda habían dejado esa extraña mazmorra, pero, tras avanzar unos metros y tomar un nuevo desvío, se encontraron en una zona de los túneles que les resultaba familiar. Sin acabar de comprender esto, retrocedieron para regresar a la mazmorra, pero, al llegar al punto por donde habían salido de la misma, el camino seguía adelante durante unos diez metros antes de girar. Aquello no tenía sentido. Puesto que no había otra cosa que hacer, trataron de encontrar de nuevo algún rastro mientras trataban de averiguar que demonios había pasado. La única explicación convincente que pudieron hallar fue que, tal vez, en aquella parte de los túneles había una conexión intermitente con alguna extraña dimensión de fantasía heróica, tal vez incluso con una parte de las Tierras del Sueño. Cuando se cansaron de dar vueltas sin hallar nada, ya que se había perdido cualquier rastro, buscaron una salida a la superficie. Al ver de nuevo la luz del sol, comprobaron a donde habían salido. Estaban en las afueras de Arkham. Nada más podían hacer. Así que, regresaron a pie a la ciudad. En cuanto los reptilianos llegaran a su base, cogerían otro vehículo para ir a buscar el minitanque que habían dejado en los túneles. Una vez más, habían sido frustrados en sus intentos de dar con la Conspiración que tantos problemas les estaba causando, pero el cerco se estaba cerrando.