sábado, 8 de noviembre de 2014

Presentando a Seabury Q. Pickman


La clase de Antropología de los pueblos de África Central iba tocando a su fin mientras el profesor Seabury Pickman acaba con las conclusiones de la lección:

-De esta manera podemos comprobar como muchas de las leyendas que corrieron sobre la zona central del continente africano, en particular la región conocida popularmente como”Congo”, pueden servir como cortina de humo para disimular verdades que se hayan ocultas. Muchos de los mitos del África negra hablan, en realidad sobre héroes y reyes deificados, criaturas de leyenda surgidas de los miedos ancestrales y sobre pueblos perdidos que, según sabemos, llegaron a alcanzar el nivel de desarrollo mínimo como para ser considerados civilizaciones. Algunos de estos pueblos han dejado descendientes que han involucionado hasta la edad de piedra, en cuyos recuerdos ancestrales hallamos las pistas para investigar estas culturas desaparecidas. En otros casos, tenemos fuentes de estudio más tangibles, como la ciudad de Gharne. Lamentablemente, algunos de estos restos arqueológicos se han perdido para siempre, habitualmente por causas naturales, como ya sucedió con la ciudad perdida de Zinj, que quedó cubierta por una gruesa capa de lava tras la erupción del monte Mukenko en 1979. Por suerte, tras la caída de la empresa STRT, los doctores Ross y Eliot quedaron libres de todo acuerdo contractual de privacidad, lo que permitió, junto con los documentos gráficos y textuales recuperados de las bases de datos de la empresa, obtener un testimonio fiable y relativamente completo sobre el estado final de la ciudad antes de su pérdida...

Mientras el atildado y elegante profesor continuaba sus conclusiones, un murmullo continuo que hacía poco comenzaba a escucharse de fondo fue aumentando su volumen paulatinamente, de manera que comenzó a superponerse al discurso del profesor que se decantó por ignorarlo y acabar la lección.

-Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson.

A medida que el sonido aumentaba, se veía acompañado de las vibraciones producidas por un grupo relativamente numeroso que parecía avanzar a la carrera hacia el aula.

Mientras el profesor Pickman recogía sus cosas y daba las últimas recomendaciones de la sesión, la puerta del aula se abrió de golpe para dejar pasar a una docena de seres de aspecto humanoide, vestidos de forma anárquica con taparrabos y desharrapadas túnicas, cuyas principales características eran unas poderosas garras en las manos y una testa porcina.

-Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson.

Las criaturas-cerdo, mientras entonaban sin cesar su monótono mantra, avanzaron a la carrera hacia el profesor para sorpresa de sus alumnos. Cuando llegaron hasta el docente, lo alzaron en volandas y se lo llevaron a hombros mientras este clamaba:

-¡No olvidéis que podéis consultar el Regnum Congo de Pigafetta en la biblioteca! ¡Y que no se os ocurra hacer un creepypasta de esto, porque os aseguro que volvereeeeeeeeeeeeeee!

Las últimas palabras del profesor se perdían ya mientras las criaturas-cerdo lo sacaban del aula y se perdían por los pasillos de la universidad para desconcierto general del alumnado, claustro y demás empleados de la institución educativa.

-Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson, Hodgson.

Ese mismo día, al caer de la noche, el profesor Seabury Pickman apareció a las puertas de la biblioteca de la universidad con las ropas desarregladas (algo inédito en él) y llevando en la mano un grueso volúmen de las obras completas de William H. Hodgson.