domingo, 2 de noviembre de 2014

This is Halloween I (Parte 2): Anna Pickman contra El Devorador de Galletas

Cuando Anna Pickman abrió la puerta de entrada de la Residencia Universitaria La Llave y la Puerta y vio lo que había en su exterior, decidió que preferiría estar en su casa haciendo calaveritas de azúcar... de hecho, preferiría estar en cualquier sitio menos en aquella ciudad de locos en la que siempre terminaba pasando algo como lo que  estaba viendo. Era una especie de foco de situaciones paranormales lo más absurdas posible, y aquello que estaba viendo era lo más absurdo que se había encontrado en sus aventuras con lo sobrenatural desde que tuvo que expulsar de un club de streaptease al fantasma de una anciana nudista.

-¿Habías visto algo así antes? -le preguntó Brontes, el experto al que había llamado para evitar que sucediera algo como lo que estaba pasando.

-Sí -respondió ella dubitativa -de pequeña, todas las tardes a la hora de la merienda... pero solía ser más pequeño.

Lo que había frente a ellos, detrás de una multitud de jovenzuelos disfrazados de toda clase de engendros de Halloween  (entre ellos no podían faltar La Calabaza Putona y el gordo barbudo disfrazado de hada) que huían despavoridos, había un coloso de seis metros de alto, cubierto de un denso pelaje azul, provisto de una cabeza ovalada partida por unas inmensas fauces negras y unos enloquecidos ojos que parecían mirar por doquier como los de un yonki. La criatura avanzaba tambaleante y moviendo los inmensos brazos como si pretendiera azuzar a la muchachada.

Anna buscó rápidamente entre la multitud y captó su atención uno de los individuos que huía. Llevaba gafas de pasta, un jersey negro y, lo más importante, en sus manos llevaba un inmenso libro que parecía abrazar como si fuera su mascota. Pero eso no era una mascota (y si lo era, ese chaval tenía un serio problema que debería consultar con su psiquiatra), era un grimorio que había visto anteriormente en su investigación de lo oculto. El Manual de Vinz Clortho para la invocación de seres extradimensionales.

El chaval fue detenido de su huida por una mano que le agarró del cuello del jersey y le atrajo a la cara de Anna, cuyos ojos se le clavaban haciendo que el individuo sintiera un escalofrío por la espalda.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí? Algo me dice que tú y tu librito tenéis algo que ver con esa cosa.

Los labios del chaval temblaron al intentar responder. Éste tragó saliva y al final pudo decir:

-Es que... verá... unos amigos y yo decidimos que podría ser una buena broma de Halloween invocar a una entidad de otra dimensión para meter miedo a los ancianos que nunca nos quieren dar las galletas  que hacen para celebrar las fiestas... lo que vino fue el bicho ese... pero cuando se comió las  galletas de los ancianos y vio que no había más, se puso como un loco a destrozar todo y salió a la calle en busca de más galletas que comer ¡y lo peor es que cuantas más galletas come, más grande se hace!

Anna le soltó el jersey y le arrebató el libro de sus brazos de gelatina.

-Anda, corre antes de que me arrepienta de no darte tu merecido por haber desatado semejante caos ¿no sabéis que hay cosas en este universo con las que no se debe jugar?

El chaval salió corriendo con el resto de corredores, y sólo quedaron allí Brontes, Anna y la criatura que se acercaba inexorablemente a ellos.

-¿Qué vamos a hacer con eso? No creo que le vaya a dar una indigestión por comer muchas galletas -dijo Brontes.

-No te preocupes, tengo un plan. En este libro está el hechizo de expulsión de la criatura, sólo necesito que lo distraigas hasta que abra el portal que lo devuelva a su casa.

-Bien, poca cosa... sólo tengo que distraer a un monstruo azul de seis metros de alto y obsesionado con comer galletas. He hecho cosas peores.

Mientras Anna abría el libro en busca del hechizo de expulsión, Brontes se dirigió hacia el monstruo gigantesco y se plantó ante él.

-¡Eh, chaval! ¿Sabes lo que  tengo? Tengo galletas... galletas MARBÚ.

Entonces Brontes empezó a danzar y a bailar mientras cantaba con voz de barítono:

-Marbú, Marbú, qué buenas son, las galletitas doradas de Marbú, tú pruébalas, qué ricas son...

El engendro de seis metros se quedó mirando a Brontes con atención y comenzó a dar palmas al ritmo de la canción.

Mientras esta lamentable  situación se desarrollaba, Anna buscaba frenéticamente el hechizo. El libro no tenía índice ninguno, y parecía haber sido escrito por un autor espídico con la mano tonta. Cuando parecía que el monstruo se había cansado de la canción y había confundido a Brontes con una galleta, Anna por fin dio con el hechizo y, con una voz potente, entonó un cántico formado por tantas consonantes que parecía que un gato se había subido al teclado del ordenador.

Al terminar el cántico, el aire alrededor  de Anna, pareció moverse y agitarse, tras lo que se formó una brecha de una potente luz azulada como el pelaje del monstruo que había cruzado las dimensiones para devorar las galletas de nuestro mundo. La criatura, que tenía la cabeza de Brontes en la boca y parecía chuparla como si fuera un caramelo, se quedó mirando la brecha interdimensional y lanzó un grito desgarrador. Momento que Brontes aprovechó para sacar la cabeza y gritar:

-¡A TOMAR POL CULO!

Un rayo resquebrajó los cielos y cayó sobre el monstruo azulado, que dejó caer de la impresión a Brontes. La energía del poderoso rayo, empujó al ser hacia la brecha extradimensional, que en pocos segundos se tragó al ser y se cerró como si allí no hubiera pasado nada. El silencio cubrió las calles de Arkham como si fuera una noche normal.

Brontes se acercó a Anna  con la cabeza cubierta de babas de monstruo. Ambos se quedaron mirando el lugar donde hace unos instantes había una brecha que unía nuestro mundo con una dimensión donde terribles devoradores de galletas esperaban  el momento para volver y comenzar una orgía de destrucción.

-Una noche típica de Halloween en Arkham -sentenció Anna. Se giró y volvió a la residencia. Pasaría el resto de la noche haciendo calaveritas dulces y pensando en lo que acechaba allí afuera... y cuanto tardaría en abrirse camino a nuestro mundo.