lunes, 22 de diciembre de 2014

Weird Christmas I: La noche antes de Navidad (parte 1)


Era la noche antes de Navidad y en la Residencia La Llave y la Puerta no se oía nada, con la excepción del sonido rítmico de los muelles del colchón de la habitación de Welcome, y los sonidos en la cocina mientras el servidor de los otros dioses conocido como Unglaublich daba los últimos retoques a la cena especial que estaban preparando los Pickman. La protoplásmica, informe y fluida criatura se había incorporado a la plantilla de la residencia cuando Harvey la había liberado de la extraña servidumbre que la ataba a una pareja de clase alta bostoniana que no sabían aprovechar sus posibilidades. Desde entonces, se dedicaba a vagar reptante por los pasillos de la residencia y las dependencias del campus universitario siempre que sus servicios no fueran requeridos para ignotos y arcanos propósitos como hacer la compra, actuar como chico de los recados y cualquier otro motivo por el que fuera requerido. En esa noche en particular, sus conocimientos, destrezas y fluidez multimórfica se requerían para preparar una cena muy especial que habían organizado los Pickman con unos invitados poco habituales. Unglaublich, fiel servidor y diligente fámulo y cocinero, se había entregado con febril devoción y leal entrega a su trabajo, y ya sólo quedaba que le dieran la señal para comenzar a servir los platos.
Mientras tanto, Harvey y Anna comprobaban la lista de invitados y daban el visto bueno a todos los preparativos. El comedor principal había sido ornamentado con decoraciones festivas alusivas no sólo a la navidad, sino también a otras festividades solares celebradas en las mismas fechas, así como símbolos que parecían haber sido dibujados por un poeta loco en mitad de una borrachera, preso de un ataque de delirium tremens. Las mesas estaban vestidas y los cubiertos, adecuados a los diferentes platos que se iban a servir, habían sido cuidadosamente repasados y colocados, al igual que el bosque de copas. Revisando los últimos detalles.
-Creo que está todo listo, ya sólo falta que lleguen los invitados. ¿Han confirmado todos su asistencia?-preguntó Anna.
-Sí, podemos contar con todos ellos, tan sólo espero que mañana no cueste mucho limpiar el comedor, porque me espero cualquier cosa de esta noche. Menos mal que Robert está “ocupado”. -respondió Harvey con una expresión esperanzada.
-¿Te has ocupado de él como acordamos?
-Ehhh... sí, Welcome no ha tenido problema en ocuparse de él durante toda la noche... Cabrón con suerte...

En ese momento, en la habitación de Welcome, la chica, desnuda y a cuatro patas sobre la cama, se disponía a iniciar a Robert en los placeres de la sodomización femenina.

Mientras el magufo de los Pickman no podía creer la suerte que tenía y Harvey y Anna rezaban para que todo saliera bien y no salpicara demasiado, Seabury se disponía a recibir a los primeros invitados. El profesor se había adecentado especialmente, y parecía el clon elegante de H.P. Lovecraft, dispuesto a actuar con británica flema ante el particular elenco que ya comenzaba a llegar:

De las alcantarillas surgieron los enviados de Innsmouth, un sacerdote de Dagón y su mujer, ambos de la raza anfibia de los Profundos. Croando y elegantemente vestidos con sus túnicas ceremoniales y joyas, caminaban anadeando y saltando y saludaron a Seabury con inesperada elegancia.

Del cementerio más cercano se aproximaban las figuras pálidas, gomosas y de rasgos caninos de dos gules, representantes de la población local de esta raza.

Caminando con una cierta torpeza y expresión de asombro, una pareja se dirigía hacia allí. Ataviados con una ropa de colores llamativos y mal conjuntada, los representantes de la Gran Raza de Yith, cuyas mentes habían llegado hacía poco a esta época y todavía no habían logrado adaptarse completamente, se presentaron al erudito Pickman.

La inconfundible, alta y delgada figura de cuatro brazos de El Que Legisla Tras el Umbral se aproximaba acompañado de una espectacular, joven, guapa, voluptuosa y sexy modelo en ciernes que había acudido al abogado equivocado y ahora tenía que pagar su parte en el particular “pacto con el diablo” que incluían los honorarios del primigenio legal.

Tarareando alegremente con la futura perspectiva de una buena comida y abundante bebida, la ciclópea figura del cíclope residente de la Universidad, Brontes se acercaba con alegre regocijo hasta que vio llegar al último invitado y su humor se tornó en suspicacia.

Con elegante y poderoso caminar, el Faraón Negro se aproximaba escoltado por dos guardias nubios y un cortejo de esclavas egipcias desnudas tocando címbalos y cuernos para anunciar su llegada. Nyarlathotep se presentaba bajo esta magnificente apariencia, la de un coloso sin rostro de gran envergadura y fuertes músculos de piel negra como la noche y ataviado con las vestiduras de un soberano del Antiguo Egipto.

-Eso sí que es una entrada.- Fue cuanto pudo decir Seabury ante la espectacular llegada del dios. Aunque esto presagiaba tormenta, sobretodo ante el momumental cabreo que arrastraba Brontes con Nyarlathotep.

Una vez estuvieron presentes todos los invitados, se les ofreció un coctel de bienvenida con una curiosa variedad de canapés a modo de aperitivo seleccionados para cubrir todos los gustos de los invitados: Pate viande pourrie avec des herbes, garum, grillé avec fondue coing foie, grillées ail frais, les champignons et les crevettes, etc. Durante el mismo, la tensión entre Brontes y el Faraón Negro pareció remitir mientras el griego se dedicaba a flirtear con las esclavas desnudas del cortejo y, la modelo que acompañaba al abogado lograba entretener al egipcio con sus evidentes encantos y demostraba la razón por la que había acabado endeudada de esa forma con el primigenio legal. Por ello, los Pickman daban gracias, y esperaban que la cosa siguiera así durante toda la noche. Con suerte, si las cosas no iban a más, los anfitriones lograrían su objetivo, usar la cena como excusa para tratar de negociar un pacto con las diferentes fuerzas de los Mitos de Cthulhu en Arkham y sus alrededores para hacer de la Universidad una zona neutral, y así, de paso, no llamar la atención de la Fundación Wilmarth más de lo necesario.

Cuando dieron por finalizado el coctel y pasaron al comedor, Unglaublich se dispuso a servir la comida y todo parecía ir bien... Parecía...