lunes, 20 de abril de 2015

Thunder-verse: Epílogo

Cuando Brontes vio el conocido edificio que servía de base a la residencia La Llave y La Puerta no pudo evitar una sonrisa complacida. No había estado fuera más que un par de días, pero había sido todo tan caótico, tan peligroso, y tan oníricamente absurdo, que encontrarse en un lugar al que podía llamar hogar le llenaba de alegría.

Cuando el ciclópeo dios atravesó las puertas de la residencia pudo respirar el aroma del producto de la limpieza que usaba Araknek, escuchar los sonidos normales del lugar, y sentir la potente luz de los tubos de iluminación. Definitivamente sí, estaba en casa. Cerró la puerta detrás de él y entró en el lugar avanzando con paso decidido, aunque estaba tremendamente cansado. Como dios que era, no tenía necesidades humanas como dormir, pero agradecía enormemente echarse y relajarse un rato en la habitación que había alquilado en la residencia al poco tiempo de llegar a Arkham.

Antes de que pudiera avanzar mucho, de detrás del recibidor apareció el estirado dinosauroide que trabajaba para los Pickman, ataviado con su habitual disfraz de "humano normal", que consistía en ropas holgadas y una barba falsa... como si hubiera alguna forma de ver normal a un tío con la piel ligeramente cobriza y marrón, pero como esto es Arkham, nadie había notado nada. Una sonrisa dentuda llenó el rostro de Summanus y, sin dar tiempo a nada al cíclope, le abordó.

-¡Brontes! ¡Has vuelto! ¿Pero dónde te habías metido?

Brontes miró extrañado al dinosauroide.

-Ni que no fuera normal que estuviera fuera un par de días...

-¿Días? -preguntó Summanus -Pero si has estado fuera dos meses...

Brontes se quedó pensativo unos momentos.

-Aaah, claro... es que el tiempo en Las Tierras del Sueño corre de forma distinta al mundo de la vigilia.

El cíclope siguió avanzando seguido de Summanus.

-¿Entonces has estado en Las Tierras del Sueño? -preguntó el dinosauroide.

-Sí -respondió Brontes -, pero no de visita. Las perturbaciones meteorológicas que sentimos antes de mi desaparición tuvieron respuesta allí. Básicamente, un idiota había secuestrado a los dioses de las tormentas, el rayo, y el trueno de distintos lugares con la intención de acabar con todos... pero resultó ser un inútil presentador del tiempo de la tele, así que no costó nada acabar con él. Ya sabes que los asuntos de los dioses suelen ser complicados, así que esta tontería nos llevó más tiempo del que debería... pero bueno, mientras yo no he estado ¿ha pasado algo por aquí?

-Oh, sí, bueno... primero hemos erigido una estatua en honor al gran escritor Terry Pratchett, que lamentablemente murió durante tu ausencia.

-Vaya, es una gran pena, apreciaba a ese buen señor -dijo Brontes con el semblante entristecido.

-Después de eso sufrimos la invasión.

-¿La invasión? -preguntó el cíclope.

Llegaron hasta las escaleras y fueron subiendo hacia el primer piso.

-Sí, aunque conseguimos que ningún alumno hiciera ninguna estupidez durante el período de exámenes, en cuanto este terminó un chaval que estudiaba Física Teórica abrió inadvertidamente un portal hacia una dimensión paradójica, allí la comida se come a las personas.

-Vaya, qué paradójico -susurró Brontes.

-Pues bien, antes de que pudiera cerrar el portal, toda la ciudad fue invadida por una horrible horda de croquetas... ¡croquetas asesinas!

-¡Oh, no!

-Sí, eran de jamón, y también había de bacalao.

-¿Y cómo es que la invasión fue abortada? -preguntó Brontes según cruzaban el primer piso.

-Pues aunque las croquetas eran muy buenas en estrategia militar, no tuvieron en cuenta el tremendo hambre que pasan los alumnos de intercambio... fueron irremediablemente devoradas por un grupo de estudiantes alemanes con un hambre voraz.

-Oh, triste final para las croquetas asesinas... ser devoradas por un grupo de hambrientos estudiantes.

-Pero eso no fue nada -siguió Summanus mientras subían al segundo piso -. Después de un tiempo, fuimos atacados por una extraña raza alienígena de más allá del Sistema Solar... un ataque por parte de tremendamente educados extraterrestres.

-¿Extraterrestres educados?

-Sí, era horrible, todo lo hacían con una educación impecable, no podía superarla ni el estudiante más disciplinado del colegio más costoso de Inglaterra. De hecho, gracias a su exquisita educación, su galantería y sus modales, conquistaron el planeta entero.

-¡¿Qué?! ¿Eso quiere decir que ahora los dueños del planeta son unos extraterrrestres educados?

Llegaron al segundo piso, donde Brontes tenía su pequeña habitación, y se dirigieron al pasillo donde esta se encontraba.

-Oh, no, resulta que Anna Pickman les convenció de que conquistar un planeta ajeno era algo de muy mala educación, así que los alienígenas se disculparon mucho y después se fueron.

-Así me gusta, me encanta que hayáis sido capaces de solucionar todos vuestros problemas.

Los dos llegaron hasta la puerta de la habitación, que se encontraba junto a una ventana que daba al exterior, y Brontes abrió con la llave.

-Bueno, no todos los problemas están resueltos, ahora está el tema del gigante...

-¿El gigante?

Por la ventana, repentinamente apareció un gigantesco ojo que miró con curiosidad al interior de la residencia y después se alejó.

-Aaay, hogar dulce hogar -dijo Brontes entrando en su habitación.

-Pero espera... ¿no nos vas a ayudar con el gigante?

Se pudo escuchar un tremendo estruendo y vieron pasar volando por fuera un coche de bomberos.

-Verás, Summanus, he estado fuera dos meses y ahora lo único que quiero es echarme un rato y escuchar un poco de música.

-Pero si dices que para ti sólo han sido dos días.

El cíclope se quedó mirando fijamente al dinosauroide.

-¿Sabes que he conocido a otro Summanus? Pásalo bien.

Le dio un tirón a la barba del otro y, repentinamente cerró la puerta.

Definitivamente, Brontes se alegraba de estar en casa.