lunes, 13 de abril de 2015

Thunder-verse (parte 9): Ultharpocalypse!!

Especial King-in-Yellow Size con el esperado final de Thunder-verse.

El espectáculo que se encontraron Brontes, Raijin, Summanus, el oso Misha y Karakal no tenía descripción posible, pero como se nos ha agotado el saldo de adjetivos lovecraftianos y de excusas para escaquearnos de estas situaciones, allá va: Ulthar hace unas horas era un tranquilo pueblo de las Tierras del Sueño, hace media hora, los gatos comenzaron a ponerse nerviosos y buscar formas de escapar, hace quince minutos, el aullido del viento era ensordecedor y la tormenta lo cubría todo, hace cinco minutos, no quedaba un gato en Ulthar, ahora, no queda Ulthar. En el lugar donde se alzaba la otrora reposada villa, se hallaba una población arrasada por la caída de múltiples rayos y retruecanos y una enorme galera de las bestias lunares destrozada de tal manera que haría las delicias de cualquier fanático de los puzzles. En el epicentro de la destrucción, yacían, durmiendo la mona, Thor y Perun, rebozados en astillas y cubiertos de trozos de madera, mientras N'kari trataba de recuperarse del, posiblemente, naufragio más absurdo de la historia, y Zeus trataba de sacar la cabeza de un ojo de buey.

En esos momentos, mientras la diosa negra y el griego de los rayos trataban de recuperar la compostura y la dignidad, hacían su entrada el grupo de perseguidores: Brontes, Raijin, Summanus, Karakal y Misha. Sorprendidos por encontrar aquel caos, se habían quedado sin palabras. Ulthar tardaría en volver a ser la misma, pues sería necesario mucho trabajo de limpieza, desescombro y reconstrucción. Sin embargo, los gatos, que parecían haberse recuperado más rápidamente de la impresión, no tardaron en volver a ocupar su hueco en las calles, disfrutando del nuevo paisaje urbano, lleno de trozos de madera con los que jugar, escondites que explorar y alturas que escalar. Cuando finalmente los dioses se reunieron, no tardaron en demostrar sus sentimientos ante el esperado reencuentro:

-¿Pero se puede saber que coño habéis hecho? ¿Cómo os la habéis montado para destrozar Ulthar de esa manera? -empezó Karakal -Espero que no se haya dado cuenta de esto, porque como venga entonces si que se puede armar una buena.

N'Kari, que parecía estar más recuperada del accidente, le miró extrañada y le interrogó al respecto:

-¿Qué pasa? ¿De quién hablas?

-¿De quién va a ser? ¡Bastet! Con la que habéis liado con los gatos, será un milagro que no venga a ver que ha pasado.

-No exageres, no ha sido para tanto.

Pero Karakal ya se llevaba las manos a la cabeza temiéndose lo peor mientras N'Kari, ignorándolo, se acercó a Zeus para ayudarle a desincrustarse del ojo de buey. Por su parte, los demás dioses se dispusieron a ayudar a los ebrios Thor y Perun y a comenzar a despejar la plaza central de Ulthar. Pero no tardó mucho en materializarse lo que Karakal tanto temía. Hecha un basilisco y ataviada tan sólo con un faldellín egipcio de lino, con sus divinos pechos rebotando de furia mientras la felina diosa avanzaba escoltada por un numeroso grupo de gatos, Bastet hizo su entrada en la plaza, clamando por los responsables. Karakal trató de interceptarla, pero temible es la furia de una mujer, aterradora la de una gata, y cataclísmica la de un dios. Y si se trata de una diosa de los gatos, se juntan las tres en una, con lo que más vale que busques un lugar seguro... en otro universo.

Mientras Karakal trataba de contener infructuosamente la terrible marea de furia de Bastet, Zeus había logrado sacar su cabeza del ojo de buey, y, algo mareado, se apercibió de la presencia de la diosa felina, cosa que, en su estado, le hizo soltar un comentario muy poco apropiado:

-Que buena está la gata.

Cuando Bastet escuchó esto, hirvió más de furia, quitando de en medio a Karakal de un golpe, y avanzó directa hacia Zeus que no podía (o no quería) apartar los ojos de los pechos de la diosa. Al llegar hasta él, y sin mediar palabra, le soltó un gancho a la mandíbula que hizo salir al griego por los aires y completamente noqueado. Una vez desahogada con el puñetazo, no tardó en exigir explicaciones. Entre los dioses que quedaban en pie y, con sumo tacto, trataron de explicarle a Bastet lo que había pasado, y como se había acabado desencadenando ese desastre sobre la ciudad donde está prohibido hacer daño a un gato. Mientras estaban en plena faena, Thor y Perun comenzaron a dar señales de recuperar la conciencia, y cuando, tras varios intentos, lograron ponerse en pie, se acercaron tambaleándose hacia el grupo de divinidades. Sin embargo, la resaca nivel Dios que arrastraban provocaba que no estuvieran ni de lejos en plena posesión de sus facultades, por lo que Perun, con un dolor de cabeza épico, se tropezó con sus propios pies, trastabillando hasta chocar con Bastet, con tan mala suerte que acabó estampando una mano en el culo de la diosa. Ésta, agraviada, se giró para soltar un guantazo al eslavo, que, con una técnica que sería la envidia de cualquier Maestro Borracho, pero sin hacerlo a propósito, sino como consecuencia de su estado, logró esquivarlo con un extraño requiebro y la torta se la llevó Thor que acabó proyectado contra Raijin y Brontes. Esto era la gota que colmaba el vaso de la paciencia de los dioses más controlados y la señal para comenzar una épica batalla entre panteones que sería la envidia de cualquier videojuego o película de Michael Bay y a la que una Zeus con un ojo morado por el golpe de Bastet se dirigía para participar también.

En medio de semejante trifulca de deidades, una lucha con nueve dioses (Brontes, Raijin, Summanus, Karakal, Zeus, Thor, Perun, N'kari y Bastet) y unos doce bandos, mientras el oso Misha se dedicaba a contemplar el espectáculo comiéndose un panal lleno de miel (quien sabe de donde lo sacó), hicieron su entrada en medio de una nube de humo Loki y el Señor de las Tormentas, ignorados por todos menos por los gatos que también estaban disfrutando del espectáculo.

-Aquí los tienes, los que se habían escapado y no había manera de encontrarlos. Con estos tendrás suficiente poder para ser inmortal e invencible, y con un control total sobre las tormentas y el clima.

Ante la aseveración de Loki, el Señor de las Tormentas lanzó una risotada maligna y desenvainó a Cortatormentas. Confiado en el poder de su espada encantada, el infame villano declamó con voz que pretendía ser profunda pero que parecía de afonía:

-Oh deidades tronadoras, he aquí el que se encargará de poner fin a vuestra tiranía sobre el clima y que será vuestro castigo. Yo seré el nuevo, definitivo y todopoderoso Dios del Trueno y nunca más se verán mis planes afectados por vuestro designio.

Volvió a reír de forma maligna y se lanzó contra la melé divina en la que, algún que otro dios (Zeus, está claro), estaba aprovechando para meter mano a las diosas y esperando que, con suerte, la pelea acabara en orgía. Cuando el osado y vicioso Señor de las Tormentas cargó contra la divina pelea, no tuvo en cuenta que hasta ahora se había enfrentado a espíritus elementales, diosecillos, seres mitológicos semi olvidados, un entrenador del Betis y demás morralla divina, ahora estaba haciendo frente a dioses de primera división. Por eso, mientras Bastet le pegaba una patada en las joyas de la corona a Zeus y Perun se lanzaba contra ella para tratar de placarla, Raijin, con un revés de su tetsubo que golpeó a Thor, alcanzó también al villano que salió despedido por los aires. Cuando éste logro recuperarse del golpe, volvió a cargar para recibir, esta vez, un puñetazo por parte de Summanus que le aseguraba un ojo morado y que, nuevamente le propulsó fuera de la pelea. A la tercera, intentando una aproximación diferente, dio de lleno contra el martillo de Brontes que ejecutaba un giro tras golpear a N'kari que, con sus afiladas uñas trataba de aferrarse a Karakal. Este tercer impacto, propinado por el martillo de trueno del griego, fue el golpe de gracia que impulsó al Señor de las Tormentas contra el muro del templo de los Grandes en Ulthar. Y de esta manera se pone fin a la andadura del más terriblemente patético villano de opereta surgido desde Pete Pote de Pasta (¿en qué estaría pensando Stan Lee cuando lo creó?).

Mientras tanto, Loki, que se había sentado a disfrutar del espectáculo junto a Misha y que devoraba unas palomitas de maíz, se puso en pie y comenzó a llamar al orden a los dioses. Cuando las deidades comenzaron a darse cuenta de que el Herrero Mentiroso les estaba reclamando, dejaron de pelearse para ver que quería de ellos el nórdico. Por supuesto, Thor tenía algo más que palabras con Loki:

-¡Loki! ¡Maldito! ¡Sabía que tenías que ser tú y no el Nyarlatoloquesea ese que dice el pesado de Brontes!

-¡Nyarlathotep!

-¡Lo que sea! Ahora veras Loki, te vas a enterar de lo que es bueno.

Thor, resacoso y vapuleado cargó contra el Herrero Mentiroso que no tuvo problema en esquivarlo sin esforzarse demasiado, cosa que acabó con Thor estampado contra una pared y más calmado. 

-Bueno, creo que os debo una explicación -comenzó a decir Loki-. Veréis, la cuestión es que llegó a mis oídos la existencia de un villanuelo de tercera regional que quería vengarse de los dioses del trueno por no se que estúpida razón. Seguramente quería dominar el mundo o algo así, lo típico. Y acabó investigando el mundo de los libros prohibidos, por lo que, más por suerte que por talento, se topó con algunos ejemplares realmente peligrosos. Como veía que, con su ineptitud iba a provocar algún desastre o, ¡peor!, invocar a Nyarlathotep -aquí viene un ¡Lo sabía! de Brontes-, decidí meterme por medio y, ya de paso, fabricarme mi propia arma chula, la Cortatormentas.

-Pero has hecho que mate a dioses del trueno -le acusó Summanus

-Sí, pero daros cuenta de lo que ha pasado cuando se ha intentado enfrentar a vosotros. Los únicos dioses que ha matado han sido los de regional preferente, seres de muy poco poder que no han sido capaces de defenderse contra un capullo nerd con una espada que no sabe usar. Así que lo he tenido mareando de un lado a otro de las Tierras del Sueño, haciendo que ganéis tiempo hasta estar todos juntos y así que os lo quitéis de encima de una vez. Y eso es lo que habéis hecho. Ahora bien, con vuestro permiso, y una vez completado mi trabajo, me retiro.

-Un momento, ¿pero quien era el tipo ese? -preguntó nuevamente Summanus.

-Ni idea, un capullo integral de Arkham, alguien relacionado con la televisión.

Brontes, que empezaba a sospechar de quien se podía tratar, se acercó al cuerpo caído del difunto villano y vio a un tipo bastante anodino, no era particularmente atractivo, ni feo como el pecado. No tenía cara de hurón ni parecía especialmente astuto o cruel, tan sólo un meteorólogo de segunda de un canal de televisión local que no acertaba en sus predicciones ni de casualidad.

-Ya se quién es, es un pardillo sin talento que no acertaba con sus predicciones meteorológicas. El típico perdedor resentido y amargado. Entonces, si ya ha acabado todo, creo que podemos irnos a nuestros respectivos hogares.

De esta forma, los dioses del trueno fueron separándose y citándose para verse posteriormente en ElderGodBook, decididos a tomar unas vacaciones tranquilitas y sin tanto jaleo. Loki sonrió mientras las deidades se alejaban, solas o por parejas, con Perun y Misha cabalgando hacia el horizonte (con música de Ennio Morricone) y Bastet y N'kari decididas a probar los placeres sáficos. Zeus, por su parte, se tuvo que contentar con los recuerdos de los aérobicos momentos vividos con la diosa africana mientras regresaba hacia el Olimpo.

Una vez se habían ido todos los dioses, Loki, satisfecho por que una vez más se había salido con la suya en una broma, cogió la Cortatormentas y su vaina, que nadie se había acordado de la espada, y se fue tranquilamente.

Tras la marcha de Loki, dos figuras ataviadas en traje negro y corbata, salieron de la taberna de Ulthar. Una de ellas, alta, muy delgada, con cuatro brazos y piel pálida y carente de rostro, y la otra de piel morena y rasgos faraónicos. El que Legisla tras el Umbral sonrió mientras le tendía una mano a Nyarlathotep y le comentaba:

-Ya te lo dije, siempre puedes contar con Loki para organizar un buen espectáculo, y si hay por medio dioses del trueno, los fuegos artificiales no van a faltar.

-Tenías razón, he perdido la apuesta. Aquí tienes, un dolar.

El billete cambió de mano mientras el primigenio legal disfrutaba de su victoria.


Fin de Thunder-verse