viernes, 13 de noviembre de 2015

Sin noticias de Yith

Un descacharrante homenaje a la obra de Eduardo Mendoza

Acababa de amanecer un nuevo día en la ciudad de Arkham. El frío de la mañana iba pugnando con los débiles rayos del sol cuando Summanus abrió las  ventanas de su habitación en La Llave y La Puerta. Respiró el aire fresco y olisqueó con la lengua. Comenzaba un nuevo día y disfrutaba de la calma y tranquilidad de esas horas tempranas, antes de que comenzara el caos y la locura endémicas de esa ciudad.

Una vez el dinosauroide se hubo puesto su habitual disfraz y se maquilló la cara, salió de la habitación y fue silbando en dirección a recepción para dar los buenos días antes de darse un buen desayuno, pero cuando llegó allí se encontró con algo que le quitó la idea de un desayuno tranquilo.

Delante de recepción había un extraño individuo vestido de forma bastante particular. Aunque Arkham se encontraba en pleno otoño de Nueva Inglaterra, aquel tipo iba vestido con una camiseta de tirantes en la que se leía "He viajado a Kadath y sólo he traído esta estúpida camiseta". Aparte de esto llevaba unos pantalones de pescar y una gorra. Había que ser nuevo en este trabajo para no saber que se encontraba delante de un miembro de La Gran Raza de Yith recién llegado del pasado.

-Saludos, honorable miembro de La Gran Raza de Yith ¿qué le trae a La Llave y La Puerta? ¿Va a coger una habitación? -preguntó Summanus antes de que el recepcionista dijera algo inapropiado.

-No -respondió el yithiano -, vengo a pedir ayuda a los Pickman. Ha llegado a mis oídos que son buenos resolviendo entuertos.

-Sí, bueno, algunos los resuelven y otros los provocan. La cuestión es que tendrá usted que esperar, pues todavía es temprano y suelen tener la costumbre de dormir.

-No sé por qué les hacen falta tantas horas de inconsciencia.

-Pues  porque si no, parecerían extras de una película de George A. Romero.

Antes de que el yithiano pudiera preguntar quién era ese tal "George A. Romero", por las escaleras que llevaban a las plantas superiores apareció Seabury Pickman, ya con su pipa en la boca, perfectamente arreglado.

-Summanus, dile a Unglaublich que hoy tomaré el café con leche, y calentito, que ya empieza a refrescar -dijo Seabury. Cuando se dio cuenta de la presencia  del extraño individuo, torció el gesto y lo estudió con la mirada. -Es usted un yithiano, supongo.

-Miembro de la Gran Raza de Yith, querrá usted decir -le respondió el otro.

-Sí, disculpe, todavía es temprano y los humanos normales necesitamos un brebaje llamado café para estar en pleno rendimiento -dijo Seabury. Después de lo mal que quedaron delante de los alienígenas de la desastrosa fiesta de navidad, intentaban ser lo más respetuosos posibles con los yithianos. No era recomendable enemistarse con alguien que podía viajar en el tiempo y joderte la vida antes de haber nacido.

-Bueno. La cuestión es que necesitamos su ayuda. Como sabrán, cada año los miembros de mi Gran Raza envían a dos estudiosos a la Universidad Miskatonic como miembros del programa Erasmus. Este año, los elegidos fuimos un servidor y mi compañero Kakekikokú. Todo iba yendo perfectamente en nuestro estudio de las costumbres universitarias de los humanos, hasta que a oídos de Kakekikokú llegó algo llamado Fiesta Erasmus. Llegó a la conclusión de que debía experimentar esa fiesta, como miembro del programa Erasmus, y, además, para poder investigar las costumbre festivas de los universitarios. Salió de nuestro piso franco bajo la apariencia de un ejemplar de vuestra raza conocido habitualmente como Lady Gaga... y no he vuelto a verlo.

-¿Me está diciendo que su compañero se fue a una fiesta de estudiantes Erasmus? -preguntó Seabury.

-Así es -respondió el yithiano.

-¡Atención! ¡Atención! -exclamó Seabury -¡Código rojo, código rojo! Una fiesta Erasmus puede tener nefastas consecuencias etílicas y altamente vergonzosas, debemos encontrar a Kakekikokú antes de que sea demasiado tarde. Son ahora mismo las 6:30 de la mañana... eso quiere decir que el festorro todavía seguirá en su máximo apogeo y estaremos a tiempo de evitar una catástrofe mayor.

-¿Pero cómo vamos a encontrarlo? -preguntó Summanus -En una fiesta de Erasmus todos son extranjeros estrafalarios y borrachos perdidos ¿cómo vamos a identificar a Kakekikokú? ¿Y cómo vamos a saber dónde está?

-No te preocupes, Summanus -le dijo Seabury con una sonrisa -. Tenemos a alguien capaz de encontrar a cualquier persona en cualquier sitio.



Después de una serie de sonoros golpes en la puerta de su habitación, Anna Pickman, asomó la cabeza y miró con mirada asesina a Seabury.

-¡¿Se puede saber qué quieres antes de las 8:00 de la mañana?!

-Anna, necestamos tu ayuda. Un yithia... un miembro de La Gran Raza de Yith ha tenido la genial idea de unirse a una fiesta de Erasmus y ha desaparecido. Su compañero está aquí y nos pide ayuda para encontrarlo.

-¿Y cómo se supone que voy a poder hacer eso a estas horas de la mañana?  ¡¡¡Si ni siquiera he desayunado!!!

Seabury miró a su alrededor incómodo.

-Bueno... tú eres una medium ¿no se supone que puedes hacer esas cosas? ¿Encontrar a personas y tal?

-¿Cómo es posible que con lo inteligente que eres digas esas chorradas? -le preguntó Anna -Puedo canalizar espíritus y fantasmas, así como comunicarme con ellos, pero no soy un perro que puede encontrar a personas perdidas. Aunque, con suerte para ti, puedo buscar entre mis libros de ocultimo algún hechizo para encontrar al yithiano.

-Miembro de la Gran Raza de Yith -dijo una voz desde el fondo del pasillo.

Anna miró hacia la dirección de la voz. Su expresión profetizaba una catástrofe, por lo que Seabury intervino.

-Anna, debemos darnos prisa. Sabes perfectamente lo apocalípticas que son las fiestas Erasmus.

-Vale, vale, voy a buscar.

Dicho esto, volvió al interior y desde fuera se escucharon sonidos de libros cayendo, páginas pasando y otros sonidos incomprensibles. Momentos después, volvió Anna, ya vestida y con un libro en su mano derecha.

-Vamos abajo. el hechizo es sencillo, sólo tengo que recitar unas palabras y hacer unos gestos con las manos.

Los dos llegaron hasta el final del pasillo, donde encontraron al yithiano asomado. Les miró con una sonrisa artificial y los siguió hasta la planta baja. Una vez allí, se dirigieron a recepción y Anna abrió el libro, pasó unas páginas y, tras encontrar el hechizo, comentó a recitar:

-Sightala-Ho ak p'tolhesav ¡Ashgat, Ashgat! Idrath ak mnelinok ¡Ashgat, Ashgat!

Nada más terminar estas palabras, ante los ojos de los demás apareció un fino y etéreo hilo verdoso que salía desde Anna y se dirigía a la puerta de entrada de la residencia.

-Ese es el camino que debemos seguir -dijo ella -, seguidme.

Así, Anna, Seabury, Summanus, y el yithiano, fueron siguiendo el hilo verdoso por las calles de Arkham hasta llegar a la zona de bares y pubs nocturnos.

-¡Vaya, qué sorpresa! -dijo Summanus -¿Quién se habría imaginado que nos traería aquí?

Anna le miró con ojos asesinos y Summanus sintió un estremecimiento por su espalda.

-Vale, me callo.

El hilo seguía avanzando hasta un pequeño pub llamado El Presbiteriano Borracho. Allí se dirigió el grupo y traspasó sus puertas. En el interior, iluminado por una tenue luz, vieron la barra y a un camarero limpiando con un trapo en el que había crecido todo un ecosistema completo.

-Disculpe -le dijo Seabury -¿Ha pasado aquí un grupo de estudiantes de Erasmus de fiesta?

El camarero le lanzó una mirada furiosa.

-¡¿Que si han pasado?! ¡Sí, han montado un escándalo tremendo y, después, se han metido en una tangana con el tipo aquél del fondo.

Las caras de todo el grupo se giraron al fondo y vieron allí una mesa donde había varios tipos inconscientes por los suelos, o sobre la mesa. A su lado, tranquilamente, había un hombre inmenso bebiendo acompañado de un oso.

-Buenos días, Perun -le dijo Seabury, acercándose acompañado del yithiano.

-Ah... ¿perrro ya es de día? -preguntó Perun extrañado.

-Curiosa forma de hablar la de este individuo -dijo el yithiano.

-¡No soy un individuo! ¡Soy Perrrrrun, dios de las torrrmentas, y este es mi fiel amigo misha!

-¿Perrun? -preguntó el yithiano.

-No, Perrrrun.

-Es lo que he dicho -respondió de nuevo el yithiano -Perrun.

 -Que no, que es Perrrrun.

Seabury alzó la vista al techo e interrumpió el bucle que estaba a punto de generarse.

-Perun, escucha. ¿Antes has estado con un grupo de estudiantes Erasmus?

-Oh sí, ellos han venido en grrrrrupo. Muy diverrrtidos y cachondos. Muy idiotas, ellos crrrreían que podrrrrían beber más que Perrrrrun, pero Perrrrrun y Misha han podido beber más que ellos. Después uno ha insultado a Perrrun, por lo que éste les ha dado una paliza. Después, Perrrrun intentó meter mano a una moza cachonda que iba con ellos, pero ella le ha insultado en aklo y se ha ido a un botellón con el rrrresto... al menos los que seguían conscientes.

Seabury se preguntó por qué el dios hablaba de sí mismo en tercera persona. Debía ser porque llevaba toda la noche dándole al vodka.

-En aklo... ha debido ser Kakekikokú -dijo esperanzado el yithiano -¿Pero por qué querría él ir a una botella grande? Eso no tiene sentido...

-Un botellón no es una botella grande. Es... una fiesta en la que se bebe mucho.

-¿Y por qué querría Kakekikokú beber mucho?

-Bueno -dijo Seabury -, da igual, sólo hay un sitio en Arkham donde se hagan botellones. A más ver, Perun.

-Hasta prrronto -dijo éste bebiendo otro vaso de vodka.

-¡Chicos! -exclamó Seabury -Debemos seguir nuestro camino hasta Martini Beach.

El grupo se dirigió a la playa de las borracheras oficial de Arkham y allí se encontraron con algo que no esperaban. Un grupo de profundos de fiesta, bailando al son de una caracola reproductor de música y claramente borrachos.  Cuando fueron a acercarse a ellos, rodearon a Anna.

-Hooola guapa -dijo uno de ellos -¿qué piensas de la piscifilia?

-¿Te has planteado una relación interespecies? -le preguntó otro.

-¿Qué te parecería tener hijos con ojos saltones y cara de sapo? -le dijo un tercero.

-Seabury, pregúntales rápido antes de que provoque otro conflicto entre humanos y profundos -le dijo Anna, aguantando como podía las ansias de convertirse en supersaiyan.

-Chicos -les dijo Seabury a los profundos -¿Han pasado por aquí unos erasmus con... Lady Gaga?

Los profundos se miraron entre ellos y hablaron en su gorgoteante idioma subacuático.

-Sí, se bebieron casi toda nuestra cerveza y el vino de Innsmouth y no nos dieron nada de su bebida -les dijo uno de los profundos.

-Pues sí, qué desagradecidos... -dijo otro.

-Después se bañaron desnudos y mancillaron el mar con una vomitona -continuó el primer profundo.

-¿Y sabéis a dónde fueron después? -preguntó Seabury.

-Dijeron que tenían hambre... por cierto ¿nos das el número de tu amiguita?

-No te lo recomiendo...

Dicho esto, Seabury se giró al grupo y llamó su atención.

-Chicos, sé a dónde fueron después, tenían hambre, y sólo hay un lugar al que irían unos borrachos a las tantas de la madrugada... ¡Al Eldritch Burguer!

Y el grupo dejó atrás Martini Beach y cruzaron de nuevo media ciudad hasta llegar a la hamburguesería más famosa de la ciudad, que se encontraba todavía abierta porque las madrugadas del jueves al sábado, siempre había clientes por alguna fiesta universitaria. Allí entró Seabury y saludó a Don Alfonso de la Vega.

-Buenos días ¿has visto a un grupo de erasmus borrachos, mojados y desastrosos con Lady Gaga? -preguntó Seabury.

-Oh sí, amigo, se comieron cuatrocientas hamburguesas y varios platos de pescado de Inssmouth. La mayoría de ellos cayeron K.O. después de esto y tuvieron que ser sacados en carretilla del local... ¡pero dieron buenas propinas!

-¿Y qué fue del resto? ¿Lo sabes?

Don Alfonso de la Vega se quedó unos instantes pensando y chascó los dedos.

-Ya me acuerdo... dijeron que se iban a sus casas.

Seabury sintió unas ganas tremendas de encontrar a Kakekikokú y darle un soberano guantazo por haberle hecho recorrer toda la ciudad sin haber desayunado para después estar en su casa durmiendo la mona. se despidió del dueño de la hamburguesería ya salió al exterior con el resto del grupo.

-Se ha ido... a su casa.

-Pero eso no puede ser -dijo el yithiano -, si yo estaba allí.

-Espera -dijo Anna -, quizás no se haya ido al piso franco, sino a "su casa".

-¿Qué quieres decir? -preguntó Seabury.

-¿Qué hace un yithiano cuando quiere volver a su casa después de haber terminado una investigación en un cuerpo humano?

-Oh, Dios mío...


El grupo llegó a la ferretería más conocida de Arkham y allí se encontraron con un lamentable espectáculo. Alguien que parecía Lady Gaga después de haberse pegado la fiesta padre, llena de arena, mojada, despeinada y sucia. Estaba con un montón de piezas de electrodomésticos y herramientas intentando construir algo que sólo un demente podría comprender. Cuando se dio cuenta de que se acercaban a él/ella/ello, abrió los ojos como platos y se dirigió hacia ellos tambaleándose y haciendo eses.

-Eeeeey, ereeees mi mejour amigoooo -dijo antes de desmayarse delante del otro yithiano.

-Bueno -dijo Seabury -, ya sabéis cómo es una fiesta de Erasmus... y ahora si me perdonáis, aún no he desayunado.

-Ni yo -dijo Anna.

-Pues ahora que lo decís... -dijo Summanus.

Y sin dejar que les dijera algo el yithiano, que les miraba con expresión extrañada, se volvieron a la residencia, deseando tomar un buen desayuno de una vez por todas.