jueves, 28 de enero de 2016

The Dunwich Problem: El Retorno de El Camarero Oscuro

Camino a Weird Bio-Hazard (parte 2)

Del Diario de Bruce Payne.

La fría lluvia cae sobre mi cabeza mientras espero, pacientemente, aquí subido en lo alto de éste granero. Mi presa está a punto de pasar por debajo y caeré sobre él como una pluma, silencioso. No le dará tiempo a nada.

Soy Bruce Payne, habitante de Dunwich y no soy una persona normal... bueno, no soy una persona normal para los estándares del mundo exterior. Lo normal en Dunwich no es lo que sería normal en cualquier otro lugar del planeta. Dunwich es lo que pasa cuando un pueblo de paletos endogámicos se encuentran con secretos y seres que el ser humano nunca debería conocer. Cualquier escándalo de este pueblo daría para una película de la Troma Films. Afortunadamente para el mundo cuerdo, Dunwich es poco conocido. Este pueblo está perdido en la campiña de Massachusetts y no es  fácil llegar a él. La gente suele encontrarlo porque se pierde... pero bueno, estoy desvariando.

He dicho que no soy una persona normal, y eso es porque no soy del todo humano. Mi familia, como otras de este pueblo, tiene la costumbre de confraternizar con cosas que no son humanas. Hace mucho tiempo se conoció el caso de los Whateley, que la liaron parda precisamente por tener relaciones con seres extradimensionales, y ahora la gente suele ser más discreta con el tema. Nunca acaba con un bicho de diez metros destrozando casas y comiéndose a la gente... bueno, al menos no normalmente. Mi familia, con un poco más de cabeza que los Whateley, no confraterniza con un dios de más allá del espacio y el tiempo. Mi familia, un poco más de estar por casa, prefiere retozar con un ser cuasi divino más terrenal. Bueno, más terrenal porque vive aquí en La Tierra, porque tengo entendido que vino del espacio exterior. Y, así, mi madre, en una ritual de adoración, tuvo relaciones con Tsathoggua. La verdad es que me pregunto cómo pudo tener relaciones con un dios que se pasa el día durmiendo y sólo se despierta para comerse a alguien y se vuelve a dar la vuelta, pero bueno, mejor no pensar demasiado en ello.

Debido a mi especial herencia, la mitad de mi genética es ultraterrena. Sé de otros descendientes de humano y Tsathoggua que tienen una particular plasticidad y pueden convertirse en inimaginables criaturas negruzcas no del todo sólidas y no del todo líquidas. Yo no tuve la suerte de molar tanto. Mi herencia de Tsathoggua es más mundana, más visible. Digamos que me parezco en la cara un poco a mi padre. Mi padre tiene una cara que podría recordar a un sapo cruzado con un murciélago, por lo que parece que mi cara la haya dibujado Larry Stroman y mi silueta recuerda vagamente a un murciélago.

En mi pueblo natal, que me pareciera a un murciélago con los labios de Carmen de Mairena no impresionaba a nadie, pero cuando dejé Dunwich para ir a la universidad de Boston, la impresión que di en mis compañeros fue superlativa. En Boston conocí el lado oscuro del mundo. La presencia de verdaderos monstruos humanos, que se aprovechan de la indulgencia del resto. Me di cuenta de que debía hacer algo, ya que a nadie parecía importarle. Decidí salir ahí fuera para combatir el crimen. Para ello adquirí el nombre de Batman... hasta que vinieron los abogados de DC Comics y tuve que cambiarme el nombre. Entonces adquirí el nombre de Man-Bat... hasta que vinieron otra vez los abogados de DC Comics que me invitaron amablemente a cambiarme el nombre. Después, debido a que mi uniforme tenía algo parecido a unas alas membranosas que unían mis brazos a mi torso, decidí bautizarme como Batwing... hasta que los dichosos abogados de DC Comics volvieron a darme la vara. Entonces pasé de nombres guays y, como trabajaba de camarero para pagarme los estudios, me llamé a mi mismo EL CAMARERO OSCURO.

Como Camarero Oscuro combatí a terribles criminales como El Payasete, El Pájaro Bobo y El Preguntón. No sé por qué unos delincuentes se ponían nombres tan estrafalarios, pero la cuestión es que se los ponían, yo les daba una soberana paliza, y después la policía los detenía. De vez en cuando conseguían escapar de nuevo, pero yo los volvía a derrotar en un absurdo ciclo que empezó a eternizarse.

Esto cambió cuando me crucé con algo peculiar. En una ciudad como Boston, no es difícil encontrarte a alguien borracho o drogado a altas horas de la madrugada. Vamos, esto te lo puedes encontrar en cualquier ciudad del mundo. Pero esto era algo totalmente diferente. Lo que empezó a circular por Boston era el rumor de una droga que te cambiaba a algo totalmente diferente. Sea lo que fuere, esta droga se estaba extendiendo y todo el mundo en los bajos fondos hablaba de ella. Al final, cuando me crucé con un sujeto que la había tomado, lo que vi era algo que no esperaría jamás en un lugar normal. Más bien es lo que uno se espera que se encuentre por una calle de Dunwich a altas horas de la noche... o a eso del mediodía también, por qué no.

El individuo que había tomado la droga iba corriendo de aquí para allá, haciendo eses y dando bailecitos, con los ojos desorbitados y con los brazos estirados. Lo que había al final de los brazos es lo que hacía desconcertante el caso. Sus manos terminaban en gruesos tentáculos que se movían espasmódicamente y que el tipo utilizaba para coger cosas y tirarlas mientras gritaba: "¡Los tentáculos no son lovecraftianos! ¡Los tentáculos no son lovecraftianos!". No sabía qué podía significar esa misteriosa frase, pero cuando intentó coger un cubo de basura para tirarlo contra un escaparate, caí sobre él desde las alturas y lo dejé grogui, le até los tentáculos a una farola y lo dejé allí hasta que se le pasara en efecto.

Cuando el efecto de la droga remitió, sus manos volvieron a la normalidad y el tipo cayó al suelo. Momento que aproveché para interrogarle. Resulta que la droga la conseguía de un individuo que vendía estupefacientes en las zonas de fiesta. No me costó mucho que me lo describiera, y a la noche siguiente lo localicé sin problemas. Cuando di con él, me aproveché de mi peculiar aspecto para infundir terror en él y obligarle a contarme todo lo que sabía. Yo creía que sería el típico camello, pero no, resultó ser un creyente de todas esas chorradas de la new age, los chakras y otras pseudogilipolleces. A mi no me interesaba todo lo que me estaba contando de los colores de mi aura, sólo quería que me dijera quién le proporcionaba la droga y qué diantres le hacía a la gente. Lo que dijo me trastocó totalmente. Primero, que el muy zoquete apenas sabía qué hacía la droga, salvo nosequé de abrirte a tu verdadero yo y expandir tu consciencia en el cosmos y demás palabrería. Lo segundo era de dónde venía el producto.

La droga se la traían unos tipos de una comuna hippie que habían instalado en un pueblucho poco conocido, perdido por las zonas rurales de Massachusetts, al que no era fácil llegar... un pueblo llamado Dunwich.

Encontrarme con mi pueblo natal relacionado con el caso hizo que me corriera un escalofrío por la espalda. Dunwich es un lugar de cosas extrañas y gente aún más extraña, que hace cosas todavía más extrañas que dan lugar a problemas verdaderamente extraños. La verdad es que no era raro que en Dunwich se fabricara una droga que hace que te salgan tentáculos, pero bueno...

Sin demora, cogí un autobús que me llevó de regreso a mi pueblo de nacimiento. No me sorprendió que el lugar apenas había cambiado. Seguía siendo una aldea atrasada en el tiempo, de casas destartaladas y con gente estrafalaria... Empecé a hacer preguntas sobre una comuna hippie. Primero había pensado en preguntar si habían visto algo raro en el pueblo, pero al pensarlo un momento, me di cuenta de que allí un tío con tentáculos no resaltaría mucho. La respuesta no tardó en llegar. La comuna estaba en las afueras del pueblo, por el sur. Eran un grupo que, por lo que me comentaron los pueblerinos, se dedicaban a cultivar sus propias verduras, fumar cosas y practicar el sexo libre entre ellos. Hasta estos hippies parecían atrasados en el tiempo. Todo era muy años '60, hasta vestían como entonces ¿para qué querrían esos tipos vender una droga que hace que te salgan tentáculos?

Cuando la noche cayó sobre Dunwich, me dirigí hacia la comuna. Se trataba de una pequeña parcela rodeada por autocaravanas que delimitaban su territorio. En su interior, estaban aquellos hippies escuchando In-A-Gadda-Da-Vida mientras bailaban con movimientos oníricos. Harto de tanta tontería, salté entre ellos y comencé a repartir mamporros. Los muy inútiles no se defendían y no hacían más que decir chorradas como "haz el amor y no la guerra". Al final, noqueé a todos menos a uno, que dejé despierto para que me contara qué demonios era aquello.

Lo primero era que ellos no vendían droga. Lo que hacían era embotellar un agua que según ellos, tenía propiedades cósmicas. Ampliaba los sentidos y hacía que saliera al exterior tu yo interior... o al menos eso decía el tipo este, que claramente estaba drogado, pero no del agua cósmica esa, sólo alucinaba como cualquier otro consumidor de estupefacientes. El agua cósmica la sacaban de un manantial que había cerca de la comuna y ellos la embotellaban y la repartían entre sus amigos de la ciudad. Estos eran los listillos que se dedicaban a venderla.

Dejé inconsciente al hippie de las narices y fui al lugar del que salía aquella extraña agua. Se trataba de una pequeña fuente construida en una pared de roca de la que salía agua si apretabas del grifo de metal. Aquello parecía una fuente normal y corriente, pero el color del agua al abrir el grifo no era normal y corriente. Empecé a preguntarme si todo aquello no tendría que ver con los milenarios secretos innombrables que ocultaba el territorio, pero cuando comencé a dar vueltas a la zona, me encontré con algo que me hizo pensar todo lo contrario.

Al otro lado de la pared rocosa había algo que, por lo visto, los hippies no se habían molestado en mirar. Se trataba de un terreno vallado en el que había un par de edificios, iluminados y vigilados a esas horas de la noche. Me di cuenta de que sería dificil introducirme allí, pues no había traído más equipo que mi uniforme, y aquellos guardias estaban fuertemente armados. Pero sí que conseguí algo. Lo primero, leer el cartel que anunciaba que aquellos terrenos pertenecían a la empresa BioGen. Lo segundo, conseguí seguir el coche de un individuo trajeado que salía de allí. Lo llevó hasta una anónima calle de Dumwich.

Y en esa anónima calle de Dunwich estoy ahora. Subido a lo alto de un granero, esperando que ese tipo pase por debajo para caerle como un silencioso halcón. Después le preguntaré sobre BioGen y qué está haciendo en un sitio tan ruinoso y peligroso como Dunwich. Le preguntaré por qué fabrican un agua que hace que te salgan tentáculos. Y le haré pasar miedo... mucho miedo.