viernes, 8 de enero de 2016

Mad Arkham Fury Road

Un homenaje a la película de acción del año en King-In-Yellow Size.

Durante la celebración de fin de año en Arkham, alguien fue demasiado lejos y las fiestas se le fueron de las manos a los habitantes de la ciudad. Esto desencadenó una serie de acontecimientos que llevaron a un escenario postapocalíptico en el que los habitantes de Arkham se dividieron en tribus que luchan por su supervivencia. En un Arkham como éste sólo los locos pueden vivir, y la única ley es ¡ACELERA!

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Arkham. Varios días después de año nuevo.

El animador sociocultural de los morlocks comunistas cogió el micrófono con sus manos enfundadas en cuero y se lo acercó a su boca con un movimiento digno de un cantante de rock.

-¡Camaradas! ¡Con todos ustedes la heroína que salvará la ciudad y nos devolverá nuestro más preciado tesoro! ¡Reciban a IMPERATOR ANNA PICKMAN!

Todos los morlocks que se habían reunido en el inmenso salón de guerra ubicado en el sistema de alcantarillado de Arkham alzaron las manos al aire, algunos con sus bastones, escopetas recortadas, armas retrofuturistas y espadas; y vitorearon a voz en grito a la joven que iba avanzando entre ellos de forma decidida. 

Anna Pickman caminaba mirando severamente a todos los morlocks que la vitoreaban. Vestía botas y guantes de cuero con pinchos, pantalones vaqueros roídos y con cadenas, camisola de cuero tachonado y sobre su hombro derecho llevaba una hombrera blindada. Se pasó la mano por el pelo, corto al estilo chico, y se puso las gafas de sol que llevaba en el bolsillo izquierdo del pantalón.

Ante ella podía verse un vehículo que era una quimera. Tenía partes de bólido de carreras, partes de deportivo de los años '50 y partes que habría que ser un ingeniero desprovisto de cordura para saber de dónde habían salido. En el interior del coche se podía ver esperando a un enorme cíclope vestido con su armadura gigeriana. 

Antes de entrar al vehículo, Anna Pickman se giró hacia su público y alzó los puños al aire, a lo que los vítores y gritos subieron hasta tonos que harían reventar cristales. Hecho esto, entró dentro del vehículo. 

-¿Cual es la misión? -preguntó Brontes.

-Debería ser una misión fácil -respondió Anna -. Tenemos que atravesar la ciudad hasta llegar al campamento base del RNLO. Una vez allí, debemos liberar a las mujeres morlock que han capturado junto al camión lleno de combustible. Hecho esto, salimos pitando.

-Esos cabrones del RNLO son listos. Saben que las mujeres morlock son las mejores pilotos, además de guerreras innatas. Con ellas capturadas, su ventaja contra los morlocks está clara. -dijo Brontes.

 -Sí, pero no cuentan con la alianza entre los Pickman y los morlocks. Les espeera una sorpresa muy divertida.

Anna Pickman arrancó y pisó el acelerador, haciendo que los morlocks se apartaran y el vehículo pudiera salir disparado por el largo conducto que los llevaría al exterior. Una vez allí, Anna frenó en seco y sacó un mapa que colocó sobre el volante.

-El camino más rápido sería cruzar la ciudad en línea recta -informó Anna -. Pero nos haría pasar por el territorio de los chemtrailistas, y Robert está demasiado fuera de sí desde que derribaron aquella avioneta publicitaria. No se puede razonar con ellos, aunque claro... eso no es nada nuevo... así que tendremos que girar y tomar un desvío por aquí.

Brontes clavó su único ojo en el lugar que había señalado Anna.

-Mmmm pero eso nos haría atravesar el territorio de la Miskatonic. -dijo el cíclope.

-Eso no importa. Lo más peligroso allí serían los de la Fundación Wilmarth, pero han decidido irse todos en busca de la deidad que ha provocado todo esto...  bueno, según ellos, claro... la cuestión es que allí sólo queda el grupo liderado por Seabury, alguien con más sentido común que los chemtrailistas de Robert. Nos dejarán pasar sin ningún problema.

Anna guardó el  mapa y volvió a acelerar el coche, haciendo volar nubes de polvo por las calles desiertas. Fueron cruzando las largas avenidas ante la vista de los pocos moradores solitarios que iban de aquí para allá en busca de provisiones (o lo que es lo mismo, saqueando las tiendas y el centro comercial). No les llevó mucho tiempo llegar al territorio de la Miskatonic, que protegía uno de los puentes que cruzaban el río del mismo nombre. Al llegar ante las puertas del campamento base (también conocido como Universidad de Miskatonic), Anna llamó a gritos al interior. Desde arriba asomó un centinela que hizo un saludo con la mano.

-¿Quién es? -preguntó.

-Somos miembros de la tribu Pickman -respondió Anna -. Queremos cruzar el puente para llegar al otro lado de la ciudad.

El centinela desapareció y, tras un minuto más o menos, las puertas se abrieron sonoramente dejando pasar el vehículo. Cuando cruzaron las puertas, Anna y Brontes pudieron ver un buen grupo de guardias de la Miskatonic apuntándoles con armas de fuego, todos vestidos con la toga universitaria de la tribu. Ante ellos había un pequeño grupo entre el que se encontraba Seabury Q. Pickman, vestido con la toga y con el gorro y los bártulos que lo identificaban como uno de los líderes. En su mano derecha llevaba su sempiterna pipa.

-Saludos, Anna, bienvenidos al cuartel de la Miskatonic ¿qué os trae aquí?

-Tenemos una misión que realizar más allá del río. Debemos llegar al campamento del RNLO y rescatar a unas personas que han secuestrado.

Seabury chupó de la pipa y dejó salir de su boca un hilillo de humo.

-Bueno, por supuesto que os dejaremos pasar... pero tenéis que pagar un precio, claro.

-Venga, no me jodas, Seabury -dijo Anna contrariada.

-Todo el que pasa por este territorio tiene que pagar un precio a la Miskatonic, y vosotros no vais a ser menos -continuó Seabury.

-¿Y cual es ese precio? -preguntó Brontes -No llevamos nada en el coche.

-El precio es... ¡Ser perseguidos por el grupo de novatadas de la Miskatonic!

De repente, unas planchas se apartaron del suelo dejando a la  vista unos agujeros de los que emergieron diez individuos disfrazados de payasos con equipos de protección de motocross montando unas motos tuneadas. Todos iban armados con palos de hockey que también habían sido tuneados para la ocasión.

-Vamos, vamos ¡corred! ¡Corred! ¡Correeeeeed! -exclamaron los miembros de la tribu de la Miskatonic alzando los brazos.

Anna pisó el acelerador y atravesó velozmente el cuartel general universitario. El coche iba seguido a pocos metros por el grupo de payasos, que iban riendo histéricamente mientras intentaban golpear la carrocería con sus palos de hockey. El coche se fue acercando hacia las puertas que llevaban al pueten que cruzaba el río, pero todavía seguían cerradas.

-¿Pero se han vuelto locos? Nos vamos a estampar -dijo Brontes tapándose el ojo con la mano.

-De eso nada, monada -dijo Anna con una sonrisa.

Los guardias que estaban junto a las puertas, se miraron el uno al otro nerviosos al ver que el coche iba directo a ellos y no frenaba, por lo que abrieron las puertas y salieron corriendo para esconderse lo antes posible.

-¡Estás como una cabra! -exclamó Brontes.

Anna rió al oír esto e hizo un trombo para evitar al grupo de payasos psicópatas. Varios de ellos no previeron esto y acabaron en el suelo rodando varios metros, pero el resto siguió la persecución. El coche enfiló hacia el puente acelerando cada vez más, pero de ninguna manera conseguían quitarse de encima al grupo de payasos, que volvían a golpear el coche y habían arrancado la antena de la radio.

-¡Cabrones! -exclamó Brontes -¿Y ahora cómo vamos a escuchar la radio? Estaban poniendo una canción muy  bonita...

-Tenemos que librarnos de estos chalados como sea -le dijo Anna.

-Déjamelos a mi, tú sigue directa al puente.

Anna pisó con más fuerza el acelerador, si seguía así, iba a sacar el pie por debajo del coche. Al final llegaron y pasaron a través de él a más de 200 Km por hora. Los payasos iban casi pegados a ellos, pero cuando fueron a cruzar el puente, de repente, de una oscura nube que había sobre ellos, cayó un gigantesco y potente rayo que traqueteó tan fuerte que estallaron varios cristales de la ciudad y reventó el puente produciendo un agujero que no pudieron evitar los payasos y todos acabaron al fondo del río.

-¡¡Serás bestia!! Que te has cargado el puente... -dijo Anna.

-Ya, pero así no nos seguirán...

-Bueno... visto de ese modo... Sigamos nuestro camino, ya hablaremos de esta pequeña bromita Seabury y yo la próxima vez que nos veamos.

El resto del camino hasta el campamento base del RNLO fue en relativa calma, sólo tuvieron que dejar pasar a una ancianita, un grupo de patitos y ayudar a arrancar a un OVNI que se había estrellado. Cuando tuvieron a la vista el campamento base, Brontes tragó saliva. Se podían ver las puertas y la muralla llena de puntiagudas lanzas  y estacas gigantescas. Detrás de las murallas se podían ver los cañones de los tanques que apuntaban al exterior, que inexplicablemente aún no les estaban disparando.

-¿Qué vamos a hacer? No creo que nos dejen entrar así como así -dijo Brontes.

-Bueno, tú estás es un grupo de dioses superhéroes y yo soy yo, así que poco importa que no nos dejen entrar. Además, este coche sólo era para llegar hasta aquí. Volveremos en el camión.

-¿Qué...? ¿Qué se supone que significa eso?

-Significa que te pongas el cinturón. Niños, no hagan esto en casa.

Anna pisó el acelerador hasta el fondo y la velocidad fue subiendo y subiendo. Los centinelas del RNLO ya se dieron cuenta de que el coche se acercaba inexorablemente a las puertas de su campamento, por lo que comenzaron a disparar sobre ellos, pero en ninguna ocasión lograron darles. Se oían gritos en alemán por todas partes cuando, de repente, el coche se estampó contra las puertas y las atravesó, destrozando a los que esperaban al otro lado y chocando contra un tenderete.

-Fiu... eso ha sido tremendo -musitó Brontes.

-Bien -dijo Anna -. Ahora ¡Fuego e ira!

Ambos salieron del coche a la vez, Anna con una escopeta recortada en su mano y Brontes con sus gigantescos martillos de combate, uno en cada mano. Antes de que los reptilianos pudieran prepararse, provocaron un infierno en el campamento, escupiendo fuego desde la escopeta y lanzando por los aires a los reptiles con los martillos. Fueron caminando lentamente, sin pausa, en dirección al edificio donde sabían que tenían encerrados a los prisioneros, ya que podían ver un cartel en alemán que rezaba CÁRCEL y cuando llegaron allí, abrieron la puerta de una patada, cada uno con su pie derecho.

-¡Alarm Schlagen! -exclamó uno de los guardias reptilianos.

-¡Toma alarma! -le dijo Brontes estampándole uno de los martillos en la cara.

Anna fue corriendo por el largo pasillo de la cárcel hasta que dio con la celda donde estaban las prisioneras. Estas se le quedaron mirando atónitas, y Anna reventó la cerradura de la celda de un tiro. La puerta se abrió lentamente con un chirrido.

-Vamos, guerreras morlock, sois libres. Nadie puede convertiros en objetos ni meteros en una jaula. Sois libres ¡Libres!

Las guerreras morlock alzaron los puños y lanzaron un grito de triunfo. Después de este momento de victoria, salieron de la celda y miraron con furia al exterior.

-Ahora, vamos a por  el camión. ¡Brontes, síguenos!

Brontes cerró la puerta que daba al exterior de golpe y con la fuerza de sus poderosos brazos estrujó el pomo, haciendo que no se pudiera abrir. Salió corriendo en dirección a Anna y las guerreras morlock y juntos recorrieron la cárcel hasta llegar a la puerta trasera. Los pocos guardias reptilianos que intentaban interponerse en su camino eran rápidamente abatidos por las morlocks, que atacaban como un cruce entre un carcayú, un demonio de Tasmania, y Yoda con sable láser.  La puerta trasera no se resistió al grupo y pudieron cruzarla sin problema. Allí les esperaba un pequeño escuadrón de reptilianos, armados con armas de la II Guerra Mundial, pero no sirvieron de nada ante la furia de las morlock. Brontes y Anna ni siquiera necesitaron mover un dedo. No les costó mucho dar con el garaje donde tenían el camión de suministros morlock, con el tanque de combustible.

-Vamos, subid, yo conduciré -dijo Anna.

Todos subieron a la cabina del camión. Anna se sentó en el lado del conductor y acarició con una sonrisa el volante. Arrancó y le pasó la escopeta a Brontes.

Desde fuera, los reptilianos les esperaban con varias tanquetas y todo un escuadrón apuntando con fusiles a la puerta del garaje, pero el camión atravesó la puerta como si fuera de papel, derrapó, y arrastró a todo el destacamento reptiliano.  Las tanquetas se giraron y fuero a disparar, pero se dieron cuenta de que si lo hacían, el tanque de combustible podía recibir un disparo y todo explotaría.

-¡Nos largamos! -exclamó Anna.

Pisó el acelerador y cruzó las destartaladas puertas exteriores del campamento base del RNLO. Uno de los líderes reptilianos, con su uniforme de alto mando de la SS y con el monóculo miró con furia en la dirección en que huían y lanzó un desgarrador  grito en alemán.

-¡¡¡Geht nach!!! (seguidles, en alemán chapurreado)

Brontes giró la cabeza al oír una alarma sonando a sus espaldas. Asomó la cabeza por la ventanilla y vio que por las puertas del campamento base, salía un buen montón de coches del RNLO, tuneados con toda clase de artilugios, con pinchos en los costados y armados con arpones. Los coches iban siguiéndoles a una distancia segura, pero poco a poco fueron acelerando y acortando.

-Nos persiguen -dijo Brontes.

Anna pisó el acelerador con decisión. Aquello no era como el coche que llevaban antes, no podía alcanzar las velocidades que habían conseguido en el viaje de ida, por no hablar de la manejabilidad de un camión, que no es para nada la misma que la de un coche. Fue cogiendo velocidad y haciendo pequeños giros para evitar ser un blanco seguro para los coches del RNLO, pero era difícil quitárselos de encima. Los coches enemigos se iban acercando poco a poco, sus ocupantes gritaban cosas en alemán que ella no tenía ni idea de lo que significaban, pero tampoco es que tuviera mucho interés en saber lo que decían. Cuando uno de los vehículos se posicionó a la derecha del camión y sus ocupantes se disponían a apuntar el arpón a la cabina, el estallido de la escopeta sonó a su lado y pudo ver cómo la rueda izquierda del coche reptiliano explotaba, éste viraba, comenzaba a dar vueltas de campana, y quedaba atrás irremediablemente destrozado.

-Uuuuf, eso ha debido doler -dijo Brontes.

-No podemos volver por el camino por el que hemos venido, será mejor que vayamos al otro puente disponible -dijo Anna.

-¿El de los magufos de Robert? -preguntó Brontes.

-No... el otro.

Anna dio un giro brusco, que hizo que el tanque de combustible golpeara a varios coches reptilianos que se acercaban, que perdieron en control, y chocaron los unos con los otros. El camión se estabilizó con rapidez y aceleró por la nueva dirección. Este camino llevaba a calles más estrechas, por lo que los reptilianos tenían más difícil poder flanquear el camión, pero eso no impedía que pudieran acercarse para intentar abordarles por detrás. Lo único que podía hacer Anna para evitar esto era hacer pequeños giros y pegarse a las paredes, aunque de vez en cuando, Brontes tenía que disparar con la escopeta para quitarse de encima a un reptiliano que había conseguido subirse al camión. Habían perdido varios perseguidores, pero todavía quedaba un grupo numeroso. La escopeta de Brontes empezaba a quedarse sin munición, y acertarles con rayos era peligroso, pues podía dar al tanque de combustible. Llegaron hasta la calle que daba al puente y lo cruzaron velozmente, con los reptilianos pegados al camión y con Anna sudando por deshacerse de ellos. Giró por varias calles, golpeando con el camión montones de basura que quedaba esparcida por el camino para dificultar la persecución de los reptilianos, hasta que llegaron al territorio al que estaba esperando llegar Anna.

-¡El territorio del EldritchBurguer! -exclamó Brontes.

Ante ellos estaba el puesto de comida más famoso de Arkham, con sus vigilantes desde el interior del restaurante. Los vigilantes sólo estaban allí para evitar que robaran comida, pues un local como ese no necesitaba de defensores armados. Don Alfonso de la Vega saludó con una sonrisa a Anna al verla pasar.

-¡¡¡Shubbi, acaba con ellos!!! -gritó Anna.

Lo que parecía ser un inmenso árbol junto al local de comida comenzó a moverse de manera repugnante y zarandear lo que hace un momento cualquiera habría dado por ramas. El monstruoso retoño se levantó del suelo, tembló para quitarse de encima el légamo que se le había acumulado, y abrió cientos de bocas por todo su cuerpo, lanzando un alarido ultraterreno. Los coches de los reptilianos se dirigían hacia él, pero al verlo comenzaron a virar y hacer eses para intentar esquivarlo, pero el retoño lanzó sus tentáculos y comenzó a capturar los coches, que después aplastaba con su fuerza. Algunos intentaban defenderse, pero Shubbi metía zarcillos de materia extraterrestre por las ventanillas y acababa con sus atrevimientos. Los coches más duros fueron a parar a una boca llena de algo parecido a dientes, que apretaron sus carrocerías y los dejaron peor que si hubieran pasado por el desguace. En cuestión de minutos no quedaba ningún vehículo del RNLO, sólo chatarra y algunos reptiles que huían despavoridos hacia su cuartel.

Anna y Brontes lanzaron gritos de victoria mientras se iban alejando del territorio del EldritchBurguer y el resto del camino hasta la base morlock no tuvo ningún contratiempo.

A la llegada al campamento morlock, a varios metros de la residencia base de los Pickman, los centinelas comenzaron a vitorear a sus héroes, que cruzaron las puertas que les llevaban a los subterráneos de la ciudad. Hasta que no hubieron llegado al gran salón morlock, Anna no frenó el camión.

-¡Lo han conseguido! -exclamó el animador sociocultural morlock -¡Larga vida a Imperator Anna Pickman! ¡Larga vida a Mad Brontes! 

-¡¡¡Larga vida a Imperator Anna Pickman!!! ¡¡¡Larga vida a Mad Brontes!!!

Brontes y Anna bajaron del camión, seguidos por las morlocks y saludaron a sus fans con las manos abiertas, estos los fueron a recibir, dándoles fuertes abrazos y gritando vítores.

-Bueno, no ha estado nada mal -dijo Brontes.

-No... ahora sólo queda devolver esta ciudad a la normalidad -le respondió Anna.

-Bueno, eso lo haremos con los ojos cerrados -dijo Brontes. De algún lugar sacó dos cervezas, le lanzó una a Anna y la otra fue directa a sus labios, dando un largo trago.

-Más nos vale, porque por una vez que coge vacaciones el alcalde, cuando vuelva y se encuentro con esto yo creo que le da algo.

-Bah, deja de pensar en eso, ahora estamos celebrando nuestra ¡victoria!

-¡¡¡VICTORIA!!! -gritaron los morlocks.

Y la fiesta de celebración duró días, y la historia de Imperator Anna Pickman y Mad Brontes se recordó por los siglos de los siglos.